La Torre, de Daniel O’Malley

Cuando recupera el sentido en plena noche, en un parque de Londres, con los ojos morados y rodeada de cadáveres con las manos enguantadas, su única certeza es que no recuerda nada anterior a eso. En el bolsillo de la chaqueta encuentra una carta que le dice que antes de perder la memoria ella era Myfanwy Alice Thomas, la Torre Thomas del Checquy, una organización secreta del gobierno que se encarga de las amenazas sobrenaturales que hacen peligrar la seguridad del Reino Unido. Myfanwy no tarda en descubrir que además de amnesia tiene unos poderes extraordinarios, que no se quedan cortos al lado de sus colegas en la organización: un vampiro, una mente colmena, un laboratorio químico ambulante y un manipulador del metal, entre otros muchos y variados talentos. Bajo la supervisión de Ingrid, su eficiente secretaria, y con la libertad de no tener recuerdos que la coarten o acomplejen, la Torre Thomas deberá hacer frente a una peligrosa organización que quiere invadir Inglaterra, descubrir al traidor dentro del Checquy, llevar la contabilidad, aparentar que no ha perdido la memoria y mantenerse con vida rodeada de asesinos con poderes sobrenaturales.

“—¿Ni crucifijos ni balas de plata?
—Eso no funciona, a no ser que seas un sacerdote o te ataque la prensa —respondió el hombre—. ¿Qué armas lleva usted, Torre Thomas?
Myfanwy parpadeó, sorprendida.
—¿Yo? Ninguna —confesó—. En realidad, se supone que los miembros de la Corte no deben llevarlas. Es una cosa ceremonial, creo.

No sé si os ha pasado alguna vez que cuando cerráis un libro fabuloso —pero fabuloso de verdad, fabuloso hasta el extremo de pensar que es el libro que siempre habías querido leer y que el autor lo ha escrito especialmente para ti, para que te lo pases en grande— os entra un vacío existencial lector. Sabes que cualquier libro que leas después va a ser un poco menos divertido, menos ingenioso, menos friki, menos sorprendente, y te entra una especie de nostalgia. A mí me pasó cuando terminé de leer la saga de la detective literaria de Jasper Fforde, la gran Thursday Next. Y ya se me había olvidado un poquito la nostalgia, porque otras novelas estupendas habían venido en mi rescate, cuando abrí La Torre. Y flipé muy fuerte.

En pocas palabras: Myfanwy Thomas está a la digna altura de Thursday Next; sus aventuras, su excéntrico entorno, su humor y su frikismo no tienen nada que envidiar a los de Next. Y eso, compañeros, son palabras mayores.

Tropecé con La Torre por casualidad, vagando por la mesa de novedades de la librería Gigamesh. Ya tenía en la mano la segunda entrega de la magnífica bilogía de Costa Alcalá, La Segunda Revolución, y estaba tentada por los cantos de sirena de Silverville cuando me topé con esta magnífica portada. Si os fijáis, los dibujitos del escudo del Checquy (bajo esa maravilla de “Al sobrenatural servicio secreto de su majestad“) no podían resultar más tentadores para mis manías lectoriles: una tetera, una torre, un pulpo lovecraftiano y el conejo de Alicia. No conocía a Daniel O’Malley, pero Nocturna tiene maravillas en su catálogo y la sinopsis era tentadora. Me lo llevé y empecé a leerlo de inmediato, vencida por la curiosidad. Después del primer capítulo tuve que recordarme que debía cerrar la boca y seguir respirando con normalidad.

La Torre es una novela fantástica que combina, con mucho sentido del humor e imaginación a raudales, thriller sobrenatural, aventura, espionaje y mucha acción. Tiene un toque Lovecraft, un montón de monstruos espeluznantes, encantadoras referencias literarias a la Alicia de Lewis Carroll y una simpatiquísima manía de su autor de fijarse en la decoración de interiores. Me encanta Daniel O’Malley, tiene una prosa fresca, con mucho ritmo, sin complejos y con ese humor tan british que tanto nos gusta a los lectores bebedores de té. Ha creado una protagonista carismática y fuerte, una antiheroína poderosa con la que se empatiza desde las primeras líneas porque ¿quién no se ha sentido alguna vez pequeña/bajita/desaliñada/incapaz/bloqueada/ninguneada en el trabajo pese a estar cualificada de sobras?

Pero los méritos de La Torre no son solo los de su protagonista y lo bien que narra e inventa historias Daniel O’Malley. La construcción del mundo del Checquay, la Torre Gestalt, los Alfiles Alrich y Grantchester, los Caballos Eckart y Gubbins, la Dama y el Rey, con sus poderes y todos los secundarios, las escenas de acción y la trama de suspense y espionaje son tan estupendos que te da pena terminar esta novela y despedirte de todo eso. Supongo que si has llegado hasta el final de esta alocada reseña ya te habrás hecho una idea sobre lo friki que es La Torre. Ese es otro de sus encantos. No te la pierdas, te entusiasmará.

Lector, y además la prota tiene un conejito de mascota.

La estupenda traducción de La Torre es de Manuel de los Reyes, para él todo mi agradecimiento por su excelente trabajo.

También te gustará: El caso Jane Eyre; Ríos de Londres

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La Torre

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Fuera del mapa, de Alastair Bonnett

Lugares borrados del mapa, como Arne, una aldea británica que se sacrificó como señuelo de los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial para salvar otros núcleos habitados. Paisajes de tiempo, como los jardines del siglo XVII que cultiva Alan Sorfist en Nueva York. Geografías ocultas como los laberintos subterráneos de Minneapolis, lugar de aventuras para los exploradores urbanos. Comunidades invisibles y aisladas, como los habitantes del cementerio de Manila o el último reducto indígena de la Isla Sentinel del Norte. Tierras de nadie como los puestos fronterizos o asentamientos no reconocidos por ningún gobierno o nación sobre la Tierra. Ciudades muertas, como Chernóbil, que no podrá volver a ser habitada por el hombre hasta dentro de 900 años pero cuya flora y fauna ha proliferado a pesar y precisamente por eso. La geoamnesia de los lugares que olvidamos por la guerra que los borró del mapa, que nadie reconoce por vergüenza y horror. Espacios de excepción como el puerto franco de Ginebra, el edificio más valioso del planeta. Islas flotantes de basura, de espuma artificial, de piedra pómez.

Los lugares no son simples cosas, no son lápices ni regaderas, algo que podamos tirar o reemplazar despreocupadamente. La ferocidad y el ingenio con que la gente se aferra a los lugares que les importan demuestra que estos son un rasgo definitorio de su identidad y que perder el lugar al que uno pertenece puede parecerse a perderlo todo.

Dice Alastair Bonnett que somos una especie que amamos los lugares, que nos fascinan los lugares, que somos capaces de dar significado a cualquier lugar, por extraño, extremo o minúsculo que este sea. Bonnett, fascinado por la excentricidad de los lugares más peculiares del planeta, nos trae Fuera del mapa, un libro maravilloso que cuenta, a ritmo de anécdota histórica, las singularidades de los espacios que creamos los humanos.

Fuera del mapa me ha enamorado por diversas razones: por la estupenda prosa del autor, por su sentido del humor, por su mirada amable y esperanzadora pese a que el ser humano no siempre modifica su entorno para bien, por la gracia y lo ameno de las anécdotas, por las curiosidades, por esa esencia de nostálgica aventura que tienen todas las historias que  nos convierten en exploradores de lo desconocido… Pero sobre todo me ha gustado porque son pequeñas lecciones de Historia, maravillosas, breves y curiosas. Alastair Bonnett nos ofrece una mirada extraordinaria y diferente a los rincones más especiales del Planeta y nos enamora con su forma de ver, de contar, de explorar y llevarnos con él. Y aunque Blackie Books nos advierta de que este libro no es una guía de viajes, a mí sí que me lo parece: una guía maravillosa por pequeños pedacitos de Historia de los lugares más recónditos y peculiares.

Lector, lugares de este mundo que parecen de otro planeta.

Encontré esta delicia de lectura en casa de Marina Ortega, Cargada con libros. Gracias por el descubrimiento.

También te gustará: En el mapa (próximamente en Serendipia); Postdata. Curiosa historia de la correspondencia; Viajes y exploraciones en el África del Sur; Viajes con Hérodoto; El libro de la madera

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Fuera del mapa

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La extraordinaria familia Telemacus, de Daryl Gregory

Matty acaba de tener su primera experiencia extracorporal y cuando le pide consejo a su tío Frankie descubre que pertene a una familia de poderosos telépatas. Todo empezó con el abuelo Teddy y la abuela Maureen, que fueron reclutados por la CIA para colaborar en un programa de espionaje paranormal durante los peores años de la Guerra Fría. Teddy es un tramposo profesional pero la abuela… La abuela Maureen era la telépata más poderosa del mundo y sus tres hijos heredaron distintos poderes extraordinarios. Los Telemacus podrían haber sido los reyes del mundo pero con la muerte de Maureen perdieron el rumbo. Después de tantos años, otra vez reunidos bajo el mismo techo, esta extraña familia está a punto de entender muchas cosas sobre su pasado y -si la mafia, los embargos, el amor, la locura y la pena les deja- salvar su futuro del más temible desastre.

Tropecé con esta novela en la mesa de novedades de la librería por su portada, me pareció genial. Después el título, la sinopsis y la editorial. Pero lo mejor de todo ha sido leerla. Me lo he pasado en grande con la familia Telemacus y me declaro totalmente incapaz de decirte qué personaje es mi preferido porque lo son todos.

El encanto Ocean Eleven de Teddy, la conmovedora ausencia de Maureen, la desesperación de Frankie y lo que se calla el narrador de sus gemelas, el amor de Irene, la desorientación de Matty con su lista de tabús sobre su prima… Y Buddy, ese personaje caótico y extraño, en una familia de extraños, que acompaña al lector para ir encajando todas las piezas del puzle con una precisión asombrosa.

Me lo he pasado en grande con la historia y los personajes, con el suspense y la excentricidad de esta familia tan disfuncional. La narración de Daryl Gregory es estupenda por su fluidez, su chispa, su gracia, su sentido del humor y ese ir entrelazando hilos temporales y personales con tanto acierto. No sabría si etiquetar esta lectura de thriller paranormal, de comedia negra, saga familiar… o de todo a la vez. Qué importa. Es estupenda de principio a fin, divertida, intrigante, excéntrica y con un clímax final apoteósico que ya quisieran muchas buenas historias.

La mejor prueba de lo mucho que me ha gustado La extraordinaria familia Telemacus es lo mala que resulta esta reseña: cuanto más quieres explicar sobre las especiales bondades de una lectura, más te atropellas, te encallas, caes en clichés y desvarías. Tú ya me entiendes.

Lector, no hace falta ser La Vidente más Poderosa del Mundo para saber que esta novela se va directa a tu wishlist.

También te gustará: Apocalipsis para principiantes; La tienda de los suicidas; Mr. Vértigo; El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo

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La extraordinaria familia Telemacus

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La mujer de la libreta roja, de Antoine Laurain

Una mañana temprano, cuando baja a desayunar antes de abrir la puerta de su librería, Laurent Letellier se encuentra un bolso malva de mujer con todos los efectos personales de su propietaria en el interior. Su primer impulso es llevarlo a una comisaría, pero las circunstancias hacen que el objeto encontrado termine en el apartamento de Laurent. Con una copa de vino en las manos, un divorcio a sus espaldas y una hija ingobernable en el horizonte, el librero decide ceder a la tentación de abrir el bolso y curiosear su contenido: tres piedrecitas, un espejo, un libro firmado de Modiano, una receta, una pinza, aquella moleskine roja… Demasiado tarde se da cuenta de que todos esos objetos únicos son una invitación, como una puerta entreabierta, a conocer a su propietaria. Y prendado de la voz de la mujer de la libreta roja, Laurent encuentra un camino extraordinario y único hacia la desconocida.

Cabello castaño hasta los hombros, tez pálida, ojos muy claros, grises quizás, una sonrisa muy bonita, no demasiado alta y con un lunar a la derecha del labio superior.

No conocía a Antoine Laurain cuando Jane Jubilada y Ana González Duque me dijeron “tienes que leer esta historia tan cuqui“. Como me encantan las recomendaciones feelgood de estas dos grandes lectoras, me regalé La mujer de la libreta roja por Sant Jordi y ahora ando enamorada de lo bonito que cuenta el señor Laurain.

No esperéis un argumento grandioso y complicado, giros dramáticos, grandes aventuras o heroicidades porque esta es una novela de gestos pequeñitos y hermosos, de personajes para enamorarse despacio, de sonrisas cómplices y mucho feelgood en cada página. Fijaos si me ha encantado, que ahora hasta veo con otros ojos a Patrick Modiano, quizás menos triste y más melancólico (pero de esas melancolías bonitas, románticas, de las de pasear bajo la lluvia), con un poquito más de esperanza y simpatía por los que se enamoran.

Me ha encantado La mujer de la libreta roja, de principio a fin, no le cambiaría ni una coma (aunque le tacharía una docena de “de hecho”, pero eso ya son manías lectoras. No me critiques, que tú también tienes unas cuantas). Me gusta por Laurent y Laure, por los gatos Belphégor y Putin, por la librería, por el oficio de dorador, por el juego de enamorarse a ciegas, por las pistas, por todo. La prosa de Laurain es delicada y luminosa, sorprende por su naturalidad tan íntima y cómplice. Además, su personalísimo estilo me ha aportado una nota de originalidad y frescura cuando más lo necesitaba. El problema es que ahora anhelo que alguna editorial charming traduzca al español Le chapeau de Mitterrand.

Lector, no solo de feelgood british vive esta lectora.

También te gustará: Juntos, nada más; La delicadeza; Contra el viento del norte; El resto de sus vidas

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
La mujer de la libreta roja (en papel)
La mujer de la libreta roja (para Kindle)

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Dale vida a tu cerebro, de Raquel Marín

El cerebro es uno de los órganos más grasos de nuestro organismo, consume el 20% de la energía metabólica que genera nuestro cuerpo y, excepto por nuestra impronta genética y el contexto medioambiental, solo depende de nosotros mantenerlo en buena forma a lo largo de nuestra vida. Para tener un cerebro activo y joven es primordial la alimentación; ya lo dice la sabiduría popular “somos lo que comemos”. Nuestro cerebro se alimenta principalmente de glucosa, un azúcar abundante en las frutas y las verduras, pero como no es buen productor de su propia grasa, y la necesita sin condiciones, hay muchos otros alimentos que deberemos tener en cuenta. El buen funcionamiento de nuestras neuronas puede optimizarse y mantenerse a lo largo de los años si entendemos qué nutrientes necesitamos para potenciar según qué áreas (memoria, depresión, euforia, reflejos, rapidez, etc.).

Cuando la alimentación del cerebro es mala, la medicina no funciona. Cuando la alimentación del cerebro es buena, la medicina no es necesaria.
Basado en un proverbio ayurveda de medicina tradicional hindú.

Roca Editorial
ISBN: 9788417092023
Colección: No ficción
Páginas: 232
Fecha de publicación: marzo de 2018

Me gusta mucho esta línea de divulgación, de debate y de pensamiento contemporáneo que tiene Roca Editorial, como Juego de tronos y la filosofía, El poder del bosque o este título de Raquel Marín, Dale vida a tu cerebro. Raquel Marín es neurocientífica, doctorada en Biomedicina, y catedrática de Fisiología en la Universidad de La Laguna (Tenerife)

Esta neurocientífica nos explica, de manera amena y bien inteligible, cómo podemos cuidar mejor de nuestros cerebros entendiendo que la alimentación influye en gran medida sobre estos órganos. Crecimiento cerebral, envejecimiento de las neuronas, qué pasa cuando bostezamos o bebemos alcohol, cómo cambia nuestro cerebro en cada etapa de la vida (infancia, adolescencia, embarazo, maternidad, menopausia, etc.) y muchas otras curiosidades que no sabíamos sobre lo que pasa dentro de nuestro cráneo es sobre lo que nos ilustra Raquel Marín con agilidad y buenas recomendaciones.

Me ha gustado especialmente que este no fuese un libro de listas de alimentos buenos y malos para el cerebro con una indicación al lado sobre su influencia sobre nuestras neuronas. La gracia es que la autora nos da excelentes indicaciones para conocer un poquito más a nuestro órgano pensante y comprender que muchos estados anímicos y/o torpezas neuronales pueden corregirse con información y entendimiento de qué puede ayudarnos. Además, está escrito desde la perspectiva de un médico que sabe que cualquier tratamiento necesita hábitos de vida saludables. Lo recomiendo para todos aquellos lectores que tengan curiosidad, no solo por cómo la alimentación influye en nuestra salud mental, sino también para todos aquellos que tengan inquietud científica sobre el órgano más fascinante de nuestro cuerpo.

Lector, la divulgación no tiene por qué ser un rollazo.

También te gustará: Haz algo diferente

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