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El enigma de los gatos asesinados, de Anita Blackmon

Cuando Adelaide Adams recibe una postal de su amiga Ella Trotter pidiéndole que le envíe su libro sobre espiritismo al Hotel Lebeau, en los Montes Ozark, entiende que hay gato encerrado. Sin dudarlo un instante, pese a sentirse un poco molesta con Ella por los sucesos ocurridos en el Richelieu, viaja hasta las Rocosas y se instala en el Lebeau. Pronto descubre que aquel hotel venido a menos es el escenario de sucesos de lo más inquietantes: Dora Canby, la esposa del multimillonario Thomas Canby, está convencida de que el espíritu de su hija muerta ha poseído el cuerpo de Sheila Kelly, la ayudante del prestidigitador Matthews. Todo parece una farsa para estafar a la familia, pero de pronto estalla una espantosa tormenta, el hotel Lebeau se queda incomunicado y en una sesión de espiritismo ocurre lo más inesperado. Adelaide y el periodista Chet Keith se lanzan a una investigación contrarreloj para salvar a Sheila antes de que amaine la tormenta y los sospechosos abandonen el hotel.

«No fue un desbocado afán de aventura desarrollado recientemente lo que me condujo hasta ese macabro y siniestro enredo en Mount Lebeau (…). Tampoco es cierto, como Ella Trotter insiste en afirmar, que yo fuera corriendo hasta donde Cristo dio las tres voces solo para robarle el protagonismo. Tal como expliqué inútilmente cuando el tercer gato destripado apareció en mi cama, de haber imaginado la espantosa serie de acontecimientos que desde la misma tarde de mi llegada se apoderaron de aquel hotel de montaña como un miasma de muerte, habría preferido dejar que Ella se apañara sola con sus propios fantasmas.«

Anita Blackmon (1892 – 1943) nació en Arkansas, en el seno de una familia acomodada, estudió en la universidad de Chicago y se ganó la vida como profesora hasta que se casó y cambió las aulas por la escritura. Blackmon publicó, sobre todo, relatos policíacos, que tuvieron muy buena acogida en las revistas de la época, pero también una novela costumbrista y dos novelas de misterio: Asesinato en el Richelieu (1937) y El enigma de los gatos asesinados (1938), ambas protagonizadas por la excéntrica Adelaide Adams. Ojalá hubiesen sido doscientas más. A la autora se la considera una maestra en el manejo del Had-I-but-known (algo así como Si lo hubiese sabido) dentro del género de misterio, recurso que también utilizó de forma brillante Ethel Lina White, entre otras autoras de la época.

La aventura de Adelaide Adams en El enigma de los gatos asesinados empieza durante el verano inmediatamente posterior a los misteriosos sucesos que logró resolver en Asesinato en el Richelieu. En este caso, aunque es recomendable leer las novelas en orden, no resulta imprescindible. El enigma de los gatos asesinados se disfruta por el buen pulso narrativo de Anita Blackmon, por el mérito de sostener un ritmo endemoniado pese a que la trama se desarrolla en un hotel aislado por la tormenta, por el genial sentido del humor que pone contrapunto al suspense y, sobre todo, por el peculiar carácter de la dama protagonista: nuestra ya querida Adelaide Adams. A la trama de asesinatos, la autora entrelaza con gran habilidad sesiones de espiritismo, posesiones sobrenaturales e hipnotismo, mostrándole al lector la incredulidad de la señorita Adams y la sospecha de fraude al mismo tiempo que narra unos acontecimientos a priori imposibles. Si Asesinato en el Richelieu me sorprendió gratamente por sus personajes y por ese ritmo de comedia de enredo, en El enigma de los gatos asesinados, además, he disfrutado del estilo narrativo de Anita Blackmon, del misterio en sí, de la caña que la autora le da a los profesionales de la investigación y del reencuentro con Adelaide Adams.

Lectora, ¿se puede echar de menos a un personaje de ficción?

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La leyenda de una casa solariega, de Selma Lagerlöf

El joven Gunnar Hede, heredero terrateniente de Munkhyttan, cursa sus estudios en Uppsala cuando le llega la noticia de que, tras la muerte de su padre y el cierre de las minas, su familia ha acumulado tantas deudas que quizás deba vender su amada mansión. Gunnar lleva una vida perezosa, más interesado en tocar su violín que en estudiar, distraído por los músicos, actores y saltimbanquis que a veces llegan hasta su patio. Como el matrimonio Blomgren y la hermosa Ingrid, con sus ojos rebosantes de estrellas, quienes le piden que toque con su violín El cazador furtivo. Pero cuando Gunnar corrobora con su madre que Munkhyttan tiene problemas económicos, decide lanzarse a los caminos como negociante hasta recuperar su fortuna y saldar todas las deudas de su familia. Hasta que un terrible revés del destino traumatiza al pobre Gunnar Hede y da pie a la leyenda de su desventura.

«Y aquel a quien nadie ama, no tiene derecho a vivir. No podía explicar cómo había llegado a tal conclusión, pero le resultaba del todo evidente. Desde que había oído que no la querían, sentía como un puño de hierro le oprimía el corazón y quería forzarlo a detenerse. Sí, eran las puertas de la propia vida las que se habían cerrado para ella. Justo en ese momento en que, habiendo regresado de la muerte, sentía arder dentro de ella un apasionado deseo de vivir, le arrebataban el permiso de la existencia.«

Selma Lagerlöf (1858 – 1940) fue una escritora sueca y la primera mujer en ser reconocida con el Premio Nobel de Literatura (1909). Nació y murió en Mårbacka, provincia sueca de Värmland, en su amada hacienda familiar, que rescató de la ruina gracias a su carrera literaria. Empresaria, terrateniente, activista política y escritora, legó a la posteridad un buen número de obras, aunque tal vez la más célebre fue El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia (1906), encargo del gobierno de Suecia para enseñar geografía a los escolares. Selma Lagerlöf publicó por primera vez La leyenda de una casa solariega en 1899, la que probablemente sea su obra más autobiográfica pues, al igual que la autora, Gunnar Hede debe trabajar duro para salvar su adorada hacienda familiar, y Munkhyttan bien pudiera ser el trasunto de Mårbacka.

El tono de La leyenda de una casa solariega es el de un cuento tradicional centroeuropeo, con un eco inevitable a los hermanos Grimm, atmósfera de fábula y cierta referencia a La bella y la bestia. Pero, lejos de seguir un desarrollo típico de la narrativa de las fábulas, sorprende con giros narrativos inesperados, originales y propios. Tampoco los personajes se ajustan a la perfección a los arquetipos femeninos y masculinos de los cuentos tradicionales, sino que tienen profundidad psicológica y distan mucho de ser perfectos: en ocasiones, se muestran cobardes, a veces asustadizos o perezosos, otras, sienten asco y adoptan actitudes poco caritativas. Muestran su humanidad, sus luces y sus sombras, a medida que se equivocan, aprenden y, finalmente, encuentran un final feliz, aunque no sea el que esperaban. La prosa de Selma Lagerlöf es brillante, de adjetivos bien escogidos y frases precisas; destaca por la belleza en la descripción de unos paisajes que le son queridos y por la facilidad con la que ahonda en la emoción y la psicología de sus personajes, aunque narre desde una tercera persona (muy próxima, pero tercera persona).

Este libro me lo regaló mi amiga Rosa, de Las inquilinas de Netherfield, adivinando que no solo me gustaría, sino que sería una buena manera de empezar a leer a Selma Lagerlöf. En la Feria del Libro de Madrid, tuve la suerte de que Mar, de Las lecturas de Undine, me acompañase y me contase la emocionante historia personal de Selma Lagerlöf: que no solo recompró la hacienda de su familia en 1907, sino que invirtió todo el dinero del Premio Nobel en Mårbacka, se puso al frente de la economía de buena parte de la provincia y contribuyó a su recuperación económica. Si te apetece saber un poco más de la vida de Selma Lagerlöf y de Mårbacka, te recomiendo el hermoso postfacio de Elda García-Posada, traductora de esta magnífica edición de Editorial Funambulista.

Lectora, un clásico sorprendente y maravilloso.

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El templete de Nasse-House, de Agatha Christie

La escritora de novelas de misterio Ariadne Oliver ha sido invitada a organizar un juego de Atrapa al asesino en la mansión de sir George Stubbs, en Nassecombe, Devon. Con la desbordante imaginación que la caracteriza, la novelista elabora una intrincada trama para deleitar a los invitados de su anfitrión. Pero la atmósfera en Nasse-House parece enrarecerse cada vez más: la antigua propietaria, la señora Folliat, se comporta como si todavía fuese la dueña, Lady Stubbs entra y sale a horas intempestivas de la casa a escondidas, el joven matrimonio Legge tiene graves problemas y nadie está conforme con el templete que se le ha encargado diseñar al joven y guapo arquitecto Michael Weyman. Para complicarlo todavía más, una pandilla de estudiantes extranjeros, alojados en el albergue juvenil cercano a la mansión, no deja de colarse en los terrenos privados de la finca. Inquieta por una pésima premonición, Ariadne llama a su amigo Hercule Poirot para pedirle consejo y, de paso, para que la ayude a entregar los premios de su juego de deducción.

«—La verdad es que organizar todo esto es mucho más difícil de lo que parece (…). Porque debe usted tener en cuenta que la gente de verdad es inteligente, mientras que en mis libros no es necesario que lo sean.«

Agatha Christie (1890 – 1976) publicó más de sesenta novelas policíacas, veintitrés obras de teatro y un centenar de cuentos. Es la novelista inglesa traducida a más idiomas del mundo y una de las escritoras más vendidas de todos los tiempos. Publicó por primera vez El templete de Nasse-House en 1956, cuando su carrera como escritora de éxito ya estaba consolidada. La novela, ambientada en una pequeña localidad de la campiña inglesa tras la Segunda Guerra Mundial, constituye uno de los casos detectivescos de Hercule Poirot y el inspector de policía Bland. Fue adaptada a la televisión en 1986, con Peter Ustinov en el papel del mítico detective.

Según la crítica literaria, El templete de Nasse-House no es una de las mejores novelas de Agatha Christie pues, al parecer, los personajes no están demasiado desarrollados y el hilo narrativo resulta poco lógico. Pero lo cierto es que a mí me ha parecido una lectura estupenda porque Agatha Christie, incluso en el peor de sus días, sigue siendo mi autora preferida de cozy mystery. Empecé a leerla en mi adolescencia y todavía tengo aquellas ediciones de Molino, de páginas amarillentas y traducción anticuada, por lo que siempre es un placer volver a releer un caso de Poirot en las nuevas traducciones de Espasa. En resumen, que me ha parecido de lo más entrañable y entretenido enfrascarme en la investigación de un asesinato en la campiña inglesa con la premisa de que todo empieza siendo una ficción pero termina convirtiéndose en un doble misterio: el del asesinato de una joven y la desaparición de otra.

Lectora, Christie siempre es una buena opción.

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Much Dithering, de Dorothy Lambert

La joven viuda Jocelyn Renshawe solo aspira a que la dejen llevar una vida tranquila y feliz al servicio de la amable comunidad de Dithering. Pero alcanzar la paz parece difícil cuando su madre, Ermyntrude, está de visita en su casa y anda a la caza de un nuevo marido: un tal Adrian Murchinson-Bellaby, heredero de unos nuevos ricos que acaban de alquilar una de las mansiones del pueblo. La suegra de Jocelyn, la honorable Augusta, siempre en contra de los cambios, mira con desconfianza a los Murchinson-Bellaby y aborrece a Ermyntrude. Todo se complica cuando un forastero atractivo y de pasado misterioso llega a Dithering en medio de una tormenta y rescata a Jocelyn de la lluvia y de su aburrida vida. De pronto, la joven descubre que el recién llegado no le resulta del todo indiferente y se abre en su porvenir unas posibilidades que nunca antes había contemplado. Sin embargo, el cotilleo en Dithering no descansa nunca, por lo que los malentendidos amorosos, las suposiciones rocambolescas y las propuestas de matrimonio más disparatadas no dejan ni un momento de paz a la pobre Jocelyn.

«Era una pena que los segundos miércoles de mes lloviese, invariablemente. Jocelyn Renshawe, una esclava del deber digna de lástima, siempre iba al albergue y repartía la revista parroquial ese día y, como decía su suegra, no hay que dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy. Si se contraía el hábito de confiar en el clima inglés, o de dejar que interfiriese, más valía hibernar, o su equivalente en las demás estaciones. Los amigos y los deportistas que solo aparecen con el sol no se merecen nuestro aprecio.«

Dorothy Lambert (1884 – 1967) fue una dramaturga y novelista irlandesa que llegó de forma casi accidental a su vocación creativa y literaria. Casada con un abogado destinado a Bombay, pasó la Gran Guerra en la India. De vuelta en Inglaterra, los Lambert se instalaron en Shepherdswell, una localidad situada a unos kilómetros de Dover. Dorothy se integró con alegría en la comunidad, involucrándose en la organización de representaciones teatrales, muchas veces escritas por ella misma. Much Dithering, como la mayoría de sus historias, reflejan personajes anécdotas y situaciones de su vida y de su pequeña y querida comunidad inglesa. Dorothy Lambert publicó un total de veintisiete novelas, casi todas caracterizadas por su simpático sentido del humor, un toque de romance y una visión amable pero precisa de la vida en un pueblo británico en época de entreguerras.

Much Dithering es una novela divertida y con mucho ritmo, que tiene su gracia en los cotilleos y malentendidos entre una pequeña comunidad todavía aferrada a sus anticuados valores victorianos. Ambientada en la campiña británica, en época de entreguerras, destaca por sus excelentes diálogos y por los cortejos imposibles y llenos de equívocos. De fondo, una excelente reflexión sobre los prejuicios sociales entre una rancia aristocracia rural empeñada en que nada cambie, una burguesía que anhela tomar su relevo y renovar las tradiciones y una mujer joven que se debate entre salir a vivir aventuras o que la dejen en paz para disfrutar de su tranquilidad. Una historia juguetona y simpatiquísima, perfecta para desconectar, que podría haber visto aumentado su encanto si se le hubiese dado un buen repaso a la traducción.

Lectora, Much Dithering son las vacaciones que te mereces en tu cotage campestre.

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Barnaby Rudge, de Charles Dickens

En 1775, a unas doce millas de Londres, John Willet, probablemente uno de los hombres más lentos del planeta, regenta la posada de Maypole. Por las noches, junto al fuego, sus amigos recuerdan historias del pasado, como la noche en la que asesinaron a Reuben Haredale y a su mayordomo en la casa Warren, la misma noche en la que nació Barnaby Rudge, el muchacho feliz que danza libre de un lado para otro, llevando recados para sus vecinos y con dos únicos amigos: su cuervo Grip y el salvaje mozo de cuadras del Maypole, Hugh. Cinco años después, cuando Lord Gordon presenta en el Parlamento su propuesta contra suavizar las leyes anticatólicas, el Maypole y John Willet y sus amigos siguen reunidos alrededor del fuego, pero todo está a punto de cambiar: el señor Haredale, hermano de Reuben, sigue tras la pista de su asesino, la familia de Gabriel, el cerrajero de La llave de oro, corre un grave peligro, y Hugh engaña a Barnaby para que lo siga en su campaña de locura y destrucción que el discurso de odio de Lord Gordon está a punto de desatar en las calles de Londres.

«Todos son, sin embargo, buenos protestantes, pero es forzoso creer que esos protestantes tienen una terrible afición por las cucharas y la vajilla de plata en general, cuando se dejan abiertas por descuido las puertas de la cocina. Me alegraré de que no suceda otra cosa peor, pero si no contenéis a tiempo a esa chusma de perdidos, señor Gashford, porque me consta que vos atizáis el fuego, os aseguro que se os subirán a las barbas y que el día menos pensado los protestantes os ahogarán entre sus brazos, cosa que no ha hecho nunca hasta ahora María I de Inglaterra, o al menos no lo he oído contar.«

Barnaby Rudge fue una de las primeras novelas que escribió Charles Dickens aunque no apareció publicada hasta 1840-41, por entregas, en la revista semanal Master Humphrey’s Clock. Junto con Historia de dos ciudades, es la única novela larga de carácter histórico que escribió el autor, y la crítica literaria posterior le encontró influencias de sir Walter Scott o William Harrison Ainsworth. Menos célebre que otros títulos dickensianos, y aunque Barnaby Rudge sea una obra temprana del gran novelista y no resulte del todo redonda, el estilo y el genio dickensianos, así como su temática recurrente, están muy presentes en estas páginas, por lo que resulta extraño que solo exista una traducción al español (Belacqva Ediciones, 2007. Traducción de Ramón González Férriz) y esté descatalogada.

Barnaby Rudge está ambientada en el verano de 1780, cuando en Londres tuvieron lugar los Gordon Riots. Reinaba Jorge III y Gran Bretaña pasaba por una crisis económica y comercial provocada por las guerras coloniales: los levantamientos en la India y la guerra de la independencia de las colonias americanas. El Parlamento modificó la antigua ley de Papistas de 1698 para facilitar que los católicos se incorporasen a las levas militares que se enviaban a luchar a las colonias (ya que necesitaban más tropas con desesperación) y Lord Gordon lideró una protesta en contra, arengando a la población sobre los peligros de que los católicos dominasen el país. Aunque el Parlamento no aceptó la propuesta de ley de Gordon por considerarla absurda (los ciudadanos ingleses católicos no tenían intención alguna en restaurar la Inquisición y pagaban tantos impuestos o más que los protestantes), los ánimos estaban tan exaltados que Londres fue asolada por una horda de ciudadanos que, al grito de «abajo el papismo», destruyó y quemó propiedades burguesas y aristócratas, barrios e iglesias católicas, y asaltó las prisiones para rescatar a los detenidos.

Dickens plantea una trama de asesinato y venganza, de amores imposibles y de un tipo de aristocracia a punto de extinguirse de pura inutilidad (recordemos que la Revolución francesa está al caer en el país vecino). Pero sobre todo borda el retrato de Londres en 1780 y del desastre que supone que la sociedad ignore a las clases trabajadoras privándolas de educación, de las herramientas para que piensen por sí mismos y puedan detectar la mentira y la extorsión en las voces de líderes políticos sin escrúpulos. Barnaby Rudge entrelaza tramas ficticias de misterio, tragicomedia, aventura y romance con una brillante crónica a pie de calle de los disturbios, cruzando los destinos de personajes reales con los magníficos protagonistas de ficción a los que el autor nos tiene acostumbrados (Gabriel Varden es mi preferido). Las excelentes dotes periodísticas de Charles Dickens, que había trabajado cubriendo sucesos, ejecuciones y juicios, ofrecen un retrato vívido y terrible de los hechos históricos, destacando la comprensión de los peligros de una masa enfurecida, la ineptitud del sistema legal británico de la época o la estupidez de algunos políticos y cargos gubernamentales.

Lectora, un Dickens histórico.

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