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El señor de los djinn, de P. Djèlí Clark

En vísperas de la cumbre de paz europea que se celebrará en El Cairo en 1912, Lord Worthington y todos los integrantes de su misteriosa hermandad son asesinados por un extraño individuo enmascarado. En cuanto salen a la luz las circunstancias sobrenaturales de las muertes, el Ministerio Egipcio de Alquimia, Encantamientos y Entidades Sobrenaturales pone al frente del caso a la agente Fatma, uno de sus mejores y más experimentados activos. Sin embargo, la investigación pronto apunta a un culpable tan fantástico como imposible, pues el regreso de al-Jahiz, el místico que abrió la puerta a la magia cuarenta años antes y que convirtió Egipto en la nación independiente más adelantada a su tiempo, resulta increíble. Flanqueada por la extraordinaria Siti, una acólita de la diosa Bastet entrenada para la batalla, y por su sorprendente nueva compañera del Ministerio, Fatma recorrerá las convulsas calles de El Cairo para desenmascarar al culpable antes de que todo estalle en una guerra sobrenatural.

«—Dicen que no deberíamos pronunciar su nombre, pero es el Gran Maestro, el Inventor, el Señor de los Djinn —murmuró maravillado—. ¡Al-Jahiz! (…)
Ahmad asintió con solemnidad.
—En las calles de El Cairo, en los rincones que han sido abandonados, se rumorea que al-Jahiz ha regresado. Un hombre misterioso que lleva una máscara dorada. Igual que el que fue visto abandonando el lugar en que asesinaron a una hermandad dedicada a al-Jahiz. ¿Cuántas probabilidades creéis que hay?«

P. Djèlí Clark es el seudónimo de Dexter Gabriel, un historiador estadounidense de orígenes caribeños especializado en la investigación sobre la esclavitud y emancipación en el ámbito Atlántico. Recibió los premios Locus y Nebula por su novela de fantasía histórica Ring shout y en la actualidad compagina su carrera como novelista con la investigación histórica, siempre interesado en la diversidad dentro de la ficción especulativa. El señor de los djinn, ganadora del premio Nebula, es su primera novela larga y la edición de Duermevela también contiene el relato Muerte de un djinn en El Cairo, protagonizado por la agente Fatma y que forma parte del mismo universo egipcio steampunk y ucrónico del que ya tuvimos un atisbo en La maldición del tranvía 015.

En un Egipto independizado de los británicos en 1880 gracias a la magia, a la tecnología y a una mentalidad tan tolerante que conjuga sin problemas la libertad religiosa y de pensamiento y unos movimientos feministas que en 1912 han culminado en la consecución del sufragio femenino, la convivencia entre seres sobrenaturales y mortales sigue siendo complicada. Sin embargo, Djèlí Clark nos plantea una ucronía en la que Europa sigue al borde de la Primera Guerra Mundial y en la cumbre de paz de El Cairo nos regala un guiño histórico genial con la presencia de personajes reales como el kaiser Guillermo, el primer ministro francés Poincaré o el general Zhilinsky, jefe de Estado Mayor del zar Nicolás (que no puede acudir en persona por las revueltas en su país). El señor de los djinn ocurre en fecha posterior a la aventura de La maldición del tranvía 015 y Muerte de un djinn en El Cairo, compartiendo con dichos relatos esa mezcla entre fantasía y novela policíaca que tan bien se le da al autor; y si Muerte de un djinn en El Cairo tiene un aire muy Lovecraft, atención a la referencia Tolkien en el caso de El señor de los djinn. En resumen, una aventura detectivesca y fantástica ambientada en una interesante ucronía que, aunque no funciona tan bien como en Ring Shout (Clark emociona con sus profundos conocimientos sobre la cuestión de los esclavos afroamericanos y la época más terrible de la segregación racial en Norteamérica), resulta muy entretenida, original y perfecta para desconectar.

Lector, no pierdas de vista a P. Djèlí Clark.

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El hechicero de la corona, de Zen Cho

A la muerte de su padre adoptivo, Zacharias Wythe hereda el báculo que lo convierte en hechicero real pese a que sufre una grave dolencia, su familiar ha desaparecido, la Sociedad de magos de Londres está en su contra y hay una grave crisis de magia en todo el país. Agobiado por sus preocupaciones, acepta dar un discurso en un internado de gentilbrujas con el objetivo de acercarse a Fobdown Purlieu, la frontera con el reino de las hadas, e investigar sobre la escasez de magia que sufre Inglaterra. Pero en el internado tropieza con Prunella Gentleman, una joven con un talento extraordinario para los hechizos que no solo convencerá a Zacharias para cambiar las leyes que prohíben a las mujeres practicar la magia sino que lo salvará de los intentos de asesinato y la destitución de la Sociedad, de un grave conflicto diplomático, del malentendido con el caprichoso reino mágico, de la codicia de un dragón e incluso de sí mismo.

«—No estoy seguro de creer esos cuentos sobre los peligros peculiares de la magia en las mujeres. Al fin y al cabo, ¿acaso la Sociedad no dijo lo mismo sobre mí? ¿Que mi cuerpo no podía soportar ni mi mente comprender las sutilezas del arte? Usted defendió mis habilidades a pesar de su oposición. ¿De verdad está diciendo que no debería hacer por las mujeres lo mismo que usted hizo por mí?«

Zen Cho es una abogada titulada por la Universidad de Cambridge que nació y creció en Malasia, aunque en la actualidad vive en Birmingham, Reino Unido. El hechicero de la corona fue publicada en 2015 y nominada a los premios Locus y Bristish Fantasy en la categoría de primera novela, aunque antes se había estrenado en el mundo editorial con una antología de relatos. La editorial Duermevela publicó en castellano su cuento La mujer de terracota en 2021 y, en mayo de 2022, El hechicero de la corona (atención porque la edición es preciosa, con las ilustraciones de Cinthya Álvarez y los detalles interiores de Almudena Martínez).

Esta es una novela que conviene leer sin saber demasiado de antemano sobre su trama porque gran parte de su encanto reside en el ritmo sostenido de la narración y en las sorpresas que nos deparan historia y personajes en cada capítulo. Pese a que la autora mantiene la intriga hasta el emocionante final, a lo largo de la novela Zen Cho va resolviendo con gracia y originalidad los muchos misterios que envuelven al protagonista, Zacharias Wythe, y al origen de su inesperada compañera de aventuras, Prunella Gentleman, invitando al lector a seguirla en cada giro, siempre pendiente de ver asomar las orejitas a los dragones y otras criaturas mágicas. Con un estilo sobrio que fluye bien, Zen Cho hace un guiño a esa Inglaterra de Jonathan Strange y el señor Norrell, pero siempre desde una perspectiva mucho más ligera y menos oscura, pasando de puntillas por las implicaciones políticas de un período histórico en el que el país estaba sumido en las guerras napoleónicas y con un interesante enfoque de género al señalar la absurda discriminación que pesa sobre las brujas y hechiceras. En 2019, la autora publicó la siguiente entrega de la saga, The True Queen, y aquí estamos, esperando con impaciencia que llegue a nuestras manos para saber más de Prunella, de Zacharias, de Damerell y de Rollo, pero, sobre todo, porque queremos ver más dragones en los salones de té de la época.

Lector, para ti, que quieres más fantasía con dragones ambientada en época de Regencia.

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Inglaterra salvaje, de Richard Jefferies

Tras un misterioso accidente medioambiental, la geografía de Gran Bretaña se ve afectada hasta el punto de que la mayoría de su población debe abandonar la isla o perecer con la subida de las aguas que interrumpió el comercio y provocó la hambruna. Las ciudades despobladas perecen bajo las aguas y cuando por fin se estabiliza el territorio solo han quedado atrás un puñado de desgraciados harapientos, toscos e ignorantes. El conocimiento del siglo XX se hunde en la fosa de contaminación que un día fue Londres y dos generaciones después nadie entiende de ciencia, ni de medicina, ni de historia. Todo se ha perdido en el cataclismo, los animales sobreviven asilvestrados en los bosques, apenas queda población y la que queda es una población analfabeta agrupada en montaraces salvajes, gitanos itinerantes o pequeñas poblaciones medievales en las que la comunicación y el transporte son complicados y la pirámide social está presidida por imbéciles y sostenida por esclavos. La vida apenas tiene valor y a Felix Aquila, el primogénito del barón Aquila, le desespera tanta ignorancia. No soporta que los gobernantes no se preocupen por mejorar la vida de las personas estudiando los textos antiguos o alentando el resurgir de la ingeniería, de la ciencia, de la experimentación. Asqueado de ese mundo brutal y estúpido, decide iniciar un largo viaje de exploración, de conocimiento y de oportunidad para ofrecer a otras comunidades más receptivas todo lo que sabe.

«Debo atribuir la discrepancia existente a las guerras y odios que brotaron y dividieron a la población, de tal manera que unos no escucharon lo que otros deseaban decir, y la verdad se perdió.«

Richard Jefferies (1848-1887) fue un naturalista inglés muy reconocido por sus escritos sobre la vida rural y la naturaleza, aunque también publicó historias infantiles y novelas. Pese a que fue un autor muy querido por sus lectores, está considerado como un novelista victoriano menor pues sus ensayos naturalistas son mucho mejores que sus novelas. Excepto porque en 1885 sorprendió a los lectores y a la crítica con Inglaterra salvaje, una distopía postapocalíptica ambientada en Gran Bretaña y única en su tiempo. Cuenta Javier Calvo, traductor y prologuista de la edición en castellano de Aristas Martínez de Inglaterra salvaje, que Jefferies recogió el testigo narrativo de Mary Shelley, Edgar Allan Poe o Jules Verne, pero también sirvió de inspiración para el resto de distopías británicas que habrían de ver la luz durante el cambio de siglo.

En la actualidad, los lectores estamos más que familiarizados con las distopías apocalípticas de la ficción literaria —incluso con las de vida real, me atrevería a decir—, por eso es necesario entender Inglaterra salvaje como una rara avis de su época y a Richard Jefferies, escritor victoriano, como un pionero en un género en el que sentó precedente. Contextualizada la obra, resulta sorprendente el imaginario del autor y el extraordinario realismo de sus planteamientos de ciencia ficción. Jefferies dedica los primeros cinco capítulos que constituyen la primera parte de este libro a analizar la naturaleza del mundo postapocalíptico en el que sitúa su historia: la flora, la fauna, la geografía humana, los cambios medioambientales y en el paisaje, etc. En definitiva da a luz un mundo sumido en la oscuridad del medievo temprano (incluso peor, porque han perdido incluso los textos clásicos que sí tenían en el medievo), sin tecnología ni ciencia, cuya brutalidad y falta de interés en el progreso se parece mucho a la vida de los animales salvajes que pueblan sus bosques y montañas.

En contraste con este mundo sumido en la oscuridad Jefferies construye a un protagonista inteligente e instruido, poco adaptado a su medio, pero dispuesto a alcanzar el lugar que piensa que le corresponde. Con una prosa muy descriptiva, propia de su vocación naturalista incluso cuando trata emociones, el autor narra el viaje de su anti-héroe para mostrarnos más de ese nuevo mundo que ha creado, pero también para contarnos el viaje de autodescubrimiento de un personaje descontento e infeliz al que la rabia consume sin remedio. Destaca, sin duda, el maravilloso ecosistema natural que describe Jefferies y su idea de un regreso a la Edad Media cuando se pierde todo el conocimiento del siglo XX. Resulta relajante, desde nuestra perspectiva de lectores de la inmediatez, ese ritmo pausado y sostenido de su narración y la sensación que nos crea de no estar leyendo ficción sino una especie de crónica histórica excéntrica e inquietante.

Lector, una distopía que sorprende por su inquietante belleza.

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Lenguas maternas y otros relatos

En Lenguas maternas, de S. Qiouyi Lu, una madre se examina de inglés para poder venderlo al mejor postor y pagar la universidad de su única hija. Pero cuando comprende que con el nivel básico de inglés no tiene ni para la matrícula, se plantea ceder su mandarín nativo, perdiendo así la esencia de todo lo que fue.

En Haz como que no me has visto y yo haré como que no te he visto, de Maria Dahvana Headley, un mago venido a menos, con un pasado de lo más sorprendente, vive el peor y el mejor día de su vida por culpa de una mujer, una banda de motoristas y la posibilidad de algo mucho más grande que sacar un conejo de la chistera en una fiesta de cumpleaños.

En Intervención, de Kelly Robson, una cuidadora de nidos de un posible futuro terrestre, encuentra su vocación entre los más jóvenes de la especie.

En Cuando no había estrellas, de Simone Heller, la guerrera experta de una tribu reptiliana que ha heredado la Tierra tras el desastre que acabó con todos los humanos toma conciencia de que los vestigios del pasado pueden salvar el presente de la mano de una inteligencia artificial.

En Widdam, de Vandana Singh, los humanos aceleran la destrucción de su planeta con ayuda de máquinas inteligentes depredadoras de recursos. Solo cuando esas inteligencias artificiales empiezan a desertar de su monstruosa tarea, un resquicio de esperanza se abre para la humanidad.


La Edición de Gigamesh es estupenda: tapa dura, dos tintas, ilustrada, buenas traducciones, letra agradable y precio más que asequible.

Ediciones Gigamesh
Ciencia ficción y fantasía
Fecha de publicación: noviembre 2021
ISBN: 9788417507787

Señala la breve introducción de Ediciones Gigamesh para Lenguas maternas y otros relatos, que los cinco relatos de ciencia ficción y fantasía que recoge este libro fueron publicados por primera vez en 2018, el año en el que murió Ursula K. Le Guin. Aunque no buscado, fue un mensaje de que algo estaba cambiando el que esta selección de autoras brillasen con luz propia en el género justo en el momento en el que una de sus estrellas más notorias nos dejaba. Las voces narrativas de Lu, Headley, Robson, Heller y Singh aportan frescura y originalidad a la ciencia ficción y a la fantasía y encandilan al lector con sus propuestas, sus personajes y esos mundos distópicos que conservan una pequeña esperanza pese a toda su oscuridad.

Mi relato preferido ha sido Haz como que no me has visto y yo haré como que no te he visto, de Maria Dahvana Headley, por el estilo casi onírico de la autora, la magia oscura de su propuesta y el ritmo. Headley convence por cómo cuenta más que por lo que cuenta hasta que llega a la mitad del relato y todo da un vuelco que te vuela la cabeza y entonces te quedas boquiabierta con el todo. El relato de Kelly Robson, la autora de la magnífica Las aguas de Versalles, repite, con su prosa directa y lúcida, en el mundo futurista de consultores que han conquistado la galaxia con sus columnas de cifras que ya nos ofreció en Dioses, monstruos  y el Melocotones de la suerte. Y los relatos de Cuando no había estrellas y Widdam, más cercanos a la metáfora y de estilo nostálgico y conmovedor (una contribución muy agradable en el género de la ciencia ficción), comparten su preocupación por el medio ambiente y un enfoque que se contrapone a la rebelión destructora de las máquinas que tan bien ha sabido explotar la franquicia de Terminator: como los humanos son incapaces de cambiar, serán las inteligencias artificiales las que preserven la vida. Quizás sea el relato que da título a esta magnífica antología el que se me queda un pelín atrás (seguramente por ese final que deja en el aire la relación entre pensamiento e idioma), aunque tiene un punto de partida genial y una propuesta lingüística que da mucho juego.

Lector, un placer conocer a algunas de las más ingeniosas e interesantes nuevas voces de la ciencia ficción y la fantasía de principios de este siglo.

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Si quieres hacerte con un ejemplar, pasa por Librería Gigamesh, ponte en contacto con ellos a través de su Whatsapp o echa un ojo a su Lektu.

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El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde

En la campiña inglesa más lúgubre de finales del siglo XIX, Lord Canteville vende su castillo a la familia Otis con una sola advertencia: el castillo está encantado por el temible fantasma del sanguinario sir Simon Canterville, antepasado del honesto Lord. Pero los Otis son una familia moderna, republicana y, sobre todo, práctica, a la que los fantasmas le importan un pimiento. Utilizan el mejor detergente para borrar la legendaria mancha de sangre encantada, un tónico para la indigestión, aceite para engrasar las cadenas del fantasma y que no haga ruido por las noches, y una tolerancia sin límites a las excentricidades de los ingleses aunque estos sean almas en pena. La situación no pinta demasiado bien para el pobre sir Simon pues los gemelos acaban de declararle la guerra y ninguno de sus espeluznantes trucos parece alterar lo más mínimo la vida de los nuevos ocupantes vivos de su morada.

«—¡Qué clima tan monstruoso! —dijo el ministro americano manteniendo la calma, mientras encendía un largo cigarro—. Me imagino que el viejo país está tan superpoblado que no tienen tiempo decente para todos. Yo siempre he tenido la opinión de que la emigración era el único remedio para Inglaterra.
—Mi querido Hiram —exclamó mistress Otis—, ¿qué podemos hacer con una mujer que se desmaya?
—Descontárselo del sueldo, como las cosas que rompa —respondió el ministro—; no volverá a desmayarse, después de eso.«

Oscar Wilde (Dublín, 1854 – París, 1900) fue un afamado poeta, dramaturgo y novelista de finales del siglo XIX, que destacó por su ingenioso talento y su defensa del esteticismo (el arte por el arte). El fantasma de Canterville, junto con El retrato de Dorian Grey, es una de sus historias más conocidas y, sin duda, de las más divertidas. Ha sido adaptado en múltiples ocasiones al cine, a la televisión (quizás la versión más popular sea  la del director Sydney Macartney, de 1996), como película de animación y al teatro (hace un par de años fui a ver la genial adaptación de Joan Pera en el teatro Condal de Barcelona). Sin embargo, siempre es un placer volver a leer la versión original de Wilde.

Oscar Wilde publicó por primera vez El fantasma de Canterville en 1887, en dos números consecutivos de la revista literaria británica The Court and Society Review. Se trata de una historia divertida y sobrenatural que el propio autor tachó de romance hilo-idealista por la filosofía de integrar el plano espiritual en el real con total naturalidad y aceptación. Sin embargo, como sucede en las obras de Wilde, esa apariencia de cuento gótico humorístico envuelve una crítica social y económica a los nuevos valores que ya anunciaba el cambio de siglo y que el autor encarna en la familia norteamericana de los Otis. Contrapone el pragmatismo, el consumismo (atención a la propaganda comercial que parece constituir el credo de los Otis), el republicanismo y la falta de creencias de los americanos al mundo tradicional, religioso, moral, honorable y romanticista de los Canterville, que representan a la Inglaterra rural victoriana. Si bien el choque de ambas culturas es jocoso y Wilde a menudo lo lleva a la caricatura, la segunda parte de la historia cae en un tono algo más melancólico y gótico, entrando en escena la cuestión de la maldición y el misterio de la muerte de sir Simon.

Lector, la popularidad y el encanto de las adaptaciones a veces nos esconde el brillo y la profundidad del original.

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