Próxima estación, de Mónica Gutiérrez Artero

Hace algunos años vi este reportaje sobre la restauración de los vagones originales del Orient Express por parte de la cadena hotelera Belmond y me quedé totalmente prendada. Pensé que algún día escribiría una novela ambientada bajo la suave luz de esas lámparas Art Decó. La publicación de Próxima estación ha coincidido en tiempo de confinamiento, unos días extraños, difíciles y a menudo tristes y angustiosos. Pero precisamente porque creo que necesitamos lectura amable de entretenimiento más que nunca, aquí os dejo la preciosa portada y la sinopsis de mi nueva novela. Cruzo los dedos por que os guste muy fuerte, mil gracias por acompañarme siempre con tantísima generosidad.

Sigrid está a punto de cumplir el sueño profesional de trabajar de conservadora en un museo y, como despedida de su actual empleo, su amiga Ángela la ha reclutado para la convención anual hotelera que este año se celebra a bordo del extraordinario Venice-Simplon Orient Express. Entre ninfas, flores y lámparas Art Decó de la exquisita restauración de los vagones del mítico Express d’Orient, la historiadora atraviesa el corazón de Europa cuando un reencuentro inesperado la hace descarrilar a toda máquina.

A menudo fuera de ruta, atribulada por un lúgubre pianista, el encanto de Ed Sheeran, la inagotable batería de anécdotas de Gilberto, la presencia imponente del señor Rochester, una abogada en crisis y un conejo rebelde, Sigrid comprenderá que es preferible que te rompan el corazón a quedarte sin ningún pedazo que hacer añicos.

Os dejo aquí el enlace del libro digital, la versión en papel saldrá en unos días:
Próxima estación

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Emma, de Jane Austen

Desde que su institutriz, mejor amiga y confidente se casó con el señor Weston, Emma Woodhouse se aburre. Pero en lugar de ocupar su tiempo en cultivar su intelecto o perfeccionar sus técnicas musicales y pictóricas, decide tomar bajo su tutela a la pobre Harriet, una jovencita de poco seso a la que Emma se ha empeñado en casar con el vicario. Su cuñado, el señor Knightley, le advierte de que en lugar de jugar a las casamenteras y abocar a la pobre Harriet al ostracismo social haría mejor en meterse en sus asuntos. Sin embargo, sin la templada influencia de su institutriz, Emma anda desatada y directa a precipitarse de cabeza en el desastre sentimental más sonado de Highbury. Inteligente, caprichosa y demasiado pagada de sí misma, la señorita Woodhouse está a punto de descubrir que su conocimiento de la naturaleza humana es tan errado como los temores de su padre por los caballos de James.

«Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con un hogar agradable y un temperamento feliz, parecía reunir muchas de las mejores bendiciones de la vida; llevaba en este mundo cerca de veintiún años sin apenas nada que la molestase o agitase.«

Desde que tuve el placer de leer Jane Austen en la intimidad, de Lucy Worsley, y pude entender mejor a la autora georgiana, estaba deseando releer sus novelas. Worsley, con rigurosidad e inteligencia, proporciona las claves para disfrutar en profundidad de las capas de escritura de Jane Austen, de toda su ironía, su crítica y su agudeza, de su poder de observación; por eso sentía curiosidad por saber si sería capaz de realizar una lectura distinta a la que hice años atrás de las obras austenitas. Con excepción de Orgullo y prejuicio, que creo que habré leído media docena de veces, la lectura del resto de la bibliografía de Austen me quedaba muy atrás en el tiempo. Escogí Emma porque, junto con La abadía de Northanger, siempre me ha parecido la novela más divertida de su autora, y en estos tiempos difíciles agradezco mucho que un libro me dibuje una sonrisa.

Emma es una comedia de enredo amoroso, divertida, simpática y de época; pero también es una novela que muestra con mucha agudeza los prejuicios socio-económicos y la escasa permeabilidad social en la Inglaterra rural del siglo XIX, así como la difícil situación de las mujeres jóvenes sin una familia de renombre o de dinero, independientemente de su formación o aptitudes. Jane Austen sabe caracterizar muy bien a sus personajes a través de sus reflexiones y sus ingeniosos diálogos: el clasismo de Emma, la hipocondía del señor Woohouse, la estupidez de Harriet, la integridad de Mr. Knightley, los insoportables señores Elton… Todos encajan a la perfección en una trama muy bien pautada para darle una lección de humildad a una joven a la que todavía le falta mucho por aprender de las dobleces humanas.

Es cierto que incluso en la actualidad muchos lectores dicen que la joven Woodhouse les resulta odiosa. A mí Emma me gusta, me parece un personaje tremendamente humano y que refleja muy bien las meteduras de pata, las torpezas, las cabezonerías y los esnobismos de los que ninguno de nosotros está totalmente libre. No todos podemos ser una Elizabeth Bennet perfecta de la vida, y reconocer los propios errores y enmendarlos (por ejemplo, cuando el señor Knightley nos riña por ridiculizar a la señora Bates) nos hace un poquito mejores personas.

Jane Austen nos trae a una protagonista rica, guapa y sin problemas de ninguna clase, seguramente distinta al resto de las heroínas austenitas; una Emma que podría resultar antipática si no fuese por su agudeza, su buen corazón (pese a las crueldades a veces se le escapan) y esa serenidad tan alejada de las heroínas románticas que se desmayan de amor, pues la señorita Woodhouse afirma, con toda tranquilidad, que ella nunca se casará. En una época en la que las emociones femeninas poco importaban en la literatura y tanto se invisibilizaban en la realidad, Austen construye una protagonista que es capaz de analizar su corazón, entender sus cambios y aceptar sus errores. La serenidad emocional de Emma, tan opuesta al modelo literario femenino de su época, y la fina ironía habitual austenita sobre la naturaleza humana en general y la sociedad inglesa en particular, son los rasgos más sobresalientes que me llevo de la relectura de este clásico tan divertido.

También te gustará: La abadía de Northanger; Orgullo y prejuicio; Jane Austen en la intimidad

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Emma

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La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brontë

Una misteriosa joven mujer y su hijo de corta edad se han mudado a la solitaria mansión de Wildfell Hall. La pequeña comunidad de vecinos que se acerca a curiosear no tarda en sentirse rechazada por la reserva casi enfermiza de la dama y los cotilleos maliciosos brotan por doquier. El hacendado Gilbert Graham, ajeno a las malas lenguas y totalmente fascinado por la personalidad independiente y firme de la recién llegada, insistirá en conocerla hasta forjar mucho más que una sólida amistad. Acorralada entre el amor de un hombre honesto y la necesidad de guardar el secreto, la nueva inquilina de Wildfell Hall finalmente le confesará todos los detalles de su pasado atormentado, un descenso terrible a los infiernos.

«—¿Es usted un héroe como para unirse a alguien de quien sabe que todo el mundo sospecha y a quien desprecian todos los que la rodean, e identificar sus intereses y su honor con los suyos? ¡Piénselo! Es una cosa muy seria.
—¡Estaría orgulloso de hacerlo, Helen! Sería feliz más allá de toda expresión. Y si es ese el obstáculo para nuestra unión, está derribado. ¡Y usted debe… usted será mía!«

Tres aciertos me han acompañado durante la lectura de este clásico que hace tanto que tenía pendiente: Anne Brontë es una de las autoras preferidas de Mrs. Hurst (Las inquilinas de Netherfield) y me dio las pistas para disfrutar de la novela, me apunté a la lectura conjunta del Club Literario Macondo (gracias, Jan Trotalibros y Marisa por señalar, entre otras cuestiones, las causas de la inmadurez emocional y sentimental del pobre Gilbert) y que compaginé esta lectura con la de El sabor de las penas, de Jude Morgan, una biografía novelada de las hermanas Brontë que ya sabéis que os recomiendo mucho.

En La inquilina de Wildfell Hall Anne Brontë escribe sobre lo que conoce: el peso de la culpa, una moralidad profundamente religiosa, la crueldad y mojigatería de las comunidades pequeñas de su época ante lo que es distinto (la historia está ambientada en la Inglaterra rural de 1830) y la degradación paulatina y espantosa de los alcohólicos. La tía de Anne les decía a ella y a sus hermanas que la belleza y el dinero eran una maldición, que lo importante era ser buena, no inteligente o bella. Su heroína, Helen Graham, lo tiene todo: no solo es guapa y rica sino que además, y por encima de todo, es buena. Anne vivió muy de cerca el deterioro y la muerte de su hermano Branwell debido a la adicción al opio y al alcohol, y durante toda su vida tuvo que aguantar que a ella y a sus hermanas las señalasen como las pobres y raras hermanas Brontë, tan diferentes, tan aisladas en su casa parroquial, tan inaccesibles y extrañas.

Quizás por todo esto Anne Brontë escribió La inquilina de Wildfell Hall con tan solo 27 o 28 años, porque tenía toda la experiencia vital y la inteligencia suficientes como para urdir una trama tan sólida y unos personajes tan extraordinarios. No solo era un escándalo que se atreviese a publicar una novela en la que la protagonista femenina era fuerte, independiente, virtuosa y con un dominio tan impresionante de sus emociones en un momento en el que las mujeres de ficción no eran más que damiselas con tendencia a desmayarse (como decía Charlotte Brontë, esas mujeres superfluas e invisibles que no tenían derecho a reconocer lo que sentían), sino que además trataba sin tapujos las consecuencias del alcoholismo y las adicciones. Además, aunque la novela salió a la luz bajo el seudónimo de Acton Bell (las Brontë publicaban como Currer, Ellis y Acton Bell, respectivamente), cuando se supo que había sido escrito por una mujer, pasó de ser una obra valiente y arriesgada a ser considerada por muchos como un escándalo.

Independientemente de su marco histórico y social, y de la biografía y la inteligencia de su autora, La inquilina de Wildfell Hall es un clásico extraordinario por la exquisita precisión con la que encajan todas las piezas de la trama, por su magnífica prosa, por la crítica social y moral de su época, por la complejidad de sus personajes protagonistas y porque trata, con una profundidad que invita a la reflexión, sobre las pasiones humanas. Que una mujer tan joven fuese capaz de escribirla y publicarla a mediados del siglo XIX es razón suficiente para admirar a Anne Brontë, quizás más valiente y brillante que la Jane Eyre de Charlotte o las Cumbres de Emily.

También te gustará: El sabor de las penas; Jane Eyre; Cumbres borrascosas;

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
La inquilina de Wildfell Hall (en papel)
La inquilina de Wildfell Hall (para kindle)

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El sabor de las penas, de Jude Morgan

Desde que su esposa murió, el reverendo Patrick Brontë vive solo con sus cinco hijas y su único hijo varón en la rectoría de Haworth, en los inhóspitos páramos de Yorkshire. Consciente de los limitados ingresos de la familia y preocupado por que las chicas no sean una carga económica para el hermano, decide darles una educación para que en el futuro puedan ejercer de institutrices o maestras. Pero el pensionado benéfico al que las envía, regentado por un reverendo miserable y vil, acaba con la vida de las dos hermanas mayores, Maria y Elizabeth, y puebla de pesadillas los sueños de las menores. Mientras el único hijo varón acumula deudas, borracheras y despidos, Charlotte, Emily y Anne mantienen a la familia con sus respectivos trabajos. Cansadas y desalentadas, enfermas de añoranza y hartas de desempeñarse como institutrices, deciden dedicarse a su verdadera pasión. Sin el conocimiento de su padre y de su hermano, las tres hermanas Brontë desafían a la sociedad de su época, que las considera mujeres prescindibles, y escriben y publican sus primeras novelas.

«—Se supone que no debemos decir nada de lo que sentimos —declara Charlotte, y oye cómo crepita su voz, dura y sibilina, en el silencio de la noche—, que no debemos saber lo que sentimos. Si lo sabemos, es moralmente reprobable. Si un hombre te gusta, y no digo que lo ames, solo que te gusta lo suficiente como para sentirte atraída y pensar que puedes llegar a amarlo, tampoco eso debes saberlo. Solo podemos balbucir incoherencias, como si emocionalmente fuéramos niñas de pecho.«

El sabor de las penas, de Jude Morgan, es la biografía novelada de Charlotte, Emily y Anne Brontë. La he leído a la par que La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brontë, y me ha hecho reflexionar sobre todas las lecturas anteriores de las tres hermanas. Jude Morgan mezcla con tanto acierto realidad y ficción, relaciona tan bien la vida de las escritoras, sus experiencias vitales y sus caracteres, con la esencia de sus obras que me parece un libro indispensable para quienes admiramos a Charlotte, Emily y Anne.

Con una prosa fluida y excepcionalmente emotiva y cautivadora, Jude Morgan cuenta la historia de tres mujeres brillantes, inteligentes, únicas, condenadas a marchitarse de pena, atrapadas en trabajos muy por debajo de sus capacidades, en convencionalismos sociales contrarios a las ansias de libertad de sus intelectos. El sabor de las penas no solo realiza una reconstrucción muy plausible de la vida de las tres hermanas sino que además ofrece un retrato psicológico y emocional de cada una de ellas que nos acerca a las escritoras como ninguna otra biografía. En este aspecto, me ha conmovido especialmente Emily Brontë, por su alma indómita, su autenticidad, su carácter salvaje y libre como un pájaro; Emily es Catherine y es Heathcliff, Emily es Cumbres borrascosas y Cumbres borrascosas es Emily. A mediados del siglo XIX, solo a través del papel una mujer así podría haber dado rienda suelta a su verdadero yo; solo a través de una ficción pudo vivir de verdad.

«Pienso en lo que es bueno para ellas, desde luego. Porque lo peor que podría sucederles, convendrá en ello conmigo, señor Brontë, lo peor para esas niñas sería que crecieran considerándose excepcionales en algún sentido.«

El sabor de las penas también es una estupenda guía para entender en profundidad las novelas de las hermanas Brontë y comprender mejor a sus personajes y las reflexiones alrededor de sus tramas. Por ejemplo, el horror del pensionado de Cowan Bridge y la maldad del reverendo Nilson que vivió Charlotte aparecen retratados (y suavizados, porque la realidad siempre supera a la ficción) en Jane Eyre; la degradación de Branwell (el hermano) por las drogas y el alcohol se refleja en La inquilina de Wildfell Hall; y el tormentoso viento asolando los páramos de Yorkshire y las ramas de los árboles arañando las ventanas del dormitorio de la joven Emily constituyen una escena fantasmagórica y romanticista de Cumbres borrascosas. Charlotte, Emily y Anne convivían a diario con Rochester, con Heathcliff, con Agnes Grey, con el profesor, con Arthur, con Jane Eyre… porque, probablemente, solo su intelecto y su fuerza de voluntad las salvó de la desesperación y la pena.

«Jamás pensé que el amor se pareciese tanto a la muerte.«

Al igual que sucede cuando pensamos en Jane Austen o en Virginia Woolf, los lectores nos preguntamos qué habría sido de las señoras Brontë si hubiesen nacido en nuestra época, en la que las mujeres superdotadas lo tienen un poco más fácil para que su voz se escuche alta, clara y fuerte. O quizás sea un error pensar así, un error siquiera plantearse la posibilidad, quizás Charlotte, Emily y Anne fueron tan extraordinarias y nos legaron personajes e historias tan fuera de lo común precisamente porque en su siglo fue la única vía que encontraron para gritarnos que estaban vivas, que seguían siendo libres.

Lector, una lectura imprescindible para acercarse, apasionadamente, a tres de las autoras más sobresalientes y valientes de la literatura, pues se atrevieron a cambiar para siempre y en contra de los estándares de su época —como Jane Austen antes que ellas— los arquetipos femeninos de ficción literaria.

También te gustará: Jane Eyre; Cumbres borrascosas; La inquilina de Wildfell Hall; Las Brontë fueron a Woolworths; Jane Austen en la intimidad

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
El sabor de las penas (en papel)
El sabor de las penas (para kindle)

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Los malos consejos, de Pablo Vázquez

Érase una vez Pablo y Mickey, enfermos de cine, de pantalla grande, de lenguaje audiovisual, de ese que refleja tanto y tan bien la sociedad que sufren, dos amigos que desean escribir un libro. Finalmente, el libro es de Pablo, que abre con Mickey, el prólogo, de Ana Elena Pena, y los relatos largos con filmografía y discografía recomendada. Dice la contraportada que este es un libro de monstruos, que ellos son los protagonistas, porque solo un ser extraño es capaz de poner de relieve (por contraste contra lo establecido) lo inquietante que es nuestra sociedad; y que el universo del autor a menudo es apocalíptico y cínico. Pero no tenga miedo el lector, porque el sentido del humor y los guiños cinematográficos y literarios de Pablo Vázquez son mejores compañeros de viaje que sus —a veces— insufribles personajes.

«Érase una vez un dictador muy desdichado que soñaba con acabar con el mundo y luego suicidarse. Sus amigos le aconsejaron que obtendría mejores beneficios si lo hacía al revés.«

Libros Indie
340 páginas
ISBN: 978-84-18112-80-5
Fecha de publicación: enero de 2020

Me decía Pablo Vázquez que le gustaba Chesterton por esa mirada tan caustica sobre la sociedad y la política de su época, que se le escapaba incluso cuando escribía ficción policíaca y que, salvando las distancias, pensaba que a él le sucedía incluso cuando hablaba de monstruos. Recordé una de las mejores dedicatorias literarias que he leído nunca, la de Gaiman y Pratchett en Buenos presagios, «Los autores quieren unirse al demonio Crowley en su dedicatoria de este libro a la memoria de G. K. Chesterton. Un hombre que sabía de qué iba el tema», y decidí leer Los malos consejos.

Pablo Vázquez es periodista, guionista y escritor. Destaca en su bibliografía El frío de las camareras, Las chicas terribles (Premio Internacional Manuel Llano), un ensayo cinematográfico titulado La infancia infinita, y sus trabajos como guionista en películas independientes. En Los malos consejos el cine es marco, referencia y universo en cada uno de los relatos sobre monstruos, adolescentes y apocalipsis. Son historias que requieren de cierta introducción para entender el propósito del autor y, aun así, creo que se prestan a la desorientación para los que somos ajenos a su banda sonora… excepto en las referencias culturales, que son contundentes y rotundas.

Me ha gustado, sobre todo, la prosa de Pablo, un torrente fluido, apasionado, con tanto poder como las imágenes cinematográficas entre las que pasó la adolescencia. Se le notan los andamios periodísticos, pero sobre todo lo bien que escribe. Y aunque, como quizás adivináis los que más me conocéis, no he conectado bien con todas las historias y personajes, me quedo con el relato Nociones del apocalipsis, con el ingenio de sus frases y con la reflexión que os comentaba al principio de la reseña, la de los monstruos, pues me llevaba, inevitablemente, a pensar en esos otros escritores alrededor de anomalías, aunque el romanticismo buscaba, más que el contraste, la belleza en lo monstruoso.

También te gustará: La muñeca de kokoschka; Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café; Tres reinas crueles; Hombre sobre una escultura

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