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El exlibris de Colfax, de Agnes Miller

Constance Fuller trabaja como conservadora y experta en la prestigiosa librería Darrow, en la Cuarta Avenida de Manhattan. Demasiado inteligente y con los malos modales que atribuyen el paso por la universidad a las señoritas jóvenes y solteras de los años veinte del siglo pasado, Constance tiene la confianza de sus jefes, y sus compañeros más avezados saben que pueden contar con ella para solucionar algún que otro entuerto. Quizás por eso, cuando Peter vuelve de comprar un antiguo libro de medicina con un curioso exlibris, primero pasa por la mesa de Constance: ha gastado más de lo que debería en la puja por el volumen porque una bella dama le pidió su ayuda. Una extraña muerte y varios intentos de robo convencen a la señorita Fuller de que ese exlibris oculta un misterio de vital importancia, un valor oculto que va más allá de la torpe caballerosidad de Peter.

«—(…) Usted sabe que los ingleses que los ingleses piensan que el fin del mundo se acerca si no tienen su té; y si lo tienen, entonces les da igual lo que pase.

—Creo que ha hecho usted bien —admitió el señor Roberts, refunfuñando, mientras el señor Case sonreía amablemente y observaba que Darrow era diferente—. Hacer té es una estupidez, desde luego; pero no la retrasará más de unos minutos. Y el día es desagradable, frío y húmedo.»

Esta es la única novela para adultos de Agnes Miller, una norteamericana de la que apenas se sabe mucho más aparte de que publicó una saga juvenil de misterio a principios de los años treinta del siglo pasado. Miller publicó El exlibris de Colfax en 1926 y es, hasta la fecha, la única novela del llamado bibliomystery con exlibris. Acertáis si sospecháis que este misterioso libro y su misteriosa autora son rarezas encantadoras.

De entrada, es fácil que El exlibris de Colfax nos enamore: un montón de libreros excéntricos corriendo de un lado para otro de una preciosa librería porque un exlibris los trae de cabeza, un misterioso asesinato, una protagonista experta en libros, inteligente e independiente, Nueva York en 1926… Un tesoro literario que he disfrutado muchísimo por los personajes, por la originalidad del planteamiento de la trama, por un montón de escenas pintorescas y alocadas, y por Constance Fuller, una mujer extraordinaria en su época y posición que jamás pierde su sentido del humor. Y como la novela está narrada en primera persona por la protagonista, se beneficia enormemente del punto de vista perspicaz, ligeramente irónico y siempre brillante de la querida Constance.

La trama transcurre ágil, el misterio es curioso, la intriga y la tensión se mantienen de principio a fin, el investigador da manga ancha a nuestra Constance y la novela es tan encantadora y divertida que bien podría haber sido adaptada a la gran pantalla por Lubitsch o Edwards con sus inconfundibles estilos. El señor Colfax, un artista inglés del siglo XIX, era totalmente contrario a la revolución de las colonias, por eso jamás aceptó ningún encargo de exlibris de un norteamericano, de ahí el extraño ejemplar objeto del deseo de un montón de personajes y el título del libro. Esa tensión cultural entre ingleses y norteamericanos está presente en toda la novela, siempre en un tono jocoso y a menudo escenificada por Constance (neoyorkina) y el capitán Ashland (londinense), con sus tira y afloja por el té y la literatura de sus dos países.

La pena es que estos ingeniosos y divertidísimos diálogos quedan terriblemente deslucidos por la lamentable traducción (recuerdo en especial un juego de palabras sobre el Tea Party y el hecho de que Ashland quisiera tomar té que se pierde totalmente) que desluce toda la novela en general y le resta gran parte de su comicidad. Una traducción y/o edición de frases sin sentido, traducción literal del inglés sin adaptar siquiera juegos de palabras o bromas por lo que se convierten en frases absurdas, construcciones extrañas en español, orden gramatical americano, adverbios acabados en mente hasta la saciedad, siempre-siempre el sujeto pronominal presente en cada una de las frases sin elidir jamás, etc. Una lástima no haberle sacado más partido a esta pequeña maravilla de los bibliomystery, se merecía un trato mejor.

Lector, una rareza con mucho encanto.

También te gustará: La librería encantada; El sr. Penumbra y su librería 24 horas abierta; La librería del señor Livingstone

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El exlibris de Colfax

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Asesinato en la mansión Darwin, Marion Harvey

El joven corredor de bolsa Carlton Davies, está descansando en su apartamento cuando le hacen llegar una nota urgentísima de su exprometida Ruth. Aunque la chica lo abandonó abruptamente para casarse con el magnate Philip Darwin, en circunstancias muy turbias, Davies todavía sigue enamorado de ella y no duda en salir corriendo en plena noche para encontrarse con ella. Acosada por el estúpido secretario de su esposo, Ruth apenas le ha confesado a Davies por qué lo ha hecho ir a la mansión en plena noche cuando suena un disparo y Philip Darwin aparece muerto en su despacho. La precipitada investigación y la vista del caso concluyen que Ruth es culpable de asesinar a su marido, pero Davies, convencido de su inocencia, contratará los servicios de un peculiar detective aficionado, rendido admirador de Sherlock Holmes, para esclarecer la verdad de los hechos.

«—Todos los grandes detectives, y yo soy uno de ellos según mi amigo Cunningham, son egocéntricos —dijo.
—¿Es esa la razón por la que Sherlock Holmes es un egocéntrico, señor? —preguntó Jenkins de pronto.
—Sin duda; y por qué no iba a serlo, si es el más grande en su género. Los grandes detectives rara vez fracasan, por lo que naturalmente se vuelven autosuficientes —contestó McKelvie.«

dÉpoca Editorial
Colección: dÉpoca noir
ISBN: 978-84-946875-8-7
328 páginas
Fecha de publicación: marzo 2019

Cuenta dÉpoca editorial que Marion Harvey era el seudónimo de un autor de identidad desconocida que publicó exitosas novelas de misterio durante la Golden Age; novelas que hasta la fecha seguían inéditas en castellano. De momento, dEpoca solo tiene Asesinato en la mansión Darwin en el catálogo, pero cruzo los deditos para que se anime a traernos otro caso del peculiar detective McKelvie, carisma y misterio no le faltan.

Me ha gustado Asesinato en la mansión Darwin y eso que me dio un poquito de miedo el planteamiento del misterio en la habitación cerrada porque no siempre la solución es tan ingeniosa y sincera como prometen las sinopsis editoriales y, en ocasiones, me han decepcionado al respecto. Pero el señor Marion Harvey se porta como un caballero y no hace trampas al lector para entretenerlo con una historia de misterio en el Nueva York de principios del siglo anterior. Todo muy emocionante y bastante cozy porque el asesinado era un ser odioso, Davies y Ruth están tiernamente enamorados, hay un cherchez la femme encantador y el detective McKelvie es excéntrico, carismático y gentlemen.

Harvey escribe con agilidad y un ritmo sostenido muy atractivo para los lectores impacientes de nuestro siglo, pues desde el primer capítulo los acontecimientos se suceden con rapidez; y aunque la investigación sosiega un poco ese ritmo hacia la mitad de la novela, mantiene el interés y el suspense de principio a fin. Quizás le falte algún puntito de humor como el que salpimentaba Crimen en la posada Arca de Noé, pero sin duda es mucho más ágil y simpática que Asesinato en Charlton Crescent y el punto de vista del narrador, Carlton Davies, resulta un aliciente para lectores despistados como una servidora, que casi nunca descubrimos al asesino hasta el final.

Lector, una entretenidísima novela de la Golden Age con detective estupendo. Y sí, la edición es ilustrada y tan preciosa como el resto del catálogo de dÉpoca.

También te gustará: Crimen en la posada Arca de Noé; Asesinato en Charlton Crescent; Un hombre muerto

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Asesinato en la mansión Darwin

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Mujer policía busca problemas, de Amy Stewart

Corre el año 1915 y las hermanas Kopp siguen viviendo en su casa en el campo, a las afueras de Wyckoff, Nueva Yersey. Norma ha creado una asociación para los entrenadores de palomas mensajeras, Fleurette hace sus pinitos en el teatro local y le saca partido a sus habilidosas manos de costurera, y Constance está a punto de convertirse en la primera mujer agente de policía de todo el país… hasta que topa con la legislación vigente: la ley exige que los agentes deben poder votar en el mismo condado en el que sirven y, en 1915, las mujeres no podían votar en Estados Unidos. Mientras el bueno del sheriff Heath piensa en cómo ascender a Constance con empleo, sueldo y pistola, las cosas se complican en la cárcel de Wyckoff cuando un peligroso preso se fuga ante sus mismísimas narices. Constance Kopp no dudará ni un instante en salir pitando hasta Nueva York en persecución del malvado tránsfuga, sin importarle un pimiento que las calles de la ciudad que nunca duerme no estén preparadas para aceptar a una mujer con pistola y mucha determinación.

«Según Norma, no se podía salir en persecución de un fugitivo sin llevar una cesta en la que hubiera metido cuatro emparedados de jamón con patatas junto a tres palomas mensajeras. El plan era que soltase las palomas si cogía al preso o si necesitaba ayuda. Intenté explicarle que, en caso de necesidad, de nada serviría mandarle un mensaje a mi hermana, pues vivíamos en medio del campo; y que, además, las palomas no le quitaban ojo a los sándwiches, y posiblemente se acabaran escapando de la cesta y volaran a casa por su cuenta en cuanto dieran por concluido el festín.«

Segunda entrega de las aventuras de las hermanas Kopp, con la peculiar Constance haciendo méritos para convertirse en ayudante del sheriff del condado de Bergen, Nueva Jersey. También basada en hechos reales, Mujer policía busca problemas me ha gustado todavía más que la anterior novela, Una chica con pistola, quizás porque ya no era necesaria la introducción de los personajes protagonistas (las excentricidades de Norma, los devaneos de Fleurette, …) y Amy Stewart podía dedicar más capítulos a la acción, las aventuras y el socarrón humor que destilan los diálogos de Constance.

Aunque el caso que debe resolver Constance tiene un planteamiento más sencillo que el de la novela anterior, la autora sabe aliñarlo muy bien con suspense, misterio, investigación, alocadas persecuciones por las calles de Nueva York a principios de siglo y el constante sentido del absurdo provocado por la discriminación de género de la época. Constance Kopp y el sheriff Heath (en esta entrega con muchos problemas domésticos y familiares de difícil resolución) vuelven a encandilar a los lectores con sus personalidades complejas, su tozudería y esa honradez y sentido del deber y la justicia que constituye todo lo que tienen en común.

Constance disfruta como nunca de su libertad en Nueva York, conoce a otras mujeres independientes, profesionales casi pioneras en el periodismo o la abogacía, por ejemplo, y se deja llevar por aquello que le apasiona: la investigación, la labor de policía. Y es que Constance tiene vocación y voluntad de ejercerla porque sabe que es el único trabajo que podría desempeñar, así como Norma vive para sus palomas y Fleurette para la interpretación. En contraposición, Stewart nos obsequia con toda una galería de secundarias víctimas de las circunstancias de su condición social o de género (mujeres pobres, sin educación, maltratadas, supervivientes, enfermas, etc.), como las reclusas de la prisión de Bergen o la terrible frustración de la esposa de Heath.

Lector, un nuevo caso para la primera mujer policía (y con sentido del humor) del condado de Bergen.

También te gustará: Una chica con pistola; Una detective inesperada

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Mujer policía busca problemas (en papel)
Mujer policía busca problemas (para Kindle)

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El asesinato de mi tía, de Richard Hull

Edward Powell y su tía Mildred viven en Brynmawr, a las afueras de la aldea galesa de Llwll, una casona campestre con solera e historia. Su relación se ha ido deteriorando con los años, en parte por el insoportable carácter del sobrino y en parte por cuestiones monetarias: cuando murieron, los padres de Edward dejaron la administración de los bienes familiares (incluido su peculio) en las habilidosas manos de la tía Mildred. Perezoso, afrancesado y testarudo, Edward es capaz de cualquier cosa por no ceder a los consejos de su tía. Cuando una tarde Mildred requiere de la complicidad de los vecinos para obligar a su sobrino a pasear por la campiña y Edward acaba perseguido por las vacas del granjero William, las ansias de venganza por la humillación sufrida embarcarán a Powell a urdir un elaborado plan para deshacerse de una vez por todas de su tía y entrar en posesión de toda su herencia.

«Mi tía vive en las afueras de la pequeña —y totalmente espantosa— población de Llwll. Ese es precisamente el problema, se mire en el sentido que se mire.
¿Cómo puede nadie con un mínimo de razón vivir en un lugar cuyo nombre ningún cristiano es capaz de pronunciar? Llwll es un lugar imposible (…). Lo único que puedo decir es que, si cuando te preguntan dónde vives te agarras por la garganta y empiezas a estrangularte, lo más probable es que la escena suscite algún comentario.«

He leído El asesinato de mi tía, de Richard Hull, al mismo tiempo que mi amiga Laura (@Dsdemona) y nos lo hemos pasado en grande comentando las ocurrencias del intensito de Edward. Richard Henry Sampson (Londres, 1896-1973), conocido como Richard Hull, publicó El asesinato de mi tía, su primera novela, en 1934, a la que siguieron otros éxitos policíacos y de misterio. Héroe de guerra, consultor del Almirantazgo y asistente personal de Agatha Christie en la dirección del Detection Club, las historias de Hull destacan por su ingeniosos giros argumentales.

Los que hace tiempo que pasáis por Serendipia ya sabéis que tengo reseñada casi la mitad del catálogo de la colección rara avis de Alba Editorial. Entre las novelas de mi querida D.E. Stevenson, el feelgood encantador de Paul Gallico, y el humor de McCutcheon, Biggers, Loos, Baker y Trevor Story es que no doy abasto. Así que no os va a sorprender cuando os confiese que El asesinato de mi tía me ha encantado. No solo por la intriga de sus intentos de asesinato contra la pobre Mildred, sino también por los excéntricos personajes que desfilan por su páginas, el entorno idílicolluvioso (me acabo de inventar esta palabra al más puro estilo de Shakespeare en Guía para asesinos sobre el amor y la traición) y el sentido del humor british que tanto me gusta. Y es que con esta novela de Richard Hull el lector tiene la sensación de estar casi todo el tiempo ante una historia más humorística que criminal hasta que ocurre lo que ocurre. Por eso quizás no satisfaga a los amantes del noir más puro, pero sí que hechizará a todos los que disfrutan con los planteamientos de Josephine Tey o con el humor de Arnold Bennett o P.G. Wodehouse.

Y no te explico más porque es de esas novelas cortitas que enseguida se spoilean si no vas con cuidado. ¡¡Shhhhh!! A leer.

Lector, si eres capaz de pronunciar Llwll te invito a tomar el té en el Jubilee de Fortnum & Mason.

También te gustará: Enterrado en vida; Los millones de Brewster; Pero… ¿quién mató a Harry?; Seguro de amor; La señorita Hargreaves

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La tumba de Vera Thwait, de Ana Bolox

La vida en la campiña es agotadora para Crispin Horsfall que se ve obligado a repartir su ocioso tiempo entre torear las pullas del cartero, esquivar los interrogatorios inquisitoriales y los planes casamenteros de su madre, someterse al escrutinio y cotilleos varios de los habitantes de Wettingham, echarle una mano a su amigo Abel para despistar al personal o quedarse a cenar con el científico ermitaño del pueblo. Agotador. Si además consigue sacar tiempo para descifrar alguna inscripción mortuoria en el cementerio local, ofender gravemente a la hermosa Ada Royceston y resolver un asesinato, solo el universo sabe cómo es posible semejante prodigio.

«No era un hombre dado a la broma, en especial cuando esta podía llegar a considerarse de mal gusto, pero al ver al reverendo Horace Eccleston en cuclillas junto a una de las lápidas más antiguas del cementerio de Wettingham, armado con la lupa que solía utilizar para estudiar las tumbas, Crispin Horsfall sintió la repentina necesidad de asustarlo. Se acercó por detrás, levantó los brazos y…
—Buenas tardes, Crispin, ¿qué tal ha ido el viaje a Harrogate?»

Conocí a Ana Bolox después de leer Aracne y La muerte viene a cenar, la primera entrega de la saga Carter & West. Me gustó tanto su inteligente prosa, su estilo tan marcado y el retrato de Londres en los años 50 del siglo pasado, que desde entonces me declaro rendida admiradora de su literatura. Pero si pensaba que la autora ya no podía sorprenderme estaba muy equivocada; creía que Carter & West era mi saga preferida de Ana Bolox y va esta mujer y me presenta a Crispin Horsfall, Ada Roycestone, el reverendo Horace Eccleston, el cartero Jonathan Swift (¿a qué es genial?) y al resto de habitantes de Wettingham, y me secuestra para siempre en la campiña inglesa de los años 30.

Los principales encantos de esta novela corta de misterio son sus personajes, la aparente paz de la campiña de principios del siglo pasado, el humor British, la frescura de su planteamiento criminal y el ingenio de la autora para pergeñar diálogos y situaciones peculiares. Crispin es un protagonista carismático, algo zángano, solterón empedernido, que aspira a vivir en paz dedicado a sus aficiones, que son bastante sencillas e inofensivas pero que tienen la mala pata de entrar en contradicción con los deseos de su madre y vecinos, que prefieren verlo casado y dedicado a tareas más serias. A su alrededor, los habitantes de Wettingham brillan con luz propia: excéntricos, cotillas, inflexibles, misteriosos, eremitas, curiosos,… cada uno con sus rasgos de carácter y casi todos empeñados en meterse en la vida de los demás porque ¿qué más puede hacerse en el pequeño pueblecito de Wettingham? Pues resolver un asesinato, Crispin lo tiene clarísimo. Y no es que él lo haya buscado, es que las pistas están ahí para quien quiera verlas, y a observador no le gana nadie.

La tumba de Vera Thwait es una novela que se lee con placer y una sonrisa en los labios, con curiosidad por llegar al fondo del misterio y con la intriga de saber por dónde nos va a salir este Crispin. Me ha recordado un poco al encanto de las novelas de E.F. Benson, en cuanto a la observación de pequeñas comunidades inglesas egocentristas y cotillas, y a El asesinato de mi tía, por ese tira y afloja entre el protagonista y su dominante madre. En todo caso, ya sabéis que Bolox enamora por su toque British, así que no voy a descubriros nada nuevo.

Lector, pedirás más Crispin en cuanto lo conozcas.

Página de la autora: Ana Bolox

También te gustará: Aracne y La muerte viene a cenar; Quadrivium; Un cadáver muy frío; Muerte en los Hamptons;

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La tumba de Vera Thwait

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