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Reto Serendipia Recomienda 2022: Escoge tus lecturas

Ya tenemos aquí la lista con todas vuestras recomendaciones para la segunda parte del Reto Serendipia Recomienda 2022.

Ahora decidid qué tres lecturas os apetece leer este año de entre todas las que habéis recomendado y añadidlas a la entrada que hicisteis para apuntaros al reto. Os agradecería que a medida que publicaseis las reseñas de las lecturas las enlazarais a esa misma entrada.

Recordad que el mínimo son tres lecturas pero que no hay máximo.

Si hacéis clic sobre el título del blog de cada de uno de los participantes podréis acceder a sus reseñas y saber por qué se recomiendan.

Por favor, revisad bien la lista y decidme si hay errores u omisiones de algún tipo.

¡Muchas gracias por vuestras magníficas aportaciones!

Isabel en La senyoreta Buncle
Peyton Place, de Grace Metalious
Trigo limpio, de Juan Manuel Gil
Los rezagados, de Paul Scott

Laky de Libros que hay que leer
El cementerio de los ingleses, de Ricardo Alía
Neel Ram, de P. L. Salvador
Una boda en Lyon, de Stefan Zweig

Margari de Mis lecturas y más cositas
La tumba de Vera Thwait, de Ana Bolox
La madre de todas las ciencias, de Cristina Grela
El crimen del sistema métrico decimal, de Miguel Izu

Alma de Entre libros, películas y música
Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer
La mujer del kimono blanco, de Ana Johns
Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago

Kala Wolf en Iridiscencia
El último rayo de luz, de Maira Varea
Belleza roja, de Arantza Portabales
El reino eterno, de Laura López Alfranca

Marta Navarro en Cuentos vagabundos
El palacio de hielo, de Tarjei Vesaas
Adiós, señor Chips, de James Hilton
El fantasma y la señora Muir, de R. A. Dick

MH en Las inquilinas de Netherfield
El huésped, de Marie Belloc Lowndes
La leyenda de una casa solariega, de Selma Lagërlof
La pimpinela escarlata, de Emma Orczy

Juan Carlos en El blog de Juan Carlos
Panza de burro, de Andrea Abreu
Sobre los huesos de los muertos, de Olga Tokarczuk
La tienda de la felicidad, de Rodrigo Muñoz Avia

Rosa Berros en Cuéntame una historia
El olor de la lluvia en los Balcanes, de Gordana Kuić
Al pie de la escalera, de Lorrie Moore
Un tío con una bolsa en la cabeza, de Alexis Ravelo

Nitocris en Un libro en un tris
Las bestias olvidadas de Eld, de Patricia McPhillip
La maldición del tranvía 015, de P. Djelí Clark
El caso de Betty Kane, de Josephine Tey

Undine von Reinecke en Las lecturas de Undine
Belinda, de Maria Edgeworth
El chivo expiatorio, de Daphne du Maurier
Relato de un desconocido, de Antón Chéjov

Noemí en Books & Tea
Mi impresionante carrera, de Miles Franklin
Hôzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki
Ollis, de Ingunn Thon

Francisco en Un lector indiscreto
La edad de oro, de Wang Xiaobo
El infiltrado, de Marta Querol
Todo a un tiempo, de Sara Mañero

Isabel Macías en El salón del libro
Víctimas, de Dean R. Koontz
Póker de asesinatos, de Ager Aguirre
Confesor, de José Alberto Callejo

Anabel en Anabel Samani
Tamsin, de Peter S. Beagle
Puente de pájaros, de Barry Hughart
El sonido de un caracol salvaje al comer, de Elisabeth Tova Bailey

Laura en Niu de mones
Salvatierra, de Pedro Mairal
Un reflejo velado en el cristal, de Helen McCloy
Donde ya no hay adiós, de Olivia Vicente

MJ Ruíz en Eleea Books
El jardín del hombre ciego, de Nadeem Aslam
La gabardina azul, de Daniel Cid
Bienvenido a su auténtica experiencia india, de Rebecca Roanhorse

Rosa en La vida no basta
El gran día de la señorita Pettigrew, de Winifred Watson
¡Vivir!, de Yu Hua
Reencuentro, de Fred Uhlman

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Nicholas Nickleby, de Charles Dickens

Debido a la ruina y posterior fallecimiento de su padre, Nicholas y Kate quedan en una desafortunada posición económica que los obliga a mudarse, junto con su alocada madre, a Londres en busca de una oportunidad. Muerto el cabeza de familia, los Nickleby se ponen bajo la protección del hermano de su difunto padre, Ralph, un temible prestamista de negro corazón que solo piensa en libras y peniques. El carácter honesto, generoso y altruista de los hermanos pronto entra en oposición con la mezquindad de Ralph, y tío y sobrino experimentan una profunda y mutua aversión. Mientras Nicholas es enviado a un espantoso internado de Yorkshire como ayudante de maestro, la bella Kate queda a merced de los inexistentes escrúpulos de su tío, que no duda en someterla a sus oscuros intereses usureros. Separados por la injusticia, la desdicha y el peligro, los hermanos Nickleby deberán poner a prueba su fortaleza de carácter y valentía para salir al paso de los reveses de la fortuna sin perder la esperanza y la bondad de su naturaleza por el camino.

«(…) se levantaban cada mañana y se acostaban cada noche sin un hogar que los albergara y sin nadie que moviera un dedo para ayudarlos; cómo, no buscando una vida lujosa y espléndida, sino una mísera y deficiente subsistencia, había mujeres y niños en la ciudad divididos por clases, registrados y censados con la misma precisión que las familias nobles y las personas de alto rango; al ver cómo la ignorancia era castigada, pero nunca remediada, cómo miles de personas acababan en la cárcel o subían al patíbulo por circunstancias que las habían abocado a ello desde la cuna, y sin las cuales podrían haber ganado su pan con honradez y vivido en paz.«

Charles Dickens publicó por vez primera Nicholas Nickleby como una serie por entregas entre los años 1838 y 1839, aunque su éxito fue tan rotundo —en aquellas fechas Dickens ya era un escritor notable— que al finalizar la serie se sucedieron continuas reediciones de la obra en un volumen único. Era su tercera novela larga, tras Los papeles póstumos del Club Pickwick y Oliver Twist, y no solo fue la confirmación de su merecido éxito sino que además contribuyó a señalar la terrible gestión de los internados infantiles en Yorkshire que derivó en inspecciones gubernamentales de los mismos para clausurarlos y encausar a sus monstruosos directores. En el prólogo del autor a la edición de 1848, Dickens se defiende de aquellos que lo acusan de exagerar en su novela y responde que, al contrario, se había contenido a la hora de cargar las tintas sobre sus personajes, tanto malvados y miserables (Ralph, Squeers, Gride, Mulberry,…) como buenazos (los hermanos Cherryble, Newman Boggs, John Browdie,…). Porque la realidad, siempre siempre siempre, también en época victoriana, supera a la ficción.

Mi admiración por Dickens se sustenta en su extraordinaria prosa, en su sentido del humor, en su contundente crítica social y en la caracterización de sus personajes, pero también en su maestría como escritor: no conozco a ningún otro autor que ponga al servicio de su narración, con tanta soltura y gracia, todos los recursos literarios que él maneja; su talento natural es tal, que hace que todo parezca fácil y sencillo, incluso simple, y, sin embargo, pocos autores bordan como él el arte de mostrar en lugar de explicar o saben darle ese toque tan eficaz a la voz autoral. Dickens era un escritor para todos los públicos porque trataba cuestiones que tocaban de cerca a cualquier ciudadano de su época, como la injusticia social, la ineptitud de los políticos, la pobreza endémica en la metrópoli más rica del mundo, la falta de oportunidades de las clases sociales más bajas, el deficiente sistema educativo o el agujero negro de las prisiones por deudas. Sin embargo, ser un escritor tan famoso y de masas no entraba en contradicción con la calidad de su prosa, su inteligencia y su genial manejo de los recursos narrativos.

En Nicholas Nickleby encontramos los grandes temas de denuncia recurrente en Dickens, como su crítica a los parlamentarios, al sistema de prisión por deudas o a la desigualdad social y de oportunidades, pero la novela hace especial hincapié en el maltrato y los abusos infantiles y en el horror de los internados de la campiña de su época, además de ofrecernos un retrato minucioso de los contrastes de Londres, a la sazón la metrópolis más importante de occidente, o de cómo funcionaba el teatro inglés de provincias. Sus protagonistas, Nicholas y Kate, contrastan en honor, generosidad, grandeza de corazón y educación con los antagonistas más viles y desalmados (en los que atisbaba el germen del futuro Ebenezer Scrooge de Cuento de Navidad). Pero lejos de caer en arquetipos victorianos, Nicholas se gana el favor del lector por su impetuosidad y pasión y, Kate, por su fortaleza y capacidad para ser feliz, en un momento en el que los ideales de la época solían ser más impertérritos y abnegados.

Dejo aquí esta reseña porque podría ocuparme páginas enteras y ni siquiera habría empezado a hacerle justicia a una novela que me ha gustado tanto como Los papeles póstumos del Club Pickwick, que ya es mucho decir. Qué complicado reseñar una obra que nos entusiasma.

Lector, muy fan de Mr. Dickens. Always.

También te gustará: Los papeles póstumos del Club Pickwick; Tiempos difíciles; Cuento de Navidad; Para leer al anochecer

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Nicholas Nickleby

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Las aguas de Versalles, de Kelly Robson

Sylvain de Guilherand es un soldado veterano del rey Luis XV empeñado en dotar al palacio de Versalles y sus jardines de un sistema extraordinario de canales y moderna fontanería. El secreto de su magia reside en una pequeña y salvaje criatura de las aguas que ha puesto bajo la tutela del viejo Leblanc. Pero, en 1738, el glorioso esplendor del Versalles de Luis XIV se ha tornado en pura decadencia, como el reinado de su bisnieto, y la corte no es más que un puñado de aristócratas aburridos que exigen un trono propio y entretenimiento semanal. Incapaz de resistirse a una provocación, Sylvain recoge el desafío de la amante del rey y se compromete a sorprender a la corte confiando en los poderes mágicos de su criatura acuática hasta que surge una contrariedad que le dificulta el control sobre la ondina; Leblanc ha desaparecido y la criatura juega, caprichosa y salvaje, bajo las aguas de un Versalles que se desmorona pedazo a pedazo, como la monarquía francesa en el siglo XVIII.

«Sylvain se la cantó al pececito, con delicadeza al principio, apenas un susurro, y luego más fuerte, dejando que el sonido llenara el espacio que los separaba. Cantó acerca del cariño, el consuelo y la pérdida, y el deseo de mejorar las cosas. Y, si parecía que le rodaban lágrimas por las mejillas mientras cantaba, no fue más que una ilusión, agua que le goteaba del pelo.«


Ediciones Gigamesh
ISBN: 9788418701085
Tapa dura con ilustraciones
128 páginas
Fecha de publicación: noviembre de 2021

Kelly Robson es una escritora canadiense que ha sido premiada con el reconocimiento de la crítica y el público por sus cuentos y novelas de género fantástico y de ciencia ficción. En 2016 recibió el premio Aurora a la mejor novela corta canadiense y fue nominada al Nébula por Las aguas de Versalles, la historia, ambientada en 1738, de un soldado francés empeñado en recuperar la magia del emblemático palacio real utilizando a una ondina cautiva.

No sé por dónde empezar a contaros lo magnífico que me parece Las aguas de Versalles. La edición, en tapa dura y con ilustraciones en azul y plata, es preciosa, elegante y perfecta; pocas veces se da el caso de una edición tan en concordancia con el manuscrito que arropa. La prosa de Kelly Robson es precisa y tan cristalina como el agua pura que una vez surtió las fuentes de los jardines más hermosos de Europa. Sorprende por el original contraste que la autora consigue al narrar en un tono alejado de efectismos sentimentales una trama cargada de emoción in crescendo, protagonizada por unos personajes que apenas pueden contener todo el dolor y la ternura que pugnan por esconder en un ambiente tan mezquino y banal como la corte de un rey al que nunca le interesó la política más que la belleza de sus amantes. La contraposición entre el instinto de libertad de dos seres tan salvajes como un soldado y una ondina, atrapados entre los barrotes de la civilización fútil y cruel que era corte decadente de Luis XV, resulta de una belleza descarnada y conmovedora, y hace reflexionar al lector sobre las cañerías decrépitas que era la monarquía francesa de la época a punto de saltar por los aires con la presión y la fuerza de la Revolución y el Siglo de las Luces.

Todo es preciso y calculado en este relato, como un perfecto mecanismo diminuto de relojería, y sin embargo no necesita más páginas para mostrar —que no contar— la delicada y cambiante —como las aguas— relación entre Sylvain y la ondina. El agua es emoción que fluye, es juego, es necesidad vital, poderosa corriente sometida a presión, suave y calmada caricia en reposo. Que Kelly Robson haya conseguido tanto (ambientación histórica exquisita, personajes de compleja naturaleza, trama, originalidad, tensión, emoción…) en tan pocas páginas me parece otro de los grandes méritos a destacar de esta pequeña joya de la literatura fantástica. He tenido la sensación de estar leyendo un clásico.

Lector, atención a los tronos, punto humorístico de una historia que ya tiene todo lo demás.

También te gustará: Los últimos años de la magia; Jonathan Strange y el señor Norrell

Si quieres hacerte con un ejemplar visita la librería Gigamesh o su página en Lektu, aunque, por precio y edición maravillosa, te recomiendo la de papel ;-)

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Cuentos victorianos de Navidad

Estas Navidades, en casa de Undine (Una visita de San Nicolás) y de MH (Breve historia de la Navidad), ambas coincidían en señalar que muchas de las tradiciones navideñas tal y como las conocemos tuvieron su origen en época victoriana, concretamente, en la herencia cultural centroeuropea del príncipe Alberto, el marido de la reina Victoria, que popularizó algunas costumbres en Inglaterra, como el árbol o los regalos. Sin embargo, cuando hablamos de Navidades victorianas es inevitable pensar en Charles Dickens, el hombre que inventó la Navidad, y en la lectura de cuentos de fantasmas junto a la chimenea. imaginaba que en esta antología de Cuentos victorianos de Navidad no faltaría Dickens, pero lo que no me esperaba era el tesoro de Trollope.

«Sin embargo, hoy en día las chicas hablan y piensan como si sus corazones tuvieran que pasar por terribles sufrimientos en un horno abrasador antes de entregárselos a sus maridos para que los custodien. Me parece que la forma de hacer las cosas de los franceses es la mejor, y que debieran encargarse de ellas los padres, o tal vez los abogados de la familia. Las chicas que están tan empeñadas en saber lo que sienten por lo general terminan sin saber lo que siente nadie más, sino solo ellas, y se mueren solteronas.«

Cuentos victorianos de Navidad, de Alianza Editorial, traducción y selección de Miguel Ángel Pérez Pérez contiene los siguientes títulos:
La historia de los duendes que robaron un sacristán, de Charles Dickens
Los siete viajeros pobres, de Charles Dickens
Navidad en Thompson Hall, de Anthony Trollope
La rama de muérdago, de Anthony Trollope
Un extraño juego navideño, de Charlotte Riddell
Una nochebuena trepidante o mi conferencia sobre la dinamita, de Arthur Conan Doyle
La aventura del carbúnclo azul, de Arthur Conan Doyle
Dragones: un cuento de nochebuena, de Juliana Ewing
La máscara robada o el misterio de la caja de caudales, de Wilkie Collins

Los dos relatos de Charles Dickens son geniales y muy divertidos, aunque el primero está incluido en Los papeles póstumos del Club Pickwick (aviso por si acaso). El de la dinamita de Conan Doyle y el de los Dragones de Juliana Ewing son originales y sorprendentes, también divertidos. Tenemos una aventura de Sherlock Holmes breve y estupenda para iniciarse con el famoso personaje, y el relato de fantasmas escalofriante de Charlotte Riddell (qué interesante conocer autoras victorianas de las que no había leído nada con anterioridad). Y leer a Wilkie Collins siempre es un placer, sobre todo si se nos pone shakespeariano. Pero, sin duda, mi más rendida admiración es para Navidad en Thompson Hall, de Anthony Trollope, que me hizo soltar la carcajada y me sorprendió por el registro siempre serio de este maravilloso autor. Mi consejo es que leáis primero La rama de muérdago porque también es estupenda, pero puede quedar empalidecida por la brillante comedia victoriana que es Navidad en Thompson Hall y no es cuestión de desmerecer. No voy a contar nada más de estos maravillosos relatos, me parecen perfectos para leer en Navidades, tanto si estamos relajados como si necesitamos un respiro de unas fiestas que a veces se nos van un poco de las manos.

Lector, esta ha sido mi Navidad.

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Cuentos victorianos de Navidad (en papel)
Cuentos victorianos de Navidad (para Kindle)

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Reto Autores de la A a la Z (Edición 2022)

Este año me animo con el reto de mi querida Marisa de Lecturápolis. Se trata de ir completando todas las letras del abecedario con los apellidos de los autores que leamos durante 2022. A ver qué tal se me da. Os dejo AQUÍ la entrada original de Marisa porque ella lo explica mucho mejor que yo.

Aquí iré poniendo el nombre de los autores leídos con el enlace de la reseña de sus libros:

A.-
B.-
C.-
D.- Dickens, Charles: Nicholas Nickleby
E.- Edgeworth, Maria: Belinda
F.-
G.-
H.-
I.-
J.-
K.-
L.-
M.-
N.-
O.-
P.-
Q.-
R.- Robson, Kelly: Las aguas de Versalles
S.- Stoker, Bram: Drácula
T.- Trollope, Anthony: Cuentos victorianos de Navidad
U.-
V.-
W.-
Z.-

Letras extraordinarias:

CH.-
LL.-
Ñ.-
X.-
Y.-

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