Novelas
Publicadas
Archivo de la etiqueta: Clásico
Viajes con mi tía, de Graham Greene
Henry Pulling es un gris empleado de banca prejubilado a los cincuenta años, soltero y aficionado a cuidar de sus dalias, que no ha viajado mucho más allá de Brighton. En el entierro de su madre, conoce a la tía Augusta, una septuagenaria con la que apenas ha tenido trato y que, de pronto, le revela que las cenizas que contiene la urna funeraria no son las de su progenitora. Intrigado por la historia de su nacimiento y por la misteriosa vida de Augusta, Henry acepta la invitación de su tía para convertirse en su compañero de viaje hacia a Estambul, a bordo del Orient Express. La interesante anciana tiene el don de narrar las historias más inverosímiles, pero también la mala costumbre de meterse en los peores líos internacionales. Henry está a punto de entender que, en comparación, su vida ha sido muy aburrida y que viajar con Augusta quizás sea el remedio para volverla más interesante… siempre y cuando no termine en prisión.
«A veces pienso que nuestra vida está más formada por los libros que leemos que por la gente que conocemos: en los libros aprendemos, de segunda mano, qué es el amor y el dolor. Aun cuando tenemos la suerte de enamorarnos es porque nos hemos dejado influir por lo que hemos leído. Si yo no había llegado a conocer el amor, era porque en la biblioteca de mi padre faltaban los libros adecuados. No creo que hubiera mucho amor apasionado en Marion Crawford. Y en Walter Scott, tan solo una sombra.«

Graham Greene (1904 – 1991) fue escritor, guionista, crítico literario y espía del MI6 británico. Destinado por el MI6 a lugares tensionados o en pleno conflicto, como Sierra Leona durante la Segunda Guerra Mundial, Cuba, México o Indochina, dotó a sus novelas de ficción con un trasfondo de conflicto moral y geopolítico muy reales, como en el caso de El americano tranquilo, El tercer hombre, Nuestro hombre en la Habana o Los comediantes, entre otros de sus títulos. Greene publicó por vez primera Viajes con mi tía en 1969 y, pese a la parte algo más triste y de reflexión sobre la decadencia del final, es la novela más divertida, alocada y excéntrica que he leído de este autor increíble. Fue llevada al cine por George Cukor en 1972, y protagonizada por Maggie Smith (que fue nominada al Oscar como mejor actriz protagonista por el papel de tía Augusta) y Alec McCowen.
La primera parte de Viajes con mi tía gira alrededor de la contraposición de dos personajes del todo opuestos: la excéntrica, vital y apasionada, tía Augusta y el aburrido, conservador y temeroso, Henry, su sobrino. Deslumbra el personaje de Augusta como una tía Mame —más británica, igual de glamurosa y mucho más gamberra— en sus años dorados, dispuesta a vivir los años que le queden sin miedo y sin límites. Sentado a su lado cruzando el viejo continente en el Orient Express, el pobre Henry Pulling, escandalizado y temeroso, aunque dispuesto a aprender otras formas de vivir. Henry, que resume su vida como «He sido muy feliz, pero me he aburrido mucho«, representa a ese hombre confuso y perdido en un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso y que suele estar presente en las novelas de Graham Greene.
En la segunda parte de la novela, Graham Greene cambia ligeramente el tono y pasa del ritmo de comedia de enredo, los divertidos diálogos y el encanto Sherezade de la tía Augusta a unas descripciones más reposadas, en un entorno decadente y de corrupción política en el Buenos Aires de la Guerra Fría. Un entorno mucho más triste, alejado del alegre colorido de la primera parte. Sin embargo, Greene evita juicios morales sobre sus protagonistas o las vidas que han escogido, sobre su pasado o sus elecciones sobre cómo terminar sus días. La prosa ágil y descriptiva del autor, con su don para captar la esencia más humana de cada personaje, la evocación de sus paisajes y el pulso político y moral de sus escenarios, procura un viaje encantador, divertido y excéntrico a través de tres continentes; a la vez que invita a reflexionar sobre cómo ha cambiado el mundo, lo complicado que le resulta a la vieja Inglaterra comprenderlo y la brevedad de la aventura.
La traducción de Edhasa, aunque de 1986, es estupenda. Veremos si Libros del Asteroide, que está recuperando poco a poco la obra de Graham Greene, también se enamora de la tía Augusta.
Lectora, la novela más divertida de Graham Greene.
También te gustará: La fiesta; El hombre que sabía demasiado; Viajes con Heródoto
Bartleby, el escribiente, de Herman Melville
Un abogado neoyorquino de edad avanzada se las promete muy felices cuando le conceden el Secretariado del Tribunal de Equidad en su ciudad, una oficina muy sencilla de llevar y mejor remunerada. Sus empleados son Turkey, amable por las mañanas y borracho por las tardes, Nippers, de un humor de perros hasta que no almuerza y después de lo más cabal, y Ginger Nut, una especie de chico de los recados siempre dispuesto a traer la comida. Pero con el aumento del volumen de trabajo de la nueva adjudicación, el abogado decide incorporar a un nuevo escribiente: el joven y melancólico Bartleby. Al principio, el desempeño del recién llegado es excelente pues copia sus documentos con diligencia y sin errores. Hasta que un día se le pide que eche una mano en la comprobación de las copias y responde que, sencillamente, prefiere no hacerlo.
«Con cualquier otro yo habría montado instantáneamente en cólera, habría desdeñado cualquier conversación adicional y lo habría empujado vilmente fuera de mi vista. Pero había algo en Bartleby que no solo me descolocaba de una manera extraña, sino que me enternecía y desconcertaba de un modo maravilloso.«

Herman Melville (Nueva York, 1819 – 1891) fue un escritor y poeta estadounidense cuya obra más célebre, inspirada en sus años de juventud a bordo de un ballenero, fue Moby Dick (1851). Huérfano de padre desde muy temprana edad, desempeñó diversos oficios para mantener a su familia, entre ellos el de marinero, hasta que en 1847 se establece en Nueva York como inspector de aduanas. Mantuvo una sólida amistad con Edgar Allan Poe (los universos de Moby Dick y La narración de Arthur Gordon Pym tienen cierta conexión) y se considera que, junto a Nathaniel Hawthorne, fueron los autores estadounidenses que establecieron las bases del relato y transcendieron, con sus extraordinarias narraciones, las barreras de lo cotidiano. Herman Melville publicó por vez primera Bartleby, el escribiente en 1853, en la revista Putnam´s Monthly Magazine, y al igual que sucedió con su novela Moby Dick, no tuvo una acogida demasiado entusiasta. A su muerte, su obra todavía no había alcanzado ni un ápice del reconocimiento literario universal con el que cuenta hoy en día.
He leído Bartleby, el escribiente en mi edición de tapa dura de Nórdica Libros, con la traducción de Mª José Chuliá García, y las ilustraciones de Javier Zabala. Vaya por delante que este relato de Herman Melville no se parece en absoluto a Moby Dick. No solo porque son géneros literarios distintos —Moby Dick es una novela larga— sino también porque son diferentes en el tono, en la expresión, en el estilo, en la voz, en las cuestiones de fondo, en los personajes… en todo. Narrada en primera persona por un abogado de avanzada edad, Bartleby tiene un poso de ternura y tristeza que conmueve, de un existencialismo mucho menos apasionado (y más silencioso) que el de los románticos rusos y, a la vez, tan dramático y lleno de desesperanza. La prosa de Melville es precisa, bien ajustada al ritmo del relato y pensada para dejar el protagonismo a los personajes. Unos personajes que, al inicio del relato, componen una oficina excéntrica, casi humorística, hasta que la llegada del joven y silencioso Bartleby la cambia para siempre. A Melville se le transparenta la ternura cuando mira a su extraño escribiente a través de la incomprensión y la piedad del narrador, pero deja envuelto en un halo de misterio todo lo que lo rodea, de manera que invita a la reflexión del lector, apela a su humanidad y a su compasión.
Lectora, un clásico breve y conmovedor para acercarse a un Melville muy distinto.
El enigma de los gatos asesinados, de Anita Blackmon
Cuando Adelaide Adams recibe una postal de su amiga Ella Trotter pidiéndole que le envíe su libro sobre espiritismo al Hotel Lebeau, en los Montes Ozark, entiende que hay gato encerrado. Sin dudarlo un instante, pese a sentirse un poco molesta con Ella por los sucesos ocurridos en el Richelieu, viaja hasta las Rocosas y se instala en el Lebeau. Pronto descubre que aquel hotel venido a menos es el escenario de sucesos de lo más inquietantes: Dora Canby, la esposa del multimillonario Thomas Canby, está convencida de que el espíritu de su hija muerta ha poseído el cuerpo de Sheila Kelly, la ayudante del prestidigitador Matthews. Todo parece una farsa para estafar a la familia, pero de pronto estalla una espantosa tormenta, el hotel Lebeau se queda incomunicado y en una sesión de espiritismo ocurre lo más inesperado. Adelaide y el periodista Chet Keith se lanzan a una investigación contrarreloj para salvar a Sheila antes de que amaine la tormenta y los sospechosos abandonen el hotel.
«No fue un desbocado afán de aventura desarrollado recientemente lo que me condujo hasta ese macabro y siniestro enredo en Mount Lebeau (…). Tampoco es cierto, como Ella Trotter insiste en afirmar, que yo fuera corriendo hasta donde Cristo dio las tres voces solo para robarle el protagonismo. Tal como expliqué inútilmente cuando el tercer gato destripado apareció en mi cama, de haber imaginado la espantosa serie de acontecimientos que desde la misma tarde de mi llegada se apoderaron de aquel hotel de montaña como un miasma de muerte, habría preferido dejar que Ella se apañara sola con sus propios fantasmas.«

Anita Blackmon (1892 – 1943) nació en Arkansas, en el seno de una familia acomodada, estudió en la universidad de Chicago y se ganó la vida como profesora hasta que se casó y cambió las aulas por la escritura. Blackmon publicó, sobre todo, relatos policíacos, que tuvieron muy buena acogida en las revistas de la época, pero también una novela costumbrista y dos novelas de misterio: Asesinato en el Richelieu (1937) y El enigma de los gatos asesinados (1938), ambas protagonizadas por la excéntrica Adelaide Adams. Ojalá hubiesen sido doscientas más. A la autora se la considera una maestra en el manejo del Had-I-but-known (algo así como Si lo hubiese sabido) dentro del género de misterio, recurso que también utilizó de forma brillante Ethel Lina White, entre otras autoras de la época.
La aventura de Adelaide Adams en El enigma de los gatos asesinados empieza durante el verano inmediatamente posterior a los misteriosos sucesos que logró resolver en Asesinato en el Richelieu. En este caso, aunque es recomendable leer las novelas en orden, no resulta imprescindible. El enigma de los gatos asesinados se disfruta por el buen pulso narrativo de Anita Blackmon, por el mérito de sostener un ritmo endemoniado pese a que la trama se desarrolla en un hotel aislado por la tormenta, por el genial sentido del humor que pone contrapunto al suspense y, sobre todo, por el peculiar carácter de la dama protagonista: nuestra ya querida Adelaide Adams. A la trama de asesinatos, la autora entrelaza con gran habilidad sesiones de espiritismo, posesiones sobrenaturales e hipnotismo, mostrándole al lector la incredulidad de la señorita Adams y la sospecha de fraude al mismo tiempo que narra unos acontecimientos a priori imposibles. Si Asesinato en el Richelieu me sorprendió gratamente por sus personajes y por ese ritmo de comedia de enredo, en El enigma de los gatos asesinados, además, he disfrutado del estilo narrativo de Anita Blackmon, del misterio en sí, de la caña que la autora le da a los profesionales de la investigación y del reencuentro con Adelaide Adams.
Lectora, ¿se puede echar de menos a un personaje de ficción?
También te gustará: Asesinato en el Richelieu; Se anuncia un asesinato
La leyenda de una casa solariega, de Selma Lagerlöf
El joven Gunnar Hede, heredero terrateniente de Munkhyttan, cursa sus estudios en Uppsala cuando le llega la noticia de que, tras la muerte de su padre y el cierre de las minas, su familia ha acumulado tantas deudas que quizás deba vender su amada mansión. Gunnar lleva una vida perezosa, más interesado en tocar su violín que en estudiar, distraído por los músicos, actores y saltimbanquis que a veces llegan hasta su patio. Como el matrimonio Blomgren y la hermosa Ingrid, con sus ojos rebosantes de estrellas, quienes le piden que toque con su violín El cazador furtivo. Pero cuando Gunnar corrobora con su madre que Munkhyttan tiene problemas económicos, decide lanzarse a los caminos como negociante hasta recuperar su fortuna y saldar todas las deudas de su familia. Hasta que un terrible revés del destino traumatiza al pobre Gunnar Hede y da pie a la leyenda de su desventura.
«Y aquel a quien nadie ama, no tiene derecho a vivir. No podía explicar cómo había llegado a tal conclusión, pero le resultaba del todo evidente. Desde que había oído que no la querían, sentía como un puño de hierro le oprimía el corazón y quería forzarlo a detenerse. Sí, eran las puertas de la propia vida las que se habían cerrado para ella. Justo en ese momento en que, habiendo regresado de la muerte, sentía arder dentro de ella un apasionado deseo de vivir, le arrebataban el permiso de la existencia.«

Selma Lagerlöf (1858 – 1940) fue una escritora sueca y la primera mujer en ser reconocida con el Premio Nobel de Literatura (1909). Nació y murió en Mårbacka, provincia sueca de Värmland, en su amada hacienda familiar, que rescató de la ruina gracias a su carrera literaria. Empresaria, terrateniente, activista política y escritora, legó a la posteridad un buen número de obras, aunque tal vez la más célebre fue El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia (1906), encargo del gobierno de Suecia para enseñar geografía a los escolares. Selma Lagerlöf publicó por primera vez La leyenda de una casa solariega en 1899, la que probablemente sea su obra más autobiográfica pues, al igual que la autora, Gunnar Hede debe trabajar duro para salvar su adorada hacienda familiar, y Munkhyttan bien pudiera ser el trasunto de Mårbacka.
El tono de La leyenda de una casa solariega es el de un cuento tradicional centroeuropeo, con un eco inevitable a los hermanos Grimm, atmósfera de fábula y cierta referencia a La bella y la bestia. Pero, lejos de seguir un desarrollo típico de la narrativa de las fábulas, sorprende con giros narrativos inesperados, originales y propios. Tampoco los personajes se ajustan a la perfección a los arquetipos femeninos y masculinos de los cuentos tradicionales, sino que tienen profundidad psicológica y distan mucho de ser perfectos: en ocasiones, se muestran cobardes, a veces asustadizos o perezosos, otras, sienten asco y adoptan actitudes poco caritativas. Muestran su humanidad, sus luces y sus sombras, a medida que se equivocan, aprenden y, finalmente, encuentran un final feliz, aunque no sea el que esperaban. La prosa de Selma Lagerlöf es brillante, de adjetivos bien escogidos y frases precisas; destaca por la belleza en la descripción de unos paisajes que le son queridos y por la facilidad con la que ahonda en la emoción y la psicología de sus personajes, aunque narre desde una tercera persona (muy próxima, pero tercera persona).
Este libro me lo regaló mi amiga Rosa, de Las inquilinas de Netherfield, adivinando que no solo me gustaría, sino que sería una buena manera de empezar a leer a Selma Lagerlöf. En la Feria del Libro de Madrid, tuve la suerte de que Mar, de Las lecturas de Undine, me acompañase y me contase la emocionante historia personal de Selma Lagerlöf: que no solo recompró la hacienda de su familia en 1907, sino que invirtió todo el dinero del Premio Nobel en Mårbacka, se puso al frente de la economía de buena parte de la provincia y contribuyó a su recuperación económica. Si te apetece saber un poco más de la vida de Selma Lagerlöf y de Mårbacka, te recomiendo el hermoso postfacio de Elda García-Posada, traductora de esta magnífica edición de Editorial Funambulista.
Lectora, un clásico sorprendente y maravilloso.
Otros Premio Nobel de Literatura que también te gustarán: Nunca me abandones; El gigante enterrado; La sociedad secreta de Jane Austen; El pueblo que votó que la tierra era plana; Siddhartha
El templete de Nasse-House, de Agatha Christie
La escritora de novelas de misterio Ariadne Oliver ha sido invitada a organizar un juego de Atrapa al asesino en la mansión de sir George Stubbs, en Nassecombe, Devon. Con la desbordante imaginación que la caracteriza, la novelista elabora una intrincada trama para deleitar a los invitados de su anfitrión. Pero la atmósfera en Nasse-House parece enrarecerse cada vez más: la antigua propietaria, la señora Folliat, se comporta como si todavía fuese la dueña, Lady Stubbs entra y sale a horas intempestivas de la casa a escondidas, el joven matrimonio Legge tiene graves problemas y nadie está conforme con el templete que se le ha encargado diseñar al joven y guapo arquitecto Michael Weyman. Para complicarlo todavía más, una pandilla de estudiantes extranjeros, alojados en el albergue juvenil cercano a la mansión, no deja de colarse en los terrenos privados de la finca. Inquieta por una pésima premonición, Ariadne llama a su amigo Hercule Poirot para pedirle consejo y, de paso, para que la ayude a entregar los premios de su juego de deducción.
«—La verdad es que organizar todo esto es mucho más difícil de lo que parece (…). Porque debe usted tener en cuenta que la gente de verdad es inteligente, mientras que en mis libros no es necesario que lo sean.«

Agatha Christie (1890 – 1976) publicó más de sesenta novelas policíacas, veintitrés obras de teatro y un centenar de cuentos. Es la novelista inglesa traducida a más idiomas del mundo y una de las escritoras más vendidas de todos los tiempos. Publicó por primera vez El templete de Nasse-House en 1956, cuando su carrera como escritora de éxito ya estaba consolidada. La novela, ambientada en una pequeña localidad de la campiña inglesa tras la Segunda Guerra Mundial, constituye uno de los casos detectivescos de Hercule Poirot y el inspector de policía Bland. Fue adaptada a la televisión en 1986, con Peter Ustinov en el papel del mítico detective.
Según la crítica literaria, El templete de Nasse-House no es una de las mejores novelas de Agatha Christie pues, al parecer, los personajes no están demasiado desarrollados y el hilo narrativo resulta poco lógico. Pero lo cierto es que a mí me ha parecido una lectura estupenda porque Agatha Christie, incluso en el peor de sus días, sigue siendo mi autora preferida de cozy mystery. Empecé a leerla en mi adolescencia y todavía tengo aquellas ediciones de Molino, de páginas amarillentas y traducción anticuada, por lo que siempre es un placer volver a releer un caso de Poirot en las nuevas traducciones de Espasa. En resumen, que me ha parecido de lo más entrañable y entretenido enfrascarme en la investigación de un asesinato en la campiña inglesa con la premisa de que todo empieza siendo una ficción pero termina convirtiéndose en un doble misterio: el del asesinato de una joven y la desaparición de otra.
Lectora, Christie siempre es una buena opción.
También te gustará: Se anuncia un asesinato; La venganza de Nofret; Apreciada señora Christie; El asesinato de Santa Claus