El rancho de la U alada, de B. M. Bower

El ganadero James G. Whitmore regenta plácidamente su rancho en el corazón de Montana hasta que recibe la noticia de que su hermana pequeña, Della, viene de camino para ejercer la medicina. El encargado de recogerla en la estación de ferrocarril es Chip Bennett, el vaquero más gruñón e indómito del rancho de la U Alada, que no duda en lanzarse cañada abajo a toda velocidad con la carreta para salvar a la «Doctorcita» de un caballo en estampida. Convencido de que ha puesto en su lugar a la señorita recién llegada del refinado Este, no tarda en darse cuenta de que cada vez que discute con ella el desasosiego se instala en su, hasta la fecha, impasible corazón.

«—Entonces, ¿Dunk ha vuelto? Si se ha hecho con su corazón, debe de haberlo buscado con un microscopio porque es pequeñísimo, casi tan pequeño como su alma. De hecho, nadie más sabía que tuviera uno. Debería sujetarlo a un anillo para no perderlo.
—Yo no llevo joyas falsas, gracias —replicó la señorita Whitmore, y Chip pensó que los hoyuelos no estaban tan mal después de todo.»

B. M. Bower es el seudónimo de Bertha Muzzy Sinclair (1871-1940), autora de westerns populares, a menudo adaptados a la gran pantalla, y de la saga de El rancho de la U Alada, una serie de novelas simpáticas y muy agradables ambientadas en el Salvaje Oeste. Esta edición de Hoja de Lata es la primera entrega de la serie, una historia encantadora y plácida que se disfruta en un par de tardes y deja una excelente sensación de haber pasado unas vacaciones en las hermosas montañas de Montana.

Este ha sido un verano atípico incluso en mis lecturas: no recordaba ningún otro año en el que hubiese leído tanto durante las vacaciones estivales. Sin embargo, suelo participar en más lecturas conjuntas de las que puedo abarcar, decir que sí a más compromisos editoriales de los que debería y embarcarme en mil aventuras literarias que, aunque apetecibles y estupendas, me roban horas de sueño. Estaba agobiada por todo esto y más, necesitaba un respiro, y entonces me acordé de El rancho de la U Alada, un título que tenía apuntado desde que leí la reseña de Las inquilinas de Netherfield, donde la recomendaban como una novela de sofá, té y mantita. Por supuesto, he prescindido de la manta y he cambiado el sofá por la terraza, pero ya me entendéis. Ha sido justo lo que necesitaba: una historia simpática, divertida, agradable, con unos personajes muy bien dibujados y caracterizados por una voz muy personal y unas acciones en consonancia. La ambientación en un rancho de Montana, aislado del mundanal ruido, a principios del siglo XX, marca la personalidad de un western con pinceladas románticas que se lee en un suspiro. El sentido del humor de B. M. Bower y el charm de su prosa hacen especial, distinta y muy feelgood esta lectura.

Lector, si necesitas un respiro en Montana.

También te gustará: El dandi; La pequeña librería de los corazones solitarios

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El rancho de la U Alada

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Años de mentiras, de Mayte Esteban

Beatriz Álvarez, directora del gran grupo editorial Vimar, piensa que todavía tiene una oportunidad de salvar la profunda crisis por la que está pasando la empresa si es capaz de publicar otra novela de Alejo Novoa. Novoa se convirtió en una leyenda por su best seller El hombre inconstante, pero lleva treinta años retirado, no ha escrito ni una sola línea más, nadie sabe quién es y no concede entrevistas. Las esperanzas de Beatriz se sustentan en el correo que acaba de recibir: Alejo Novoa quiere conocer a Daniel Durán, uno de los redactores más versátiles del grupo Vimar. Pero cuando la directora le propone a Durán que acuda a la cita y consiga mucho más que una entrevista con el misterioso escritor se topa con la reticencia de un periodista que no tiene nada que perder porque hace años que la vida se lo arrebató todo. A medida que Daniel va desenredando el hilo de enigmas y mentiras al que se ha visto empujado por las circunstancias, reflexionará sobre la escritura, la autenticidad literaria y la necesidad de volver a sentirse vivo.

«—¿Qué no es injusto en esta vida? Ahora piensa en el mundo en el que tú te mueves. ¿Qué es lo primero que te llama la atención de un libro?
No tuvo que pensar demasiado para darle una respuesta.
—El título.
—Eso es. El nombre. Como decía Juan Ramón, el poeta, el nombre exacto. No te hagas esa pregunta sobre Alejo Novoa. No merece la pena. Quédate solo con una cosa: tiene el nombre que le hace quien es frente al mundo.«

Mayte Esteban es una escritora que no necesita presentación en Serendipia. Tengo la suerte de haber seguido su carrera como escritora casi desde el principio y ya sabéis que me gusta mucho cómo escribe. Mayte es mi amiga y una de las personas a las que más admiro por su honestidad y su valentía, así que no voy a ser imparcial con ninguna de las reseñas de sus libros, pero ¿la habéis leído? Yo, muchas veces, y ha vuelto a sorprenderme. Si con La colina del almendro nos demostró que era capaz de salir de su zona de confort, con Años de mentiras nos ha confirmado su versatilidad y que todavía tiene mucho con lo que sorprendernos.

Años de mentiras es una novela de suspense psicológico, de personajes, casi un thriller editorial —disculpad por las etiquetas—, pero sobre todo es una novela de reflexión sobre la escritura de ficción. Me ha gustado mucho ese diálogo interior de la autora sobre literatura y verdad, planteado a tres voces por los protagonistas. Me ha hecho sonreír la pulla inicial a los periodistas que no saben entrevistar, que repiten las mismas preguntas, a menudo sinsentido, huecas y estúpidas, sin pararse a pensar qué es lo que en realidad desean conocer. Daniel Durán es un periodista capaz de imitar el tono y el estilo de todos sus compañeros porque lo difícil es encontrar la propia voz. La diferencia entre periodismo y novela, la capacidad de observación de un escritor, la verdad ficcionada, la precisión del lenguaje, la emoción del lector… A través de los personajes de Años de mentiras Mayte Esteban repasa sus certezas como escritora, pero también reflexiona sobre su concepción de la literatura y el de la industria editorial: la fabricación de un best seller, la copia, la vacuidad de la crítica, las novelas sin alma, el miedo…

«El éxito es más duro que el fracaso, Daniel. Cuando fracasas, aprendes. Te levantas y vuelves a empezar y, si las cosas no van como pensabas, siempre puedes cambiar de objetivo y descubrir que quizás hay otra cosa en la que eres bueno. Pero cuando tienes tanto éxito como tuvo Alejo… corres el riesgo de entrar en una parálisis que te impide seguir adelante.«

Sin embargo, Años de mentiras no es solo ese diálogo metaliterario que tanto me ha encandilado. En esta novela encontrareis también personajes carismáticos en una encrucijada vital, conflictos emocionales no resueltos, relaciones de poder, crisis contemporáneas, la importancia de perdonarse uno mismo… Ah, y genial el remate de las páginas finales que tan bien refleja uno de los grandes males de nuestro siglo: la desinformación, las fake news, los bulos informativos, la inmediatez, la desacreditación, los falsos gurús y el odio exacerbado por la opinión del otro en las redes sociales.

Dice Mayte Esteban en los agradecimientos que en Años de mentiras «late mi profundo amor por la literatura, aunque para contarlo no se me haya ocurrido otra cosa que construir una trama llena de mentiras». Pero es que una trama de mentiras, querida Mayte, es la mejor definición de ficción que se me ocurre.

Lector, no hagas caso de mis razones porque esta es una novela que vas a disfrutar por las tuyas propias.

También te gustará: La buena novela; Y entonces sucedió algo maravilloso; El despertar de la señorita Prim; Aquella vez en Berlín

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Hacia las estrellas, de Mary Robinette Kowal

En marzo de 1952, un enorme meteoro se estrella cerca de la costa este de Estados Unidos convirtiendo el estado de Washington en un enorme cráter calcinado. Elma York, doctorada en Física y en Matemáticas, y piloto de la Segunda Guerra Mundial, y su marido Nathaniel, ingeniero aeroespacial, consiguen sobrevivir al impacto y aterrizar de emergencia en una de las bases cercanas a Kansas. El impacto del meteoro, superior al de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki juntas, desencadena una serie maremotos, terremotos e incendios en ambos hemisferios, pero Elma no puede evitar ir más allá: la cantidad de polvo lanzado a la atmósfera por el impacto y su incidencia en el océano han desencadenado una serie de brutales cambios climáticos muy semejantes a los que provocaron la extinción de los dinosaurios milenios atrás. Con la amenaza de un planeta Tierra inhabitable a corto plazo, Elma y Nathaniel ingresan en un equipo internacional aeroespacial destinado a crear colonias humanas en el espacio. Pero en 1952 el ser humano todavía no ha pisado la luna, no existen los ordenadores analógicos y las mujeres no pueden ser astronautas.

«En los años cincuenta, un hombre con un título superior en Matemáticas era un ingeniero. Una mujer era solo una calculadora. La discrepancia salarial entre los dos puestos de trabajo era enorme, a pesar de que las mujeres eran quienes diseñaban los algoritmos que impulsaron gran parte de la industria aeroespacial. Del mismo modo, los trabajadores blancos cobraban más que los negros. Ojalá estas batallas históricas no se librasen todavía, pero ninguna de las dos estadísticas ha cambiado.«

Mary Robinette Kowal es una autora norteamericana de ciencia ficción y fantasía que ha sido galardonada con los premios Nébula, Locus y Hugo con su saga La astronauta. En Hacia las estrellas nos presenta una distopía tan cercana a la historia real de la carrera espacial de los años cincuenta y sesenta para llegar a la Luna que apenas tenemos la sensación de estar leyendo ciencia ficción. Kowal centra el peso de su novela en la denuncia del cambio climático y la segregación racial y de género. Su protagonista Elma York tiene dos doctorados, es piloto de combate, calcula de memoria ecuaciones y algoritmos orbitales que ella misma ha creado, pero nadie la llama doctora York ni la cree capaz de ir al espacio: Elma es la señora de Nathaniel York, una dama que queda bonita en las fotos de la prensa. Además, Elma es judía, apenas ha escapado al horror de la Segunda Guerra Mundial y le presentan la posibilidad de trabajar con Wernher von Braun, ¿por qué iba a sentirse incómoda?

Hacia las estrellas me ha parecido una lectura muy entretenida y emocionante, aunque reconozco que me ha gustado mucho más la novelización histórica de la época cuando se mantenía realista (la carrera aeroespacial, la tensión de la guerra fría, el entrenamiento de los astronautas, etc.) y lo bien que la autora sabe escenificar el machismo y el racismo salvajes que imperaban en la joven potencia mundial que había resultado vencedora de la guerra contra los nazis. La narración de Mary Robinette Kowal es fluida y sin florituras, muy directa, y sus diálogos resultan muy naturales. Refleja bien la discriminación de género y la racial y utiliza este conflicto social histórico como motor principal de una trama que mantiene el interés, el suspense y la emoción pese a que los personajes son un poco hieráticos. Quizás me ha quedado un poco floja la trama del impacto del meteoro  y sus consecuencias planetarias, hasta que me he dado cuenta de que en breve la autora publicará una continuación de esta novela. De todas formas, para los alérgicos a las bilogías, aviso que Hacia las estrellas es autoconclusiva y puede leerse de manera independiente. Lo peor: las escenas de sexo con metáforas sobre el lanzamiento de cohetes espaciales.

Lector, ojalá llegue un día en que leamos esta novela y sea la discriminación de género y racial la que nos parezca la mayor fantasía.

También te gustará: Tocar las estrellas; Las tres caras de la luna; Spin

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El hobbit, de J. R. R. Tolkien

El señor Bilbo Bolsón, de Bolsón Cerrado, disfruta de su pipa tras un buen desayuno cuando el mago Gandalf aparece para advertirle de que esa misma noche tendrá visitas. Al buen Gandalf se le olvida decirle que serán trece enanos con un mapa y la firme determinación de recuperar un tesoro custodiado por un feroz y astuto dragón. Han pasado más de cien años desde que Thrain, hijo de Thor —rey Bajo la Montana asesinado en Moria por Azog el Trasgo—, desapareciese dejando a su hijo Thorin el mapa y la llave. Pero esa misma noche, Bilbo Bolsón se encuentra con Thorin, sus doce enanos y Gandalf, sentados a la mesa en el comedor más grande de Bolsón Cerrado y haciendo planes para recuperar el trono y el tesoro. Lo que más sorprende a la parte Bolsón de Bilbo es que semejante partida de desterrados esté dispuesta a enfrentarse al dragón Smaug para recuperar el tesoro y que todos den por hecho que él se incorporará al grupo como saqueador. Su parte Tuk, por el contrario, parece menos escandalizada que peligrosamente interesada en la aventura.

«Por alguna curiosa coincidencia, una mañana de hace tiempo en la quietud del mundo, cuando había menos ruido y más verdor, y los hobbits eran todavía numerosos y prósperos, y Bilbo Bolsón estaba de pie en la puerta del agujero, después del desayuno, fumando una enorme y larga pipa de madera que casi le llegaba a los dedos de los pies (bien cepillados), Gandalf apareció de pronto.«

J. R. R. Tolkien inició El hobbit como una narración de trasmisión oral al estilo de los cuentos tradicionales nórdicos que se contaban alrededor de una hoguera al final del día: cada noche les explicaba un capítulo a sus hijos antes de ir a dormir. A medida que avanzaba la historia, la iba poniendo por escrito, pero la dejó abandonada poco antes del final por diversas circunstancias. Hasta que una editora la recuperó, le pidió al profesor Tolkien que la terminase, y la publicó por vez primera en Londres en 1937. Desde entonces, El hobbit ha sido uno de los libros infantiles más vendidos del mundo.

Cuando Macondo Club Literario propuso leer El señor de los anillos supe que me apuntaría, sin embargo, me lo pensé con la propuesta de empezar por El hobbit. Lo había leído en la adolescencia y no me había impresionado mucho, seguramente porque cometí el error de leerlo después de El señor de los anillos en lugar de antes, quién sabe. Lo cierto es que finalmente me animé a su relectura y ha resultado ser muy distinta a cómo la recordaba. Lo confieso, me he vuelto a enamorar de la Tierra Media.

No sé si El hobbit es la mejor entrada para iniciarse con Tolkien y con la Tierra Media, pero me parece un portal muy accesible y entretenido que creo que gustará incluso a quienes no están familiarizados con el imaginario del profesor. La prosa de Tolkien siempre es elegante y de espléndida etimología, no importa que esté escribiendo para niños: él sabe que no son idiotas. Sus personajes son carismáticos y están respaldados por una leyenda que no siempre es afortunada y de final feliz, pero sí magnífica, al igual que su maravillosa geografía. Y entre esas líneas del inglés impecable de un lingüista tan exquisito como el profesor, ese humor socarrón que tanto nos gusta.

El hobbit es un cuento de aventuras poblado por los personajes y los lugares del imaginario más famoso de J. R. R. Tolkien. Es trepidante, emocionante, divertido y tiene la oscuridad de los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. La narración es ágil, a menudo bellísima y nostálgica («Cuando en el mundo había menos ruido y más verdor«), y todavía conserva, pese a las posteriores revisiones de su autor, la huella de su oralidad en las acotaciones y guiños del narrador; un narrador que, no sé vosotros, pero yo no puedo imaginar de otra manera que no sea J. R. R. Tolkien leyendo en voz alta.

Lector, aquí empieza la aventura.

Si te apetece saber más, en la sección de Té con Tolkien te explico algunas curiosidades sobre El hobbit.

También te gustará: Té con Tolkien; Cartas de J. R. R. Tolkien; Tolkien, una biografía; Los hijos de Húrin; La caída de Arturo; Los Inklings; Un hobbit, un armario y una gran guerra; Cartas de Papá Noel

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Persuasión, de Jane Austen

A principios del siglo XIX, la sensata y encantadora Anne Elliot vive en Kellynch Hall ignorada por su padre y su bella hermana mayor, ambos derrochadores, estúpidos, presumidos y con muchos prejuicios clasistas. Huérfana de madre desde la adolescencia y menospreciada por el resto de su familia, Anne siempre ha contado con la protección y el consejo de la viuda Mrs. Russell, amiga de la difunta Lady Elliot. Han pasado nueve años desde que el joven capitán Frederick Wentworth y Anne se enamorasen y ella tuviese que rechazarle, con toda la pena de su corazón, persuadida por la negativa de su padre y por el consejo de Mrs. Russell, que pensaba que su protegida se merecía mayor seguridad económica que la de un inexperto marino. Desde entonces, todo parece anodino y gris para Anne, hasta que los apuros financieros de su padre inician una serie de cambios que se precipitan con el reencuentro de Wentworth, a quien ella jamás a dejado de amar.

«—(…) no recuerdo haber abierto en mi vida un solo libro en el que no se aluda, de una manera u otra, a la inconstancia de las mujeres. Todas las canciones y todos los proverbios giran en torno a las flaquezas femeninas. Claro que usted me dirá que todo eso ha sido escrito por hombres.
—Tal vez. En cualquier caso, no tome usted ejemplos de los libros. Los hombres siempre han disfrutado de una ventaja, y esta es la de ser los narradores de su propia historia. Han contado con todos los privilegios de la educación y, además, han tenido la pluma en sus manos. No, no admito que presente los libros como prueba.«

Tengo la terrible sospecha de que leí a Jane Austen siendo demasiado joven y me quedé con la anécdota. No es que ahora sea una experta en literatura ni mucho menos, pero soy una lectora más experimentada y atenta, mi amiga Rosa me ha señalado las claves austenitas y me ha presentado a Lucy Worsley. Cuando hace un par de años volví a leer Orgullo y prejuicio o La abadía de Northanger algo había cambiado: mi estima por Jane Austen, deuda y reconocimiento, por lo que significó para la literatura británica y universal, solo puedo equipararla a la del querido Will; ambos rompieron las reglas y establecieron nuevas pautas para la ficción. Esto ha sido una introducción torpe y lerda para confesar que he vuelto a leer Persuasión después de muchos años y de que I have fallen in love again.

Recordaba Persuasión como una novela desesperanzadora, y aunque coincido con la crítica literaria en señalarla como la novela más madura y espléndida de Jane Austen, mi favorita seguía siendo Orgullo y prejuicio por esa ventaja del humor y los bailes y el incomparable Mr. Darcy. Después de esta relectura, sigo pensando en que la protagonista, Anne, no se libra de esa tristeza que la lastra, de la certeza de que una mujer de su posición y tiempo vive encerrada entre las paredes de las convenciones de su género y con muy pocas probabilidades de tomar las riendas de su propio destino, de volar. Austen lo expresa muy claramente cuando Anne dice sobre el capitán Benwick que al menos es hombre y podrá rehacer su vida, o en el diálogo que mantiene con Harville: «Los hombres siempre han disfrutado de una ventaja, y esta es la de ser los narradores de su propia historia.«

Persuasión plantea una historia sobre las decisiones vitales y el tiempo, aunque la excelente construcción de sus personajes y las inteligentes situaciones de la trama reflejan mucho más (como siempre sucede con Mrs. Austen): crítica social, objeciones morales, reflexiones sobre la naturaleza humana… Las hermanas y el padre de Anne Elliot son un ejemplo de cabezas huecas y de orgullo de clase malentendido, siempre pendientes del rango aristocrático para relacionarse o no con ellas, más preocupados por las apariencias que por la felicidad de su familia; contrastan por oposición con el matrimonio Musgrove, cuyo único interés en el matrimonio de sus hijas reside en cerciorarse de que las hacen felices: «Nunca albergamos delirios de grandeza que a menudo causan la desdicha de jóvenes y viejos.» También muy interesante el personaje de Mrs. Smith que, aunque se trata de un papel muy secundario, introduce otro reflejo de la falsa amistad y de la falta de solidaridad de clase: cuando cae en desgracia, ninguno de sus supuestos amigos ricos que tan dispuestos estaban a acompañarla en el camino despilfarrador de su marido la ayuda cuando más lo precisa.

Anne Elliot se ha convertido en mi protagonista preferida de Austen. Me gusta por su honestidad y su sensatez, por su sinceridad para los demás y para con ella misma y sus sentimientos y conducta. Se mantiene fiel a sus convicciones pese a que la condenen a la soledad, charla sobre Byron y Walter Scott con Benwick, mantiene la cabeza fría cuando todos enloquecen porque una idiota se cae de cabeza desde unas rocas, y porque la ningunean hasta sus familiares y amigos (en esto me siento muy afín a Anne). Pero independientemente de si el lector empatiza más o menos con los protagonistas o la historia, Persuasión es una muestra de la madurez, del talento y de la inteligencia de su autora, de su capacidad de observación y análisis de su época, de su habilidad para reflejar el mundo y la naturaleza humana a través de una ficción que ni siquiera lo parece. Disculpad la torpeza de esta reseña y leed de nuevo Persuasión, no se me ocurre una forma más agradable y placentera de hacerle justicia a una de las autoras más influyentes de la literatura universal.

Lector, no importa cuántas veces vuelvas a Kenllych Hall, siempre te sentirás bienvenido.

También te gustará: Lady Susan; Emma; Orgullo y prejuicio; La abadía de Northanger; Jane Austen en la intimidad

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