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Tierra de clanes, de Sam Heughan y Graham McTavish

Sam Heughan y Graham McTavish son dos actores escoceses que, pese a poseer una sólida carrera sobre los escenarios teatrales, han alcanzado fama internacional gracias a la adaptación para televisión de la saga Outlander, de Diana Gabaldon. Dotados de un peculiar sentido del humor, de un profundo romanticismo a lo Walter Scott y de un sincero amor por la tierra, la historia y la cultura de sus ancestros, estos dos amigos recorren las Highlands con sus kilts, su nostalgia y su buen rollo. Entre anécdotas, paisajes y castillos, Sam y Graham reflexionan sobre la historia Escocesa, los clanes, las batallas de Glencoe o de Culloden, las claymore, el caracter indómito de la tierra, la literatura de Cawdor, los vikingos, la herencia de Yule, Beltane o Samhein, el whisky o las Munro.

«Hoy no bromeamos tanto porque ambos estamos pensando en Culloden y la visita que nos espera. Es el culmen de nuestro viaje y nos conmueve al ser escoceses (y miembros del reparto de Outlander) porque sabemos lo significativo que este punto de la historia fue para nuestra tierra natal.«

El Ingeniero, que sabe de mi amor por un país que tiene un unicornio como animal nacional, un montón de castillos con fantasmas, Macbeth y la Scott View, me regaló Tierra de Clanes por Sant Jordi. Lo he leído despacio, saboreándolo como un buen whisky de Glencoe, un capítulo cada noche antes de ir a dormir. No importa que no sea fan de Outlander y que apenas conozca a estos dos autores, me ha parecido que juntos hacían magia. Su complicidad, su profunda amistad y su socarrón humor escocés hacen de este libro una aventura nostálgica y bella a través de las highlands, pero también una reflexión personalísima de Sam Heughan y Graham McTavish sobre sus respectivas carreras profesionales y experiencias vitales, dos viajeros a los que la aventura  escocesa cambia la mirada para siempre.

Han transcurrido unos cuantos años desde que visité las highlands. Recuerdo que fue a principios de agosto, que encontré más ovejas que personas a lo largo de la ruta y que a menudo debía enfundarme el polar. El paisaje era tan hermoso que daban ganas de llorar, seguir la pista de sir Walter Scott, de Wallace o de Macbeth era un privilegio histórico-literario, las ruinas góticas de las abadías, los castillos, la historia de los clanes, todos aquellos lagos y la isla de Skye… Mientras leía Tierra de clanes me di cuenta de lo mucho que me apetecía volver a Escocia. Sin duda, un libro divertido, aventurero y nostálgico sobre las highlands a través de los siglos, pero también una bonita historia sobre la amistad y el amor por Escocia, el whisky y el teatro.

Lector, lo disfrutarás igualmente aunque no hayas leído Outlander.

Si te apetece, también tienes la mini-serie: Men in kilts

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Tierra de clanes

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Mary Poppins, de P. L. Travers

Sopla viento del este y, por la calle del Cerezo, Jane y Michael Banks ven llegar volando a su nueva niñera. La joven responde al nombre de Mary Poppins y ni te atrevas a hacerle preguntas impertinentes. Coqueta, decidida y testaruda, Poppins es puro misterio y enigma. Siempre que Jane y Michael salen de paseo con ella les ocurren las cosas más extrañas y maravillosas, como tomar el té suspendidos a dos metros sobre el suelo, entrar en un cuadro, descubrir tiendas de pan de jengibre y estrellas o dar la vuelta al mundo con una brújula encantada. Nadie les creería si lo contasen, ni la misma Mary Poppins parece darles demasiada credibilidad, pero los niños Banks nunca había sido más felices que con su nueva niñera.

«Cuando abrió la bolsa, Jane y Michael se quedaron sorprendidísimos al comprobar que estaba completamente vacía.
-Pero, ¡si no hay nada dentro! -dijo Jane.
-¿Cómo que nada? -repuso Mary Poppins, incorporándose y mirándola como si se sintiera muy ofendida-. ¿Que no hay nada dentro, dices?
Y al momento sacó la bolsa vacía un delantal blanco, todo almidonado, y se lo ató a la cintura. A continuación, extrajo una gran pastilla de jabón, un cepillo de dientes, un paquete de horquillas, un frasco de perfume, una pequeña butaca plegable y una caja de pastillas para la garganta.«

Pamela Lyndon Travers, o P. L. Travers, es el seudónimo con el que la actriz y periodista Helen Lyndon Goff (1889-1996) publicó las novelas protagonizadas por una niñera bruja llamada Mary Poppins. Aunque Travers nació y creció en Australia, en 1924 se mudó a Londres, donde siguió publicando sus poemas y conoció a Yeats y a la élite literaria de la época. Cuenta la leyenda que fue durante la convalecencia de una enfermedad, guardando cama, cuando el editor de los poemas de Travers le recomendó que escribiese una novela y así nacieron las aventuras de Mary Poppins. Al igual que la famosa niñera, a su autora no le gustaba dar explicaciones, pero se dice que lloró de rabia cuando vio la versión cinematográfica de su creación más preciada.

Cuando empecé a leer Mary Poppins, MH me advirtió de que me olvidase de la versión cinematográfica. Sin embargo, aunque efectivamente la protagonista de la novela no se parece a la de la gran pantalla, a mí me ha gustado más el personaje literario que el encarnado por Julie Andrews. La Mary de P. L. Travers es misteriosa, coqueta y a menudo tajante y poco simpática con sus niños (me encantan sus zascas). Nadie canta ni baila, excepto los pájaros, y cada capítulo es una aventura excéntrica y sobrenatural. En ningún momento de la novela se dice que Mary Poppins sea bruja, pero todo a su alrededor es pura magia. Me ha gustado la prosa de la autora, ingeniosa y sutil, y sobre todo la imaginación desbordada y los sorprendentes giros de cada capítulo, así como la ausencia de admoniciones moralizantes para niños. Ha sido un bálsamo agradable y simpático para compensar la decepción de Wicked.

Lector, un clásico excéntrico, divertido y simpático que no se parece a su adaptación cinematográfica.

También te gustará: El hotel Winterhouse; Los hermanos Willoughby; Los cinco frascos; Peter Pan y Wendy

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Wicked, de Gregory Maguire

La humilde casa del predicador unionista Frex y su esposa Melena se ve dudosamente bendecida por el nacimiento del primer retoño del matrimonio: un salvaje bebé verde con dientes de tiburón. Convencido de que la culpa lo ha maldecido, Frex bautiza a su niña con el nombre de Elphaba y parte a evangelizar las tierras más oprimidas por el Mago de Oz. El pequeño engendro verde crece medio salvaje bajo la distraída supervisión de una madre ausente y la vieja Nana; extraña e inquietante, poco esperan de la heredera de la casa Thropp, hasta que Elphaba ingresa en la universidad de Shiz, una academia controlada por los esbirros del Mago, que está aniquilando a los Animales con sus políticas genocidas. Verde, alérgica al agua, a la injusticia y a cualquier religión, Elphaba se pregunta si un ser que ni siquiera cree tener alma es malo por naturaleza o si son los actos despiadados de un tirano los que tienen la clave de un destino que la convertirá en la Malvada Bruja del Oeste.

«La gente que dice ser malvada no suele ser peor que el resto de nosotros. Pero la gente que dice ser buena, o mejor que los demás en algún aspecto, esa gente sí que es peligrosa.«

Gregory Maguire (Nueva York, 1954) escribe en Wicked. Memorias de una bruja mala una interpretación del clásico de L. Frank Baum, El maravilloso mago de Oz, desde el punto de vista de Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste. El punto de partida es, como poco, curioso, con un bebé verde de dientes de tiburón en el seno de una familia disfuncional y de un reino bajo la creciente tiranía del Mago de Oz. Maguire crea un personaje protagonista lleno de fuerza, insólito en un país mágico: Elphaba no cree en la magia, ni en los dioses, ni en las almas, pero tiene la terrible certeza —quizás porque así lo escribió Baum— de que ella es malvada. El juego literario es casi infinito y Maguire sigue un camino de baldosas amarillas a través de una docena de espejos circenses, esos que devuelven una imagen deformada para crear nuevos personajes.

Wicked se lee con fluidez porque, como dice Ursula K. Le Guin, Gregory Maguire escribe con nobleza y con un buen estilo personal. Sin embargo, mucho me temo que los lectores que se asomen a esta novela con el recuerdo reciente de El maravilloso mago de Oz quedaran algo confusos: el Oz de Maguire es un Oz que se esfuerza por desdeñar la magia, que viste de una cruda realidad un país de fantasía dotándolo de política, genocidio, depresión económica, explotación ecológica, terrorismo, etc. sin disfraz mítico ni metáfora ni alegoría. Elphaba, la protagonista, parece lidiar contra el destino que escribió para ella L. Frank Baum y, aunque termina convirtiéndose en la Malvada Bruja del Oeste porque así está escrito, es un personaje que desprecia la magia y que se cuestiona continuamente sobre la maldad o la bondad de sus actos. Eso es lo que más me ha gustado de Wicked, su protagonista tan peculiar y única, un ser que no acepta ninguna verdad hasta que no la investiga por sus propios medios, que tiene un sentido de la justicia muy desarrollado y que a lo largo de toda su vida miente una sola vez. En mi opinión, la novela de Maguire es magnífica durante la primera mitad porque es entonces cuando nos presenta a la singular Elphaba en todo su esplendor, y va perdiendo fuelle a medida que la trama se estanca y su protagonista entra en un sopor pasivo inexplicable. Lo que menos me ha gustado ha sido el capítulo final, una sarta de alucinaciones extrañas que no he entendido y la terrible sensación de que Elphaba no se merecía ese maltrato literario.

Lector, me pregunto cómo será el musical.

También te gustará: Las brujas de Eastwick; Róndola

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Clima, de Jenny Offill

Lizzie es una bibliotecaria de paciencia infinita y afilada empatía que ejerce casi de psicóloga con los usuarios de su biblioteca. Es madre de un niño peculiar, esposa de un programador de juegos educativos que la adora tal y como es, y hermana de un inseguro drogodependiente a punto de casarse con una mujer demasiado mandona. Cuando una de sus profesoras de la universidad le ofrece trabajo contestando las dudas y mensajes de una famosa página web dedicada al cambio climático, Lizzie se siente más consciente que nunca del fin del mundo; entonces, inesperadamente y para confirmar sus peores miedos, Donald Trump gana las elecciones. En casa dudan entre dejarse llevar por el pánico o aceptar esa sensación paralizadora que acompaña a las grandes catástrofes.

«Debo preparar la maleta, pero en la habitación algo hace zum-zum. No veo qué es, aunque siento cómo se estampa contra el cristal. Una abeja, tal vez, o una avispa. Cerca del estor, me parece. La atrapo con una taza y una ficha. Dentro de la taza, silencio. Cuesta no pensar que es alegría, cuando la lanzo por la ventana y sale volando.«

Jenny Offill, es una escritora y profesora norteamericana, que ha recibido varios premios, reconocimientos y menciones desde que publicó su primer libro, en 1999. Clima (Weather en el original y Com el temps en catalán) es su tercera novela, una instantánea original y brillante de la vida en un barrio de Nueva York, pero también de un mundo globalizado suspendido al borde del abismo. El nombre de la autora me resultaba familiar de su anterior novela —que no he leído—, Departamento de especulaciones, pero lo que me llamó la atención en la biblioteca fue el precioso diseño de cubierta de la edición catalana de Ara Llibres, y que la protagonista fuese una bibliotecaria. La traducción de Yannick Garcia me ha parecido extraordinaria.

Clima es una novela corta, casi un palimpsesto de escenas, pensamientos y emociones protagonizadas por una mujer demasiado sensible y empática para vivir entre tanta agresividad y locura. Narrada en primera persona, Offill hace gala de un estilo muy personal, de frases cortas y precisas, luminoso y a menudo colmado de humor y belleza sutiles. Es complicado resumir el argumento sin destripar la historia, aunque en mi opinión los momentos cumbre de la novela son las escenas en la biblioteca con los usuarios chalados, los minutos de espera en la puerta del colegio para dejar o recoger al hijo de la protagonista —ese momento Bernadette huyendo de las otras mamás es real como la vida misma—, las preguntas y las respuestas de los hippies y/o apocalípticos sobre el fin del mundo y ese momento de pánico cuando Ben y Lizzie se paran a pensar en la repercusión catastrófica de la presidencia Trump. Clima me ha sorprendido por su frescura y su originalidad, pero sobre todo por esa narración intimista y encantadora, y esa mirada clara y sin prejuicios al fin del mundo tal y como lo conocemos.

Lector, si necesitas algo diferente y te apetece un autora de voz personalísima, te la recomiendo.

Os dejo aquí la cubierta de la edición en catalán, que es la que he leído.

También te gustará: Cómo comportarse en la multitud; Mi familia y otras especies en extinción; Apocalipsis para principiantes; El devorador de libros; Dónde estás Bernadette; Hoy todo será distinto

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Com el temps

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Las esferas del tiempo, de Rubèn Montañá

Unas semanas antes de que se celebre la Exposición Universal de 1888 en Barcelona, Domènec, un muchacho de inquietante aspecto con un don inusual, descubre que no está solo en el mundo: Mariana, una niña de su edad, es capaz de volverse invisible a su antojo. Bajo la protección de don Sebastián, un aventurero con poderes telequinéticos y un brazo artificial, Domènec y Mariana se embarcan en una terrible peripecia en busca del Basilisco, un peligroso asesino capaz de petrificar a sus víctimas con una sola mirada. La aventura se complica tenebrosamente con el robo de unas misteriosas esferas capaces de manipular el tiempo, la resurrección de los inventos de Narcís Monturiol, la ayuda de Eusebio Güell, la vuelta del egiptólogo Eduard Toda en extrañas circunstancias, y una serie de catastróficas y tenebrosas desdichas a contrarreloj por las calles de la Barcelona de finales del siglo XIX.

«El Basilisco es una criatura legendaria, capaz de petrificar a aquellos que se atreven a mirarle a los ojos. Como él, este asesino que se pasea libremente por nuestra ciudad es capaz de inducir a sus víctimas a un estado cataléptico. Los forenses y los ignorantes doctores de nuestra época no han logrado determinar la causa ni encontrar ningún remedio.«


Editorial La Galera
Colección: Narrativa singular
Juvenil (a partir de 12 años), fantástica, steampunk, ciencia ficción
300 páginas
Fecha de publicación: abril de 2021
ISBN: 978-8424669591

Rubèn Montañá Ros es un escritor y dramaturgo nacido en Badalona en 1983, autor galardonado de diversas obras de literatura infantil y juvenil. Las esferas del tiempo, su última novela, fue merecedora del Premio Joaquim Ruyra 2020, editada por La Galera en castellano y en catalán. Con un diseño de cubierta bellísimo, una sinopsis sugerente, la etiqueta de steampunk, su prestigioso premio y la promesa de la Barcelona de 1888, este libro es una tentación en la que ningún lector curioso se arrepentirá de caer.

Las esferas del tiempo es una novela con un planteamiento muy atractivo que termina por ofrecer mucho más de lo que promete al principio. Me ha encantado su ambientación en la terrible y a la vez maravillosa Barcelona de finales del siglo XIX, con ese contraste entre la explotación inhumana de los trabajadores y un tiempo de prodigios científicos y Exposiciones Universales. Mossen Cinto Verdaguer, Narcís Monturiol, Eusebio Güell y Eduard Toda se mueven entre las capas de misterio, prodigios e inventos, que acompañan a los protagonistas ficticios de esta novela de aventuras fantásticas; pero también de un realismo dickensiano en una ciudad en la que la esperanza de vida, en 1888, era apenas de veintitrés años: obreros alcoholizados, hacinados en cuchitriles insalubres, soportando jornadas de catorce horas de trabajo bajo el látigo del capataz a cambio de un mísero salario… Sin duda, la documentación de fondo de Las esferas del tiempo es concienzuda y contribuye a enriquecer una trama compleja (anarquismo, mitología, egiptología, gabinetes de curiosidades, alquimia, la civilización perdida de la Atlántida…) que mantiene la tensión y el suspense hasta los extraordinarios capítulos finales.

Me ha gustado muchísimo esta novela juvenil, por sus personajes, por su toque oscuro y por ese aire de aventuras clásicas victorianas steampunk desbordante de imaginación (que tanto se agradece en un libro de este género). Pero también la he disfrutado por la prosa precisa y elegante de Rubèn Muntañá, por su soltura narrativa y por su don para recrear situaciones, objetos y personajes prodigiosamente peligrosos y terribles con tanta naturalidad. Si decir que Las esferas del tiempo es una novela que no da ni un momento de respiro al lector es un cliché de reseñistas, me declaro culpable, pero sigue siendo cierto. Palabrita que vais a encontrar una novela original, misteriosa, muy entretenida, bien escrita y ambientada… y sí, un poco inquietante.

También te gustará: Athenea y los elementos; Constable & Toop; La agencia Lockwood; El hotel Winterhouse; Las crónicas del viajante

Puedes encontrar más información en:
La Galera: Las esferas del tiempo
La Galera: Les esferes del temps

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