Décimo aniversario de Serendipia

A finales de octubre, Serendipia hizo diez años. Diez años. Qué barbaridad. Eso son muchas reseñas, muchas horas de compartir lecturas, de comentar, recomendar, jugar, disfrutar, escribir, saludar… A mí se me ha pasado volando y me veo capaz de otros diez años más, ¿por qué no?

Me gustaría celebrarlo con vosotros con un carrot cake enorme y un brindis, pero mientras esperamos a que WordPress añada ese botón, he pensado que podría sortear algo que no fuesen libros, para variar un poquito ¿Qué tal tres diarios de lectura?


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Muchas gracias por acompañarme estos diez años, ha sido un verdadero placer viajar con vosotros, queridísimos lectores. Con vosotros, hasta el fin de los tiempos.

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Nos vemos en el museo, de Anne Youngson

Cuando eran estudiantes, Tina y su amiga Bella le escriben al profesor P. V. Glob tras leer su libro sobre los últimos descubrimientos arqueológicos alrededor del hombre de Tollund, una persona de la Edad del Hierro que se halló bien conservada entre la tundra danesa. El profesor las anima a visitar el museo de Silkeborg para contemplar la momia de La gente de la ciénaga, pero los años pasan y las dos amigas nunca encuentran el momento perfecto para su viaje. Veinte años después, Tina se siente sola en la granja familiar y, presa de la inquietud y la insatisfacción que siempre han planeado sobre su vida, decide escribir al museo con la esperanza de aceptar la invitación del profesor Glob. En su lugar le contesta el nuevo conservador, Anders, con el que inicia una amable correspondencia sobre arqueología que se tornará más y más íntima y vital con cada carta que se crucen.

«Me hablabas en marzo sobre lo distintas que son nuestras vidas —la mía en mitad del campo y sus cambios, la tuya atrapada entre objetos inmutables en el tiempo— y te preguntabas cuál era mejor y cuál habrías escogido, si hubieras sabido que podías elegir (…). ¿Verdad que es fascinante que, después del rodeo que te he hecho dar y que has aceptado sin rechistar, pasando por la matanza del cerdo y la muerte de mi mejor amiga, finalmente hayas destapado la verdadera esencia de lo que me impulsó a escribir?«

Anne Youngson vive en Oxford, es abuela de tres nietos y escribió Nos vemos en el museo con setenta años. Cuando mi amiga Mrs. Hurst de Las Inquilinas de Netherfield me recomendó esta novela y me habló así de su autora, inmediatamente me acordé de La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, porque Mary Ann Shaffer también era mayor cuando la escribió y porque era epistolar y muy british. Me encantan las novelas epistolares, así que me fui corriendo a la librería sin demora, me compré Nos vemos en el museo y lo devoré en tres tardes. Ya podéis imaginar lo muchísimo que me ha gustado.

No voy a desvelar más del argumento de lo que he hecho en la sinopsis de inicio, pero aviso de que no encontrareis tópicos de novela romántica sino una reflexión vital que trasmite serenidad y una correspondencia bellísima entre dos personas con más en común de lo que pensaban al principio. Tina es una buscadora incansable, sabe que tomó decisiones equivocadas en el pasado y no se rinde, es inquieta y quiere borrar ese vacío existencial que la ronda. Anders es tranquilo, conformista, su vida no le resulta buena, pero la acepta sin quejas hasta que la correspondencia de Tina le señala la tristeza con la que convive. Dos personajes, dos mundos, que se asoman el uno al otro y se aportan, no solo comprensión, sino también cambio. A través de las confesiones de estos pensamientos íntimos, Youngson aprovecha la ventaja de la narración epistolar para dar profundidad y delicados matices a sus dos personajes protagonistas.

Especialmente destacable es el trabajo etimológico y de registro que hace la autora en Nos vemos en el museo: las reflexiones iniciales sobre el hombre de Tollund y la profesión de Anders están muy bien arropadas, y las voces de los dos personajes se diferencian a la perfección, cada una con su estilo propio. Además, Youngson plasma muy bien —no solo con las dudas lingüísticas que expresa el personaje sino también con una cadencia narrativa de frases más cortas y algo vacilantes— la particularidad de que Anders es danés y está escribiendo en una lengua distinta a la materna. Nos vemos en el museo me ha gustado por todo esto que os he explicado, pero también por su carácter que huye de tópicos y por la sensación de paz y serenidad que trasmite las reflexiones vitales de dos personajes que, sin embargo, se hayan sumidos en importantes cambios emocionales.

Lector, una grata y original sorpresa, una lectura que trasmite paz en el este mundo de la inmediatez y el ruido.

También te gustará: Contra el viento del norte; Juntos, nada más; La delicadeza; La mujer de la libreta roja

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Nos vemos en el museo (en papel)
Nos vemos en el museo (para Kindle)

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Cari Mora, de Thomas Harris

Pablo Escobar nunca llegó a instalarse en la mansión de la costa de Miami que compró por si necesitaba un refugio, pero los rumores de que en su sótano hay escondidos unos 25 millones de dólares en oro parece que son mucho más que rumores. En Barranquilla, Colombia, Jesús Villarreal, uno de los capos de la droga, se está muriendo y a cambio de protección para su familia se dispone a vender el secreto de la mansión de Miami: el oro está protegido por un mecanismo mortal y solo él sabe cómo sacarlo de la casa sin morir en el intento. Cari Mora, que llegó a Miami huyendo de un traumático pasado como niña soldado de las FARC, solo desea un trabajo digno que le permita una casa propia y cuidar de su familia. Por una serie de desgraciadas circunstancias, Cari se verá implicada en la sangrienta competencia por el oro de Escobar; aunque lejos de asumir el papel de víctima, se sobrepondrá a un nuevo horror dispuesta a sobrevivir.

«—Jesús ya va siendo hora de que te ganes el dinero que te envié.
—Señor, Schneider, ya va siendo hora de que me envíe el resto de la plata que me he ganado.
—Ya he llegado a la puerta de la cámara.
—Hasta la cual lo he guiado yo.
—No hay disco de apertura, solo un picaporte pequeño. ¿Tengo que abrirlo? (…)
—No, si quiere seguir en este mundo.«


Suma de Letras
Páginas: 333
ISBN: 978-84-9129-401-6
Fecha de publicación: octubre de 2019

Thomas Harris es un periodista y novelista estadounidense conocido, principalmente, por ser el autor de El silencio de los corderos y de su memorable protagonista, el psiquiatra Hannibal Lecter. Cari Mora, su nueva novela, no se ha librado del eslogan en la cubierta de «Autor de El silencio de los corderos«. Sin embargo, aunque por Cari Mora se pasean psicópatas, criminales y policías, no tema el autor encontrarse con ninguna mala imitación del doctor Lecter. El nuevo libro de Harris es un thriller ágil y bien gestionado que entretiene por méritos propios y no intenta emular éxitos pasados.

Me lo he pasado bien con Cari Mora, he sufrido, me ha intrigado, me ha mantenido pegada a las páginas y casi aplaudo al final. Era la primera vez que leía a Thomas Harris y me ha parecido admirable lo bien que noveliza toda su experiencia como periodista de sucesos. Su protagonista, Caridad Mora, tiene un pasado tan brutal que la ha marcado para siempre; es una superviviente capaz de sobreponerse a cualquier psicópata. Pero si Caridad intenta dejar su pasado de violencia atrás y desea una vida tranquila para ayudar a su familia y a los animales en peligro, Hans-Peter Schneider , que también ha tenido una infancia espantosa, se ha convertido en un monstruo. La contraposición de estos dos personajes crea una tensión narrativa muy atractiva, pero, en mi opinión, es el misterio sobre el oro de Escobar y todo el despliegue de los ladrones, lo que le da chispa a una novela que destaca por su acción y por el buen ritmo narrativo.

La prosa de Thomas Harris es concisa y contundente, muy periodística. De frases cortas y escasa descripción, recrea trama, escenas y personajes con rapidez y eficacia, casi como si fuese un guion teatral o de película. El resultado final es un lector cautivado por la precipitación de los acontecimientos y por cómo van encajando las piezas del puzle. Hay suspense, hay misterio y hay escenas y situaciones inquietantes bien planteadas. Pero se equivoca el lector si piensa que Harris carece de cierta sutileza, pues los peores horrores de esta novela aparecen entre líneas, más sugeridos a la imaginación del lector que no explícitos. De ahí que Cari Mora sea una novela que encantará a los adictos al thriller, a los rendidos admiradores de la serie de televisión Dexter y a los que disfrutan de un tremendo caso criminal. Eso sí, nos quedamos con ganas de otra aventura de Cari… esta vez con el detective Terry Robles.

También te gustará: Escóndete; Crímenes exquisitos; Sé lo que estás pensando

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Los archivos de Van Helsing, de Xavier B. Fernández

Abraham van Helsing, sacerdote jesuita, erudito teólogo, psicólogo y exorcista, está convencido de que dios no existe, pero el mal sí. A lo largo de toda su vida, desde la ocupación nazi de Polonia hasta los abusos pederastas de los sacerdotes católicos en el siglo XXI, pasando por masacres y genocidios de toda condición, ha contemplado la existencia del mal y cómo dios callaba y permitía todo ese mal. Pero si el trono del cielo está vacío, no ocurre lo mismo con el del infierno: el diablo existe y hubo un tiempo en el que caminó sobre la tierra; el padre Van Helsing era solo un niño cuando lo conoció en un gueto de Varsovia. Convencido por su experiencia y por los extensos archivos de su familia, el sacerdote y psicólogo se ha convertido en guardián de la llave que permitiría el regreso del diablo, el regreso de lo que está muerto y no puede morir. Inquieto, Abraham van Helsing lee en la prensa una noticia escalofriante ocurrida en las playas de Barcelona y acude a la entrevista cuando uno de los implicados dice tener un mensaje para él: el Maestro está a punto de volver.

«—Mira bien esta espada. Observa que, como todas, tiene forma de cruz. Eso es porque la espada representa a Cristo, quien dijo que no había venido a traer paz, sino espada. Pues bien, esa espada, como todas, sirve para distinguir al buen cristiano del hereje. Y esa distinción se efectúa así: el buen cristiano es el que está del lado de la empuñadura, y el hereje es que está del lado del filo.«

«Si el bien es dar a los demás más de lo que recibes de ellos, y el bien absoluto es darlo todo por los demás sin esperar nada a cambio, el mal es extraer de los demás más de lo que les proporcionas, y el mal absoluto es cogerlo todo de los demás sin dar nada en contrapartida. Como hace un vampiro, la metáfora más perfecta del mal absoluto.«

Xavier B. Fernández (Barcelona, 1960), periodista, guionista y novelista, nos ofrece en Los archivos de Van Helsing un magnífico homenaje a Drácula de Bram Stoker, escrito también al estilo epistolar y documental de la obra más célebre de Stoker. Una ficción de fragmentos de prensa, diarios íntimos, memorándums, cartas, correos electrónicos y declaraciones que construyen una narración extraordinaria y muy bien urdida alrededor del no muerto más famoso de la literatura y su incansable dinastía de cazadores. Pero no confunda el lector tal homenaje con falta de iniciativa del autor, pues esta novela tiene detrás un trabajo de documentación gigantesco y unos personajes destacables por su complejidad y por la particular interpretación de Xavier B. Fernández.

«Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen, porque cuentan con que el que los ama lo perdone. Por eso el gobernante no debe inspirar amor, sino temor.«

He disfrutado muchísimo de la lectura de esta novela de más de quinientas páginas, que me he hizo saltarme mi cuidadosa pila de #LeoAutoraOct y que me mantuvo insomne durante unos cuantos días. Me ha gustado especialmente el diario de Vlad Tepes, príncipe de Valaquia, por la vuelta de tuerca que Xavier B. Fernández le da al personaje histórico y literario, y por la voz del personaje en sí. También me ha encantado ir recogiendo los guiños cómplices a clásicos del terror (como Carmilla, de Sheridan Le Fanu, El necronomicón, de H. P. Lovecraft, Frankenstein, de Mary Shelley, o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson, entre muchos otros), el cameo de personajes históricos reales, como la condesa Erzsébet Báthory, Arthur Conan Doyle, Oscar Wilde o Bela Lugosi, y las reflexiones sobre las cuestiones temporales del mundo —a menudo de la mano de los grandes filósofos y pensadores de la Historia— como la verdad, la fe, la inmortalidad o el mal.

«La gente está dispuesta a creer en cualquier cosa, por estúpida que sea, si esa creencia coincide con sus deseos.«

Reconozco que mis capítulos preferidos han sido los primeros diarios del príncipe de Valaquia sobre su vida mortal y la crónica de un joven médico del ejército de Napoléon durante la campaña rusa de la Grande Armée. Y aunque es cierto que quizás la novela adolece de un ritmo desigual y le faltan páginas para desarrollar algunos acontecimientos clave para su propósito —como, por ejemplo, una escena en la Rumanía de Ceaucescu (no puedo precisar más sin spoiler) que debería haber sido clímax de una tensión largamente mantenida y se resuelve con decepcionante rapidez—, os la recomiendo sin lugar a dudas si os gustó Drácula de Bram Stoker. Los entusiastas de la literatura victoriana os lo pasareis en grande reconociendo referencias y personajes, además de disfrutar de una novela de terror estupenda y sólidamente documentada. Para mí, junto con La chica salvaje, ha sido una de las mejores lecturas en lo que va de año. Además, la prosa de Xavier B. Fernández es precisa, contundente y ágil, como buen periodista de la vieja escuela.

Lector, perfecta para la noche de difuntos, para los cazadores metaliterarios y para los incondicionales de las buenas historias.

También te gustará: La historiadora

Si estás en Barcelona, no te pierdas la presentación en Librería Gigamesh, que será mañana miércoles, 30 de octubre.

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La guerra de las salamandras, de Karel Čapek

J. van Toch, el experimentado capitán del barco mercante Kandong Bandoeng, vadea las costas isleñas de Sumatra cuando descubre la presencia de unas salamandras gigantes. Curioso por una especie del todo desconocida se dedica a observarlas durante unos días: viven bajo el mar, a poca profundidad, siempre cerca de la costa, y por las noches salen a tierra andando con sus fuertes patas traseras. Quizás porque está mayor, quizás porque le conmueven esos extraños animales que aprenden a hablar inglés con facilidad y a manipular objetos con sus manitas, el capitán J. van Toch les proporciona cuchillos para que puedan defenderse de sus depredadores naturales, los tiburones, a cambio de perlas. Eliminada la amenaza de los voraces escualos, las salamandras se reproducen a un ritmo acelerado y el capitán checo se encuentra con las sentinas llenas de perlas hasta tal punto que anega los mercados internacionales y pierden valor. A la muerte del capitán, sus socios capitalistas tienen otras ideas sobre el rendimiento de la superpoblación de salamandras, ¿por qué no alquilarlas como mano de obra submarina?

«—Las salamandras no pueden trabajar contra las salamandras, iría contra natura. Las salamandras son todas de la misma especie.

—Los hombres también son todos de la misma especie. Y ya ves, no les importa. Una misma especie y mira como luchan entre ellos por cualquier cosa. No solo por un lugar donde vivir, sino también para tener más poder que los otros, más influencia, más fama, más mercados, y yo que sé qué más.«

Čapek (1890-1938) fue el periodista y escritor checo más destacado de su país durante el siglo XX. Publicó La guerra de las salamandras en 1936, por entregas, en un diario de Praga, aunque es sobre todo conocido por acuñar el término robot (por eso los lectores que visitan su tumba suelen dejarle un pequeño robot en ofrenda). Hacía tiempo que tenía curiosidad por esta novela, sobre todo después de las nuevas ediciones en castellano que me rondaban por la librería, y como pasé unos días en Praga decidí llevarme a un autor de de la ciudad para amenizar las esperas en los aeropuertos. Me ha gustado mucho la prosa de Capek, divertida, satírica, inteligente y profundamente humana, con un toque de tristeza por la situación real que estaba viviendo: cuando empezó a publicar su novela por entregas, el imperialismo alemán ya amenazaba la precaria paz europea.

La guerra de las salamandras es una novela de ciencia ficción, pero también una historia contra el imperialismo, el colonialismo, el fascismo y el tráfico de esclavos. Tuvo un éxito inmediato en cuanto se publicó, pero Alemania presionó para que no se premiara a Karel Čapek pues les parecía mal tanta admiración a un declarado anti-fascista. Y, seamos sinceros, en 1936 ninguna potencia estaba por la labor de pararle los pies a Alemania.

Pero esta también es una historia sobre la estupidez humana y hoy en día puede leerse como una metáfora sobre la destrucción de nuestro planeta con el beneplácito de políticos y empresarios. Los humanos somos tan idiotas que alteramos ecosistemas para su explotación económica sin reflexionar sobre los daños a largo plazo. Solo a unos imbéciles se les ocurre armar con explosivos, maquinaria y tecnología bélica a una raza de salamandras gigantes, que triplican su población cada seis meses (recordad que ya no tienen depredadores naturales), y ponerlos a trabajar a su servicio. ¿Por qué? Porque cuando una especie tan autodestructiva como la humana descubre a otra especie o la aniquila o la esclaviza hasta su extinción. El problema es que las salamandras superan en millones la población humana, y cuando necesiten más océano y más costa estarán perfectamente armadas para destruir tierra continental.

Čapek cuenta toda esta historia con mucho sentido del humor, a veces un poco negro, y con voluntad de sátira. La crítica social, económica y política de la Europa de 1936 está ahí, clara y sin ambages, y señala problemas que han sobrevivido hasta nuestros días (fascismo, xenofobia, misoginia, explotación humana, crueldad animal…) porque seguimos siendo la misma especie autodestructiva de 1936, solo que con más tecnología para poder continuar aniquilando al Planeta y a nosotros. Y atención porque también hay crítica para la educación, el sistema educativo, y una reflexión sobre la capacidad de destrucción que tiene el término «civilizar».

Lector, una sátira que sigue siendo tan veraz y brillante en 2019 como en 1936. Qué pena.

También te gustará: La invasión de las bolas peludas; Tocar las estrellas; El núcleo del sol

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