La deriva, de José Antonio Cotrina

El 15 de agosto de 2031, como una profecía cumplida, la humanidad queda al borde de la extinción. Tras largos años de guerra, bombas de nueva generación llueven sobre las ciudades aniquilando toda existencia. Las vidas de Daniel, Sherlock, Emma y Charlie se ven interrumpidas junto a las del resto de miles de sus conciudadanos. Pero en lugar de morir, sus almas son incapaces de completar el tránsito al más allá y se quedan atrapadas en el plano terrenal, como fantasmas a la deriva. Anclado a un mundo que ya no es suyo, hastiado de esa existencia vacía y eterna, Daniel coquetea con la idea de desaparecer del todo. Hasta que descubre que todavía quedan seres -de dudosa humanidad- con vida en el planeta que le recuerden por qué merece la pena quedarse.

Fue de un verde intenso, majestuoso, como si la realidad entera se transformara en esmeralda. Daniel lo vio desde la ventana del salón, abrazado a Sherlock, su gato. Pensó en lo hermoso que era solo un instante antes de que la explosión le tirara la fachada encima. Luego, cuando se despertó, vinieron las medusas, el polvo, los incendios, los remolinos de lluvia… y los fantasmas.

He leído Crónicas del fin y El día del dragón, novelas escritas a cuatro manos por José Antonio Cotrina y Gabriella Campbell, pero La deriva es la primera novela que leo de este autor en solitario. El libro me acompañó en el trayecto en tren hasta Madrid y, dos días después, de vuelta a casa, y fue una compañía entretenida y absorbente.

Empezar una novela con un apocalipsis que deja a la especie humana al borde de la extinción tiene su encanto. Al menos si lo narra José Antonio Cotrina y lo envuelve en tintes esmeraldas. No es que me haya vuelto apocalíptica -no más de lo habitual- es que el romanticismo de buscar la belleza en lo monstruoso, en lo deforme, en la tiniebla y lo sobrenatural está muy presente en la buena pluma de este autor; por eso a los lectores de la pandilla de villa Diodati Cotrina nos toca tan bien el corazón. Sobre todo en la primera parte de la novela, El libro de los muertos, que ha sido mi preferida con diferencia.

Me ha gustado la prosa del autor, siempre concisa y pensada, y a menudo brillante y oscuramente bella en algunos pasajes descriptivos. No importa que sea una novela de corte juvenil, los protagonistas plantean cuestiones morales y éticas universales con naturalidad, y la reflexión sobre la maldad humana y la desesperanza (o no) de la extinción y los deseos de autodestrucción de la especie son más que correctos. La deriva es una novela de fantasía que enamora por sus fantasmas y por ese mundo espectral en el que el autor sabe introducirnos con tanta inteligencia. Y es que José Antonio Cotrina mide con mucho acierto el tempo de la narración y los recuerdos para transportar al lector en una cadencia suave y tan hipnótica que cuando quieres darte cuenta te sientes tan a gusto en el mundo de Daniel que no te apetece volver a la estruendosa realidad. Siempre me ha parecido un arte bien medido -a sus pies, señor Sanderson- el de los escritores de fantasía y ciencia ficción que describen a los lectores un mundo totalmente nuevo (seres, sistemas, religiones, sociedades, etc.) sin saturarlos con avalanchas de información y worldbuilding.

Lector, perfecta si te encantan las novelas de fantasmas y disfrutas del buen pulso narrativo del autor.

También te gustará: Constable & Toop; El año del diluvio; El pasaje; Spin

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La deriva

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Reencuentro, de Margaret Deland

Han pasado casi cincuenta años desde que Letitia y Alfred intentaran fugarse presos de un amor prohibido. Ahora se reencuentran en su pueblo de infancia, Old Chester, una pequeña comunidad del oeste de Pensylvania que no se corta un pelo en especular sobre el retorno de Letitia. La estupidez de una mujer casada, la sincera estupidez de una mujer soltera, la indecisión de un mediocre y el estupor de un anciano con su perro dotan de un humor chispeante con sus cotilleos y elucubraciones esta encantadora comedia de 1907.

-Ella es tan sensible -trató de disculparla Cyrus-. No puede imaginarse lo sensible y asustadiza que es. No conozco a nadie tan temeroso. ¿Se imagina que me hace mirar debajo de la cama todas las noches por miedo a que haya alguien allí?
-Bueno, la próxima vez dígale que hay dos hombres y un perro. Eso le quitará a su padre de la cabeza.

dÉpoca Editorial
Colección: Nouvelles dÉpoca vintage
ISBN: 978-84-943634-4-3
125 páginas
Traducción: Rosa Sahuquillo
Fecha de publicación: noviembre 2015

Reencuentro, de Margaret Deland, es una nouvelle (se llama así a la novela corta de entre 20.000 y 40.000 palabras) que la autora publicó por primera vez en 1907 y que dÉpoca Editorial nos trae con la exquisitez que acostumbra en sus ediciones y con la estupenda introducción de Laura López García, de obligadísima lectura para acercarnos a la figura de Margaret Deland. Precisamente, uno de los detalles que más me ha gustado conocer de esta novela corta ha sido que su autora la escribió durante un período de crisis creativa en el que su marido no dejaba de alentar proponiéndole proyectos. ¡Pues vaya crisis! Reencuentro es ingeniosa, divertida, chispeante, inteligente y no desprovista de ternura. Me ha parecido feelgood, aunque en versión americana, y me ha dejado con ganas de saber más de Old Chester y todos sus habitantes.

No os voy a contar más de la novela porque, debido a su extensión, cualquier detalle que añada a la sinopsis que os he hecho al principio sería ya contar demasiado. Solo advertiros de que es una comedia inteligente y genial, que no hagáis mucho caso de la portada (no os vayáis a pensar que es una cursilada o una mojigatería del siglo pasado) y que la edición de dÉpoca es una verdadera maravilla. Solo al leer el primer párrafo ya he sabido que esta era de las mías. Mirad:

Según los habitantes de Old Chester, ser romántico era tan solo un poco menos reprobable que darse aires de grandeza.

Lector, pequeña gran maravilla de Margaret Deland.

También te gustará: Cortejo en la catedral; Patricia Brent, solterona; Valancy Stirling o el Castillo Azul; Miss Pettigrew lives for a day

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Las siete muertes de Evelyn Hardcastle, de Stuart Turton

La poderosa familia Hardcastle ha organizado un fin de semana en su enorme y siniestra propiedad de Blackheath. Diecinueve años atrás, la finca fue testigo de un horrible asesinato y ahora parece que va a volverse a derramar sangre en Blackheath. Sebastian Bell, uno de los invitados, despierta en medio del bosque, desorientado y con una sola palabra en sus labios, Anna. Cuando consigue volver a la mansión y recuperarse de sus heridas y de la conmoción, un misterioso personaje disfrazado con una máscara de médico de la peste le informa de que está condenado a vivir el mismo día, en el cuerpo de un invitado distinto cada vez, hasta que consiga averiguar quién asesina a Evelyn Hardcastle, la hija de los anfitriones, durante el baile de disfraces.

Nubes negras se amontonan unas encima de las otras, preñadas de una tormenta que ya he visto azotar a Blackheath media docena de veces. Los cazadores se amontonan formando una manada, agarrándose las gorras y las chaquetas cuando el viento tira de ellas con mil manos ladronas. Solo los perros parecen impacientes y tiran de las correas y ladran a la oscuridad. Va a ser una tarde miserable, y saber que me voy a encaminar a ella solo empeora las cosas.

Las siete muertes de Evelyn Hardcastle es la primera novela del escritor y periodista Stuart Turton, un whodunit con tintes de ciencia ficción. Turton no solo hace un despliegue impresionante de osadía e inteligencia en esta primera obra, sino que además resuelve sin que le tiemble el pulso y con total brillantez una trama complicada, con saltos en el tiempo y enigmas de solución ingeniosa. Cuadrar tan milimétricamente todos esos cambios de cuerpos y de tiempos en un día que se repite exacto y a la vez distinto, mientras que la trama avanza y la intriga policíaca alcanza su clímax son malabares al alcance de muy pocos escritores. No me hubiese gustado estar en la piel del editor del señor Turton, por mucho que esta novela haya sido la sensación de la Feria de Londres del año pasado.

Avisa la editorial Ático de los libros que Las siete muertes de Evelyn Hardcastle es una mezcla de Atrapado en el tiempo, Agatha Christie, Downton Abbey y Black Mirror. Y en un artículo que leí no sé dónde se apuntaba que era como si Agatha Christie hubiese visto muchísimo Doctor Who. Quizás sí que todas estas menciones culturales pueden darle una idea al lector de por dónde van los tiros (nunca mejor dicho), pero pienso que Stuart Turton han escrito un thriller negro muy original y con tintes de ciencia ficción. No esperéis encontraros comedia y humor como en Atrapado en el tiempo, encanto british y tazas de té como los de la señora Christie o criados y señores como en Downton Abbey. Blackheath, la mansión protagonista de toda esta historia, es un lugar enorme, siniestro y decadente, lleno de rincones tenebrosos en donde psicópatas asesinos vestidos de lacayo o de médico de la peste esperan su oportunidad para destriparte despacito.

Una novela difícil de reseñar por la complejidad laberíntica de los hilos narrativos y por el amplio abanico de sofisticados personajes. Pero es precisamente ese fascinante rompecabezas temporal de un día que no hace más que ir hacia delante y hacia atrás, que cambia pero no cambia (a medida que el protagonista acumula información y descubre secretos es imposible que sus patrones de comportamiento sean exactos), y el gran trabajo psicológico de Turton con sus caracteres de ficción lo que convierte a esta novela en un ejercicio literario tan notable. También me ha gustado la prosa del autor, sobria y elegante, sus nítidas descripciones para crear una atmósfera tan siniestra y asfixiante, y sus diálogos precisos, libres de estúpidas muletillas. Blackheath, con sus bosques, sus pasillos, sus salas y sus estanques, constituye un protagonista formidable que da sentido a la novela y la caracteriza con precisión.

Lector, un whodunit muy friki e inteligente para lectores inconformistas.

Este libro llegó a mí por una recomendación de mi amiga Miss Hurst, de Las Inquilinas de Netherfield, que incluso sin haberlo leído tuvo la intuición de que sería una de esas excentricidades de las que solemos disfrutar tanto las dos. (Gracias, darling, qué buen ojo tienes).

También te gustará: La TorreRíos de Londres; Carter & Lovecraft; El relojero de Filigree StreetLa mujer del viajero en el tiempo; El viajero;

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Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett

Mark Oliver Everett es músico, el cantante de la banda indie rock Eels. En los años noventa del siglo pasado se mudó solo a Los Ángeles, desde su Virginia natal, para componer e intentar ganarse la vida con su vocación artística. Trabajo, esfuerzo, grabaciones en el armario de su habitación y un talento peculiar le abren las puertas de su primera discográfica. Pero Everett no cree en la suerte, quizás porque le ha sido extrañamente esquiva desde su infancia, quizás porque la vida se empeña en arrebatarle todo lo que ama, quizás porque la esencia de su música radica, precisamente, en su particularísima manía de salirse siempre de lo convencional, a veces, a su pesar.

-¿Tienes hijos? -me pregunta la periodista en un inglés con un fuerte acento.
-Todavía no, voy a pasar directo a los nietos -le digo.
Ella parpadea y me mira sin comprenderme, achina los ojos y frunce el ceño.
-Pero… ¿cómo es posible?
-Hombre, pues… Piénsalo: así es mucho mejor -le digo, removiéndome en mi asiento-. A los nietos los ves solo los fines de semana, y así tienes el resto de la semana para ti solo.
-Pero ¿cómo es posible?
-No lo sé. Ya se me ocurrirá algo.
-Pero… Es que es imposible…
Vuelvo a encontrarme en una situación bastante habitual: mi sentido del humor no acaba de funcionar en otros países.

Cosas que los nietos deberían saber es la biografía, narrada en primera persona y con personalísimo estilo, de Mark Oliver Everett. Ya avisa Rodrigo Fresán en el prólogo que este libro es un todo con su autor y sus canciones; es decir, que las memorias explican la razón y el sentido último de la música de Everett además de a él mismo, y viceversa. Aviso porque si no conocéis la música de Eels, quizás sintáis durante la lectura que os estáis perdiendo algo. Que es justo lo que me ha sucedido a mí.

Me llevé el libro encantada por el título, por la belleza de la cita de su contraportada y porque confío en Blackie Books y me lo había vendido como uno de los libros más hermosos escritos por un artista. Pero, claro, decir que has disfrutado con esta biografía sería un poco feo: al pobre señor Everett le han tocado más horrores vitales de lo habitual para haber nacido en Virginia, empezando por su extraña infancia (es hijo de Hugh Everett, autor de la teoría de los universos paralelos), su familia disfuncional, el suicido de su hermana, la muerte de su madre, la de su prima (a bordo de uno de los aviones que fueron estrellados en los atentados del 11S; que, por cierto, si el padre de Everett hubiese seguido vivo para entonces hubiese estado trabajando en el Pentágono ese día)… No es un libro de alegres metáforas, precisamente. Y ahí está la clave de su valor literario, en la voz narradora de Everett, que explica, medita, analiza y concluye alejado del dramatismo impostado.

Es esta sensibilidad alejada de estridencias, esta inteligencia emocional que el autor utiliza para crear en lugar de para destruir o autodestruirse, la que dota a este libro de un halo especial. Y es entonces cuando entiende su título y que Mark Oliver Everett narra con conocimiento de causa, alejado de cualquier superficialidad. Eso sí, creo que es un libro que solo se disfruta plenamente si se conoce el trabajo musical de su autor porque da sentido a todas y casa una de sus letras (nunca mejor dicho).

Lector, es para ti si conoces Beautiful freak o Novocaine for the soul.

También te gustará: Instrumental; Cómo volé sobre el nido del cuco

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TR3S: Cómo olvidar lo inolvidable y otros relatos, de David Generoso

Una pareja cuyo amor se desgrana al ritmo de un reloj de arena y a medida que uno se llena el otro se vacía, hasta que se le da la vuelta al reloj y…

Una extraña estirpe de escritores compulsivos con alergia y trasplante de hígado para aguantar el ritmo de alcoholemia que ven como a uno de los suyos lo desafía, nada y nada menos, que uno de sus personajes y…

Un amor distópico e imposible, o quizás no tanto porque el sistema, en el fondo, necesita de sus cuerpos y sus mentes para perpetuarse y…

Un padre y un hijo adolescente que intercambian cuerpos y realidades, y todo parece extraño hasta que deja de serlo y…

Un compendio de las etapas del desamor y del olvido que solo aquellos que han amado y han perdido comprenderán y…

Un detective algo torpe con una esmizandgüeson, un escritor de Amazon con muchos haters y un misterioso perro que un día…

Deseo que sufra como una madre que ha perdido a su hijo en un centro comercial. Que se desespere y cometa otra locura. Voy a ello.

Me ha encantado la compilación de relatos de David Generoso. Me ha gustado por su prosa precisa y brillante, por la contundencia de sus emociones y por ese toque de poeta que tan mal disimula el autor cuando apunta eso de Cómo olvidar lo inolvidable y se nos pone a citar Instrumental, de James Rhodes. Qué sencillo reconocer cada emoción de ese abandono, de ese olvido imposible, de ese dolor tan conocido, ese levantarse como si se tuviesen ochenta años y que te duela tanto el alma que ni siquiera sabías hasta entonces que tenías. Ese aprender a vivir de nuevo, desterrando los recuerdos, aferrándote a ellos porque son lo único que te queda de lo que tanto duele.

He disfrutado mucho con el símil del reloj de arena de Enamorarse en diferido y con la reflexión sobre la memoria (mentirosa) de los escritores en Recordando el olvido. Me he reído con la historia del detective Felipe Marlou y sus desventuras junto a un escritor de Amazon (qué genial el humor autorreferencial de David Generoso, qué cómplice de los lectores) y he sonreído con la desazón generacional de un padre y un hijo, porque nunca es fácil ponerse en la piel del otro y deberíamos tener cuidado con lo que deseamos. Pero sobre todo me lo he pasado en grande con Un payaso de zapatos gigantes, que ha resultado convertirse, contra todo pronóstico, en mi relato preferido de Tr3s. Y digo contra todo pronóstico porque los payasos me dan miedo hasta en el título y porque es una narración muy loca pero también oscura, onírica, visual, extraña y llena de humor (no os perdáis la condena que se le impone al pobre personaje protagonista). Imaginación, originalidad, frescura y buena prosa.

Pero si hay un relato en el que el autor se muestra a sí mismo, se descubre emocionalmente mientras lo escribe, es Cómo olvidar lo inolvidable; un compendio hermoso y terrible sobre las etapas del desamor y del olvido, del que me llevo frases y pensamientos que todos hemos compartido alguna vez (aunque quizás no hemos sabido expresarlo tan bonito como el autor de Tr3s), pues nadie se escapa de tanta pérdida y abandono.

Tu nombre desordena mis sueños, los interrumpe, los convierte en ojeras que llegan hasta el suelo.

¿Cómo olvidas a alguien que es inolvidable? No se puede. Quizás ponerle unas cortinas y convertirla en una mesa camilla. Que esté ahí, siempre, pero que sea algo diferente. Y si los invitados preguntan por qué te abrazas a ella, respondes que es herencia de tu abuela, o que te apasionan las mesas camilla, hasta el punto de enamorarte de una. Y les sirves jamón y las aceitunas en la encimera de la cocina, por si la estropean.

David, gracias por hacerme llegar Cómo olvidar lo inolvidable justo ahora, en este momento tranquilo de mi vida, cuando mi mesa camilla ya no duele apenas y puedo servir en ella las aceitunas y las cervezas a los amigos sin que se me salten (mucho) las lágrimas al leerte.

Lector, para romper tus prejuicios con los relatos.

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TR3S: Cómo olvidar lo inolvidable y otros relatos para recordar (para kindle)
Tr3s.: Cómo olvidar lo inolvidable y otros relatos para recordar (en papel)

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