Un Anillo para sobrevivir a dos Guerras Mundiales

En junio de 1916 John Ronald Reuel Tolkien tenía veinticuatro años y era oficial de telecomunicaciones del ejército de tierra británico. En julio, a principios de la batalla del Somme, se hallaba en primera línea de trincheras con su destacamento, admirado por la fortaleza y la lealtad de sus hombres, convencido de que no saldría vivo de allí. El primer día de hostilidades en el Somme murieron casi 20.000 británicos; el saldo de muertos al final de la batalla, que duró cinco meses, ascendió a 1.200.000. La generación de Tolkien saldó la Primera Guerra Mundial con 16 millones de muertos y 21 millones de heridos. Los soldados que volvieron a casa padecían graves secuelas físicas y shock postraumático. Las condiciones de vida en las trincheras del frente occidental fueron un infierno del que ningún hombre regresó entero. Por primera vez en la Historia, los avances tecnológicos dotaban al ser humano de un poder de destrucción como nunca antes de 1916 se había visto. Europa jamás había sufrido una guerra tan cruenta como aquella.

La desolación del Somme. En la Universidad de Oxford, los pocos profesores y estudiantes que quedaban guardaban silencio cada vez que el campanario repicaba a medida que llegaban las listas de alumnos caídos en el Somme. James Hilton (1900-1954), en su novela ¡Adiós Mr. Chips!, narra la escena de docentes y alumnos llorando desconsoladamente en clases casi vacías.

Tolkien sobrevivió a la batalla del Somme, seguramente porque fue evacuado al caer enfermo de fiebres tifoideas, pero cuando regresó a casa fue la Tierra Media la que lo salvó del horror de la Gran Guerra. «¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida?» se pregunta Frodo al final de la versión cinematográfica de El retorno del rey; Tolkien, que ya había empezado a escribir La caída de Gondolin en el frente, convierte todos esos recuerdos terribles en literatura.

En abril de 1944, tocado por la maldición de otra guerra, escribe a su hijo Christopher destinado en el continente: «Te extraño mucho, y todo esto me es muy duro de soportar, por mí y por ti. El estúpido desperdicio de la guerra es tan enorme, no solo material, sino también moral y espiritual, que desconcierta a quienes tienen que soportarlo.»

Durante todo el tiempo que Christopher está en el frente, su padre le envía los capítulos de El señor de los Anillos a medida que los escribe, con la esperanza de que, como hizo con él, la Tierra Media también le ayude a mantenerse cuerdo ante el horror y la destrucción. Por desgracia, el profesor sabía, porque lo había vivido en primera persona, cómo se sentía su hijo.

«Uno en verdad tiene que encontrarse bajo la sombra de la guerra para sentir toda su opresión», escribe Tolkien en el prefacio de la segunda edición de El señor de los Anillos (1955), «pero a medida que los años pasan parece olvidarse que ser joven en 1914 no era una experiencia menos odiosa que la de vivir en 1939 y los años siguientes.»

El señor de los Anillos no es una exaltación de la guerra, pero está inevitablemente marcado por la experiencia de su autor en la Primera Guerra Mundial. Tolkien, que amaba la campiña inglesa, carga contra el mito de que el progreso, por encima de todo, es bueno para los hombres: él ha presenciado cómo la naturaleza era masacrada por la tecnología, las armas de destrucción masiva (el Anillo Único) arrasando personas y paisaje sin distinción. Las batallas de su legendaria novela están inspiradas en la experiencia bélica del autor, las trincheras del Somme tienen su reflejo en La Ciénaga de los Muertos, su Sam  Gamyi es un retrato del soldado raso inglés, lleno de determinación y lealtad, superior a los oficiales en los momentos de crisis. La Guerra del Anillo es una guerra por la libertad, al igual que las dos grandes Guerras Mundiales europeas lo fueron para los británicos.

Sin embargo, siempre que le preguntaron, el profesor insistía en que El señor de los Anillos no era una historia sobre la lucha entre el Bien y el Mal, sino un cuento sobre la guerra, sobre la necesidad de luchar para defender aquello que se cree justo y bueno. Aunque fue la destrucción la que inspiró su obra, siempre tuvo cuidado de no idealizar jamás el conflicto, de no convertirlo en una cruzada santa. Tolkien odiaba la guerra, perdió a todos sus amigos en la Gran Guerra, y no solo la sufrió él sino que tuvo que ver como sus hijos, casi treinta años después, pasaban por ese mismo horror. La inutilidad y el dolor de la Gran Guerra, sin embargo, no lo convirtió en un hombre desencantado y cínico; fue capaz de mantenerse íntegro en sus valores morales, en la creencia de que todo individuo estaba atrapado en una contienda entre Luz y Oscuridad y que, en esa confrontación, las decisiones de los más débiles importaban tanto como las de los poderosos.

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5 respuestas a Un Anillo para sobrevivir a dos Guerras Mundiales

  1. Anónimo dijo:

    ¡Bravo Mónica! Tu entrada de hoy es fantástica, no puedo hacer otra cosa que felicitarte por ella.
    Un abrazo!!

  2. Nitocris dijo:

    Pero qué preciosidad de artículo, ¡¡madre mía!! Me encanta cómo nos informas de detalles sobre la vida y la obra de Tolkien y cómo conjugas eso con algunos párrafos o expresiones de sus protagonistas. Ole.
    Un besazo

  3. Margari dijo:

    Entre dos guerras… Una vida dura, pero qué magnífica trilogía creo para evadirse de todo ese horror y para plasmar todo lo que pensaba de tanta insensatez. Tengo ganas de releer estos libros.
    Besotes!!!

  4. Esther dijo:

    Muchas gracias Mónica por este artículo. Me ha encantando. Ahora leo el Señor de los anillos con otra mirada. Gracias y un abrazo

  5. Carla dijo:

    Que gran entrada! Me encanta que le des perspectiva a la lectura que estamos haciendo, me resulta mucho más interesante así.
    Un abrazo y gracias!

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