El legendarium de Tolkien

«Ni te imaginas el magnífico e imponente lugar que es esta biblioteca repleta de maravillosos manuscritos y libros inestimables» le escribe J. R. R. Tolkien a su prometida Edith Bratt en 1913 sobre la Bodleian Library cuando empieza a estudiar en la Universidad de Oxford. Excepto por el período de cinco años que pasó en Leeds, la vida académica y profesional de Tolkien transcurrió siempre en Oxford, entrando y saliendo de la cueva de los tesoros que era la Bodleiana. Precisamente en la sala de lectura Radcliffe —que reproducirá en las ilustraciones de Cartas de Papa Noel como la sala de estar de Santa—, mientras preparaba una conferencia sobre Andrew Lang y los cuentos de hadas, en febrero de 1939, el profesor consultó El anillo mágico, quizás por primera vez consciente de que estaba a punto de iniciar su propio legendarium.

Profesor de inglés antiguo, medievalista, lingüista, calígrafo, escritor y poeta, Tolkien dotó de memoria a su creación literaria en El Silmarillion a modo de legendarium. Según la tradición medieval, un legendarium era un conjunto literario épico que articulaba la escritura y la tradición oral, puesto que la definición de leyenda es «lo que debe ser leído para ser conocido». La leyenda se trasmite oralmente, pero acaba escrita en papel porque se considera necesario su conservación, el no caer en el olvido, y esa fue la idea inicial por la que el profesor trabajó durante tantos años sobre el manuscrito de El Silmarillion: su mundo necesitaba un registro cosmológico de cada de una de las leyendas que lo engrandecía, relacionaba y daba sentido. Su contexto mágico era propio de la tradición oral, como el Kevala o el Beowulf, pero su voluntad de revisión y cohesión de todo su corpus creativo lo llevaron de manera casi natural al registro (imágenes, cartografía, árboles genealógicos, textos, etc.) literario en papel.

Manuscrito de El Silmarillion (1937-1938), sin menciones a El hobbit o a El señor de los Anillos, pues todavía no habían sido publicados. Fue Christopher Tolkien, en 1975, quien realizó el sueño de su padre de unificar y dar coherencia a todas sus obras dentro de una nueva edición revisada de El Simarillion.

Mordor se gestó en las trincheras del Somme, El libro de los cuentos perdidos en la cama de un hospital de campaña durante la Primera Guerra Mundial, Roverandom fue la historia que inventó para consolar a su hijo Christopher del nacimiento de la pequeña Priscila, que lo derrocaba como el mimado benjamín de su hogar. El hobbit empezó como un relato contado en voz alta a sus hijos antes de ir a dormir —de nuevo esa tradición oral que más tarde se convirtió en novela—, la noche de los jueves, Tolkien leía capítulos de El señor de los Anillos a los Inklings a medida que los terminaba, Beren y Lúthien nació como tributo a su propia historia de amor. Resulta tan complicado separar la obra literaria de Tolkien de su vida personal como desenredar las distintas facetas de su creación. Su legendarium no solo se compone de manuscritos y cartografía, sino también de bellísimos ejercicios de caligrafía e ilustraciones, así como de vivencias, recuerdos e Historia.

«En mi opinión, las lenguas y los nombres no pueden separarse de las historias —le escribe a W. H. Auden, en junio de 1955, explicándole por qué no puede dejar de escribir sobre la Tierra Media—. Esto es, y era, por así decirlo, un intento de proporcionar un entorno o un mundo en el que la expresión de mis gustos lingüísticos podría tener una función». Sin embargo, habían transcurrido demasiados años desde que empezase a escribir las primeras leyendas y la falta de coherencia etimológica de su mundo le preocupaba. Tolkien corregía una y otra vez El hobbit y El señor de los Anillos porque necesitaba esa coherencia como creador, porque eran dos piezas que debían encajar en el mundo más amplio de su legendarium, eran parte (solo una parte) de la mitología que recoge El Silmarillion.

Aunque J. R. R. Tolkien siempre insistió en presentarse como lingüista y fue muy modesto sobre su habilidad para el dibujo, dicen los críticos que muchas de sus acuarelas, en concreto las de El Libro de Ishness (1913-1915), merecerían estar en un museo. Sus dibujos para Cartas de Papa Noel, sus diseños de cubierta para los tres tomos originales de El señor de los Anillos, o los centenares de versiones del árbol de Amalion y los diferentes paisajes y arquitecturas de la Tierra Media, no tienen nada que envidiar a sus hermosos ejercicios de caligrafía, cartografía y reproducción de manuscritos épicos imaginarios.

El legendarium de Tolkien recoge mitología, cosmogonía, historia, lenguas, geografía, botánica, filosofía, genealogía, etc. con un detalle y una coherencia etimológica y cultural tan exquisitas que resulta tan auténtico para sus lectores como la mitología nórdica lo fue para los Inklings. Lejos del tópico que repetía a los periodistas para desalentarlos —«Solo soy un profesor aburrido que se evade en un mundo inventado»—, J. R. R. Tolkien trasciende para siempre como uno de los escritores más importantes y universales del siglo XX por su excepcional creación de un universo que bien podría haber formado parte de la historia anglosajona anterior a la leyenda artúrica. Todavía hoy, Tolkien hace suspirar a los historiadores con el anhelo y la nostalgia de un mundo que podría haber sido el nuestro si hubiésemos confiado en la voluntad de justicia intrínseca del hombre y en el respeto por la Naturaleza.

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2 respuestas a El legendarium de Tolkien

  1. Nitocris dijo:

    Hola guapísima, ya le comenté a Jan en su vídeo de El Silamarillion, que yo me compré la primera edición (aunque es una tercera reimpresión) que publicó Minotauro en España allá por el pleistoceno. Y que lo leí poco después, cuando era una adolescente. No me gustó nada. Venía de leer, durante cinco veranos seguidos, El Señor de los anillos y no me esperaba para nada eso. Me pareció arduo y aburrido. Esperaba algo similar a su gran obra. Pero estoy planteándome releerlo, ahora que ya han pasado los años y la experiencia de otras lecturas, y también ahora que ya sé a qué enfrentarme para ver si le saco mejor gusto.
    Desde luego ya sabes que me encantan todas estas historias que nos cuentas de Tolkien.
    Un besazo
    Un besazo

  2. Margari dijo:

    Gracias por estas maravillosas entradas!
    Besotes!!!

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