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Arsénico por compasión, de Joseph Kesselring
Martha y Abby Brewster son dos ancianas, muy queridas en el vecindario por su simpatía y generosidad, que viven en la casa familiar de Brooklyn, junto al cementerio, y cuidan de su sobrino Teddy, que se cree el presidente Theodore Roosevelt. Como disponen de una habitación libre, de vez en cuando entrevistan a algún caballero como posible inquilino y se preocupan por poner fin a su triste soledad. Pero cuando su sobrino Mortimer, el hermano de Teddy, las visita una noche de camino al teatro y encuentra un cadáver en el arcón de la salita, empieza a comprender que la historia familiar es más excéntrica de lo que siempre había creído: sus adorables tías son unas eficaces envenenadoras. Preocupado por las encantadoras ancianas y por su propia salud mental, Mortimer intentará solucionar el terrible entuerto. Aunque no es fácil encontrar un momento de sosiego para pensar con claridad en casa de las queridas Brewster.
«MORTIMER: Tía Martha, nadie se mete en un arcón y se muere sin más.
ABBY: Qué tonto. Claro que no, se ha muerto antes.
MORTIMER: Pero, ¿cómo?
ABBY: Ay, Mortimer, no seas tan preguntón. El caballero ha muerto por beber un poco de vino envenenado.«

Hoja de lata
Febrero 2025
Traducción de Raquel García Rojas
160 páginas
EAN: 979-13-87554-03-3
Joseph Kesselring (Nueva York, 1902 – 1967) fue un dramaturgo estadounidense conocido por su obra teatral Arsénico por compasión (1939), que fue todo un éxito en Broadway y se mantuvo en cartel casi cinco años consecutivos desde la fecha de su estreno. Inspirada en la exitosa novela de Myrtle Reed, Lavender and Old Lace (1902), fue llevada al cine por Frank Capra en 1944 —el director esperó a estrenar la película hasta que la obra teatral se bajó del escenario en Broadway— e interpretada por Cary Grant, en el papel de Mortimer, y por las actrices Josephine Hull y Jean Adair —que interpretaban a las adorables ancianitas en la obra teatral original— como las hermanas Brewster. John Alexander (Teddy) también se incorporó al reparto cinematográfico en su mismo papel; en cambio, Boris Karloff, que interpretaba a Jonathan Brewster en el teatro, no pudo saltar a la adaptación a la gran pantalla por cláusulas de contrato y producción. El guion cinematográfico corrió a cargo de Julius y Philip Epstein, guionistas de películas tan insignes como Casablanca (1942), que supieron respetar y resaltar el ingenio del magnífico texto de Kesselring.
Para nuestro deleite, Hoja de lata recupera en castellano esta joyita de humor macabro en tres actos, con excelente traducción de Raquel García Rojas y con el simpático y cuidado diseño de Iván Cuervo y Trabayadores Culturales Glayíu. Arsénico por compasión es una comedia de enredo con tintes de humor negro, que destaca por su buen ritmo sobre el escenario, un punto de suspense y diálogos rápidos, brillantes, tocados por el ingenio y una sutil ironía. Si bien la cuestión principal de la obra, que origina hilarantes equívocos, es el descubrimiento por parte de su sobrino de la «obra social» de las dos ancianitas, Kesselring añade con acierto la locura del personaje de Teddy —otorgando a la historia un punto absurdo bien aprovechado por las Brewster—, el toque romántico de la guapa vecina enamorada de Mortimer y la trama delictiva de un falso Boris Karloff. El resultado es una pieza divertidísima y excéntrica, tocada por el sutil encanto de la literatura de humor de su época, que ha conservado con mucha frescura su originalidad e ingenio.
Lectora, un adorable clásico teatral con una pizquita de arsénico.
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Sally en Rodesia, de Sheila MacDonald
En agosto de 1907, Sally llega a Rodesia del Norte —la actual Zambia— para casarse con Toby MacDonald. La joven pareja se instala en Salisbury, por aquel entonces la capital, y caen totalmente rendidos a la magia del África colonial. Sally en Rodesia es un compendio de las cartas que la protagonista le envía a su madre y a una amiga, desde agosto de 1907 hasta junio de 1912, contándoles sus aventuras cotidianas con el servicio doméstico autóctono, la maravilla de los paisajes, sus jardines, sus excursiones, y su cada vez más extraña vida social y doméstica a medida que la familia crece.
«Vaya luna, madre querida, gloriosamente clara y reluciente; un cielo brillante salpicado de estrellas, sin viento, tan solo una especie de canción fresca y suave que se cuela entre los árboles. Tengo el presentimiento de que voy a adorar África; hay algo que simplemente me llama y me atrae.«

Sheila MacDonald nació en Nueva Zelanda. Se casó en primeras nupcias con Toby MacDonald, con el que formó una familia y vivió en Salisbury, Rodesia, hasta 1924, fecha en la que su marido murió y ella se mudó con sus cuatro hijos a Inglaterra para escolarizarlos. Fue entonces cuando empezó a escribir para ganarse la vida y en 1916 publicó Sally en Rodesia, un delicioso testimonio epistolar sobre sus primeros años en África.
Las cartas recogidas en este libro son divertidas, carismáticas y valientes, un fiel reflejo de la personalidad de su autora. A través de su mirada y de su sentido del humor, comprendemos que Sheila MacDonald fue una mujer excepcional para su época y su educación, decidida a ver siempre el lado amable de la vida y dispuesta a sacarle partido a cualquier revés. Enamorada totalmente de África, trasmite, a través de su escritura vívida y enérgica, la mirada de una colona anglosajona que se ha mudado a vivir en una suerte de maravilloso paraíso sin domesticar.
Lectora, un librito epistolar y biográfico divertidísimo y genial.
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Etiquetado Clásico, Ensayo, feelgood, Libros excéntricos, Literatura británica
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El último asesinato en el fin del mundo, de Stuart Turton
Cuando una niebla letal que no deja nada vivo a su paso arrasa todo el planeta, lo que queda de la especie humana se refugia en una isla protegida por las barreras tecnológicas más avanzadas. Años después, los supervivientes han creado una sociedad utópica y tranquila, en la que todos colaboran y se aprecian mutuamente. La violencia, la ira, el egoísmo o la envidia han sido eliminadas de esa sociedad gracias al liderazgo de tres científicos, los Ancianos, y al control neuronal de una inteligencia artificial llamada Abi. Pero cuando una de las Ancianas aparece asesinada y Abi ha borrado la memoria de todos, Emory y su hija Clara serán escogidas como detectives para hallar al culpable. ¿Cómo investigar un asesinato en una sociedad en la que la capacidad humana para matar a sus semejantes ha sido erradicada?
«—Pensaba que, si Abi tenía el control, podría alterar la naturaleza humana desde dentro. No más egoísmo, ni avaricia, ni violencia. Por primera vez en la historia, seríamos un solo pueblo, actuando en armonía para el bien de todos.
Sus ojos brillan; el futuro se refleja en ellos. Al oírlo, Emory cree cada palabra, y se pregunta qué podría haber logrado esa persuasión en otro lugar, en un tiempo diferente.«

Stuart Turton es un escritor y periodista británico que tiene el don de reinventarse en cada nueva novela que publica. Si ya me dejó boquiabierta con el whodunit en bucle temporal de Las siete muertes de Evelyn Hardcastle, y me enroló a bordo de El diablo y el mar oscuro, con El último asesinato en el fin del mundo me ha vuelto a sorprender por su originalidad y su imaginación a la hora de presentarnos otro whodunit muy fuera de lo común. He disfrutado mucho de esta novela, leyéndola al alimón con MH y elaborando teorías locas que, en mi caso, nunca se acercaban ni lo más remoto a la solución de Turton. Pero no sabéis lo que me ha costado escribir la sinopsis de El último asesinato en el fin del mundo sin revelar nada de nada.
Esta es una novela de ciencia ficción, pero también de misterio policíaco porque, por mucha sociedad post-apocalíptica que tengamos, la trama principal va de encontrar al asesino de uno de los personajes. Sin embargo, la originalidad de Stuart Turton nos plantea el misterio en una sociedad en la que es imposible que se esconda un asesino y en la que resulta más que improbable encontrar algo parecido a una detective. En tiempo presente de indicativo, la —poco fiable— narradora de esta historia es Abi, una inteligencia artificial capaz de leer los pensamientos de todos los personajes y de hablar con ellos en su cabeza. Una narradora, pues, omnisciente y que ha mapeado todos los futuros posibles, por lo que, a diferencia del lector, sabe lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará no solo en la isla sino en todo el planeta Tierra. De todas formas, ahí está lo genial de esta novela, en ir ordenando poco a poco la línea temporal de los sucesos criminales, en entender el funcionamiento y los misterios de esta isla post-apocalíptica y en alucinar muchísimo con lo que pasa por la cabeza de Turton. La dedicatoria, la nota final del autor y los agradecimientos son pura belleza. Mil gracias, señor Turton, deseando leer la próxima.
Lectora, para leer en buena compañía e ir elucubrando teorías sin acertar ni una.
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Etiquetado Fantasía, Libros excéntricos, Literatura británica, Policíaca
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Vamos a morir todos, de Emily Austin
Gilda tiene veintiocho años, tiene novia y cada semana visita las urgencias del hospital preocupada por si está sufriendo un ataque de corazón. La han despedido de la librería en donde trabajaba, ha sufrido un accidente de coche y sospecha que su hermano es alcohólico y que sus padres están haciendo la vista gorda para no enfrentarse al problema. Consciente de que su tristeza empieza a ser abrumadora, busca apoyo en un grupo de terapia, pero por un malentendido termina trabajando para una iglesia católica, saliendo con un coach motivacional, buscando desesperadamente a un gato perdido y contestando los correos de una anciana fallecida mientras intenta averiguar quién la mató. Gilda quiere que los demás sean felices, quizás porque sospecha que para ella es imposible, pero sobre todo tiene miedo de no encontrarle ningún sentido a la vida.
«Por la noche, en invierno, siempre busco ventanas iluminadas con las cortinas abiertas. Me gusta ver las casas de la gente por dentro. Miro qué hay puesto en la tele. Miro los muebles. Incluso cuando tienen puesto un canal aburrido o cuando la casa está llena de muebles feos y viejos, siempre me dan muchas ganas de meterme ahí dentro.«

Emily Austin es una periodista y escritora canadiense, referente en la literatura queer contemporánea. Vamos a morir todos es su primera novela, un debut notable que le valió la nominación a varios premios de prestigio y le concedió la medalla del humor Stephen Leacock. Me ha parecido una novela muy original, sincera y llena de ternura, sobre la tristeza y la salud mental de las mujeres jóvenes. Me ha recordado a algunas de las novelas de Marian Keyes o Maria Semple en las que las autoras escriben sobre su propia experiencia con la depresión.
Vamos a morir todos es una historia que se empieza con una sonrisa en los labios y se termina con alguna que otra lagrimilla y un ay en el corazón. La pluma de Emily Austin es ligera y sincera, precisa, de frases cortas, que trasmite a la perfección pensamiento y emoción. La novela está narrada en primera persona por su protagonista, Gilda, una mujer joven presa de una profunda depresión. Al principio de la historia, la autora juega con el sentido del humor y la sinceridad de su personaje para presentarnos a Gilda, y todo sucede a tan buen ritmo y con tanta gracia que el lector cree estar en una comedia contemporánea… hasta que comprende qué le sucede a Gilda. A partir de ese punto de comprensión, el ritmo de la narración se precipita en la tragicomedia, conmoviendo al lector y manteniéndolo en vilo hasta un final lleno de esperanza. Me ha parecido un camino original y honesto para contarnos otra faceta de la depresión, tan realista que probablemente su autora lo haya conocido de primera mano. Pese a los tintes de comedia, la novela es respetuosa, sincera y muy recomendable para quienes se creen solos cuando se enfrentan a la extraña futilidad de nuestra existencia.
Lectora, una novela distinta, conmovedora y muy actual.
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Los Radley, de Matt Haig
Helen y Peter Radley son un matrimonio con dos hijos adolescentes, Rowan y Clara, que se han mudado a un pueblecito en el norte de Inglaterra. Aparentemente, son una familia normal de clase media, bastante aburridos y con aficiones de lo más comunes. Pero detrás de las cortinas de su bonita casa, la intimidad de los Radley es de todo menos normal: Peter siente unos extraños deseos por el cuello de su vecina, Helen se esfuerza tanto por ser como los demás que se ha olvidado de ser feliz, Rowan tiene una alergia brutal a la luz solar y sufre acoso escolar, y a Clara le sienta fatal la dieta vegana y no logra entender por qué todos los animales huyen despavoridos de ella. Traicionar durante tanto tiempo su propia naturaleza depredadora para poder dormir por las noches sin mala conciencia está a punto de convertirse en una sentencia de muerte para los Radley.
«Sabe, por supuesto, que si anoche hubiese probado la sangre, mostraría una actitud tan relajada como la de su marido y su hija con respecto al tema. La copa estaría medio llena en lugar de medio vacía y creería que, con Will a su lado, podrían salir airosos de cualquier situación gracias al poder de persuasión de la sangre. Ningún agente de policía de Yorkshire del Norte creería que su hija era una asesina, y menos aún una verdadera criatura de la noche.«

Matt Haig es un periodista y escritor inglés, autor de libros de ficción y de no ficción para niños y adultos. Sus obras más conocidas son La biblioteca de la medianoche (2020) o El chico que salvó la Navidad (2015). Los Radley (2010) es una novela sobre una familia de vampiros que intenta salir adelante sin beber una sola gota de sangre porque, según su escala de valores, creen que moralmente está mal matar a otras personas. Esta es la primera vez que leo una novela de Matt Haig y me ha sorprendido gratamente.
Los Radley me ha parecido un thriller vampírico muy entretenido y original, con un buen planteamiento emocional, personajes muy bien construidos y una buena dosis de suspense. El estilo del autor, con esa narración en presente que suele facilitar la cercanía con el lector, no carece de cierto toque poético pese a prescindir de adornos. Me ha gustado especialmente la sinceridad de Matt Haig a la hora de abordar el mito vampírico, sin disimular que se trata de monstruos terroríficos que matan personas, y de plantear el dilema moral del matrimonio protagonista sin entrar en cuestiones religiosas (la escala moral de los Radley se construye sobre el respeto y la libertad, pilares de la civilización). Creo que es esa falta de hipocresía y que el autor no tenga miedo de que la sangre salpique desde estas páginas, lo que convierte esta novela en un thriller tan interesante y original. Y que, pese a tratarse de una historia de tintes oscuros, el final no resulte injusto ni desesperanzador.
Lectora, una novela de vampiros distinta que te mantendrá en vilo hasta el final.
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