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M*A*S*H, de Richard Hooker

En 1950, en plena Guerra de Corea, el coronel Henry Blake del 4077º MASH (US Mobile Army Surgical Hospital) llama desesperado al general Hammond porque necesita dos cirujanos más. Tras un tira y afloja, el general le envía a sus dos mejores hombres, aunque se olvida de mencionar que los capitanes Hawkeye Pierce y Duke Forrest, además de ser excelentes cirujanos de combate, están totalmente chalados. Sin embargo, ambos encajan sorprendentemente bien en el 4077º MASH, se instalan en una tienda de campaña que recibirá el nombre de La Ciénaga, y se dedican a salvar la vida a contrarreloj de todos los jóvenes soldados que llegan malheridos desde el frente. A su equipo de especialistas, no tardará en unirse John El Trampero, cirujano torácico. Juntos sobrevivirán a la avalancha de horror de las ofensivas bélicas, a la maquinaria administrativa militar, a los matasanos pretenciosos y a las enfermeras con ideas propias, mientras luchan a brazo partido contra los estragos de la metralla en los soldados de cualquier nacionalidad.

«—Lo que tienen que hacer ustedes, y me refiero a ti y a tus dos amigos, es desechar esa idea de que pueden salvar a todo el que ingresa en este hospital. El hombre es mortal. Los heridos tienen su límite, y los cirujanos también.
—Tintorro, esa filosofía de consolación no me sirve. El principio de la Ciénaga es que, si llegan vivos, saldrán vivos si todo se hace como es debido. Evidentemente, no siempre puede ser así, pero como principio me parece excelente, así que ahórrate todos esos paños calientes.
—Túmbate a dormir, Hawk —le dijo el padre Mulcahy—. Aún estás falto de sueño.«

Richard Hooker es el seudónimo del doctor Hiester Richard Homberger (1924-1997) y el periodista y escritor W. C. Heinz (1915-2008); juntos escribieron M*A*S*H —y todas sus secuelas—, una novela basada en la experiencia real del doctor Homberger durante el tiempo que estuvo destacado como cirujano de campaña en 8055º Hospital Quirúrgico del Ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Corea (1950-1953). Este libro, que fue publicado originalmente en 1968 y que dio pie a una película y a una exitosa serie de televisión protagonizada por Alan Alda, ha sido editado recientemente por La Fuga en castellano.

M*A*S*H es una novela bélica, aderezada con una buena dosis de humor negro, estructurada en una serie de anécdotas basadas en hechos reales sobre la vida de un hospital quirúrgico de campaña cercano al frente durante la Guerra de Corea. Su acierto radica en lo bien hiladas que están esas anécdotas, el escenario bélico tan realista y unos protagonistas y secundarios tan excéntricos como carismáticos. El hilo conductor son las andanzas de tres cirujanos que se refugian en su particular locura para mantenerse a salvo de la barbarie, el mensaje anti-belicista y la crítica militar y médica de aquella época, que está presente desde el primer capítulo hasta el último. Nunca he visto la serie ni la película, pero la novela me ha gustado mucho y me ha parecido muy divertida, amena y original, así como una mirada profunda y terrible a uno de los conflictos más sangrientos del siglo pasado. La pena es que la traducción no me ha convencido en absoluto y que la revisión se ha dejado en el tintero un buen número de erratas.

Lector, un clásico del siglo pasado que se merecía un trato más cariñoso.

También te gustará: Ante todo no hagas daño; Doctor en Irlanda; El club de lectura de los oficiales novatos

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M*A*S*H

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La visión del juicio, de Lord Byron

A las puertas del Cielo, san Pedro convoca a Satanás y al arcángel Miguel para que ejerzan de abogados en el juicio del recién fallecido Jorge III, rey de Inglaterra. Se dirime la posibilidad de que el monarca entre en el Cielo o baje al Infierno. Satanás ha citado a un enjambre de testigos para que declaren que no hay ninguna duda al respecto —aunque no tiene especial interés en llevarse a otro rey allá abajo porque ya tiene suficientes—, cuando de repente aparece el demonio Asmodeo con Robert Southey, un insoportable bardo de pacotilla que no deja de atormentarlos a todos con sus horribles versos y su falso testimonio sobre la bondad de Jorge III, que ofende a la Historia y a la Biblia.

«¿Es Lucifer el que regresa con todo este alboroto?
No, contestó el querubín, Jorge III ha muerto.
¿Y quién es Jorge III?, replicó el apóstol.
¿Qué Jorge? ¿Qué tercero? ¡El rey de Inglaterra!, dijo
el ángel. Bueno, no tendrá que pelearse con muchos reyes
aquí… ¿y trae la cabeza puesta?
Porque el último que tuvimos por aquí formó un alboroto
y nunca habría conocido las bendiciones del Cielo
si no nos hubiese arrojado su cabeza a la cara.«

George Gordon Byron (1788-1824), conocido como Lord Byron, es considerado como uno de los poetas mayores ingleses, pero también como un poeta maldito y, sobre todo, como protagonista indiscutible del romanticismo inglés junto con Coleridge, Wordsworth, Mary y Percy Shelley y Keats. Publicó por vez primera La visión del juicio en 1821 como una parodia contra el también poeta Robert Southey, que había escrito un poema muy cursi sobre el ascenso a los cielos del rey Jorge III. Pero, como bien señala la nota de José C. Vales, traductor de la presente edición bilingüe de Alba Editorial, una obra que empezó como una venganza terminó siendo una excelente crítica política e histórica de su tiempo. Harold Bloom considera que, después del Don Juan, La visión del juicio es la mejor obra poética de Lord Byron.

No sabía qué me iba a encontrar en este poema satírico, ni siquiera tras leer las notas previas de su autor, en las que despotrica sobre Robert Southey y su ridículo poema sobre el ascenso a los cielos de un rey demente, mediocre y asesino que inició terribles guerras y sangrientas persecuciones políticas y religiosas. Byron se la tenía jurada a Southey porque este había bautizado a los románticos ingleses como La liga del incesto, además de no poder con su cursilería y su hipocresía (Southey había sido anti-jacobino durante muchos años). Por eso La visión del juicio es una crítica personal al talento y a la persona de su rival, pero también es una crítica afilada sobre el reinado de un monarca que no fue precisamente un santo (las guerras napoleónicas, la independencia de las colonias americanas, la persecución católica, un desfile de primeros ministros medio inútiles, etc.).

He disfrutado mucho de este largo poema de Lord Byron, por su brillante diatriba, su sátira escenificada en juicio celestial y por la maliciosa inteligencia de su crítica, pero también me lo he pasado en grande como historiadora: la figura del rey loco y su legado de sangre y fuego sale a la palestra con sus ministros y demás compinches. Me encanta el análisis histórico de Lord Byron, por contemporáneo y por preciso, y me han resultado imprescindibles las notas al pie de José C. Vales que ponen al lector en contexto histórico con la misma agudeza que la del autor inglés. Divertido, ingenioso y brillante, La visión del juicio es una obra literaria clásica por la que no han pasado los siglos.

Lector, imprescindible para historiadores.

También te gustará: Abadía pesadilla; El año del verano que nunca llegó; El rey que fue y será

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Para leer al anochecer. Historias de fantasmas, de Charles Dickens

Para leer al anochecer. Historias de fantasmas es una antología de cuentos de fantasmas que lleva el título del primer relato con el que el abre este libro: cinco guías en los Alpes Suizos descansan de una dura jornada de trabajo mientras fuman y comparten algunas historias de apariciones. Trece cuentos de apariciones espectrales, casas encantadas, mujeres misteriosas, niños malvados, crímenes terribles, culpabilidad más allá de la muerte, castillos encantados, maldiciones, amores imposibles e incluso humor.

«—Como puede usted ver, señor —continuó el inquilino—, esta es una habitación de lo más incómoda y desangelada. Por el aspecto de esa vitrina, me atrevería a decir que no está del todo libre de insectos y demás sabandijas, y en realidad creo que, si usted se lo propusiera, podría encontrar aposentos mucho más agradables; por no hablar del clima tan desapacible que tenemos en Londres…
—Tiene usted mucha razón, señor —replicó educadamente el espectro—. No me había dado cuenta hasta ahora. Creo que cambiaré de aires. —Y dicho esto, comenzó a desvanecerse; es más, mientras decía esto sus piernas ya habían desaparecido casi del todo.
—Y señor —dijo el inquilino intentando llamar su atención antes de que se fuera definitivamente—, si tuviese usted la bondad de sugerirles a las otras damas y caballeros que se encuentran ahora ocupados en hechizar viejas mansiones vacías, que estarían mucho más a gusto en cualquier otro lugar, le prestaría usted un gran servicio a nuestra sociedad.«

Los biógrafos de Charles Dickens (1812 – 1870) coinciden en señalar que el escritor siempre estuvo interesado en los fenómenos sobrenaturales y misteriosos, y es precisamente una historia de fantasmas, Cuento de Navidad, la edición que confirmó su fama a nivel mundial. Dickens recoge y perpetúa la ancestral tradición inglesa literaria de contar historias de fantasmas junto a la chimenea y explora diversos registros sobre el mismo tema: suspense, terror, goticismo, historias con moraleja, cuestiones de moral victoriana, lo macabro, humor, amor, sarcasmo, venganza, crítica social… Cualquier trama mejora con una buena aparición.

Es difícil escoger como favoritos solo dos o tres relatos de la antología Para leer al anochecer pues lo cierto es que cada historia tiene su peculiar encanto. He disfrutado especialmente de El guardavías (1866) con ese final tan soberbio y la atmósfera gótica, de El juicio por asesinato (1865) por el suspense y la trama criminal, y de El letrado y el fantasma por su genial sentido del humor y por la flema británica del protagonista. La casa encantada (1859) empieza muy bien y casi plantea un whodunit clásico al invitar el protagonista a varios amigos a su nueva casa de campo para descubrir entre todos quién les está haciendo creer que la vivienda está habitada por un poltergeist. Me estaba gustando mucho hasta que todo deriva en un sueño interminable y surrealista aburridísimo y delirante que me ha empujado a dejar este relato en la lista de «huir sin mirar atrás». Como curiosidad, El fantasma en la habitación de la desposada fue escrito a cuatro manos con Wilkie Collins en 1857 y tiene un punto de humor negro muy bueno. Y El capitán asesino y el pacto con el diablo  (1860) posee un encanto metaliterario y unas referencias piratescas a Stevenson que, además de darle un aire de aventura clásica estupendo al relato, me parecieron una serendipia muy simpática pues simultaneaba la lectura de este libro de Dickens con El diablo y el mar oscuro, de Stuart Turton.

Lector, perfecto para adentrarse en la tradición literaria inglesa de fantasmas.

También te gustará: Cuento de Navidad; Tiempos difíciles

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La dama desaparece, de Ethel Lina White

Iris Carr, joven, guapa y superficial, siempre ha tenido una vida fácil y mucha suerte. Casi al término de unas vacaciones con sus amigos en las montañas, en el corazón de la Europa continental, se produce un malentendido que la obliga a reflexionar sobre la vacuidad de su vida y la inutilidad de todo lo que hace. Iris decide quedarse un par de días más en el hotel de montaña, sin sus amigos, para disfrutar de la soledad y del silencio. Su relación con los demás huéspedes ingleses del lugar no es en absoluto cordial, así que cuando parte en tren de vuelta a Inglaterra está absolutamente sola. Hasta que una institutriz inglesa, la señorita Froy, la toma bajo su cuidado. Iris se encuentra mal y no recibe de buen grado las atenciones de la amable solterona, pero cuando la señorita Froy desaparece la pesadilla se desata: nadie en el tren recuerda haberla visto y creen que Iris ha perdido la cabeza.

«—¿Dónde está la señorita Froy? —preguntó Iris (…)—. Ahí, estaba sentada ahí.
La baronesa movió negativamente la cabeza.
—Se equivoca —sentenció—. Ninguna mujer inglesa se ha sentado ahí nunca.
—Pero claro que sí —insistió—. He hablado con ella. Y salimos a tomar el té juntas. Usted tiene que recordarlo.
—No hay nada que recordar. —La baronesa hablaba con un énfasis pausado—. No entiendo en absoluto lo que me quiere decir. Le digo: no ha habido ninguna inglesa aquí, en este compartimento, nunca, en ningún momento, excepto usted. Usted es la única inglesa.«

Ethel Lina White (1876-1944) fue una escritora galesa de novelas de misterio que, en la década de los años treinta del siglo pasado, alcanzó el mismo reconocimiento que Agatha Christie o Dorothy L. Sayers. Alfred Hitchcock adaptó a la gran pantalla alguno de sus cuentos breves y su novela La dama desaparece (Alarma en el expreso, 1936), que la BBC llevó también a la radio en forma de mini-serial.

La dama desaparece es una novela de suspense psicológico, un thriller que resulta angustioso en el ambiente claustrofóbico de un tren abarrotado, en el que la desaparición de una persona que nadie parece haber visto, excepto la protagonista, inquieta al lector en una intensidad creciente. La novela empieza con un retrato de Iris Carr y sus circunstancias, su aislamiento: es antipática, no habla más idiomas que el inglés pese a estar en el extranjero, es una inútil acostumbrada a que los demás la saquen de cualquier apuro, no ha viajado sola en su vida… Todos los detalles son importantes, piezas de un rompecabezas que encaja a la perfección cuando en el tren desaparece la señorita Froy y nadie cree a la cada vez más histérica y desemparada Iris.

Se trata, pues, de una novela muy bien calculada en el sentido psicológico, que plantea muy bien el crescendo del suspense y la intensidad de la inquietud y angustia de un lector que comparte el punto de vista de la protagonista y, por lo tanto, sabe que Iris está diciendo la verdad y que la señorita Froy existe y ha desaparecido. A partir de la desaparición de Froy, la acción a bordo del tren se sucede a una velocidad vertiginosa. Sin trampas en la trama y con una sencillez pasmosa, Ethel Lina White consigue un efecto contundente sobre un lector que encuentra mucho más que una novela de misterio: vive el misterio y la desesperación de la protagonista. Además de esa mirada crítica y sardónica sobre los viajeros ingleses de la época de entreguerras —atención a su soberbia y a su «patriotitis» de pacotilla—, lo que más he disfrutado de La dama desaparece ha sido justo esa capacidad de la autora para hacernos partícipes de la angustia, el miedo y la inquietud con un misterio tan sencillo y brillante que desarma.

Lector, no tendrás descanso desde el momento en el que desaparece la señorita Froy.

También te gustará: Asesinato en la mansión Darwin; Un cadáver en la mansión Sainsbury; Un misterio en París; El hombre que sabía demasiado

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Cluny Brown, de Margery Sharp

Cluny Brown no sabe quién es, ni cuál es su sitio, ni dónde encaja. Huérfana desde muy temprana edad, fue educada en Londres por su tío, el señor Porritt, un fontanero que tiene muy claro que el sitio de su sobrina no está en el Ritz ni en la casa de un seductor de baños esplendorosos. Preocupado por el futuro de Cluny, el señor Porritt la envía a servir como doncella a la mansión de Lord y Lady Carmel, en el corazón de Devonshire. Andrew, el único hijo de los Carmel, también pone rumbo a la casa paterna acompañado por un escritor polaco perseguido por los nazis. Corre el año 1938 y el joven Andrew no consigue quitarse de la cabeza la preocupación por lo que está ocurriendo en el continente. Todo está a punto de cambiar y Cluny parece una señal del fin de los tiempos, con esa manía suya de pasear al perro del coronel Duff-Graham y quedarse boquiabierta frente al señor Wilson, el boticario.

«—Yo también soy de Londres, en realidad este no es mi hogar —se lamentó Cluny—. Aunque, de hecho, parece que tampoco encajo allí. Parece que no pertenezco a ningún sitio.
—Igual que yo —dijo el señor Belinski—. Pero eso tiene sus ventajas. —Vio la mirada de sorpresa de Cluny y asintió—. Por ejemplo, si uno no pertenece a ningún sitio, si aún no ha echado raíces, puede elegir. Puede contemplar todos los países del mundo como quien ojea el catálogo de un agente inmobiliario. En fin, en mi caso eso no es del todo cierto, pues hay varios países en los que estaría realmente muy incómodo, pero para ti, supongo, el universo entero está en alquiler.«

Margery Sharp (1905-1991) es una escritora y dramaturga inglesa famosa por la serie infantil Los rescatadores y por sus comedias sociales, como Cluny Brown, que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Sharp publicó Cluny Brown en 1944, pero está ambientada en 1938, en una Inglaterra tocada por la Primera Guerra Mundial y al borde de la Segunda, en donde los aires de cambio y la permeabilidad social son muy evidentes. La autora tiene el don de mostrar, sin necesidad de dar explicaciones, en escenas divertidas y curiosas, cómo se difuminan los antiguos estamentos sociales ingleses y la inquietud personal de unas protagonistas femeninas que, al margen de los primeros movimientos de emancipación de la mujer, sienten que su lugar en el mundo ha cambiado.

Cluny Brown es una novela encantadora y divertida, de un humor sutil estupendo y diálogos ingeniosos. Margery Sharp no solo tiene el don de la crítica social a través de una ficción cómica sino que además muestra las tripas de una mansión inglesa de campo del siglo pasado como nadie: las dependencias de los criados, el orden estamental entre mayordomo, gobernanta y doncellas, Milady pendiente de sus jardines, el heredero dividido entre la lealtad a sus ancestros y un futuro incierto, el pueblo y el boticario, los vecinos… Y de pronto llegan Cluny Brown y un escritor extranjero y empiezan a trastocarlo todo, porque el mundo ha cambiado y ya nada encaja. Me ha gustado también los personajes secundarios, la sorpresa de Betty Cream, el encanto de Lord Henry y esa nostalgia conmovedora que asoma mientras el viejo mundo se desmorona, como cuando el señor sale a pasear a caballo por sus tierras y todos recuerdan aquellos viejos tiempos. Sharp muestra a unos personajes cuestionándose la rigidez de las clases sociales, lo absurdo que resulta que una doncella no pueda tener un perro o saludar a sus patronos, por ejemplo, pero también refleja, con simpatía y cariño, una sociedad que se adapta sin grandes rupturas en vísperas de una guerra y unas mujeres jóvenes que deciden por sí mismas su destino.

Lector, un análisis social histórico de los años treinta en Gran Bretaña a través de una ficción encantadora y divertidísima.

También te gustará: El fantasma y la señora Muir; Fresas silvestres; El libro de la señorita Buncle; Kathleen

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Cluny Brown

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