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Huracán en Jamaica, de Richard Hughes

A mediados del siglo XIX, los Bas-Thorthon y los Fernández, deciden enviar a sus hijos a Inglaterra tras ver asoladas por un huracán sus respectivas plantaciones y viviendas en Jamaica. Pese a su ascendencia inglesa, los niños han nacido y crecido en Jamaica, descalzos, libres y asilvestrados, como pequeños animales salvajes. Sin entender por qué deben irse de su pequeño paraíso, deciden tomarse el viaje a Inglaterra como una nueva aventura… hasta que el Clorinda, el barco en el que navegan bajo la protección del capitán Marpole, es abordado por unos piratas que secuestran a los chicos. Ninguna tripulación pirata, por muy terrible que sea, está preparada para lidiar con una panda de niños asilvestrados.

«Es un hecho que hace falta cierta experiencia para darse cuenta de qué es una catástrofe y qué no lo es. Los niños tienen pocas facultades para distinguir entre un desastre y el curso ordinario de sus vidas. Sin la menor duda, si Emily hubiera sabido que aquel fenómeno era un huracán, se habría quedado mucho más impresionada, porque huracán era para ella un término plagado de terrores románticos.«

Richard Hughes (1900 – 1976) fue un periodista, escritor, dramaturgo y guionista inglés, educado en la Universidad de Oxford, donde forjó una gran amistad con el historiador y novelista Robert Graves (1895 – 1985). Su novela más conocida es Huracán en Jamaica, una historia loquísima de piratas ambientada a mediados del siglo XIX. A mí me ha encantado, me ha parecido extraña, divertida, terrible y valiente (fue publicada por primera vez en 1929), pero es tan peculiar que no me atrevo a recomendarla sin reservas.

Todo es inusual en esta novela: su estructura, sus personajes, sus giros argumentales… incluso la época en la que está ambientada es extraña para una historia de piratas puesto que, a esas alturas del siglo XIX, la piratería casi había desaparecido del Atlántico porque ya no resultaba rentable. Y, sin embargo, es una obra fascinante, oscura, bella, a veces incómoda y terrible y otras veces desternillante. Tal vez porque Richard Hughes fue padre de cinco criaturas, en Huracán en Jamaica hace gala de un profundo conocimiento de la psicología y del comportamiento infantil como nunca antes he leído en ningún otro clásico de ficción. Entra y sale de la cabeza de sus personajes con maestría, nos regala escenarios llenos de belleza (atención a la descripción anterior al terremoto o la del principio del capítulo IX con la noche de luna llena en alta mar), sorprende con un contundente golpe de timón y maneja con soltura y buenos resultados técnicas experimentales de narración propias de su momento histórico (aunque la trama esté ambientada a mediados del siglo XIX esta no es una novela victoriana sino propia del tiempo en el que el autor la escribió). A lo largo de la novela, Hughes tiene frases geniales sobre la veracidad de la memoria, sobre el poder de las palabras y la permeabilidad de su significado, sobre la conciencia del yo infantil, el cerebro de los niños o la culpabilidad y la pátina de civilización. En fin, que es una novela que me ha sorprendido por su originalidad en estilo, técnica, trama y personajes, y sé que va a quedarse en mi cabeza mucho tiempo.

Lectora, simplemente, genial.

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Piso compartido, de Ana Flecha Marco

Cinco amigas acogen con alegría a una joven en un piso en donde cabe la nostalgia y el recuerdo, pero sobre todo la amistad, el humor, la valentía y la voz de quienes no siempre pudieron elevarla lo suficiente. Peluquería clandestina, la hora del café, una biblioteca de palabras para que no se pierdan en el recuerdo y la conversación extraordinaria de seis mujeres que son nuestras amigas, abuelas, madres, hermanas. Que son nuestra historia.

«El filandón es una tradición que sigue viva principalmente en la provincia de León. Me lo explica Olvido, que es la que importó esa costumbre a esta casa. Filandón viene de hilar, pues eso es lo que hacían las mujeres que se reunían en una casa después de cenar, mientras contaban historias al calor de la lumbre. En esta casa no se hila, pero sí se borda, se teje y se remienda.
Esto de reunirnos a charlar y a hacer labores después de la cena lo llevamos haciendo toda la vida, pero fue Olvido la que le puso el nombre y las cosas solo existen cuando se las nombra (…).«

Ana Flecha Marco es una escritora leonesa tocada con el don de saber contar a través de las palabras y las ilustraciones, de la traducción y la música. Conocía su nombre de haber leído un ensayo ilustrado por ella, 20 buenísimas razones para no leer nunca más, de Pierre Ménard, aunque este Piso compartido ha sido mi primer encuentro con su prosa. Qué difícil reseñar esta obra, de apenas un centenar de páginas, en la que la única trama son sus personajes y en donde la historia más importante es el estilazo que se marca la autora.

Piso compartido me lo recomendó Marta Marne en Instagram y le hice caso porque, para sorpresa mutua (ella tan de negra y yo tan de blanca), a menudo coincidimos en gustos lectores. Y al terminar de leer a Ana Flecha Marco, caes en la cuenta de que cuando una autora nos regala con un estilo tan bonito, ingenioso y brillante, apenas importa qué género literario tenemos entre las manos. Me han gustado estas protagonistas, su historia, su risa, sus locas rutinas y este piso compartido, pero lo que me ha enamorado es el ritmo gramatical, la metáfora y el pulso, personalísimo, de su autora. Belleza, paz y originalidad.

Lectora, lee a Ana Flecha Marco y me cuentas.

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La familia Addams y otras viñetas de humor negro, de Charles Addams

Charles Addams (1912-1988) fue un dibujante norteamericano que desarrolló gran parte de su carrera profesional en The New Yorker como creador de las viñetas one-liner, es decir, los chistes gráficos con una sola línea de texto que estaban tan de moda en las revistas en la primera mitad del siglo XX. El humor (negro) de Addams se caracterizaba por su toque macabro, excéntrico y mórbido, pero también por sus guiños sutiles y, a menudo, de humor absurdo. Aunque su chiste más famoso es el de los dos esquiadores (1940), recogido en la página 37 de esta edición de Valdemar, en la colección de El club Diógenes, Charles Addams siempre será conocido por la creación de la familia más siniestra de la historia. La primera viñeta de La familia Addams apareció el 6 de agosto de 1938 en The New Yorker, con Morticia y Lurch. A medida que las viñetas se popularizaban, la familia fue creciendo con nuevos personajes, como Pugsley, Gómez o Miércoles, hasta que, en 1964, la cadena de televisión ABC, estrenó la primera comedia televisiva basada en sus personajes.

Valdemar recoge en esta edición de La familia Addams y otras viñetas de humor negro una pequeña antología de algunos de los cartoons one-liner más ingeniosos y representativos de la carrera de Charles Addams. Un poco bestia, inteligente y divertido, pero siempre tocado por ese espíritu macabro que lo caracterizaba, me recuerda a las magníficas historias de Edward Gorey que tanto nos gustan en casa a la adolescente (que ha devorado casi todos los relatos de Poe) y a mí. Lo recomiendo para incondicionales de la historia de The New Yorker, de La familia Addams y del humor peculiar bajo ala de cuervo.

Lectora, el oscuro encanto.

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Oveja mansa, de Connie Willis

Sandra Foster trabaja en el departamento de estadística de HiTek intentando determinar cómo se origina una moda a partir de los parámetros del pelo corto femenino. Sin embargo, cuánto más profundiza en la cuestión, más segura se encuentra de que el origen de las modas y la teoría del caos tienen más en común de lo que nadie se imagina. Su investigación pronto topa con la locura de Dirección, que no cesa de inventarse formularios y técnicas para conseguir la misteriosa beca Niebnitz, y con el Mal Interdepartamental, un antiángel llamado Flip que solo siembra confusión y destrucción allá por donde pasa. Desanimada porque todo lo maravilloso —como el té helado o la tarta de chocolate y queso— pasa de moda y solo permanecen Barbie y la intolerancia, Sandra acaba en el departamento de biología y tropieza con el doctor Bennett, un colega de HiTek inmune a cualquier moda y con nostalgia por seguir investigando la teoría del caos.

«Ya que me paso los días de trabajo estudiando modas, muchas de las cuales son completamente repulsivas, considero que es mi deber animar después del trabajo las modas que me gustaría que cundieran, como poner el intermitente cuando se cambia de carril, y la tarta de queso y chocolate. Y la lectura. Además, las bibliotecas son lugares magníficos para observar las modas en bestsellers y en gestión. Y en el vestir de las bibliotecarias.«

Sin duda, para mí, este ha sido un año afortunado en lo que a lecturas se refiere, sobre todo por la reedición de las obras de Connie Willis, una de mis autoras preferidas de todos los tiempos. He perdido la cuenta de las veces que he leído Por no mencionar al perro, mi novela favorita de la saga Los historiadores de Oxford, pero nunca había leído Oveja mansa. Connie Willis es una escritora norteamericana de literatura fantástica y ciencia ficción con un estilo que enamora, carretadas de sentido del humor, un montón de premios en su haber y tanto amor por los clásicos literarios, la Historia y las bibliotecas que no puede disimularlo ni en un solo capítulo de cualquiera de sus novelas. Supongo que no será ninguna sorpresa si digo que Oveja mansa se va directa a las mejores lecturas de este año.

Esta novela, además de una historia divertidísima sobre el condicionamiento del azar y el caos en los descubrimientos científicos, con un toque romántico y romanticista, es una crítica social; una sátira, aguda e inteligente, sobre el comportamiento social y empresarial más intolerante y delirante de finales del siglo XX y sobre la mediocridad y la estupidez que parecen marcar tendencia de manera atemporal. Connie Willis no solo señala y se mofa de las modas más estúpidas de su tiempo sino que también invita al lector a reflexionar sobre el sinsentido de seguir al rebaño sin pararnos a pensar por qué lo hacemos. Los comportamientos gregarios y la teoría del caos, se entrelazan en esta genial historia, narrada con el estilo impecable y socarrón de Connie Willis, para conmovernos, invitarnos a pensar y sorprendernos con un montón de anécdotas científicas e históricas de lo más excepcionales. Te adoro, Connie Willis, eres una diosa.

Lector, imprescindible si todavía te queda algo de sentido del humor a estas alturas del año; y, si no te queda nada, todavía más imprescindible, para reconfortarte.

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Embassytown, de China Miéville

Avice Benner Cho ha nacido en la colonia Bremen del planeta Arieka, un lugar muy alejado de la metrópolis, el último puerto en el umbral de lo desconocido. En el corazón de su urbe se yergue la Ciudad Embajada, donde los Embajadores han sido diseñados genéticamente para poder comunicarse con los Ariekes nativos, poseedores de un idioma único, sin metáforas, ni polisemia, ni mentiras, pronunciado por dos bocas a la vez: giro y corte. Ariekes y terres viven en paz, comerciando, respetándose mutuamente y con muy poca interacción entre colonos y Anfitriones. Pero cuando Avice, ya adulta, vuelve a su ciudad natal, se encuentra con algo inesperado: el nuevo Embajador de la metrópoli no cumple las reglas de la comunicación con los Anfitriones, lo que pone en riesgo el equilibrio en el planeta con consecuencias catastróficas para cualquier tipo de vida.

«Una vez había oído una teoría, un intento de explicar el hecho de que, por mucho que hubieran viajado las personas, por muy cosmopolitas que fueran, por mucho mestizaje biótico que se diera en sus lugares de origen, no pudiesen mostrarse indiferentes la primera vez que veían a un miembro de cualquier raza exot. La teoría afirma que estamos integrados en el bioma Terre, y que cada vez que tenemos un atisbo de algo que no desciende de esa cepa original, nuestro cuerpo sabe que no deberíamos siquiera verlo.«

China Miéville es uno de los autores contemporáneos de ciencia ficción y literatura fantástica más aclamados por la crítica y los lectores. Es el único escritor que ha sido galardonado tres veces con el prestigioso premio literario Arthur C. Clarke Award y dos veces con el British Fantasy Award. En 2012, cuando publicó por primera vez Embassytown, se le otorgó el premio Locus a la mejor novela de ciencia ficción del año. Este es el primer título que leo del autor, porque sabéis que no suelo frecuentar mucho del género de la ciencia ficción, y se va directo a mis lecturas más impresionantes de este año.

Los críticos literarios comparan a China Miéville con Kafka, George Orwell, Raymond Chandler, Philip K. Dick, y aunque solo he leído Embassytown, su escritura clara y precisa para tratar cuestiones muy complicadas sí que me ha recordado a Kafka. Eso no significa que Miéville no posea un estilo propio muy marcado -brillante, inteligente, rotundo- y que su novela no sea original e innovadora. Al principio, su lectura me ha parecido difícil porque el worldbuilding es abrumador y el autor no se para a explicarlo sino que deja que sea el propio lector quien se zambulla de golpe en ese nuevo mundo y vaya comprendiendo por sí mismo (lo que ocurre al cabo de pocos capítulos, no sufráis). Es admirable la habilidad de Miéville para jugar con ingredientes de la ciencia ficción y la fantasía clásicas, pero también con elementos de la novela negra, el thriller político y -atención porque se trata de la cuestión principal de Embassytown- con cuestiones lingüísticas. Y es que la protagonista indiscutible de esta novela es la lingüística, la semántica, las paradojas del lenguaje, la polisemia, la relación entre lenguaje y pensamiento, la significación y el yo, la traducción, la intencionalidad del lenguaje, la estructura de un idioma, la mentira y la metáfora, etc. China Miéville inventa una civilización con un lenguaje nominativo que de pronto choca con otro tipo de lenguaje, el humano; y es alrededor de este punto de implosión que la trama de Embassytown se vuelve cada vez más alucinante.

Sé que es una novela difícil de reseñar y de recomendar, sobre todo porque al principio resulta desorientadora para los lectores que no solemos acercarnos a menudo a la ciencia ficción. Pero si sois valientes y os apetece conocer a uno de los escritores vivos más interesantes de nuestra época, os animo a que tengáis paciencia y le deis una oportunidad.

Lector, extraño y maravilloso. Imprescindible para lingüistas.

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