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El inglés que subió una colina pero bajó una montaña, de Christopher Monger
En el verano de 1917, dos cartógrafos de su majestad, George Garrad y Reginald Anson, llegan a Fynnon Garw, una pequeña aldea galesa cercana a la frontera con Inglaterra, para medir la montaña del mismo nombre. Pero, para horror de los orgullosos aldeanos, resulta que su querida Fynnon Garw solo alcanza la categoría de colina. A partir de ese momento, todo el pueblo, con Morgan el Crápula y el reverendo Jones a la cabeza, entra en una vorágine de iniciativas —a cuál más alocada— para retrasar la partida de los ingleses y aumentar los casi veinte pies que le faltan a su colina para que pueda ser registrada como la primera montaña de Gales.
«Tal vez todo habría sido distinto si no se hubiese estado librando una guerra, pero se encontraban en 1917, y la gente estaba exhausta por la pérdida. Los jóvenes se marchaban y regresaban muertos o destruidos, como Johnny. Los pocos a los que se les permitía quedarse trabajan en las minas, excavando el carbón con el que impulsar los barcos (…). Eran tiempos tristes. Se habían ido amigos, hijos, maridos, padres, amantes… Y ahora allí estaban aquellos ingleses que iban a arrebatarles la montaña e iban a borrar su querido accidente geográfico del mapa.«

Hoja de Lata Editorial
Traducción de Julia C. Gómez Sáez
320 páginas
Fecha de publicación: abril de 2026
ISBN: 979-13-87554-26-2
Christopher Monger es un cineasta, guionista y escritor galés que en 1995 escribió el guion y dirigió la película El inglés que subió una colina pero bajó una montaña, protagonizada por Hugh Grant. La trama y los personajes están basados en una historia real que le contó su abuelo sobre los hechos sucedidos en el pueblo galés natal de su familia durante los años más terribles de la Gran Guerra. Tiempo después del exitoso estreno de la película, Christopher Monger pensó que esta maravillosa historia se merecía también una novela y se puso manos a la obra con tanta gracia y cariño que el resultado fue un libro divertidísimo a la vez que conmovedor. La edición en castellano es de Hoja de Lata Editorial, con la estupenda traducción de Julia C. Gómez Sáez.
El inglés que subió una colina pero bajó una montaña es una novela repleta de personajes excéntricos y entrañables, todos con su mote —como sucede en los pueblos pequeños— y todos con un solo objetivo común: no perder su montaña, la primera montaña de Gales. Con una prosa ágil, un talento sin igual para contar buenas anécdotas y perfilar caracteres excéntricos y carismáticos, mucho sentido del humor y un toque conmovedor, Christopher Monger consigue que su novela supere en encanto a su guion. Refleja con delicadeza los lazos de una comunidad pequeña, la sororidad femenina o la capacidad de trabajar en una causa común, casi una utopía, pese al cansancio y la desesperanza. Pero, sobre todo, es una historia de una profunda humanidad, que muestra cómo el horror de la Primera Guerra Mundial trastocó hasta el rincón más diminuto de Gran Bretaña con las temidas listas de bajas, pero también con el retorno de los jóvenes soldados que jamás se recuperarían del todo.
Lectora, no importa si has visto o no la película: esta novela te emocionará y te hará sonreír desde la originalidad, la excentricidad y la ternura.
También te gustará: La piedra de la castidad; El libro de la señorita Buncle; El pueblo que votó que la tierra era plana; Doctor en Irlanda; La pesca del salmón en Yemen
Un caso de ratones y asesinato, de Sally Smith
Tres meses después de la muerte de la reina Victoria, todo parece trascurrir igual en el Temple, la ciudadela londinense donde jueces y abogados desempeñan sus labores legales. Una mañana de primavera, Gabriel Ward, abogado y consejero del rey, sale de sus habitaciones y se dirige a su despacho, en el Inner Temple, para trabajar en su próximo caso: la misteriosa autoría de un libro infantil superventas titulado Millie, la ratona de la iglesia del Temple. Pero algo le impide abrir la puerta. Un algo que resulta ser el cadáver, descalzo y apuñalado con uno de los cuchillos de trinchar de las cocinas del Inner Temple, de Norman Dunning, el Lord presidente del Tribunal Supremo. Como Scotland Yard no tiene jurisdicción en el Temple, sir William Waring, Lord Tesorero, le encarga a Gabriel Ward la investigación del caso. Gabriel, que solo aspira a llevar una vida ordenada, dedicado en cuerpo y alma a la abogacía y la literatura, acepta bajo coacción. Hasta que su curiosidad y su inteligencia innata le hacen comprender que, al fin y al cabo, cada pista es una pieza del puzle y que resolver un asesinato se parece mucho a completar un apasionante rompecabezas.
«El Temple, tanto el Inner como el Middle, pertenecía a los caballeros templarios en el siglo XII y, a partir de ahí, lo heredaron los abogados. Se encuentra dentro de los límites de la City de Londres, pero es un enclave independiente, casi igual que el Vaticano en Roma. Es una de las antiguas libertades territoriales: por ley, queda libre de la jurisdicción de la Alcaldía y la Corporación de la City de Londres. Está exento de todas las jurisdicciones civiles y eclesiásticas, y lo gobiernan sus propios parlamentos. Es nuestro pequeño mundo independiente. Exuda mucho romance, ¿verdad que sí?«

Ático de los libros
Traducción de Sonia Tanco
336 páginas
Fecha de publicación: 16 de febrero de 2026
ISBN: 979-13-87592-53-0
Sally Smith es abogada y consejera del rey, como el encantador aunque peculiar protagonista de Un caso de ratones y asesinato, un cozy mystery que, al igual que Millie, la ratona de la iglesia del Temple, me ha robado el corazón. Se trata de un caso de asesinato ambientado en el Temple, un lugar de jurisdicción complicada en donde los jueces, abogados y pasantes londinenses todavía trabajan en la actualidad. Sally Smith, que conoce bien el lugar, cuenta que decidió ambientar su novela en 1901, apenas tres meses después de la muerte de la reina Victoria, porque en el Temple es sencillo trasladarse al pasado; apenas ha cambiado, como las emociones humanas. Y es que una de las razones por las que esta historia de misterio destaca entre otras del género es por la sensibilidad de sus personajes, por su humanidad, por la delicadeza con la que Sally Smith ha sabido insuflarles vida en un contexto a priori tan árido como el mundo de las leyes.
Sally Smith tiene un estilo fluido, elegante, de frases cortas y descripciones breves. Su narración brilla en los diálogos, pero también en la facilidad con la que muestra el pensamiento y las emociones de sus personajes. Destaca el encanto y la bondad de su protagonista, Gabriel Ward, un inteligente abogado, curioso, probablemente con un trastorno del espectro autista y un corazón tan gentil y generoso que resulta casi más admirable que su habilidad en los juzgados. Un caso de ratones y asesinatos plantea un misterio de corte clásico, un Whodunit en el que todos los sospechosos tienen motivo y oportunidad, muy bien entrelazado con otros misterios secundarios igual de intrigantes —como descubrir quién es la verdadera autora de una novela infantil que ha vendido más ejemplares que El libro de la selva, de Rudyard Kipling—, todo recogido entre los históricos muros del Temple, un escenario de lo más evocador y romanticista. El encanto del protagonista, la habilidad de la autora para construir un elenco de personajes excéntricos y tremendamente humanos, un asesinato y un misterio muy bien planteados, investigados y resueltos, la ambientación en los últimos años de la época victoriana en un lugar tan especial como el Temple, y la habilidad narrativa de Sally Smith son los motivos que más me han hecho disfrutar de Un caso de ratones y asesinato y que, en mi opinión, destacan este cozy mystery.
Lectora, para tomar una taza de té en el corazón templario de Londres con el abogado se Su Majestad más maravilloso de todo Reino Unido.
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Mis abuelas y yo, de Diana Holman-Hunt
Diana es una niña inquieta, curiosa y un poco ingenua, que vive feliz y muy querida en la mansión campestre de sus abuelos maternos. Huérfana de madre, su educación queda sujeta a las excéntricas sugerencias de un padre ausente que envía cartas desde la India recomendando que la niña aprenda a jugar al tenis, a montar o que pase tiempo con su otra abuela, Nana, la viuda del artista prerrafaelita William Holman Hunt. Diana podría haber crecido feliz en la mansión de sus abuelos maternos, rodeada de cariño, corriendo por la playa, cultivando la amistad de un supuesto pirata, saltando el muro de las serpientes, creyendo en las hadas del páramo y esperando la llegada de su prima preferida. Pero fueron las terribles estancias en la lúgubre casa-museo londinense de Nana, regida por el hambre, la miseria y la suciedad, las que forjaron su carácter resolutivo y admirable.

Alba Editorial
Traducción de Daniel de la Rubia Ortí
rara avis (número de colección 63)
352 páginas
Fecha de publicación: octubre de 2023
ISBN: 978-84-1178-016-2
Diana Holman-Hunt (1913 – 1993) nació en Londres. Huérfana de madre a muy temprana edad, y con un padre funcionario destinado en la India y en Birmania, vivió y se educó durante toda su infancia y adolescencia a caballo entre la casa campestre de sus encantadores y refinados abuelos maternos y la casa londinense de su chaladísima abuela paterna. Mis abuelas y yo es una novelización de esas memorias de infancia y juventud, escritas en primera persona por la autora, con un gran sentido del humor, pero también con la determinación de quien ha aprendido a valerse por sí misma en las circunstancias más peculiares.
Con una prosa ágil y precisa, Diana Holman-Hunt muestra con colorido desparpajo su día a día en casa de sus respectivas abuelas, confiando a la mirada de sus lectores opinar o juzgar los hechos que narra. Además de su notable habilidad en el arte de mostrar con tanto encanto y empatía, en Mis abuelas y yo, destacan los magníficos diálogos, que caracterizan a cada uno de los personajes y constituyen la pieza clave de estas ingeniosas memorias juveniles. Con muy buen pulso narrativo y un ritmo que no decae en ningún momento, la autora contrasta las escenas idílicas en casa de sus abuelos maternos con las escalofriantes estancias en la casa londinense de Nana. La abuela paterna de Diana, viuda del artista prerrafaelita William Holman-Hunt, aparece como una vieja chiflada que vive de la gloria pasada de su marido, entre cucarachas y obras de arte, y no gasta ni un penique en las necesidades básicas de su nieta (sin cama en una casa de habitaciones vacías, sin apenas comida, sin agua, etc.). Aunque la autora se cuida de evitar juicios de valor a lo largo de todo el libro, lo cierto es que el retrato de Nana y de sus estancias en su casa, por muy teñido de cariño y de nostalgia que esté, resulta inmisericorde, incómodo para un lector que reconoce abuso y maltrato infantil, cuanto menos. Tal vez por esta razón, el segundo esposo de Diana le recomendó que no publicase Mis abuelas y yo, por lo que autora retrasó su salida a librerías hasta después de la muerte de su marido.
Es difícil terminar estas maravillosas memorias de infancia y juventud sin sentirse amiga de Diana, sin desear darle un buen abrazo a la niña abandonada que fue. Su biografía adulta parece girar alrededor de los hombres de su vida: nieta del afamado pintor prerrafaelita, divorciada de su primer marido, esposa en segunda nupcias de un terrateniente, un hijo diplomático experto en Asia Central… Y, sin embargo, Mis abuelas y yo también es el retrato de una joven decidida e inteligente, que tuvo que adaptarse a las excéntricas condiciones de su educación, tanto sentimental como intelectual, que viajó por Europa y que se interesó en el legado cultural de su familia y de su infancia: en 1969 publicó My Grandfather, His Wives and Laves, una biografía sobre su abuelo, y en 1974, un libro sobre el pintor chileno Álvaro Guevara, Latin Among Lions. Aunque vivió gran parte de su adultez en un entorno rural, volvió a Londres al enviudar, firmó su obra literaria con el apellido compuesto de su famoso abuelo, y mantuvo una vida social tan ajetreada como la de Nana.
Lectora, unas memorias excéntricas y maravillosas. Imposible no terminar este libro sin querer darle un abrazo grande a Diana.
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Extraños viajes, de Maud Cairnes
Polly Wilkinson se siente bastante satisfecha con su vida de ama casa, al cuidado de sus dos hijos y con un guapo marido oficinista un poco agobiado por el trabajo. Aunque algunos días, cuando la chica de servicio se rebela, su esposo no le hace demasiado caso y sus muchos quehaceres la agotan, se pregunta qué se sentiría al vivir con la despreocupación y la calma que aparenta la mujer de su edad que ve pasar acomodada en su lujoso coche con chófer propio. Al cabo de un tiempo, Polly siente un extraño mareo y de pronto aparece sentada en el salón de una impresionante mansión campestre, tomando el té junto al fuego en compañía de una agradable señora que resultará ser su suegra, Lady Forrester. Con un aplomo que jamás pensó que poseía, pero también dejándose llevar por la curiosidad y su recién descubierto sentido de la aventura, Polly descubre que es capaz de intercambiarse el cuerpo con Lady Elizabeth, una dama de la alta sociedad con dificultades matrimoniales y un montón de compromisos sociales abrumadores.
«—Me gustaría saber cuánta gente en el mundo aprovecharía la oportunidad de cambiarse por otra persona, sobre todo para evitar compromisos sociales aburridos. Estoy segura de que a cada una de nosotras, personalmente, le entusiasman los engorros de la otra. Por ejemplo, deduzco que le divierte el viejo Potty, mientras que a mí me encanta el señor Marshall. Tendríamos que cambiarnos a propósito algunas veces, por simple diversión, cuando haya algo que hacer.«

Maud Cairnes es el seudónimo con el que Maud Kathleen Cairnes Plantagenet Hastings (1893 – 1965) firmó y publicó dos novelas. Amante del arte, del ballet y de la música, Lady Kathleen, como era conocida, escribió y estrenó la obra de teatro It Is Expedient (1920) antes de publicar la que sería su primera novela: Extraños viajes (1935). Su divertida y encantadora historia sobre dos mujeres de distinta clase social y educación que intercambian sus cuerpos, tuvo una gran acogida por parte de los lectores y los críticos literarios de su época. Alba Editorial, en su sello rara avis, la publicó por primera vez en castellano a principios de 2025, con traducción de Daniel de la Rubia Ortí.
Qué sorpresa tan agradable ha sido descubrir a Maud Cairnes y sus Extraños viajes. Fresca, original, divertida, socarrona, esta comedia social se lee con la sonrisa en los labios y una simpatía creciente por todos sus personajes. Con una prosa precisa y alegre, un estilo desenfadado y ligero que sigue con rapidez el desarrollo de esta trama inusual, Maud Cairnes juega con el contraste entre las vidas de dos mujeres de extracción social y educación tan distintas que parece imposible que, en el fondo, se complementen. Me han encantado todos los personajes, tanto secundarios como protagonistas, cómo Polly y Elizabeth se las ingeniaban para comprender y mejorar sus respectivas vidas, y soltar la carcajada con cierta cena de Navidad en la campiña que… Tendrás que leerla para descubrirla.
Si mi gran descubrimiento literario del año pasado fue La fiesta, de Margaret Kennedy, este año lo es, sin duda, Extraños viajes, de Maud Cairnes. Ni los estilos de las autoras ni sus novelas se parecen lo más mínimo, pero las dos me han supuesto un regalo extraordinario: dos libros distintos, muy particulares, arriesgados, excéntricos y divertidos. Se quedan, para mí, como un soplo de aire fresco muy inspirador en mis estanterías.
Lectora, que un libro te sorprenda y te divierta así tras tantas décadas de magníficas lecturas es un regalo.
También te gustará: Pudin de Navidad; Cluny Brown; Fresas silvestres; Los millones de Brewster; Amberwell; Un par de manos; Por no mencionar al perro
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Una tarta de rododendros, de Margery Sharp
Es tradición de los Laventie, la familia más excéntrica y esnob de la campiña de Sussex, que cada uno de sus tres jóvenes retoños escoja un relleno inusual para su tarta de cumpleaños. El pastel de Elizabeth, la hermosa e inteligente hermana mayor, lleva heliotropos, el de Dick, el dotado artista, prímulas amarillas, y el de Ann, la hermana pequeña, está relleno de rododendros. Han sido educados en casa, bajo la intelectual y despreocupada atención de un padre que desprecia los convencionalismos sociales y se burla de fiestas de cumpleaños u otros eventos tradicionales, aislándose de sus vecinos a fuerza de espantarlos con su insoportable cháchara clasista, o escogiendo a sus amigos por cuestiones estéticas en lugar de morales. Desde pequeña, Ann sospecha que no encaja bien en su familia: no se parece a la bella e ingeniosa Elizabeth, ni tampoco al estrambótico y talentoso Dick. A ella, en el fondo, le apena que su tarta de cumpleaños contenga rododendros en lugar de chocolate y cerezas confitadas, y le encantaría intimar con amigos sencillos y agradables con los que poder ir a pasear o al cine sin la presión de estar todo el tiempo manteniendo una conversación brillante sobre arte, economía o política.
«Estaba revisando la fe estética en la que se había educado e intentando cuadrarla con sus propios sentimientos. Era difícil. Adoraba a Giotto y detestaba el Albert Hall, y eso estaba muy bien. Por otro lado, aborrecía a Epstein y le encantaban los atardeceres rosa pálido, y eso estaba mal. La figura de Peter Pan nunca se había tratado de forma específica, pero estaba segura de que el veredicto no lo favorecía. Era bonito y allí estaba ella, conteniéndose a duras penas para no acariciar a los conejos. Le gustaba y sabía que, si Dick o Elizabeth estuvieran a su lado, fingiría despreciarlo.«

Margery Sharp (1905-1991) fue una escritora y dramaturga inglesa, famosa por la serie infantil Los rescatadores y por comedias sociales como El árbol de la nuez moscada (1937), adaptada al cine con el título de Julia Misbehaves (1948), La piedra de la castidad (1940), o Cluny Brown (1944), que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Una tarta de rododendros (1930) fue su primera novela y trata sobre la búsqueda de la identidad propia de una joven amante de los places sencillos de la vida que ha crecido en el seno de la familia menos convencional y más rocambolesca de la Inglaterra de entreguerras.
Resulta complicado leer Una tarta de rododendros y no quedarse prendada para siempre de Margery Sharp. Divertida e ingeniosa, Sharp se sirve de la excentricidad de sus personajes para mofarse con cariño de la vacuidad del esnobismo intelectual, pero también para contraponer la singularidad y la búsqueda de una de sus protagonistas más entrañables. Anne Laventie, al igual que Cluny Brown o Julia Packett, es una persona extraordinaria que no encaja en su entorno y que, pese al poco margen de maniobra que las convenciones de género de su época dejaba a las mujeres, se cuestiona su educación familiar y la catadura moral de sus seres queridos, y decide que no va a quedarse con los brazos cruzados mientras ve cómo la felicidad se le escapa entre los dedos. Con su agudeza habitual y su sentido del humor, Sharp señala con valentía las hipocresías sociales (atención a la sutilidad con la que muestra a las muchachas solteras que tienen amantes, las relaciones prematrimoniales o la elección de una carrera profesional considerada masculina en 1930), a la vez que divierte a los lectores con las desventuras de los estrambóticos Laventie.
Lectora, el notable debut de una de las autoras más geniales del siglo pasado.
También te gustará: Cluny Brown; El árbol de la nuez moscada; La piedra de la castidad; Amberwell
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