La Tierra Media conquista el mundo

Cuando El retorno del rey llegó a las librerías, los artículos de opinión y las reseñas sobre El señor de los anillos se dispararon. W. H. Auden, poeta y ensayista británico que frecuentaba las reuniones de los Inklings y la amistad de Tolkien, decía al respecto del clásico que «Nadie parece tener una opinión moderada; la gente o bien lo encuentra una obra maestra en su género o bien no lo puede soportar». Tolkien, sorprendido por las enormes ventas y preocupado a partes iguales por los impuestos sobre el grueso de esos ingresos inesperados, se divertía con la polarización de los lectores. Incluso llegó a escribir una pequeña estrofa humorística:

The Lord of the Rings
is one of those things:
if you like yo do:
if you don’t, you boo!

Sus colegas de la Universidad de Oxford fueron más discretos sobre sus opiniones, aunque el profesor reconoció que algunos le dijeron «Por fin sabemos qué ha estado haciendo durante todos estos años (…). Ahora debería trabajar un poco».

A las buenas ventas en Inglaterra siguieron la traducción de El señor de los Anillos a casi todas las lenguas europeas y una adaptación —espantosa, según Tolkien— radiofónica de la BBC, así como un infructuoso tira y afloja con el reacio autor para llevar la novela a la gran pantalla. Pero fueron los jóvenes lectores estadounidenses los que cayeron rendidos al encanto de la Tierra Media: en Yale, superó las ventas de El señor de las moscas, de William Golding, y en Harvard, a las de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. Explica Humphrey Carpenter en la biografía de Tolkien que en las universidades norteamericanas proliferaban los eslóganes de «Frodo vive», «Gandalf presidente» o «Ven a la Tierra Media». En Nueva York, algunos grupos literarios organizaban «hobbit picnics» y en lugares tan alejados de Oxford como Borneo o Saigón se creaban sociedades dedicadas a Tolkien y a su obra.

En 2006, el alma mater del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Boston, amaneció así, con su cúpula adornada por la inscripción del Anillo Único en su lengua original.

A mediados del siglo pasado, el servicio británico postal de Su Majestad era la única red social de la que disponían los lectores de J. R. R. Tolkien para hacerle llegar sus felicitaciones, quejas, cariño y demás excentricidades no siempre literarias. Tal y como atestigua la selección de cartas del profesor recopilada por su biógrafo, Tolkien tuvo la paciencia infinita de contestarlas casi todas. Las hay para todos los gustos: una criadora de gatos de Cambridge le pide permiso para bautizar una camada con nombres de El señor de los Anillos, un lector ofendidito le pide la devolución del dinero que le costó la novela porque no le gustó nada, un lector adinerado confiesa que ha pagado multas en la biblioteca (en lugar de comprarse sus propios ejemplares) por no devolver a tiempo la obra pues le encantaba releerla una y otra vez, una señora indignada por la relación de Éowyn con Faramir, otra preocupada por si el Anillo Único era una metáfora de la bomba nuclear… Críticas, alabanzas, peticiones, felicitaciones, dudas… Tolkien las contestaba casi todas.

Una de sus cartas favoritas era la de un médico llamado Sam Gamgee que no había leído El señor de los Anillos, pero sabía que uno de los personajes principales se llamaba como él. El profesor, encantado, le contestó explicándole el origen del nombre y le regaló a vuelta de correo los tres tomos de su libro. Al día siguiente le escribía a su hijo Christopher «¡He recibido carta de un verdadero Sam Gamgee, desde Tooting! No podría haber escogido un lugar para vivir que sonara más a Hobbit, ¿no es cierto?». Tolkien solía bromear con que «Durante un tiempo he vivido temiendo recibir una carta firmada por S. Gollum. Eso no hubiese sido tan fácil de responder».

En 1968, su fama se había consolidado en todo el mundo y la BBC rodó el documental Tolkien en Oxford con la participación del profesor. Quizás se había acostumbrado a las entrevistas y a las cámaras, pero quienes le conocían bien sabían que no disfrutaba de la celebridad. «Ser en vida una figura de culto —le escribió a un lector— no es nada agradable. Como quiera que sea, no creo que ayude mucho a engreírle a uno; en mi caso me hace sentir en extremo pequeño e incapaz».

Share and Enjoy !

0Shares
0 0
Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Esta entrada fue publicada en Té con Tolkien. Guarda el enlace permanente.

1 respuesta a La Tierra Media conquista el mundo

  1. Paseando entre páginas dijo:

    Qué curioso lo de las cartas :O

Responder a Paseando entre páginas Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.