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Un chelín para velas, de Josephine Tey

En la tranquila playa de Westover aparece el cuerpo sin vida de la joven Christine Clay, una actriz en auge que pasaba unos días de incógnito en la campiña inglesa para descansar. Pero cuando aparecen signos de lucha en la víctima y el botón de un abrigo enredado en su pelo, la premisa de que se ahogó por accidente pierde sentido y se traslada el caso al detective Grant de Scotland Yard. Al inspector no acaba de convencerle el sospechoso más obvio, pero cuando todas las pruebas apuntan en la misma dirección le resulta imposible ignorarlo por más tiempo. Cansado y desalentado, convencido de que se equivoca, Grant tropieza con la peculiar señorita Burgoyne, la única hija del comisario local, que le aportará el soplo de aire fresco que necesita para recuperar la perspectiva en la complicada investigación.

«¿La conocía Grant? Era actriz cinematográfica. Y muy buena, por cierto. Ha sido algo terrible, ¿no le parece? Las cosas que suceden hoy en día en las buenas familias. Incluso asesinatos. Las cosas habían cambiado mucho en la actualidad.
—No sé qué decirle —respondió Grant—. Para las familias más antiguas de Inglaterra el crimen siempre ha sido un pasatiempo más, si mis libros de Historia no mentían.«

Esta es la cuarta novela que leo de Josephine Tey y me ha parecido la más flojita de todas. Era difícil estar a la altura de la tensión psicológica de la magnífica Patrick ha vuelto, o poseer el encanto apasionado historiador de La hija del tiempo, y aunque Erica Burgoyne es un personaje feelgood estupendo, no está a la altura de la señorita Pym. Quien nunca defrauda es el inspector Grant que, al  margen de que el caso policial nos parezca más o menos interesante, siempre da la talla. Además me ha hecho gracia encontrarme con el debut en escena de Marta Hallard, un personaje con mucha chispa que recordaba de La hija del tiempo.

Las novelas de Josephine Tey me gustan por su planteamiento clásico policial, por su atmósfera apacible (a menudo ambientadas en la campiña inglesa), por su british air inconfundible y por el trabajo psicológico de sus personajes. En Un chelín para velas vais a encontrar la marca de la casa y además un marco histórico muy bien reflejado: el de una Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial espantada por el antisemitismo y un Hollywood en su edad dorada en parte gracias al talento de los compositores y directores judíos fugados de sus países de origen. Quizás por eso, aunque las novelas de Josephine Tey se incluyan dentro de la Golden Age, su detective huye de cualquier estereotipo y sus escenarios suelen traslucir más crítica social que el resto de novelas de misterio de ese período.

Un chelín para velas fue adaptada para la gran pantalla por Alfred Hitchcock con el título de Inocencia y juventud.

También te gustará: La señorita Pym dispone; La hija del tiempo; Patrick ha vuelto

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Un chelín para velas

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El asesino vive en el 21, de S. A. Steeman

Un terrible asesino en serie, que firma sus crímenes como Mr. Smith, se vale de la espesa niebla nocturna de Londres para matar y robar a las víctimas más dispares. Debido a la rapidez con la que actúa y a la escasa visibilidad del puré de guisantes, Scotland Yard anda despistadísimo; hasta que una noche, un estafador de poca monta confiesa a la policía que ha seguido a Mr. Smith después de su último asesinato y que está seguro de que entró con su propia llave en el 21 de Russel Square. El superintendente Strickland, encargado del caso, estaría mucho más entusiasmado con la información si no fuese porque el 21 es una casa de huéspedes habitada por una pandilla de excéntricos, todos ellos sin excepción de conducta errática y sospechosa.

«Ciertos espíritus positivos intentaron demostrar, en el transcurso de acaloradas discusiones, que era muy improbable que el apellido Smith del que se valía el asesino fuese realmente el suyo. Les respondieron de muy mala manera y fueron considerados sospechosos.

Londres, que conocía el miedo, no escuchaba la voz de la razón. Quería responsables.«

Stanislas-André Steeman (Lieja, 1908-1970) fue un periodista y escritor belga, autor de novelas policíacas, muchas de las cuales han sido llevadas al cine. Comenta Siruela que en la actualidad ha sido reconocido, junto con Jean Ray y Georges Simenon, como el máximo exponente del género en Bélgica; aunque es cierto que fuera de su país sus obras no han tenido tanta repercusión internacional como el inspector Maigret de Simenon. El asesino vive en el 21 es la primera novela que leo de Steeman así que no puedo asegurar que siempre se gaste este fabuloso sentido del humor, pero si todas son así de estupendas y divertidas que se aparte el triste de Simenon.

El asesino vive en el 21 es una novela clásica policíaca muy original para pasarlo en grande. El autor no solo invita explícitamente al lector a seguir las pistas y dar con el asesino sino que además construye el caso de una manera tan distinta y atrevida que te hace desear que la historia tenga el doble de páginas. Me ha encantado el sentido del humor de Steeman y todo el elenco de personajes, sospechosos y detectives, que pueblan esta novela, así como lo bien que encajan los diálogos del asesino. Los huéspedes de la señora Hobson, tan peculiares, protagonizan escenas geniales cuando se encuentran todos juntos a la hora de las comidas, por no hablar de la panda de Scotland Yard o de los periodistas. La intriga criminal, sin trampas, y el suspense se mantienen perfectamente hasta los capítulos finales, pero el lector se lo está pasando tan bien con el desconcierto de los inspectores, las rarezas de los sospechosos y la sangre fría del asesino que la resolución del misterio se convierte en un aliciente más.

Como guinda del pastel, me ha encantado que el misterio se desarrolle en el Londres de los años treinta del siglo pasado y que la ciudad sea mucho más que simple decorado. Atención a los movimientos de los sospechosos por sus calles y parques, y la vecindad del 21 con el British Museum. El homenaje de Steeman a la novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jeckyl y Mr. Hyde, no solo está presente en uno de sus personajes sino también en la espesa niebla —llamada «puré de guisantes» por los londinenses— que también adquiere un protagonismo especial en El asesino vive en el 21.

Lector, una de las novelas de misterio más divertidas y originales que he leído hasta la fecha.

También te gustará: Aquí hay veneno; Un hombre muerto; Veneno mortal; Crimen en la posada Arca de Noé; El hombre que sabía demasiado

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Los misterios de Charlotte Holmes, de Brittany Cavallaro

James Watson añora terriblemente Londres. Tras el divorcio de sus padres, su madre ha decidido enviarlo a Sherringford, un college norteamericano, con una beca de rugby. A James ni siquiera se le da bien el rugby, aunque al menos espera conocer a Charlotte Holmes y hacer honor a la amistad que una vez unió a los antepasados de ambos. El problema es que Charlotte no es, precisamente, una persona sociable y no se parece tanto a su tatarabuelo como para querer a un Watson a su lado…. hasta que uno de los estudiantes de Sherringford aparece asesinado en su habitación y todas las evidencias apuntan a Charlotte y a James como principales sospechosos.

«—¡Dios sabe lo que tuvo que soportar tu trastatarabuelo de ese hombre! —dijo con los ojos en blanco.
—¿De Sherlock? —pregunté.
—Siempre pensé que debía de estar aburrido. Los caballeros victorianos, ya sabes… No les ocurrían muchas cosas. Pero nunca me pareció que su amistad fuera recíproca. Esos Holmes son unos chalados. Aún instruyen a sus hijos en las artes deductivas desde que nacen (…). Ni me imagino cómo tuvo que ser para el bueno del doctor Watson. Lo último que necesitas es juntarte con alguien como ella.
—Tampoco es que vaya a casarme con ella (…). Solo siento interés por conocerla, eso es todo.«

Brittany Cavallaro es una autora norteamericana doctorada en literatura inglesa y fascinada desde muy pequeña por las historias del célebre detective de Arthur Conan Doyle. En Los misterios de Charlotte Holmes, Cavallaro parte de la premisa de que Sherlock Holmes y John Watson fueron personas de carne y hueso, tan reales como las narraciones que dejó para la posteridad el doctor Watson. Charlotte y James son los descendientes más jóvenes de ambas familias y, aunque algunos de sus miembros han tenido contacto entre ellos a lo largo de los años, es la primera vez que un Holmes y un Watson vuelven a colaborar en la resolución de un asesinato.

Los misterios de Charlotte Holmes se ha catalogado como una novela juvenil porque sus dos protagonistas son adolescentes de dieciséis años, pero creedme si os cuento que es un libro que funciona perfectamente para lectores adultos y, sí, también para lectores adultos enamorados de los libros de Arthur Conan Doyle y de Sherlock. Cavallaro es respetuosa con la memoria y la autenticidad de los míticos personajes y sabe adaptarlos muy bien al siglo XXI, con una naturalidad casi pasmosa. El juego de espejos está muy logrado, sobre todo en el caso de los Holmes, y aunque James Watson comparte con su antecesor literario el carácter romántico, la autora a veces carga las tintas en ese sentido. Sin embargo, la novela funciona muy bien y el carisma de los personajes, el enigma de resolver el misterio y la carga emocional la convierten en entretenida, original y muy recomendable.

La autora apuesta fuerte por un primer caso en el que los dos protagonistas no solo deben conocerse y encajar hasta convertirse en un equipo imbatible sino que además la premisa del este primer asesinato parte con ellos dos de sospechosos y con un cerco policial que se cierne amenazadoramente sobre los dos. Así tenemos una historia de detectives de planteamiento clásico, pero con la tensión añadida de un thriller que tiene mucho de psicológico. Una novela estupenda para desconectar y pasar un buen rato, pero también un genial homenaje, muy logrado y original, a los Holmes y Watson de Conan Doyle.

También te gustará: La aventura del abrigo amarillo; Flavia de los extraños talentos; El gran retorno; Un problema de tres pipas; Elemental, querido Chaplin; La liga de los pelirrojos; A scandal in Bohemia

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Yo maté a Rebecca Blackwood, de Ana Trigo

Álvaro Tristán, un atractivo actor en horas bajas, está a punto de heredar la inmensa fortuna de su mujer, la aclamada chelista Rebecca Blackwood. Rebecca desapareció en el mar, una noche de tormenta, mientras el matrimonio navegaba en un viaje de placer destinado a rescatar su naufragada relación. Álvaro es el principal sospechoso de la desaparición de su esposa, pero hasta la fecha ni la policía, ni la compañía de la póliza del seguro de vida, ni el abuelo Blackwood —que odia al actor con toda su alma— han sido capaces de demostrar su culpabilidad. Ahora, a apenas medio día para que expire el plazo establecido para declarar oficialmente muerta a Rebecca y poder heredar todos sus bienes, los acontecimientos se precipitan: la policía le comunica que acaban de encontrar el cuerpo de una mujer ahogada, la visita del agente de seguros resulta más intimidante de lo esperado, y el Bartok azul, un bellísimo violín Stradivarius propiedad de Rebecca, resulta cada vez más inquietante bajo las extrañas luces de tormenta de ese maldito día.

«El perfume de Rebecca. Se volvió rápidamente, sabiendo, no obstante, que no encontraría a nadie tras él. No era la primera vez que pasaba, por supuesto, le ocurría a menudo en aquella casa desde que ella no estaba, siempre cuando se encontraba a solas y siempre solo durante un momento tan breve que tenía que dudar de sí mismo y de sus propios sentidos. Súbitamente hacía frío en la casa.«

Ana Trigo, licenciada en Historia del Arte y Humanidades, es escritora y tasadora de antigüedades. Su primera novela, El secreto de la caja de sándalo, es un homenaje a las aventuras de Sherlock Holmes, personaje de ficción del que sigue prendada como miembro del Círculo Holmes España. Yo maté a Rebecca Blackwood es su segunda novela publicada y, por el planteamiento de su trama, los personajes y el final resolutivo, o quizás porque la sombra del canon holmesiano es alargada, he terminado de leerla con la sensación de que, pese a su evidente tributo a Rebecca de Daphne du Maurier (ya de entrada tenemos a una mujer inolvidable cuyo fantasma sigue muy presente en la casa, y una posible muerte por ahogamiento en el mar), no hubiese desentonado en absoluto como otro caso del famoso detective.

En Yo maté a Rebecca Blackwood, el lector va a encontrar una novela de misterio al estilo clásico con un toque casi sobrenatural bien arropado por una atmósfera siniestra y sofocante alrededor del protagonista, bajo un cielo de tormenta inminente y las terribles circunstancias de la muerte de su esposa. Si bien es cierto que el peso de la trama gira en torno a la desaparecida Rebecca Blackwood, la valentía de Ana Trigo es conceder el protagonismo (vivo) de la novela a un personaje tan antipático para el lector, tan miserable, como Álvaro y salir airosa de la falta de complicidad. La habilidad de la autora para conjugar elementos que domina bien, como las antigüedades o el canon holmesiano, con otros propios del género de misterio contemporáneo, como la reacción de las redes sociales sobre un crimen que afecta a personas famosas, dan fluidez a una historia que sucede en menos de veinticuatro horas y se resuelve con maestría y sin trampas argumentales.

En mi opinión, los puntos fuertes sobre los que descansa esta novela son el juego de espejos alrededor de la hermosa Rebecca y las preguntas que suscita en el lector (¿Era fría y manipuladora o brillante, cariñosa y generosa? ¿Por qué se casa con un actor mediocre celoso de su don?); la presencia constante del recuerdo de Rebecca en el ático en el que vive su marido, acentuada por el hermoso misterio del Bartok azul, ese violín que una vez dejó marcado Napoleón y cuya leyenda cuenta que tiene el poder de convocar a los fantasmas; y un buen final. Sin duda, una novela que agradará a los habituales del género policíaco clásico, pero también a los lectores con ganas de una estupenda historia de misterio.

También te gustará: Un cadáver muy frío; Muerte en los Hamptons

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Un cadáver en la mansión Sainsbury, de A. Fielding

Cuando los Layng vuelven a la mansión Sainsbury tras su luna de miel se encuentran el cadáver de una mujer bajo el suelo entarimado de la cocina. La casa había sido alquilada por los Markham, los padres de Carin Layng, como sorpresa para el joven matrimonio mientras terminaban las obras de su nueva residencia. Cuando el inspector jefe Pointer, de Scotland Yard, inicia las primeras averiguaciones, Carin y su madre aseguran que la mujer asesinada es Ann Gissburn, una amiga de la familia que había estado prometida a Douglas Layng, el joven esposo. La anciana propietaria de la mansión ha delegado la gestión de la propiedad a su abogado, cuyas declaraciones le parecen del todo honestas al inspector, pero su detestable sobrino, Arthur Sainsbury, que también había estado enamorado de Ann Gissburn, aparece en la casa para acusar a Douglas del crimen.

«¡Sus preguntas resultan absolutamente impertinentes, inspector jefe! -gritó la señora Markham encolerizada-. ¡Yo no maté a la pobre chica! Ni la coloqué bajo el entarimado de la cocina para que la encontrara esta misma tarde el esposo de mi querida hija ¡al regresar de su luna de miel!»

dÉpoca Editorial
Colección: dÉpoca noir
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susana González
ISBN: 978-84-121291-0-6
264 páginas
Fecha de publicación: noviembre 2019

A. Fielding es el seudónimo de un escritor o escritora de la Golden Age del que seguimos sin conocer su identidad real. Publicó más de una veintena de novelas de misterio entre los años 20 y 40 del siglo pasado y es la primera vez que dÉpoca Editorial la trae a su catálogo con este estupendo título. Investigando por Internet, he encontrado que sus editores norteamericanos de la época, H. C. Kinsey Co., aseguraron que A. Fielding era una señora londinense de mediana edad que vivía en Kensington y le encantaba la jardinería. Investigaciones contemporáneas a la autora y posteriores, lanzaron diversas hipótesis, pero lo cierto es que los archivos editoriales londinense que podrían haber arrojado alguna luz sobre el asunto se quemaron durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Sea quien sea Mrs. Fielding, los aficionados a las novelas clásicas de misterio de la Golden Age le damos sinceramente las gracias por Un cadáver en la mansión Sainsbury. Este caso del inspector jefe Pointer gira en torno a Anne Gissburn, una mujer extraña con tendencia a despertar la antipatía del lector, que es la pieza clave del misterio. Me ha gustado el caracter pausado y flemático del inspector, pero sobre todo me parecen muy entretenidos y originales los giros que va tomando la investigación a medida que Pointer va tirando del hilo. Que yo no sea capaz de adivinar quién es el asesino o asesinos, o el móvil del crimen, no es ninguna novedad, pero esta vez me ha sorprendido la fluidez de la historia y como va cambiando el rumbo de crimen y sus motivos a medida de que el inspector averigua más sobre Anne Gissburn.

Prosa ágil, diálogos bien medidos que hacen avanzar el caso sin repetirse, personajes que tienen algo que ocultar y el firme pulso de Scotland Yard, hacen de esta novela un misterio muy agradable y entretenido que aunque juega bien con los tópicos del género aporta originalidad en su resolución y en su magnífico final. Si os fijáis en la cita que he escogido es justo el primer párrafo de inicio de la novela, donde se nos hace un excelente puesta en escena, directa y esclarecedora: el asesinato ya ha sido cometido y el cadáver hallado, todo empieza en manos del inspector Pointer. Desde este principio sin molestos circunloquios hasta el final, el lector no se aburre pues Fielding sabe muy bien como convertirlo en acompañante de Pointer para que cada capítulo le aporte una pieza más del rompecabezas. Dice dÉpoca Editorial que este título solo es comparable a los mejores trabajos de Agatha Christie, así que ya os hacéis una idea.

Lector, perfecta para las noches de invierno.

También te gustará: Asesinato en la mansión Darwin; Crimen en la posada Arca de Noé; Asesinato en Charlton Crescent; Un hombre muerto

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