Diana es una niña inquieta, curiosa y un poco ingenua, que vive feliz y muy querida en la mansión campestre de sus abuelos maternos. Huérfana de madre, su educación queda sujeta a las excéntricas sugerencias de un padre ausente que envía cartas desde la India recomendando que la niña aprenda a jugar al tenis, a montar o que pase tiempo con su otra abuela, Nana, la viuda del artista prerrafaelita William Holman Hunt. Diana podría haber crecido feliz en la mansión de sus abuelos maternos, rodeada de cariño, corriendo por la playa, cultivando la amistad de un supuesto pirata, saltando el muro de las serpientes, creyendo en las hadas del páramo y esperando la llegada de su prima preferida. Pero fueron las terribles estancias en la lúgubre casa-museo londinense de Nana, regida por el hambre, la miseria y la suciedad, las que forjaron su carácter resolutivo y admirable.

Alba Editorial
Traducción de Daniel de la Rubia Ortí
rara avis (número de colección 63)
352 páginas
Fecha de publicación: octubre de 2023
ISBN: 978-84-1178-016-2
Diana Holman-Hunt (1913 – 1993) nació en Londres. Huérfana de madre a muy temprana edad, y con un padre funcionario destinado en la India y en Birmania, vivió y se educó durante toda su infancia y adolescencia a caballo entre la casa campestre de sus encantadores y refinados abuelos maternos y la casa londinense de su chaladísima abuela paterna. Mis abuelas y yo es una novelización de esas memorias de infancia y juventud, escritas en primera persona por la autora, con un gran sentido del humor, pero también con la determinación de quien ha aprendido a valerse por sí misma en las circunstancias más peculiares.
Con una prosa ágil y precisa, Diana Holman-Hunt muestra con colorido desparpajo su día a día en casa de sus respectivas abuelas, confiando a la mirada de sus lectores opinar o juzgar los hechos que narra. Además de su notable habilidad en el arte de mostrar con tanto encanto y empatía, en Mis abuelas y yo, destacan los magníficos diálogos, que caracterizan a cada uno de los personajes y constituyen la pieza clave de estas ingeniosas memorias juveniles. Con muy buen pulso narrativo y un ritmo que no decae en ningún momento, la autora contrasta las escenas idílicas en casa de sus abuelos maternos con las escalofriantes estancias en la casa londinense de Nana. La abuela paterna de Diana, viuda del artista prerrafaelita William Holman-Hunt, aparece como una vieja chiflada que vive de la gloria pasada de su marido, entre cucarachas y obras de arte, y no gasta ni un penique en las necesidades básicas de su nieta (sin cama en una casa de habitaciones vacías, sin apenas comida, sin agua, etc.). Aunque la autora se cuida de evitar juicios de valor a lo largo de todo el libro, lo cierto es que el retrato de Nana y de sus estancias en su casa, por muy teñido de cariño y de nostalgia que esté, resulta inmisericorde, incómodo para un lector que reconoce abuso y maltrato infantil, cuanto menos. Tal vez por esta razón, el segundo esposo de Diana le recomendó que no publicase Mis abuelas y yo, por lo que autora retrasó su salida a librerías hasta después de la muerte de su marido.
Es difícil terminar estas maravillosas memorias de infancia y juventud sin sentirse amiga de Diana, sin desear darle un buen abrazo a la niña abandonada que fue. Su biografía adulta parece girar alrededor de los hombres de su vida: nieta del afamado pintor prerrafaelita, divorciada de su primer marido, esposa en segunda nupcias de un terrateniente, un hijo diplomático experto en Asia Central… Y, sin embargo, Mis abuelas y yo también es el retrato de una joven decidida e inteligente, que tuvo que adaptarse a las excéntricas condiciones de su educación, tanto sentimental como intelectual, que viajó por Europa y que se interesó en el legado cultural de su familia y de su infancia: en 1969 publicó My Grandfather, His Wives and Laves, una biografía sobre su abuelo, y en 1974, un libro sobre el pintor chileno Álvaro Guevara, Latin Among Lions. Aunque vivió gran parte de su adultez en un entorno rural, volvió a Londres al enviudar, firmó su obra literaria con el apellido compuesto de su famoso abuelo, y mantuvo una vida social tan ajetreada como la de Nana.
Lectora, unas memorias excéntricas y maravillosas. Imposible no terminar este libro sin querer darle un abrazo grande a Diana.
También te gustará: Un par de manos; Nobles y rebeldes; Un retrato de época
Hola querida, pues la verdad es que me da tanta pena lo que cuentas de la pobre niña, que aunque no haga juicios de valor no sé si me apetece ponerme con ella.
Un besazo enorme.
Pese a tu buena reseña, no me termino de animar. Tengo tanto pendiente que mejor la dejo pasar.
Besotes!!!