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Libres y libreras, de Yolanda Morató

A finales del siglo XIX, Charing Cross Road ya empezaba a ser el paraíso de las librerías londinenses, por lo que no es de extrañar que las suffagettes decidiesen abrir la suya justo en esta calle. Celebraban lecturas en voz alta, conferencias, vendían libros y merchandising y apoyaban su justa causa, pioneras de las librerías de género que abrirían ya en el siglo XX. E. Millicent Sowebry fue librera, bibliotecaria y agente de contrainteligencia del MI5 durante la Primera Guerra Mundial. En un momento en el que las mujeres apenas asomaban en las universidades británicas y en el mundo del libro, trabajó como experta para la catalogación de libros raros en Sotheby y fue una de las pocas personas que tuvo en sus manos el manuscrito Voynich. Florence Boot, heredera del emporio Boots, introdujo en 1899 la idea de un servicio de préstamo y recomendación de libros en su cadena de tiendas llamado Boots Booklovers Library, lo que ayudó a la democratización de la lectura junto con las bibliotecas públicas y la iniciativa de los libros de bolsillo en máquinas expendedoras de Penguin. Nancy Mitford trabajó en Heywood Hill, convirtiéndo la librería en un animado salón literario con el beneplácito de su propietario, movilizado por la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, la librería pertenece a Peregrine Cavendish, 12º duque de Devonshire, sobrino nieto de Nancy Mitford, y fue una de las librerías favoritas de la reina Isabel II. Cristina Agnes Lilian Foyles, heredera del imperio Foyles, llevó su franquicia a lo más alto, aunque se ganó el sobrenombre de la Reina Roja de Charing Cross por sus políticas de despido. A finales de los años treinta, su tío William Foyle le ofreció a Hitler comprarle todos los libros que estaban quemando en Alemania.

«Ante la negativa del líder nazi, durante la Segunda Guerra Mundial, Foyle se desquitó llenando la azotea de la librería con ejemplares de Mein Kampf. Un bombardero erró el tiro y dejó un gran cráter en la puerta de la librería. Gracias a una histórica grabación de British Pathé, Charing Cross Road Crater (1940), disponible en Youtube, se puede apreciar cómo, por la ayuda que brindaron al Regimiento de los Reales Ingenieros durante la reconstrucción, les permitieron bautizar el puente por el que pasaban vehículos y viandantes con el nombre de la librería, Foyle Bridge.«

Yolanda Morató es una filóloga española, traductora, bibliófila y profesora de la Universidad de Sevilla. Reivindica el papel de las mujeres en artículos como La bibliofilia y el género (2019) y ha traducido Gente rara y libros raros, de la extraordinaria E. Millicent Sowerby, además de publicar los ensayos Un mundo de libros (2010) y Libres y libreras (2021). En este último trabajo, Yolanda Morató ofrece una mirada a las mujeres libreras en Londres durante los últimos dos siglos.

Con una prosa amena y cierto encanto para las anécdotas bibliófilas, la autora dedica un capítulo a cada una de las mujeres que formaron parte del potente conjunto de libreras y editoras que sustentaron el mundo libresco de Londres en el pasado reciente. Bien porque los conflictos bélicos habían movilizado a los hombres, bien porque las empresas literarias carecían de herederos masculinos, o a fuerza de puro coraje, las mujeres tomaron el relevo en Charing Cross Road siempre que tuvieron ocasión y contribuyeron a colocar la cultura británica y europea en el lugar que ocupa hoy. He empezado esta reseña con algunas pinceladas de las anécdotas que más he disfrutado de Libres y libreras, aunque no están todas. Y es que este ensayo es para degustar capítulo a capítulo, con la advertencia de que algunos resultarán más interesantes y divertidos que otros, dependiendo de los intereses de las lectoras que lo abran. A mí, me ha encantado, aunque me parece que Yolanda Morató lo tiene bastante fácil con todas nosotras, enamoradas de los libros. Se nota que es un ensayo que la autora escribió por puro placer e interés personal, sin presiones ni encargos, para compartir con otras lectoras, libreras y editoras, a la hora del té.

Lectora, la más agradable de las compañías si te apetece ir de librerías londinenses.

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El gato que amaba los libros, de Sosuke Natsukawa

Al quedarse huérfano, Rintaro Natsuki, un adolescente hikikomori, se va a vivir con su abuelo, el propietario de una librería de viejo escondida en un rincón de la ciudad. Cuando el anciano muere, Rintaro se queda totalmente solo al frente de la librería sin más consuelo que su enorme amor por los libros y la oferta de su tía para mudarse a otro lugar. Pese a su aislamiento y contra todo pronóstico, la vida del chico está a punto de cambiar con la ayuda de tres visitas inesperadas: Akiba, la estrella del instituto, Sayo, su delegada de clase, y un gato parlante llamado Tora (tigre) que le pide ayuda en cuatro peligrosas misiones para salvar libros.

«En el mundo suceden muchas cosas absurdas, carentes de sentido. Y la mejor arma para sobrevivir a este mundo lleno de sufrimiento no es la razón ni la fuerza física, sino el sentido del humor.«

Grijalbo
Booktrailer
256 páginas
Fecha de publicación: 3 de marzo de 2022
ISBN: 9788425359934

Sosuke Natsukawa (Japón, 1978) es médico, ama los libros y escribe. Su novela El gato que amaba los libros ha recibido varios premios literarios y se ha traducido a treinta idiomas, sin duda, porque el amor por la literatura (y por los gatos) carece de fronteras. Es la primera vez que leo a este autor, con la feliz excusa de la iniciativa #MarzoAsiático, y me he llevado una sorpresa muy agradable no solo por su prosa clara y sencilla sino también por sus reflexiones literarias entre las páginas de una historia de ficción y por su maravilloso y universal concepto de los clásicos.

El gato que amaba los libros es la historia de cómo un adolescente asocial toma las riendas de su vida, pero también de cómo ese niño que se convierte en adulto toma conciencia de que amar la literatura es un don que, junto a toneladas de sentido del humor, puede cambiar el mundo. Al igual que Alicia cae por la madriguera del conejo y pregunta al gato de Cheshire por dónde debe continuar su viaje, Rintaro sigue la guía de Tora, también un gato parlante, para orientarse por varios laberintos metafóricos. Sosuke alterna la narración de la realidad de la librería de viejo y la soledad de su protagonista (ambas cuestiones muy actuales tanto en oriente como en occidente) con las reflexiones literarias que se plantean en los mundos fantásticos a los que lo arrastra el gato.

La novela no solo rinde un bonito homenaje a clásicos como la Alicia de Lewis Carroll o a El principito de Saint-Exupéry sino que además cita títulos, autores y cuestiones literarias muy actuales en nuestro presente sobre el valor de los libros, los conflictos editoriales y el desánimo de los lectores. Con una prosa brillante, precisa, de frases breves y diálogos ágiles, Sosuke conecta tan bien con sus lectores de todo el mundo porque cita por igual clásicos occidentales y orientales, consciente de que la universalidad de la literatura ha diluido cualquier frontera. Si bien estructura su historia según los cuatro laberintos metafóricos que plantea el gato, el verdadero encanto de este libro recae en su elegante correspondencia entre fantasía y realidad (eruditos, editores, postureo, vacío cultural, consumo de masas, vivir acelerados y sin tiempo…) y el mensaje de esperanza y optimismo que destilan todas sus páginas.

Lector, para leer con una taza de Assam y la promesa de la primavera.

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La librería a la que fuimos cuando no se podía ir de librerías

Hoy sale a librerías La librería del señor Livingstone. Sin vosotros nunca habría sido posible, GRACIAS por acompañarme siempre. Todavía nos queda camino.

La librería del señor Livingstone (en papel)
La librería del señor Livingstone (en digital)

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La librera y los genios, de Frances Steloff

Frances Steloff (Saratoga 1887 – Nueva York 1989) fundó en 1920 la Gotham Book Mart, la mítica librería neoyorquina que se especializó en literatura de vanguardia europea y norteamericana, títulos desaparecidos, revistas literarias y grabados artísticos. Steloff empezó con un capital irrisorio y mucha incertidumbre, circunstancias que acompañaron su negocio durante casi todo el siglo XX; pero la Gotham superó las crisis, los traslados, la Guerra Mundial, la recesión y la especulación inmobiliaria de Nueva York. Al igual que la Shakespeare and Co. parisina de Sylvia Beach, Frances Steloff y su librería siempre tendieron una mano a los autores que más lo necesitaban, sobre todo a los jóvenes talentos que un siglo después han pasado a la posteridad como clásicos de la literatura: Henry Miller, Anaïs Nin, Hemingway, James Joyce, Sinclair Lewis, D. H. Lawrence, Gertrude Stein, e. e. Cummings, etc. Con un carácter peculiar, buenos contactos, mucha suerte y una resistencia admirable a cualquier crisis, Steloff y la Gotham Book Mart se convirtieron en leyenda.

«Visité a Frances Steloff (…) que desempeñó para nosotros la misma función que Sylvia Beach había desempeñado en París. Se ha hecho amiga de nuestras obras, y me recibe con una sonrisa amable y cálida. Está ocupada entre sus libros, jactándose no del saber que hayan podido darle, sino de su amor por ellos. Acoge a quienes pasan horas rebuscando en los estantes, acoge las revistas desconocidas, los poetas desconocidos. La Sociedad James Joyce se reúne en su librería.» (Anaïs Nin, en 1940).

La librera y los genios es un compendio de anécdotas, narradas por Frances Steloff, alrededor de una librería mítica y su empeño por tener a la venta los libros más controvertidos y excéntricos del momento. La autora nombra capítulo a capítulo a casi todos los escritores, poetas y editores de vanguardia —la mayoría de ellos convertidos hoy en clásicos literarios—, a quienes ayudada recaudando fondos para sufragar sus ediciones o pagar el alquiler o, simplemente, agasajaba en fiestas de presentación y firma de libros. Prueba fehaciente de que la literatura que vendía Steloff en la Gotham Book Mark no era convencional son sus tropiezos con la Sociedad Antivicio Norteamericana que la llevó a juicio más de una vez por vender obras obscenas (las memorias de Andre Guide) o lucir escaparates blasfemos (Marcel Duchamp y André Breton).

Mis capítulos preferidos son aquellos en los que aparece el siempre encantador Christopher Morley, que celebraba sus cumpleaños en la Gotham, detestaba la pintura de D. H. Lawrence, y escribió en la librería su novela Kitty Foyle (1939). Entre las anécdotas más divertidas de estas memorias, me quedo con los estibadores que en medio de una mudanza de la Gotham descubren la caja de las bebidas alcohólicas y acaban todos durmiendo la mona en el sótano de la librería, la autopublicación de Anaïs Nin o el flipado de Henry Miller escribiendo una carta, con membrete fechado en abril de 1939, desde París, asegurando que no iba a haber guerra ni ese año ni el siguiente.

La librera y los genios está plagado de anécdotas literarias y biográficas sobre la vida y la obra de muchas de las voces narrativas más interesantes del siglo XX, el problema es que Frances Steloff, que poseería muchos dones pero el de la escritura no se encontraba entre ellos, no tiene ninguna gracia contándolas. Es una pena que el libro quede tan deslucido por la sosería de Steloff y que no se le ocurriera encargar la redacción del mismo a algún escritor entre los muchos que conocía. Me lo he pasado en grande leyendo estas memorias porque he compartido la lectura con una buena amiga y le hemos sacado punta a casi todo (cuando se podía, que la señora librera no nos lo facilitaba demasiado), y porque entre sus páginas he descubierto tesoros como este:

«La diferencia entre un boxeador de tercera y un luchador bien entrenado radica en la forma, simplemente en la forma. Es la forma la que te hace salir adelante, incluso en esas ocasiones en que los músculos parecen débiles como agua. Lo que hace al escritor es saber escribir.» (William Carlos Williams)

Sin embargo, para los que no estamos familiarizados con los círculos intelectuales norteamericanos del siglo pasado, la figura de Frances Steloff solo se comprende con el epílogo de uno de sus ex-empleados y a través de algunas cartas de los autores. Y no os explico la decepción final porque sería un spoiler como una boa que se ha comido a un elefante.

Lector, ojalá Christopher Morley hubiese escrito la historia de la Gotham Book Mart.

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El exlibris de Colfax, de Agnes Miller

Constance Fuller trabaja como conservadora y experta en la prestigiosa librería Darrow, en la Cuarta Avenida de Manhattan. Demasiado inteligente y con los malos modales que atribuyen el paso por la universidad a las señoritas jóvenes y solteras de los años veinte del siglo pasado, Constance tiene la confianza de sus jefes, y sus compañeros más avezados saben que pueden contar con ella para solucionar algún que otro entuerto. Quizás por eso, cuando Peter vuelve de comprar un antiguo libro de medicina con un curioso exlibris, primero pasa por la mesa de Constance: ha gastado más de lo que debería en la puja por el volumen porque una bella dama le pidió su ayuda. Una extraña muerte y varios intentos de robo convencen a la señorita Fuller de que ese exlibris oculta un misterio de vital importancia, un valor oculto que va más allá de la torpe caballerosidad de Peter.

«—(…) Usted sabe que los ingleses que los ingleses piensan que el fin del mundo se acerca si no tienen su té; y si lo tienen, entonces les da igual lo que pase.

—Creo que ha hecho usted bien —admitió el señor Roberts, refunfuñando, mientras el señor Case sonreía amablemente y observaba que Darrow era diferente—. Hacer té es una estupidez, desde luego; pero no la retrasará más de unos minutos. Y el día es desagradable, frío y húmedo.»

Esta es la única novela para adultos de Agnes Miller, una norteamericana de la que apenas se sabe mucho más aparte de que publicó una saga juvenil de misterio a principios de los años treinta del siglo pasado. Miller publicó El exlibris de Colfax en 1926 y es, hasta la fecha, la única novela del llamado bibliomystery con exlibris. Acertáis si sospecháis que este misterioso libro y su misteriosa autora son rarezas encantadoras.

De entrada, es fácil que El exlibris de Colfax nos enamore: un montón de libreros excéntricos corriendo de un lado para otro de una preciosa librería porque un exlibris los trae de cabeza, un misterioso asesinato, una protagonista experta en libros, inteligente e independiente, Nueva York en 1926… Un tesoro literario que he disfrutado muchísimo por los personajes, por la originalidad del planteamiento de la trama, por un montón de escenas pintorescas y alocadas, y por Constance Fuller, una mujer extraordinaria en su época y posición que jamás pierde su sentido del humor. Y como la novela está narrada en primera persona por la protagonista, se beneficia enormemente del punto de vista perspicaz, ligeramente irónico y siempre brillante de la querida Constance.

La trama transcurre ágil, el misterio es curioso, la intriga y la tensión se mantienen de principio a fin, el investigador da manga ancha a nuestra Constance y la novela es tan encantadora y divertida que bien podría haber sido adaptada a la gran pantalla por Lubitsch o Edwards con sus inconfundibles estilos. El señor Colfax, un artista inglés del siglo XIX, era totalmente contrario a la revolución de las colonias, por eso jamás aceptó ningún encargo de exlibris de un norteamericano, de ahí el extraño ejemplar objeto del deseo de un montón de personajes y el título del libro. Esa tensión cultural entre ingleses y norteamericanos está presente en toda la novela, siempre en un tono jocoso y a menudo escenificada por Constance (neoyorkina) y el capitán Ashland (londinense), con sus tira y afloja por el té y la literatura de sus dos países.

La pena es que estos ingeniosos y divertidísimos diálogos quedan terriblemente deslucidos por la lamentable traducción (recuerdo en especial un juego de palabras sobre el Tea Party y el hecho de que Ashland quisiera tomar té que se pierde totalmente) que desluce toda la novela en general y le resta gran parte de su comicidad. Una traducción y/o edición de frases sin sentido, traducción literal del inglés sin adaptar siquiera juegos de palabras o bromas por lo que se convierten en frases absurdas, construcciones extrañas en español, orden gramatical americano, adverbios acabados en mente hasta la saciedad, siempre-siempre el sujeto pronominal presente en cada una de las frases sin elidir jamás, etc. Una lástima no haberle sacado más partido a esta pequeña maravilla de los bibliomystery, se merecía un trato mejor.

Lector, una rareza con mucho encanto.

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El exlibris de Colfax

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