El café de los pequeños milagros, de Nicolas Barreau

A Nelly le gusta tomarse su tiempo, vivir despacio, medir con reposo todas sus decisiones. Vive en Paris y está a punto de terminar su tesis sobre las teorías de Virilio, un dromólogo que defiende que la humanidad se desorientó en cuanto consiguió viajar a la velocidad del avión. Nelly lleva más de un año enamorada de su director de tesis y sigue esperando el momento propicio para dar el primer paso y confesarle su amor. La oportunidad aparece cuando el profesor le pide que le acompañe a Nueva York para unas conferencias, pero a Nelly —debido a un trauma infantil— le aterra volar y decanta la invitación. Ese será el inicio de una serie de acontecimientos inesperados que llevaran a la tímida y temerosa parisina hasta nada menos que Venecia en invierno. Allí no solo disfrutará de la belleza de sus canales, piazzas y palazzos, sino que desentrañará el misterio de un pequeño y hermoso misterio familiar, y se demostrará a sí misma que es capaz de vivir sin el lastre de sus numerosos temores.

Lo bueno de creer en las señales es que pueden orientarte en el desconcertante mapa de la vida. Lo malo de ellas es que reflejan nuestras propias deficiencias, y siempre justo cuando no estamos en condiciones de captar su mensaje orientador.

Editorial Suma
Fecha de publicación: septiembre 2017
Páginas: 347
Precio: 16,90 euros

Abre Nicolas Barreau su novela con esta cita de Lío en Broadway (Peter Bogdanovich):

—Yo creo en los finales felices. Son lo único que me parece lógico.
—¿Entonces te gustan los cuentos?
—Todos necesitamos de vez en cuando una chispa de magia, ¿o no?

Toda una declaración de intenciones. Pero eso es lo que nos gusta de las historias y personajes de Nicolas Barreau, esa ficción amable y simpática, esa hermosa luz rosa tan parisina que promete un final feliz y un viaje agradable. En El café de los pequeños milagros, el autor vuelve a regalar a sus lectores una historia entretenida, divertida y evocadora, con su prosa llena de candidez y promesas bonitas. Perfecta para desconectar del mundanal ruido y tomar, sin prisas (como le gustaría a Nelly), el tren de los más bellos recorridos.

Pero, ¿por qué iba a interponerse la verdad en una bonita historia?

El café de los pequeños milagros no solo trasmite con sencillez la alegría de vivir, el detalle cotidiano de los pequeños gestos como las llaves de la felicidad (entrar en un café agradable, visitar nuestra librería favorita, comer tarta de pera, beber un delicioso café, comprar ese bolso que tanto nos gusta para iniciar un viaje en tren, etc.), sino que además resulta de una cercanía sorprendente: ¿quién no ha sucumbido al mensaje de un libro antiguo? ¿quién no ha estado fantaseando durante meses con un amor no correspondido? ¿quién no ha llorado por perder algo que ni siquiera tenía? El lector se reconoce en Nelly, simpatiza con ella, la comprende, pese a que en todo momento entienda que está inmerso en un cuento de hadas, en una fantasía amable y una bonita historia de amor doble (Nelly recupera su amor propio además de encontrar el amor romántico).

Otro de los puntos que más se disfruta de esta novela es, sin duda, el hermoso recorrido por las calles de Venecia en invierno, antes de la vorágine de los Carnavales. Por la Venecia más conocida —la Piazza de San Marcos, Santa Maria de la Salute, el Rialto, los gondolieri— pero también por sus callejuelas más escondidas y por sus destinos menos turísticos: el Palazzo Ca´Rezzonico y su Museo del Setecento, la Accademia, el Lido, el Museo Fortuny… El lector tiene la sensación de que Nicolas Barreau se enamoró perdidamente de Venecia cuando estuvo allí, y contagia en la novela su visión de la ciudad en la misma medida en la que su prosa y los pasos de sus personajes trasmiten el cariño con el que recorren sus librerías, cafés y parques preferidos de París.

El tiempo no se detiene nunca. Solo nuestros recuerdos. Los tenemos para siempre.

Lector, un libro perfecto siempre que te apetezca soñar un poquito con los finales felices.

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El café de los pequeños milagros

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