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Los que cambiaron y los que murieron, de Barbara Comyns

La vieja casona de los Willoweed, en el condado de Warwickshire amanece inundada. Las lluvias primaverales han desbordado el río cercano, alrededor flotan gatos, cerdos, pavos y gallinas ahogados y los muebles de la planta inferior han quedado medio varados en un lodazal. Ebin Willoweed se mudó allí con sus tres hijos, Emma, Dennis y Hattie, al enviudar y quedarse sin trabajo, pero no hay día que no lamente la dependencia económica de su espantosa madre. Cuando a la inundación le siguen una serie de extrañas y grotescas muertes, Ebin, sin ningún escrúpulo, ve una oportunidad para escapar. Hasta que la misteriosa epidemia desata el caos en Warwickshire y cambia para siempre la vida de sus habitantes.

«Después de comer volveré a salir con la barca; quizá vea algo que merezca la pena. Tiene que haber un montón de cosas interesantes tras una inundación de esta envergadura. Seguro que entre tanta agua alguien se habrá ahogado. Me llevaré a Hattie; esta se apunta a un bombardeo. Emma es peculiar, un bicho raro como su madre; en cambio Hattie es pura alegría, la mejor de la pandilla con diferencia. Evidentemente no es hija mía, no me creo esas bobadas de pueblo de que sea negra porque Jenny muriera antes de dar a luz; eso no son más que cuentos de viejas.«

Barbara Comyns (1909-1992) nació en el condado inglés de Warwickshire, en una casa sobre la ribera del río muy parecida a la de la vieja Willoweed. Antes de dedicarse a escribir ficción, se ganó la vida de las más diversas formas (criadora de caniches, cocinera, vendedora de coches…) y se casó en segundas nupcias con un funcionario de Foreign Office con el que vivió en Ibiza y en Barcelona durante casi dos décadas. Los que cambiaron y los que murieron es la primera novela que leo de la autora y me ha dejado tan boquiabierta que ya ando decidiendo si el próximo título que escoja de la autora será Y las cucharillas eran de Woolworths, La hija del veterinario o El enebro (una adaptación de Del enebro, la historia de los hermanos Grimm que leí en Halloween).

Ambientada a principios del verano de 1911, Los que cambiaron y los que murieron es una historia excéntrica y oscura, con un punto de humor negro, misterio sangriento en una comunidad pequeña de la campiña inglesa y familia disfuncional. Cuando se publicó por vez primera, en 1954, fue prohibida en Irlanda por la crudeza de sus descripciones, aunque Mrs. Hurst y yo sospechamos que en un país católico tampoco debió sentar demasiado bien una novela en la que se sucedían suicidio, asesinato, fornicación y adulterio, aderezado con algunos pecados como la gula, la lujuria, la pereza o la ira, sin que la autora diese señal alguna de condena, mensaje moralizador o arrepentimiento.

Me ha encantado la historia y su excéntrica familia protagonista, digna de una adaptación cinematográfica dirigida por Tim Burton. Me ha parecido una novela impecable, exquisita, macabra y genial. Pero sobre todo me ha deslumbrado Barbara Comyns, una de las escritoras más inteligentes que he tenido el privilegio de leer. Precisa y demoledora, Comyns evoca una escena, una sonrisa, una idea o un escalofrío en la mente del lector con apenas una frase corta o dos palabras. Sugiere más que cuenta, muestra contundente más que explica. Me ha parecido de una maestría extraordinaria, con reminiscencias de Edward Gorey, Rohan O’Grady, Rachel Ferguson y Shirley Jackson, pero con un estilo propio, magnífico y jocosamente tenebroso.

Lector, del todo rendida a los pies de Mrs. Comyns.

También te gustará: Del enebro; Siempre hemos vivido en el castillo; Matemos al tío; La tienda de los suicidas

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Del enebro, de Jacob L. y Wilhelm K. Grimm

Érase una vez, hace muchos, muchos, años, un matrimonio que se amaba profundamente. Vivían en una casa con un jardín presidido por un hermoso enebro que procuraba sombra, aroma, frutos y consuelo a una esposa desolada porque no podía ser madre. Un día de profunda tristeza, la mujer se sentó bajó el enebro y deseó de todo corazón tener un hijo blanco como la nieve y rojo como la sangre.

«Un día de invierno, estaba la mujer a la sombra del árbol pelando una manzana y, mientras la pelaba, se cortó un dedo y la sangre cayó en la nieve.
—¡Ay! —dijo la mujer y elevó un suspiro al cielo mientras miraba la sangre, con melancolía—. ¡Ojalá tuviera un niño tan rojo como la sangre y tan blanco como la nieve! Y al decir esto, le invadió una dicha enorme y se sintió afortunada, como aquello fuese una premonición.«

Jacob Ludwig Grimm (1785-1863) y Wilhelm Karl Grimm (1786-1859) fueron dos investigadores y lexicógrafos alemanes que recopilaron y consagraron por escrito parte de las leyendas, folclore y cuentos de hadas de tradición oral centroeuropeos. Sus relatos, traducidos a casi todos los idiomas, siguen siendo muy populares en nuestros días y, aunque nos sorprenda, su adaptación de los cuentos de hadas de tradición oral suavizó la violencia y crueldad de las versiones originales. Los hermanos Grimm publicaron por primera vez Del enebro en 1812, una historia horripilante —la he leído en Noche de Difuntos— que, como bien apunta Adriana Bertorelli en la introducción de la preciosa edición de Jekyll & Jill, a Shakespeare le hubiese encantado escribir «porque tiene reunidos, en un solo cuento, infanticidio, canibalismo, traición, envidia, crueldad extrema y una mala suerte cosmogónica«.

Los hermanos Grimm se autocensuraron muchos de los cuentos recogidos en el volumen de Cuentos de la infancia y del hogar. A lo largo de los años, llegaron a maquillar las versiones para hacerlas menos espantosas —quizás los niños del siglo XVIII tenían un temple distinto— y excluyeron algunos títulos por su crudeza, entre ellos, Del enebro. Y no puedo contar más porque la historia es tan breve e intensa que no me gustaría desvelar más de lo que os he contado. Al igual de Blancanieves, el punto de partida es una manzana y el pensamiento «blanco como la nieve, rojo como la sangre» y, aunque también salen madrastras malvadas, os prometo que no hay príncipe salvador. Como dice Adriana Bertorelli, que no os confunda la historia, pues los cuentos de hadas no son más que la metáfora de una sucesión de pruebas a superar para ingresar en la edad adulta.

Lector, una historia terrorífica y sangrienta que se lee en un escalofrío.

También te gustará: La nueva madre

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El libro de los hechizos de lo perdido y lo encontrado, de Moïra Fowley-Doyle

Olive se despierta junto a la hoguera apagada de la fiesta de la noche anterior. Ha perdido un zapato, la chaqueta, su pulsera preferida, un pasador de pelo y a Rose, su mejor amiga. Pero lo que más asusta es que no recuerda cómo ha sucedido. Cuando vuelve al instituto, se da cuenta de que todos los chicos que estuvieron en la fiesta perdieron algo, aunque Rose se empeñe en asegurar que a ella no le sucedió nada. Laurel, Holly y Ash lanzaron un hechizo para encontrar sus diarios perdidos, pero obviaron ofrecer un sacrificio a cambio y ahora deben estar dispuestas a aceptar las terribles consecuencias. Hazel, Rowan e Ivy ocupan una casa en Oak Road a la espera de recibir noticias de sus padres, mientras luchan contra sus propios demonios, que no parecen estar dispuestos a perderse. Olive, Rose, Laurel, Holly, Ash, Hazel, Rowan, Ivy… cada árbol, cada arbusto, tiene un papel que desempeñar en este terrible conjuro que parece haber afectado al pueblo, al bosque y a algo que estaba perdido y no debería haber sido llamado de vuelta.

«Pero ten cuidado con lo que pactas: cada cosa perdida requiere un sacrificio. Una nueva pérdida por cada cosa encontrada que haya sido invocada.«

Moïra Fowley-Doyle es una joven escritora dublinesa a la que conocía por todas las buenas reseñas que leí de su novela La temporada de los accidentes. Cuando vi que tenía un libro posterior con el maravilloso título de El libro de los hechizos de lo perdido y lo encontrado me lo compré. Ahora ya sabéis mi oscuro secreto: no solo compro libros por sus portadas bonitas, por sus sinopsis excéntricas o porque tengan la palabra bosque en el título, también lo hago si el título es tan molón como Moriré besando a Simon Snow o El libro de los hechizos de lo perdido y lo encontrado.

Me ha gustado la novela de Moïra Fowley-Doyle, sobre todo por lo bien que va tejiendo la urdimbre de los hilos entrecruzados de su trama. La autora maneja una cantidad importante de personajes protagonistas, aunque solo le da voz narradora a tres de ellas: Olive, Laurel y Hazel. A través de estas tres narraciones comprendemos su situación y sus relaciones con el resto de personajes, y son ellas el motor de una historia que crece en suspense a medida que pasamos sus páginas. Aunque los personajes no me han parecido especialmente reseñables, son creíbles y están todos al servicio del misterio sobrenatural (el hechizo) que constituye el mayor atractivo del título. Sin embargo, el detalle que ha terminado de enamorarme es la pericia de la autora para caminar por la línea finísima que separa la alegoría de lo sobrenatural, y cómo se mezclan y se confunden las realidades de los personajes con el recuerdo, el anhelo y el miedo hasta que el lector no está seguro de si se trata de magia o de una bellísima metáfora sobre todo lo que hemos perdido alguna vez. Una excelente novela young adult que resulta muy entretenida y curiosa para los lectores adultos por su originalidad sobrenatural y lo bien que domina la autora los tiempos y los hilos de la trama. La pena es que la traducción deja mucho que desear.

Lector, cuidado con lo que deseas porque no todo lo perdido debe volver.

También te gustará: El jardín de los hechizos; El libro de los hechizos; Las furias

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En el corazón del bosque, de Jean Hegland

Nell y Eva viven en la última casa de la carretera, a quince kilómetros de cualquier vecino, a una hora de Redwood y a tres de San Francisco. Sus padres han preferido educarlas en casa, pero a medida que se aproximan a la edad adulta, Nell se prepara para entrar en Harvard y Eva para la compañía de ballet de la gran ciudad. Y entonces, su mundo empieza a desmoronarse despacio pero inexorablemente. No hay electricidad, el petróleo se agota, los comercios de Redwood cierran, los programas de radio enmudecen tras semanas de inquietantes noticias sobre guerras, desastres nucleares y naturales y desplomes financieros, ningún avión sobrevuela sus cabezas, sus distantes vecinos desaparecen. De repente, la civilización no es más que un recuerdo y se han quedado solas en medio de un bosque que siempre les ha parecido hostil. Por primera vez, sobrevivir depende solamente de ellas dos.

«Pero quizás sí había ocurrido algo. Porque cuando el bosque empezó a emerger de la borrosa oscuridad, apenas nos sentimos aliviadas al verlo. Ya no era el lugar agradable de nuestra infancia, ni siquiera el lugar neutral que había sido el día anterior. El bosque que se revelaba a medida que la noche retrocedía era un lugar duro, indiferente, donde un hombre podía verter su sangre en el suelo, y los árboles, las rocas y la ensangrentada tierra permanecerían impasibles. Solo los buitres, los jabalíes y los gusanos se interesarían por lo que había sucedido.«

Jean Hegland (1956) es una profesora norteamericana de literatura que saltó a la fama con En el corazón del bosque, su primera novela, que fue adaptada a la gran pantalla en 2015. No he visto la película ni conocía a la autora hasta que me topé con esta edición de errata naturae y confieso que me la compré más por la editorial (cuyo catálogo es muy de mi agrado) que no por la sinopsis, sobre todo porque no me apetecía leer sobre pandemias. No os preocupéis que no van por ahí los tiros.

Nell, la hermana mayor que se está preparando para estudiar medicina en Harvard, es la voz narradora de En el corazón del bosque. La historia comienza cuando Eva le regala un cuaderno y ella decide poner por escrito todo lo que está pasando. Es una narración circunscrita a su pequeño claro en el bosque, puesto que ya no tienen posibilidad alguna de comunicarse con el exterior, y se va haciendo cada vez más íntima y extraña a medida que Nell siente la llamada de lo salvaje. La voz de la protagonista es reflexiva, serena y desapasionada, el contrapunto perfecto a la debacle que están sufriendo sus vidas, que es lo que le otorga originalidad a la novela.

Pese a sus casi 400 páginas, es un libro que se lee con rapidez, sobre todo la primera mitad, en la que la autora nos atrapa con la relación familiar de las dos hermanas y su excéntrico universo. Me ha gustado más esa primera mitad, en la que los anhelos de las chicas y su rito de iniciación a la madurez se suceden con el fondo de un fin del mundo que la autora siempre mantiene —en mi opinión, muy acertadamente— como un terrible telón de fondo. Hacia el último cuarto de libro, la novela se ralentiza y una no puede dejar de preguntarse cómo es posible que dos hermanas tan inteligentes no se diesen cuenta antes de que el bosque les ofrecía, a las puertas de su casa, todo lo que necesitaban para sobrevivir. He echado en falta mayor protagonismo del propio bosque —por algo aparece en el título—, al que a su vez le falta algo de fuerza para desempeñar el papel de los bosques siniestros de los hermanos Grimm o a los bosques protectores de la leyenda de Robin Hood.

Lector, una lectura original y de estupenda prosa que te gustará seguro.

También te gustará: Estación once; El año del diluvio; El pasaje; Un año en los bosques; Indian Creek

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En el corazón del bosque

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La mujer de púrpura, de Jeanette Winterson

En 1603, tras la muerte sin descendencia de la última reina Tudor, Isabel I, fue Jacobo Estuardo quien heredó el trono de Inglaterra. Hijo de María I de Escocia, había sido nombrado rey de Escocia durante su primer año de vida, por lo que pasó a la Historia como Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra y de Irlanda. Solo dos obsesiones tenía el nuevo rey inglés: perseguir la brujería y erradicar el catolicismo de sus tierras. Y a ambas se entregó con pasión, llegando algunas veces a parecerle lo mismo una misa negra que la santa misa. Sin embargo, no le fue demasiado bien en sus primeros años de reinado, pues en 1605 tuvo que lidiar con la Conspiración de la pólvora —un grupo de activistas católicos liderados por Guy Fawkes atentaron contra el Parlamento con el objetivo de asesinar a Jacobo y a la aristocracia protestante— y en 1612, los procesos contra las brujas de Lacanshire —probablemente un montaje para descubrir y procesar a los católicos que se ocultaban en la región, algunos prófugos de la Conspiración de la pólvora.

«Es imposible caminar por aquí y sentirse solo. Quienes han nacido en este lugar están marcados por Pendle. Comparten una marca común. Todavía pervive la tradición, o la superstición, de que las niñas nacidas en Pendle Forest son bautizadas dos veces: una en la iglesia y la otra en una poza negra al pie de la colina. La colina las conocerá entonces. Serán su trofeo y su sacrificio. Ellas deben aceptar el derecho derivado de su nacimiento, sea cual sea su significado.«

En La mujer de púrpura, Jeanette Winterson novela el proceso por brujería más famoso de Inglaterra: los juicios de las brujas de Lancashire. Entre abril y agosto de 1612 fueron quemadas en la hoguera ocho mujeres acusadas de practicar la brujería, entre ellas, Alice Nutter, una hermosa y rica viuda, comerciante de paños, alquimista y discípula del doctor John Dee. Avisa Winterson en el prólogo que, pese a basarse en hechos reales, su novela no deja de ser una aproximación ficticia con elementos sobrenaturales. Aunque lo cierto es que ha reflejado magníficamente el clima político y religioso de la época y ha sabido sacar partido al mayor misterio de los documentos originales: ¿por qué una mujer educada y rica como Alice Nutter fue juzgada y quemada junto a la chusma de Lancashire?

Con la inteligencia que la caracteriza, Jeanette Winterson entrelaza muy bien la recreación de personajes y hechos reales con una trama sobrenatural apasionada y muy bien ambientada en la Inglaterra de principios del siglo XVII. Destaca el perfil brutal de los cazadores de brujas y la bestialidad en la que vivían los más miserables de la sociedad, que contrasta terriblemente con una Inglaterra isabelina, época dorada de la literatura y el teatro. La autora pone de relieve ese equilibrio continuo entre ciencia y superstición, entre magia y religión, pero sobre todo consigue hechizar al lector en una narración oscura y a menudo escalofriante. La mujer de púrpura es una novela gótica y de misterio sobrenatural, con una prosa precisa y brillante, y una atmósfera envolvente como la niebla del crepúsculo en el bosque de Pendle. Sus personajes, escenas y hechos documentados te dejan helado, y no puedes dejar de pensar que probablemente la realidad fue mucho peor que la ficción.

Lector, atención al divertido cameo de William Shakespeare.

También te gustará: Días de Navidad

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