Dombey e hijo, de Charles Dickens

El orgulloso e inflexible empresario londinense Paul Dombey por fin ve su mayor deseo hecho realidad cuando su esposa da a luz un hijo varón y concede de nuevo sentido al próspero negocio familiar: Dombey e Hijo. Ignorando la existencia de su hija Florence, el exitoso burgués pasa gran parte de su tiempo pensando en su heredero, en su educación, en trasmitirle el orgullo por la empresa y la idea de que el dinero todo lo puede. Pero el pequeño Paul es un niño enfermizo y melancólico, muy apegado a su hermana, que apenas entiende las aspiraciones de su padre porque en el fondo sabe que jamás llegará a la edad adulta. Cuando Dombey pierde el motivo de su existencia, incapaz de comprender lección alguna por su cruel inflexibilidad, se lanzará a la búsqueda de una solución sin darse cuenta de que se interna, cada vez más, en la oscuridad de la inquina y la tiranía.

«En cuanto a los cambios de la vida humana y a la singular conducta que perpetuamente nos vemos obligados a llevar, todo lo que se me ocurre ya lo ha dicho mi amigo Shakespeare, hombre cuyo talento no pertenece solamente a su tiempo, sino a todos los siglos, y a quien seguramente conoce mi amigo Gay: La vida es como la sombra de un sueño.«

Dombey e hijo es la octava novela de Charles Dickens (1812 – 1870) y originalmente fue publicada por entregas entre 1846 y 1848. Dickens empezó a escribirla cuando residía en Ginebra, aunque la terminó en Londres, y se considera que es la primera novela de una nueva etapa literaria del autor victoriano por excelencia. Tal y como se explica en la breve introducción de la edición de Ediciones del Azar que he leído, se trata de una novela planeada con mayor minuciosidad que las obras anteriores de Dickens, de mayor madurez y con un sentido crítico más acentuado. Lástima que, en esa introducción, a los editores de Ediciones del Azar se les olvidase avisar a los lectores de que su edición es una traducción de 1945 sin revisar ni corregir, bastante rudimentaria, censurada y mutilada, es decir, una aproximación a Dombey e hijo que no permite disfrutar de la maravillosa prosa y el estilo de Charles Dickens. Y aunque es la única traducción de Dombey e hijo que tenemos en castellano ahora mismo, de todo corazón os recomiendo que no la leáis.

Es muy complicado reseñar un clásico del que sospecho que no he leído apenas más que una aproximación, así que esta obra se queda entre mis menos favoritas de Dickens, solo por detrás de La tienda de antigüedades. Pese a todo, se vislumbra el brillo de un elenco de personajes secundarios maravillosos, la crítica social y el sentido del humor característicos del autor y el protagonismo del villano más inflexible de la literatura del siglo XIX. Destaca la preocupación de Dickens por señalar los abusos y el desamparo al que muchas veces estaban sometidos los niños (Edith, Alicia y Florencia han sido niñas gravemente traumatizadas, utilizadas y/o ignoradas por sus madres, las dos primeras, y por su padre, la última) y la deficiencia de su educación a manos de institutrices mal preparadas y con una vena cruel (Mrs. Pipchin) o en instituciones lamentables que, aunque no llegan al punto terrible que se nos describía en Nicholas Nickleby, no dejan de poner en relieve la inutilidad y el sufrimiento de alejar a los pequeños de sus hogares a cambio de un escaso conocimiento que olvidan apenas han salido de allí (atención al pobrecito Bitherstone). Dickens vuelve a llevarnos por las calles de un Londres que conoce como la palma de su mano, nos señala la rapidez con la que se transforman algunos barrios por el veloz desarrollo industrial (en este caso, la incidencia del despliegue del ferrocarril), y su incidencia en las clases sociales más frágiles (aunque, en el caso de la maravillosa familia Toodle, para bien).

Lectora, quizás alguna editorial se anime con una nueva traducción que nos permita disfrutar de este clásico como se merece.

Nota: En mi opinión, no me parece que sea honesto publicar en 2012 una traducción de 1945 y ni siquiera escribir una nota para avisar a los lectores. Todos sabemos que en 1945 la censura y la autocensura en España, en todas las facetas de la vida y también de la cultura, eran cuestión de supervivencia en un régimen dictatorial fascista y ultracatólico que, además, no veía con buenos ojos nada que viniese de Inglaterra, una de las pocas potencias europeas que se opuso al nazismo desde el principio. Sin embargo, aunque los lectores del siglo XXI entendamos las circunstancias de traducir a Charles Dickens al español en 1945 y respetemos a las personas que se atrevieron a hacerlo, eso no significa que queramos comprar y leer esa adaptación en 2024 que, en el mejor de los casos, no es más que una aproximación a uno de los grandes autores clásicos del siglo XIX.

También te gustará: La tienda de antigüedades; Nicholas Nickleby; Tiempos difíciles; Vida y aventuras de Martin Chuzzlewit

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4 respuestas a Dombey e hijo, de Charles Dickens

  1. Hola Mónica, esta es la edición que tengo yo, la leí cuando se publicó y la verdad en ese momento no me di cuenta de lo que comentas en tu reseña sobre la fecha de la traducción y que también señaló MH en Instagram. Además de no disfrutar de la obra como historia y autor se merecen, no son ediciones especialmente baratas, así que me parece un engaño al lector en todos los campos. A mí aún me quedan unas cuantas novelas antes de llegar a ella en mi reto de leerlas en orden, así que con suerte para cuando me toque, hay otra traducción más reciente y ajustada ( de ilusión también se vive). Un abrazo.

  2. Margari dijo:

    PUes qué pena la traducción. Esperemos que pronto una editorial saque una edición como se merece.
    Besotes!!!

  3. Nitocris dijo:

    Hola Mónica, pues qué pena, la verdad… pero como no estoy muy animada con Dickens en el caso de que me propusiera leer alguna otra obra suya, ya sé que no lo haría con esta.
    Gracias por tu sinceridad.
    Un besazo

  4. Hola, Mónica:
    No era una novela del autor que tuviera en mi punto de mira, y, por lo que señalas, de momento tampoco lo estará.
    Un beso y feliz semana lectora.

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