Tal como éramos, de Sílvia Tarragona

Sandra Fornaguera es una periodista de cierto prestigio que vive a caballo entre Barcelona y Madrid. Aunque tiene un buen sueldo, se halla sumida en la ruina por las deudas que dejó la hospitalización de su padre y el mantenimiento de la majestuosa casa familiar en Barcelona. Sabe que venderla sería la solución a sus problemas pero eso acabaría con la vida de su madre, una pianista encantadora que sobrevive recordando a su marido y todavía sobreprotegiendo a su única hija. En un puente aéreo conoce a un misterioso y atractivo francés, Edmond, agregado militar de la embajada gala en Madrid. Las tácticas de seducción de Edmond la toman por sorpresa y, casi sin darse cuenta, se ve inmersa en un turbulento y apasionado romance lleno de altibajos, desengaños y arrebatadoras declaraciones de amor. Pero justo cuando la periodista se pregunta qué ha sido su vida hasta el momento, por qué nunca ha sentido de manera tan intensa como desde la llegada del francés a su rutina, empieza a comprender que el verdadero amor nunca le ha sido esquivo sino que ha estado con ella desde que nació; que el verdadero amor siempre ha sido el de sus padres.

En realidad, lo único que me importa son mis libros. Hace ya muchos años que me despedí de esta casa. Lo hice al comprender que solo sin ella llegaría a ser libre.”

Roca editorial
ISBN: 9788416867936
Colección: Novela
Páginas: 240
Fecha de publicación: enero 2018

Me gusta leer novelas que han sido escritas por periodistas con una larga carrera profesional a sus espaldas porque suelen lucir una prosa concisa y rotunda. Este ha sido el caso de Tal como éramos, de Sílvia Tarragona, cuya protagonista, pese a ser personaje de ficción, comparte mucho con la autora. Más de lo que sospechamos puesto que pasándome por la página de Sandra Bruna, agente literaria de la periodista, leo sobre su biografía “Su padre le enseñó desde pequeña que en el mundo sólo hay dos tipos de personas, las que ante las adversidades se envilece y las que ennoblecen.

Tal como éramos narra las vivencias de una periodista en la treintena durante unos pocos meses trascendentales en su vida sentimental. Una narración que tiene su propia banda sonora -meláncolica, evocadora-, sus libros preferidos y sus películas de cabecera. Una búsqueda del amor verdadero tardía, pero también de la pasión, que termina con una reflexión sencilla y muy acertada (y se aleja, gracias señora Tarragona, del maltrato emocional). El quid del personaje protagonista reside en esa mirada tan llena de inocencia pese a su edad y su experiencia, como si hasta la fecha hubiese estado viviendo fuera del mundo y cualquier revés sentimental la trastornara como si fuese el primero. Un personaje principal lastrado por su herencia familiar (tan burguesa) pero también sobreprotegido hasta el punto de que la mujer resolutiva que es en su trabajo no tiene nada que ver con su fragilidad amorosa.

Al igual que ocurre con Háblame bajito, de Macarena Berlín, el lector vuelve a encontrarse con una mujer que, en perspectiva, pertenece al hemisferio de los privilegiados pero que no por ello su dolor y su pena merecen menos respeto que el de los que no lo son. Mérito de sus autoras es conceder la sencillez de la pena a sus protagonistas y trasmitir al lector que la medida del dolor debe respetarse como el rasgo humano que es: incuantificable y sin mérito de comparación.

Lector, una historia que marca distancia con las relaciones tóxicas.

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10 respuestas a Tal como éramos, de Sílvia Tarragona

  1. Clara Rivas dijo:

    LA verdad es que ya le había echado el ojo a esta novela hace unos días. Me la apunto.

    • Monica dijo:

      A mí me gustó bastante también “Háblame bajito”, de Macarena Berlín, te lo comento para que te hagas una idea de por dónde van los tiros. De todas formas, me pueden mis años de periodismo y me entra nostalgia cuando leo a alguien con tantas tablas en los medios como Sílvia Tarragona. Espero que te guste.

  2. Natàlia dijo:

    Pues ya lo tenía en mente y me has convencido un poco más. A ver si me hago con él.
    Un beso 😉

    • Monica dijo:

      No es una novela que destaque como extraordinaria pero está bien escrita y tiene algo, seguramente por la protagonista femenina, que nos hace reflexionar sobre nuestras vidas de privilegios y nostalgias. Besos.

  3. Norah Bennett dijo:

    A ver, veo venir lo que me pasaría con esta novela. El cliché me mataría y ya de mano no iría derecha. Lo que me gusta es lo que dices al final, esa gente a la que se le niega el derecho a quejarse o sentirse mal porque se supone que tienen todo.
    De moemtno es no.
    Besos

    • Monica dijo:

      Sí, es cierto que esta novela adolece de tópicos y clichés, lo has sabido intuir muy acertadamente, no te lo voy a negar. Pero me han podido dos cosas: una, que me recordaba a una novela que me sorprendió muy gratamente, “Háblame bajito”, y dos, que está bien escrita, con ese estilazo de los periodistas del siglo pasado por el que siento tanta nostalgia. Y sí, es cierto que reivindico muchísimo el derecho a sentirnos tristes aunque tengamos la suerte de ser de los privilegiados del planeta a los que no les disparan cada día o que tienen agua corriente en sus casas o que pueden comer siempre que lo necesiten. La tristeza de una persona no debería ser comparable a ninguna otra, todos tenemos derecho a relativizar y a sentir. Besos.

  4. Kala Wolf dijo:

    Me apetece mucho adentrarme en esta lectura y ver que nos trae esta narradora 🙂

    ¡Gracias por la reseña!

    • Monica dijo:

      Fíjate, una de las cosas que más me ha gustado, además de cómo escribe Sílvia Tarragona, es esa actitud de “esto es una relación tóxica y no pienso hacer que parezca romántica”. Ya me contarás qué te parece. Un beso.

  5. Pues ya la tenía apuntada, pero de verdad, tengo tanto apuntado que podría abrir una librería solo con lo que hay en esa lista… jajaja. Estoy intentando darle salida a cosas que tengo en la estantería esperando hace siglos, ahora mismo no creo que vaya a buscar la novela, pero si se cruza mi camino con ella la leo seguro porque me llama mucho la atención. Y me gusta mucho lo que dices al final: el dolor no sabe de cuentas bancarias.

    ¡Besote!

    • Monica dijo:

      Aish, es que ya lo comentaba en el libro de Macarena Berlín, “Háblame bajito”, que no podemos juzgar a nadie por su tristeza. Y sí que es cierto que, a primera vista, una señora que ha nacido con todos los privilegios y en una zona del planeta en el que no hay guerra, nos puede parece que su tristeza es una tontería. Pero reivindico el derecho de todos a sentirnos tristes. Por supuesto que nuestras preocupaciones y penas empalidecen cuando miramos las vidas de otras personas (enfermedades, guerras, hambrunas, persecuciones, torturas…) pero no creo que debamos hacer comparaciones emocionales. Besos.

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