En 1775, a unas doce millas de Londres, John Willet, probablemente uno de los hombres más lentos del planeta, regenta la posada de Maypole. Por las noches, junto al fuego, sus amigos recuerdan historias del pasado, como la noche en la que asesinaron a Reuben Haredale y a su mayordomo en la casa Warren, la misma noche en la que nació Barnaby Rudge, el muchacho feliz que danza libre de un lado para otro, llevando recados para sus vecinos y con dos únicos amigos: su cuervo Grip y el salvaje mozo de cuadras del Maypole, Hugh. Cinco años después, cuando Lord Gordon presenta en el Parlamento su propuesta contra suavizar las leyes anticatólicas, el Maypole y John Willet y sus amigos siguen reunidos alrededor del fuego, pero todo está a punto de cambiar: el señor Haredale, hermano de Reuben, sigue tras la pista de su asesino, la familia de Gabriel, el cerrajero de La llave de oro, corre un grave peligro, y Hugh engaña a Barnaby para que lo siga en su campaña de locura y destrucción que el discurso de odio de Lord Gordon está a punto de desatar en las calles de Londres.
«Todos son, sin embargo, buenos protestantes, pero es forzoso creer que esos protestantes tienen una terrible afición por las cucharas y la vajilla de plata en general, cuando se dejan abiertas por descuido las puertas de la cocina. Me alegraré de que no suceda otra cosa peor, pero si no contenéis a tiempo a esa chusma de perdidos, señor Gashford, porque me consta que vos atizáis el fuego, os aseguro que se os subirán a las barbas y que el día menos pensado los protestantes os ahogarán entre sus brazos, cosa que no ha hecho nunca hasta ahora María I de Inglaterra, o al menos no lo he oído contar.«

Barnaby Rudge fue una de las primeras novelas que escribió Charles Dickens aunque no apareció publicada hasta 1840-41, por entregas, en la revista semanal Master Humphrey’s Clock. Junto con Historia de dos ciudades, es la única novela larga de carácter histórico que escribió el autor, y la crítica literaria posterior le encontró influencias de sir Walter Scott o William Harrison Ainsworth. Menos célebre que otros títulos dickensianos, y aunque Barnaby Rudge sea una obra temprana del gran novelista y no resulte del todo redonda, el estilo y el genio dickensianos, así como su temática recurrente, están muy presentes en estas páginas, por lo que resulta extraño que solo exista una traducción al español (Belacqva Ediciones, 2007. Traducción de Ramón González Férriz) y esté descatalogada.
Barnaby Rudge está ambientada en el verano de 1780, cuando en Londres tuvieron lugar los Gordon Riots. Reinaba Jorge III y Gran Bretaña pasaba por una crisis económica y comercial provocada por las guerras coloniales: los levantamientos en la India y la guerra de la independencia de las colonias americanas. El Parlamento modificó la antigua ley de Papistas de 1698 para facilitar que los católicos se incorporasen a las levas militares que se enviaban a luchar a las colonias (ya que necesitaban más tropas con desesperación) y Lord Gordon lideró una protesta en contra, arengando a la población sobre los peligros de que los católicos dominasen el país. Aunque el Parlamento no aceptó la propuesta de ley de Gordon por considerarla absurda (los ciudadanos ingleses católicos no tenían intención alguna en restaurar la Inquisición y pagaban tantos impuestos o más que los protestantes), los ánimos estaban tan exaltados que Londres fue asolada por una horda de ciudadanos que, al grito de «abajo el papismo», destruyó y quemó propiedades burguesas y aristócratas, barrios e iglesias católicas, y asaltó las prisiones para rescatar a los detenidos.
Dickens plantea una trama de asesinato y venganza, de amores imposibles y de un tipo de aristocracia a punto de extinguirse de pura inutilidad (recordemos que la Revolución francesa está al caer en el país vecino). Pero sobre todo borda el retrato de Londres en 1780 y del desastre que supone que la sociedad ignore a las clases trabajadoras privándolas de educación, de las herramientas para que piensen por sí mismos y puedan detectar la mentira y la extorsión en las voces de líderes políticos sin escrúpulos. Barnaby Rudge entrelaza tramas ficticias de misterio, tragicomedia, aventura y romance con una brillante crónica a pie de calle de los disturbios, cruzando los destinos de personajes reales con los magníficos protagonistas de ficción a los que el autor nos tiene acostumbrados (Gabriel Varden es mi preferido). Las excelentes dotes periodísticas de Charles Dickens, que había trabajado cubriendo sucesos, ejecuciones y juicios, ofrecen un retrato vívido y terrible de los hechos históricos, destacando la comprensión de los peligros de una masa enfurecida, la ineptitud del sistema legal británico de la época o la estupidez de algunos políticos y cargos gubernamentales.
Lectora, un Dickens histórico.
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