Charlotte Street, de Danny Wallace

La vida de Jason es un desastre. Cometió la valentía de querer cambiarla pero no salió bien del todo, se quedó atascado. Era profesor en un instituto de Londres hasta que un incidente lo sacó de su apatía. Su novia le dejó, se despidió del trabajo convencido de que lo suyo era el periodismo, y se fue a vivir con su mejor amigo, un eterno adolescente al cargo de una ruinosa tienda de videojuegos. Una situación profesional y personal que había de ser transitoria se convierte en una rutina anestesiante. Hasta que sucede algo, un destello de color entre tanto gris: Jason ve a una chica entrando en un taxi. La Chica. Una visión fugaz a la que se le cae algo antes de irse: una cámara desechable.

Las cámaras desechables tienen algo especial. Es como una nostalgia instantánea. Porque esas fotos significan algo. Las pensaron y luego las sacaron. No como los millones de fotos que acabas haciendo después de una noche fuera con tu teléfono o lo que sea. Esas fotos no son más que papel mojado. Las desechables son permanentes.

Estoy escribiendo esto pero todavía no sé qué voy a deciros de Charlotte Street ¿No os ha pasado nunca que cerráis un libro sin estar seguros de si os ha gustado o no? Pues eso. Confieso que he estado tentada de abandonarlo un par de veces pero en última instancia me podía la curiosidad. Quería saber cómo terminaba la historia de Jason y La Chica, y además es una lectura amena aunque le sobren 200 páginas a las 555 que tiene el libro.

Supongo que el principal problema es que la sinopsis y la contraportada de Charlotte Street me creó falsas expectativas asegurándome, cito textualmente, que “Danny Wallace nos deslumbra con su primera novela, una historia de amor descabellada cargada de humor inteligente, de ternura y con una escritura tan brillante que…“. No. Esta no es una novela cargada de sentido del humor (ni tonto ni inteligente), ni de ternura, ni siquiera es una historia de amor (al menos no entre personas, os explico en el párrafo siguiente). Es una historia sobre un hombre que ha sido valiente pero que ha terminado atascado en una vida gris y anodina, un hombre que ha fracasado, que ha tenido una crisis nerviosa y no se ha recuperado del todo. El encontronazo con La Chica no es más que el empujón, la excusa que necesita para cambiar todo lo que no le gusta en su vida y cambiarlo ya.

Esta novela sí que es una declaración de amor al Londres contemporáneo. Wallace adora Londres y en Charlotte Street sabe cómo guiar con cariño al lector por sus calles, sus pubs, sus rincones preferidos. También la idea de la cámara desechable es estupenda como punto de partida y la prosa del autor es correcta. La pena es que los personajes tienen un punto pueril que no acaba de encajar con el tono de la historia y que a menudo les falta carisma. Por ejemplo, no sé si habéis visto la serie televisiva Chuck, pero Dev, el amigo de Jason, es como los empleados del Compra Más de Chuck pero sin su personalidad ni su gracia. Aunque lo que más me ha pesado en esta lectura han sido las páginas y páginas en las que se insistía una y otra vez en la misma idea y la trama no avanzaba ni a tiros. Y lo más curioso de todo, ahora que escribo esta reseña, es que me doy cuenta de que en conjunto no me parece una mala lectura. Quizás con la mitad de páginas y sin las falsas expectativas de la contraportada… No sé, ni siquiera estoy segura de recomendárosla.

Lector, una novela singular y friki (bien) que podría haber dado más de sí en menos papel (mal). La idea de la cámara desechable para captar momentos únicos tiene mucho charming.

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Charlotte Street

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6 respuestas a Charlotte Street, de Danny Wallace

  1. Norah Bennett dijo:

    A ti lo que te pasa es que como colega de profesión te da cierta pena del autor y piensas que él ha puesto ahí todo lo mejor de sí mismo y probablemente así haya sido. Por lo visto la lectura es un páramo y para guía de Londres me quedo con los vídeos de Molaviajar y algún libro que ahí por ahí que tengo fichado.
    Estas historias, de mano no me gustan porque es eso tan guay que en la vida real nunca pasa por descabellado y porque las cosas no son tan fáciles, salvo que haya una Eleanor Oliphant. Eso es otra cosa.
    Una menos.

    • Monica dijo:

      Pues quizás sí que es lo que apuntas tú, que es por simpatía de profesión, no sé. Lo cierto es que llegué hasta el final de la historia, me gustó cómo terminaba, pero estuve a punto de dejarlo por el camino como unas cuatro veces. Qué raro… O te gusta o no, ¿verdad?
      No, nada de Eleanores por aquí 😉 Un beso.

  2. Ains, conozco esa sensación de sentarme a escribir una reseña y no saber por dónde va a salir la cosa. Lo de las sinopsis es digno de estudio. En este caso por lo que veo no da ni una, y sí, les servirá para vender más libros, pero a la larga es peor el efecto rebote cuando el lector no encuentra en la lectura nada de lo que han prometido, digo yo.

    Lo del amor hacia Londres ya sabes que me tira mucho porque lo comparto, y lo de la cámara desechable me encanta, pero en líneas generales, y a pesar de ese poso posterior positivo, este creo que no me lo llevo (y aquí es cuando mi bolsillo entona el Aleluya de Haendel… jajaja).

    ¡Besote!

    • Monica dijo:

      Luego he estado investigando un poco más al lector y tiene libros infantiles muy chulos y divertidos. Quizás quiso dar el paso a la novela adulta y no le acabó de ir bien… ni mal tampoco. Aish, qué mal, no me decido. Mira, si la novela tuviese la mitad de páginas quizás hubiese funcionado mejor porque es lo que dices tú, que Londres sí, la idea de la cámara desechable sí, y que con eso puedes montar una buena historia. Menos mal que dejamos pasar algunos, jajajajaja. Besos.

  3. Nitocris dijo:

    Hola guapa, pues si a ti no te ha convencido mucho y si lo mejor es su reflejo de Londres, que a mí no me llama tanto como a ti… pues que lo dejo pasa, vaya…
    Un besazo

    • Monica dijo:

      Sí, y además tampoco es “mi Londres”, no sé si me explico, que no es ese Londres literario y cuqui que tanto me enamora, sino un Londres de barrios más deprimidos y grises, de pubs y tiendas de barrio. En fin, que menos mal que dejamos pasar algunos, es un alivio para la lista ;-))) Besos.

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