De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris

En 1840, pese a que los cirujanos poseían un excelente conocimiento de la anatomía interna (en parte gracias a los resureccionistas), la cirugía era su último recurso: las operaciones debían ser precisas y rápidas, porque no conocían la anestesia, y las probabilidades de que el paciente muriese de una infección durante el postoperatorio eran altísimas por la insalubridad de los quirófanos y hospitales y por las inexistentes medidas higiénicas de los médicos y del instrumental. Hasta la Ley de Salud Pública de 1848, Londres se asfixiaba en su propia basura, los estudiantes de medicina morían de infección por las heridas accidentales del bisturí o por enfermedades derivadas de no cambiarse la ropa sucia de trocitos de cadáveres gangrenados. Los hospitales, llamados Casas de la muerte, eran tal nido de putrefacción que el cirujano James Y. Simpson llegó a decir que un paciente tenía más probabilidades de sobrevivir en las trincheras de Waterloo que en la cama de un hospital londinense. Sin embargo, fue durante la segunda mitad del reinado de la reina Victoria cuando se sentaron las bases que cambiarían para siempre la cirugía: en 1846, el insigne cirujano inglés Robert Liston utiliza por vez primera, y de manera exitosa, éter para dormir al paciente en una de sus operaciones de amputación; al evento asiste un jovencísimo estudiante de medicina, Joseph Lister, quien muchos años después, gracias al microscopio mejorado de su padre y los trabajos de Pasteur, asociaría la presencia de gérmenes en las heridas postoperatorias como la causa de las infecciones mortales y aplicaría las primeras medidas antisépticas e higiénicas que cambiarían el índice de supervivencia de los pacientes en quirófanos y hospitales.

«La rapidez de Liston era al mismo tiempo un don y una maldición. En una ocasión, seccionó de manera accidental el testículo de un paciente junto con la pierna que estaba amputando. Su percance más famoso (y posiblemente apócrifo) lo tuvo en una operación durante la cual actuó con tanta rapidez que cortó tres dedos de su ayudante y, al cambiar de cuchillo, hizo un tajo en el abrigo de un espectador. Tanto el ayudante como el paciente murieron más tarde de gangrena y el desafortunado espectador falleció allí mismo de la impresión. Es la única cirugía de la historia de la que se dice que tuvo una tasa de mortalidad del 300 por ciento.«

Lindsey Fitzharris es doctorada en Historia de la Ciencia y la Medicina por la Universidad de Oxford, escritora, conferenciante y una brillante y premiada divulgadora científica por sus magníficos artículos. En su ensayo De matasanos a cirujanos (The Butchering Art) muestra el punto de inflexión en el que la medicina y la cirugía cambiaron para siempre con las investigaciones sobre la anestesia y la comprensión del origen de las infecciones. La autora se apoya en la biografía del célebre cirujano Joseph Lister como hilo conductor de la historia de los avances científicos que convirtieron los quirófanos y los hospitales en un lugar de curación.

Con una prosa ágil e inmersiva, estupenda incluso para los lectores que no hemos pisado la facultad de medicina, Lindsey Fitzharris borda un ensayo algo escabroso, pero brillante, excelentemente documentado y pautado. La primera parte de De matasanos a cirujanos atrapa por su excelente marco histórico-social y por la inclusión de casos y pacientes reales; y la segunda parte, con la investigación del doctor Joseph Lister para solventar el enigma de las infecciones. Su ritmo sostenido, su excelente narración, el carisma de los protagonistas, la gracia de la autora para contar anécdotas y lo apasionante de la cuestión hacen de este ensayo una de las mejores lecturas científicas que he tenido la suerte de disfrutar. A destacar también, la excelente traducción de Joaquín Chamorro Nielke y la cuidada edición y corrección de Debate.

Lector, imprescindible para curiosos victorianos y para quienes disfrutamos de un buen ensayo histórico.

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5 respuestas a De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris

  1. Nitocris dijo:

    Hola queridísima, pues mira en esta ocasión no me picas… aunque me parece muy interesante, pero creo que no me animo.
    Un besazo

  2. Margari dijo:

    Lo escribes tan bien que tientas, pero sé que no es una lectura para mí, así que esta vez me voy a resistir.
    Besotes!!!

  3. Me interesa mucho el tema, así que me lo apunto. También tengo apuntado para leer «Notas sobre enfermería», de Florence Nightingale.
    Un beso y gracias por el descubrimiento, Mónica.

  4. Norah Bennett dijo:

    Uf, esto sí que no me va. Ensayo histórico ya me suena regular pero encima enfocado a la medicina, mal vamos. Es que es un tema que no me atrae nada y en ficción tampoco. Pero tengo que ser honesta, el título me hace gracia.
    Besos

  5. Paseando entre páginas dijo:

    Un tema interesante, pero los ensayos me cuestan mucho. En esta ocasión lo dejaré pasar.

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