La casa de la pradera, de Laura Ingalls

Cuando Laura era pequeña, sus padres decidieron recoger sus pocas posesiones en una carreta y dirigirse hacia el Oeste, en busca de buenas tierras en las que asentarse. Corren rumores de que el gobierno está a punto de pactar con las tribus indias para que respeten a los colonos blancos que pronto se asentarán más allá del río Mississippi, en Kansas, pero la familia de Laura es, en todo caso, pionera a orillas del rio Verdigris, en lo que todavía se considera territorio indio. Los Ingalls se establecen en las grandes y fértiles praderas, construyen una casa, un establo y, con paciencia, empiezan a arar y sembrar sus nuevas tierras. No es una vida fácil, acechados por los animales salvajes, aquejados por la malaria, lejos de cualquier civilización y con la barrera de la comunicación alzándose entre ellos y sus vecinos, los indios nativos americanos. Pero Laura, sus dos hermanas, sus padres y el perro Jack, van a disfrutar de la aventura.

«Cuando los colonos blancos llegan a una región, los indios tienen que marcharse. A partir de ahora, y en cualquier momento, el gobierno obligará a estos indios a ir más al oeste. Por eso estamos aquí, Laura. Los blancos van a colonizar toda esta región y nosotros conseguiremos la mejor tierra porque llegamos los primeros y pudimos elegir.«

Laura Ingalls (1867 – 1957) fue una escritora estadounidense nacida en Wisconsin que pasó gran parte de su infancia y adolescencia como pionera, viajando con sus padres y hermanas hacia las nuevas tierras del Oeste, a través de Kansas, Minnesota y Dakota. Ya en su vejez, asentada en Misuri, su única hija la convenció para que escribiese sus memorias y aventuras juveniles. Laura Ingalls publicó La casa del bosque en 1932, a la que siguieron otros títulos de la serie protagonizada por la autora y su familia en su periplo de pioneros. La casa de la pradera, publicada en 1935, inspiró la famosa serie de televisión de la década de los años 70 del siglo pasado, que llevaría ese mismo título.

La casa de la pradera es una novela de aventuras juveniles que narra el establecimiento de la familia Ingalls en territorio indio, a finales del siglo XIX. El estilo de la autora resulta sencillo y directo porque, aunque está narrado en tercera persona, nunca abandona el foco de la protagonista infantil y el ingenuo registro narrativo concede credibilidad a la mirada de la niña. A diferencia de otras historias de pioneras, como, por ejemplo, las de Cartas de una pionera, de Elinore Pruitt Stewart, aquí el paisaje no es protagonista y la naturaleza se mantiene en un discreto segundo plano, solo notable cuando los animales salvajes, como lobos o pumas, asustan a las niñas. La primera parte de esta novela gira en torno al viaje, a la construcción de la casa y al establecimiento de sus nuevas rutinas, lo que constituye las páginas más relajantes y hygge del libro.

En la segunda parte de este libro, Ingalls refleja con mayor intensidad no solo los peligros de la vida en medio de una pradera expuesta a las inclemencias meteorológicas y a los animales salvajes, sino también la tensión con los indios nativos del lugar, acosados por la llamada conquista del Oeste, amenazados en sus libertades y perplejos por la insistencia de los extranjeros en reclamar una parcela de naturaleza. Laura Ingalls no cuestiona en ningún momento el derecho de los colonos blancos a ocupar territorio indio, pero sí que reflexiona sobre la incapacidad de entendimiento entre unos y otros: los blancos se apropian del territorio bajo el supuesto de que la tierra pertenece a quienes la trabajan, pero los indios consideran absurdo que los humanos puedan ser propietarios de la tierra, del agua o del cielo (por no mencionar, que esa tierra que están reclamando los blancos es su hogar ancestral). Si bien es cierto que la autora escribe en su madurez, con una perspectiva reposada por el paso de los años, es hija de su época, y no pierde de vista que está escribiendo para un público infantil y juvenil, por lo que evita la violencia explícita o las cuestiones socio-políticas e históricas. Suaviza su mirada de pionera a través de la admiración notable que siente por los indios y menciona al legendario jefe indio de la nación Osage, Soldat du Chene. Probablemente un ejemplo simbólico relacionado con la incomprensión entre las dos culturas, puesto que el líder Osage, una voz crítica respecto a la forma de vida de los colonos blancos y defensor de la libertad de su pueblo, vivió y murió mucho antes del nacimiento de Laura Ingalls.

Lectora, entre un encantador manual de IKEA para hacerte tu propia cabaña de troncos y las memorias de una pionera infantil.

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6 respuestas a La casa de la pradera, de Laura Ingalls

  1. Nitocris dijo:

    Hola guapísima, cómo recuerdo esta serie… la veíamos todos los domingos en casa… La verdad es que no creo que me gustara mucho leerla, pues no sé si me aburriría lo del ver cómo fabrican su casa y sobre todo porque, aunque sé que es totalmente de su tiempo, me da rabia que los blancos pensemos que tenemos derecho a llegar a un sitio y expulsar a los habitantes del lugar… En fin…
    un besazo

  2. Marga Estev dijo:

    Uys, pues no sabía que la serie estaba basada en un libro. Pero no termina de tentarme en esta ocasión, lo que agradezco con tanto pendiente.
    Besotes!!!

  3. Rosa Berros Canuria dijo:

    Cuánto disfrutamos en casa con esa serie. Y eso que yo ya era mayorcita. Claro que más mayorcita era mi madre y creo que fue la que más disfrutó. El único que no se dejó seducir fue mi padre, pero mi madre, mi hermana y yo no nos la perdíamos los domingos. Sabía que había un libro, pero no me tienta demasiado. Creo que aquella casa en la pradera fue propia de una época y volver a sumergirme en la historia creo que me causaría una nostalgia difícil de soportar.
    Un beso.

  4. Hola Mónica, yo también me leí el libro y me gustó mucho. Me parece que es una saga puesto que la serie fue bastante larga pero hace tiempo que no veo la colección así que supongo que estarán descatalogados. Yo era muy pequeña cuando echaban la serie en televisión y no me acuerdo casi pero mi madre dice que me gustaba mucho.
    Se echan de menos estas lecturas amables e inspiradoras. Gracias por traerla al blog. Muac
    Teresa

  5. Hola, Mónica:
    Me ha hecho gracia tu última frase, que te cuento que siempre es lo que más disfruto de tus reseñas: «Lectora, entre un encantador manual de IKEA para hacerte tu propia cabaña de troncos y las memorias de una pionera infantil».
    Ciertos aspectos que mencionas hacen que, aunque podría gustarme esta lectura, disfrutarla de alguna manera, no termine de cuajar en interés real por mi parte. No sé si eso de que vaya siempre con esa mirada más tipo infantil y también teniendo en mente público infantil, hace que pierda fuelle para mí. Me quedo con la serie que, aunque no la recuerdo con detalle por ser pequeña, se veía en mi casa y sin duda ofreció gratos momentos familiares.
    Un saludito.

  6. Paseando entre páginas dijo:

    Anda, pues no sabía que la serie se basaba en una novela

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