Drácula, de Bram Stoker

El joven notario inglés Jonathan Harker viaja hasta los confines más remotos de Transilvania para entrevistarse con un anciano conde que ha adquirido algunas propiedades en Inglaterra. Rodeado de misterio, en un castillo desangelado y tétrico, en medio de un páramo a orillas de los Cárpatos y custodiado por los lobos, el conde recibe a Jonathan y le pide que le instruya sobre las costumbres de su país, pues quiere pasar algún tiempo en Inglaterra. Pero el joven y perspicaz notario muy pronto comprende que tras esa fachada decrépita se esconde un peligroso monstruo sediento de poder y de sangre, una plaga terrorífica a punto de abandonar su retiro para someter a la mayor metrópolis de occidente bajo su jugo de horror inmortal.

«No busco alegría, ni risas, ni la brillante voluptuosidad de la luz del sol y las aguas cristalinas, que tanto complacen a los jóvenes y alegres. Yo ya no soy joven. Y mi corazón, después de tantos años agotadores de llorar a los muertos, no está en consonancia con la risa. Más aún, los muros de mi castillo se agrietan, abundan las sombras y el viento exhala su frío aliento a través de las derruidas almenas y ventanales. Amo las sombras y la penumbra, y quisiera estar a solas con mis pensamientos siempre que me plazca.«

He escogido la edición de El Club Diógenes de Valdemar por su excelente traducción y su buen precio

Bram Stoker publicó Drácula por vez primera en 1879 y el manuscrito original que envió a imprenta fue íntegramente escrito a máquina. Se presentó como una novela realista con una nota que decía que la historia se basaba en documentos, fragmentos de prensa, cartas y diarios recogidos por terceras personas. Sin duda, junto con Frankenstein, de Mary Shelley, Drácula sentó los precedentes modernos de uno de los monstruos más populares de la literatura y la cultura occidental (aunque también del cazador de monstruos más famoso, Abraham van Helsing). Si bien Stoker no fue el primero en presentarnos la figura del vampiro atractivo y seductor que habría de pasar al imaginario colectivo de nuestros días —recordemos que El vampiro de Polidori y Carmilla de Sheridan Le Fanu fueron anteriores— sí que marcó un hito literario importante por su formato de novela epistolar de terror y porque por vez primera se apuntaba al origen del personaje del conde Drácula, aunque fuese remotamente, encarnado en el aristócrata voivoda que luchó contra los turcos en el siglo XV.

Aunque Stoker nació en una familia dedicada a la cultura y a la literatura (su madre ejercía de periodista), estudió ciencias y matemáticas en el Trinity College. Es quizás esa dualidad de hombre de letras y ciencias la que le dio un toque tan personal y propio a sus narraciones pues Drácula, pese a ser una ficción de terror literaria, muestra muy bien los avances científicos y tecnológicos de su época, como estudios pioneros para su época en psicología (atención al personaje del doctor John Seward) y en medicina (transfusiones de sangre), el fonógrafo, el telégrafo, la cámara fotográfica compacta de Kodak, la máquina de escribir portátil, la taquigrafía, las linternas portátiles, etc. Drácula es un claro exponente de la época victoriana en la que fue escrito y publicado, un período en el que Londres era el ombligo del mundo y en el que las más grandiosas maravillas de la ciencia y la tecnología se sucedían con rapidez pese a que, a menudo, entraban en contradicción con la profunda religiosidad de la época. Y esa dualidad también se refleja en la novela, no solo en el protagonismos de los avances mencionados o en el carácter de Victorian New Woman de Mina Harker, sino también en los métodos para combatir al monstruo que impone el profesor van Helsing, una mezcla de ciencia y superstición religiosa tan evidente como la de la sociedad en la que vivía Stoker.

Este clásico del terror está narrado en un tono periodístico que complementa y favorece los capítulos en forma de diarios y cartas personales de los protagonistas, documentos y recortes de prensa,  y mantiene de forma excelente la tensión y el suspense. Como buen narrador, Stoker nunca rompe la regla de oro de procurar que el lector sepa más que los personajes y esta circunstancia, junto con el acierto de mostrarnos los crímenes del monstruo mientras mantiene al propio monstruo oculto durante la mayor parte de la novela, contribuye a mantener la tensión narrativa y el suspense en todo momento y convierte a Drácula en una de las novelas más terroríficas de la literatura.

Lector, olvida la película y adéntrate en el clásico.

También te gustará: Frankenstein; Carmilla; El vampiro; Los archivos de Van Helsing; La historiadora

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Drácula (en papel)
Drácula (para Kindle)

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Libreando Club

La semana pasada probé Libreando Club, una suscripción literaria que colabora con causas sociales solidarias y que le da otra oportunidad —una opción también respetuosa con el medio ambiente— a los libros de segunda mano.

El proceso es muy sencillo:

  • Escoges la suscripción que prefieres: puntual, trimestral, anual, etc.
  • Contestas un breve test de personalidad para que puedan ajustar la selección literaria contigo.
  • Indicas con qué causa solidaria prefieres que colaboren.
  • Libreando Club te envía un libro sorpresa ajustado a tus respuestas del test.

Además, hasta fin de existencias, si completas la suscripción en este mes de enero recibirás de regalo el librito del #RetoLibreando 2022, un cuaderno de lecturas precioso con las fichas y curiosidades de doce autoras que cambiaron el mundo de la literatura.

Te dejo por aquí su página para que puedas echarle un vistazo: LibreandoClub

Si te apetece probar, recuerda que tienes la opción de una suscripción puntual sin permanencia.

Mirad lo que me llegó a mí :-)

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Reto Serendipia Recomienda 2022: Escoge tus lecturas

Ya tenemos aquí la lista con todas vuestras recomendaciones para la segunda parte del Reto Serendipia Recomienda 2022.

Ahora decidid qué tres lecturas os apetece leer este año de entre todas las que habéis recomendado y añadidlas a la entrada que hicisteis para apuntaros al reto. Os agradecería que a medida que publicaseis las reseñas de las lecturas las enlazarais a esa misma entrada.

Recordad que el mínimo son tres lecturas pero que no hay máximo.

Si hacéis clic sobre el título del blog de cada de uno de los participantes podréis acceder a sus reseñas y saber por qué se recomiendan.

Por favor, revisad bien la lista y decidme si hay errores u omisiones de algún tipo.

¡Muchas gracias por vuestras magníficas aportaciones!

Isabel en La senyoreta Buncle
Peyton Place, de Grace Metalious
Trigo limpio, de Juan Manuel Gil
Los rezagados, de Paul Scott

Laky de Libros que hay que leer
El cementerio de los ingleses, de Ricardo Alía
Neel Ram, de P. L. Salvador
Una boda en Lyon, de Stefan Zweig

Margari de Mis lecturas y más cositas
La tumba de Vera Thwait, de Ana Bolox
La madre de todas las ciencias, de Cristina Grela
El crimen del sistema métrico decimal, de Miguel Izu

Alma de Entre libros, películas y música
Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer
La mujer del kimono blanco, de Ana Johns
Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago

Kala Wolf en Iridiscencia
El último rayo de luz, de Maira Varea
Belleza roja, de Arantza Portabales
El reino eterno, de Laura López Alfranca

Marta Navarro en Cuentos vagabundos
El palacio de hielo, de Tarjei Vesaas
Adiós, señor Chips, de James Hilton
El fantasma y la señora Muir, de R. A. Dick

MH en Las inquilinas de Netherfield
El huésped, de Marie Belloc Lowndes
La leyenda de una casa solariega, de Selma Lagërlof
La pimpinela escarlata, de Emma Orczy

Juan Carlos en El blog de Juan Carlos
Panza de burro, de Andrea Abreu
Sobre los huesos de los muertos, de Olga Tokarczuk
La tienda de la felicidad, de Rodrigo Muñoz Avia

Rosa Berros en Cuéntame una historia
El olor de la lluvia en los Balcanes, de Gordana Kuić
Al pie de la escalera, de Lorrie Moore
Un tío con una bolsa en la cabeza, de Alexis Ravelo

Nitocris en Un libro en un tris
Las bestias olvidadas de Eld, de Patricia McPhillip
La maldición del tranvía 015, de P. Djelí Clark
El caso de Betty Kane, de Josephine Tey

Undine von Reinecke en Las lecturas de Undine
Belinda, de Maria Edgeworth
El chivo expiatorio, de Daphne du Maurier
Relato de un desconocido, de Antón Chéjov

Noemí en Books & Tea
Mi impresionante carrera, de Miles Franklin
Hôzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki
Ollis, de Ingunn Thon

Francisco en Un lector indiscreto
La edad de oro, de Wang Xiaobo
El infiltrado, de Marta Querol
Todo a un tiempo, de Sara Mañero

Isabel Macías en El salón del libro
Víctimas, de Dean R. Koontz
Póker de asesinatos, de Ager Aguirre
Confesor, de José Alberto Callejo

Anabel en Anabel Samani
Tamsin, de Peter S. Beagle
Puente de pájaros, de Barry Hughart
El sonido de un caracol salvaje al comer, de Elisabeth Tova Bailey

Laura en Niu de mones
Salvatierra, de Pedro Mairal
Un reflejo velado en el cristal, de Helen McCloy
Donde ya no hay adiós, de Olivia Vicente

MJ Ruíz en Eleea Books
El jardín del hombre ciego, de Nadeem Aslam
La gabardina azul, de Daniel Cid
Bienvenido a su auténtica experiencia india, de Rebecca Roanhorse

Rosa en La vida no basta
El gran día de la señorita Pettigrew, de Winifred Watson
¡Vivir!, de Yu Hua
Reencuentro, de Fred Uhlman

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Nicholas Nickleby, de Charles Dickens

Debido a la ruina y posterior fallecimiento de su padre, Nicholas y Kate quedan en una desafortunada posición económica que los obliga a mudarse, junto con su alocada madre, a Londres en busca de una oportunidad. Muerto el cabeza de familia, los Nickleby se ponen bajo la protección del hermano de su difunto padre, Ralph, un temible prestamista de negro corazón que solo piensa en libras y peniques. El carácter honesto, generoso y altruista de los hermanos pronto entra en oposición con la mezquindad de Ralph, y tío y sobrino experimentan una profunda y mutua aversión. Mientras Nicholas es enviado a un espantoso internado de Yorkshire como ayudante de maestro, la bella Kate queda a merced de los inexistentes escrúpulos de su tío, que no duda en someterla a sus oscuros intereses usureros. Separados por la injusticia, la desdicha y el peligro, los hermanos Nickleby deberán poner a prueba su fortaleza de carácter y valentía para salir al paso de los reveses de la fortuna sin perder la esperanza y la bondad de su naturaleza por el camino.

«(…) se levantaban cada mañana y se acostaban cada noche sin un hogar que los albergara y sin nadie que moviera un dedo para ayudarlos; cómo, no buscando una vida lujosa y espléndida, sino una mísera y deficiente subsistencia, había mujeres y niños en la ciudad divididos por clases, registrados y censados con la misma precisión que las familias nobles y las personas de alto rango; al ver cómo la ignorancia era castigada, pero nunca remediada, cómo miles de personas acababan en la cárcel o subían al patíbulo por circunstancias que las habían abocado a ello desde la cuna, y sin las cuales podrían haber ganado su pan con honradez y vivido en paz.«

Charles Dickens publicó por vez primera Nicholas Nickleby como una serie por entregas entre los años 1838 y 1839, aunque su éxito fue tan rotundo —en aquellas fechas Dickens ya era un escritor notable— que al finalizar la serie se sucedieron continuas reediciones de la obra en un volumen único. Era su tercera novela larga, tras Los papeles póstumos del Club Pickwick y Oliver Twist, y no solo fue la confirmación de su merecido éxito sino que además contribuyó a señalar la terrible gestión de los internados infantiles en Yorkshire que derivó en inspecciones gubernamentales de los mismos para clausurarlos y encausar a sus monstruosos directores. En el prólogo del autor a la edición de 1848, Dickens se defiende de aquellos que lo acusan de exagerar en su novela y responde que, al contrario, se había contenido a la hora de cargar las tintas sobre sus personajes, tanto malvados y miserables (Ralph, Squeers, Gride, Mulberry,…) como buenazos (los hermanos Cherryble, Newman Boggs, John Browdie,…). Porque la realidad, siempre siempre siempre, también en época victoriana, supera a la ficción.

Mi admiración por Dickens se sustenta en su extraordinaria prosa, en su sentido del humor, en su contundente crítica social y en la caracterización de sus personajes, pero también en su maestría como escritor: no conozco a ningún otro autor que ponga al servicio de su narración, con tanta soltura y gracia, todos los recursos literarios que él maneja; su talento natural es tal, que hace que todo parezca fácil y sencillo, incluso simple, y, sin embargo, pocos autores bordan como él el arte de mostrar en lugar de explicar o saben darle ese toque tan eficaz a la voz autoral. Dickens era un escritor para todos los públicos porque trataba cuestiones que tocaban de cerca a cualquier ciudadano de su época, como la injusticia social, la ineptitud de los políticos, la pobreza endémica en la metrópoli más rica del mundo, la falta de oportunidades de las clases sociales más bajas, el deficiente sistema educativo o el agujero negro de las prisiones por deudas. Sin embargo, ser un escritor tan famoso y de masas no entraba en contradicción con la calidad de su prosa, su inteligencia y su genial manejo de los recursos narrativos.

En Nicholas Nickleby encontramos los grandes temas de denuncia recurrente en Dickens, como su crítica a los parlamentarios, al sistema de prisión por deudas o a la desigualdad social y de oportunidades, pero la novela hace especial hincapié en el maltrato y los abusos infantiles y en el horror de los internados de la campiña de su época, además de ofrecernos un retrato minucioso de los contrastes de Londres, a la sazón la metrópolis más importante de occidente, o de cómo funcionaba el teatro inglés de provincias. Sus protagonistas, Nicholas y Kate, contrastan en honor, generosidad, grandeza de corazón y educación con los antagonistas más viles y desalmados (en los que atisbaba el germen del futuro Ebenezer Scrooge de Cuento de Navidad). Pero lejos de caer en arquetipos victorianos, Nicholas se gana el favor del lector por su impetuosidad y pasión y, Kate, por su fortaleza y capacidad para ser feliz, en un momento en el que los ideales de la época solían ser más impertérritos y abnegados.

Dejo aquí esta reseña porque podría ocuparme páginas enteras y ni siquiera habría empezado a hacerle justicia a una novela que me ha gustado tanto como Los papeles póstumos del Club Pickwick, que ya es mucho decir. Qué complicado reseñar una obra que nos entusiasma.

Lector, muy fan de Mr. Dickens. Always.

También te gustará: Los papeles póstumos del Club Pickwick; Tiempos difíciles; Cuento de Navidad; Para leer al anochecer

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Nicholas Nickleby

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Las aguas de Versalles, de Kelly Robson

Sylvain de Guilherand es un soldado veterano del rey Luis XV empeñado en dotar al palacio de Versalles y sus jardines de un sistema extraordinario de canales y moderna fontanería. El secreto de su magia reside en una pequeña y salvaje criatura de las aguas que ha puesto bajo la tutela del viejo Leblanc. Pero, en 1738, el glorioso esplendor del Versalles de Luis XIV se ha tornado en pura decadencia, como el reinado de su bisnieto, y la corte no es más que un puñado de aristócratas aburridos que exigen un trono propio y entretenimiento semanal. Incapaz de resistirse a una provocación, Sylvain recoge el desafío de la amante del rey y se compromete a sorprender a la corte confiando en los poderes mágicos de su criatura acuática hasta que surge una contrariedad que le dificulta el control sobre la ondina; Leblanc ha desaparecido y la criatura juega, caprichosa y salvaje, bajo las aguas de un Versalles que se desmorona pedazo a pedazo, como la monarquía francesa en el siglo XVIII.

«Sylvain se la cantó al pececito, con delicadeza al principio, apenas un susurro, y luego más fuerte, dejando que el sonido llenara el espacio que los separaba. Cantó acerca del cariño, el consuelo y la pérdida, y el deseo de mejorar las cosas. Y, si parecía que le rodaban lágrimas por las mejillas mientras cantaba, no fue más que una ilusión, agua que le goteaba del pelo.«


Ediciones Gigamesh
ISBN: 9788418701085
Tapa dura con ilustraciones
128 páginas
Fecha de publicación: noviembre de 2021

Kelly Robson es una escritora canadiense que ha sido premiada con el reconocimiento de la crítica y el público por sus cuentos y novelas de género fantástico y de ciencia ficción. En 2016 recibió el premio Aurora a la mejor novela corta canadiense y fue nominada al Nébula por Las aguas de Versalles, la historia, ambientada en 1738, de un soldado francés empeñado en recuperar la magia del emblemático palacio real utilizando a una ondina cautiva.

No sé por dónde empezar a contaros lo magnífico que me parece Las aguas de Versalles. La edición, en tapa dura y con ilustraciones en azul y plata, es preciosa, elegante y perfecta; pocas veces se da el caso de una edición tan en concordancia con el manuscrito que arropa. La prosa de Kelly Robson es precisa y tan cristalina como el agua pura que una vez surtió las fuentes de los jardines más hermosos de Europa. Sorprende por el original contraste que la autora consigue al narrar en un tono alejado de efectismos sentimentales una trama cargada de emoción in crescendo, protagonizada por unos personajes que apenas pueden contener todo el dolor y la ternura que pugnan por esconder en un ambiente tan mezquino y banal como la corte de un rey al que nunca le interesó la política más que la belleza de sus amantes. La contraposición entre el instinto de libertad de dos seres tan salvajes como un soldado y una ondina, atrapados entre los barrotes de la civilización fútil y cruel que era corte decadente de Luis XV, resulta de una belleza descarnada y conmovedora, y hace reflexionar al lector sobre las cañerías decrépitas que era la monarquía francesa de la época a punto de saltar por los aires con la presión y la fuerza de la Revolución y el Siglo de las Luces.

Todo es preciso y calculado en este relato, como un perfecto mecanismo diminuto de relojería, y sin embargo no necesita más páginas para mostrar —que no contar— la delicada y cambiante —como las aguas— relación entre Sylvain y la ondina. El agua es emoción que fluye, es juego, es necesidad vital, poderosa corriente sometida a presión, suave y calmada caricia en reposo. Que Kelly Robson haya conseguido tanto (ambientación histórica exquisita, personajes de compleja naturaleza, trama, originalidad, tensión, emoción…) en tan pocas páginas me parece otro de los grandes méritos a destacar de esta pequeña joya de la literatura fantástica. He tenido la sensación de estar leyendo un clásico.

Lector, atención a los tronos, punto humorístico de una historia que ya tiene todo lo demás.

También te gustará: Los últimos años de la magia; Jonathan Strange y el señor Norrell

Si quieres hacerte con un ejemplar visita la librería Gigamesh o su página en Lektu, aunque, por precio y edición maravillosa, te recomiendo la de papel ;-)

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