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Circe, de Madeline Miller

La rivalidad entre dioses olímpicos y titanes derivó en una guerra abierta que exterminó a estos últimos a manos de sus rivales, infinitamente poderosos. Solo dos titanes y sus respectivas estirpes sobrevivieron como aliados de Zeus: Helios y Océano. Circe, hija del titán Helios y la ninfa Perseis, poco recuerda de la guerra, toda su vida encerrada en el palacio de su padre, entre sus familiares, entre intrigas, envidias y maldades. Algo no encaja en su divinidad, se percibe distinta al resto de inmortales, pero no entiende qué es hasta que Zeus castiga a Prometeo y solo ella le muestra compasión. A medida que pasan los años, Circe comprende que ninguna divinidad es compasiva o empática, que jamás sienten amor más que por sí mismos, que solo saben de engaños, de odio, de venganzas… como sus hermanos Perses, Pasífae y Eetes. Cuando al fin descubre su verdadera naturaleza, traicionada por el amor y el deseo, Zeus la destierra a la isla Eea. Lejos de sentirse castigada, Circe hará de su pequeño paraíso un hogar en el que desarrollar sus dotes de brujería y seguir los dictados de su corazón.

«—La guerra siempre me ha parecido una opción absurda para los humanos. Ganen lo que ganen con ella, solo tendrán un puñado de años para disfrutarlo antes de morir. Y lo más probable es que perezcan en el intento.
—Bueno, está la cuestión de la gloria. Pero ojalá hubieras podido hablar con nuestro general. Podrías habernos ahorrado un montón de problemas.
—¿Por qué razón luchabais?
—A ver si recuerdo la lista. Venganza, lujuria soberbia, avaricia, poder… ¿Qué me dejo? Ah, sí, vanidad y rencor.
—Suena como un día cualquiera entre los dioses.«

Madeline Miller es una escritora norteamericana licenciada en Filología clásica que debutó con la novela Aquiles, aunque fue Circe el título que la colocó entre las autoras más leídas de la lista del New York Times. Circe es una interpretación del mito clásico de la titán que se convirtió en la primera bruja de la Historia, una mujer poderosa y compasiva, que parecía no encajar entre los dioses, pero tampoco entre los mortales. A través de esta narración de la epopeya de Circe, escrita en primera persona desde el punto de vista de la diosa, Madeline Miller nos lleva de la mano a través de algunos de los mitos más conocidos de la Antigüedad: el castigo de Prometeo, el nacimiento del Minotauro, las creaciones de Dédalo, las aventuras de Ulises, Jasón y Medea, Telémaco y Penélope, Escila y Caribdis…

Esta es una novela que conviene abrir sin expectativa alguna, haciendo oídos sordos de las críticas. Circe es una novelización de un mito clásico, pero también una interpretación libre e imaginativa sobre la primera bruja de la Historia. Con una prosa casi espartana, al principio áspera —quizás así me lo pareció porque venía de leer la suave delicadeza de Maggie O’Farrell— y, a medida que pasan las páginas, más segura y elegante, Madeline Miller nos presenta a una diosa que rechaza su divinidad en cuanto comprende que esta significa crueldad, vanidad y egoísmo. Me ha parecido una interpretación bien tramada y sustentada, original, que mantiene el ritmo y el interés pese a que los lectores conozcamos la historia y a sus protagonistas. Me ha gustado especialmente su versión de Ulises y de sus aventuras, aunque me ha faltado un pelín de valentía a la hora de reivindicar el empoderamiento de la diosa protagonista en un relato que siempre estuvo en voces masculinas. Supongo que, en este sentido, he echado de menos la fuerza de Ursula K. Le Guin en Lavinia.

Lector, una visión peculiar y bien sustentada del mito clásico.

También te gustará: Lavinia; Penélope y las doce criadas; Memorias de Adriano; Antígona

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Hamnet, de Maggie O’Farrell

A mediados del siglo XVI, en el pueblo inglés de Stratford, en Warwickshire al sur de Birmingham, un niño llamado Hamnet entra desesperado en el taller de guantes de su abuelo John en busca de un adulto; su hermana gemela, Judith, se ha puesto enferma y está sola en la casa familiar. Quince años antes, una hermosa muchacha de largo pelo oscuro y ojos verdes, se pasea por la linde del bosque con un halcón y hechiza para siempre el corazón inquieto del preceptor de latín de sus hermanastros. El joven preceptor será el padre de Hamnet, pero esa mañana gris y brumosa en la que ve por vez primera a Agnes Hathaway, solo sabe que se ahoga bajo la terrible sombra de un padre airado y maltratador y que la muchacha de ojos verdes está a punto de convertirse en pura esperanza.

«A eso no puede renunciar, no puede quedarse aquí, en esta casa, en esta villa, en los márgenes del negocio de los guantes, ni siquiera por su mujer. Se atascaría en Stratford para siempre, como un animal con una pata atrapada en un cepo de hierro, con su padre en la casa de al lado y su hijo frío y pudriéndose bajo tierra en el cementerio de la iglesia.«

Esta es la primera vez que leo a Maggie O’Farrell, una escritora irlandesa con varios títulos en su haber y el beneplácito de la crítica literaria y el público. Antes de abrir Hamnet sabía que era una novelización sobre la juventud de William Shakespeare, desde el momento en el que conoce a su esposa hasta que su —supuesto— hijo Hamnet muere. Los lectores que estamos familiarizados con la figura del Bardo sabemos que se conserva muy poca información sobre su vida y muchas especulaciones, así que una obra de ficción sobre su misterioso matrimonio nos resulta, como mínimo, curiosa. Y, en mi opinión, funciona exactamente como lo que promete la autora en la nota editorial, como una novela de ficción.

La prosa de Maggie O’Farrell es delicada y descriptiva y fluctúa con mayor o menor rapidez según el calculado efecto de la autora (O’Farrell es una maestra del ritmo). El resultado es una novela de lenguaje exquisito y pasajes bellísimos, casi oníricos, que tan pronto golpea y conmociona al lector por su tristeza como lo acuna en una narración pausada y llena de paz. Además del estilo y de la riqueza narrativa de Hamnet, me ha interesado especialmente la original historia que inventa para Shakespeare y su familia durante quince años de su vida y el carisma de sus personajes. Por encima de la trama, Hamnet es una novela de personajes bien matizados, complejos, auténticos y creíbles más allá de su siglo: John, sombrío, tirano, maltratador, Bartolomew, protector, sensato, Susanna, Mary, Judith… Entre todos los que desfilan por sus páginas, destaca por derecho propio la extraordinaria Agnes, ese espíritu de los bosques con poderes de bruja que poco a poco se hace casi con el protagonismo absoluto de la novela.

«Agnes entra en la iglesia sabiendo que lleva tres cosas. La alianza en el dedo, el racimo de bayas de serbal en una mano y la mano de su marido en la otra.«

Maggie O’Farrell inventa para Shakespeare una historia de tristeza, pero también de liberación, con un final bello y terrible que deja boquiabierto al lector. En Hamnet, la autora especula sobre por qué el Bardo se machó solo a Londres dejando tras de sí, y para siempre, a toda su familia; pero sobre todo da protagonismo a la esposa olvidada, a Agnes/Anne Hathaway, a quien, de nuevo misteriosamente, como todo en la vida del mayor autor literario inglés, su marido le dejase en el testamento su segunda mejor cama.

Lector, qué bonito escribe Maggie O’Farrell.

También te gustará: Shakespeare; El sabor de las penas

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Cuentos de brujas de escritoras victorianas (1839-1920)

Peter Haining (Middlesex, 1940 – Londres, 2007) fue un escritor, periodista y editor inglés que dedicó gran parte de su trabajo editorial a publicar novelas y relatos sobre misterio y fantasía. En 1971 publicó A Circle of Witches. An Anthology of Victorian Witchraft Stories, de la que Alba Editorial tradujo y editó Cuentos de brujas de escritoras victorianas en octubre de 2019. Explica Haining en su nota inicial que muchas escritoras victorianas se interesaron por la brujería, tema que conectaba muy bien con el gótico y la literatura de misterio y terror tan popular en su época, pero también como una manera para refutar y combatir la superstición de siglos pasados. Se trata, pues, de una antología de investigaciones y cuentos sobrenaturales escritos por autoras victorianas y divididos en una primera parte de no ficción y en una segunda de ficción. Entre otras, encontraremos narraciones de Eliza Lynn Linton, escritora y primera mujer periodista, Lady Wilde, centro del salón literario dublinés más prestigioso de mediados del siglo XIX y madre de Oscar Wilde, Mary Lewes, Catherine Crowe, Amelia Edwards, autora de Mil millas Nilo arriba, Anna Kingsford, una de las primeras mujeres licenciadas en medicina, H. D. Everett o Mary Crawford Fraser.

«Si a una anciana malhablada se le ocurría dirigirle a un vecino un puñado de palabras más destempladas de la cuenta y, a raíz de esto, por el miedo o como venganza, el vecino sufría o fingía un ataque de nervios, se encerraba a la anciana de inmediato en el calabozo, y solo unas pocas posibilidades de escapar se interponían entre ella y la hoguera. La destreza para curar era, asimismo, tan peligrosa como la capacidad de hacer enfermar (…) quien aplicaba estos remedios podía tener la fatal seguridad de que acabaría al pie de la horca, siendo el testimonio de aquel amigo al que había sanado el ramal más resistente de la soga.»

Mis páginas favoritas de Cuentos de brujas de escritoras victorianas han sido las de la autora Eliza Lynn Linton (1822-1898), de quien Haining recoge los capítulos dedicados a describir los casos más famosos de brujería, desde el siglo XVII hasta el XIX, en Inglaterra y en Escocia. La autora narra los juicios por brujería más sonados, las acusaciones y los extraños hechos documentados por fuentes coetáneas a los terribles sucesos. Linton se pregunta por qué las brujas siempre eran viejas, feas y pobres, y, si tenían poderes mágicos, por qué no los empleaban para huir de su prisión y sus torturadores o para conseguir riquezas y todo lo que se les antojase. Su narración de los hechos tiene un tono de incredulidad, de sarcasmo, que casi resultaría divertida si no fuese por lo terrible de lo que está contando: la facilidad con la que cualquiera podía acusar a un vecino de brujería, la facilidad con la que un juez admitía la acusación más peregrina, las terribles torturas, las condenas a morir en la hoguera, las personas inocentes que murieron y fueron salvajemente torturadas por el capricho de otro… Nada tiene sentido, nos dice Eliza Lynn Linton desde estos capítulos de no ficción, porque los casos de brujería no tienen nada que ver con la Razón sino con el Miedo. Su voz moderna, periodística e inteligente, contrasta con el compendio de historias verídicas absurdas y terribles.

De la parte de ficción, me he reído muchísimo con El espectro de la bruja, un relato anónimo, basado en hechos reales, que se publicó por vez primera en 1845 en la revista The Dublin Review, dirigida durante muchos años por Sheridan Le Fanu. Trata sobre un párroco irlandés que de vuelta a casa por la campiña se cruza con unas piernas sin cuerpo que se niegan a contestar las preguntas del buen señor porque han dedicado toda la mañana a succionar leche de vacas ajenas. Esta no es la única narración enloquecida de una antología que tiene más de curiosa que de terrorífica y en la que la calidad de los fragmentos y cuentos resulta desigual. En general, ha sido una lectura grata, original e interesante, sobre todo los capítulos de no ficción, pero un poco decepcionante en lo que concierne al interés literario y argumental de algunos de los cuentos. Sin embargo, el mayor inconveniente de Cuentos de brujas de escritoras victorianas es que el editor Peter Haining no fue del todo sincero con el título de su antología: brujas vais a encontrar poquitas en este libro; no solo porque la parte de no ficción ya deja claro que no cazaron a ninguna con poderes sobrenaturales sino porque en los cuentos de ficción apenas aparecen un par de brujas entre narraciones de espíritus, maldiciones, fantasmas y posesiones demoníacas.

Lector, Linton es extraordinaria y los relatos te gustarán si no eres asiduo de los clásicos de terror.

También te gustará: Las brujas de Salem; La mujer de púrpura; Criaturas; En el tiempo de las hogueras

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El idioma de la noche, de Ursula K. Le Guin

El idioma de la noche es un compendio de artículos, discursos y fragmentos de charlas literarias de la escritora de ciencia ficción Ursula K. Le Guin. Le Guin reflexiona sobre el cieno saurio, el oficio de escribir, sobre la imaginación, sobre los diferentes géneros literarios, el bien y el mal en los cuentos de hadas, los héroes, sobre la educación, los sueños, el feminismo y la mirada del otro, pero, sobre todo, este libro va de dragones. Gretel mete a la bruja en el horno y está bien, Andersen es cruel, sádico y honesto, los animales siempre están del lado del héroe y todos deberíamos aceptar nuestro lado oscuro. La ciencia ficción es un ejercicio intelectual que crea mitos para entender el mundo, aunque a menudo se la haya tachado de escapista —¿qué literatura no lo es?—, y nadie mejor que una de sus autoras más íntegras y originales para reivindicarla desde estas fabulosas páginas.

«Tanto si se vale de los antiguos arquetipos del mito y la leyenda como de los nuevos arquetipos que ofrecen la ciencia y la tecnología, el escritor de fantasía puede hablar tan en serio como un sociólogo (y de forma mucho más directa) sobre cómo vive el hombre, y cómo podría o debería vivir. Al fin y al cabo, como han dicho los grandes científicos y como todos los niños saben, es sobre todo gracias a la imaginación como adquirimos percepción, compasión y esperanza.«

Ursula K. Le Guin publicó por primera vez este compendio de artículos y reflexiones en 1979 y ha permanecido inédito en castellano hasta diciembre de 2020, cuando la Editorial Gigamesh lo llevó a las librerías. Es complicado señalar en tan pocas líneas qué encontraréis en este libro porque la autora tiene un don extraordinario para lanzar ideas, de manera brillante y poderosa, en apenas un par de líneas; por lo que El idioma de la noche es una lectura de muchas lecturas, una invitación a abrir un montón de melones sobre literatura, lectores y escritores.

Soy incapaz de desligar El idioma de la noche de las circunstancias de mi lectura: al alimón con mi amiga Laura Gomara, al ritmo de un capítulo por día, con un montón de notas de audio posteriores para comentar esta o aquella idea. Si bien cada una de nosotras escogía sus ideas y pasajes favoritos, coincidíamos en lo fundamental y a menudo nos encontrábamos reflexionando a la par que Ursula K. Le Guin; la autora nos había abierto un sendero bellamente iluminado en el que nos adentrábamos entusiasmadas. Y puede que las curvas y los guijarros de ese camino fuesen viejos conocidos nuestros, pero nunca los habíamos contemplado bajo una luz tan clara.

He disfrutado especialmente con la argumentación de los mitos y los arquetipos en la literatura fantástica y de ciencia ficción, con la reivindicación de la autora sobre la verdad y la belleza en la literatura y el lenguaje, con sus apuntes sobre cómo despertó su conciencia feminista y esa visión tan personal y honesta sobre el oficio de escribir. Puede que este sea un libro perfecto para los escritores, pero creo que también lo es para los lectores que no escriben; es un placer encontrarse con la voz íntegra, inteligente y divertida de Le Guin charlando sobre sus autores preferidos y sobre por qué considera algunas obras tan geniales. Las menciones y ejemplos alrededor de dos autores tan queridos para mí como Dickens y Tolkien no solo me han causado un profundo entusiasmo sino, también, un reencuentro agradable y familiar, una hora del té tan inesperada como fabulosa. Qué maravilla «escuchar» a Ursula K. Le Guin.

Lector, un ensayo literario honesto y brillante.

También te gustará: Ex-libris, confesiones de una lectora; La casa de una escritora en Gales; Signatura 400; Un hobbit, un armario y una gran guerra

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Tierra de clanes, de Sam Heughan y Graham McTavish

Sam Heughan y Graham McTavish son dos actores escoceses que, pese a poseer una sólida carrera sobre los escenarios teatrales, han alcanzado fama internacional gracias a la adaptación para televisión de la saga Outlander, de Diana Gabaldon. Dotados de un peculiar sentido del humor, de un profundo romanticismo a lo Walter Scott y de un sincero amor por la tierra, la historia y la cultura de sus ancestros, estos dos amigos recorren las Highlands con sus kilts, su nostalgia y su buen rollo. Entre anécdotas, paisajes y castillos, Sam y Graham reflexionan sobre la historia Escocesa, los clanes, las batallas de Glencoe o de Culloden, las claymore, el caracter indómito de la tierra, la literatura de Cawdor, los vikingos, la herencia de Yule, Beltane o Samhein, el whisky o las Munro.

«Hoy no bromeamos tanto porque ambos estamos pensando en Culloden y la visita que nos espera. Es el culmen de nuestro viaje y nos conmueve al ser escoceses (y miembros del reparto de Outlander) porque sabemos lo significativo que este punto de la historia fue para nuestra tierra natal.«

El Ingeniero, que sabe de mi amor por un país que tiene un unicornio como animal nacional, un montón de castillos con fantasmas, Macbeth y la Scott View, me regaló Tierra de Clanes por Sant Jordi. Lo he leído despacio, saboreándolo como un buen whisky de Glencoe, un capítulo cada noche antes de ir a dormir. No importa que no sea fan de Outlander y que apenas conozca a estos dos autores, me ha parecido que juntos hacían magia. Su complicidad, su profunda amistad y su socarrón humor escocés hacen de este libro una aventura nostálgica y bella a través de las highlands, pero también una reflexión personalísima de Sam Heughan y Graham McTavish sobre sus respectivas carreras profesionales y experiencias vitales, dos viajeros a los que la aventura  escocesa cambia la mirada para siempre.

Han transcurrido unos cuantos años desde que visité las highlands. Recuerdo que fue a principios de agosto, que encontré más ovejas que personas a lo largo de la ruta y que a menudo debía enfundarme el polar. El paisaje era tan hermoso que daban ganas de llorar, seguir la pista de sir Walter Scott, de Wallace o de Macbeth era un privilegio histórico-literario, las ruinas góticas de las abadías, los castillos, la historia de los clanes, todos aquellos lagos y la isla de Skye… Mientras leía Tierra de clanes me di cuenta de lo mucho que me apetecía volver a Escocia. Sin duda, un libro divertido, aventurero y nostálgico sobre las highlands a través de los siglos, pero también una bonita historia sobre la amistad y el amor por Escocia, el whisky y el teatro.

Lector, lo disfrutarás igualmente aunque no hayas leído Outlander.

Si te apetece, también tienes la mini-serie: Men in kilts

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Tierra de clanes

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