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Corazón de acero, de T. Kingfisher

Halla es una viuda que acaba de heredar todas las propiedades de su tío político Silas, incluida una espada rarísima de la que sale Sarkis, un guerrero fantasmal que jura protegerla mientras sea portadora de su arma mágica. El problema es que Halla, en esos momentos, la única salida que le ve a su negro futuro es la muerte: su tía la ha secuestrado para obligarla a casarse con su primo Alver (el de las manos sudorosas) y quedarse con la fortuna de Silas. Como a Sarkis le parece una estupidez y un desperdicio, rescata a Halla de su confinamiento y se la lleva a la capital de Archenhold donde, tal vez, un viejo amigo de la familia y los sacerdotes del Templo de la Rata puedan a ayudarla a tomar posesión de su herencia sin que sus parientes intenten matarla, secuestrarla, casarse con ella, o las tres cosas a la vez. Ni Halla ni Sarkis esperan mucho de la vida o de la muerte, respectivamente, pero una aventura entre bandoleros, criaturas horripilantes, sacerdotes encantadores, paladines y un gnole y su buey está a punto de hacerlos cambiar de opinión.

«—Uno de los parece muy confuso —replicó Halla—. Y no voy a jurar que no soy yo. ¿Esto está ocurriendo de verdad? (…) ¿Cómo acabaste dentro de una espada?
—De la forma habitual.
—No tengo la menor idea de qué forma es esa.
—Una herrera-hechicera. Forjas la espada y la templas en la sangre de aquel a quien quieras encadenar.
—¿De verdad? ¿Cuánta sangre se necesita para eso? ¿Hay que usar sanguijuelas?«

Oz Editorial
Traducción de Cristina Mestre
Fecha Publicación: 6 de julio de 2026
408 páginas
ISBN: 978-84-18431-34-0

T. Kingfisher es el seudónimo de Ursula Vernon, una escritora estadounidense de novelas y cómics infantiles y juveniles. Sus obras se caracterizan por la fantasía oscura y un toque muy original e imaginativo para darle otra vuelta de tuerca a los cuentos de hadas más terribles. Hasta la fecha, he leído de la autora Guia màgia d’autodefensa amb galetes (con la magnífica traducción de Elena Ordeig Vila), que ganó en 2021 los premios Locus, Nebula, Dragon, Hugo Lodestar, Mythopoeic y Cóyotl, Què mou els morts y Què ens devora de nit (ambas con la maravillosa traducción de Marta Armengol): la primera, un impecable y original homenaje a La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe, que abre la saga de la teniente Alex Easton; la segunda, una aventura original de la protagonista que, al volver a su hogar, se encuentra con un terrible misterio sobrenatural.

Leí por primera vez Corazón de acero (Swordheart) en 2023, cuando Oz Editorial lo publicó con traducción de Cristina Mestre, y me enamoraron sus personajes colmados de bondad en un mundo fantástico con más sombras que esperanza. Con la estupenda excusa de que Oz acaba de reeditar Corazón de acero —revisada y con el diseño de cubierta original de la edición en inglés de T. Kingfisher— la he vuelto a leer estos días. Ha sido genial reencontrarme en este lugar confortable y divertidísimo, a salvo de las altas temperaturas de este verano.

Corazón de acero es una novela de fantasía que destaca por el encanto y el carisma de sus personajes protagonistas y secundarios, por el fabuloso mundo fantástico que se marca Kingfisher (atención porque la autora tiene otras sagas ambientadas en este mundo: Clocktaur War y The Saint of Steel) y por el sentido del humor de sus diálogos. Es una historia de aventuras, con un toque romántico y muchísimo humor; de esas historias que te da mucha pena que se acaben porque te hacen reír y porque sabes que vas a echar mucho de menos a los personajes cuando cierres el libro una vez lo terminas. Una novela que te deja el corazón calentito y la sonrisa en los labios, que no puedes soltar porque es refugio y diversión cuando la vida nos atropella.

Halla es inolvidable: aunque tiene treinta años, es viuda y vive rodeada de villanos, ha sido capaz de conservar esa mirada ingenua y bondadosa que tanto asombra a Sarkis y que, junto con el personaje de Zale, constituyen un faro de esperanza en un universo más violento y belicoso que zen. La imaginación de la autora es admirable, su sentido del humor y su habilidad con los diálogos son extraordinarios y su capacidad para resultar ingeniosa y original creando criaturas, mundos y marcos histórico-sociales fantásticos es para quitarse el sombrero. Siempre es un placer leer a T. Kingfisher y aunque su humor tiene un estilo propio, muy personal, una no puede dejar de acordarse de sir Terry Pratchett; no porque se parezcan sino porque los dos autores son maestros en crear personajes y mundos extraordinarios que, siendo ficticios, cuentan mucho de verdad sin perder jamás la capacidad de reírse de sí mismos.

Al igual que sucede en Què mou els morts, los personajes y trama de Corazón de acero interpelan a los lectores adultos o Young Adult (sus protagonistas tienen más de treinta años), mientras que Guia màgia d’autodefensa amb galetes estaría destinado a un lector más infantil (sobre los doce años).

Recomendado para lectoras con un gran sentido del humor y muchas ganas de divertirse a paso de buey.

Aviso: Corazón de acero es la primera entrega de la trilogía Swordheart de T. Kingfisher y está ambientada en el mundo de Clocktaur War y The Saint of Steel (los Paladines), pero esta novela es autoconclusiva y puede leerse de forma independiente, y sin necesidad de seguir un orden, de los libros y sagas mencionados. Lee tranquila, lectora, y déjate llevar.

También te gustará: Guia màgia d’autodefensa amb galetes; Què mou els morts; La última cazadragones; El caso Jane Eyre; La gaceta del misterio; El protectorado de la sombrilla

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Extraños viajes, de Maud Cairnes

Polly Wilkinson se siente bastante satisfecha con su vida de ama casa, al cuidado de sus dos hijos y con un guapo marido oficinista un poco agobiado por el trabajo. Aunque algunos días, cuando la chica de servicio se rebela, su esposo no le hace demasiado caso y sus muchos quehaceres la agotan, se pregunta qué se sentiría al vivir con la despreocupación y la calma que aparenta la mujer de su edad que ve pasar acomodada en su lujoso coche con chófer propio. Al cabo de un tiempo, Polly siente un extraño mareo y de pronto aparece sentada en el salón de una impresionante mansión campestre, tomando el té junto al fuego en compañía de una agradable señora que resultará ser su suegra, Lady Forrester. Con un aplomo que jamás pensó que poseía, pero también dejándose llevar por la curiosidad y su recién descubierto sentido de la aventura, Polly descubre que es capaz de intercambiarse el cuerpo con Lady Elizabeth, una dama de la alta sociedad con dificultades matrimoniales y un montón de compromisos sociales abrumadores.

«—Me gustaría saber cuánta gente en el mundo aprovecharía la oportunidad de cambiarse por otra persona, sobre todo para evitar compromisos sociales aburridos. Estoy segura de que a cada una de nosotras, personalmente, le entusiasman los engorros de la otra. Por ejemplo, deduzco que le divierte el viejo Potty, mientras que a mí me encanta el señor Marshall. Tendríamos que cambiarnos a propósito algunas veces, por simple diversión, cuando haya algo que hacer.«

Maud Cairnes es el seudónimo con el que Maud Kathleen Cairnes Plantagenet Hastings (1893 – 1965) firmó y publicó dos novelas. Amante del arte, del ballet y de la música, Lady Kathleen, como era conocida, escribió y estrenó la obra de teatro It Is Expedient (1920) antes de publicar la que sería su primera novela: Extraños viajes (1935). Su divertida y encantadora historia sobre dos mujeres de distinta clase social y educación que intercambian sus cuerpos, tuvo una gran acogida por parte de los lectores y los críticos literarios de su época. Alba Editorial, en su sello rara avis, la publicó por primera vez en castellano a principios de 2025, con traducción de Daniel de la Rubia Ortí.

Qué sorpresa tan agradable ha sido descubrir a Maud Cairnes y sus Extraños viajes. Fresca, original, divertida, socarrona, esta comedia social se lee con la sonrisa en los labios y una simpatía creciente por todos sus personajes. Con una prosa precisa y alegre, un estilo desenfadado y ligero que sigue con rapidez el desarrollo de esta trama inusual, Maud Cairnes juega con el contraste entre las vidas de dos mujeres de extracción social y educación tan distintas que parece imposible que, en el fondo, se complementen. Me han encantado todos los personajes, tanto secundarios como protagonistas, cómo Polly y Elizabeth se las ingeniaban para comprender y mejorar sus respectivas vidas, y soltar la carcajada con cierta cena de Navidad en la campiña que… Tendrás que leerla para descubrirla.

Si mi gran descubrimiento literario del año pasado fue La fiesta, de Margaret Kennedy, este año lo es, sin duda, Extraños viajes, de Maud Cairnes. Ni los estilos de las autoras ni sus novelas se parecen lo más mínimo, pero las dos me han supuesto un regalo extraordinario: dos libros distintos, muy particulares, arriesgados, excéntricos y divertidos. Se quedan, para mí, como un soplo de aire fresco muy inspirador en mis estanterías.

Lectora, que un libro te sorprenda y te divierta así tras tantas décadas de magníficas lecturas es un regalo.

También te gustará: Pudin de Navidad; Cluny Brown; Fresas silvestres; Los millones de Brewster; Amberwell; Un par de manos; Por no mencionar al perro

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Una tarta de rododendros, de Margery Sharp

Es tradición de los Laventie, la familia más excéntrica y esnob de la campiña de Sussex, que cada uno de sus tres jóvenes retoños escoja un relleno inusual para su tarta de cumpleaños. El pastel de Elizabeth, la hermosa e inteligente hermana mayor, lleva heliotropos, el de Dick, el dotado artista, prímulas amarillas, y el de Ann, la hermana pequeña, está relleno de rododendros. Han sido educados en casa, bajo la intelectual y despreocupada atención de un padre que desprecia los convencionalismos sociales y se burla de fiestas de cumpleaños u otros eventos tradicionales, aislándose de sus vecinos a fuerza de espantarlos con su insoportable cháchara clasista, o escogiendo a sus amigos por cuestiones estéticas en lugar de morales. Desde pequeña, Ann sospecha que no encaja bien en su familia: no se parece a la bella e ingeniosa Elizabeth, ni tampoco al estrambótico y talentoso Dick. A ella, en el fondo, le apena que su tarta de cumpleaños contenga rododendros en lugar de chocolate y cerezas confitadas, y le encantaría intimar con amigos sencillos y agradables con los que poder ir a pasear o al cine sin la presión de estar todo el tiempo manteniendo una conversación brillante sobre arte, economía o política.

«Estaba revisando la fe estética en la que se había educado e intentando cuadrarla con sus propios sentimientos. Era difícil. Adoraba a Giotto y detestaba el Albert Hall, y eso estaba muy bien. Por otro lado, aborrecía a Epstein y le encantaban los atardeceres rosa pálido, y eso estaba mal. La figura de Peter Pan nunca se había tratado de forma específica, pero estaba segura de que el veredicto no lo favorecía. Era bonito y allí estaba ella, conteniéndose a duras penas para no acariciar a los conejos. Le gustaba y sabía que, si Dick o Elizabeth estuvieran a su lado, fingiría despreciarlo.«

Margery Sharp (1905-1991) fue una escritora y dramaturga inglesa, famosa por la serie infantil Los rescatadores y por comedias sociales como El árbol de la nuez moscada (1937), adaptada al cine con el título de Julia Misbehaves (1948), La piedra de la castidad (1940), o Cluny Brown (1944), que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Una tarta de rododendros (1930) fue su primera novela y trata sobre la búsqueda de la identidad propia de una joven amante de los places sencillos de la vida que ha crecido en el seno de la familia menos convencional y más rocambolesca de la Inglaterra de entreguerras.

Resulta complicado leer Una tarta de rododendros y no quedarse prendada para siempre de Margery Sharp. Divertida e ingeniosa, Sharp se sirve de la excentricidad de sus personajes para mofarse con cariño de la vacuidad del esnobismo intelectual, pero también para contraponer la singularidad y la búsqueda de una de sus protagonistas más entrañables. Anne Laventie, al igual que Cluny Brown o Julia Packett, es una persona extraordinaria que no encaja en su entorno y que, pese al poco margen de maniobra que las convenciones de género de su época dejaba a las mujeres, se cuestiona su educación familiar y la catadura moral de sus seres queridos, y decide que no va a quedarse con los brazos cruzados mientras ve cómo la felicidad se le escapa entre los dedos. Con su agudeza habitual y su sentido del humor, Sharp señala con valentía las hipocresías sociales (atención a la sutilidad con la que muestra a las muchachas solteras que tienen amantes, las relaciones prematrimoniales o la elección de una carrera profesional considerada masculina en 1930), a la vez que divierte a los lectores con las desventuras de los estrambóticos Laventie.

Lectora, el notable debut de una de las autoras más geniales del siglo pasado.

También te gustará: Cluny Brown; El árbol de la nuez moscada; La piedra de la castidad; Amberwell

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Hotel Splendide, de Ludwig Bemelmans

Corren las primeras décadas del siglo XX y en el lujoso hotel Splendide, de Nueva York, a los clientes indeseables se les sienta en la mesas peor situadas y atendidas por el camarero más nefasto del país, Mespoulets. Así empieza la carrera hotelera del joven Ludwig, a las órdenes de Mespoulets, como mozo de comedor; entre plato y plato, aprende francés y dibujo. Con el tiempo, lo promocionan a ayudante de camarero y, más tarde, a camarero, mientras se va forjando su propia fortuna al servicio de artistas, millonarios, agentes de bolsa de Wall Street (que dan algún que otro chivatazo), familias peculiares, tiranos maître d’hôtel, caceroleros que se pirran por un uniforme, o compañeros enfermos de nostalgia por su Ratisbona natal.

«La mejor fuente de información sobre los huéspedes del hotel Splendide no era su departamento de pagos ni la oficina del gerente, sino el comedor de los acompañantes. En dicha categoría entraban los chóferes, los ayudas de cámara, los mayordomos, las niñeras y los lacayos que no estaban contratados por el hotel, sino que viajaban con los huéspedes en calidad de su servicio personal. A ellos se les asignaba las habitaciones pequeñas que daban a los patios de luces y se les ofrecía un escueto menú del día en el comedor de los acompañantes. Dicha estancia suponía un zoco para el chismorreo, un lugar al que todos llegaban corriendo y en el que se demoraban durante una segunda y hasta una tercera taza de café, cambiando impresiones, intercambiando lamentos y quejas.«

Ludwig Bemelmans (1898 – 1962) fue un escritor, guionista e ilustrador austrohúngaro que emigró a Estados Unidos en 1914, donde se ganó la vida durante quince años en el sector hotelero antes de dedicarse a la ilustración y la literatura. Bemelmans fue guionista de la Metro Goldwyn Mayer, y sus ilustraciones y artículos aparecían con regularidad en el New Yorker o en el Town and Country, entre otras publicaciones, pero fueron sus libros infantiles ilustrados, protagonizados por la niña Madeline, los que lo consagraron definitivamente, haciéndolo merecedor de la Medalla Caldecott en 1954. En Hotel Splendide, Bemelmans realiza un retrato ingenioso y nostálgico de las interioridades de un hotel de lujo (el Splendide es el alter ego del Ritz de Nueva York) durante los años veinte y treinta del siglo pasado.

Ludwig Bemelmans publicó por primera vez Hotel Splendide en 1941, transcurrida casi una década desde que había dejado atrás su carrera hotelera. Tal vez por eso, el libro parece teñido de cierta pátina amable de nostalgia y narrado desde un punto de vista humorístico, incluso satírico, pero siempre con ese poso de añoranza que tienen las anécdotas más queridas. Hotel Splendide es un conjunto de postales, de instantáneas sobre la vida en un hotel neoyorkino de lujo antes de la Segunda Guerra Mundial, de retratos maravillosos de algunas de las personas singulares que pasaron por sus comedores, sus habitaciones, su plantilla de personal. Son unas memorias de juventud divertidas y excéntricas, en las que Bemelmans no mitifica un trabajo duro y a menudo desagradable, aunque sí intenta quedarse con lo excepcional de aquellos años y tomarse con mucho sentido del humor la locura del servicio y la atención al cliente. Destacan los capítulos en los que el tema de fondo muestra cómo la plantilla disfuncional del Splendide se convierte en familia adoptiva para unos trabajadores en su mayoría migrantes, como el propio autor, pero también el marco histórico-social de ese Nueva York en el que los corredores de Wall Street enriquecían a sus camareros favoritos con chivatazos lucrativos (algunos, poco antes de suicidarse por el crack del 29) y los millonarios adoraban a sus amantes sin reparar en excentricidades.

Lectora, unas memorias divertidas, nostálgicas y perfectas para conocer los entresijos de un hotel de alto standing en el Nueva York de principios del siglo pasado. Pero también para entender los sueños de oportunidades y prosperidad de quienes llegaban a la ciudad más deslumbrante del planeta y no siempre eran bienvenidos.

También te gustará: Crónicas de Nueva York; El niño de oro

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Retorno a Little Summerford, de Reginald Arkell

El joven Charley Moon vive feliz y despreocupado, correteando por los humedales de Little Summerford y trabajando lo menos posible en el molino de la familia. Su mejor amiga es Rose, una niña con trenzas y una serena sabiduría, que lo adora. Cuando se desencadena la Gran Guerra, Charley ingresa en el ejército con la misma actitud despreocupada que siempre lo ha caracterizado. Sus habilidades musicales y su ingenio para la comedia pronto llaman la atención de sus compañeros, que lo destinan al escuadrón de entretenimiento. Terminada la guerra, Charley no sabe a qué dedicarse y no cree que haya llegado el momento de volver a Little Summerford, por lo que se deja alistar de nuevo, esta vez en una serie de compañías teatrales itinerantes que acabarán por llevarlo al West End londinense.

«La noticia de que el joven Charley Moon era ahora un actor famoso tardó algún tiempo en llegar a Little Summerford. Y cuando llegó, nadie la creyó. Es decir, nadie excepto Rose, que recordaba la visita de aquel inquisitivo desconocido y supuso que debía de haber algo de verdad en la sorprendente historia que le contó.«

Reginald Arkell (1872-1959) fue un escritor, guionista, periodista y poeta inglés que también trabajó para el teatro y la televisión. Se crió en Gloucester, donde se formó como periodista. Tras servir en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, trabajó como dramaturgo, sobre todo como guionista de obras cómicas musicales, en donde cosechó grandes éxitos. Es el autor de Recuerdos de un jardinero inglés, título en el que reflejó parte de su pasión por la jardinería y su amor por la campiña, con esa mirada nostálgica sobre los últimos años de la época victoriana y la transformación rural de las primeras décadas del siglo XX. Tres años después, en 1953, Reginald Arkell publicó Retorno a Little Summerfod, con un protagonista con el que compartía paso por el ejército durante la Gran Guerra y trabajo posterior en el teatro cómico. En 1956, Guy Hamilton llevó a la pantalla Retorno a Little Summerford con su título original, Charley Moon (que, sea dicho de paso, tiene mucho más sentido que el de la traducción al castellano).

Las obras de Arkell se caracterizan por su mirada llena de ternura, su encantador sentido del humor, su amor por la jardinería y esa nostalgia de la campiña británica que desapareció en aras de la profunda transformación ocurrida durante las primeras décadas del siglo XX. En Retorno a Little Summerford echamos de menos el encanto de Hebert Pinnegar y sus jardines, pero Arkell vuelve a poner el acento en el cambio profundo alrededor de los pequeños núcleos rurales —la pérdida del molino y los humedales de la familia de Charley Moon— y cambia el humor y el encanto de nuestro querido jardinero por el humor y el encanto de un actor cómico que todavía no comprende lo mucho que echa de menos el pueblo de su infancia. Retorno a Little Summerford es quizás menos evocador y entrañable que Recuerdos de un jardinero inglés, pero mantiene el ritmo de comedia teatral que tan bien se le daba a su autor y ofrece una mirada, profunda y algo socarrona, tras las bambalinas de la comedia teatral, tanto de provincias como del Londres de entreguerras.

Lectora, para echar una mirada tras del telón sin perder la sonrisa

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