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Un caso de ratones y asesinato, de Sally Smith

Tres meses después de la muerte de la reina Victoria, todo parece trascurrir igual en el Temple, la ciudadela londinense donde jueces y abogados desempeñan sus labores legales. Una mañana de primavera, Gabriel Ward, abogado y consejero del rey, sale de sus habitaciones y se dirige a su despacho, en el Inner Temple, para trabajar en su próximo caso: la misteriosa autoría de un libro infantil superventas titulado Millie, la ratona de la iglesia del Temple. Pero algo le impide abrir la puerta. Un algo que resulta ser el cadáver, descalzo y apuñalado con uno de los cuchillos de trinchar de las cocinas del Inner Temple, de Norman Dunning, el Lord presidente del Tribunal Supremo. Como Scotland Yard no tiene jurisdicción en el Temple, sir William Waring, Lord Tesorero, le encarga a Gabriel Ward la investigación del caso. Gabriel, que solo aspira a llevar una vida ordenada, dedicado en cuerpo y alma a la abogacía y la literatura, acepta bajo coacción. Hasta que su curiosidad y su inteligencia innata le hacen comprender que, al fin y al cabo, cada pista es una pieza del puzle y que resolver un asesinato se parece mucho a completar un apasionante rompecabezas.

«El Temple, tanto el Inner como el Middle, pertenecía a los caballeros templarios en el siglo XII y, a partir de ahí, lo heredaron los abogados. Se encuentra dentro de los límites de la City de Londres, pero es un enclave independiente, casi igual que el Vaticano en Roma. Es una de las antiguas libertades territoriales: por ley, queda libre de la jurisdicción de la Alcaldía y la Corporación de la City de Londres. Está exento de todas las jurisdicciones civiles y eclesiásticas, y lo gobiernan sus propios parlamentos. Es nuestro pequeño mundo independiente. Exuda mucho romance, ¿verdad que sí?«


Ático de los libros
Traducción de Sonia Tanco
336 páginas
Fecha de publicación: 16 de febrero de 2026
ISBN: 979-13-87592-53-0

Sally Smith es abogada y consejera del rey, como el encantador aunque peculiar protagonista de Un caso de ratones y asesinato, un cozy mystery que, al igual que Millie, la ratona de la iglesia del Temple, me ha robado el corazón. Se trata de un caso de asesinato ambientado en el Temple, un lugar de jurisdicción complicada en donde los jueces, abogados y pasantes londinenses todavía trabajan en la actualidad. Sally Smith, que conoce bien el lugar, cuenta que decidió ambientar su novela en 1901, apenas tres meses después de la muerte de la reina Victoria, porque en el Temple es sencillo trasladarse al pasado; apenas ha cambiado, como las emociones humanas. Y es que una de las razones por las que esta historia de misterio destaca entre otras del género es por la sensibilidad de sus personajes, por su humanidad, por la delicadeza con la que Sally Smith ha sabido insuflarles vida en un contexto a priori tan árido como el mundo de las leyes.

Sally Smith tiene un estilo fluido, elegante, de frases cortas y descripciones breves. Su narración brilla en los diálogos, pero también en la facilidad con la que muestra el pensamiento y las emociones de sus personajes. Destaca el encanto y la bondad de su protagonista, Gabriel Ward, un inteligente abogado, curioso, probablemente con un trastorno del espectro autista y un corazón tan gentil y generoso que resulta casi más admirable que su habilidad en los juzgados. Un caso de ratones y asesinatos plantea un misterio de corte clásico, un Whodunit en el que todos los sospechosos tienen motivo y oportunidad, muy bien entrelazado con otros misterios secundarios igual de intrigantes —como descubrir quién es la verdadera autora de una novela infantil que ha vendido más ejemplares que El libro de la selva, de Rudyard Kipling—, todo recogido entre los históricos muros del Temple, un escenario de lo más evocador y romanticista. El encanto del protagonista, la habilidad de la autora para construir un elenco de personajes excéntricos y tremendamente humanos, un asesinato y un misterio muy bien planteados, investigados y resueltos, la ambientación en los últimos años de la época victoriana en un lugar tan especial como el Temple, y la habilidad narrativa de Sally Smith son los motivos que más me han hecho disfrutar de Un caso de ratones y asesinato y que, en mi opinión, destacan este cozy mystery.

Lectora, para tomar una taza de té en el corazón templario de Londres con el abogado se Su Majestad más maravilloso de todo Reino Unido.

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El último caso de Drury Lane, de Ellery Queen

Un visitante misterioso, disfrazado con una barba imposible, llega a la Agencia de Detectives Thumm con un extraño encargo: deja un sobre cerrado con instrucciones para abrirse en presencia del famoso actor Drury Lane, en el caso de no dar señales de vida a la agencia trancurrido un mes. Los Thumm, padre e hija, aunque extrañados, aceptan custodiar el sobre porque viene acompañado de una buena suma de dinero, muy de agradecer en los malos tiempos que corren. Unas semanas después, un joven se presenta en la agencia para denunciar la desaparición de un guarda de seguridad de conocida honradez llamado Donaghue. Thumm, que conoce al desaparecido porque, al igual que él, es ex-policia, se presta a hacer algunas indagaciones previas, convencido de que todo tiene una explicación sencilla. Sin embargo, las pistas le llevan al Museo Británico de Nueva York, en donde un valioso manuscrito de William Shakespeare, El peregrino apasionado, ha desaparecido al mismo tiempo que Donaghue. Para mayor desazón de los Thumm, dejan de tener noticias del misterioso hombre de la barba imposible, por lo que deben de abrir el sobre que les dejó en depósito. Drury Lane, actor shakespeariano retirado que vive en una mansión llamada Hamlet, es la persona que los Thumm necesitan para arrojar algo de luz en sus dos casos.

«—Teniendo en cuenta la cantidad de detalles absurdos que hay alrededor de todo este asunto —murmuró Drury Lane levantándose y acercándose—, sospeché que podía ocurrir algo parecido —su rostro de camafeo estaba lleno de curiosidad—. Estamos compitiendo con un antagonista inteligente y con sentido del humor. ¡Extraño, muy extraño! ¿Está usted seguro de que este es el ejemplar robado, doctor Choate?«

Ellery Queen es el seudónimo con el que los neoyorkinos Frederic Dannay (1905 – 1982) y su primo Manfred B. Lee (1905 – 1971) firmaron el centenar de novelas y relatos policíacos que escribieron juntos. El último caso de Drury Lane fue publicado por primera vez en 1933, bajo el seudónimo de Barnaby Ross, nombre con el que Dannay y Lee escribieron los cuatro libros protagonizados por el retirado actor teatral Dury Lane. Como el título deja entrever, se trata del cuarto libro de esta breve saga y me ha parecido un caso policíaco de lo más entretenido y original.

El último caso de Drury Lane es la primera novela que leo de Ellery Queen y me ha cautivado por su ritmo sostenido, su sentido del humor, sus personajes y el misterio alrededor de los manuscritos de William Shakespeare. Está ambientada en Nueva York, a principios de la década de los años treinta del siglo pasado, a juzgar por las referencias de estrechez económica y sobre la Gran Guerra a lo largo de la novela. Los autores plantean un acertijo interesante sobre la existencia de un documento perdido de Shakespeare en el que se dilucidaba un misterio que podría cambiar la Historia de la literatura. Alrededor de este enigma principal, la trama se enriquece con desapariciones, persecuciones, suplantación de identidad, secuestros, tiroteos, etc. de manera que en cada capítulo sucede algo emocionante, contribuyendo a mantener la atención del lector de principio a fin con un ritmo sostenido y varias sorpresas narrativas. El otro gran punto fuerte de esta historia es, sin duda, sus carismáticos personajes. Construidos con una solidez psicológica remarcable, constituyen el factor decisivo para convertir El último caso de Drury Lane en una excelente novela policíaca. Destaca la figura del arrollador inspector Thumm, pero también la de los secundarios y sospechosos, y sobre todo la de Patience, la hija y socia del detective, que resulta de lo más fascinante y a veces contradictoria por su espíritu apasionado en contraste con el encorsetamiento de género de su época (y quizás porque sus creadores son hombres de su tiempo).

Lectora, un simpático y curioso misterio shakesperiano investigado por detectives neoyorkinos de los años treinta del siglo XX.

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Los crímenes de Cater Street, de Anne Perry

Charlotte Ellison, la mediana de tres hermanas de una familia londinense acomodada, sabe que nunca se casará. Enamorada de su cuñado, constreñida por la sobreprotección de un padre que considera que leer los periódicos es inapropiado para una dama y una tendencia a decir lo que piensa sin filtros, Charlotte siente que la sociedad victoriana en la que se ha educado es tremendamente injusta con las mujeres. Pero entonces, su tranquila existencia salta por los aires: un asesino está estrangulando a jóvenes hermosas que, aparentemente, lo único que tienen en común es que viven en Cater Street. De repente, todos los hombres a su alrededor se le antojan sospechosos, excepto, claro está, el inspector Thomas Pitt de Scotland Yard quien le abrirá los ojos sobre las injusticias sociales, las condiciones miserables en las que viven muchas personas en el Londres de la reina Victoria, y la posibilidad de una vida más apasionante que la que Charlotte lleva junto a su familia en Cater Street.

«No había más drama que alguna que otra historia de amor rota y un poco de cotilleo. Pero de pronto la gente muere asesinada y todos nos miramos con desconfianza. ¡A mí me ocurre! Miro a los hombres en los que he confiado durante años y me pregunto si podrían ser el asesino. Mis sospechas me avergüenzan. Puedo ver en sus caras que saben que no me fío de ellos.«

Anne Perry (1938 – 2023) fue una escritora de misterio británica, autora de una amplia bibliografía en la que destacan sus sagas policíacas ambientadas en época victoriana y protagonizadas, respectivamente, por los inspectores Thomas Pitt y William Monk. Galardonada con los premios Edgar (1997) y Agatha (2009), está considerada como una de las novelistas de misterio más destacadas del siglo XX. Los crímenes de Cater Street, publicada en 1979, fue su primera novela y también el primero de los casos policiales protagonizados por Thomas Pitt en el Londres de la reina Victoria.

Los crímenes de Cater Street se sigue con interés por la investigación de una serie de asesinatos cometidos por un estrangulador de mujeres, pero también por el retrato de una familia de clase acomodada en el Londres de finales del siglo XIX y de sus inquietudes: la búsqueda de un marido conveniente, el encorsetamiento de clase social, el yugo de una religión que solo ve pecado y debilidad en la mujer, los cotilleos, la marginación social, la cuestión de las amantes y el adulterio… Anne Perry entiende bien las constricciones de género de la época y por eso, mientras leía ciertos pasajes de esta novela, me he acordado de Elizabeth von Arnim, una autora que sabía reflejar muy bien en sus historias y en sus protagonistas femeninas esa triple cadena a la que a menudo se veían sujetas las mujeres de su época: la de la sociedad, la de sus maridos/padres/tutores y la de la religión.

Me ha gustado especialmente el personaje de Charlotte Ellison, su carácter, y cómo su relación con el inspector Pitt le abre los ojos a las desigualdades de Londres y la invita a reflexionar sobre la falta de oportunidades y la injusticia. Aunque es complicado escoger solamente un personaje porque lo cierto es que Perry tiene un don para construir caracteres complejos, bien matizados y de interesante psicología, y hacer girar el misterio y la acción alrededor de las relaciones (familiares, amorosas, sociales, etc.) que se establecen entre ellos. En este sentido, destacan los lazos y conflictos familiares de los Ellison y sus relaciones con el servicio, su comunidad y su sentido conciencia de clase.

Lectora, esta novela me la recomendó MH de Las inquilinas de Netherfield y me parece perfecta para leer por primera vez a Anne Perry.

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El expreso de Tokio, de Seicho Matsumoto

En la playa de Kashii, en la isla de Kyushu, aparecen los cuerpos del secretario de un ministerio que está siendo investigado por corrupción y una joven y bella camarera. El forense determina que han muerto envenenados por cianuro y que se trata de un suicidio romántico. Pero al veterano inspector Jutaro Torigai no le encajan las piezas de la teoría: ¿por qué los dos jóvenes han viajado en tren desde Tokio hasta tan lejos para suicidarse? ¿A quién beneficia la muerte del joven? Y, si eran novios, si se amaban tanto como para matarse juntos, ¿por qué las facturas muestran que comían separados en el tren? Desde la policía de Tokio, el subinspector Mihara tampoco termina de creerse la perfección de las coartadas de su sospechoso. Torigai y Mihara, desde sus respectivas ciudades, tirando del hilo de sus teorías, acaban por mantener una correspondencia sobre el caso empeñados en que la investigación no se cierre.

«Jutaro Torigai no tuvo ocasión de expresar su punto de vista. Había dos pequeños detalles que le quitaban el sueño. En primer lugar, el misterioso recibo del vagón restaurante para un único comensal o la cuestión del hambre y el amor tan bien expresada por su hija. En segundo lugar, no podía evitar preguntarse dónde había estado Toki durante los cinco días que Sayama había pasado solo en la pensión.«

Seicho Matsumoto (1909 – 1992) fue un periodista y novelista japonés considerado como uno de los mejores escritores de novela negra de su país y galardonado con el prestigioso premio literario Akutagawa (1952). Matsumoto publicó por primera vez El expreso de Tokio en 1957 y se considera como el primer bestseller de su carrera. Libros del asteroide lo publicó en castellano, con traducción de Marina Bornas, en septiembre de 2014. Desde entonces, la editorial también ha seguido publicando otros títulos del autor: La chica de Kyushu, Un lugar desconocido y El castillo de arena.

Cuenta Antonio Lozano, periodista, traductor y experto en novela negra, que los temas recurrentes de Seicho Matsumoto en sus libros de género policíaco son el trauma bélico tras la Segunda Guerra Mundial, la corrupción del poder, los falsos suicidios, el culto a las apariencias, las vidas secretas y la vulnerabilidad femenina. En El expreso de Tokio, la cuestión del falso suicidio resulta protagonista pues es la piedra angular de la investigación policíaca, pero también encontramos la corrupción dentro de un ministerio político, personajes femeninos utilizados sin miramientos y vidas secretas detrás de fachadas de apariencia. Así que podríamos decir que esta novela es característica de su autor, además de cumplir con la crítica social que conlleva el género negro.

Con una prosa ágil y unos protagonistas carismáticos, Seicho Matsumoto construye un misterio y una investigación alrededor de los horarios de trenes en Japón, a mediados del siglo XX, que sería la envidia de Agatha Christie. Especial atención merecen sus dos investigadores principales, Torigai y Mihara, dos policías sin poderes excepcionales, pero con buen instinto y mucha perseverancia. Torigai resulta conmovedor por su veteranía, su cansancio y lo bien que ha aprendido a leer la naturaleza humana en los actos más cotidianos. Mihara, por su incansable persecución y su negativa a rendirse en su empeño porque los malos paguen por sus fechorías. También he disfrutado mucho de toda la ambientación histórica de ese Japón de la década de los años cincuenta del siglo pasado —coetánea al autor—, con ese fondo social en donde se respira la pobreza, la frecuencia de trenes todavía no se ha normalizado y casi ningún particular tiene línea telefónica en casa y depende de los telegramas para las comunicaciones urgentes.

Lectora, una sociedad casi victoriana, muchos trenes a lo largo de la geografía japonesa, dos policías honrados y un caso de falso suicidio.

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Seis mujeres criminales, de Elizabeth Jenkins

Madame Sarah Rachel Leverson abrió un salón de belleza en el Londres victoriano y estafó miles de libras a sus clientas con tratamientos fraudulentos, complicados engaños matrimoniales y chantaje. Apenas sabía leer y escribir, pero se las apañó bastante bien para burlar a la justicia durante décadas. En el siglo XIV, Alice Perrers, amante del rey Eduardo III, saqueó sistemáticamente todas las residencias reales y las joyas de la corona. Su ambición no conocía límites, ponía a su nombre propiedades de nobles sin herederos o caídos en desgracia, y se ganó la antipatía de toda Inglaterra. Lady Tehodosia Ivie, en el siglo XVII, falsificó actas de propiedades y pleiteó hasta la muerte por quedarse con terrenos y fincas que jamás fueron suyos. Frances Howard, condesa de Somerset, educada en la corte del rey Jacobo I (1566 – 1625) como moneda matrimonial de cambio, tomó las riendas de su propio destino deshaciéndose de su marido, uniéndose a otro hombre más poderoso y envenenando a cualquiera que pusiese en peligro su influencia sobre la corona, su poder político o sus riquezas. Jane Webb fue la carterista más hábil en las calles del Londres victoriano y la adorada y admirada líder de una banda de ladrones y estafadores. En el último tercio del siglo XIX, Florence Bravo no solo fue durante años la reputada amante de un famoso médico sino que se casó dos veces y estuvo en el punto de mira de los jueces en el llamado Misterio de Balham —historia que Elizabeth Jenkins desarrollaría con más detalle en su novela La historia del doctor Gully— justo cuando su segundo marido amenazaba su independencia económica y personal.

«Además de al severo castigo si lo atrapaban, el ladrón se enfrentaba a condiciones espantosas si se resignaba a la pobreza. Los barrios bajos del Londres del siglo XVIII eran quizás los más sórdidos que se hayan conocido, pues el hacinamiento en las áreas urbanas ya era una realidad, pero no así los programas estatales de beneficencia (…). Johnson calculó a grandes rasgos que mil personas morían de hambre cada año en Londres. entre el frío, el hambre y las enfermedades, las propias cárceles, por horribles que fueran, no infundían un gran temor a los habitantes de un barrio bajo del siglo XVIII, y el riesgo de la horca no disuadía de un cambio que podía reportar un puñado de guineas; o, lo que es lo mismo, vino, carne, fuego, ropa decente y una buena cama.«


Rara avis. Alba Editorial
Traducción de Daniel de la Rubia
Ensayo histórico, biográfico, judicial
Fecha de publicación septiembre 2024
304 páginas
ISBN: 978-84-1178-091-9

Elizabeth Jenkins (1905 – 2010) fue una novelista y ensayista británica, que estudió en Cambridge, ejerció de profesora y se relacionó con el círculo de Bloomsbury. Durante la Segunda Guerra Mundial, desarrolló labores de ayuda humanitaria y fue una de las fundadoras de la Jane Austen Society. Autora de las biografías de personajes tan relevantes en la ciencia y la cultura como la propia Jane Austen, Henry Fielding o Joseph Lister, siempre se interesó por el true crime histórico: entre otros, publicó Harriet, en 1934, libro en el que reconstruye el «misterio de Penge», un caso judicial de época victoriana, o La historia del doctor Gully, en 1972, en el que desarrolla el caso de Florence Ricardo y el «misterio de Balham». Elizabeth Jenkins publicó por primera vez, en 1949, Seis mujeres criminales, un estudio judicial y social de casos concretos de crímenes reales ocurridos en distintas épocas históricas, en Inglaterra.

Seis mujeres criminales es un ensayo histórico que atrapa por el estilo directo y cautivador de Elizabeth Jenkins, por la excelente documentación de cada uno de los casos reales en diferentes épocas pasadas y por la peculiar personalidad de sus protagonistas. Jenkins se aproxima a estas personas desde la psicología y las circunstancias de la época, pero también dentro del marco socio-económico y de género en el que existieron. Carteristas, timadoras, ladronas, falsificadoras, asesinas… sus seis criminales son figuras carismáticas, misteriosas, singulares, de las que se sabe más por sus actos y sus respectivos procesos judiciales que por su propia voz, de la que apenas queda registro. De ahí que la cuidadosa labor de reconstrucción de sus vidas y personalidades sea tan admirable. Y si bien es cierto que a menudo se detecta cierto tono de simpatía hacia estas protagonistas —sobre todo en el caso de la magistral carterista victoriana Jane Webb, probablemente porque, en su caso, poseía un toque romanticista a lo Robin Hood y la alternativa de una vida dentro de los cauces de la ley le hubiese supuesto una existencia inhumana—, no se trata de una justificación de sus respectivos comportamientos sino de un intento de comprensión hacia quienes Charles Dickens ya señaló como «nacidas sin apenas oportunidades».

Con una pluma elegante y ágil, un encanto magistral para narrar anécdotas e incorporar una vasta documentación con gracia y naturalidad, Elizabeth Jenkins refleja en este ensayo su interés de una manera humana y empática. Un ensayo ameno y apasionante que a menudo se presenta como una investigación sobre unas mujeres que se quedaron fuera de los libros de Historia pese a haber sido hijas de su tiempo y, algunas de ellas, parte del poder en las sombras que rigió el destino de Inglaterra.

Lectora, el mejor ensayo histórico que he leído este año.

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