Archivo de la etiqueta: Novelas adorables

Una pareja casi perfecta, de Emily Eden

Los Eskdale son una familia feliz y acomodada que ha casado a sus tres hijas por amor, aunque su vecina, la señora Douglas, cree que tanta riqueza solo les trae infortunio y envejecer antes de tiempo. Helen, la pequeña de los Eskdale, ha sido la última en contraer matrimonio y cuando se traslada a la mansión de su esposo, Lord Teviot, parece bastante evidente que son dos desconocidos obligados a vivir juntos, y que su juventud y el corto noviazgo no han contribuido a establecer ninguna confianza entre ellos. Un sinfín de malentendidos y medias palabras, celos y acusaciones veladas, construyen un muro entre marido y mujer, y convierten la convivencia en un campo de minas que no hace más que aumentar la distancia entre ambos. Para complicar la situación, un montón de invitados se han instalado en la mansión de los Teviot y parecen poco dispuestos a marcharse en un futuro inmediato ¿Por qué dejar el castillo si Lady Teviot es un ángel, Lord Teviot tiene una cuadra estupenda, es temporada de perdices y hay un montón de damas y caballeros jóvenes para cotillear durante la cena?

«La joven temblaba visiblemente y, aunque mi grado de amistad con los Eskdale me impide insinuar la situación real del asunto, tengo el triste presentimiento de que Helen se casó con la perspectiva de convertirse en una de las mujeres más infelices de Inglaterra.«

Emily Eden (1797-1869) fue una poeta y novelista británica. Séptima hija de los catorce vástagos que tuvo el barón de Auckland, pasó algún  tiempo en la India con sus hermanos y escribió varias novelas, aunque creo que esta es la primera vez que se la traduce en nuestro país. Cuenta Ana Belén Alonso en la introducción de esta edición de dÉpoca Editorial, que Emily Eden escribió Una pareja casi perfecta en 1829, pero que no se publicó hasta 1860, en plena época victoriana. Por la fecha de su escritura, porque está ambientada a finales del período Regencia (1811-1820) y porque la autora admiraba profundamente a Jane Austen, es evidente que no es una novela victoriana; carece de la rigidez moral y del riguroso recato que la reina Victoria imprimió incluso en la literatura de su reinado, y los personajes se relacionan y expresan con un sentido del humor y una ligereza mucho más propia de principios del siglo XIX.

Regencia tardía, período georgiano, o victorianismo temprano, lo cierto es que Una pareja casi perfecta es una novela muy divertida, con personajes estupendos y diálogos a menudo ingeniosos y de réplicas irónicas. Aunque el tema principal es el matrimonio y que los cónyuges empezaban su vida en común sin conocerse apenas, a mí lo que me ha gustado es la señora Douglas, con su manía de ver a todo el mundo envejecido y de que no le guste nadie, como el Ebenezer Scrooge de los Eskdale, y la indolencia chispeante del coronel Beaufort con sus respuestas sarcásticas y tremendamente sinceras (se merece una línea completa de merchandising, a ser posible, tazas con sus frases). Y es que el punto fuerte de esta novela son los capítulos centrales, cuando los Teviot se instalan en su mansión y se les llena de amigos, oportunistas, vividores y políticos con aspiraciones a ser Primer Ministro. Como dice mi amiga Marisa «la mansión de los Teviot se pone que parece el camerino de los hermanos Marx«.

«Nada es demasiado horrible para ser verdad, señor Douglas, y no hay nada verdadero que no sea horrible.» (Mrs. Douglas dixit)

Señala dÉpoca Editorial que Una pareja casi perfecta tiene la originalidad de recoger la narración justo después del final feliz de Orgullo y prejuicio, por ejemplo, y en general de las novelas que terminan con la boda de los protagonistas. Quizás por esa circunstancia que la desmarca de otras novelas similares de su época o quizás por la gracia que tiene Emily Eden para construir personajes excéntricos y con mucho genio, con sus dimes y diretes, Una pareja casi perfecta me ha parecido una lectura divertida, ingeniosa, y muy recomendable para desconectar del mundanal ruido y alimentar un poquito la nostalgia de Jane.

Lector, atento al duelo Douglas vs Portmore.

También te gustará: Orgullo y prejuicio; Evelina; Preciosa Polly Pemberton; Cortejo en la catedral; Reencuentro

Share and Enjoy !

0Shares
0 0
Publicado en Blog | Etiquetado , , , | 12 comentarios

Como desees, de Cary Elwes

El actor británico Cary Elwes tenía 23 años y estaba rodando una película independiente en Berlín cuando Rob Reiner (director) y Andy Scheinman (productor y ayudante de dirección) le propusieron el papel de Westley en la adaptación cinematográfica de La princesa prometida. Tras meditarlo mucho, Elwes acababa de rechazar un año de residente en la Royal Shakespeare Company y rodar en Berlín no parecía buena idea en pleno incidente de Chernóbil. Varias productoras norteamericanas habían rechazado durante años el genial guion de William Goldman, autor de la novela, porque a Hollywood le gustan las películas que se etiquetan con facilidad y La princesa prometida no cumplía ese requisito: aventuras, amor, humor, fantasía, para niños y adultos,… Era todas esas cosas y muchas más. Reiner y Scheinman, con el modesto presupuesto de una producción independiente y toda la ilusión del mundo, se plantaron en Berlín en busca de su Westley y, el resto, es una maravillosa historia que Cary Elwes nos cuenta con mucho encanto y complicidad en Como desees.

«Era alta y esbelta, con el pelo rubio y largo y unos enormes y expresivos ojos azules. En dos palabras: era hermosa. También era muy joven, como pronto descubriría, apenas tenía veinte años, y sentí una ligera sensación de alivio al no ser la persona más joven de la película (sin contar a Fred Savage).
Nunca olvidaré el momento en el que Rob nos presentó.
—Cary —dijo—. Esta es Robin. ¡Interpreta a Buttercup! La chica de la que te vas a enamorar.«

La edición es preciosa, contiene un póster diseñado por Shepard Fairey y fotografías en color del rodaje, además de comentarios de los protagonistas de la película.

Ático de los libros
Páginas: 264
ISBN: 978-84-17743-17-8
Fecha de publicación: 27 de noviembre de 2019

Como desees es el libro que escribió Cary Elwes sobre las anécdotas del rodaje de La princesa prometida (Rob Reiner, 1987) y las impresiones de muchos de los que participaron. Y eso es lo que vais a encontrar en esta preciosa lectura, un montón de recuerdos extraordinarios sobre la filmación, los actores, el director, los nervios enfermizos de William Goldman y las locuras de Billy Cristal. Elwes relata con mucho carisma, encanto y sentido del humor, cómo empezó todo, desde el fabuloso guion adaptado de Goldman hasta la tibia acogida por parte del público en su estreno, pasando por el casting de los actores, el vestuario, el entrenamiento con espadas, etc.

Con una prosa ágil y muchísimo sentido del humor, Elwes tiene el acierto de trasmitir la calidez y el ambiente tan mágico que reinaba en los sets de grabación como un reflejo de la magia que desprendía la novela. Cuando Reiner y Scheinman buscaban a Westley, tenían en mente a un joven Douglas Fairbanks, a un Errol Flynn, pero con la suficiente sensibilidad cómica como para dotar de fina ironía y sutil humor un papel serio de héroe clásico. Ese carisma de Elwes, esa inteligencia con su puntito de humor british, presente también en su manera de contar y recordar, convierte Como desees en una lectura tan divertida y agradable que te da mucha pena cuando se termina (como les sucedió a los actores y al resto del equipo cuando finalizó el rodaje).

Me ha gustado curiosear sobre qué actores se habían barajado inicialmente para algunos personajes (Colin Firth para Westley o Arnold Schwarzenegger para Fezzik), la escena en la que Cary y Robin se conocen y él se queda atontado y no da pie con bola, deslumbrado por la belleza y naturalidad de ella, o cómo Goldman se cargó varias tomas por culpa de los nervios. Como soy una loca de la adaptación cinematográfica de Peter Jackson de El señor de los anillos, conocía a Bob Anderson como el campeón olímpico de esgrima y maestro espadero que entrenó a Aragorn, pero no sabía que él había sido uno de los artífices de «El mayor duelo de espadas de la era moderna» en La princesa prometida. He disfrutado especialmente de los capítulos dedicados al entrenamiento y estudio con la espada para que Mandy Patinkin, como Íñigo Montoya, y Cary, como Westley, ejecutaran sin necesidad de dobles una de las escenas de esgrima más espectaculares de todos los tiempos. Creo que os gustará.

Lector, la novela tenía magia, la película tenía magia y este libro de memorias sobre ambos es puro amor… y magia. No te lo pierdas.

También te gustará: La princesa prometida

Share and Enjoy !

0Shares
0 0
Publicado en Blog | Etiquetado , , , , | 13 comentarios

Las Brontë fueron a Woolworths, de Rachel Ferguson

Deirdre Carne es periodista, pero anda a vueltas con su primera novela. Katrine Carne estudia arte dramático y está un poco cansada de que siempre le toque recitar las frases más picantes de Shakespeare. La hermana más pequeña, Sheil, se educa en casa con la inflexible institutriz Martin. Las chicas Carne viven a caballo entre la aburrida realidad de la buena sociedad del Londres de entreguerras y su desbordante imaginación, en la que jueces, ayudantes de fiscal, actores, fantasmas literarios y pierrots entran y salen de casa en un interminable cotilleo social. Perdidamente enamoradas del juez del Tribunal Supremo Toddington y de su esposa, las Carne los incorporan con naturalidad a sus fantasías cotidianas, pero cuando Deirdre propicia un encuentro en la vida real y se encantan mutuamente, su elaborado mundo ficticio empieza a resultar contagioso.

«En una ocasión, una mujer que había asistido a una de las fiestas de mi madre me preguntó «¿te gusta leer?», lo que provocó un silencio sepulcral entre todo el mundo. Cómo explicarle a aquella mujer que los libros son como el baño o el sueño, o como el pan: necesidades básicas que una nunca se plantea en términos de aprecio.«

Cuenta Siruela sobre la británica Rachel Ferguson (1892-1957) —autora no editada hasta la fecha en castellano— que fue una periodista, novelista y sufragista que publicó doce novelas, tres libros de memorias, cuatro sátiras, dos biografías y una obra teatral. Y cita a A. S. Byatt sobre esta novela: «Una obra maravillosamente lograda sobre el poder de la imaginación«. Y esta es la mejor sinopsis que vais a leer jamás de Las Brontë fueron a Woolworths, pues pocas novelas de ficción para adultos, ambientadas en el Londres real  de 1930 con personajes realistas, vais a encontrar más fantásticas que esta.

Las Brontë fueron a Woolworths es un instante en la vida de la familia Carne, una madre y tres hijas que viven ficciones extraordinarias con una naturalidad y un sentido del humor que enamoran; y que pese a su desbordante imaginación jamás han conseguido creer en Papá Noel o en las hadas. Esta novela es una ficción que incluye otra ficción dentro de más ficción, un poco de lío, sí, porque ni el lector ni las propias señoritas Carne distinguen ya lo que es real de lo que no ¿Y qué importa? Absolutamente nada. La historia debe leerse con total relajación y sin preocuparse por discernir realidad de ficción pues ¿no es una novela de ficción?

Deirdre, la hermana mayor de las Carne y alter ego de Rachel Ferguson (periodista, novelista, muy consciente de la discriminación de género de su época), narra en primera persona esta historia. Se intercalan algunos capítulos cortos con el punto de vista de otros personajes, como el de la institutriz Martin o el matrimonio Toddington. En todos los casos en los que se ofrece al lector un punto de vista que no es el de Deirdre, se trata de personajes cercanos a las Carne que alucinan con su comportamiento y la riqueza de su vida imaginaria. Pero así como la institutriz censura y se horroriza por lo poco convencional de su intelecto, los Toddington se quedan totalmente prendados de la familia. La inteligente narración de Ferguson no solo proporciona al lector información y referentes suficientes para que entienda qué ocurre en realidad sino que además saca buen partido de guiños y complicidades literarias que no puedo desvelar (atención a los fabulosos capítulos finales donde las Brontë adquieren inusitado protagonismo).

No puedo resistirme a señalar muy brevemente —no tiene gracia si no es el lector quien lo descubre por sí mismo— la cantidad de citas, autores y obras literarias que desfilan por esta novela. Peter Pan, Sherlock Holmes, Shakespeare, Alicia («Intentaré creer tres cosas imposibles antes del desayuno«), Henry James, el seudónimo de Emily Brontë… Son detalles pequeñitos, casi escondidos entre líneas —que vais a reconocer y disfrutar porque sois apasionados de la literatura—, que están ahí como un guiño encantador de Rachel Ferguson por la complicidad de sus lectores. Supongo que el título ya daba una pista, pero sí, esta es una novela profundamente metaliteraria porque nada hay más propio de la literatura que el ejercicio de la imaginación.

Sé que esta es una reseña extraña porque no quiero explicar demasiado y porque Las Brontë fueron a Woolworths es una lectura excéntrica y maravillosa, un singular tesoro, que no me atrevo a recomendar a todo el mundo por su rareza. A mí me ha encantado por su sentido del humor, por sus peculiares personajes, por el encanto de los diálogos, por el constante juego entre realidad ficticia y ficción, y por su esencia tan British y literaria. Comparto de todo corazón la opinión de A. S. Byatt sobre esta novela que se incorpora a mi estantería de tesoros fantásticos.

Lector, imagina una versión muy loca de una novela de Barbara Pym o de D.E. Stevenson y solo sería la mitad de fantástica que Las Brontë fueron a Woolworths.

También te gustará: La hija de Robert Poste; Enterrado en vida; Ellos y yo; A la caza del amor; Abadía Pesadilla

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Las Brontë fueron a Woolworths (en papel)
Las Brontë fueron a Woolworths (para Kindle)

Share and Enjoy !

0Shares
0 0
Publicado en Blog | Etiquetado , , , , , , | 15 comentarios

Nos vemos en el museo, de Anne Youngson

Cuando eran estudiantes, Tina y su amiga Bella le escriben al profesor P. V. Glob tras leer su libro sobre los últimos descubrimientos arqueológicos alrededor del hombre de Tollund, una persona de la Edad del Hierro que se halló bien conservada entre la tundra danesa. El profesor las anima a visitar el museo de Silkeborg para contemplar la momia de La gente de la ciénaga, pero los años pasan y las dos amigas nunca encuentran el momento perfecto para su viaje. Veinte años después, Tina se siente sola en la granja familiar y, presa de la inquietud y la insatisfacción que siempre han planeado sobre su vida, decide escribir al museo con la esperanza de aceptar la invitación del profesor Glob. En su lugar le contesta el nuevo conservador, Anders, con el que inicia una amable correspondencia sobre arqueología que se tornará más y más íntima y vital con cada carta que se crucen.

«Me hablabas en marzo sobre lo distintas que son nuestras vidas —la mía en mitad del campo y sus cambios, la tuya atrapada entre objetos inmutables en el tiempo— y te preguntabas cuál era mejor y cuál habrías escogido, si hubieras sabido que podías elegir (…). ¿Verdad que es fascinante que, después del rodeo que te he hecho dar y que has aceptado sin rechistar, pasando por la matanza del cerdo y la muerte de mi mejor amiga, finalmente hayas destapado la verdadera esencia de lo que me impulsó a escribir?«

Anne Youngson vive en Oxford, es abuela de tres nietos y escribió Nos vemos en el museo con setenta años. Cuando mi amiga Mrs. Hurst de Las Inquilinas de Netherfield me recomendó esta novela y me habló así de su autora, inmediatamente me acordé de La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, porque Mary Ann Shaffer también era mayor cuando la escribió y porque era epistolar y muy british. Me encantan las novelas epistolares, así que me fui corriendo a la librería sin demora, me compré Nos vemos en el museo y lo devoré en tres tardes. Ya podéis imaginar lo muchísimo que me ha gustado.

No voy a desvelar más del argumento de lo que he hecho en la sinopsis de inicio, pero aviso de que no encontrareis tópicos de novela romántica sino una reflexión vital que trasmite serenidad y una correspondencia bellísima entre dos personas con más en común de lo que pensaban al principio. Tina es una buscadora incansable, sabe que tomó decisiones equivocadas en el pasado y no se rinde, es inquieta y quiere borrar ese vacío existencial que la ronda. Anders es tranquilo, conformista, su vida no le resulta buena, pero la acepta sin quejas hasta que la correspondencia de Tina le señala la tristeza con la que convive. Dos personajes, dos mundos, que se asoman el uno al otro y se aportan, no solo comprensión, sino también cambio. A través de las confesiones de estos pensamientos íntimos, Youngson aprovecha la ventaja de la narración epistolar para dar profundidad y delicados matices a sus dos personajes protagonistas.

Especialmente destacable es el trabajo etimológico y de registro que hace la autora en Nos vemos en el museo: las reflexiones iniciales sobre el hombre de Tollund y la profesión de Anders están muy bien arropadas, y las voces de los dos personajes se diferencian a la perfección, cada una con su estilo propio. Además, Youngson plasma muy bien —no solo con las dudas lingüísticas que expresa el personaje sino también con una cadencia narrativa de frases más cortas y algo vacilantes— la particularidad de que Anders es danés y está escribiendo en una lengua distinta a la materna. Nos vemos en el museo me ha gustado por todo esto que os he explicado, pero también por su carácter que huye de tópicos y por la sensación de paz y serenidad que trasmite las reflexiones vitales de dos personajes que, sin embargo, se hayan sumidos en importantes cambios emocionales.

Lector, una grata y original sorpresa, una lectura que trasmite paz en el este mundo de la inmediatez y el ruido.

También te gustará: Contra el viento del norte; Juntos, nada más; La delicadeza; La mujer de la libreta roja

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Nos vemos en el museo (en papel)
Nos vemos en el museo (para Kindle)

Share and Enjoy !

0Shares
0 0
Publicado en Blog | Etiquetado , , | 18 comentarios

El exlibris de Colfax, de Agnes Miller

Constance Fuller trabaja como conservadora y experta en la prestigiosa librería Darrow, en la Cuarta Avenida de Manhattan. Demasiado inteligente y con los malos modales que atribuyen el paso por la universidad a las señoritas jóvenes y solteras de los años veinte del siglo pasado, Constance tiene la confianza de sus jefes, y sus compañeros más avezados saben que pueden contar con ella para solucionar algún que otro entuerto. Quizás por eso, cuando Peter vuelve de comprar un antiguo libro de medicina con un curioso exlibris, primero pasa por la mesa de Constance: ha gastado más de lo que debería en la puja por el volumen porque una bella dama le pidió su ayuda. Una extraña muerte y varios intentos de robo convencen a la señorita Fuller de que ese exlibris oculta un misterio de vital importancia, un valor oculto que va más allá de la torpe caballerosidad de Peter.

«—(…) Usted sabe que los ingleses que los ingleses piensan que el fin del mundo se acerca si no tienen su té; y si lo tienen, entonces les da igual lo que pase.

—Creo que ha hecho usted bien —admitió el señor Roberts, refunfuñando, mientras el señor Case sonreía amablemente y observaba que Darrow era diferente—. Hacer té es una estupidez, desde luego; pero no la retrasará más de unos minutos. Y el día es desagradable, frío y húmedo.»

Esta es la única novela para adultos de Agnes Miller, una norteamericana de la que apenas se sabe mucho más aparte de que publicó una saga juvenil de misterio a principios de los años treinta del siglo pasado. Miller publicó El exlibris de Colfax en 1926 y es, hasta la fecha, la única novela del llamado bibliomystery con exlibris. Acertáis si sospecháis que este misterioso libro y su misteriosa autora son rarezas encantadoras.

De entrada, es fácil que El exlibris de Colfax nos enamore: un montón de libreros excéntricos corriendo de un lado para otro de una preciosa librería porque un exlibris los trae de cabeza, un misterioso asesinato, una protagonista experta en libros, inteligente e independiente, Nueva York en 1926… Un tesoro literario que he disfrutado muchísimo por los personajes, por la originalidad del planteamiento de la trama, por un montón de escenas pintorescas y alocadas, y por Constance Fuller, una mujer extraordinaria en su época y posición que jamás pierde su sentido del humor. Y como la novela está narrada en primera persona por la protagonista, se beneficia enormemente del punto de vista perspicaz, ligeramente irónico y siempre brillante de la querida Constance.

La trama transcurre ágil, el misterio es curioso, la intriga y la tensión se mantienen de principio a fin, el investigador da manga ancha a nuestra Constance y la novela es tan encantadora y divertida que bien podría haber sido adaptada a la gran pantalla por Lubitsch o Edwards con sus inconfundibles estilos. El señor Colfax, un artista inglés del siglo XIX, era totalmente contrario a la revolución de las colonias, por eso jamás aceptó ningún encargo de exlibris de un norteamericano, de ahí el extraño ejemplar objeto del deseo de un montón de personajes y el título del libro. Esa tensión cultural entre ingleses y norteamericanos está presente en toda la novela, siempre en un tono jocoso y a menudo escenificada por Constance (neoyorkina) y el capitán Ashland (londinense), con sus tira y afloja por el té y la literatura de sus dos países.

La pena es que estos ingeniosos y divertidísimos diálogos quedan terriblemente deslucidos por la lamentable traducción (recuerdo en especial un juego de palabras sobre el Tea Party y el hecho de que Ashland quisiera tomar té que se pierde totalmente) que desluce toda la novela en general y le resta gran parte de su comicidad. Una traducción y/o edición de frases sin sentido, traducción literal del inglés sin adaptar siquiera juegos de palabras o bromas por lo que se convierten en frases absurdas, construcciones extrañas en español, orden gramatical americano, adverbios acabados en mente hasta la saciedad, siempre-siempre el sujeto pronominal presente en cada una de las frases sin elidir jamás, etc. Una lástima no haberle sacado más partido a esta pequeña maravilla de los bibliomystery, se merecía un trato mejor.

Lector, una rareza con mucho encanto.

También te gustará: La librería encantada; El sr. Penumbra y su librería 24 horas abierta; La librería del señor Livingstone

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
El exlibris de Colfax

Share and Enjoy !

0Shares
0 0
Publicado en Blog | Etiquetado , , , , , , | 17 comentarios