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En el otro bolsillo, de Laura Balagué Gea

Es otoño en San Sebastián y la oficial de la Ertzaintza Carmen Arregui lo lleva regular. Se ha quedado sin sus vacaciones de septiembre por culpa del caso del festival de cine, Iñaki languidece por Lorena, Fuentes parece que desea batir su marca de bocazas, las tareas domésticas se acumulan, su hermana Nerea tiene problemas con el imbécil de su marido y su madre le da sopas con honda. Para redondear octubre, a Carmen le han asignado el caso de María Prados, una enfermera que ha aparecido muerta en su domicilio con un golpe en la cabeza. Pero a medida que Arregui y su equipo investigan a la víctima, las incógnitas se multiplican alejándolos de la resolución del crimen: María Prados parecía llevar una doble vida, con ropa y coche de lujo, citas en Meetic y un montón de mentiras que nada tienen en común con la imagen que sus compañeros del ambulatorio parecen recordar.

«Cuando Nerea se fue, Carmen entró en el estudio, se sentó en las rodillas de Mikel y se abrazó a él sin necesidad de decir nada. Se dejó mimar y secar las lágrimas porque hasta las mujeres más fuertes tienen días en los que les puede la vida.«


Erein editores
Páginas: 304
Fecha de publicación: octubre de 2020
ISBN: 978-84-9109-642-9

Soy muy fan de la oficial Carmen Arregui. Tuve el placer de conocerla en Las pequeñas mentiras, su primer caso, y me sorprendió al encontrarme con una detective tan alejada de los cánones tradicionales de la novela negra y policíaca: Carmen está felizmente casada con un hombre encantador, tiene dos hijos estupendos y un equipo de trabajo que gestiona con éxito, come pintxos de tortilla, y cuando llega a casa pone lavadoras y lee a John Irving o a Wilkie Collins. Abrir En el otro bolsillo, el tercer libro de Laura Balagué protagonizado por Carmen, ha sido como reencontrarme con viejos amigos. Ambientada en ese otoño norteño de lluvias y jerséis cálidos, con las recetas de Mikel y de la amona, las copas de vino en el sofá al llegar a casa y esa prosa tan agradable de la autora… Los casos de la oficial Arregui están más cerca del cozy que del noir.

Etiquetas aparte, y aunque sabéis que no soy nada de este género, me ha encantado En el otro bolsillo, que empieza justo al hilo de la novela anterior, Muerte entre las estrellas. Creo que se ha convertido en mi novela preferida la oficial Arregui, quizás por todo lo que he explicado en el párrafo anterior sobre la ambientación y los personajes, pero también porque he tenido la sensación de que Laura Balagué escribía con más soltura y se encontraba muy a gusto entre sus protagonistas. Os la recomiendo porque es entretenida, original, cálida —aunque suene raro en una novela con asesinato— y con cierto sentido del humor. Además practica con mucho ingenio crítica social y de actualidad, resulta inevitable empatizar con los conflictos familiares y laborales de la protagonista por su cercanía, el estilo de la autora es personal, su prosa estupenda, y Carmen Arregui relee en la cama La piedra lunar.

Lector, viaja este otoño al norte sin salir de casa.

También te gustará: Las pequeñas mentiras; Muerte entre las estrellas; Vestidos de novia; Oskarbi21

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En el otro bolsillo

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Manual para damas sobre el protocolo y el asesinato, de Diane Freeman

Un año después de la muerte de su marido en extrañas circunstancias, la joven condesa Frances de Harleigh por fin encuentra el valor de marcharse de la casa de su cuñado Graham para emprender una nueva vida en Londres. Pero si pensaba en llevar una existencia tranquila y relajada en la metrópolis se equivoca: sus padres le han enviado a su hermana pequeña desde Nueva York para presentarla en sociedad, su nuevo vecino es nada menos que el encantador George Hazelton, un policía la interroga continuamente sobre la muerte de su esposo, Graham le ha congelado todas las cuentas bancarias porque quiere su dinero, a su cuñada le parece escandaloso que viva sola y una ola de misteriosos robos causan sensación en las fiestas de la alta sociedad. La buena noticia es que puede que Frances esté a punto de descubrir que posee un nuevo talento, el de la investigación criminal.

«—¿Entonces habrá un segundo esposo, querida?
—Ni lo pienses —dije levantando la mano en un gesto de advertencia—. Desde que tengo uso de razón, siempre ha habido alguien controlando mi vida. Primero mi madre, luego mi esposo y después la familia de mi esposo. Por fin tengo la oportunidad de decidir por mí misma, y aunque dé un poco de miedo, reconozco que me gusta.«

Manual para damas sobre el protocolo y el asesinato es una novela de misterio muy desenfadada, ambientada en la Inglaterra victoriana. Me decidí a leerla porque alguien la enseñó por Twitter —disculpad mi despiste, pero no recuerdo quién— y me encantó el título y la recomendación de Darcie Wilde, que pronunciaba las palabras mágicas: «Una maravillosa mezcla de historia, misterio y humor. Perfecta para los aficionados a Agatha Christie y Georgette Heyer.» Que no se parezca a Agatha Christie se lo perdono, pero que no se acerque ni a un kilómetro al ingenio de la gran Georgette Heyer es un error de marketing que esta lectura paga muy caro. Porque la novela me ha gustado, es muy entretenida y simpática, mantiene bien el misterio y tiene su encanto, pero no resiste la comparación con Heyer: ni tiene su chispa ni su sentido del humor ni su ritmo ni sus diálogos geniales ni nada que se le parezca.

Aclarado este triste punto, os confieso que Manual para damas sobre el protocolo y el asesinato —no me digáis que el título no es prometedor— me ha gustado, aunque me hubiese gustado mucho más si no hubiese tenido las expectativas tan altas por la comparación con Heyer. Que la trama de misterio esté ambientada en los bailes de la temporada londinense de época victoriana le da un toque distinto y muy atractivo, y el maridaje (nunca mejor dicho) entre rica heredera americana casadera en busca de título nobiliario y pretendiente aristócrata inglés arruinado en busca de esposa millonaria da mucho juego. Frances, la protagonista, es inteligente y empática, y su condición de viuda le da cierto margen de maniobra en una sociedad tan encorsetada. El componente romántico es muy secundario, no temáis, pues el peso de la trama recae en las circunstancias de Frances y en el misterio a resolver, lo que dota a la novela de originalidad y una ligereza muy de agradecer por estas fechas.

Lector, para llevártela a la piscina este verano.

También te gustará: Agatha Raisin y la quiche letal; La tumba de Vera Thwait;

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Un chelín para velas, de Josephine Tey

En la tranquila playa de Westover aparece el cuerpo sin vida de la joven Christine Clay, una actriz en auge que pasaba unos días de incógnito en la campiña inglesa para descansar. Pero cuando aparecen signos de lucha en la víctima y el botón de un abrigo enredado en su pelo, la premisa de que se ahogó por accidente pierde sentido y se traslada el caso al detective Grant de Scotland Yard. Al inspector no acaba de convencerle el sospechoso más obvio, pero cuando todas las pruebas apuntan en la misma dirección le resulta imposible ignorarlo por más tiempo. Cansado y desalentado, convencido de que se equivoca, Grant tropieza con la peculiar señorita Burgoyne, la única hija del comisario local, que le aportará el soplo de aire fresco que necesita para recuperar la perspectiva en la complicada investigación.

«¿La conocía Grant? Era actriz cinematográfica. Y muy buena, por cierto. Ha sido algo terrible, ¿no le parece? Las cosas que suceden hoy en día en las buenas familias. Incluso asesinatos. Las cosas habían cambiado mucho en la actualidad.
—No sé qué decirle —respondió Grant—. Para las familias más antiguas de Inglaterra el crimen siempre ha sido un pasatiempo más, si mis libros de Historia no mentían.«

Esta es la cuarta novela que leo de Josephine Tey y me ha parecido la más flojita de todas. Era difícil estar a la altura de la tensión psicológica de la magnífica Patrick ha vuelto, o poseer el encanto apasionado historiador de La hija del tiempo, y aunque Erica Burgoyne es un personaje feelgood estupendo, no está a la altura de la señorita Pym. Quien nunca defrauda es el inspector Grant que, al  margen de que el caso policial nos parezca más o menos interesante, siempre da la talla. Además me ha hecho gracia encontrarme con el debut en escena de Marta Hallard, un personaje con mucha chispa que recordaba de La hija del tiempo.

Las novelas de Josephine Tey me gustan por su planteamiento clásico policial, por su atmósfera apacible (a menudo ambientadas en la campiña inglesa), por su british air inconfundible y por el trabajo psicológico de sus personajes. En Un chelín para velas vais a encontrar la marca de la casa y además un marco histórico muy bien reflejado: el de una Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial espantada por el antisemitismo y un Hollywood en su edad dorada en parte gracias al talento de los compositores y directores judíos fugados de sus países de origen. Quizás por eso, aunque las novelas de Josephine Tey se incluyan dentro de la Golden Age, su detective huye de cualquier estereotipo y sus escenarios suelen traslucir más crítica social que el resto de novelas de misterio de ese período.

Un chelín para velas fue adaptada para la gran pantalla por Alfred Hitchcock con el título de Inocencia y juventud.

También te gustará: La señorita Pym dispone; La hija del tiempo; Patrick ha vuelto

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Un chelín para velas

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El hombre que sabía demasiado, de G. K. Chesterton

Horne Fisher, curioso y erudito, tiene un don para resolver misterios tan poderoso como su extraña colección de parientes. Cuando el joven periodista político Harold March lo conoce, en plena campiña inglesa, se queda intrigado por sus reflexiones y su caudal de conocimientos aparentemente inútiles en un mundo al borde de la Primera Guerra Mundial y la agitación política que eso conllevaba. Mientras charlar cerca de un agradable arroyo, a la espera de poder reunirse con el ministro de economía en una casa de campo alquilada, asisten a un extraño accidente de coche. Pero cuando se acercan a comprobar los daños, se encuentran con el cadáver de Humphrey Turnbull, un conocido parlamentario inglés que no ha muerto precisamente del choque sino de un disparo milimétricamente calculado. Ese primer misterio sella la amistad de Fisher y March, que volverán a encontrarse a lo largo de los siguientes meses y a colaborar en la resolución de crímenes, espionaje, robos de reliquias históricas y sofisticadas operaciones encubiertas para atrapar a un legendario ladrón.

«—Sé demasiado —dijo—. Ese es mi problema. Ese es el problema de todos nosotros, y de todo el tinglado; que sabemos demasiado. Sabemos demasiado los unos de los otros; y sobre nosotros mismos. Por eso ahora lo que realmente me interesa es una cosa que no sé.
—¿Y qué es? —preguntó el otro.
—Por qué aquel pobre tipo está muerto.»

Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874-1936), más conocido como G. K. Chesterton, fue un periodista, novelista, ensayista y escritor de libros de viajes cuyo sentido del humor y sentido común lo convirtieron en uno de los autores más adorables del siglo XX. Amigo de Bernard Shaw y P. G. Wodehouse, entre otros destacados literatos de su época, publicó más de ochenta novelas, aunque probablemente sea su saga detectivesca del Padre Brown la que alcanzó más fama. Personalmente, Chesterton es un autor al que tengo mucho cariño, seguramente por su condición de periodista (que con tanto ingenio inspiró a Evelyn Waughn) y por ese humor socarrón tan inglés e ingenioso. Una de las anécdotas que más me gustan sobre él es su despiste y torpezas crónicos: a menudo cogía un tren para acudir a una cita y a mitad de trayecto olvidaba de qué cita se trataba o dónde debía apearse.

Chesterton publicó la antología de relatos de El hombre que sabía demasiado en 1922, quizás por eso aparece recurrente la inestabilidad política de la época y los tejemanejes del Parlamento británico en la sombra desafiando la perspicacia de Horne Fisher y la candorosa inocencia de Harold March. Son ocho relatos detectivescos en los que Fisher ejerce de detective accidental, a menudo asistido por March, su Watson particular. La gracia de estos relatos es la peculiar personalidad de sus protagonistas, las apariencias engañosas, la cuestionable ética y moral de los ingleses contemporáneos de Chesterton (tema recurrente en el autor junto al del sentido común) y la terrible familia de Fisher. Pero, sin duda, es el encanto de Chesterton, su inteligencia y su sentido del humor, sutil y tan inglés, lo que te roba una sonrisa en cada uno de estos relatos.

Lector, Chesterton siempre es una buena idea.

Este libro me lo regaló mi amiga Rosa, que sabe lo mucho que me gusta Chesterton. Las dos pensábamos que se trataba del libro que Alfred Hitchcock adaptó para la gran pantalla en la película del mismo título, pero resulta que no, que no tiene nada que ver. Aviso por si alguien más le presta a confusión.

También te gustará: Crimen en la posada Arca de Noé; Asesinato el Charlton Crescent; Un cadáver en la mansión Sainsbury

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Un cadáver en la mansión Sainsbury, de A. Fielding

Cuando los Layng vuelven a la mansión Sainsbury tras su luna de miel se encuentran el cadáver de una mujer bajo el suelo entarimado de la cocina. La casa había sido alquilada por los Markham, los padres de Carin Layng, como sorpresa para el joven matrimonio mientras terminaban las obras de su nueva residencia. Cuando el inspector jefe Pointer, de Scotland Yard, inicia las primeras averiguaciones, Carin y su madre aseguran que la mujer asesinada es Ann Gissburn, una amiga de la familia que había estado prometida a Douglas Layng, el joven esposo. La anciana propietaria de la mansión ha delegado la gestión de la propiedad a su abogado, cuyas declaraciones le parecen del todo honestas al inspector, pero su detestable sobrino, Arthur Sainsbury, que también había estado enamorado de Ann Gissburn, aparece en la casa para acusar a Douglas del crimen.

«¡Sus preguntas resultan absolutamente impertinentes, inspector jefe! -gritó la señora Markham encolerizada-. ¡Yo no maté a la pobre chica! Ni la coloqué bajo el entarimado de la cocina para que la encontrara esta misma tarde el esposo de mi querida hija ¡al regresar de su luna de miel!»

dÉpoca Editorial
Colección: dÉpoca noir
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susana González
ISBN: 978-84-121291-0-6
264 páginas
Fecha de publicación: noviembre 2019

A. Fielding es el seudónimo de un escritor o escritora de la Golden Age del que seguimos sin conocer su identidad real. Publicó más de una veintena de novelas de misterio entre los años 20 y 40 del siglo pasado y es la primera vez que dÉpoca Editorial la trae a su catálogo con este estupendo título. Investigando por Internet, he encontrado que sus editores norteamericanos de la época, H. C. Kinsey Co., aseguraron que A. Fielding era una señora londinense de mediana edad que vivía en Kensington y le encantaba la jardinería. Investigaciones contemporáneas a la autora y posteriores, lanzaron diversas hipótesis, pero lo cierto es que los archivos editoriales londinense que podrían haber arrojado alguna luz sobre el asunto se quemaron durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Sea quien sea Mrs. Fielding, los aficionados a las novelas clásicas de misterio de la Golden Age le damos sinceramente las gracias por Un cadáver en la mansión Sainsbury. Este caso del inspector jefe Pointer gira en torno a Anne Gissburn, una mujer extraña con tendencia a despertar la antipatía del lector, que es la pieza clave del misterio. Me ha gustado el caracter pausado y flemático del inspector, pero sobre todo me parecen muy entretenidos y originales los giros que va tomando la investigación a medida que Pointer va tirando del hilo. Que yo no sea capaz de adivinar quién es el asesino o asesinos, o el móvil del crimen, no es ninguna novedad, pero esta vez me ha sorprendido la fluidez de la historia y como va cambiando el rumbo de crimen y sus motivos a medida de que el inspector averigua más sobre Anne Gissburn.

Prosa ágil, diálogos bien medidos que hacen avanzar el caso sin repetirse, personajes que tienen algo que ocultar y el firme pulso de Scotland Yard, hacen de esta novela un misterio muy agradable y entretenido que aunque juega bien con los tópicos del género aporta originalidad en su resolución y en su magnífico final. Si os fijáis en la cita que he escogido es justo el primer párrafo de inicio de la novela, donde se nos hace un excelente puesta en escena, directa y esclarecedora: el asesinato ya ha sido cometido y el cadáver hallado, todo empieza en manos del inspector Pointer. Desde este principio sin molestos circunloquios hasta el final, el lector no se aburre pues Fielding sabe muy bien como convertirlo en acompañante de Pointer para que cada capítulo le aporte una pieza más del rompecabezas. Dice dÉpoca Editorial que este título solo es comparable a los mejores trabajos de Agatha Christie, así que ya os hacéis una idea.

Lector, perfecta para las noches de invierno.

También te gustará: Asesinato en la mansión Darwin; Crimen en la posada Arca de Noé; Asesinato en Charlton Crescent; Un hombre muerto

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