Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

En 1801, el caballero Lockwood llega a Cumbres Borrascosas, la finca de uno de los potentados de la región occidental de Yorkshire, el señor Heathcliff, para ultimar las condiciones del alquiler de la Granja de los Tordos. Admirado por la belleza del agreste paisaje de páramos, bosques y cumbres nevadas, Lockwood queda intrigado por la hosquedad y el odio que parecen profesarse todos los habitantes de Cumbres Borrascosas. Una vez instalado en la Granja y aquejado de un fuerte resfriado, el recién llegado inquilino le pregunta a su ama de llaves, la señora Ellen Dean, por la trágica historia de Heathcliff y los demás habitantes de las Cumbres ¿por qué se odian tanto? Ellen, también protagonista de esa historia, se apiada del desconcierto del caballero y decide contarle con detalle el origen de tanta desolación. Todo empezó con la llegada del señor Earnshaw a casa tras un largo viaje desde Liverpool. Sus hijos, Hindley y la hermosa Catherine, esperaban impacientes en Cumbres Borrascosas, pero cuando su padre llegó no traía los regalos de costumbre sino a un pequeño niño salvaje, llamado Heathcliff, que había encontrado vagando por la ciudad y del que se había apiadado. Hindley, que lo ve como una amenaza a su condición de único heredero, decide odiarlo desde ese mismo instante, pero la impetuosa Catherine, casi de su misma edad, encuentra en Heathcliff a su más íntimo y querido compañero de juegos. Aunque Earnshaw le toma cariño al recién llegado y le da la misma educación que a sus hijos, Heathcliff no se adapta bien a la vida de Cumbres Borrascosas: ni criado ni señor, el pequeño crece orgulloso y fuerte con el único cariño de su adorada Catherine.

«Mi amor por Heathcliff se asemeja a las eternas rocas de las profundidades: una fuente de escaso placer visible, pero necesario. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Él está siempre, siempre, en mi mente. No como un placer, como yo no soy un placer para mí misma, sino como mi propio ser. Así que no hables de nuestra separación de nuevo. Es imposible.«


Valdemar Editorial
Traducción de Rafael Santervás
Colección Gótica nº55
Primera edición: noviembre de 2004
Segunda impresión: diciembre de 2014
Segunda edición: febrero de 2026
400 páginas
ISBN: 9788477029762

Emily Jane Brontë (Thornton, 1818 – Haworth, 1848) fue una escritora y poeta británica. Hija de un párroco, la quinta de seis hermanos, se educó y creció muy ligada a su familia y, todavía más, a los agrestes y solitarios páramos de la región occidental de Yorkshire. En 1847, Emily Brontë publicó Cumbres borrascosas bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell, muy poco después de que sus hermanas Charlotte y Anne Brontë publicasen Jane Eyre y Agnes Grey, respectivamente, con los seudónimos de Currer y Acton Bell. Gótica y romanticista, ambientada a principios del siglo XIX, Cumbres borrascosas es una de las obras más destacadas de la literatura victoriana, una historia sobre la rebelión del mal contra el bien, de los desposeídos, la historia de una terrible venganza, de una pasión atormentadora que traspasa la muerte y que resulta imposible de desarraigar de los brezales y páramos del Yorkshire de Emily Brontë.

Valdemar publicó por primera vez Cumbres borrascosas en noviembre de 2004, en su colección Valdemar Gótica, y una reimpresión diez años después. Últimamente, la editorial ha estado revisando los libros agotados de su catálogo en Gótica y, para mayor felicidad de sus lectores, está reimprimiendo algunos de sus títulos más emblemáticos. En febrero de 2026, Cumbres borrascosas vuelve a librerías de la mano de Valdemar, con nueva cubierta, para la segunda edición revisada de este clásico imprescindible de la literatura victoriana. Con traducción de Rafael Santervás, una corrección y edición impecables y con introducción de Antonio José Navarro, me parece la opción más acertada para redescubrir o leer por primera vez a Emily Brontë. Cumbres borrascosas es uno de mis clásicos preferidos de todos los tiempos, quizás mi novela favorita de la literatura victoriana. La he leído una media docena de veces a lo largo de mi vida lectora y en cada ocasión ha sido una experiencia distinta y a la vez inmutable como las eternas rocas de las profundidades. Distinta, porque los lectores cambiamos y porque nuestro estado de ánimo trastoca la percepción de nuestra lectura. Pero inmutable porque, no importa cuando la leas, Cumbres borrascosas siempre será un clásico oscuro, transitado por personajes malditos y rebeldes, conmovedor, indomable como su autora.

La acogida inicial de la novela no fue demasiado positiva, se consideró salvaje y extraña, y eso que todavía no se sabía que había sido escrita por una mujer. Cumbres borrascosas tenía mucho de disidente, pues Heathcliff, un marginado, se atrevía a rebelarse contra sus patrones, contra el maltrato y el embrutecimiento al que lo sometían desde la infancia, relegándolo a una condición de animal salvaje con el derecho que les otorgaba su posición social. En una sociedad victoriana en donde los estamentos sociales eran rígidos y rara vez se contemplaba el mestizaje matrimonial, que una novela presentase a un protagonista capaz de vengarse de sus amos, codiciar a la heredera y destruir su hacienda, era cuanto menos desconcertante. Charlotte Brontë, que siempre defendió la obra de su hermana, argumentaba que a los lectores que no conocían a Emily, ni las costumbres ni paisajes de la región occidental de Yorkshire, Cumbres borrascosas podría parecerles «cruda y rara». Charlotte se refería al discurso duro y brutal de la mayoría de los protagonistas (los criados maldicen e insultan a sus amos), al comportamiento diabólico (esto incluye reaccionar ante el maltrato y vejación del hacendado, no resignarse a su condición de parias) y excéntrico de algunos personajes y a las expresiones desatadas de dolor, desesperación, injusticia y muerte. En resumen, algo muy chocante en una novela protagonizada por dos familias de la gentry (la pequeña nobleza rural), a principios del siglo XIX.

En Cumbres borrascosas todo gira en torno de la venganza y la obsesión de Heathcliff, un personaje único por su dureza, su crueldad y su amor eterno por Catherine Earnshaw, y que se ha comparado con una versión victoriana del héroe maldito byroniano. Heathcliff y Cathy son dos mitades de la misma alma atormentada, imposibles de separar el uno del otro, incluso más allá de los umbrales de la muerte. Su pasión es obsesiva, legendaria en la historia de la literatura, siempre enmarcada en los paisajes únicos de niebla, viento y frío, de lluvias torrenciales, surcado de fantasmales gritos desgarradores, de terrible tormento del alma y tumbas abiertas al más puro estilo romántico de los cánones del movimiento del siglo XIX (un amor oscuro, opresivo, morboso y eterno propias de gótico literario y del romanticismo). Una historia de pasiones desatadas, de destrucción y aniquilación —del ser amado, de la propia, de su descendencia—, pero también de rebelión contra el orden establecido, la rebelión de un huérfano marginal contra los hacendados que lo condenan a cumplir un destino de clase sin darle una sola oportunidad.

Emily Brontë escribe con energía febril y realista, a borbotones, hasta el punto de que sus personajes cobran vida de una manera tan dolorosa y vibrante que se escapan al control de su pluma. Sus diálogos sinceros y directos, sus protagonistas salvajes, su historia de pasión, odio y venganza, de rebeldía contra el establishment, el paisaje solitario y romanticista de sus páramos y brezales, hacen de Cumbres borrascosas un clásico singular y valiente de la literatura gótica y victoriana. Ninguna eternidad extinguirá la voz de Emily Brontë.

Lectora, inolvidable.

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4 respuestas a Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

  1. Rosa Berros dijo:

    Yo también he leído esta maravilla varias veces, tres desde que tengo lista de leídos, pero sé que antes ya la había leído al menos otras dos. Es una auténtica maravilla, en la forma y en el contenido. es mi novela favorita de las Brontë, aunque aún me quedan dos de Charlotte. A ver si caen este año.
    Un beso.

  2. Marga Estev dijo:

    Una reseña extraordinaria que me dejas con ganas de releer esta gran novela.
    Besotes!!!

  3. Hola, Mónica:
    Madre mía, me ha encantado tu reseña, me ha descubierto algún aspecto que no había notado en el momento en que leí la novela.
    Desde luego la volveré a leer, quizás en esta edición de Valdemar que recomiendas.
    Beso grande y gracias por tu tiempo y tu entrada.

  4. Paseando entre páginas dijo:

    No soy muy de clásicos, pero este me gustó mucho.

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