El esperado retorno del rey

Los editores Allen & Unwin prometieron a J. R. R. Tolkien que El retorno del rey se publicaría el 20 de octubre de 1955. Había trascurrido más de un año y medio desde que La comunidad del anillo llegase a las librerías británicas, pero una serie de catastróficas desdichas retrasaban continuamente el cierre de la saga.

«¡No fallen el 20 de octubre! —escribía Tolkien a sus editores la semana anterior a la fecha señalada— Es el último día posible. El 21 tengo que pronunciar la primera Conferencia O’Donnell (con retraso), y tengo que esperar que una gran parte de mi audiencia esté tan divertida que se mantenga despierta hasta tarde por la noche, y que no repare tan de cerca en mi grave falta de preparación como conferenciante sobre un tema céltico.»

Nota manuscrita original, sobre esbozo de mapa, de J. R. R. Tolkien para el principio del primer capítulo del quinto libro de El señor de los anillos. Fuente: Tolkien. Un viaje por la Tierra Media, Editorial Cartem

Las galeradas del desenlace de El señor de los anillos habían tenido que esperar a que el profesor terminase con sus elaborados Apéndices, que no llegaron a la editorial hasta mayo y, cuando lo hicieron, eran tan largos que no pudieron incluirse en su totalidad por falta de espacio. Parte de culpa del retraso también la tenía el increíble mapa que abriría la edición de El retorno del rey, una reproducción elaboradísima de Rohan, Gondor y Mordor, con las notas relacionadas y actualizadas de El señor de los Anillos. El mapa era tan minucioso, había crecido y evolucionado tanto en detalle y anotaciones desde que Tolkien lo dibujase por vez primera en 1944 (y lo modificase en 1946 y 1948), que Christopher, tras trabajar en él durante veinticuatro horas seguidas, decidió dividirlo en dos partes a riesgo de perder la razón… y la vista.

Esa misma primavera, un par semanas después de enviar el Glosario y los Apéndices a la editorial, el profesor devolvió el manuscrito de El retorno del rey a sus editores con múltiples correcciones, señalando con mal humor mientras mordisqueaba su pipa apagada que había graves erratas en la escritura rúnica. Una vez, Rayner Unwin dijo medio en broma —aunque nadie puede jurar que no lo dijese en serio— que alcanzar la perfección tipográfica de El señor de los anillos costaría tres siglos de correcciones y enmiendas. Christopher Tolkien jamás lo contradijo.

Cuando los editores devolvieron las correcciones de las runas tenían algunas dudas al respecto, pero el profesor no podía contestarlas porque se había marchado de viaje a Italia con su hija Priscilla. Ese verano de 1955, J. R. R. Tolkien visitó Asís y Venecia, donde empezó a escribir un diario de viaje y correspondencia, cuyo original se conserva en la Biblioteca Bodleiana y ha sido publicado por Christina Scull y Wayne Hammond en The J.R.R. Tolkien Companion and Guide. Tolkien se enamoró de Italia. Decía que Venecia le recordaba a la antigua Pelargir, con todos aquellos barcos tan élficos, y Asís, a la hermosa Lossarnach (Valle de las flores), lugar que se menciona en el primer capítulo de El retorno del rey cuando las tropas amigas entran en Minas Tirith.

Superados los agobios con los mapas, las interminables correcciones, la reducción de los Apéndices, las dudas resueltas y con el autor de nuevo instalado en Oxford quejándose de dolor de garganta en vísperas de una conferencia céltica, el 20 de octubre de 1955 El retorno del rey desembarcó en las librerías de toda Gran Bretaña cerrando así una novela que jamás en toda su historia estaría descatalogada desde la fecha de su primera publicación. Esta vez las buenas críticas fueron unánimes y, quizás por la visión global de la obra finalizada, se inició entonces un reconocimiento total y sincero del profesor oxoniense que habría de convertirse en una de las voces literarias más importantes del siglo XX.

«Estoy verdaderamente sorprendido por la recepción que tuvo el «Anillo« —escribe Tolkien en una carta personal a Katherine Farrer, esposa del decano de Oxford, poco después de la publicación de El retorno del rey— y, a decir verdad, muy complacido. Pero no creo haber desencadenado ola alguna. No creo que una criatura tan pequeña como un hobbit, o aun un hombre del tamaño que sea, puede hacer semejante cosa. Si hay una ola (y creo que la hay), soy entonces lo bastante afortunado como para quedar atrapado en ella, pues de ella soy parte.»

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3 respuestas a El esperado retorno del rey

  1. Nitocris dijo:

    Hola Mónica me encantan, ya lo sabes, estas historias que nos traes de Tolkien y su famosa obra. El señor de los anillos siempre ha sido especial para mí desde que lo leí por primera a los catorce años (hace ya muuuucho de eso). No sé si podría decir que es mi libro favorito porque nunca me he llegado a plantear ese dilema, pero si lo hiciera seguro que estaría entre los primeros.
    Un besazo

  2. Margari dijo:

    Qué me han gustado tus entradas de la trilogía y lo que he aprendido con ellas!
    Besotes!!!

  3. Carla dijo:

    Me encanta esta sección, ya te lo he dicho en otras ocasiones. Me fascina los entresijos y las bambalinas de una de las trilogías más grandes en todos los sentidos de la historia.
    Besos

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