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Fieras familiares, de Andrés Cota Hiriart

Desde muy pequeño, Andrés se enamoró de toda clase de bichos y se las ingenió para convencer a su madre de que podían convivir todos juntos en la misma casa. Culebras en el cajón de los calcetines, gusanos en los bolsillos, ajolotes como trabajo de ciencias en el colegio, una boa constrictor demasiado cariñosa y un caimán enorme que le dio un buen susto a la señora de la limpieza fueron algunos de los numerosos ejemplares que poblaron la infancia de Andrés hasta que la paciencia de su familia rebasó todos los límites y lo enviaron a la universidad a estudiar teoría por si era capaz de olvidarse de la práctica. Fue en su época de aprendizaje universitario cuando este zoólogo y naturalista entendió que su adoración por los animales solo era compatible con observarlos en su hábitat natural, sin perturbarlos, en lugar de tenerlos en cautividad. Es entonces cuando inicia una serie de viajes alrededor de medio mundo para tener el privilegio de observar a los dragones de Komodo, las tortugas de las Galápagos, los tartios de Sulawesi o los elefantes marinos de isla Guadalupe, entre otras muchas especies tristemente en grave peligro de extinción.

«Si no somos capaces de evitar la extinción ni siquiera de aquellos entornos y organismos que nos resultan más simbólicos, ¿qué esperanza pueden albergar todos los demás? Si el poderoso jaguar, la elusiva vaquita marina y la magnificente águila arpía no son ídolos de influencia suficiente como para que los monos adoradores del plástico les brindemos cierta conmiseración, entonces ¿qué podrán esperar las musarañas, las sanguijuelas, los sapos de caverna y las anguilas ciegas de Yucatán?«

Andrés Cota Hiriart (México, 1982) es zoólogo, naturalista y escritor y su libro Fieras familiares fue finalista del I Premio de No Ficción Libros del Asteroide. Es un estilo desenfadado, pero muy didáctico, este joven científico, activista por la conservación del planeta y sus especies, nos regala una biografía muy simpática a través de los cientos de animales que lo acompañaron durante su infancia, adolescencia y juventud. En la primera parte de Fieras familiares, el autor nos acerca a diversas especies de reptiles, anfibios y arácnidos a través de sus divertidas anécdotas familiares de infancia y adolescencia; en la segunda parte, nos habla de sus viajes a lugares recónditos para observar en su hábitat a especies en peligro de extinción y señala, con sinceridad y sin artificios, el punto de no retorno que hemos alcanzado los seres humanos en la destrucción de nuestro planeta. Si bien se trata de una narración optimista, divertida, personal y con una entusiasta voluntad de divulgación más allá de los ámbitos académicos más áridos, la advertencia de Andrés Cota Hiriart, basada en datos contrastados además de en su experiencia, la convierte en una lectura necesaria en nuestros días, por muchos y contundentes motivos.

Lector, perfecta para disfrutar con nuestros jóvenes naturalistas.

También te gustará: Cómo ser una buena criatura; Tratando de tiburones; Un año en los bosques; Lobo negro; Indian Creek; Trilogía de Corfú

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Mujeres y poder, de Mary Beard

Para comprender hasta dónde se hunden las raíces de la misoginia de nuestro siglo, que todavía se empeña en relegar a la mujer al ámbito de lo privado y hacerla callar en el espacio público, es necesario mirar al mundo grecolatino. La desigualdad de género no solamente tiene su causa en ese pasado, es mucho más compleja pero, cuando se busca el origen, ya en la Odisea (que se puso por escrito en el siglo VII aC) aparece Telémaco El Cretino mandando a callar a su madre cuando ella interpela al bardo para que cambie su discurso. La mujer es silenciada siempre, no cuenta su historia y, por lo tanto, no existe, no tiene relevancia y si habla no se la toma en serio. Incluso en el siglo XXI, se da por hecho que las parlamentarias van a tratar «temas de mujeres» (atención a la infancia, igualdad salarial, violencia doméstica), no serán ministras de Hacienda, y que las comentaristas de fútbol son un insulto para la masculinidad. En redes sociales, sobre todo en Twitter, considerado la plaza pública, los ataques y amenazas de los trols las empujan a tomar la decisión de borrar sus cuentas. Si acceden al poder, se presenta como una conquista de algo a lo que no tienen derecho y han tomado por la fuerza, y entonces su aspecto se masculiniza, su voz se agrava, porque saben que las voces femeninas no van a ser escuchadas.

«Una vez más, no somos simplemente víctimas o incautos de nuestra herencia clásica, sino que las tradiciones clásicas nos han proporcionado un poderoso patrón de pensamiento en cuanto al discurso público, que nos permite decidir lo que es buena o mala oratoria, convincente o no, y el discurso de quién merece espacio para ser escuchado. Y el género es, obviamente, una parte importante de esta amalgama.«

Mary Beard es catedrática de Clásicas en Cambridge, miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias, editora en The Times Literary Supplement y fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2016. En este libro, la autora recopila La voz pública de las mujeres y Mujeres en el ejercicio del poder, las dos conferencias que impartió por cortesía de la London Review of Books en 2014 y 2017. Siempre es un placer escuchar y leer a Mary Beard, por su ingenio, su sabiduría y su sentido del humor, pero sobre todo por la claridad con la que expone sus argumentos, su contundencia y su extraordinaria inteligencia. Me ha encantado leer Mujeres y poder, una lectura que he comentado con mi amiga Laura Gomara y que nos ha regalado un colofón magnífico a nuestra lectura conjunta de la Odisea.

Si alguna vez has estado en una reunión, te has atrevido a hablar y, cuando has terminado, un hombre ha retomado el hilo de la reunión como si tu intervención no hubiese tenido lugar; si has lanzado una idea y no te han contestado, pero cinco minutos después un hombre expone esa misma idea como si fuera suya y a todos les parece estupenda; si en redes sociales han amenazado con violarte o cortarte la lengua o te han mandado a la cocina o que te busques un novio; si sabes qué es mansplaining; si eres historiadora, pero en redes los hombres te dan lecciones sobre Historia; si eres docente y tus alumnos se comportan mil veces mejor con un colega masculino; si impostas la voz en una conferencia, la agravas, casi sin darte cuenta; si elijes ponerte pantalón para la entrevista de trabajo. Si te suenan todos estos supuestos o lo has observado a tu alrededor, te va a encantar leer Mujeres y poder, un manifiesto sobre las intrincadas raíces de la misoginia para entender por qué la plaza pública todavía no es paritaria.

Lector, entender nuestro pasado es necesario para cambiar nuestro futuro.

También te gustará: El idioma de la noche; Signatura 400; Antígona; Lavinia; Penélope y las doce criadas

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Ladronas victorianas, de Nacho Moreno Segarra

La aparición de los grandes almacenes en las más relevantes capitales europeas a mediados del siglo XIX, obliga a cambiar el discurso victoriano de ángel del hogar sobre la mujer: por primera vez, la mujer victoriana de clase alta (y de la pujante clase burguesa) ocupa el espacio público. No solo sale a comprar por placer a la ciudad, fuera del ámbito doméstico, sino que además, con la incorporación de salones de té y otros servicios en los centros comerciales, pasa todo el día fuera de casa y se codea con otras clases sociales. Las clases sociales se mezclan y se confunden en los grandes almacenes y la tentación de la novedad, el lujo y la opulencia abre paso a los primeros casos de latrocinio y cleptomanía que, tratándose de mujeres, los expertos no tardan en relacionar con dolencias uterinas y similares. ¿Pero cómo reconciliar en la sociedad victoriana la posibilidad de que una dama sea una ladrona? Imposible, como si las damas pudiesen tener iniciativa o votar.

«Esta prosa afectada y meliflua de la defensa cleptomaníaca, si bien logró salvar a más de una del escándalo público, acabó condenándola a la mudez, ya que si la burguesa era inocente porque estaba loca, tampoco podía contar su historia, porque la historia de las locas nunca es contada por ellas mismas, sino que las cuentas sus doctores y alienistas.«

Nacho Moreno Segarra está licenciado en Historia del Arte y tiene un master en Estudios Feministas. Cuenta en los agradecimientos de Ladronas victorianas. Cleptomanía y género en el origen de los grandes almacenes que la idea de este ensayo empezó a gestarse, diez años antes de su publicación en 2017, durante una estancia en Estados Unidos, donde se le ocurrió la idea de escribir un ensayo sobre arquitectura comercial y se encontró con una estupenda bibliografía sobre cleptomanía de género. Con un sentido del humor muy de agradecer, una prosa directa y fluida, lejos de academicismos, un buen arraigo literario y un estupendo manejo de la bibliografía para ofrecer al lector ejemplos vívidos y casi divertidos (a nuestros ojos) de su exposición, a los lectores de esta pequeña joya no nos extraña en absoluto que ya vaya por la sexta edición.

Si bien Ladronas victorianas es un ensayo social y de género que bien podría utilizarse en ámbito académico, reconozco que lo he leído por puro placer y divertimento. Lo conocí gracias a mi amiga Berta, que lo leyó a finales del año pasado y tuvo a bien compartir en redes algunas de sus frases. Me parecieron tan geniales y curiosas, que otra buena amiga, Rosa, me lo regaló cuando le dije que lo estaba buscando en librerías especializadas. Y se va directo a las mejores lecturas de no ficción de este año, así, sin más. Me ha encantado cómo Nacho Moreno va hilando la historia de los primeros grandes almacenes con el cambio de paradigma en la ocupación del espacio público de las señoras, la cuestión de clase, el concepto de cleptomanía (solo aplicado a las señoras ricas), el acoso en el espacio público (que sigue hoy en día muy vigente, seas de la clase social que seas), los movimientos sufragistas y su relación con esa nueva forma de consumo (las compradoras contribuyen a la riqueza del país, pagan impuestos, por lo tanto deben votar), el nacimiento del capitalismo o la mudez a la que eran condenadas esas supuestas señoras enfermas y locas. Interesante, divertido e ingenioso, Ladronas victorianas no solo aporta una visión de conjunto sobre los cambios de género socio-económicos que ocurrían desde mediados a finales del siglo XIX sino que además aporta una mirada inteligente y lúcida sobre una cuestión insólita en el discurso historicista tradicional.

Lector, la realidad siempre supera a la ficción.

También te gustará: El paraíso de las damas; Elizabeth y su jardín alemán; La bruja; Memorias de una estudiante victoriana

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Elizabeth y su jardín alemán, de Elizabeth von Arnim

Elizabeth se casa con el barón von Arnim y se traslada a vivir a Alemania, a la región de la Pomerania, donde tiene el inmenso placer de encontrar una casa aislada y con jardín. Feliz de estar a solas, pasa el día en el exterior, planificando su diseño con ayuda de un jardinero excéntrico. A medida que pasan las semanas y su familia y amigos van poblando la casa, Elizabeth disfruta del paisaje, de los pequeños placeres y de sus lecturas mientras se toma con humor los pequeños reveses de la vida y las espantosas ideas de su marido, el Hombre Airado. El jardinero excéntrico enloquece, su sustituto se enamora de la cocinera, la cocinera ve fantasmas y quiere irse de allí, la institutriz de las niñas es una esnob insufrible que los trata a todos como bárbaros extranjeros y las invitadas parecen no regresar jamás a sus respectivos hogares; pero a Elizabeth siempre le quedará su jardín.

«Ahora hay dos visitas acompañándome, aunque no me parece haber hecho nada para provocar tal castigo, y he estado esperando la llegada de una íntima Navidad feliz a solas con el Hombre Airado y las niñas. El destino parece haber decretado otra cosa. Con cierta regularidad, siempre que hago planes para algo, el destino se cruza en mi camino y dispone otra cosa distinta.«

Cuando Elizabeth von Arnim publicó Elizabeth y su jardín alemán en 1898 levantó cierto escándalo en la sociedad de su época. No solo señalaba la injusticia de que en Alemania las mujeres no pudiesen viajar en el piso de arriba de los autobuses o fueran metidas en el mismo saco que los niños y los discapacitados respecto a la prohibición de acudir a reuniones sociales, sino que además se burlaba de las matronas alemanas, llamaba a su marido el Hombre Airado, abominama de sus visitas y reivindicaba el derecho de las féminas a trabajar y a percibir un salario igual al de los hombres. Las lectoras del siglo XXI sabemos que la escritora fue tremendamente infeliz con el barón von Arnim —leyendo este libro podemos imaginar por qué—, pero ese desahogo que fue Elizabeth y su jardín alemán, su primera publicación, se convirtió en el inicio de una admirada y genial carrera literaria.

Elizabeth y su jardín alemán es una narración breve de no ficción en donde la autora recoge algunas reflexiones sobre su vida familiar y las costumbres alemanas, pero sobre todo es un compendio de los agradables días que pasó en su casa con jardín, aislada de la vida social, a solas con sus pensamientos, sus plantas y flores. Tocada por un sentido del humor contagioso y cierta excentricidad, von Arnim despliega todo su ingenio para mostrarnos que incluso en los momentos más infelices, hay motivos para reírse de una misma.

Lector, una lectura ideal para disfrutar.

También te gustará: Cuatro setos; Un abril encantado; Vera

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Sub luce maligna, de Gonzalo Fontana Elboj

Sub luce maligna es una selección de textos de la antigua Roma sobre fantasmas, espíritus, maldiciones, brujas, casas encantadas, magos, zombis, prodigios y otros sucesos sobrenaturales. La selección y traducción es del profesor Gonzalo Fontana quien nos advierte que solo han llegado hasta nosotros los escritos de la élite intelectual romana y que esta no refleja en su totalidad las creencias y supersticiones populares, sino que se burla de las mismas. Los aristócratas consideraban que los monstruos (vampiros, estriges, licántropos) no eran más que superstición fruto de la ignorancia del pueblo, pero creían firmemente en el poder de los hechizos, de los augurios, de las maldiciones, de los fantasmas y, en general, de los espíritus de los muertos que volvían del más allá con intenciones dudosas. A través de las voces de Ovidio, Virgilio, Catulo, Suetonio, Séneca, Petronio y Marcial, entre otros, Gonzalo Fontana nos acompaña con ingenio y mucho carisma en un tenebroso paseo por la Roma más sobrenatural.

«La arqueología documenta la existencia de multitud de macabros hallazgos que dan cuenta de los diversos métodos con los que los vivos trataban de retener a los difuntos en sus sepulturas; por ejemplo el uso de enormes clavos destinados a fijar el cráneo del muerto a su ataúd, la amputación post mortem de sus extremidades inferiores o la colocación de pesadas piedras sobre sus rodillas, prácticas todas ellas destinadas a ese mismo propósito.«

Gonzalo Fontana Elboj es profesor titular de filología latina en la Universidad de Zaragoza y especialista en filología clásica y en historia de las religiones. Autor de Sub luce maligna y traductor de los textos que escoge, anota e introduce en esta antología, el profesor Fontana tiene una prosa magnífica y un toque de encantador ingenio (atención a las introducciones y a las notas al pie de página) que fulmina cualquier academicismo barroco que pueda temer el lector.  Alerta, lector, porque debido a lo ameno, a lo interesante, a la rigurosidad, a la belleza de los textos y a las fascinantes explicaciones de su autor es muy fácil caer bajo el hechizo (benévolo) de Sub luce maligna.

Nos avisa el profesor Fontana en el prólogo que el género literario de terror es antiguo como los primeros hombres sobre la tierra; contar historias es lo que nos hace humanos y el miedo es una emoción primordial que resulta placentero llevar al cuento que se narra alrededor de una hoguera protectora. Aunque la literatura romana de tradición oral sí que cultivó el género del terror, a nosotros solo nos han llegado los textos cultos de los aristócratas, que precisamente se reían de esa tradición popular, así que oficialmente no tenemos literatura de terror de la antigüedad romana. Y, sin embargo, todos nuestros monstruos son heredados de su tradición.

Lares, manes, penates, genios… Roma poseía un amplio catálogo de espíritus que volvían por las fechas de la recogida de la cosecha, que visitaban las casas sin ser invitados, que denunciaban asesinatos, que clamaban por un enterramiento, que anunciaban malas nuevas o protegían y daban consejo. Brujas tan poderosas que son capaces de doblegar la voluntad de los propios dioses, maldiciones terribles, emperadores que vuelven del más allá para intervenir en política, el horror de los espectáculos sangrientos imitando los mitos o la necromancia son algunos de los acontecimientos sobrenaturales y terrenales pero terribles que desfilan por las páginas de Sub luce maligna a través del brillante hilo conductor del profesor Fontana quien nos abre la puerta del castillo encantado de las tradiciones romanas más sorprendentes y oscuras.

Lector, este ensayo va directo a mis mejores lecturas de 2021. No te lo pierdas.

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