Los malos consejos, de Pablo Vázquez

Érase una vez Pablo y Mickey, enfermos de cine, de pantalla grande, de lenguaje audiovisual, de ese que refleja tanto y tan bien la sociedad que sufren, dos amigos que desean escribir un libro. Finalmente, el libro es de Pablo, que abre con Mickey, el prólogo, de Ana Elena Pena, y los relatos largos con filmografía y discografía recomendada. Dice la contraportada que este es un libro de monstruos, que ellos son los protagonistas, porque solo un ser extraño es capaz de poner de relieve (por contraste contra lo establecido) lo inquietante que es nuestra sociedad; y que el universo del autor a menudo es apocalíptico y cínico. Pero no tenga miedo el lector, porque el sentido del humor y los guiños cinematográficos y literarios de Pablo Vázquez son mejores compañeros de viaje que sus —a veces— insufribles personajes.

«Érase una vez un dictador muy desdichado que soñaba con acabar con el mundo y luego suicidarse. Sus amigos le aconsejaron que obtendría mejores beneficios si lo hacía al revés.«

Libros Indie
340 páginas
ISBN: 978-84-18112-80-5
Fecha de publicación: enero de 2020

Me decía Pablo Vázquez que le gustaba Chesterton por esa mirada tan caustica sobre la sociedad y la política de su época, que se le escapaba incluso cuando escribía ficción policíaca y que, salvando las distancias, pensaba que a él le sucedía incluso cuando hablaba de monstruos. Recordé una de las mejores dedicatorias literarias que he leído nunca, la de Gaiman y Pratchett en Buenos presagios, «Los autores quieren unirse al demonio Crowley en su dedicatoria de este libro a la memoria de G. K. Chesterton. Un hombre que sabía de qué iba el tema», y decidí leer Los malos consejos.

Pablo Vázquez es periodista, guionista y escritor. Destaca en su bibliografía El frío de las camareras, Las chicas terribles (Premio Internacional Manuel Llano), un ensayo cinematográfico titulado La infancia infinita, y sus trabajos como guionista en películas independientes. En Los malos consejos el cine es marco, referencia y universo en cada uno de los relatos sobre monstruos, adolescentes y apocalipsis. Son historias que requieren de cierta introducción para entender el propósito del autor y, aun así, creo que se prestan a la desorientación para los que somos ajenos a su banda sonora… excepto en las referencias culturales, que son contundentes y rotundas.

Me ha gustado, sobre todo, la prosa de Pablo, un torrente fluido, apasionado, con tanto poder como las imágenes cinematográficas entre las que pasó la adolescencia. Se le notan los andamios periodísticos, pero sobre todo lo bien que escribe. Y aunque, como quizás adivináis los que más me conocéis, no he conectado bien con todas las historias y personajes, me quedo con el relato Nociones del apocalipsis, con el ingenio de sus frases y con la reflexión que os comentaba al principio de la reseña, la de los monstruos, pues me llevaba, inevitablemente, a pensar en esos otros escritores alrededor de anomalías, aunque el romanticismo buscaba, más que el contraste, la belleza en lo monstruoso.

También te gustará: La muñeca de kokoschka; Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café; Tres reinas crueles; Hombre sobre una escultura

Share and Enjoy !

0Shares
0 0 0
Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Publicado en Blog | 6 comentarios

Un chelín para velas, de Josephine Tey

En la tranquila playa de Westover aparece el cuerpo sin vida de la joven Christine Clay, una actriz en auge que pasaba unos días de incógnito en la campiña inglesa para descansar. Pero cuando aparecen signos de lucha en la víctima y el botón de un abrigo enredado en su pelo, la premisa de que se ahogó por accidente pierde sentido y se traslada el caso al detective Grant de Scotland Yard. Al inspector no acaba de convencerle el sospechoso más obvio, pero cuando todas las pruebas apuntan en la misma dirección le resulta imposible ignorarlo por más tiempo. Cansado y desalentado, convencido de que se equivoca, Grant tropieza con la peculiar señorita Burgoyne, la única hija del comisario local, que le aportará el soplo de aire fresco que necesita para recuperar la perspectiva en la complicada investigación.

«¿La conocía Grant? Era actriz cinematográfica. Y muy buena, por cierto. Ha sido algo terrible, ¿no le parece? Las cosas que suceden hoy en día en las buenas familias. Incluso asesinatos. Las cosas habían cambiado mucho en la actualidad.
—No sé qué decirle —respondió Grant—. Para las familias más antiguas de Inglaterra el crimen siempre ha sido un pasatiempo más, si mis libros de Historia no mentían.«

Esta es la cuarta novela que leo de Josephine Tey y me ha parecido la más flojita de todas. Era difícil estar a la altura de la tensión psicológica de la magnífica Patrick ha vuelto, o poseer el encanto apasionado historiador de La hija del tiempo, y aunque Erica Burgoyne es un personaje feelgood estupendo, no está a la altura de la señorita Pym. Quien nunca defrauda es el inspector Grant que, al  margen de que el caso policial nos parezca más o menos interesante, siempre da la talla. Además me ha hecho gracia encontrarme con el debut en escena de Marta Hallard, un personaje con mucha chispa que recordaba de La hija del tiempo.

Las novelas de Josephine Tey me gustan por su planteamiento clásico policial, por su atmósfera apacible (a menudo ambientadas en la campiña inglesa), por su british air inconfundible y por el trabajo psicológico de sus personajes. En Un chelín para velas vais a encontrar la marca de la casa y además un marco histórico muy bien reflejado: el de una Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial espantada por el antisemitismo y un Hollywood en su edad dorada en parte gracias al talento de los compositores y directores judíos fugados de sus países de origen. Quizás por eso, aunque las novelas de Josephine Tey se incluyan dentro de la Golden Age, su detective huye de cualquier estereotipo y sus escenarios suelen traslucir más crítica social que el resto de novelas de misterio de ese período.

Un chelín para velas fue adaptada para la gran pantalla por Alfred Hitchcock con el título de Inocencia y juventud.

También te gustará: La señorita Pym dispone; La hija del tiempo; Patrick ha vuelto

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Un chelín para velas

Share and Enjoy !

0Shares
0 0 0
Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Publicado en Blog | Etiquetado , , , | 17 comentarios

El rey que fue y será, de T. H. White

En el corazón de Inglaterra, junto al Bosque Salvaje, el pequeño Arturo crece bajo la protección del bondadoso sir Héctor y en compañía de Kay, el hijo legítimo del noble. Algo pesaroso por no conocer a sus verdaderos padres e inquieto por su futuro de huérfano, su formación da un vuelco cuando Merlín se convierte en su preceptor. Merlín es un mago que vive al revés, de atrás hacia adelante, con el tiempo desordenado y la memoria enredada entre futuros y pasados, por eso sabe y calla, quiere que su discípulo aprenda a través de la experimentación y llegue a sus propias conclusiones. Arturo disfruta de su aprendizaje y solo la sombra de su incierto origen, que no le permite ordenarse caballero, entristece su espíritu generoso y valiente. Hasta que un día, en todos los rincones de la vieja Inglaterra resuenan las malas nuevas: el rey Pendragón ha muerto y se dice que aquel que sea capaz de extraer la espada del yunque será su heredero ¿o será al revés?

«—Hay unas palabras escritas en la empuñadura de la espada que está metida en el yunque sobre la piedra que hay delante de la iglesia (…).
—¿Qué es lo que pone? —preguntó Kay.
—Las palabras son estas —aseguró Pelinor—, tal y como me las ha repetido el viejo fraile.
—Vamos, continuad —apremió Kay, pues el rey había vuelto a callarse.
—Sí, sí. ¿Qué dice esa espada? —inquirió sir Héctor, vivamente interesado.
—Será propaganda comunista, seguramente —intervino sir Grummore.
El rey Pelinor cerró los ojos con fuerza, extendió los brazos y dijo con voz grave:
—Aquel que consiga sacar esta espada del yunque y de la piedra será el rey de toda Inglaterra.«

Ático de los libros
Páginas: 832
ISBN: 978-84-17743-47-5
Fecha de publicación: febrero de 2020

Terence Hanbury White (1906-1964), licenciado en Literatura Inglesa por la Universidad de Cambridge, fue un escritor apasionado de la naturaleza y conocido, sobre todo, por El azor, que inspiró a Helen McDonald para escribir su Con H de halcón. El rey que fue y será reúne los cinco libros que White escribió sobre el rey Arturo, una adaptación libre y maravillosa de La muerte de Arturo, de Thomas Malory, que brilla con luz propia por su ingenio, sentido del humor y personajes.

Qué difícil resulta reseñar una novela cuando te ha gustado tanto. Una novela que son cinco. Una novela que es leyenda, que ha sido adaptada en un sinfín de ocasiones y formatos. Una novela que es sátira, comedia, pero también folclore y mitología. En El rey que fue y será, T. H. White no solo está contando la historia de Arturo y Merlín sino también la historia ancestral de Inglaterra, esa que se mezcla con leyendas y gestas para justificar las conquistas. Cuenta el autor que Merlín, Uther Pendagrón y Arturo eran normandos, recién llegados que tuvieron que someter por la fuerza de las armas a los sajones, que a su vez conquistaron a las tribus de los pictos. Por eso, justifica White, Robin Hood es un proscrito en el Bosque Salvaje, no por robar sino por normando, por eso las afrentas de Morgana Le Fay y sus hermanas son tan antiguas y espesas como la herencia de su sangre.

A través del discurso y las enseñanzas de Merlín, Arturo —y el lector— comprende la naturaleza de su reino y de los hombres y mujeres que lo habitan, pero también la necesidad de fomentar la paz entre unos señores que no conocen más que el derecho de conquista. De ahí la necesidad de la creación de la orden de los caballeros de la tabla redonda y su código de honor, de paz y de asistencia, toda una metáfora en tiempos de la belicosidad de los señores feudales franceses e ingleses.

Con una prosa elegante, de estilo propio, unos diálogos ágiles y divertidos, un enfoque original y mucho sentido del humor, El rey que fue y será es una de las mejores novelas clásicas de fantasía histórica británicas de todos los tiempos. Tiene, como el Quijote, ese trasfondo de sátira de las novelas de caballeros, una mirada crítica y burlona al modo de vida de los señores feudales (las justas, los duelos, la cacería de la Bestia Bramadora del rey Pelinor, …), pero también una reflexión profunda y bella sobre terminar con las guerras y la historia sobre la que se cimenta la vieja Inglaterra.

El encanto de cada uno de sus personajes, tanto protagonistas como secundarios, reside en la interpretación personal de T. H. White, que los dota de carisma y humor como en ninguna otra versión de la leyenda artúrica. En este sentido, marcan la diferencia especialmente Arturo y Merlín, el primero por su ingenuidad (que atribuye a haber crecido en el campo) y cómo va elaborando un discurso cada vez más personal a medida que comprende la guía de su preceptor; pero sin duda el vórtice de la saga es el enfoque temporal desordenado del mago: Merlín olvida y recuerda futuro, hace comentarios sobre sociedades victorianas, ciencia del siglo XIX, o política del XX, y se lamenta de lo que le acontecerá dentro de unos años como si ya hubiese pasado; ese tiempo desordenado, que presta nombre al título del volumen que recoge las cinco novelas, hace cómplice al lector con constantes guiños anacrónicos que T. H. White tan bien sabe hacernos a sus contemporáneos.

«Si usted, lector, no ha vivido en la vieja Inglaterra del siglo XII, o cuando fuese, y en un lejano castillo próximo a la frontera con los margraviatos, quizás le resultará difícil imaginar las maravillas de aquel viaje.«

Lector, un clásico único, imprescindible, fantástico y divertido.

También te gustará: El castillo de Windsor; La caída de Arturo

Share and Enjoy !

0Shares
0 0 0
Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Publicado en Blog | Etiquetado , , | 17 comentarios

El asesino vive en el 21, de S. A. Steeman

Un terrible asesino en serie, que firma sus crímenes como Mr. Smith, se vale de la espesa niebla nocturna de Londres para matar y robar a las víctimas más dispares. Debido a la rapidez con la que actúa y a la escasa visibilidad del puré de guisantes, Scotland Yard anda despistadísimo; hasta que una noche, un estafador de poca monta confiesa a la policía que ha seguido a Mr. Smith después de su último asesinato y que está seguro de que entró con su propia llave en el 21 de Russel Square. El superintendente Strickland, encargado del caso, estaría mucho más entusiasmado con la información si no fuese porque el 21 es una casa de huéspedes habitada por una pandilla de excéntricos, todos ellos sin excepción de conducta errática y sospechosa.

«Ciertos espíritus positivos intentaron demostrar, en el transcurso de acaloradas discusiones, que era muy improbable que el apellido Smith del que se valía el asesino fuese realmente el suyo. Les respondieron de muy mala manera y fueron considerados sospechosos.

Londres, que conocía el miedo, no escuchaba la voz de la razón. Quería responsables.«

Stanislas-André Steeman (Lieja, 1908-1970) fue un periodista y escritor belga, autor de novelas policíacas, muchas de las cuales han sido llevadas al cine. Comenta Siruela que en la actualidad ha sido reconocido, junto con Jean Ray y Georges Simenon, como el máximo exponente del género en Bélgica; aunque es cierto que fuera de su país sus obras no han tenido tanta repercusión internacional como el inspector Maigret de Simenon. El asesino vive en el 21 es la primera novela que leo de Steeman así que no puedo asegurar que siempre se gaste este fabuloso sentido del humor, pero si todas son así de estupendas y divertidas que se aparte el triste de Simenon.

El asesino vive en el 21 es una novela clásica policíaca muy original para pasarlo en grande. El autor no solo invita explícitamente al lector a seguir las pistas y dar con el asesino sino que además construye el caso de una manera tan distinta y atrevida que te hace desear que la historia tenga el doble de páginas. Me ha encantado el sentido del humor de Steeman y todo el elenco de personajes, sospechosos y detectives, que pueblan esta novela, así como lo bien que encajan los diálogos del asesino. Los huéspedes de la señora Hobson, tan peculiares, protagonizan escenas geniales cuando se encuentran todos juntos a la hora de las comidas, por no hablar de la panda de Scotland Yard o de los periodistas. La intriga criminal, sin trampas, y el suspense se mantienen perfectamente hasta los capítulos finales, pero el lector se lo está pasando tan bien con el desconcierto de los inspectores, las rarezas de los sospechosos y la sangre fría del asesino que la resolución del misterio se convierte en un aliciente más.

Como guinda del pastel, me ha encantado que el misterio se desarrolle en el Londres de los años treinta del siglo pasado y que la ciudad sea mucho más que simple decorado. Atención a los movimientos de los sospechosos por sus calles y parques, y la vecindad del 21 con el British Museum. El homenaje de Steeman a la novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jeckyl y Mr. Hyde, no solo está presente en uno de sus personajes sino también en la espesa niebla —llamada «puré de guisantes» por los londinenses— que también adquiere un protagonismo especial en El asesino vive en el 21.

Lector, una de las novelas de misterio más divertidas y originales que he leído hasta la fecha.

También te gustará: Aquí hay veneno; Un hombre muerto; Veneno mortal; Crimen en la posada Arca de Noé; El hombre que sabía demasiado

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
El asesino vive en el 21 (para Kindle)
El asesino vive en el 21 (en papel)

Share and Enjoy !

0Shares
0 0 0
Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Publicado en Blog | Etiquetado , | 14 comentarios

El hombre que sabía demasiado, de G. K. Chesterton

Horne Fisher, curioso y erudito, tiene un don para resolver misterios tan poderoso como su extraña colección de parientes. Cuando el joven periodista político Harold March lo conoce, en plena campiña inglesa, se queda intrigado por sus reflexiones y su caudal de conocimientos aparentemente inútiles en un mundo al borde de la Primera Guerra Mundial y la agitación política que eso conllevaba. Mientras charlar cerca de un agradable arroyo, a la espera de poder reunirse con el ministro de economía en una casa de campo alquilada, asisten a un extraño accidente de coche. Pero cuando se acercan a comprobar los daños, se encuentran con el cadáver de Humphrey Turnbull, un conocido parlamentario inglés que no ha muerto precisamente del choque sino de un disparo milimétricamente calculado. Ese primer misterio sella la amistad de Fisher y March, que volverán a encontrarse a lo largo de los siguientes meses y a colaborar en la resolución de crímenes, espionaje, robos de reliquias históricas y sofisticadas operaciones encubiertas para atrapar a un legendario ladrón.

«—Sé demasiado —dijo—. Ese es mi problema. Ese es el problema de todos nosotros, y de todo el tinglado; que sabemos demasiado. Sabemos demasiado los unos de los otros; y sobre nosotros mismos. Por eso ahora lo que realmente me interesa es una cosa que no sé.
—¿Y qué es? —preguntó el otro.
—Por qué aquel pobre tipo está muerto.»

Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874-1936), más conocido como G. K. Chesterton, fue un periodista, novelista, ensayista y escritor de libros de viajes cuyo sentido del humor y sentido común lo convirtieron en uno de los autores más adorables del siglo XX. Amigo de Bernard Shaw y P. G. Wodehouse, entre otros destacados literatos de su época, publicó más de ochenta novelas, aunque probablemente sea su saga detectivesca del Padre Brown la que alcanzó más fama. Personalmente, Chesterton es un autor al que tengo mucho cariño, seguramente por su condición de periodista (que con tanto ingenio inspiró a Evelyn Waughn) y por ese humor socarrón tan inglés e ingenioso. Una de las anécdotas que más me gustan sobre él es su despiste y torpezas crónicos: a menudo cogía un tren para acudir a una cita y a mitad de trayecto olvidaba de qué cita se trataba o dónde debía apearse.

Chesterton publicó la antología de relatos de El hombre que sabía demasiado en 1922, quizás por eso aparece recurrente la inestabilidad política de la época y los tejemanejes del Parlamento británico en la sombra desafiando la perspicacia de Horne Fisher y la candorosa inocencia de Harold March. Son ocho relatos detectivescos en los que Fisher ejerce de detective accidental, a menudo asistido por March, su Watson particular. La gracia de estos relatos es la peculiar personalidad de sus protagonistas, las apariencias engañosas, la cuestionable ética y moral de los ingleses contemporáneos de Chesterton (tema recurrente en el autor junto al del sentido común) y la terrible familia de Fisher. Pero, sin duda, es el encanto de Chesterton, su inteligencia y su sentido del humor, sutil y tan inglés, lo que te roba una sonrisa en cada uno de estos relatos.

Lector, Chesterton siempre es una buena idea.

Este libro me lo regaló mi amiga Rosa, que sabe lo mucho que me gusta Chesterton. Las dos pensábamos que se trataba del libro que Alfred Hitchcock adaptó para la gran pantalla en la película del mismo título, pero resulta que no, que no tiene nada que ver. Aviso por si alguien más le presta a confusión.

También te gustará: Crimen en la posada Arca de Noé; Asesinato el Charlton Crescent; Un cadáver en la mansión Sainsbury

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
El hombre que sabía demasiado

Share and Enjoy !

0Shares
0 0 0
Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Publicado en Blog | Etiquetado , , | 12 comentarios