Bartleby, el escribiente, de Herman Melville

Un abogado neoyorquino de edad avanzada se las promete muy felices cuando le conceden el Secretariado del Tribunal de Equidad en su ciudad, una oficina muy sencilla de llevar y mejor remunerada. Sus empleados son Turkey, amable por las mañanas y borracho por las tardes, Nippers, de un humor de perros hasta que no almuerza y después de lo más cabal, y Ginger Nut, una especie de chico de los recados siempre dispuesto a traer la comida. Pero con el aumento del volumen de trabajo de la nueva adjudicación, el abogado decide incorporar a un nuevo escribiente: el joven y melancólico Bartleby. Al principio, el desempeño del recién llegado es excelente pues copia sus documentos con diligencia y sin errores. Hasta que un día se le pide que eche una mano en la comprobación de las copias y responde que, sencillamente, prefiere no hacerlo.

«Con cualquier otro yo habría montado instantáneamente en cólera, habría desdeñado cualquier conversación adicional y lo habría empujado vilmente fuera de mi vista. Pero había algo en Bartleby que no solo me descolocaba de una manera extraña, sino que me enternecía y desconcertaba de un modo maravilloso.«

Herman Melville (Nueva York, 1819 – 1891) fue un escritor y poeta estadounidense cuya obra más célebre, inspirada en sus años de juventud a bordo de un ballenero, fue Moby Dick (1851). Huérfano de padre desde muy temprana edad, desempeñó diversos oficios para mantener a su familia, entre ellos el de marinero, hasta que en 1847 se establece en Nueva York como inspector de aduanas. Mantuvo una sólida amistad con Edgar Allan Poe (los universos de Moby Dick y La narración de Arthur Gordon Pym tienen cierta conexión) y se considera que, junto a Nathaniel Hawthorne, fueron los autores estadounidenses que establecieron las bases del relato y transcendieron, con sus extraordinarias narraciones, las barreras de lo cotidiano. Herman Melville publicó por vez primera Bartleby, el escribiente en 1853, en la revista Putnam´s Monthly Magazine, y al igual que sucedió con su novela Moby Dick, no tuvo una acogida demasiado entusiasta. A su muerte, su obra todavía no había alcanzado ni un ápice del reconocimiento literario universal con el que cuenta hoy en día.

He leído Bartleby, el escribiente en mi edición de tapa dura de Nórdica Libros, con la traducción de Mª José Chuliá García, y las ilustraciones de Javier Zabala. Vaya por delante que este relato de Herman Melville no se parece en absoluto a Moby Dick. No solo porque son géneros literarios distintos —Moby Dick es una novela larga— sino también porque son diferentes en el tono, en la expresión, en el estilo, en la voz, en las cuestiones de fondo, en los personajes… en todo. Narrada en primera persona por un abogado de avanzada edad, Bartleby tiene un poso de ternura y tristeza que conmueve, de un existencialismo mucho menos apasionado (y más silencioso) que el de los románticos rusos y, a la vez, tan dramático y lleno de desesperanza. La prosa de Melville es precisa, bien ajustada al ritmo del relato y pensada para dejar el protagonismo a los personajes. Unos personajes que, al inicio del relato, componen una oficina excéntrica, casi humorística, hasta que la llegada del joven y silencioso Bartleby la cambia para siempre. A Melville se le transparenta la ternura cuando mira a su extraño escribiente a través de la incomprensión y la piedad del narrador, pero deja envuelto en un halo de misterio todo lo que lo rodea, de manera que invita a la reflexión del lector, apela a su humanidad y a su compasión.

Lectora, un clásico breve y conmovedor para acercarse a un Melville muy distinto.

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El enigma de los gatos asesinados, de Anita Blackmon

Cuando Adelaide Adams recibe una postal de su amiga Ella Trotter pidiéndole que le envíe su libro sobre espiritismo al Hotel Lebeau, en los Montes Ozark, entiende que hay gato encerrado. Sin dudarlo un instante, pese a sentirse un poco molesta con Ella por los sucesos ocurridos en el Richelieu, viaja hasta las Rocosas y se instala en el Lebeau. Pronto descubre que aquel hotel venido a menos es el escenario de sucesos de lo más inquietantes: Dora Canby, la esposa del multimillonario Thomas Canby, está convencida de que el espíritu de su hija muerta ha poseído el cuerpo de Sheila Kelly, la ayudante del prestidigitador Matthews. Todo parece una farsa para estafar a la familia, pero de pronto estalla una espantosa tormenta, el hotel Lebeau se queda incomunicado y en una sesión de espiritismo ocurre lo más inesperado. Adelaide y el periodista Chet Keith se lanzan a una investigación contrarreloj para salvar a Sheila antes de que amaine la tormenta y los sospechosos abandonen el hotel.

«No fue un desbocado afán de aventura desarrollado recientemente lo que me condujo hasta ese macabro y siniestro enredo en Mount Lebeau (…). Tampoco es cierto, como Ella Trotter insiste en afirmar, que yo fuera corriendo hasta donde Cristo dio las tres voces solo para robarle el protagonismo. Tal como expliqué inútilmente cuando el tercer gato destripado apareció en mi cama, de haber imaginado la espantosa serie de acontecimientos que desde la misma tarde de mi llegada se apoderaron de aquel hotel de montaña como un miasma de muerte, habría preferido dejar que Ella se apañara sola con sus propios fantasmas.«

Anita Blackmon (1892 – 1943) nació en Arkansas, en el seno de una familia acomodada, estudió en la universidad de Chicago y se ganó la vida como profesora hasta que se casó y cambió las aulas por la escritura. Blackmon publicó, sobre todo, relatos policíacos, que tuvieron muy buena acogida en las revistas de la época, pero también una novela costumbrista y dos novelas de misterio: Asesinato en el Richelieu (1937) y El enigma de los gatos asesinados (1938), ambas protagonizadas por la excéntrica Adelaide Adams. Ojalá hubiesen sido doscientas más. A la autora se la considera una maestra en el manejo del Had-I-but-known (algo así como Si lo hubiese sabido) dentro del género de misterio, recurso que también utilizó de forma brillante Ethel Lina White, entre otras autoras de la época.

La aventura de Adelaide Adams en El enigma de los gatos asesinados empieza durante el verano inmediatamente posterior a los misteriosos sucesos que logró resolver en Asesinato en el Richelieu. En este caso, aunque es recomendable leer las novelas en orden, no resulta imprescindible. El enigma de los gatos asesinados se disfruta por el buen pulso narrativo de Anita Blackmon, por el mérito de sostener un ritmo endemoniado pese a que la trama se desarrolla en un hotel aislado por la tormenta, por el genial sentido del humor que pone contrapunto al suspense y, sobre todo, por el peculiar carácter de la dama protagonista: nuestra ya querida Adelaide Adams. A la trama de asesinatos, la autora entrelaza con gran habilidad sesiones de espiritismo, posesiones sobrenaturales e hipnotismo, mostrándole al lector la incredulidad de la señorita Adams y la sospecha de fraude al mismo tiempo que narra unos acontecimientos a priori imposibles. Si Asesinato en el Richelieu me sorprendió gratamente por sus personajes y por ese ritmo de comedia de enredo, en El enigma de los gatos asesinados, además, he disfrutado del estilo narrativo de Anita Blackmon, del misterio en sí, de la caña que la autora le da a los profesionales de la investigación y del reencuentro con Adelaide Adams.

Lectora, ¿se puede echar de menos a un personaje de ficción?

También te gustará: Asesinato en el Richelieu; Se anuncia un asesinato

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Lo que no veo en el bosque, de Isabel del Río

El mundo ha cambiado. La Naturaleza respondió a la masacre que los humanos perpetraban contra ella y ahora las ciudades se protegen dentro de una esfera de radiación para mantener fuera a los monstruos. Eloise vuelve a la casa de su familia, en un pueblo de montaña fuera de las barreras protectoras, en busca de un respiro, pero también de consuelo. Allí se reencuentra con el fantasma de su abuelo y con su amiga de la infancia, Clara, que ahora es guardabosques. Pero una niña ha desaparecido, una criatura sin nombre anda suelta y el bosque bosteza, se despereza, a punto de despertar.

«La mayoría de las especies cazadoras prefieren la noche. Los arbóreos son de esta clase de criaturas y, una vez han probado la sangre, excitados como tiburones terrestres, siguen a su presa hasta devorarla.«


Alianza Runas
Terror
Fecha Publicación: 18 de junio de 2026
208 páginas
ISBN: 979-13-7009-275-7

Lo que no veo en el bosque es una novela de terror, de tintes lovecraftianos, que parte de la inquietante premisa de que la teoría darwinista de la evolución también crea terribles monstruos. Narrada en primera persona a dos voces —que luego serán tres—, en un presente temporal que facilita el ritmo y la inmediatez, la historia discurre cada vez más tenebrosa y espeluznante, en una atmósfera cargada, opresiva, como el aire en un bosque antiguo demasiado abigarrado. La prosa de Isabel del Río es precisa y bella, de frases cortas, meditadas para ir desvelando el terrorífico misterio. Sus personajes destacan por su humanidad con toda intención, pues uno de los puntos más inquietantes de esta historia es, precisamente, su paulatina deshumanización… en más de un sentido.

La novela se disfruta por la originalidad de su premisa, por el suspense y el ritmo, por el estilo cuidado de la autora y por el asombroso desenlace. Me ha gustado especialmente por esa vuelta de tuerca inesperada a distopías de terror más convencionales, por las tres (sí, he dicho tres) protagonistas y por los fantasmas de la casa familiar, que le dan a toda la historia y al pasado de los personajes un toque de nostalgia, pero también de raíces en una historia que tiene mucho de terror vegetal. Atentas al guiño darwinista, a la inusual distopía, a los ecos de Lovecraft, la referencia a Un verdor terrible, de Benjamin Labatut, y, por qué no, a John Whyndham.

En marzo de 2025, Isabel del Río publicó la edición en catalán de este título, No albiro el bosc, con Mai Més Llibres. Tienes mis impresiones AQUÍ.

Lectora, en la profundidad del bosque se está más fresca.

También te gustará: El color que cayó del espacio; Carter & Lovecraft; La oscuridad es un lugar; Un verdor terrible

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La leyenda de una casa solariega, de Selma Lagerlöf

El joven Gunnar Hede, heredero terrateniente de Munkhyttan, cursa sus estudios en Uppsala cuando le llega la noticia de que, tras la muerte de su padre y el cierre de las minas, su familia ha acumulado tantas deudas que quizás deba vender su amada mansión. Gunnar lleva una vida perezosa, más interesado en tocar su violín que en estudiar, distraído por los músicos, actores y saltimbanquis que a veces llegan hasta su patio. Como el matrimonio Blomgren y la hermosa Ingrid, con sus ojos rebosantes de estrellas, quienes le piden que toque con su violín El cazador furtivo. Pero cuando Gunnar corrobora con su madre que Munkhyttan tiene problemas económicos, decide lanzarse a los caminos como negociante hasta recuperar su fortuna y saldar todas las deudas de su familia. Hasta que un terrible revés del destino traumatiza al pobre Gunnar Hede y da pie a la leyenda de su desventura.

«Y aquel a quien nadie ama, no tiene derecho a vivir. No podía explicar cómo había llegado a tal conclusión, pero le resultaba del todo evidente. Desde que había oído que no la querían, sentía como un puño de hierro le oprimía el corazón y quería forzarlo a detenerse. Sí, eran las puertas de la propia vida las que se habían cerrado para ella. Justo en ese momento en que, habiendo regresado de la muerte, sentía arder dentro de ella un apasionado deseo de vivir, le arrebataban el permiso de la existencia.«

Selma Lagerlöf (1858 – 1940) fue una escritora sueca y la primera mujer en ser reconocida con el Premio Nobel de Literatura (1909). Nació y murió en Mårbacka, provincia sueca de Värmland, en su amada hacienda familiar, que rescató de la ruina gracias a su carrera literaria. Empresaria, terrateniente, activista política y escritora, legó a la posteridad un buen número de obras, aunque tal vez la más célebre fue El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia (1906), encargo del gobierno de Suecia para enseñar geografía a los escolares. Selma Lagerlöf publicó por primera vez La leyenda de una casa solariega en 1899, la que probablemente sea su obra más autobiográfica pues, al igual que la autora, Gunnar Hede debe trabajar duro para salvar su adorada hacienda familiar, y Munkhyttan bien pudiera ser el trasunto de Mårbacka.

El tono de La leyenda de una casa solariega es el de un cuento tradicional centroeuropeo, con un eco inevitable a los hermanos Grimm, atmósfera de fábula y cierta referencia a La bella y la bestia. Pero, lejos de seguir un desarrollo típico de la narrativa de las fábulas, sorprende con giros narrativos inesperados, originales y propios. Tampoco los personajes se ajustan a la perfección a los arquetipos femeninos y masculinos de los cuentos tradicionales, sino que tienen profundidad psicológica y distan mucho de ser perfectos: en ocasiones, se muestran cobardes, a veces asustadizos o perezosos, otras, sienten asco y adoptan actitudes poco caritativas. Muestran su humanidad, sus luces y sus sombras, a medida que se equivocan, aprenden y, finalmente, encuentran un final feliz, aunque no sea el que esperaban. La prosa de Selma Lagerlöf es brillante, de adjetivos bien escogidos y frases precisas; destaca por la belleza en la descripción de unos paisajes que le son queridos y por la facilidad con la que ahonda en la emoción y la psicología de sus personajes, aunque narre desde una tercera persona (muy próxima, pero tercera persona).

Este libro me lo regaló mi amiga Rosa, de Las inquilinas de Netherfield, adivinando que no solo me gustaría, sino que sería una buena manera de empezar a leer a Selma Lagerlöf. En la Feria del Libro de Madrid, tuve la suerte de que Mar, de Las lecturas de Undine, me acompañase y me contase la emocionante historia personal de Selma Lagerlöf: que no solo recompró la hacienda de su familia en 1907, sino que invirtió todo el dinero del Premio Nobel en Mårbacka, se puso al frente de la economía de buena parte de la provincia y contribuyó a su recuperación económica. Si te apetece saber un poco más de la vida de Selma Lagerlöf y de Mårbacka, te recomiendo el hermoso postfacio de Elda García-Posada, traductora de esta magnífica edición de Editorial Funambulista.

Lectora, un clásico sorprendente y maravilloso.

Otros Premio Nobel de Literatura que también te gustarán: Nunca me abandones; El gigante enterrado; La sociedad secreta de Jane Austen; El pueblo que votó que la tierra era plana; Siddhartha

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La corte de los cuchillos rotos, de Anna Smith Spark

Tobias lidera un grupo de mercenarios que han sido contratados para asesinar al emperador del decadente reino de Sekemleth, otrora llamado el Imperio Amarillo, y propiciar un cambio de gobierno. Sus hombres parecen buenos chicos, entrenados para matar sin hacer demasiadas preguntas, pero cuando el joven y enigmático recluta Marith los salva de un dragón, Tobias empieza a sospechar que ese chico no es lo que parece. En Sorlost, la capital de Sekemleth, la Suma Sacerdotisa Thalia jamás ha traspasado el límite de los muros del templo. Tiene las manos manchadas con la sangre de decenas de sacrificios humanos: hombres, niños, bebés. Mató a su antecesora, así como su sucesora la matará a ella algún día. Es la mujer más sagrada del imperio y, aunque resulte una blasfemia, empieza a estar cansada de tanta sangre, de tanta muerte. La noche en la que los mercenarios de Tobias entra en palacio para asesinar al emperador, nada sale como estaba previsto y Thalia, temiendo por su vida, huye por las calles de Sorlost. Todo parece perdido para Marith, no le queda más que matar y morir como el monstruo que sabe que es. Hasta que tropieza con Thalia y, de pronto, todo su pasado y futuro colapsan en un instante: ha llegado la hora de reclamar lo que por su sangre demoníaca le pertenece. Aunque signifique el fin del mundo conocido.

«Había tenido una espada, por supuesto. Una espada hermosa con filigranas de plata en la empuñadura, un único rubí del color de su cabello, y una hoja fina y ligera como el agua, cruel como las lágrimas, forjada en un metal tan oscuro que absorbía la luz y la dejaba sin reflejo. Un regalo de los parientes de su madre. En un arrebato de melancolía etílica, la había bautizado Lamento.«


Oz Editorial
Traducción de Claudia Casanova
504 páginas
Fantasía oscura, grimdark
Fecha de publicación: noviembre de 2025
ISBN: 978-84-18431-13-5

Anna Smith Spark es una autora británica, doctora en cultura clásica por la Universidad de Londres, que ha sido aclamada recientemente como la reina del grimdark por sus novelas de fantasía oscura. Oz Editorial publicó en noviembre de 2025 La corte de los cuchillos rotos, la primera entrega de su trilogía Empires of Dust, que tiene su continuación en La torre de los vivos y de los muertos (mayo 2026) y cierra con La casa del sacrificio (octubre 2026). La autora, que está cosechando un gran éxito entre los lectores y la crítica literaria por su personal estilo y la extraña belleza de sus tramas y escenas, ha confirmado su presencia en el Festival Celsius 232 que este año se celebrará del 14 al 18 de julio.

Nos cuenta Oz Editorial en la biografía de la autora que Anna Smith Spark es disléxica, dispráxica y está dentro del espectro autista, «algo que impregna su obra de una mirada singular». Con influencias de J. R. R. Tolkien, Michael Moorcok y Ursula K. Le Guin, lo cierto es que Anna Smith Spark posee una voz propia, un estilo singular que conjuga asombrosamente la belleza más prístina con el derramamiento de sangre y vísceras en las batallas y sacrificios más truculentos. No suelo leer fantasía oscura o grimdark, así que no podría deciros cuánto se ajusta o se aleja La corte de los cuchillos rotos de los parámetros habituales del género, pero sí lo mucho que la he disfrutado y sufrido (es de esas historias para pasarlo muy bien pasándolo mal).

De frases cortas y adjetivación precisa, con una notable escasez de metáforas, la narración de la autora destaca por su maestría al encontrar la belleza más pura en los detalles más inesperados. Esta contraposición entre escenas terribles de muerte y destrucción con un instante de gracia absoluta —»Un grimdark poético», en palabras de Antonio Torrubia—, sacude y conmueve hasta que resulta imposible apartar la vista. La corte de los cuchillos rotos no es una historia de héroes, ni una alegoría del bien contra el mal: los protagonistas son antihéroes, están rotos por dentro, como Marith, comidos por el miedo, como Orhan, marcados por cicatrices externas y morales, como Bil y Thalia; traicionan y sufren, son traicionados y mueren, asesinan y se autodestruyen. Se reconoce a Tolkien en la bella y terrible leyenda de Amrath, en el mapa de reinos que se miran de reojo, en los dragones. Y a Ursula K. Le Guin en la elegancia de la prosa y en la crudeza de un mundo en el que parece no tener cabida la inocencia o la dicha.

He disfrutado especialmente con los personajes protagonistas: descubrir la identidad y el secreto tormento de Marith, la humanidad de Tobias, el peso de las decisiones de Orhan (atentos a la figura de su hermana, ojalá tenga más presencia en los próximos volúmenes de la trilogía), su relación con Darath, o el mantra que marca a fuego a la contradictoria Thalia cada vez que contempla a Marith e intuye su destino. Anna Smith Spark va tirando de los hilos de estos personajes hasta entretejerlos en una urdimbre que, por momentos y sobre todo en las escenas de lucha, roza la épica… si no fuese porque, como he señalado en el párrafo anterior, esta no es esa clase de historias. En los primeros capítulos, me ha costado superar los salpicones de sangre y vísceras, un poco agobiada por el exceso de muerte, muerte y muerte (un efecto de hastío y horror buscado a propósito por la autora), y aunque no he superado el espanto, me han ganado los personajes, la intriga política y la contraposición de la decadencia del imperio a la leyenda de unos antepasados descendientes de dioses y demonios.

Lectora, la reina del grimdark.

También te gustará: Entre dos fuegos; El último deseo; Vencer al dragón

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