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Sorteo de un ejemplar de «Adiós, señor Chips»

El 9 de junio, Trotalibros Editorial lleva a las librerías el clásico de James Hilton, Adiós, señor Chips, una encantadora novela británica de 1934 sobre el profesor más querido de la escuela de secundaria Brookfield.

James Hilton (Lancashire, Inglaterra 1900 – California, EUA 1954) fue un escritor inglés de ficción conocido sobre todo por Horizontes lejanos, llevado a la pantalla por Frank Capra. En Adiós, señor Chips, Hilton nos presenta a un personaje único, excéntrico, divertido y entrañable, un viejo profesor que rememora su vida académica y personal en el ocaso de su vida.

Os dejo la sinopsis de Adiós, señor Chips AQUÍ

Con una prosa muy inglesa y elegante, y su gran sentido del humor, Hilton crea a través de su propia memoria un personaje entrañable que conmueve por su honesta actitud ante la vida pero, sobre todo, por su capacidad de escuchar a los demás, cambiar con el siglo y amar con generosidad.

Es una de mis novelas feelgood preferidas, de esas que suelo recomendar cuando hablamos de James Herriot, de D. E. Stevenson o de Angela Thirkell, por eso me hace tanta ilusión que Trotalibros la haya escogido para su línea de veranos feelgood. El libro de James Hilton es una delicia, pero también lo es esta edición en tapa dura e ilustrada por Jordi Vila Delclòs y traducida por Concha Cardeñoso Sáenz de Miera.

Sé que, si eres habitual de Serendipia, esta novela te va a encantar. Así que, por cortesía de Trotalibros Editorial, te invito a participar en el sorteo de un ejemplar de Adiós, señor Chips.

La participación es muy sencilla, solo debes tener una dirección postal en España y publicar un comentario en esta entrada. Si deseas puntos adicionales, puedes difundir el sorteo en redes sociales (un punto por cada red social, pero no te olvides de incluir los enlaces en tu comentario).

El sorteo finaliza el miércoles 9 de junio a medianoche. Comunicaré el ganador en esta misma entrada de Serendipia.

¡Suerte!

Os dejo aquí la lista de participantes con su número:

Jaime Alberto (1)
Omduart (2)
Adol (3)
Noelia (4-5)
Marta (6)
Elena (7)
Mario (8)
Berta (9)
Lectora empedernida (10)
Carmen (11)
Anna (12)
Cristina López (13)
Alba (14-15)
Noemí (16)
Lucía (17)
Yanitza (18)
Andrea (19)
María Jesús (20)
Mar (21-22)
Raquel Pavón (23)
Ainhoa (24)
ÉireEyre (25)
Susana (26)
Mònica (27)
Belén Ferrero (28)
Sara (29)
Esther (30)
Xiana (31)
Cristina Romero (32)
Adrián (33)
TOC libros (34)
Ana Lara (35)
Mari Carmen Padilla (36)
Silvia (37)
Lara (38)
Susana Sebastián (39)
Sonia (40)
Luis (41)
María Lourdes Zorrilla (42)
Gina (43)
Marisol (44)
_MontseBcn_ (45)
Nitocris (46-47-48)
Goretti (49-50)
Carla (51)
Nayat (52)
Juan Antonio López (53)
Gabriela (54)
Bea (55)
Dorothy (56)
Carolina (57)
Margari (58-59)
Enfermera lectora (60)
Raquel (61-62)
Aida (63)
Maria (64)
Pilar (65-66)
Inés (67-68)
Mavi Pastor (69)
Isabel (70-71)
Manoli (72)
Anabel Samani (73)
Gonzalo Gonzalo (74)
Adrián (75)
Thais Cantero (76)
Nuria García (77)
Cris (78)
Silvia Tomé (79)
José Fernando Ponce (80)
Isabel García (81-82-83)
Begoña Herrero (84)
Dario (85)
Luis R (86-87)
Rosa (88)
Javier G (89-90)
Esther (91)
Letras Parlanchinas (92)
Noelia (93)
Encarni (94)
Edi (95)
Silvia G (96)
Norah Bennett (97)
Raquel G (98)
Nomdeploma (99-100-101)
Guacimara (102-103-104)
Victoria (105)
Nuria Higuero (106-107)
Miranda M. (108)
Rocío Mis Apuntes de Lectura (109-110)
Yaiza (111-112-113)

Y la ganadora del sorteo es… Isabel García con el número 82. Enhorabuena, Isabel! Pásame por favor tu dirección postal en privado cuando puedas.

Podéis ver el vídeo del sorteo AQUÍ

¡Muchísimas gracias  todos por participar! Os recomiendo muchísimo esta lectura tan especial.

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Mary Poppins, de P. L. Travers

Sopla viento del este y, por la calle del Cerezo, Jane y Michael Banks ven llegar volando a su nueva niñera. La joven responde al nombre de Mary Poppins y ni te atrevas a hacerle preguntas impertinentes. Coqueta, decidida y testaruda, Poppins es puro misterio y enigma. Siempre que Jane y Michael salen de paseo con ella les ocurren las cosas más extrañas y maravillosas, como tomar el té suspendidos a dos metros sobre el suelo, entrar en un cuadro, descubrir tiendas de pan de jengibre y estrellas o dar la vuelta al mundo con una brújula encantada. Nadie les creería si lo contasen, ni la misma Mary Poppins parece darles demasiada credibilidad, pero los niños Banks nunca había sido más felices que con su nueva niñera.

«Cuando abrió la bolsa, Jane y Michael se quedaron sorprendidísimos al comprobar que estaba completamente vacía.
-Pero, ¡si no hay nada dentro! -dijo Jane.
-¿Cómo que nada? -repuso Mary Poppins, incorporándose y mirándola como si se sintiera muy ofendida-. ¿Que no hay nada dentro, dices?
Y al momento sacó la bolsa vacía un delantal blanco, todo almidonado, y se lo ató a la cintura. A continuación, extrajo una gran pastilla de jabón, un cepillo de dientes, un paquete de horquillas, un frasco de perfume, una pequeña butaca plegable y una caja de pastillas para la garganta.«

Pamela Lyndon Travers, o P. L. Travers, es el seudónimo con el que la actriz y periodista Helen Lyndon Goff (1889-1996) publicó las novelas protagonizadas por una niñera bruja llamada Mary Poppins. Aunque Travers nació y creció en Australia, en 1924 se mudó a Londres, donde siguió publicando sus poemas y conoció a Yeats y a la élite literaria de la época. Cuenta la leyenda que fue durante la convalecencia de una enfermedad, guardando cama, cuando el editor de los poemas de Travers le recomendó que escribiese una novela y así nacieron las aventuras de Mary Poppins. Al igual que la famosa niñera, a su autora no le gustaba dar explicaciones, pero se dice que lloró de rabia cuando vio la versión cinematográfica de su creación más preciada.

Cuando empecé a leer Mary Poppins, MH me advirtió de que me olvidase de la versión cinematográfica. Sin embargo, aunque efectivamente la protagonista de la novela no se parece a la de la gran pantalla, a mí me ha gustado más el personaje literario que el encarnado por Julie Andrews. La Mary de P. L. Travers es misteriosa, coqueta y a menudo tajante y poco simpática con sus niños (me encantan sus zascas). Nadie canta ni baila, excepto los pájaros, y cada capítulo es una aventura excéntrica y sobrenatural. En ningún momento de la novela se dice que Mary Poppins sea bruja, pero todo a su alrededor es pura magia. Me ha gustado la prosa de la autora, ingeniosa y sutil, y sobre todo la imaginación desbordada y los sorprendentes giros de cada capítulo, así como la ausencia de admoniciones moralizantes para niños. Ha sido un bálsamo agradable y simpático para compensar la decepción de Wicked.

Lector, un clásico excéntrico, divertido y simpático que no se parece a su adaptación cinematográfica.

También te gustará: El hotel Winterhouse; Los hermanos Willoughby; Los cinco frascos; Peter Pan y Wendy

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Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens

El señor Pickwick, junto a sus pupilos Tupman, Snodgrass y Winkle, constituyen un curioso club de caballeros que se dedica a viajar por la Inglaterra de 1827 para estudiar a fondo la naturaleza humana. Tan loable propósito tendría sentido práctico si no fuese porque toda la pandilla adolece de una mirada demasiado inocente y una querencia a la buena vida: dales una suculenta comida y un gran bol de ponche junto al cálido fuego y olvidarán cualquier interés científico alrededor. Las aventuras del Club Pickwick transcurren por las calles de Londres, por sus despachos de abogados, juzgados, prisiones de deudores…, pero también por la apacible campiña inglesa y sus comunidades rurales (desfiles militares, campañas políticas, caza, arqueología, patinaje sobre hielo…). Tramas románticas, criminales, tristes, esperanzadoras, legales y alegres se entrelazan en estas más de mil páginas sobre un filántropo entrañable, su leal criado y unos amigos que acabarán por convertirse en su peculiar y amada familia.

«El hombre es solamente un ser mortal, y hay un punto más allá del cual no puede extenderse el valor. El señor Pickwick miró por un momento a través de sus lentes a la masa que avanzaba, y luego limpiamente volvió la espalda y… no diremos que huyó; en primer lugar, porque es una palabra innoble, y en segundo lugar, porque la figura del señor Pickwick no era de ningún modo adecuada para ese modo de retirarse: salió trotando, a la velocidad más rápida a que sus piernas podían llevarle; tan rápidamente, en efecto, que no percibió del todo hasta más tarde la dificultad de su situación.«

Charles Dickens (1812-1870) escribió y publicó por entregas Los papeles póstumos del Club Pickwick, en el Evening Chronicle, a lo largo de 1836 y 1837, una serie de aventuras humorísticas protagonizadas por el bueno del señor Pickwick, sus amigos y su criado Sam Weller. El éxito de Dickens fue inmediato y cada entrega era esperada y celebrada con entusiasmo por todos sus lectores. Ciento ochenta y cinco años después desde que se publicó la primera entrega de esta obra, cayó en mis manos. Empecé a leerla sin ninguna expectativa, pues algunos amigos me confesaron que habían abandonado su lectura muy desanimados. No sé si fue por esta circunstancia, o porque tuve la suerte de acompañar a MH de Las inquilinas de Netherfield en este viaje literario, o porque acertamos en establecer un ritmo de un solo capítulo diario, pero, en cualquier caso, he disfrutado muchísimo de Los papeles póstumos del Club Pickwick.

Para mí, este título de Dickens ha significado un antes y un después en mi consideración del autor y su obra. Siempre me ha gustado Dickens, pero ahora soy una ferviente admiradora. Los papeles póstumos del Club Pickwick me parece una manera divertida y genial de iniciarse en la bibliografía del ilustre autor victoriano porque, aunque se trate de su primer libro de ficción, ya se puede encontrar entre sus páginas muchos de los temas recurrentes de Dickens (prisión de deudas, crítica contra el sistema judicial y los abogados, alcoholismo, pobreza extrema, educación, consecuencias de la salvaje industrialización, etc.), por no mencionar que su estilo y magnificencia narrativa ya brillan en todo su esplendor: durante la lectura, a menudo nos sorprendía que unas descripciones tan extraordinarias, unas escenas tan ingeniosamente narradas y unos personajes tan bien caracterizados fuesen propios de una primera obra.

He leído la edición de Penguin Clásicos, con la traducción de José María Valverde y la introducción de Jordi Llovet. Esta introducción, que hace un breve repaso a la vida de Charles Dickens y a las circunstancias de la publicación de Los papeles póstumos del Club Pickwick, resulta imprescindible para entender qué significó este libro en su época y en la literatura universal. Explica Llovet que lo extraordinario de la obra reside en su dominio de la lengua inglesa, en que interesó por igual a lectores de la aristocracia, la burguesía y las clases populares, y en que es un incisivo reflejo de la Inglaterra de su época (Revolución Industrial, desarrollo tecnológico y científico, crítica social…). Me atrevo a añadir que también lo es por sus inolvidables personajes, el ingenio narrativo, el sentido del humor y esa crítica demoledora contra la injusticia de cualquier clase. Humor, nobleza, lealtad, bondad… Se dice que siempre es Navidad en Dickens. A mí me parece que el señor Charles Dickens era un hombre bueno, un hombre capaz de ver algo bueno en cada una de las personas que conocía (excepto, quizás, en los abogados) y que por eso conservaba la esperanza de su redención. Puede que no fuese un hombre con una vida santurrona, concluye Llovet en la introducción, pero supo conservar el optimismo y el sentido sobre el bien y el mal pese a todo el sufrimiento de su desgraciada infancia.

«Hay sombras oscuras en la tierra, pero sus luces son más fuertes por contraste.«

Los papeles póstumos del Club Pickwick, con influencias de Laurence Sterne, Henry Fielding, Cervantes y Tobias Smollet, no es una novela propiamente dicha. Cuando comenté esto último con un amigo pensó, erróneamente, que me refería a que era una obra de ficción publicada por entregas como otras obras de Dickens. Se trata de un compendio de episodios protagonizados por los mismos personajes, en los que se salta de una aventura a otra, y sus diversas tramas no siempre tienen continuidad más allá de uno o dos capítulos. Además, Dickens inserta hasta un total de nueve relatos independientes entre dichas aventuras, quizás porque el gusto de la época así lo requería.

Aunque no me atrevo a reseñar este increíble clásico de la literatura que me ha acompañado durante algo más de dos meses y que recuerdo con cariño, admiración y nostalgia —¡cómo echo de menos a los personajes y el sentido del humor de Mr. Dickens!—, no puedo terminar estos párrafos sobre mis impresiones de la lectura sin mencionar a Sam Weller, el leal criado del señor Pickwick. Sam es un personaje cockney, educado en las calles de Londres, espabilado y con su propio código moral, a menudo superior al de cualquier señor. No aparece hasta el capítulo diez, pero cayó con tanta gracia entre los lectores que Dickens se animó a convertirlo en un personaje protagonista junto al señor Pickwick. El ingenio y el humor de este personaje, sus inolvidables encuentros y diálogos con su padre, su amabilidad, cariño y lealtad son conmovedores. En ocasiones me pregunté si Sam Weller, que prefiere pudrirse en la cárcel o renunciar al amor de su vida antes que dejar solo a su amo, inspiró a J. R. R. Tolkien para el personaje de Sam Gamyi y su relación con Frodo (aunque a Tolkien, toda la literatura posterior a Chaucer le parecía demasiado moderna para su gusto). Ambos Sam comparten ese papel de héroe humilde y sencillo, sabios a su manera, y tan amables, buenos y divertidos como el espíritu de Los papeles póstumos del Club Pickwick.

Lector, estas son mis impresiones personales, ojalá tú lo disfrutes tanto.

También te gustará: La expedición de Humphry Clinker; Cuento de Navidad; Tiempos difíciles; Para leer al anochecer

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Los papeles póstumos del club Pickwick

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La tía Mame, de Patrick Dennis

Cuando el pequeño Patrick Dennis se queda huérfano, las voluntades testamentarias de su padre lo destinan a vivir con la tía Mame, una ex-actriz y flapper de los años veinte que lleva una vida alocada, excéntrica y glamurosa en un ático de Nueva York. Patrick tiene diez años y ha recibido una educación conservadora y protegida que choca escandalosamente con las fiestas, amistades e ideas de su nueva tutora. En plena Ley Seca y efervescencia del psicoanálisis, con un criado japonés llamado Ito y una famosa actriz de Broadway como carabinas, la tía Mame y Patrick se lanzan a la mayor aventura de sus vidas: sobrevivir juntos al fideicomisario y al crack del 29 sin dejar de beber champán.

«—¿Alguna vez tu padre dijo algo…, es decir…, alguna vez te habló de mí antes de morir?
Norah me había contado que los mentirosos iban derechos al infierno, así que tragué saliva y le solté:
—Solo que eras una mujer muy peculiar, que quedar en tus manos era un destino que no le desearía ni a un perro, pero que no siempre se puede elegir y que tú eras mi único pariente vivo.
Soltó un grito ahogado.
—El muy cabrón —dijo sin inmutarse.
Yo cogí mi cuaderno de vocabulario.
—Esa palabra, cariño, era cabrón —me explicó con mucha dulzura—. Se escribe c-a-b-r-ó-n y significa «tu difunto padre». Y ahora sal de aquí y corre a vestirte.«

Patrick Dennis (Illinois, 1921 – Nueva York, 1976) fue uno de los escritores más populares e icono de la bohemia de Nueva York de los años 50 del siglo pasado. Cuenta Acantilado que La tía Mame, tras ser rechazada por diecinueve editores, se convirtió en un bestseller en 1955 y se mantuvo más de 112 semanas en la lista de los libros más vendidos del New York Times. A mí no me extraña en absoluto, La tía Mame es una comedia de enredos divertidísima protagonizada por una excéntrica neoyorkina al más puro estilo de Howard Hawks en La fiera de mi niña. Locos, locos años veinte y más allá.

El encanto de este libro reside en en la voz narradora del protagonista, Patrick Dennis, que escribe desde el cariño y la nostalgia sobre su infancia, pero, sobre todo, desde el sentido del humor; y, por supuesto, en el extraordinario personaje de la tía Mame, una señora genial que se niega a ser corriente e inasequible al desaliento. Si bien los primeros capítulos muestran de manera cómica el choque entre la educación conservadora de Patrick y la desenfrenada  vida de su tía, la trama evoluciona a medida que van pasando los años y las divertidas anécdotas siguen las peripecias de Mame para llegar a fin de mes cuando el crack del 29 la deja en la ruina —atención la larga lista de empleos que intenta desempeñar y cómo la persigue el desastre allá por donde pasa—, o se centran en las aventuras amorosas y estudiantiles de tía y sobrino. En conjunto resulta una novela simpatiquísima y muy divertida con una mirada genial a la Norteamérica de la época de entreguerras y a sus eternas diferencias entre norteños y sureños.

Lector, muy fan de la tía Mame.

También te gustará: Los millones de Brewster; Seguro de amor; Luna de verano; Kathleen

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Pájaro de medianoche, de Alice Hoffman

Twig Fowler, de doce años, y su madre guardan un secreto peligroso desde que volvieron de Nueva York para instalarse en Sidwell (Nueva Inglaterra, Massachusetts), el pueblo de sus antepasados. Las Fowler viven en el Camino Viejo de la Montaña y son famosas en el pueblo, y en todo el Estado, por hornear la tarta de manzanas rosas más increíble del país. Lo que no es tan conocido por los habitantes de Sidwell es que durante la Guerra de la Independencia una bruja que sufría mal de amores maldijo a todos los varones Fowler hasta el fin de los tiempos; y es por culpa de esa maldición y de su secreto que Twig no puede permitirse el lujo de hacer amigos. Hasta que la encantadora familia Hall, descendientes de la bruja, se muda a la casa de al lado y sus dos hijas, Agate y Julia, ponen patas arriba la tranquila existencia de Twig. ¿Es posible deshacer una maldición? ¿Quién es el monstruo de Sidwell? ¿Qué son las misteriosas pintadas que aparecen en el pueblo? Este será el verano en el que todo cambiará para siempre.

«Era tanta la luz que había en el mundo que sabíamos que jamás seríamos capaces de contarla toda.«

Cuando mi amiga Marisa me habló de esta novela, confundí a su autora con Katherine Appelgate (Crenshaw, El único e incomparable Iván, etc.) y le dije que me encantaba cómo escribía. Me di cuenta de que no hablábamos de la misma escritora cuando leí que Alice Hoffman era la autora de Prácticamente magia, el libro (que nunca se ha traducido a nuestro idioma) en el que se basa la película de Griffin Dune de 1998, protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman (mientras escribo esto siento unas ganas terribles de leer esta novela). No sé por qué confundí a las dos autoras, pero ahora que he leído Pájaro de Medianoche puedo decir que ambas escriben que enamoran.

Me ha gustado Pájaro de medianoche por la originalidad de la historia, por sus personajes juveniles, frescos, inocentes, y por la resolución ingeniosa de los misterios y conflictos planteados en la trama; pero sobre todo me ha gustado por el encanto narrativo de Alice Hoffman, por ese toque de ternura y candor que pone en cada párrafo, y por su habilidad para huir de los tópicos de las novelas juveniles, como las hormonas adolescentes revolucionadas o las rebeldes sin causa. La trama sobrenatural está planteada con una sencillez que desarma desde los primeros capítulos y se entrelaza muy bien con cuestiones de ecología, relaciones familiares y raíces históricas. Las protagonistas tienen chispa y están muy bien construidas, y algunos secundarios, como la encantadora historiadora señorita Lark y su té de orquídea negra (yo creo que es bruja, pero guardadme el secreto), brillan por méritos propios. El resultado es una historia juvenil mágica contemporánea con trasfondo maravilloso sobre los valores de la amistad, la aceptación de la diversidad, el cuidado del medioambiente y los animales, la importancia de la Historia y la repostería.

Lector, una porción estupenda de tarta de manzana rosa, frambuesas y ruibarbo.

También te gustará: Las brujas; Los hermanos Willoughby; Flavia de los extraños talentos; La última oportunidad; El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

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