La invasión de las bolas peludas, de Luke Rhinehart

Morton vuelve a su casa en Greenport, Long Island, cuando una bola peluda salta desde el mar hasta el techo de su embarcación pesquera. Billy bautiza a la extraña bola como Louie y deja que lo acompañe hasta su hogar, donde conoce a Carlita y a los niños. Louie, que se siente tan gusto con los Morton que decide quedarse una temporada con ellos, es un alien hiperinteligente, procedente de otro universo, que ha venido a la Tierra para divertirse. El problema para el gobierno estadounidense es que no ha venido solo y que la idea que tienen las bolas peludas de la diversión es jugar a transformar las democracias corruptas y los sistemas capitalistas que ponen en serio peligro la inteligencia de los ciudadanos y la salud del planeta.

«Es un juego para que los seres humanos salgáis de la gran cagada en la que habéis convertido la vida en la Tierra durante los últimos cincuenta años. Si vosotros los humanos empezáis a cambiar las cosas para ser menos destructivos con las formas de vida de este planeta, y se reduce el sufrimiento que esta civilización está imponiendo a muchos otros humanos, entonces nosotros ganamos. Así como también gana la gran mayoría de la humanidad. Por supuesto, los pocos millones que se benefician de vuestra forma enfermiza de hacer cosas serán los perdedores: su poder y su riqueza disminuirán. Como los gobiernos de vuestro mundo están controlados por los pocos que se benefician, vuestros gobiernos luchan contra nosotros con todo lo que se les ocurre.«

Encontré esta novela en casa de Mientrasleo y me hizo tilín el planteamiento: unos extraterrestres que vienen a salvar a la humanidad de la humanidad. Y lo cierto es que el arranque es divertido, original y tan estupendo como parece. Ha sido una lectura de verano de lo más entretenida y simpática. Luke Rhinehart es el seudónimo de George Cockcroft, un escritor neoyorkino autor de una de las novelas más admiradas del siglo XX, El hombre de los dados. Sospecho que no votó a Donald Trump en las últimas elecciones de su país.

La gracia de La invasión de las bolas peludas es que se ahorra circunloquios y entra a matar con unos protagonistas de lo más adorables: Billy, su familia, y Louie y sus colegas aliens. La narración es heterogénea y alterna fragmentos de un diario histórico ficticio sobre la invasión alienígena, transcripciones de grabaciones del gobierno estadounidenses y sus organismos dependientes, y el testimonio de otros humanos que la vivieron en primera fila; pero mis capítulos preferidos son los que narra Billy Morton, con su magnífico sentido del humor, su desparpajo, y esa conciencia de seguir en el bando de los buenos pese a que siempre lleve las de perder.

Y entre humor, juegos, real politic y ciencia ficción, el señor Rhinehart se marca una excelente reflexión y análisis político sobre la democracia estadounidense y la corrupción generalizada de todo su sistema socio-económico. No es que nos cuente nada nuevo, sino que lo hace alto y claro, desde el punto de vista de un extraterrestre con una inteligencia muy superior a la de los seres humanos. Que tampoco hace falta ser Einstein para darse cuenta de que nos estamos cargando el planeta y de que el sistema económico solo beneficia a los ricos y mata a los pobres, pero Louie no solo te lo explica genial sino que además se pone manos a la obra para darle solución a semejante barbarie.

Por todo lo que os he explicado, la novela es estupenda y merece la pena. Es entretenida, divertida, original, reflexiva y de rabiosa actualidad. Pero, como ya nos avisaba Mientrasleo en su reseña, hacia la mitad del libro pierde frescura. El problema es que peca de exceso de páginas y que se repite bastante en los capítulos finales. Quizás Rhinehart piense que estamos muy idiotizados por culpa de los medios de comunicación al servicio del poder y necesitamos que se nos itere el mensaje para que nos quede claro. De todas formas, la recomiendo mucho, sobre todo si os apetece algo distinto y juguetón pero muy bien planteado.

Lector, Louie y Billy, el principio de una gran amistad.

También te gustará: La mujer del viajero en el tiempo; Spin; Tocar las estrellas

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Sorteo veraniego: Lo que esconde el mar

Ahora que la blogosfera está medio vacía por las vacaciones estivales, ¿qué tal si esperamos a que vuelvan todos con un sorteo veraniego? Un ejemplar en papel de Lo que esconde el mar, de Lucía Mallén, y por cortesía de Roca Editorial. Se trata de un thriller muy entretenido, con misterio inquietante y relaciones de amor y amistad tan complicadas como la vida misma.

Os dejo la sinopsis de la editorial y más información sobre la autora AQUÍ


ISBN: 9788417541583
Colección: Novela
Páginas: 320
Formato: Tapa blanda con solapa
Fecha de publicación: junio de 2019

Condiciones del sorteo

El sorteo es nacional porque yo efectuaré el envío de la novela

Se sortea un ejemplar en papel

Puedes participar desde ahora-mismo-ya hasta el 31 de agosto. La primera semana de septiembre publicaré la lista con los participantes y sus puntos.

Requisitos para participar

El único requisito obligatorio para participar es que anuncies este sorteo en una red social, la que tú quieras, mencionando a Roca Editorial. Deja un comentario en esta entrada diciendo que participas y copiándome el enlace del anuncio en redes con el que participas. Con esto tienes 1 punto.

Puntos adicionales

+5 si estás suscrito a mi newsletter desde antes del 13 de agosto

+3 si te suscribes a la newsletter después del 13 de agosto

+3 Por cada red social en donde menciones este sorteo. No te olvides de ponerme los enlaces y de mencionar a Roca Editorial, por favor.

Suerte y muchas gracias por pasar por aquí… incluso en agosto.

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Jane Austen en la intimidad, de Lucy Worsley

En diciembre de 1775, en la rectoría de Steventon (Hampshire), en el seno de una familia de la gentry rural venida a menos, nacía Jane Austen, posiblemente la escritora más extraordinaria de Gran Bretaña y una de las más influyentes del mundo. Inteligente, perspicaz y testaruda, sus novelas de ficción jugaron con las reglas de los géneros literarios romántico y dramático de la época para subvertirlos. «Ese estilo totalmente nuevo fue el mayor don de Jane. Pero también su mayor obstáculo a la hora de conseguir que su trabajo viera la luz«, escribe Lucy Worsley. La historiadora recorre los escenarios en los que Austen vivió, amó, bailó y escribió, y reconstruye su vida con metodología casi arqueológica, pero también con un encanto y una mirada que destaca por su inteligencia, cariño y perspicacia.

«El nacimiento de la novela atrae una enorme atención en tanto que creación artística, y es comprensible, por cuanto ninguna otra expresión cultural ha transformado tanto los pensamientos y los sentimientos de las personas (…). Solo a partir de Austen las mujeres empezaron a pensar que querían —no, necesitaban— encontrar al señor Darcy. Solo a partir de Austen los pensamientos y los sentimientos de las mujeres cobraron vida en un gesto hermoso, preciso y sorprendente. Solo a partir de Austen empezaron a vivir las mujeres como siguen viviendo hoy en día.«

Comprender es amar. Siempre me han gustado las novelas de Jane Austen —Orgullo y prejuicio, mi favorita, la he leído y releído una docena de veces, como poco— y persigo como una friki su influencia en toda literatura posterior. La apreciaba como un clásico universal, por el señor Darcy, y por ese sentido del humor tan perspicaz y rebelde a principios del siglo XIX. Pero no ha sido hasta que he leído Jane Austen en la intimidad, de Lucy Worsley, que no he entendido del todo el alcance de su sombra, lo extraordinario de su carácter y su inteligencia y el legado de su obra. He cerrado este libro con emoción y respeto, consciente de que mi percepción de Jane Austen y de sus novelas ha cambiado para siempre. Ahora no solo conozco, también comprendo.

Esta va a ser una de esas reseñas que se quedan cortas, que por más que la reescriba nunca va a reflejar lo muchísimo que he disfrutado de esta lectura y lo importante que ha sido para mi perspectiva literaria. No sé si conocéis a Lucy Worsley, a mí me la descubrió mi amiga Miss Hurst de Las Inquilinas de Netherfield. Me dijo que echase un ojo a sus vídeos de Youtube y me quedé tan prendada de esta historiadora, investigadora y conservadora que a veces hasta pongo sus vídeos en clase y salen para examen. No creo que esta biografía de Jane Austen me hubiese conmovido y sorprendido ni la mitad de no ser por el extraordinario trabajo de investigación histórica de Lucy Worsley (arqueología, recreación histórica, reconstrucción, etc.) y por su entretenida y encantadora manera de contar (a menudo tienes la sensación de encontrarte en una calesa, sentada junto a Lucy, mientras te explica anécdotas y te señala paisajes, casas, vestidos, bailes…).

Worsley advierte al lector sobre las dificultades que entraña esta biografía: además de la proximidad emocional (la biógrafa se sincera rendida admiradora de Austen y comprende que eso influye en su juicio e interpretaciones de hechos y fuentes), la familia Austen se apresuró a idealizar la memoria de Jane poco después de su muerte, censurando cartas y maquillando los recuerdos que de ella tenían para mostrarla al mundo como una dama perfecta… desde un punto de vista victoriano, algo que Jane Austen jamás fue. Además, era frecuente que la escritora bromease en sus cartas a su hermana Cassandra, por ejemplo, simulando ser una fogosa damisela con muchos pretendientes.

Pero tan relevante, o más, como los hechos biográficos de la autora, Lucy Worsley también intenta descifrar sus emociones, su carácter, sus alegrías y sus penas, sus pensamientos; la relación con su madre, su infancia, la pérdida de su hogar (uno de los temas recurrentes en sus novelas), su estancia en Bath, en Lyme Regis, sus tira y afloja con los editores de Londres, su timidez, su torpeza social, lo poco que le gustaban las labores domésticas o su profundo amor y cariño, su complicidad, con su queridísima hermana Cassandra.

«Fue Cassandra la verdadera madre de Jane. Y, hasta cierto punto, el hecho de que las novelas de Austen sean obras de tanta profundidad, belleza y apasionado sentimiento -seis de las más supremas creaciones que ha dado la lengua inglesa- se debe a que amó y fue amada por Cassandra.» (Terry Castle, 1995)

Como apunta el título de la biografía, Jane Austen en la intimidad no es solo el compendio de sus coordenadas vitales y sus influencias literarias sino una magnífica reconstrucción de la vida cotidiana de la escritora. Asomarse a esta reconstrucción de su vida es comprender su mirada, su capacidad de entender las emociones, el valor de sus novelas. En cuanto a esto último, he disfrutado mucho el contexto que Worsley proporciona de cada uno de los libros de Austen: cómo y cuándo fueron escritos o reescritos y corregidos, en qué circunstancias, qué intención movía la pluma de la perspicaz dama. Me ha gustado especialmente la explicación de la historiadora sobre la prosa de Austen, ese escribir por capas, ese leer entre líneas, esa complicidad con el lector. Como en las cartas que Jane escribía a Cassandra y que hasta hace muy poco han puesto en entredicho la inteligencia de la autora pues muchos eran los críticos que encontraban gran discrepancia entre su literatura (divertida, irónica, analítica, crítica, universal…) y las «tonterías» domésticas y cotilleos de sus cartas. Worsley ha sido una de las historiadoras pioneras en demostrar que las hermanas compartían un código propio, una complicidad íntima, de nuevo una escritura «por capas» que escondía sarcasmo, bromas, guiños y pensamientos complejos bajo la apariencia cotidiana del detalle y la rutina. A mí, que me tenía intrigadísima esa discrepancia entre la Jane familiar/doméstica y la escritora universal (sobre todo desde que leí Postdata, curiosa historia de la correspondencia, de Simon Garfield), me ha encantado reconciliar con tanta delicadeza y cariño a ambas. Por todo esto, y por mucho más que me dejo en el tintero y que os invito a descubrir por vosotros mismos, muchísimas gracias querida Lucy Worsley.

Advertencia: no saldrás indemne de leer Jane Austen en la intimidad y cuando termines me apuesto un té con pastas a que te entran unas ganas terribles de volver a leer Mansfield Park, o Emma, o Persuasión, o… todas ellas.

También te gustará: Orgullo y prejuicio; La abadía de Northanger

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Amor no correspondido, de Barbara Pym

Dice la señora Lord que Dulcie Mainwaring no gusta a los hombres porque lee demasiado y porque no se peina ni se maquilla para sacarse partido. Que sea inteligente, sincera y tenga estudios universitarios que le permiten ganarse la vida por sus propios medios tampoco la favorece en nada. Cuando su prometido rompe el compromiso, Dulcie decide a asistir a un congreso sobre edición con el ánimo de conocer gente nueva con intereses afines. Pero allí queda deslumbrada por el atractivo Aylwin Forbes, que desata en ella una extraña fiebre cotilla y fantasiosa. Convencida de que se ha convertido en una solterona sin remedio, Dulcie intenta hacerse a la idea pero, por mucho que lo intenta, le resulta imposible llevar la clase de vida que se esperaría de ella en el Londres de los años cincuenta. Quizás porque todavía es joven, quizás por su perspicaz observancia de la naturaleza humana, pero sobre todo porque es una de las mujeres excelentes de Barbara Pym, la señorita Mainwaring no renuncia a la aventura.

«—Se puede compartir cualquier clase de trabajo. Ahí es donde falló Marjorie Forbes, en no ser capaz de compartir los intereses de Aylwin.
—Bueno, tampoco es que pudiese, teniendo en cuenta que sus intereses eran otras mujeres —repuso Dulcie con repentina frivolidad—. No se puede esperar que las esposas compartan ese tipo de intereses. En cualquier caso, la pobre Marjorie probablemente lo intentase, por lo menos al principio. ¿No crees que también es culpa del hombre por elegir a una esposa inadecuada?«

Reflexionaba @SalonJaneAusten hace poco en las redes sociales, al respecto de Amor no correspondido, que Barbara Pym era lo más cercano a Jane Austen en la posguerra británica de los años cincuenta del siglo pasado. Y como tengo entre manos y a punto de terminar Jane Austen en la intimidad, de Lucy Worsley, no puedo sino coincidir con ella al encontrar en ambas autoras esa mirada crítica y certera sobre la sociedad de su época y la misma habilidad en entender y narrar con tanta sutilidad las emociones humanas. También coinciden en presentar protagonistas femeninas carismáticas e inteligentes, capaces de mantener sus respectivas convicciones y honradez pese a la rigidez social y al convencionalismo de sus respectivos tiempos; mujeres excelentes en sociedades en las que la mujer o era esposa o no era nada.

«Según miraba a su alrededor» —dice Lucy Worsley en Jane Austen en la intimidad— «y veía cómo la sociedad se reorganizaba tras las Guerras Napoleónicas, Jane detectaba un conservadurismo creciente y la tendencia a coartar aún más si cabe la vida de las mujeres. En ciertos sentidos, la década de 1810 recuerda a la de 1950, una época de represión creciente tras los intrépidos años de la Segunda Guerra Mundial.» Al igual que Austen, Barbara Pym ve esa represión que relega de nuevo a las mujeres al ámbito doméstico, y las aleja del académico o del profesional, no le hace ni pizca de gracia y es crítica constante en sus novelas.

Amor no correspondido es la segunda novela que leo de Barbara Pym y es segunda vez que caigo rendida a los pies de esta señora novelista tan excelente como sus mujeres protagonistas. Me ha gustado incluso más que Mujeres excelentes, quizás porque me ha parecido que Pym daba rienda suelta a su sentido del humor con mayor ligereza o quizás porque contaba con la complicidad (la esperaba) de su mirada crítica y su fino sarcasmo. En Amor no correspondido volvemos a encontrar una protagonista observadora y perspicaz, a través de cuyas reflexiones y mirada nos asomamos a una sociedad británica que retorna al conservadurismo: las mujeres académicas son objeto de burla (¿cómo se atreven a investigar o a publicar sus propios trabajos? ¡no se casarán nunca!), la mayoría relegadas a elaborar índices para sus colegas masculinos, solteronas amargadas empujadas a una vida gris y anodina porque solo el matrimonio es la opción correcta y, el resto, un fracaso.

A menudo, los personajes masculinos de esta novela resultan ridículos, no solo por su comportamiento egoísta, tan bien visto y aceptado socialmente, sino por su actitud infantil y su desorientación. Dulcie reconoce que no podría casarse con alguien menos inteligente que ella, pues eso la abocaría a una infelicidad perpetua, así que no nos extraña que siga soltera. Barbara Pym dispone con mucha pericia la trama al servicio de los personajes y, sobre todo, para divertimento del lector que sigue con interés y una sonrisa las desventuras de una Dulcie que dice resignarse a la soltería pero que anhela mucho más de lo que su época reserva para las mujeres sin pareja.

Lector, no te resistas.

Nota: me gusta pensar que en la página 223 (edición de Gatopardo) Barbara Pym hace un «cameo» en su novela: «En ese momento alguien llegó a la mesa que quedaba libre, pero al tratarse de una mujer de unos cuarenta años, de aspecto corriente y sin acompañante, nadie le prestó demasiada atención. Quiso el azar que se tratase de una novelista; de hecho, algunos de los comensales habían leído y disfrutado de sus libros, pero jamás se les habría ocurrido relacionar su nombre, ni tan siquiera si lo hubiesen comprobado en el registro del hotel, con el de la escritora a la que admiraban.«

También te gustará: Mujeres excelentes

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El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy

Michael Henchard, un peón aparvador, llega a un pequeño pueblo en busca de trabajo, pero esa misma noche se emborracha y vende a su mujer y a su hija a un desconocido. A la mañana siguiente, horrorizado por su acción, desaparece de la localidad a toda prisa y se promete que no volverá a beber alcohol. Muchos años después, ambas mujeres regresan a su vida, y aunque Henchard ha hecho fortuna en Dorchester sigue siendo el mismo mezquino miserable que una vez las vendió a un marinero. Pese a que ha cumplido su promesa de mantenerse sobrio, su carácter colérico y desconfiado pondrá en riesgo todo lo que ha conseguido en los últimos años.

«Él parecía tener los mismos sentimientos que ella sobre la vida y sus circunstancias: que había más tragedia que comicidad en ellas; que, aunque se pudiera estar alegre en ocasiones, los momentos de alegría eran interludios y no verdaderos actos del drama.«

Thomas Hardy publicó por primera vez El alcalde de Casterbridge en 1886, casi diez años antes que Jude el oscuro (1895), pero la crítica literaria considera que son estas dos novelas las que señalan al autor como novelista trágico. Pesimismo vital o no, El alcalde de Casterbridge no me ha gustado tanto como Lejos del mundanal ruido (1874), sobre todo porque he echado en falta la exquisita belleza narrativa y el naturalismo romanticista que Hardy desplegó en Lejos del mundanal ruido y su elenco de personajes y motivaciones es extraordinariamente superior, en todos los sentidos, a los de El alcalde de Casterbridge.

El alcalde de Casterbridge tiene por protagonista a un hombre ignorante, mezquino, miserable, desconfiado, vengativo, colérico, rencoroso que por muchos años que pasen no aprende nada de la experiencia ni mejora su carácter. Michael Henchard no solo vende a su mujer y a su hija sino que al día siguiente solo se preocupa por que nadie lo haya reconocido. Como lectora me ha costado mucho entender que su señora volviese a buscarlo para vivir con él y la única explicación que le he encontrado es que en el siglo XIX las mujeres no tenían muchas opciones para sobrevivir. Entiendo que Thomas Hardy ofrece una visión pesimista y trágica de la vida, pero sin duda es el retrato de su protagonista el que prevalece cuando se termina la novela: si eres malo y estúpido, tienes muchas probabilidades de no entender qué es la felicidad.

El resto de personajes presentan un comportamiento algo errático y a menudo injustificado, con unos cambios de opinión alocados. Incluso Elizabeth, que es la más coherente y sensata (a menudo me parecía que Hardy ponía en los pensamientos de este personaje su propia filosofía de vida), de repente pasa de ser casi analfabeta a traducir a Ovidio; Henchard apenas sabe contar y escribir, pero es magistrado por «sus valoraciones a la vez rudas y fiables» (ya sabéis, queridos/as opositores a jueces, con tener valoraciones rudas ya podéis saltaros cualquier otro requisito). Como he leído El alcalde de Casterbridge con un grupo de buenos amigos lectores, me lo he pasado en grande comentando todas estas pequeñas locuras de Hardy. Eso sí, inolvidable el capítulo XXIX (el del toro y el manguito); solo por ese capítulo ya merece la pena leer toda la novela. Para que luego los críticos tilden de pesimista a Hardy ¡con lo divertido que era!

Si bien es cierto que no recomendaría esta novela a nadie que no haya leído nunca a Thomas Hardy, tampoco puedo decir que me haya disgustado totalmente. No es Lejos del mundanal ruido, que me encantó, pero el novelista británico me sigue pareciendo genial: cuando terminas este libro y ves en perspectiva la totalidad del mosaico (personajes, trama, ambientación, crítica…) entiendes que el retrato de Henchard y de su época que ofrece Hardy es prístino y extraordinario.

Lector, me quedo con el Hardy optimista de los primeros años.

También te gustará: Lejos del mundanal ruido

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El alcalde de Casterbridge

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