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Las escalofriantes aventuras de Sabrina, de Roberto Aguirre-Sacasa y Robert Hack

Sabrina es hija de un poderoso brujo y una mortal, por lo que el aquelarre la mira con cierta desconfianza. Cuando sus padres desaparecen, sus tías paternas, las brujas Hilda y Zelda, se la llevan a vivir a un pequeño pueblo llamado Greendale con la esperanza de que pueda desarrollar sus poderes con mayor libertad. Pero una bruja escapada del infierno la seguirá hasta su nuevo hogar, justo en vísperas de que Sabrina cumpla dieciséis años e inscriba su nombre en el libro de la bestia.

«Somos los bosques inquietantes, la sal de la tierra, la luna ensangrentada, somos el viento frío de octubre que sopla entre el maíz seco y muerto. Somos las montañas, los ríos y las cuevas. Somos la noche.«

Roberto Aguirre-Sacasa, dramaturgo y guionista, alcanzó popularidad gracias a sus trabajos para Marvel Cómics y para series de televisión como Glee, Riverdale (Archie Cómics) o Las escalofriantes aventuras de Sabrina (una producción de Netflix). No he sido capaz de descubrir si las novelas gráficas de Las escalofriantes aventuras de Sabrina son anteriores a la serie de Netflix pero, aunque ambas son obras de Roberto Aguirre-Sacasa, aviso que son bastante distintas entre sí: la novela gráfica es mucho más terrorífica y sangrienta que la serie televisiva.

En esta novela gráfica abundan los asesinatos, las mutilaciones, las palizas, el canibalismo, la crueldad… Todo es maldad infernal. Las ilustraciones de Robert Hack son impactantes, oscuras, sensuales y terribles, es decir, perfectas para esta historia de brujas y demonios sedientas de sangre humana. Pese a la indiscutible calidad artística y literaria de la novela gráfica, prefiero la versión más soft de la serie de Netflix, donde brilla el humor negro, un vestuario estupendo, las interpretaciones de Miranda Otto (como tía Zelda), Lucy Davies (como tía Zelda) o Michelle Gomez (como Mary Wardwell), y un dilema moral de la protagonista que da pie a situaciones extraordinarias.

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Las escalofriantes aventuras de Sabrina

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Cuentos de brujas de escritoras victorianas (1839-1920)

Peter Haining (Middlesex, 1940 – Londres, 2007) fue un escritor, periodista y editor inglés que dedicó gran parte de su trabajo editorial a publicar novelas y relatos sobre misterio y fantasía. En 1971 publicó A Circle of Witches. An Anthology of Victorian Witchraft Stories, de la que Alba Editorial tradujo y editó Cuentos de brujas de escritoras victorianas en octubre de 2019. Explica Haining en su nota inicial que muchas escritoras victorianas se interesaron por la brujería, tema que conectaba muy bien con el gótico y la literatura de misterio y terror tan popular en su época, pero también como una manera para refutar y combatir la superstición de siglos pasados. Se trata, pues, de una antología de investigaciones y cuentos sobrenaturales escritos por autoras victorianas y divididos en una primera parte de no ficción y en una segunda de ficción. Entre otras, encontraremos narraciones de Eliza Lynn Linton, escritora y primera mujer periodista, Lady Wilde, centro del salón literario dublinés más prestigioso de mediados del siglo XIX y madre de Oscar Wilde, Mary Lewes, Catherine Crowe, Amelia Edwards, autora de Mil millas Nilo arriba, Anna Kingsford, una de las primeras mujeres licenciadas en medicina, H. D. Everett o Mary Crawford Fraser.

«Si a una anciana malhablada se le ocurría dirigirle a un vecino un puñado de palabras más destempladas de la cuenta y, a raíz de esto, por el miedo o como venganza, el vecino sufría o fingía un ataque de nervios, se encerraba a la anciana de inmediato en el calabozo, y solo unas pocas posibilidades de escapar se interponían entre ella y la hoguera. La destreza para curar era, asimismo, tan peligrosa como la capacidad de hacer enfermar (…) quien aplicaba estos remedios podía tener la fatal seguridad de que acabaría al pie de la horca, siendo el testimonio de aquel amigo al que había sanado el ramal más resistente de la soga.»

Mis páginas favoritas de Cuentos de brujas de escritoras victorianas han sido las de la autora Eliza Lynn Linton (1822-1898), de quien Haining recoge los capítulos dedicados a describir los casos más famosos de brujería, desde el siglo XVII hasta el XIX, en Inglaterra y en Escocia. La autora narra los juicios por brujería más sonados, las acusaciones y los extraños hechos documentados por fuentes coetáneas a los terribles sucesos. Linton se pregunta por qué las brujas siempre eran viejas, feas y pobres, y, si tenían poderes mágicos, por qué no los empleaban para huir de su prisión y sus torturadores o para conseguir riquezas y todo lo que se les antojase. Su narración de los hechos tiene un tono de incredulidad, de sarcasmo, que casi resultaría divertida si no fuese por lo terrible de lo que está contando: la facilidad con la que cualquiera podía acusar a un vecino de brujería, la facilidad con la que un juez admitía la acusación más peregrina, las terribles torturas, las condenas a morir en la hoguera, las personas inocentes que murieron y fueron salvajemente torturadas por el capricho de otro… Nada tiene sentido, nos dice Eliza Lynn Linton desde estos capítulos de no ficción, porque los casos de brujería no tienen nada que ver con la Razón sino con el Miedo. Su voz moderna, periodística e inteligente, contrasta con el compendio de historias verídicas absurdas y terribles.

De la parte de ficción, me he reído muchísimo con El espectro de la bruja, un relato anónimo, basado en hechos reales, que se publicó por vez primera en 1845 en la revista The Dublin Review, dirigida durante muchos años por Sheridan Le Fanu. Trata sobre un párroco irlandés que de vuelta a casa por la campiña se cruza con unas piernas sin cuerpo que se niegan a contestar las preguntas del buen señor porque han dedicado toda la mañana a succionar leche de vacas ajenas. Esta no es la única narración enloquecida de una antología que tiene más de curiosa que de terrorífica y en la que la calidad de los fragmentos y cuentos resulta desigual. En general, ha sido una lectura grata, original e interesante, sobre todo los capítulos de no ficción, pero un poco decepcionante en lo que concierne al interés literario y argumental de algunos de los cuentos. Sin embargo, el mayor inconveniente de Cuentos de brujas de escritoras victorianas es que el editor Peter Haining no fue del todo sincero con el título de su antología: brujas vais a encontrar poquitas en este libro; no solo porque la parte de no ficción ya deja claro que no cazaron a ninguna con poderes sobrenaturales sino porque en los cuentos de ficción apenas aparecen un par de brujas entre narraciones de espíritus, maldiciones, fantasmas y posesiones demoníacas.

Lector, Linton es extraordinaria y los relatos te gustarán si no eres asiduo de los clásicos de terror.

También te gustará: Las brujas de Salem; La mujer de púrpura; Criaturas; En el tiempo de las hogueras

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Mary Poppins, de P. L. Travers

Sopla viento del este y, por la calle del Cerezo, Jane y Michael Banks ven llegar volando a su nueva niñera. La joven responde al nombre de Mary Poppins y ni te atrevas a hacerle preguntas impertinentes. Coqueta, decidida y testaruda, Poppins es puro misterio y enigma. Siempre que Jane y Michael salen de paseo con ella les ocurren las cosas más extrañas y maravillosas, como tomar el té suspendidos a dos metros sobre el suelo, entrar en un cuadro, descubrir tiendas de pan de jengibre y estrellas o dar la vuelta al mundo con una brújula encantada. Nadie les creería si lo contasen, ni la misma Mary Poppins parece darles demasiada credibilidad, pero los niños Banks nunca había sido más felices que con su nueva niñera.

«Cuando abrió la bolsa, Jane y Michael se quedaron sorprendidísimos al comprobar que estaba completamente vacía.
-Pero, ¡si no hay nada dentro! -dijo Jane.
-¿Cómo que nada? -repuso Mary Poppins, incorporándose y mirándola como si se sintiera muy ofendida-. ¿Que no hay nada dentro, dices?
Y al momento sacó la bolsa vacía un delantal blanco, todo almidonado, y se lo ató a la cintura. A continuación, extrajo una gran pastilla de jabón, un cepillo de dientes, un paquete de horquillas, un frasco de perfume, una pequeña butaca plegable y una caja de pastillas para la garganta.«

Pamela Lyndon Travers, o P. L. Travers, es el seudónimo con el que la actriz y periodista Helen Lyndon Goff (1889-1996) publicó las novelas protagonizadas por una niñera bruja llamada Mary Poppins. Aunque Travers nació y creció en Australia, en 1924 se mudó a Londres, donde siguió publicando sus poemas y conoció a Yeats y a la élite literaria de la época. Cuenta la leyenda que fue durante la convalecencia de una enfermedad, guardando cama, cuando el editor de los poemas de Travers le recomendó que escribiese una novela y así nacieron las aventuras de Mary Poppins. Al igual que la famosa niñera, a su autora no le gustaba dar explicaciones, pero se dice que lloró de rabia cuando vio la versión cinematográfica de su creación más preciada.

Cuando empecé a leer Mary Poppins, MH me advirtió de que me olvidase de la versión cinematográfica. Sin embargo, aunque efectivamente la protagonista de la novela no se parece a la de la gran pantalla, a mí me ha gustado más el personaje literario que el encarnado por Julie Andrews. La Mary de P. L. Travers es misteriosa, coqueta y a menudo tajante y poco simpática con sus niños (me encantan sus zascas). Nadie canta ni baila, excepto los pájaros, y cada capítulo es una aventura excéntrica y sobrenatural. En ningún momento de la novela se dice que Mary Poppins sea bruja, pero todo a su alrededor es pura magia. Me ha gustado la prosa de la autora, ingeniosa y sutil, y sobre todo la imaginación desbordada y los sorprendentes giros de cada capítulo, así como la ausencia de admoniciones moralizantes para niños. Ha sido un bálsamo agradable y simpático para compensar la decepción de Wicked.

Lector, un clásico excéntrico, divertido y simpático que no se parece a su adaptación cinematográfica.

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Wicked, de Gregory Maguire

La humilde casa del predicador unionista Frex y su esposa Melena se ve dudosamente bendecida por el nacimiento del primer retoño del matrimonio: un salvaje bebé verde con dientes de tiburón. Convencido de que la culpa lo ha maldecido, Frex bautiza a su niña con el nombre de Elphaba y parte a evangelizar las tierras más oprimidas por el Mago de Oz. El pequeño engendro verde crece medio salvaje bajo la distraída supervisión de una madre ausente y la vieja Nana; extraña e inquietante, poco esperan de la heredera de la casa Thropp, hasta que Elphaba ingresa en la universidad de Shiz, una academia controlada por los esbirros del Mago, que está aniquilando a los Animales con sus políticas genocidas. Verde, alérgica al agua, a la injusticia y a cualquier religión, Elphaba se pregunta si un ser que ni siquiera cree tener alma es malo por naturaleza o si son los actos despiadados de un tirano los que tienen la clave de un destino que la convertirá en la Malvada Bruja del Oeste.

«La gente que dice ser malvada no suele ser peor que el resto de nosotros. Pero la gente que dice ser buena, o mejor que los demás en algún aspecto, esa gente sí que es peligrosa.«

Gregory Maguire (Nueva York, 1954) escribe en Wicked. Memorias de una bruja mala una interpretación del clásico de L. Frank Baum, El maravilloso mago de Oz, desde el punto de vista de Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste. El punto de partida es, como poco, curioso, con un bebé verde de dientes de tiburón en el seno de una familia disfuncional y de un reino bajo la creciente tiranía del Mago de Oz. Maguire crea un personaje protagonista lleno de fuerza, insólito en un país mágico: Elphaba no cree en la magia, ni en los dioses, ni en las almas, pero tiene la terrible certeza —quizás porque así lo escribió Baum— de que ella es malvada. El juego literario es casi infinito y Maguire sigue un camino de baldosas amarillas a través de una docena de espejos circenses, esos que devuelven una imagen deformada para crear nuevos personajes.

Wicked se lee con fluidez porque, como dice Ursula K. Le Guin, Gregory Maguire escribe con nobleza y con un buen estilo personal. Sin embargo, mucho me temo que los lectores que se asomen a esta novela con el recuerdo reciente de El maravilloso mago de Oz quedaran algo confusos: el Oz de Maguire es un Oz que se esfuerza por desdeñar la magia, que viste de una cruda realidad un país de fantasía dotándolo de política, genocidio, depresión económica, explotación ecológica, terrorismo, etc. sin disfraz mítico ni metáfora ni alegoría. Elphaba, la protagonista, parece lidiar contra el destino que escribió para ella L. Frank Baum y, aunque termina convirtiéndose en la Malvada Bruja del Oeste porque así está escrito, es un personaje que desprecia la magia y que se cuestiona continuamente sobre la maldad o la bondad de sus actos. Eso es lo que más me ha gustado de Wicked, su protagonista tan peculiar y única, un ser que no acepta ninguna verdad hasta que no la investiga por sus propios medios, que tiene un sentido de la justicia muy desarrollado y que a lo largo de toda su vida miente una sola vez. En mi opinión, la novela de Maguire es magnífica durante la primera mitad porque es entonces cuando nos presenta a la singular Elphaba en todo su esplendor, y va perdiendo fuelle a medida que la trama se estanca y su protagonista entra en un sopor pasivo inexplicable. Lo que menos me ha gustado ha sido el capítulo final, una sarta de alucinaciones extrañas que no he entendido y la terrible sensación de que Elphaba no se merecía ese maltrato literario.

Lector, me pregunto cómo será el musical.

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Una educación mortal, de Naomi Novik

La comida favorita de los monstruos maleficaria son los magos adolescentes. Aunque las familias mágicas se agrupen en poderosos enclaves y cuiden sus alianzas para proteger a sus hijos, los jóvenes apenas tienen un cuarenta por ciento de probabilidades de llegar a la edad adulta. Por eso, a finales del siglo XIX, se construyó la Escolomancia, un extraño colegio suspendido en un vacío místico, en donde artífices, alquimistas y hechiceros se forman durante cuatro años, más o menos a salvo. El problema es que la Escolomancia tiene vida propia y su sistema de eliminación y vigilancia de maleficaria no es todo lo eficiente que debería, así que las probabilidades de sobrevivir allí dentro dependen del talento, la suerte y las alianzas de cada alumno. Gal no suele caer bien a nadie, seguramente porque es una temible hechicera maléfica que se resiste con uñas y dientes a aceptar que su poder extraordinario es perfecto para destruir a la humanidad. Sabe que necesita aliados para graduarse en cuarto curso y tiene sus propios planes al respecto… hasta que aparece Orion Lake, un caballero andante que se cree una especie de superman mágico invencible y que insiste en salvarla una y otra vez pese a que los poderes de Gal podrían reducirlo a cenizas en medio segundo.

«Siempre me había preocupado por que mi dignidad no sufriera ni un rasguño, aunque la dignidad no importa una mierda cuando los monstruos bajo la cama existen de verdad. La dignidad era lo que tenía en lugar de amigos. Dejé de intentar hacerlos al mes de empezar primero. Ninguna de las personas a las que trataba de acercarme me hacían caso a no ser que estuvieran desesperadas, y nadie intentó acercarse a mí nunca.«

Naomi Novik (Nueva York, 1973) es una escritora estadounidense de literatura fantástica y ciencia ficción que saltó a la fama por la saga Temerario —desgraciadamente descatalogada en castellano—. De la autora solo he leído Un cuento oscuro, novela que me sorprendió por la elegancia de su prosa y por el ingenio y originalidad de darle la vuelta a los cuentos de hadas tradicionales sin abandonar ese toque tan oscuro de los hermanos Grimm. En Una educación mortal, Novik vuelve a decantarse por ese intercambio de papeles tradicionales entre el bien y el mal, y juega con un mundo siempre en equilibrio: todo tiene una consecuencia directa, a veces, su fuerza opuesta.

He leído Una educación mortal en tres días porque no podía soltarlo. Me ha parecido una novela divertida, entretenida y original. No es una novelaza, ni tiene esa prosa tan cuidada de Un cuento oscuro, a veces los pensamientos de la protagonista resultan machacones y repetitivos, pero la Escolomancia es oscura, peligrosa, mortal, y sus alumnos tienen ese punto cruel y desesperado de los supervivientes en el infierno. La idea de una escuela en la que los alumnos pueden morir en cualquier momento si no están atentos, en la que la única comida de la cafetería que jamás resulta envenenada son las coles de bruselas, tiene ese punto tenebroso y terrible que tan bien encaja con los adolescentes. No encontrareis en esta novela sensiblería ni romances juveniles típicos, sino una protagonista con un dilema vital muy bien planteado (un personaje tan potente que el resto de caracteres se quedan algo desdibujados), una escuela de magia antítesis del agradable Hogwarts, un mundo mágico bien construido y equilibrado (causa y efecto) y de nuevo ese darle la vuelta a los tópicos para crear algo nuevo, tenebroso y fascinante.

Lector, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con una novela tan oscura.

También te gustará: La novena casa; Un cuento oscuro; La agencia Lockwood; Seis de cuervos; Los juegos del hambre

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