Instrumental, de James Rhodes

A James Rhodes la música le salvó la vida, literal y literariamente, más de una vez. La música fue el milagro que lo levantó cuando llevaba tirado en el suelo, pisoteado, violado, asesinado, desde los seis años. La música le puso ambas manos sobre el teclado de un piano y le dio una segunda, una tercera, un sinfín más de oportunidades para volver al mundo de los vivos. En este libro autobiográfico James Rhodes habla de tiniebla y horror, pero también de esperanza y de cambio. Infinitamente agradecido por todo lo que la música clásica es en su vida, ha decidido devolverle el amor en la misma medida y ahora escribe, graba y da conciertos en vaqueros, habla con el público y comparte el milagro con el resto de seres humanos de este planeta que no siguen empeñados en hacerse los sordos.

Es espantoso e irónico saber que he pasado casi toda la vida huyendo de las cosas que me acabaron salvando (la sinceridad, la verdad, la realidad, el amor, la aceptación de quien soy) porque creía que me matarían.

El secreto de la felicidad es hacer lo que te gusta” dice James Rhodes en esta confesión del alma que es Instrumental. La verdad siempre suele ser así de sencilla. Y de verdades va este libro autobiográfico donde Rhodes nos explica cómo estuvo muerto durante muchos años hasta que un piano le resucitó.

Este libro me ha sacado de mi zona de confort porque es duro, terrible y deslumbrante (también como la verdad), alejadísimo del feelgood. Sí, es feelbad 100%, pero necesario. Rhodes habla del horror de su infancia, de la depresión, del deseo de autodestrucción, de la enfermedad mental, del suicidio y del egoísmo de las víctimas; y en ningún momento tiene el lector la sensación de que sobre absolutamente nada, de que sea efectista o morboso, de que sea exhibicionista como un reality. Todo lo contrario. El testimonio de Rhodes y su valentía es necesario, para el autor (compartir su pasado le hace libre) y para una sociedad que sigue mirando hacia otro lado.

Me ha gustado la sinceridad de la voz del autor, su capacidad de contar con naturalidad y sin dramatismos; no me parece nada sencillo conseguir ese tono directo y claro con el lector, sin artificios. He disfrutado especialmente del hilo musical que acompaña, como no podría ser de otra forma, a este increíble testimonio y las pequeñas introducciones de cada capítulo, en las que James Rhodes comenta —desde una inusual perspectiva, personalísima— la pieza musical del título y sobre el compositor que la creó. Me encanta esa mirada tan íntima a esas piezas musicales clásicas, legendarias casi, y a sus compositores. No me extraña que el público salga profundamente emocionado y conmovido de los conciertos de James Rhodes: no solo es uno de los grandes pianistas de nuestra época sino que además tiene el don de trasmitir la pasión por la música compartiendo con los espectadores algunas palabras sobre las piezas que interpreta y la complejidad de las almas de sus compositores.

La voz de Rhodes es clara y cada vez menos frágil, aunque él piense lo contrario. Inseguro, con el síndrome del impostor, asaltado por el terror y la culpa, es capaz de olvidarse de todo mientras toca el piano. Hace poco leía en un artículo (no recuerdo dónde ni de quién) que todos los escritores llevaban dentro a un músico. Yo no sé si es cierto, pero leyendo a este genial pianista me he dado cuenta de que escribir se parece mucho a componer, y de que escribir este libro le ha hecho sentirse tan libre como cuando acomete la Chacona de Bach.

Lectores, “Encontrad lo que os encanta y dejad que os mate.

Nota: Este libro cayó en mis manos gracias al sorteo de aniversario de Trotalibros. Sé que Jan es un lector feelbad donde los haya y que las lecturas que reconfortan nuestras respectivas almas suelen estar en las antípodas. Pero su criterio literario me resulta tan impresionante y respetable que cuando me dijo “lee a James Rhodes” le hice caso sin dudar. No es un libro para Navidades, es un libro para la vida.

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Instrumental
Fugas

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16 respuestas a Instrumental, de James Rhodes

  1. Kala Wolf dijo:

    Hola! No lo he leído pero lo tengo apuntado y quería ver tu reseña desde esta mañana, porque tú perspectiva de un feelbad (que bien llamado) me parece súper interesante, y lo que has hecho es que se que TENGO que leerlo, que seguro que me gusta, cerquita tendré al Señor Livingstone de todas formas.
    Besos!

    • Monica dijo:

      Ya sabes que yo no suelo leer libros como este, donde se relata una experiencia vital tan dura y estremecedora. Pero me lo recomendó Jan y en cuanto empecé a leerlo no lo pude dejar. La voz de James Rodhes es auténtica y tiene tanta fuerza que en seguida comprendes que su testimonio es necesario. Ya me contarás. Besos.

  2. Leyéndote me he puesto a pensar y la verdad es que me he dado cuenta que hace tiempo que evito los libros feelbad tal cual. De hecho pensando más todavía, me he dado cuenta que he tenido los dos libros de Rhodes en la mano veinte mil veces, y siempre vuelvo a dejarlos en su sitio. Y sé que tengo que leerlos, que es necesario leerlos, que no me arrepentiré si lo hago… pero sí, llevo un tiempo que evito este tipo de libros. Intentaré enmendarme y la próxima vez que se me cruce alguno de ellos, comprarlo, pero tengo que hacerme a la idea.

    ¡Besote!

    • Monica dijo:

      Su testimonio es estremecedor, pero como profesora me preocupa mucho que la sociedad mire para otro lado cuando se trata de proteger a los menores. Además, cuando Rhodes habla de música es fascinante escucharle. Si eres habitual de la música clásica, como yo, creo que te este libro también es para ti. El autor trasmite el amor y la pasión por la música y leyendole comprendes que es necesario una renovación en la manera de ejecutar y entender la clásica para que llegue a las generaciones más jóvenes. La parte musical me ha encantado, la parte biográfica me ha conmovido. Besos.

  3. Natàlia dijo:

    Sé que es un gran libro y todo el mundo que lo lee queda marcado. Pero duro así que de momento queda anotado. Sé que algún día lo leeré.
    Un beso 😉

    • Monica dijo:

      Yo huyo de los dramas como de la peste, tanto en la literatura como en el cine. Pienso que para dramas ya tenemos la vida real y el telediario, por desgracia, y que la ficción es para desconectar, para obtener un respiro de tanta injusticia como nos rodea. Pero esto es un testimonio biográfico y saca a relucir, sin artificios, un delito muy grave, tan grave que, en este caso, no vale evadirse. Como ya vas preparada, seguro que sabrás en que momento es más propicio conocer a Rhodes. Besos.

  4. Ana dijo:

    Una buena recomendación. Espero que pase pronto por mis manos. Me gusta leer libros que te hacen sentir bien y libros que te hacen sentir peor pero que dejan poso y hacen que te des cuenta de lo buena que puede ser la vida tambíen, aunque sea por comparación. Besos.

    • Monica dijo:

      En este caso, es un libro que conmueve y horroriza por la terrible experiencia de Rhodes. Pero luego tiene esa voz que maravilla, que atrapa, que seduce, sobre todo cuando está hablando de música. Es como una de cal y otra de arena: habla de horror y muerte, pero también habla de esperanza de salvación y vida a través de la música. Besos.

  5. Carla dijo:

    Brutal, esa es la palabra que me viene a la cabeza cuando recuerdo este libro… Me pareció un libro casi casi obligado
    Besos

    • Monica dijo:

      No sé si obligado pero sí necesario: necesario para James Rhodes, que necesitaba explicarse, y necesario para todo el mundo, a ver si espabilamos y tenemos los ojos más abiertos para proteger y cuidar a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. Besos.

  6. Norah Bennett dijo:

    Sencilla es la frase, lo de cumplirla ya es otro cantar o tocar, como quieras. El caso es que este libro tan feelbad no es lo que necesito leer ahora. Hace tiempo leí otra biografía parecida, la de Rufus Wainwright y con esa me bastó, tenía el bonito título de There Will be rainbows. En cambio entiendo lo necesario de este tipo de libros. Los que te recuerdan como dice una canción que hay demasiada gente parada (en el sentido de quieta) diciendo “quiero”. Es complicado perseguir sueños pero a veces no aprovechamos el tiempo tampoco. Está bien llevarse un tirón de orejas literario de vez en cuando.
    Besos

    • Monica dijo:

      Me ha gustado mucho eso de “ya es otro tocar” 😉 Tienes razón, estos libros necesitan su momento, bueno, como casi todos los libros, ahora que lo pienso. Justo esta semana he terminado de leer uno que me ha aburrido muchísimo, pero me he dado cuenta de que en otro momento de mi vida hasta me habría parecido simpático. Estoy en plan Ebeneezer Scrooge, que le vamos a hacer…
      No es un libro bonito pero sí que me ha parecido necesario y nada superfluo ni morboso: necesario para el autor, que necesitaba vomitar todo su horror, y necesario para todos nosotros, que deberíamos ser más conscientes de algunas barbaridades, estar atentos y alertar sobre ellas. Un beso.

  7. Nitocris dijo:

    Hola guapa, ahora mismo no tengo el cuerpo como para leer un libro feelbad, como dices. Lo dejaré para otra ocasión.
    Un besazo

    • Monica dijo:

      Por supuesto, es un libro duro y requiere su momento, por eso aviso. Ya sabes que yo no soy nada feelbad, esto es nuevo para mí 😉 Voy a ver si encuentro algo navideño que me anime un poco. Besos.

  8. Laura Balagué Gea dijo:

    Yo a veces leo libros terribles o veo pelis duras, pero tengo que encontrar el momento. Justo ahora no estoy” in the mood for evil”, pero anoto la recomendación.

    • Monica dijo:

      Qué bueno eso de “in the mood for evil”, jajajajaja Yo ando más Ebenezer Scrooge, supongo que por exceso de trabajo de estas fechas, seguro que se me pasa en cuanto lleguen las vacaciones de navidad 😉 No te olvides de Rhodes, yo creo que te hará tilín si encuentras el momento. Un beso.

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