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Por pura amabilidad, de Doris Langley Moore

Conmovido por la soledad y la pobreza de su anciana vecina, el doctor George Sandilands le ofrece un cheque para que la señora pueda pagar algunas deudas pendientes sobre su casa y contratar a alguien que cuide de ella. Tras la Segunda Guerra Mundial, no son buenos tiempos para el pequeño pueblo inglés de Charlton Wells y la economía del doctor, que mantiene a sus dos hijas solteras y paga el internado de otros dos hijos menores, no es demasiado boyante. Pero cuando su anciana vecina insiste en regalarle un baúl enorme con un montón de pinturas antiguas de sus antepasados en compensación por su amable gesto, se desata el caos en casa de los Sandilands: su hija mayor, desesperada por deshacerse de semejante trasto lo presiona para que venda todo el lote por 100 libras a un anticuario, mientras que la señorita Du Plessis, una inteligente bibliotecaria enamorada de Italia, le asegura que esos cuadros son mucho más de lo que parecen a simple vista. Un experto en arte sin escrúpulos, un joven director de museo, un fotógrafo enamorado, la señorita Du Plessis y la familia Sandilands se enfrentarán unos a otros en una carrera contrarreloj para determinar la autenticidad de los cuadros antes de que sea demasiado tarde y se pierdan para siempre en el mercado negro.

«—Pero que me aspen si esto no es un retrato de Lorenzo el Magnífico, un retrato contemporáneo. Y diré más, creo que todo lo que hemos examinado hasta el momento son obras maestras.
Pero nadie, ni siquiera Linda, se atrevía a creerla.«

Doris Langley Moore (1902-1989) fue una de las primeras y más renombradas historiadoras de la moda femenina y fundadora, en 1963, del Museo de la Moda de Bath, además de diseñadora de vestuario en películas como La reina de África (1951). Gran estudiosa de Lord Byron, publicó varios ensayos sobre el poeta además de obras relacionadas con la moda y la etiqueta y, entre los años 1932 y 1956, seis novelas relacionadas con el arte, entre las que se encuentra Por pura amabilidad. Es la primera vez que leo a esta autora inglesa educada en lenguas clásicas por un padre periodista y os avanzo que su novela me ha gustado muchísimo.

La prosa de Doris Langley Moore es concisa y brillante, sus descripciones van al grano, sin cansar al lector, y sus diálogos son afilados y con un fino sentido del humor. Por pura amabilidad es una novela que gira en torno a la supuesta autenticidad de unos cuadros del Renacimiento italiano y la autora se desenvuelve con soltura, tanto para poner al lector en situación de la importancia de las obras de arte, como para introducirlo en el mundo de los expertos en arte, de museos y de la situación socio-económica tras la Segunda Guerra Mundial de un pueblecito inglés. Es notable lo bien que se desenvuelve Moore entre arte italiano, expertos y museos, pero pienso que el mérito más destacable de esta novela es la habilidad de la autora para mantener la tensión a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas en un crescendo admirable que remata con maestría en los capítulos finales sin perder ese toque cozy que tanto apreciamos los lectores de este siglo (por cierto, me encanta el final). Si os apetece un thriller artístico agradable pero tan emocionante que no puedes dejar de leer, este es vuestro título.

Lector, queremos más de Doris Langley Moore.

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El Monte de las Ánimas, de Gustavo Adolfo Bécquer

Los condes de Borges y de Alcudiel salen a pasear a caballo por el Monte de las Ánimas, a las afueras de Soria, con sus jóvenes retoños: Alonso, el heredero de los Alcudiel, y su hermosa prima Beatriz, que acaba de volver de Francia. Alonso le explica a la muchacha que el lugar recibe ese nombre por el enfrentamiento legendario que tuvo lugar allí entre los Templarios y los nobles de Castilla. La batalla fue tan terrible y destiló tanto odio que el monte quedó sembrado de cadáveres y los lobos se dieron un festín. Desde entonces se dice que, en la noche de difuntos, sus fantasmas salen en una cacería fantástica que da muerte a todo ser que se cruce en su camino. Beatriz, riéndose de las supersticiones de su primo, no tarda en inventar una excusa para poner a prueba el valor del muchacho en la noche más terrible del año.

«Desde entonces dicen que cuando llega la noche de los difuntos se oye doblar sola campana de la capilla y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones y sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales.«

El año pasado, celebramos el amigo invisible a finales de octubre y mi amiga Marisa, siempre tan detallista, tuvo el acierto de regalarme esta preciosa edición de Editorial Maldragón de El Monte de las Ánimas de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) ilustrado por Aintzane Cruceta. Las ilustraciones, el diseño de cubierta, la maquetación y el marcapáginas recrean una atmósfera tenebrosa y gótica que casan a la perfección con el espíritu de este cuento breve de Bécquer, que os recomiendo muchísimo para la noche de difuntos porque pone los pelos de punta.

Bécquer hila su terrorífico relato a partir de un breve apunte acontecido en la Edad Media, en Soria, a orillas del rio Duero: el terrible enfrentamiento entre los caballeros Templarios que acudieron a la ciudad para defenderla de los sarracenos y entre los hidalgos nobles que allí vivían. El autor, uno de los máximos exponentes del romanticismo español tardío o posromanticismo, conjuga bien lo sobrenatural con la belleza y lo terrible y, como bien indica Pilar Alcalá en su estupendo posfacio, sigue el esquema habitual de sus narraciones (tentación, pecado y castigo). Si bien se reconoce el estilo de Bécquer y los temas del posromanticismo, lo cierto es que El monte de las ánimas ya bordea el realismo que empezaba en la época de su publicación (1861). Además de disfrutar con este relato terrorífico, me ha resultado muy curioso volver a tropezarme con la leyenda de la cacería fantasma o la jauría salvaje, tan propia de la mitología europea medieval que tan a menudo suele asomarse a las páginas de la literatura fantástica.

Lector, para leer la noche de difuntos.

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Armadale, de Wilkie Collins

En la primavera de 1832, una familia inglesa llega al balneario de Wildbad, Alemania. El padre, moribundo, pide ayuda para terminar de escribir una carta a su hijo, todavía un bebé, para alertarlo sobre la terrible maldición que pesa sobre su nombre y apellido: en el pasado hubieron dos hombres llamados Allan Armadale que se enfrentaron con dramáticos resultados, y él debe evitar que el pecado de los padres caiga sobre los hijos. Veinte años después, un joven vagabundo llamado Ozias Midwinter aparece gravemente enfermo en un pueblecito costero de Inglaterra y traba una sólida amistad, surgida de la bondad y de la gratitud, con un incauto muchacho de su misma edad. Pero cuando una noche de tormenta, los jóvenes naufragan cerca de la Isla de Man, un terrible presagio cobra fuerza ¿Superstición o realidad? Ozias Midwinter deberá enfrentarse al destino, escoger su propio camino y lidiar con las consecuencias de sus decisiones.

«Acompañado en su camino solitario por los antiguos e inolvidables recuerdos de los viejos tiempos, Midwinter había dejado el pueblo atrás, y se había perdido entre la nebulosa lluvia. El tendero y el carnicero habían visto lo último que había hecho, y habían juzgado a una gran persona como se juzga a las grandes personas desde el punto de vista de un tendero y un carnicero.«

Wilkie Collins publicó por primera vez Armadale en 1866, después de La dama de blanco (1860) y antes que La piedra lunar (1868), consideradas como sus dos obras más exitosas. Aunque las ventas de Armadale no fueron tan notables, el tiempo se ha encargado de colocarla en el lugar que se merece, entre las mejores sensation novels (un género precursor de las novelas de misterio, policíacas y de suspense) del siglo XIX, pero también como un clásico de magnífica prosa que navega extraordinariamente entre las ideas de la predestinación y el libre albedrío, del mundo onírico, la fuerza de voluntad y la culpa heredada.

Conjugando el género epistolar con una narración que varía el foco de personaje, el autor consigue no solo mantener la intriga y la tensión de la trama sino que ofrece al lector un acceso privilegiado a los pensamientos e intenciones de los protagonistas en primera persona. Pero Armadale no solo es una novela de suspense, misterio y crimen sino que también plantea cuestiones como la contraposición de la inevitabilidad del destino a la capacidad de elección, la superstición contra la casualidad, la suerte y el azar, la locura, los sanatorios de la época, el uso del láudano, las suplantaciones de identidad… Ideas que el autor desarrolla y enfoca con su magnífico estilo personal, muchas veces encarnados en sus apasionados personajes y sus intensas relaciones. En este sentido, destacan Lydia Gwilt, una hermosa mujer que ha llevado una vida de crimen y maldad, y Ozias Midwinter, un joven marcado por el color de su piel, por la maldición de su familia y por su temperamento nervioso, sensible, tan honorable y puro. Aunque Armadale mantiene en vilo al lector con sus estupendos giros en la trama, su bien medido suspense y esa tensión in crescendo hasta el final, son sus extraordinarios personajes, con sus dilemas emocionales y morales, sus planes, sus arrepentimientos y sus elecciones, quienes se erigen como puntal de esta novela victoriana de atmósfera casi onírica.

Lector, para pasarlo en grande pasándolo mal.

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El árbol de la nuez moscada, de Margery Sharp

En el verano londinense de 1936, metida en la bañera, cantando la Marsellesa, Julia espera a que los trabajadores terminen de embargarle hasta el último mueble y le pasen por debajo de la puerta la orden de desahucio. Nada queda del pequeño capital que le legaron sus suegros, su último amante ha muerto y los papeles teatrales y de corista no abundan para una señora en los cuarenta, por muy hermosa que sea. Con el dinero justo para comprar un billete de ida a Francia, decide aceptar la invitación de su hija Susan para pasar unas semanas de vacaciones en la casita de verano de su abuela paterna. Ante todo, Julia quiere causar una excelente impresión y hacerles creer que es una dama, pero las circunstancias no se lo van a poner nada fácil: un trapecista insiste en pedirle matrimonio, el prometido de Susan se parece demasiado a ella misma, su suegra está convencida de que invirtió el capital en una pastelería, no tiene ni  un franco en el bolso y un apuesto lord ha empezado a hacerle ojitos.

«Bajo las rosas del porche, Julia fue recibida por una mujer francesa de edad avanzada que de inmediato la hizo pasar a un amplio y resonante vestíbulo. La francesa, con pantuflas de velarte, caminaba sigilosa como un gato, en cambio sus tacones iban martilleando el suelo y tal vez fue entonces cuando empezó a darle la impresión, una impresión que ya no desaparecería, de que siempre hacía el doble de ruido que cualquier otra persona en esa casa.«

Margery Sharp (1905-1991) fue una autora y dramaturga inglesa que el año pasado nos deleitó en castellano con la fabulosa Cluny Brown gracias a la traducción de Hoja de Lata. Por aclamación popular, la misma editorial nos trae esta vez El árbol de la nuez moscada, otra novela divertida de entreguerras que si bien no tiene ese punto nostálgico de Cluny Brown, sí que vuelve a plantarnos un análisis brillante y genial de los roles femeninos en la época de entreguerras de una Inglaterra que ya había tenido su punto de inflexión en la Primera Guerra Mundial y que terminaría de cambiar del todo con la Segunda.

El árbol de la nuez moscada puede leerse como una comedia con mucho encanto, pero la gracia es no pasar por alto —al igual que ocurría con Cluny Bown—las reflexiones de la autora sobre las mujeres que no encajan porque no se ajustan a los cánones femeninos de su época; no solo porque esos cánones están cambiando, sino porque no todas las mujeres siguen de acuerdo en encajar en ellos. Julia, la protagonista de esta historia, es una cupletista que se está haciendo mayor y cada vez le cuesta más mantener esa vida frívola y divertida que es la única que conoce. Como quiere parecerle una dama a su hija y a su suegra, cambia su vestuario, sus sombreros —atención a los sombreros, una metáfora genial sobre el esfuerzo de las mujeres por aparentar lo que se espera de ellas— e intenta leer la saga de los Forstyte. Sin embargo, pronto se da cuenta de que todo lo que la hace brillar sobre el escenario, la vuelve demasiado estridente y fuera de lugar en la elegante vida de clase media culta que lleva su hija. Sin duda, Sharp se supera en ingenio y sutileza ofreciendo a los lectores un retrato, un análisis social y de género, disfrazado de comedia inglesa en la campiña francesa.

Lector, la querida Julia me ha recordado una versión más inteligente, generosa e inglesa de Lorelei Lee de Los caballeros las prefieren rubias veinte años después.

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Vida de un bribón, de Wilkie Collins

Francis Turner, nieto de Lady Mortimer e hijo del doctor Turner, tiene muy claro que no hará algo tan grosero como ganarse el pan con el sudor de su frente, pero como le gusta la buena vida no le queda otra que recurrir a su ingenio para salir adelante. Estudiante de medicina, caricaturista, pintor de retratos, falsificador de Rembrandt, secretario de la Sociedad Científica y Literaria de Duskydale,… Francis prueba fortuna en las más diversas ocupaciones, pero su talante de bribón lo conduce por caminos de lo más excéntricos. Hasta que un codicilo en el testamento de su tío y el flechazo que siente por la bella Alicia lo empujan hasta una peligrosa situación de final incierto.

«Tengo tres hijos: el mayor lo consagré a la iglesia. Está muy contento, pero mantenerlo me cuesta trescientas libras al año. El segundo se lo entregué a la justicia: asegura que todo le va viento en popa, pero me cuesta cuatrocientas libras esterlinas al año. El tercero se ha dedicado a los bailes de salón. Se ha casado con una rica heredera y no me cuesta ni un centavo.«

Descubrí esta novela corta de Wilkie Collins gracias a la reseña de Mrs Hurst, gran devota del autor victoriano, en Las Inquilinas de Netherfield, que la tildaba de divertida y alegre, justo un reflejo del buen momento que pasaba Collins mientras la escribía: en París, con su amigo Charles Dickens de vecino. Disfruto muchísimo con el sentido del humor de Dickens, pero como no recordaba que Wilkie Collins se prodigara en socarronería victoriana, allá que me fui a la librería a echarle un ojo a Vida de un bribón y, efectivamente, es muy divertida y desenfadada, sobre todo la primera parte, en la que el protagonista explica en primera persona sus peripecias más o menos delictivas por el Londres de la época.

Vida de un bribón se publicó por primera vez por entregas, en 1856, en la revista Household Words, que dirigía Charles Dickens, pero a diferencia de otras novelas por entregas de Collins, esta resultó una historia corta. El libro tiene dos partes bien diferenciadas: una primera, muy humorística, en la que el protagonista relata sus estrambóticas desventuras para vivir bien sin trabajar —atención a su paso por la prisión de deudas y a las lecciones de moralidad del caballero Webster— y una segunda que deja algo atrás ese tono de comedia y se convierte en una historia de policías y ladrones, con persecuciones, fugas y cierto suspense. El final aventurero de la historia podría haber dado para muchísimos más capítulos, pero, para tristeza de esta lectora, Collins decidió no continuar y hacernos un resumen; eso sí, el final es magnífico, a la altura de la catadura de Francis Turner. Sin duda, es una lectura que os recomiendo mucho, sobre todo si es la primera vez que leéis a Collins y os da un poco de pereza, o si os apetece conocer otra faceta del autor algo distinta a la de sus más famosas sensation novels.

Lector, no te pierdas la joie de vivre de Wilkie.

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