Querido autor, o cómo rechazar una obra maestra, de Riccardo Bozzi

Imaginad que en el siglo XXI, el editor de Shakespeare le escribe una carta advirtiéndole que si no deja de llamar moro a Otelo tendrá que rechazar su obra, que ya le riñó severamente sobre sus tendencias racistas en El mercader de Venecia y que lo ha vuelto a hacer. O que el editor de Melville le pida que cambie a la ballena por un delfín porque son más simpáticos. A Fiodor Dostoievski, su editor actual le recomienda que lea a Agatha Christie para ponerse al día con los whodunits porque Crimen y castigo deja un poco que desear al respecto. Y a Charles Dickens no van a publicarle más novelas de huérfanos pobres porque empiezan a ser demasiado recurrentes.

Estas son las cartas imaginarias que un editor de nuestro tiempo bien podría escribir a los grandes autores de la literatura porque sus obras no se ajustan a la corrección política de este siglo o a los gustos y modas del sector. Cartas de rechazo, tirones de orejas, sugerencias o cambios editoriales, todo con el más acerado sentido del humor y la complicidad de los lectores.

«Señor Alighieri:
Creo entender que lo que usted pretende es explotar el subgénero de los misterios italianos antiguos que tanta fortuna le ha traído a Dan Brown, pero su texto es más bien oscuro. Por no mencionar lo de que esté escrito en endecasílabos.
No le veo mucha salida editorial, me temo.
Además la parte del infierno no nos gusta demasiado.«

Hace un par de semanas, quejumbrosa por los días grises, vi que José C. Vales hablaba de Querido autor y pensé que una dosis de humor literario me vendría de perlas para olvidarme de mis estúpidos pesares ¡Lo que me he reído con este librito de la Editorial Avenauta! (Además es amarillo, un faro de color entre el gris que nos rodea). Riccardo Bozzi se inventa las cartas de rechazo, o de cambios editoriales, para más de cincuenta clásicos de la literatura universal. Dirige las misivas a sus respectivos autores señalándoles por qué sus obras están fatal y no van a ser publicadas, o qué cambios deben realizar en los manuscritos si aspiran a algún éxito editorial. Me parto. Los consejos y advertencias de los editores imaginarios son bastante crueles pero terrible y tristemente ajustados a los cánones de la literatura de nuestro siglo. Jane Austen, William Shakespeare, Hemingway, Sófocles, Homero, Gabriel García Márquez… todos reciben una misiva criticando sus aspiraciones literarias por alguna de sus obras maestras. El resultado es un librito descacharrante que los enfermos de literatura como nosotros disfrutamos entre carcajadas.

Me he reído mucho con las cartas para Charles Dickens, las Shakespeare, las de Melville, la de Camus o la de Nostradamus, entre otras. Creo que cada lector encontrará sus favoritas y las releerá en cualquier tarde gris de esas en las que el abatimiento se nos echa encima y no podemos con nuestra rutina. Querido autor, o cómo rechazar una obra maestra se lee en una tarde, entre carcajadas, se comenta en voz alta con otros lectores y se guarda como tesoro para volver a abrirlo como botiquín de emergencia. Los textos de Riccardo Bozzi son divertidos, irónicos y a veces muy bestias, y las ilustraciones de Giancarlo Ascari y Pia Valentinis son geniales, sobre todo los retratos de los autores.

Lector, para llevarle la contraria a los clásicos con mucho sentido del humor y una pizca de maldad.

También te gustará: Diario de un librero; Cosas raras que se oyen en una librería

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Dónde estás Bernadette, de Maria Semple

Bernadette Fox es una brillante y genial arquitecta, ganadora de una beca MacArthur por su espíritu de innovación y de reutilización de recursos en la construcción de viviendas sostenibles. Está casada con Elgin, un prestigioso desarrollador de Microsoft, y tiene una hija adolescente, Bee, que va a un cole un poco hippie y acaba de ser admitida en el prestigioso internado de Choate. Bernadette y Elgin se mudaron a Seattle antes del nacimiento de Bee y compraron una casa en lo alto de una colina, un antiguo orfanato católico para niñas que se está desmoronando lentamente con ellos dentro. Se suponía que Bernadette la restauraría a su estilo, pero los años pasan y la arquitecta no solo es incapaz de acostumbrarse a vivir en Seatle, una ciudad que cada vez odia con más inquina, sino que además está desarrollando una intensa fobia social a fuerza de esquivar a las mezquinas madres del colegio de Bee (las moscardonas). Cuando una serie de catastróficas desdichas se ciernen sobre ella y se acerca la fecha de viajar a la Antártida, Bernadette desaparece presionada por los acontecimientos y la traición de su marido. Solo Bee mantendrá la fe intacta en su fabulosa madre, la persona que más feliz la hace en el mundo, y se lanzará a buscarla pese a que ni siquiera su padre la cree.

«Podría señalar aquel como el único momento de felicidad plena en mi vida, porque me di cuenta entonces de que mamá siempre me tendría a su lado, y eso hizo que me sintiera gigante. Me lancé por la rampa de hormigón, más rápido que nunca, tanto que tenía todos los números para caer, pero no fue así, porque mamá estaba en el mundo.«

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Antes de ser novelista, Maria Semple trabajó como guionista para la Twentieth Century Fox, en series como Sensación de vivir, Ellen, Loco por ti o Arrested Development, entre otras. De pequeña viajó por toda Europa con su padre, guionista de Batman, estudió en el internado de Choate (como su protagonista), se licenció en Barnard y, tras ser madre, escribió su primera novela. Dónde estás Bernadette es la segunda y me ha enamorado.

No hagas caso de la portada ni de la sinopsis, Dónde estás Bernadette no es una novela chick-lit, ni romántica, ni comedia romántica, ni feelgood. Es una sátira inteligente y punzante sobre la sobreprotección de los hijos, las comunidades claustrofóbicas y excluyentes, y cómo incluso las personas más inteligentes se desmoronan cuando les falla el equilibrio emocional (Bernadette es el ejemplo de que, a menudo, a los grandes cerebros les falta inteligencia emocional). La novela se sustenta en sus tres magníficos protagonistas (Bernadette, Elgin y Bee), pero sin duda es Bernadette quien lleva el peso tragicómico de la trama. Ingeniosa, inteligente, divertida, aún se ríe de sí misma y se da cuenta de su desajuste, pero no sabe cómo salir de la telaraña gris y opresiva en la que se ha convertido su vida. Seatle es metáfora del aburrimiento de su cárcel y las moscardonas son sus carceleras. Sin darse cuenta ha caído en la trampa de una comunidad mediocre y gris, ignorante y paleta, que la detesta y la acosa porque es diferente, es la otra, la que no se integra, la que se teme porque es distinta e incomprensible.

Uno de los temas más importantes de la novela es la sobreprotección de los hijos y el flaco favor que se les hace negando sus errores, justificándolos siempre, evitando que aprendan a levantarse cada vez que se caen porque ni siquiera se les reconoce que se han caído. Este aspecto está muy bien sustentado en una de las grandes secundarias de esta novela, Audrey Griffin, archienemiga de Bernadette. Audrey tiene un hijo drogadicto y narcotraficante, pero cuando la dirección del colegio la llama para advertirle por tercera vez sobre las actividades delictivas de su retoño ella no solo niega cualquier acusación sino que además amenaza con denunciar al centro por acoso. En el extremo opuesto, Maria Semple muestra la relación de Bee con Elgin, un padre que no cree a su hija, que no la escucha, que no le ofrece la mínima credibilidad cuando ella le explica qué está pasando con su madre porque es testigo en primera fila.

Me ha encantado la vívida reflexión alrededor del personaje de Bernadette, una mujer inteligente y creativa que se hunde lentamente en la desesperación cuando se va a vivir entre madres locas y familias esnobs. No ha tenido demasiada suerte en la vida, pero en lugar de sobreponerse y volver a trabajar en lo que le apasiona, decide esconderse del mundo hasta desaparecer. Eso es lo que les ocurre a las grandes mentes cuando se sienten rodeadas y acosadas por mediocres y tontos a diario: se deprimen, se obsesionan en bucle, se atoran, se ven atrapados, les falla la autoestima. No siempre un cerebro privilegiado supone inteligencia emocional, equilibrio emocional, y a menudo naufragan en medio de la mediocridad. Las mentes creadoras necesitan crear para mantenerse cuerdas y con buena salud, una correcta autoestima. Y eso es lo que le pasa a Bernadette, que vive por debajo de sus posibilidades y a fuerza de estar rodeada por moscardonas ha perdido toda la confianza en sí misma. Ha perdido de vista que ser distinta no es ser peor, y que no encajar en la comunidad que te rodea no se debe a un fallo propio sino a la incapacidad de aceptar esa diferencia, reconciliarse con ella y seguir adelante.

«-Paul Jellinek tenía razón -dijo papá-. Es un gran hombre, un verdadero amigo. Me gustaría que fuéramos un día a visitarlo a Los Ángeles. Era quien mejor conocía a Bernadette. Veía que ella necesitaba crear.
-O se convertiría en una amenaza para la sociedad -dije.
-Ahí es donde fallé realmente a tu madre -confesó papá-. Era una artista que había dejado de crear. Yo debería haber hecho todo lo posible para que volviera a crear.
-¿Y por qué no lo hiciste?
-No sabía cómo hacerlo. Intentar ayudar a un artista a que cree… es una empresa titánica. Yo me dedico a escribir código. No lo entendía. Y sigo sin entenderlo.«

Me ha encantado Donde estás Bernadette por su frescura, su sentido del humor y la originalidad de la narración: el hilo conductor es la voz de Bee, pero utiliza correos electrónicos, cartas e informes de todos los personajes para dar una visión de conjunto sobre Bernadette y sus circunstancias. Maria Semple me ha parecido una autora inteligente e ingeniosa, que a través de una tragicomedia de ficción ha sabido conectar con el lector y conseguir que se cuestione sobre algunos comportamientos psicológicamente insanos de nuestra sociedad. La novela hace reír, llorar, intrigarse y reflexionar en las relaciones familiares y de comunidad. Pero sobre todo me ha parecido una acertadísima observación sobre la fragilidad de las mentes más brillantes.

Lector, ¿baja autoestima? ¿miedo a salir de casa y tener que relacionarte con los demás? ¿años corriendo a por tus hijos porque te pone enferma/o hablar con las madres/padres motivaditos del cole? Este es tu libro.

También te gustará: Cómo comportarse en la multitud; Eleanor Oliphant está perfectamenteEl devorador de libros; El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo; Las mil y una historias de A.J. Fikry

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Los cinco frascos, de M. R. James

Un hermoso día, un caminante se adentra en un bello y sombrío bosque. A su alrededor todo parece tocado por la magia, incluso los árboles y las plantas; el mismísimo río le susurra que tome una misteriosa planta y escuche y vea. Cuando vuelve a casa, en el pueblo, lleva en su bolsillo un misterioso arcón que solo puede abrirse a la luz de la luna. En su interior encuentra cinco frascos, cada uno de ellos lleno de un líquido de distinto color y con una misteriosa inscripción. Una noche, dispuesto a averiguar el misterio de las pequeñas ampollas de vidrio, decide probar la primera sin saber que está a punto de dar el paso decisivo para adentrarse en un mundo mágico que siempre ha existido al margen de los humanos; un mundo encantador y hechizante, sí, pero no carente de peligros mortales. Si esos frascos cayesen en malas manos…

«El pequeño cofre estaba dividido por dentro en cinco compartimentos: cada uno de ellos contenía un pequeño frasco, como una ampolla de vidrio, con cuerpo ancho y redondo y cuello largo y estrecho que se ensanchaba un poco en la parte superior. La boca de cada uno de ellos estaba cubierta con una caperuza de metal, y en la cara superior de cada una de ellas se había escrito una o dos palabras en letras mayúsculas. En la caperuza del frasco situado en el medio podía leerse: unge oculos; las otras solo tenían rotulada una de estas palabras: aures, linguam, frontem, pectus.»

Montague Rhodes James (1862-1936), medievalista y folclorista victoriano, está considerado como uno de los precursores literarios de las historias de fantasmas. Académico en Eton y Cambridge, donde llegó a ocupar los más elevados cargos, era un reputado arqueólogo, con excepcionales publicaciones y traducciones, cuando instauró la tradición navideña de obsequiar a sus amigos con historias de fantasmas. Los cinco frascos es su única novela juvenil y, aunque no es estrictamente una historia de fantasmas, sí que tiene ese halo espectral tan victoriano e inquietante, pero con el sentido del humor tan socarrón, propio de M. R. James.

Este librito llegó a mis manos por culpa de una amiga que conoce muy bien mis debilidades literarias y sabía, antes siquiera de que yo misma me diese cuenta, que conocía al autor y me encantaba. Es que padezco de un despiste crónico y llevaba un par de días pensando cuándo había podido leer a M.R. James (además de como referencia sobre Sheridan Le Fanu o Hans Christian Andersen) hasta que caí del guindo: ¡Crónica de una cacería de troles! James fue profesor y amigo de James McBryde y, a la muerte de este último, no solo publicó Crónica de una cacería de troles con las ilustraciones originales de su amigo sino que siempre prestó ayuda y cariño a la familia McBryde; de hecho, escribió Los cinco frascos como regalo para su ahijada, Jane McBryde.

Los cinco frascos es un clásico de la literatura fantástica que bebe de las fuentes orales populares de las historias de hadas y fantasmas europeas. Propios de este folclore fantástico, tan espléndidamente recogido en los cuentos de los hermanos Grimm, el lector encontrará bosques mágicos (algo siniestros), criaturas diminutas, columnas de niebla, brujas, animales parlantes y hechizos. Salpicado con el sentido del humor habitual de M.R. James y su fértil imaginación, esta novela breve es, quizás, algo menos siniestra que sus historias de fantasmas y más cercana a la fantasía de Alicia en el país de las maravillas. La edición de Berenice, además, incluye el relato corto El campo de juegos después de anochecido que constituye un apéndice perfecto para complementar la historia principal. Las ilustraciones originales (de Gilbert James) y la Nota del traductor (Óscar Mariscal) contribuyen a convertir esta pequeña edición en preciosísima.

Lector, maravilla de la fantasía clásica.

Nota: aprovecha porque tienes la edición en papel a 5,95 eurillos. Sí, en papel. Corre, corre.

También te gustará: Crónica de una cacería de troles; Cada corazón, un umbral; Alicia en el país de las maravillas

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Patrick ha vuelto, Josephine Tey

Desde que quedaron huérfanos, los cuatro hermanos Ashby mantienen a flote el rancho familiar bajo la amable y eficiente tutela de la tía Bee. Simon, el hermano mayor, está a punto de cumplir los 21 años, momento en el que al fin pasará a sus manos la extensa herencia materna, que les permitirá vivir con mayor comodidad. Todo es paz en la campiña y los Ashby se dedican felices a la cría y doma de caballos, hasta que ocurre algo que cambiará su tranquila vida para siempre: el retorno de Patrick, hermano mellizo de Simon que se había dado por muerto nueve años atrás. El recién llegado no es más que un impostor bien entrenado por un actor que creció con los hermanos Ashby, pero consigue engañar a toda la familia por su parecido físico, su amable carácter y su pasión por los caballos. Solo Simon, que con la aparición de Patrick pierde todo su patrimonio, parece poco dispuesto a creerse su historia.

«—Lo horrible de un asesinato —dijo el señor Macallan con aire meditabundo— no es que ocurra, sino que le ocurra a la tía Agnes, no sé si me entiende (…).

—Sería mucho peor que alguien a quien conoces resulte ser el que ha quitado de en medio a la tía Agnes.«

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Me gusta mucho Josephine Tey, una autora que bien podría encuadrarse en la llamada Golden Age de las novelas policíacas, pero que se desmarca de otras autoras de esa época por la elegancia y el interesante análisis y planteamiento psicológico de sus historias y personajes. De Tey había leído con anterioridad La señorita Pym dispone y, mi favorita hasta la fecha, La hija del tiempo; aunque tengo que decir que Patrick ha vuelto es tan buena que no desbanca a La hija del tiempo por los pelos, concretamente, por mis pelos de historiadora romanticista.

Patrick ha vuelto destaca por sus personajes, cuatro hermanos de caracteres dispares y una tía benévola y encantadora que tuvo que ponerse al frente de la gestión del patrimonio familiar. Pero también los secundarios, como Nancy, George o el abogado Sandal, están magníficamente construidos, con sus luces, sus sombras y sus sorpresas. La relación entre los hermanos, la tía Bee y el supuesto Patrick crea un desequilibrio de poderes y unas tensiones emocionales y psicológicas que Tey muestra con una claridad pasmosa sin necesidad de dar explicaciones al lector. Me ha parecido que el paisaje idílico en la campiña y las escenas con los caballos ofrecían el contrapunto perfecto a la tensión emocional de los personajes; y que los niños del colegio para casos perdidos (atención a Toni o a la Parslow) constituyen el divertido contrapunto cómico a la tragedia de los Ashby.

El suspense y la tensión van in crescendo a medida que avanza la trama y el lector sabe, supone, espera y se pregunta atrapado en una intriga tan bien planteada por la autora. Y fijaos un momento en la disposición de esta trama: Jopsephine Tey le da al lector más información que a sus personajes pues, de partida, el lector sabe que Patrick es un farsante y aun así el suspense policíaco está presente en toda la novela ¿Cómo es posible? Pues porque aunque el lector sepa quién es el falso Patrick y sus motivaciones no entiende por qué cada personaje reacciona como lo hace ante incorporación a la familia; y aunque casi desde el principio se adivinan los motivos de Simon, sigue manteniéndose la tensión y la intriga hasta el final. Eso, amigos lectores, me parece dificilísimo y me pasma. Cuando terminas Patrick ha vuelto cierras el libro pensando «¡Qué pasada! A sus pies, señora Tey«.

Lector, la mejor lectura policíaca de 2018.

También te gustará: La señorita Pym dispone; La hija del tiempo; El gran misterio de Bow

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La vida de Louise Arner Boyd. Aventuras árticas de una millonaria americana, de Joanna Kafarowski

El 29 de julio de 1926, Louise Arner Boyd partía rumbo hacia el Polo Norte en el barco expedicionario Hobby. Desde Tromsø (Noruega) en dirección norte, hacia la Tierra de Francisco José, el objetivo a cumplir era un viaje científico de seis semanas en el que Louise Arner iría al cargo de la fotografía y la intendencia a bordo. Escogió a Francis J. de Gispert como capitán del barco, al mando de la tripulación, y llevó como invitados a sus amigos españoles, los condes de Ribadabia. Aunque era el primer viaje ártico planeado, organizado y financiado por una mujer y, encima americana, el San Francisco Chronicle tituló la noticia como «Mujer de San Francisco en la caza del Ártico: Louise A. Boyd participa en viaje polar dirigido por ingeniero español«, artículo que la irritó bastante teniendo en cuenta su hazaña. Rica, inteligente, curiosa, aventurera, apasionada de los avances científicos, los viajes y la tecnología, Louise Arner organizó y financió hasta siete expediciones árticas entre 1926 y 1955. A lo largo de su vida estableció una respetuosa amistad y colaboración con prestigiosos científicos de su época, como Isaiah Bowman (Sociedad Geológica Americana) o Alice Eastwood (Academia de las Ciencias de California), que le reconocieron el valor y la valentía de sus investigaciones y exploraciones polares durante la primera década del siglo XX.

«Miembro de la alta sociedad. Filántropa. Geógrafa. Fotógrafa. Científica. Exploradora. Durante su vida, Louise Arner Boyd (1887-18972) fue todo esto. Al final, debería ser recordada como una original americana, una intrépida mujer aventurera que superó las barreras sociales impuestas a las mujeres de su categoría y de su tiempo, y que desafió el significado de ser «un explorador polar«. Louise persiguió sin temor el implacable deseo de penetrar lo más profundo posible en el círculo polar y descubrir sus secretos. Sus siete expediciones y la información científica que fue generada como resultado deberían asegurar que la importancia de Louise Arner Boyd es elevada al nivel de la de otros exploradores polares del siglo XX.«

Ediciones Casiopea
Colección: Biografía
350 páginas
Fecha de publicación: diciembre 2018
ISBN: 9788494848-61

La doctora Joanna Kafarowski es miembro de la Royal Geographical Society, de la Sociedad Geográfica Estadounidense y de la Society of Woman Geographers; su biografía sobre Louise Arner Boyd es la primera reivindicación oficial de esta destacada exploradora ártica, cuyas contribuciones en la investigación sobre el terreno del Polo Norte fueron valiosísimas para geógrafos, botánicos, cartógrafos y paleoclimatólogos, entre otros científicos. La vida de esta exploradora americana resulta, como poco, curiosa, apasionante en el contexto de la primera mitad del siglo XX, cuando todavía quedaban rincones del planeta vírgenes de cualquier pisada humana.

Kafarowski narra la biografía de Arner Boyd bien sustentada por una meticulosa investigación y con la habilidad de crear cierto suspense en el lector. La narración viene bien acompañada por fotografías y documentos gráficos históricos, así como por fragmentos de la correspondencia de la protagonista, que contextualizan magníficamente las expediciones y experiencias de una pionera del Polo Norte. No solo fue apasionante la vida de Louise Arner Boyd sino que, además, Joanna Kafarowski, ha sabido reflejar con mucho acierto la personalidad de su biografiada de tal manera que la aproximación a sus emociones resulta vívida y cercana. Por todo ello, esta es una lectura amena, interesante y muy recomendada para los espíritus curiosos y románticos que anhelan saber más de aquellos tiempos en los que no estaba cartografiada la totalidad del planeta.

Por la última frase del párrafo anterior ya podéis deducir que me ha encantado esta biografía. No conocía a la señora Arner Boyd y sus periplos por los hielos del norte me ha cautivado, excepto cuando se ponía en plan cazadora de osos (hay alguna foto repugnante al respecto, aunque debe ser contextualizada en su época, por supuesto, hagamos de tripas corazón de historiadora). Mientras la leía, pensaba en Las huellas de la vida de Tracy Chevalier, esa genial novelización de la vida de otra pionera, Mary Anning, descubridora y restauradora de los primeros esqueletos de ictiosaurio, plesiosaurio y pterosaurio, así como descubridora de los belemnites y de la importancia de los coprolitos. Pese a que las teorías y los descubrimientos de Anning fueron decisivos para el trabajo de los científicos de su época (Cuvier, Buckland, Agassiz, Lyell, Conybeare…), y abrió el camino para teorías posteriores tan decisivas como las de Charles Darwin, jamás se la aceptó en la London Geological Society (tenía que esperar sentada en los escalones de la entrada al edificio a que los hombres evaluaran sus aportaciones). Sin embargo, a diferencia de la primera despreciada y marginada paleontóloga (y cazadora de fósiles) de la Historia, a Louise Arner se la aceptó progresivamente en los círculos académicos y se la reconoció (con honores, medallas, premios y toponimia) por sus logros científicos. Quizás, la diferencia entre Mary y Louise es que la segunda realizó sus gestas científicas en la primera mitad del siglo XX en lugar de a mediados del XIX, lo que pondría cierta esperanza en el progreso de la civilización. O en que Mary Anning, además de mujer, no era precisamente ni millonaria ni americana ni guapa (adiós entonces a cualquier esperanza de civilización y progreso).

Lector, para exploradores del ártico en busca de Amundsen.

También te gustará: Las huellas de la vida; Viajes y exploraciones en el África del SurLa firma de todas las cosas; Dientes de dragón;

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