La tumba de Vera Thwait, de Ana Bolox

La vida en la campiña es agotadora para Crispin Horsfall que se ve obligado a repartir su ocioso tiempo entre torear las pullas del cartero, esquivar los interrogatorios inquisitoriales y los planes casamenteros de su madre, someterse al escrutinio y cotilleos varios de los habitantes de Wettingham, echarle una mano a su amigo Abel para despistar al personal o quedarse a cenar con el científico ermitaño del pueblo. Agotador. Si además consigue sacar tiempo para descifrar alguna inscripción mortuoria en el cementerio local, ofender gravemente a la hermosa Ada Royceston y resolver un asesinato, solo el universo sabe cómo es posible semejante prodigio.

«No era un hombre dado a la broma, en especial cuando esta podía llegar a considerarse de mal gusto, pero al ver al reverendo Horace Eccleston en cuclillas junto a una de las lápidas más antiguas del cementerio de Wettingham, armado con la lupa que solía utilizar para estudiar las tumbas, Crispin Horsfall sintió la repentina necesidad de asustarlo. Se acercó por detrás, levantó los brazos y…
—Buenas tardes, Crispin, ¿qué tal ha ido el viaje a Harrogate?»

Conocí a Ana Bolox después de leer Aracne y La muerte viene a cenar, la primera entrega de la saga Carter & West. Me gustó tanto su inteligente prosa, su estilo tan marcado y el retrato de Londres en los años 50 del siglo pasado, que desde entonces me declaro rendida admiradora de su literatura. Pero si pensaba que la autora ya no podía sorprenderme estaba muy equivocada; creía que Carter & West era mi saga preferida de Ana Bolox y va esta mujer y me presenta a Crispin Horsfall, Ada Roycestone, el reverendo Horace Eccleston, el cartero Jonathan Swift (¿a qué es genial?) y al resto de habitantes de Wettingham, y me secuestra para siempre en la campiña inglesa de los años 30.

Los principales encantos de esta novela corta de misterio son sus personajes, la aparente paz de la campiña de principios del siglo pasado, el humor British, la frescura de su planteamiento criminal y el ingenio de la autora para pergeñar diálogos y situaciones peculiares. Crispin es un protagonista carismático, algo zángano, solterón empedernido, que aspira a vivir en paz dedicado a sus aficiones, que son bastante sencillas e inofensivas pero que tienen la mala pata de entrar en contradicción con los deseos de su madre y vecinos, que prefieren verlo casado y dedicado a tareas más serias. A su alrededor, los habitantes de Wettingham brillan con luz propia: excéntricos, cotillas, inflexibles, misteriosos, eremitas, curiosos,… cada uno con sus rasgos de carácter y casi todos empeñados en meterse en la vida de los demás porque ¿qué más puede hacerse en el pequeño pueblecito de Wettingham? Pues resolver un asesinato, Crispin lo tiene clarísimo. Y no es que él lo haya buscado, es que las pistas están ahí para quien quiera verlas, y a observador no le gana nadie.

La tumba de Vera Thwait es una novela que se lee con placer y una sonrisa en los labios, con curiosidad por llegar al fondo del misterio y con la intriga de saber por dónde nos va a salir este Crispin. Me ha recordado un poco al encanto de las novelas de E.F. Benson, en cuanto a la observación de pequeñas comunidades inglesas egocentristas y cotillas, y a El asesinato de mi tía, por ese tira y afloja entre el protagonista y su dominante madre. En todo caso, ya sabéis que Bolox enamora por su toque British, así que no voy a descubriros nada nuevo.

Lector, pedirás más Crispin en cuanto lo conozcas.

Página de la autora: Ana Bolox

También te gustará: Aracne y La muerte viene a cenar; Quadrivium; Un cadáver muy frío; Muerte en los Hamptons;

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La tumba de Vera Thwait

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Los hermanos Willoughby, de Lois Lowry

Tim, Jane y los gemelos Barnaby A y Barnaby B son cuatro hermanos chapados a la antigua que un día deciden prescindir de sus espantosos padres. Tras dejar a un bebé pelmazo que ha aparecido en su puerta en casa de un próspero pero solitario fabricante de caramelos, están a punto de ultimar su plan anti-progenitores cuando sucede lo contrario: sus padres, inspirados por el cuento de Hansel y Gretel, deciden abandonarlos marchándose de vacaciones. Las únicas instrucciones para los cuatro niños son que quedan a cargo de una niñera recién contratada, que deben dejar la casa en cuanto esta sea vendida por la agente inmobiliaria y que no olviden dejar allí toda su ropa cuando se larguen. Los hermanos Willoughby están chapados a la antigua pero no están dispuestos a quedarse en la calle en ropa interior.

«-¿A ti te gustan nuestros hijos?
-Uf, no -respondió la señora Willoughby (…).- Nunca me han caído bien. Sobre todo ese que es tan alto. ¿Cómo decías que se llamaba?
-Timothy Anthony Malachy Willoughby.
-Sí, ese. Es el que peor me cae. Pero los demás también son insufribles. La niña lloriquea sin parar, y hace un par de días intentó convencerme para que adoptara a un bebé pelmazo.
Su marido se estremeció.
-Y luego están esos dos a los que no consigo diferenciar -prosiguió la señora Willoughby-. Los del jersey.
-Los gemelos.
-Sí, esos. ¿Por qué diantres tienen que parecerse tanto? No es justo que confundan así a la gente.«

Lois Lowry (Hawai, 1937) es una prestigiosa autora de literatura infantil y juvenil, ganadora de una Newbery Medal y conocida por el clásico de la ciencia ficción distópica El dador. Publicó por vez primera Los hermanos Willoughby en 2008 y el año pasado Editorial Anaya tuvo el acierto de traducirla al castellano en esta edición tan bonita que hoy os traigo.

Nos advierte la señora Lowry que esta es una historia muy cruel -¡Ni se te ocurra reír!- y que ha sido «escrita vilmente por su autora». No me digáis que con ese par de premisas no os entran ganas de ir corriendo a leerla. Los hermanos Willoughby es divertida (rozando el humor más negro), excéntrica, terrible, y con ese toque de malrollismo de los cuentos infantiles de los hermanos Grim. Te encandila por original, por su narración sin complejos (no es políticamente correcta y le importa un bledo) y por unos personajes que se salen de lo corriente y no pueden estar más alejados de cualquier cliché infantil o juvenil. Es una deliciosa sátira de las historias protagonizadas por familias chapadas a la antigua que no deja títere con cabeza.

No pienso explicaros nada más sobre el argumento o los personajes porque el libro apenas tiene unas 170 páginas y no quiero destriparos nada de nada. Lo recomiendo para lectores a partir de doce años en adelante, pero tengo la sensación de que ese humor negro, esa sátira tan procaz, es un regalo para los adultos más que para los pequeños de la casa. Os encantará a los que disfrutáis con Roald Dahl, Daniel Handler (Lemony Snicket), Eoin Colfer o David Walliams, y a los que os chifló Matemos al tío (ojocuidao, Los hermanos Willoughby es un pelín más blando y mucho más sátira de las historias victorianas) y os apetece una versión más infantil, pero igual de divertida e imaginativa.

Lector, una parodia de los cuentos infantiles victorianos tan ingeniosa que te hará reír.

También te gustará: Las brujas; Matemos al tío; ¡Abajo el colejio!;

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Al este del edén, de John Steinbeck

A principios de siglo, en el Valle de Salinas, California, los Trask se asientan en la mejor tierra de la zona. Sus vecinos, los Hamilton, son una familia capaz de volar sin alas, libres y singulares. Los Hamilton no son ricos, ni poseen buenas tierras, pero tienen la mayor riqueza de todas: se tienen los unos a los otros. En cambio, Adam Trask, acomodado y con suerte, parece tenerlo todo excepto quien le ame. Nacido en un hogar regido por la más absoluta austeridad emocional, Adam y su hermano Charlie acabaron enfrentados por el amor de su padre pero, sobre todo, por la contraposición de sus naturalezas opuestas.

«Pero también hay hombres que se sienten en su corazón amigos de todo el mundo, y hay otros que se odian a sí mismos y que esparcen su odio en torno a ellos como la mantequilla sobre una rebanada caliente.«

John Steinbeck publicó Al este del edén por vez primera en 1952 y le aseguró a su editor que era la novela que siempre había querido escribir sobre el bien y el mal, la obra definitiva sobre el mito de Caín y Abel. Quizás por eso resulta algo complicado redactar la sinopsis de este libro, porque el resumen es justamente ese: la confrontación entre el bien y mal encarnados por dos hermanos. Así que los lectores que se esperen otra crónica estadounidense tan impresionante e impactante como Las uvas de la ira, ya estais advertidos de que no van por ahí los tiros (aviso porque yo me frotaba las manitas pensando que me encontraría con un retrato de los pioneros del Valle de Salinas a principios del siglo XX y no).

He leído esta novela con la iniciativa del Club Literario Macondo, lo que me ha permitido seguir la guía de lectura de Jan Trotalibros (¡muchísimas gracias, querido alcalde de Macondo!); una guía inestimable que nos proporcionaba las cartas de Steinbeck a su editor, perfectas para no perderse ninguno de los matices de Al este del edén. Por eso recomiendo acompañar la lectura de esta  novela con Journal of a novel: The east of eden letters (1969), cartas recopiladas por el mismo autor. Recuerdo especialmente algún capítulo de la infancia de Adam Trask (el del enfrentamiento con su hermano Charlie) que no hubiese entendido del todo sin conocer las reflexiones del autor en estas cartas. Y es que esta novela es un continuo debate biblíco sobre Caín y Abel, sobre las interpretaciones humanas de esa dualidad y sobre el libre albedrío en contraposición a la moralidad establecida. Porque aunque John Steinbeck dice que Al este del edén va sobre el bien y el mal, también trata sobre la capacidad del ser humano para decidirse por uno u otro (el famoso trimshel o libre albedrío).

Cuestiones bíblicas y morales aparte, he disfrutado especialmente de la narración histórica de esta novela. La mirada sobre el valle de Salinas a principios de siglo, los cambios, la economía o la brillante exposición de la Primera Guerra Mundial y la intervención norteamericana en el conflicto que narra Steinbeck, respalda mi opinión de que el autor es uno de los grandes cronistas estadounidenses del siglo pasado (como ya demuestra en Las uvas de la ira o en The moon is down). Además, el autor nos presenta a su propia familia materna, los inolvidables Hamilton, sitúa la acción en la ciudad de Salinas de su infancia, y él y su hermana aparecen en estas páginas brevemente, cuando eran pequeños; recuerdos de infancia narrados desde la memoria.

Junto a la magnífica crónica de Salinas y California a principios del siglo XX, destacan los extraordinarios personajes de John Steinbeck: Sam Hamilton, Adam Trask, Cathy, Aron y Caleb… Todos ellos matizados y muy bien caracterizados tanto a través de la instrospección individual como a través de los diálogos. Steinbeck dota así a cada personaje de su voz particular, personalísima, y de una personalidad y comportamiento psicológico meditados y diferenciados. Por eso Al este del edén también puede considerarse una novela de pesonajes, con capítulos tan memorables como el del vuelo de Olive Hamilton, o el del reencuentro de los hermanos Tom y Dessi Hamilton, o las escenas finales entre los Trask. Y es justo hacia el final, cuando ya tenía bien definida mi lista de personajes amados u odiados, cuando me di cuenta de que Lee era el alma de esta novela.

Lector, recuerda que la película solo adapta la última parte de esta gran novela, ¿te vas a perder el resto?

También te gustará: Los Buddenbrook; Los hermanos Karamázov; Las bostonianas; La señorita McKenzie; Papá Goriot; Lejos del mundanal ruido; Qué verde era mi valle

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Guía para asesinos sobre el amor y la traición, de Virginia Boecker

Octubre, 1601, Cornualles. Richard Arundell, noble al servicio de la reina Elisabeth es asaltado en su casa acusado de prácticas católicas. Su única hija, Katherine, logra huir disfrazada de muchacho y acompañada por uno de los mozos de cuadra de su padre. La única oportunidad que tiene para sobrevivir, y vengarse, en el caótico y peligroso Londres, es contactar con sir Catesby y unirse a su complot católico para derrocar a la reina. Tobias Ellis, espía al servicio de su majestad, es requerido por George Carey, Lord Chambelán, para que le ayude a descubrir a los nobles católicos antes de que atenten contra la vida de la soberana. Cuando la reina le encarga a William Shakespeare una nueva obra para la noche de Reyes, Ellis aprovecha la oportunidad para tender una trampa a los conspiradores: con hábiles maniobras se asegura de que el posible regicida participe en la obra de teatro del famoso dramaturgo.

«Katherine Arundell era devota, callada, obediente y siempre, siempre tenía miedo. En el momento en el que me convertí en Kit Alban, empecé a ser alguien distinto. Alguien que no pedía permiso para hablar o actuar; alguien que decía y hacía exactamente lo que quería y no lo que se esperaba de él. Alguien que por fin se sintió con permiso para decidir quién quería ser en realidad.«

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Es la primera vez que leo una novela de Virginia Boecker y confieso que fue porque me encantó ese título tan espectacular y lleno de promesas —desde Moriré besando a Simon Snow que no me había cautivado tanto el título de una novela— y porque en la sinopsis me anunciaban que salía William Shakespeare. Además, las críticas hablaban de una buena ficción histórica y de un thriller político, ¿y qué historiadora puede resistirse a todo eso? Yo no, desde luego. Por todo esto y mucho más (que ahora os explico) me lo he pasado en grande con Guía para asesinos sobre el amor y la traición (¿a qué el título mola?).

Virginia Boecker mezcla con acierto personajes históricos reales con sus protagonistas de ficción para afianzar un estupendo contexto histórico en el Londres de 1601, bajo el dominio de la última reina Tudor, Elisabeth I, la reina virgen. Acaban de ajusticiar a Essex por conspirar para asesinar a la monarca, así que los ánimos están bastante encendidos contra los católicos. Por suerte, el Lord Chambelán tiene a sus órdenes al mejor de los espías, Tobias Ellis, discípulo del fallecido Christopher Marlowe, al que no se le ocurre otra cosa que protagonizar Noche de Reyes, de William Shakespeare, para cazar a los nuevos conspiradores y, de paso, volver loco al pobre Bardo. Y si Ellis es Orsino, Katherine/Kit será Violet. ¿Os suena? Para mí, esta historia tiene agradables ecos de Shakespeare in love, esa peli de John Madden tan divertida sobre una chica que se hace pasar por chico para interpretar a una chica en una obra de teatro de Will.

En 1601, la mujeres no podían subirse a un escenario (iba a decir que no podían ser actrices, pero con todo lo que tenían que fingir en esa época mejor pongo lo del escenario); tampoco es que pudiesen hacer demasiadas cosas a parte de obedecer en todo a los hombres, por eso Katherine Arundell, la protagonista, siente la libertad de hacerse pasar por un chico. Y este es uno de los puntos fuertes del personaje, que además de sus remordimientos, tristeza y confusión, descubre por vez primera lo que es vivir sin miedo, moverse por la ciudad totalmente a su aire por el simple hecho de llevar pantalones. Toby Ellis, el espía, ya es un personaje interesante desde la primera página, por todos los secretos que maneja, sus habilidades de espía y sus ansias de libertad.

«—Los escritores son seres inseguros y temperamentales. Me atrevería a decir que son más complicados que las reinas.«

La situación política está magníficamente explicada y los personajes reales, así como el Londres de principios del siglo XVII, muy bien documentados. Me ha gustado especialmente toda la trama teatral, con William Shakespeare y los actores del Lord Chambelán (Burbage y las escenas de taberna, los ensayos…), los tramoyistas, The Globe y The Rose, el caos entre bambalinas, Orsino y Violet… El suspense a cargo de la conspiración, la situación política y la trama teatral, en mi opinión, hacen de esta novela una historia interesante, entretenida y curiosa que te invita a leer hasta el final. Aunque también me ha parecido muy acertado que Boecker no entrase en disquisiciones morales o religiosas: no victimiza ni a católicos ni a protestantes, y además hace una reflexión muy interesante sobre la Inquisición y el ojo por ojo.

«—Tengo la teoría de que nadie que sea feliz decide ser escritor (…). Y menos para escribir poemas. No cuando todos giran alrededor de la muerte inesperada y el amor no correspondido y el deseo insatisfecho.»

He leído en algunas reseñas que acusan a la historia de amor entre los protagonistas de demasiado forzada. No me lo ha parecido, pienso que se desarrolla con naturalidad y resulta creíble (y bonita), el problema, quizás, es que no hacía falta ninguna historia de amor en esta intriga histórico-política de espionaje. Hubiese funcionado igual de bien sin ella. Sin embargo, me imagino a la editora de la señora Boecker insistiendo «Debe haber una historia de amor. Es imprescindible. El amor mueve el mundo. El amor vende novelas. Pon la historia de amor y así enganchamos también a tus lectores young adult.» Porque, así entre nosotros, Guía para asesinos sobre el amor y la traición la recomendaría como lectura adulta pero, en parte por culpa del cuelgue amoroso, también encaja en la categoría de young adult.

Lector, una entretenidísima incursión en el Londres de 1601, salve regina Elizabeth, con Will tan genial como nos lo imaginamos.

También te gustará: Las verdaderas confesiones de Charlotte Doyle; Un cuento oscuro; El emperador destronado

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Querido autor, o cómo rechazar una obra maestra, de Riccardo Bozzi

Imaginad que en el siglo XXI, el editor de Shakespeare le escribe una carta advirtiéndole que si no deja de llamar moro a Otelo tendrá que rechazar su obra, que ya le riñó severamente sobre sus tendencias racistas en El mercader de Venecia y que lo ha vuelto a hacer. O que el editor de Melville le pida que cambie a la ballena por un delfín porque son más simpáticos. A Fiodor Dostoievski, su editor actual le recomienda que lea a Agatha Christie para ponerse al día con los whodunits porque Crimen y castigo deja un poco que desear al respecto. Y a Charles Dickens no van a publicarle más novelas de huérfanos pobres porque empiezan a ser demasiado recurrentes.

Estas son las cartas imaginarias que un editor de nuestro tiempo bien podría escribir a los grandes autores de la literatura porque sus obras no se ajustan a la corrección política de este siglo o a los gustos y modas del sector. Cartas de rechazo, tirones de orejas, sugerencias o cambios editoriales, todo con el más acerado sentido del humor y la complicidad de los lectores.

«Señor Alighieri:
Creo entender que lo que usted pretende es explotar el subgénero de los misterios italianos antiguos que tanta fortuna le ha traído a Dan Brown, pero su texto es más bien oscuro. Por no mencionar lo de que esté escrito en endecasílabos.
No le veo mucha salida editorial, me temo.
Además la parte del infierno no nos gusta demasiado.«

Hace un par de semanas, quejumbrosa por los días grises, vi que José C. Vales hablaba de Querido autor y pensé que una dosis de humor literario me vendría de perlas para olvidarme de mis estúpidos pesares ¡Lo que me he reído con este librito de la Editorial Avenauta! (Además es amarillo, un faro de color entre el gris que nos rodea). Riccardo Bozzi se inventa las cartas de rechazo, o de cambios editoriales, para más de cincuenta clásicos de la literatura universal. Dirige las misivas a sus respectivos autores señalándoles por qué sus obras están fatal y no van a ser publicadas, o qué cambios deben realizar en los manuscritos si aspiran a algún éxito editorial. Me parto. Los consejos y advertencias de los editores imaginarios son bastante crueles pero terrible y tristemente ajustados a los cánones de la literatura de nuestro siglo. Jane Austen, William Shakespeare, Hemingway, Sófocles, Homero, Gabriel García Márquez… todos reciben una misiva criticando sus aspiraciones literarias por alguna de sus obras maestras. El resultado es un librito descacharrante que los enfermos de literatura como nosotros disfrutamos entre carcajadas.

Me he reído mucho con las cartas para Charles Dickens, las Shakespeare, las de Melville, la de Camus o la de Nostradamus, entre otras. Creo que cada lector encontrará sus favoritas y las releerá en cualquier tarde gris de esas en las que el abatimiento se nos echa encima y no podemos con nuestra rutina. Querido autor, o cómo rechazar una obra maestra se lee en una tarde, entre carcajadas, se comenta en voz alta con otros lectores y se guarda como tesoro para volver a abrirlo como botiquín de emergencia. Los textos de Riccardo Bozzi son divertidos, irónicos y a veces muy bestias, y las ilustraciones de Giancarlo Ascari y Pia Valentinis son geniales, sobre todo los retratos de los autores.

Lector, para llevarle la contraria a los clásicos con mucho sentido del humor y una pizca de maldad.

También te gustará: Diario de un librero; Cosas raras que se oyen en una librería

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