El pequeño David Copperfield nace seis meses después de la muerte de su padre, lo que lo convierte en hijo póstumo de un caballero y en hijo único de una viuda joven e ingenua. La única protección segura es la de la señora Peggoty, la criada de la casa, puesto que la tía Betsy Trotwood, adinerada y excéntrica, descarta tomarlo bajo su tutela porque no es una niña. David es todavía muy pequeño cuando su madre se casa en segundas nupcias con un sombrío cazafortunas que lo envía a Londres a un espantoso internado y, más tarde, a trabajar como mano de obra infantil para quitárselo de encima. Harapiento, agotado y hambriento, David comprende que si descuida su educación de caballero —la que le corresponde por nacimiento y estamento socio-económico—, nunca podrá salir de la miseria. Enamoradizo, valiente y honesto, el joven David no ha iniciado su vida con demasiada fortuna, pero va a luchar con uñas y dientes para convertirse en el dueño de su destino. La pregunta es si será capaz de enderezarlo, pese a las circunstancias adversas, o se hundirá sin remedio en la vileza.
«Sé que no exagero, de forma involuntaria o inconsciente, la escasez de mis ingresos o las dificultades de mi vida. Sé que, si alguna vez el señor Quinion me daba un chelín, me lo gastaba en una comida o en un té. Sé que trabajaba desde la mañana hasta la noche, casi en harapos, con hombres y con niños de condición humilde. Sé que deambulaba por las calles, escasamente alimentado. Sé que estaba tan desvalido que, sin la misericordia divina, podía haberme convertido fácilmente en un ladrón o en un vagabundo.«

Charles Dickens (1812 – 1870) publicó por primera vez The Personal History of David Copperfield por entregas, entre mayo de 1849 y noviembre de 1850. La novela completa salió a la venta en 1850 y fue un éxito inmediato pues por entonces su autor ya era toda una celebridad, con aclamados éxitos como Los papeles póstumos del club Pickwick, Vida y aventuras de Martin Chuzzlewit, Nicholas Nickleby, La tienda de antigüedades, etc. David Copperfield es su primera novela escrita en primera persona y, en las notas del autor a la edición del texto original, Charles Dickens no solo habla con cariño de sus personajes y lamenta mucho despedirse de ellos, sino que además reconoce que esta es su novela más querida, su preferida, la que más tiene de autobiográfica. Y es que tanto protagonista como autor fueron niños trabajadores, estuvieron con sus familias o amigos en la prisión de deudores, y comprendieron que para mejorar sus vidas necesitaban una sólida educación. El joven David, al igual que Dickens, es periodista en los juzgados, autodidacta en algunos aspectos y, finalmente, en la adultez, triunfa como novelista.
David Copperfield es una novela de aprendizaje, pero también de personajes y, como suele ser habitual en el caso de su autor, de una acerada crítica social. Dickens vuelve sobre cuestiones que le preocupan, como la mala calidad de la enseñanza infantil en la Inglaterra de su época (sobre todo el horro de algunos internados donde se torturaba a los niños, como ya señaló con anterioridad en Nicholas Nickebly, por ejemplo), la injusticia de las prisiones de deudores, la poca permeabilidad social victoriana, o la delgada línea que separaba la pobreza extrema de la desesperación y la delincuencia. A menudo la crítica literaria señala a Charles Dickens como uno de los grandes autores de época victoriana, pero también los historiadores estamos en deuda con el gran escritor: sus novelas son una crónica fidedigna del Londres del siglo XIX, de la vida cotidiana en época victoriana. A través de sus páginas vemos cómo funcionaban los tribunales, oficios como el de procurador eclesiástico, las distintas carreras profesionales de abogacía o periodismo en los juzgados, entre otros. En David Copperfield, además, Dickens explora la posibilidad de las segundas oportunidades gracias a la migración a Australia, donde delincuentes, pero también personas de baja condición social al borde de la desesperación o en riesgo de exclusión, encontraban un país en donde empezar de nuevo y, con esfuerzo y buena suerte, prosperar. En este sentido, atención a las magistrales notas a pie de página de la traducción de Marta Salís para Alba Editorial, en donde se nos explica, entre otra documentación de gran interés y valor, que Charles Dickens subvencionó administró en Londres un asilo para mujeres que deseaban abandonar la prostitución y el alcohol e iniciar una nueva vida (habitualmente, en Australia).
Lectora, la novela más biográfica de Charles Dickens y casi tan extraordinaria como su vida.
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Uys, este lo leí hace un porrón de años. Recuerdo la historia vagamente. Me dejas ahora con ganas de releerla.
Besotes!!!
Hola guapa, qué bien pasar por tu blog y no llevarme nada (ahora mismo estoy leyendo El extraño caso del homicidio en el Seave Hotel, no sé quién me lo habrá recomendado, je je), este lo leí hará unos cuatro años o así.
Un besazo
Vengo de puntillas por aquí. Estoy valorando si mi próximo Dickens será Grandes esperanzas o su David Copperfield. Si me animo por el segundo, regresaré por aquí. jejejejej
Me encanta que me queden aún muchas obras cumbre de este autor, sé que me va a dar momentos lectores muy molones y gratificantes.
Un abrazo.
Hola Mónica,
Me estoy leyendo «David Copperfield» en estos momentos en la misma edición de Alba que comentas y me está gustando mucho. Es una «gran»obra y no solo en tamaño y me resulta impresionante la galería de personajes y situaciones que abarca. No me extraña que ya sea un clásico de la Literatura Universal porque este libro es una Escuela de Vida.
Muchas gracias por la reseña y un abrazo,
Teresa