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El monstrumólogo, de Rick Yancey

Una noche de primavera de 1888, en la pequeña ciudad de Nueva Jerusalem, Massachusetts, un salteador de tumbas llama a la puerta del doctor Pellinore Wharthrop con un hallazgo escalofriante: el cadáver de una muchacha joven entrelazado con el de un Anthropophagus, un ser sin cabeza y de dientes de tiburón que se alimenta de carne humana y que se creía extinto. Junto a su ayudante Will Henry, un huérfano de doce años que echa muchísimo de menos a sus padres y al que le cuesta adaptarse a las normas de la casa del doctor, Wharthrop inicia una peligrosa investigación sobre los Anthropophagi para entender cómo han llegado al Nuevo Mundo. Numerosos y hambrientos, los monstruos salen de caza y solo el doctor y Will Henry saben cómo detenerlos.

«La animosidad no es un fenómeno natural, Will Henry. ¿Es el antílope enemigo del león? ¿Sienten el alce o el ciervo odio por el lobo? Para los Anthropophagi solo somos una cosa: carne. Somos presas, no enemigos. No, Will Henry, nuestro enemigo es el miedo. El miedo ciega y ahoga la razón. El miedo consume la verdad y envenena toda evidencia, lo que nos conduce a plantear falsas hipótesis y llegar a conclusiones irracionales.«

Rick Yancey es un novelista estadounidense de literatura fantástica juvenil que saltó a la fama con su saga sobre las aventuras de Alfred Kropp (2005) y se consagró con su trilogía La quinta ola (2013), que fue adaptada al cine. Entre sus dos sagas de éxito, escribió El monstrumólogo (2009), una novela con un claro estilo de aventura clásica que bordea el terror, el goticismo y el suspense redomadamente bien. Fue una compra impulsiva en la preciosa Librería Hojablanca de Toledo, en su buhardilla dedicada a la literatura juvenil, y me ha gustado tanto que seguro que leeré la segunda entrega de la saga, La maldición del wendigo.

El monstrumólogo es la primera aventura del doctor Pellinore Wharthrop y su joven ayudante Will Henry a la caza de una colonia de monstruos devoradores de carne humana a los que Heródoto ya mencionaba en su Historia. La cautivadora voz del pequeño Will Henry, un personaje muy Oliver Twist que resulta irresistible, es la voz narradora de una trama sin grandes complicaciones que, sin embargo, mantiene el suspense hasta el final y mide muy bien el ritmo, intercalando escenas de tensión y terror con las discrepancias emocionales de los personajes. La ambientación en la Nueva Inglaterra de finales del siglo XIX le da un toque gótico y steampunk a la aventura, y la relación que establecen el doctor y su aprendiz es, sin duda, otro de sus grandes atractivos. Me ha gustado la agilidad de la prosa de Rick Yancey, sus bien medidas escenas de acción y de terror y lo bien que adapta las pautas de la novela de aventuras clásica en favor de una historia de misterio con un científico investigador de protagonista. Solo me ha sobrado el añadido inicial y final que pretende hacer pasar la narración de Will Henry por un documento real encontrado en un asilo, detalle del todo prescindible y que no aporta nada a la novela (al menos, en esta primera parte de la saga). Aunque la novela está clasificada para público juvenil, advierto a los estómagos delicados de que El monstrumólogo rezuma sangre, vísceras, desmembramientos, destripamientos y gusanos por los cuatro costados, y que el autor no ahorra en detalles cuando describe autopsias, enfrentamientos armados o escenas del crimen.

Lector, atención a los detalles históricos reales, le dan un punto genial a la historia.

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El demonio de Próspero, de K. J. Parker

Un exorcista se despierta ensangrentado junto al cadáver de una mujer. No es la primera vez que Ellos se la juegan y siempre es preludio de que algo terrible se avecina. Pero el único acontecimiento destacable de su jurisdicción, desde las montañas Charyabda hasta el mar Amigable, es el próximo nacimiento del heredero de los príncipes Sigiswald, de Essen, y Hildigunn, de Risenem. Dispuesto a terminar con la amenaza, el exorcista se dirige al castillo, consciente de que el obstáculo más terrible a derribar será el tutor del futuro dirigente, el sabio Próspero de Schanz, una especie de Leonardo da Vinci de su época con una misión no del todo altruista.

«En una extracción chapucera, el demonio siente lo siente el huésped multiplicado por diez. Pero Ellos no mueren y nosotros sí. Equilibrio.«

K. J. Parker es el seudónimo de Tom Holt, un escritor inglés de ciencia ficción y fantástica con una sólida trayectoria literaria, pero poco traducido al castellano. El demonio de Próspero es una novela corta, publicada por Red Key Books, que da inicio a la saga de aventuras de un ingenioso e implacable exorcista que intenta desbaratar el plan maestro de los demonios y que tiene su continuación en The inside man. Yo estoy deseando leerla.

El demonio de Próspero me ha gustado por su estupenda prosa -atención a la impecable traducción de María Pilar San Román-, el juego de diálogos simultáneos del protagonista con sus interlocutores humanos y sobrenaturales, el mundo fantástico en el que el autor ambienta la historia y su ingenioso sentido del humor. Llegué a este libro por recomendación de Antonio Torrubia, pero no estaba segura de qué me iba a encontrar; por culpa de ese Próspero, que asociaba al personaje de La tempestad, y por el diseño de cubierta, se me antojaba que sería una lectura shakesperiana y, en cierto modo, sí lo es: posee una oscuridad isabelina, una lucha entre almas corruptas, que recuerda a alguna de las obras más tenebrosas del bardo. En menos de cien páginas, K. J. Parker nos presenta un mundo, un protagonista, una trama, una obra de ingeniería imposible y una resolución del caso tan fascinantes que es inevitable quedarse con ganas de más cuando se llega al final de la novela. En ese sentido, me he acordado de Las aguas de Versalles de Kelly Robson, otra historia que demuestra la maestría de volver muy grande lo pequeño.

Lector, querrás más.

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El gato que amaba los libros, de Sosuke Natsukawa

Al quedarse huérfano, Rintaro Natsuki, un adolescente hikikomori, se va a vivir con su abuelo, el propietario de una librería de viejo escondida en un rincón de la ciudad. Cuando el anciano muere, Rintaro se queda totalmente solo al frente de la librería sin más consuelo que su enorme amor por los libros y la oferta de su tía para mudarse a otro lugar. Pese a su aislamiento y contra todo pronóstico, la vida del chico está a punto de cambiar con la ayuda de tres visitas inesperadas: Akiba, la estrella del instituto, Sayo, su delegada de clase, y un gato parlante llamado Tora (tigre) que le pide ayuda en cuatro peligrosas misiones para salvar libros.

«En el mundo suceden muchas cosas absurdas, carentes de sentido. Y la mejor arma para sobrevivir a este mundo lleno de sufrimiento no es la razón ni la fuerza física, sino el sentido del humor.«

Grijalbo
Booktrailer
256 páginas
Fecha de publicación: 3 de marzo de 2022
ISBN: 9788425359934

Sosuke Natsukawa (Japón, 1978) es médico, ama los libros y escribe. Su novela El gato que amaba los libros ha recibido varios premios literarios y se ha traducido a treinta idiomas, sin duda, porque el amor por la literatura (y por los gatos) carece de fronteras. Es la primera vez que leo a este autor, con la feliz excusa de la iniciativa #MarzoAsiático, y me he llevado una sorpresa muy agradable no solo por su prosa clara y sencilla sino también por sus reflexiones literarias entre las páginas de una historia de ficción y por su maravilloso y universal concepto de los clásicos.

El gato que amaba los libros es la historia de cómo un adolescente asocial toma las riendas de su vida, pero también de cómo ese niño que se convierte en adulto toma conciencia de que amar la literatura es un don que, junto a toneladas de sentido del humor, puede cambiar el mundo. Al igual que Alicia cae por la madriguera del conejo y pregunta al gato de Cheshire por dónde debe continuar su viaje, Rintaro sigue la guía de Tora, también un gato parlante, para orientarse por varios laberintos metafóricos. Sosuke alterna la narración de la realidad de la librería de viejo y la soledad de su protagonista (ambas cuestiones muy actuales tanto en oriente como en occidente) con las reflexiones literarias que se plantean en los mundos fantásticos a los que lo arrastra el gato.

La novela no solo rinde un bonito homenaje a clásicos como la Alicia de Lewis Carroll o a El principito de Saint-Exupéry sino que además cita títulos, autores y cuestiones literarias muy actuales en nuestro presente sobre el valor de los libros, los conflictos editoriales y el desánimo de los lectores. Con una prosa brillante, precisa, de frases breves y diálogos ágiles, Sosuke conecta tan bien con sus lectores de todo el mundo porque cita por igual clásicos occidentales y orientales, consciente de que la universalidad de la literatura ha diluido cualquier frontera. Si bien estructura su historia según los cuatro laberintos metafóricos que plantea el gato, el verdadero encanto de este libro recae en su elegante correspondencia entre fantasía y realidad (eruditos, editores, postureo, vacío cultural, consumo de masas, vivir acelerados y sin tiempo…) y el mensaje de esperanza y optimismo que destilan todas sus páginas.

Lector, para leer con una taza de Assam y la promesa de la primavera.

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El color que cayó del espacio, de H. P. Lovecraft

Cuando un joven es enviado al oeste de Arkham, cerca de las montañas de Nueva Inglaterra, a inspeccionar unos terrenos con objeto de diseñar los planos de un embalse, topa con una zona muerta y gris en donde nada crece excepto la muerte. Al principio piensa que se trata de las consecuencias de un incendio, hasta que los ancianos del lugar le hablan de los días extraños de 1880 y del lugar maldito, cuando los vecinos de Ammi Pierce desaparecieron. Pierce le explica que todo comenzó con la caída de un meteorito cerca de la granja de los Gardner, una extraña roca que menguaba y de la que los investigadores no pudieron descubrir nada más que su extraño color a través del microscopio. Pero esa cosa estaba viva, se nutría de otros seres y mutaba toda la vida a su alrededor en algo espantoso.

«Los campesinos dicen que el erial avanza a razón de una pulgada por año, así que es posible que siga creciendo o alimentándose. Pero cualquiera que sea el demonio que se esté gestando en esas profundidades, debe amarrársele para que no pueda moverse o, de lo contrario, se extenderá rápidamente. ¿Estará acaso aferrado a las raíces de esos árboles que tratan de desgarrar el aire? Una de las historias que circulan por Arkham habla de gruesos robles que resplandecen y se agitan por la noche de un modo nada normal.«

H. P. Lovecraft siempre ha sido uno de mis clásicos pendientes así que, como fue un autor que murió antes de los cincuenta años, he aprovechado la oportunidad que me da la premisa del Reto Todos los Clásicos para volver a leerlo. Si el año pasado me atreví a romper la maldición del dios tentacular que se me resistía con La llamada de Cthulhu, esta vez he optado por un relato en el que no apareciese Cthulhu. Primero leí En la cripta, una narración muy cortita de terror, ambientada en un cementerio, que pone los pelos de punta; pero como me supo a poco, seguí con El color que cayó del espacio y, aunque más extensa, no se queda atrás en inquietante y terrorífica.

Recomiendo este relato de Lovecraft para quienes lean por vez primera al autor porque se harán una idea aproximada de qué van a encontrar en su imaginario y su prosa: misterio, horror, un desenlace poco halagüeño, muertos, seres escalofriantes y la Nueva Inglaterra de finales del siglo XIX y principios del XX. El color que cayó del espacio (en ediciones más antiguas como la mía, de Alianza Editorial, El color surgido del espacio) está ambientado en Arkham, la ciudad ficticia situada en Massachusetts que Lovecraft inventó y en cuya universidad, la también ficticia Miskatonic —de donde proceden los investigadores que analizan el meteorito—, se guarda un ejemplar del Necronomicón. Su prosa, precisamente adjetivada y con un uso excelente de las oraciones subordinadas, requiere de una buena traducción para reconocer el estilo inquietante y oscuro de un autor que, a menudo, mantiene la tensión de la trama y el horror creciente por su excelente mesura a la hora de ir desvelando al lector los acontecimientos más espantosos. Sin duda, para leer al anochecer.

Lector, perfecto para iniciarse en la lectura de H. P. Lovecraft si se quiere esquivar a Cthulhu.

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Para los amantes del manga y para los más jóvenes de la casa, echad un ojo a la magnífica novela gráfica adaptación de Gou Tanabe, que también está adaptando otros títulos del autor, como En las montañas de la locura. Tanto el relato como la adaptación gráfica los tenéis disponibles en Librería Gigamesh.

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Drácula, de Bram Stoker

El joven notario inglés Jonathan Harker viaja hasta los confines más remotos de Transilvania para entrevistarse con un anciano conde que ha adquirido algunas propiedades en Inglaterra. Rodeado de misterio, en un castillo desangelado y tétrico, en medio de un páramo a orillas de los Cárpatos y custodiado por los lobos, el conde recibe a Jonathan y le pide que le instruya sobre las costumbres de su país, pues quiere pasar algún tiempo en Inglaterra. Pero el joven y perspicaz notario muy pronto comprende que tras esa fachada decrépita se esconde un peligroso monstruo sediento de poder y de sangre, una plaga terrorífica a punto de abandonar su retiro para someter a la mayor metrópolis de occidente bajo su jugo de horror inmortal.

«No busco alegría, ni risas, ni la brillante voluptuosidad de la luz del sol y las aguas cristalinas, que tanto complacen a los jóvenes y alegres. Yo ya no soy joven. Y mi corazón, después de tantos años agotadores de llorar a los muertos, no está en consonancia con la risa. Más aún, los muros de mi castillo se agrietan, abundan las sombras y el viento exhala su frío aliento a través de las derruidas almenas y ventanales. Amo las sombras y la penumbra, y quisiera estar a solas con mis pensamientos siempre que me plazca.«

He escogido la edición de El Club Diógenes de Valdemar por su excelente traducción y su buen precio

Bram Stoker publicó Drácula por vez primera en 1879 y el manuscrito original que envió a imprenta fue íntegramente escrito a máquina. Se presentó como una novela realista con una nota que decía que la historia se basaba en documentos, fragmentos de prensa, cartas y diarios recogidos por terceras personas. Sin duda, junto con Frankenstein, de Mary Shelley, Drácula sentó los precedentes modernos de uno de los monstruos más populares de la literatura y la cultura occidental (aunque también del cazador de monstruos más famoso, Abraham van Helsing). Si bien Stoker no fue el primero en presentarnos la figura del vampiro atractivo y seductor que habría de pasar al imaginario colectivo de nuestros días —recordemos que El vampiro de Polidori y Carmilla de Sheridan Le Fanu fueron anteriores— sí que marcó un hito literario importante por su formato de novela epistolar de terror y porque por vez primera se apuntaba al origen del personaje del conde Drácula, aunque fuese remotamente, encarnado en el aristócrata voivoda que luchó contra los turcos en el siglo XV.

Aunque Stoker nació en una familia dedicada a la cultura y a la literatura (su madre ejercía de periodista), estudió ciencias y matemáticas en el Trinity College. Es quizás esa dualidad de hombre de letras y ciencias la que le dio un toque tan personal y propio a sus narraciones pues Drácula, pese a ser una ficción de terror literaria, muestra muy bien los avances científicos y tecnológicos de su época, como estudios pioneros para su época en psicología (atención al personaje del doctor John Seward) y en medicina (transfusiones de sangre), el fonógrafo, el telégrafo, la cámara fotográfica compacta de Kodak, la máquina de escribir portátil, la taquigrafía, las linternas portátiles, etc. Drácula es un claro exponente de la época victoriana en la que fue escrito y publicado, un período en el que Londres era el ombligo del mundo y en el que las más grandiosas maravillas de la ciencia y la tecnología se sucedían con rapidez pese a que, a menudo, entraban en contradicción con la profunda religiosidad de la época. Y esa dualidad también se refleja en la novela, no solo en el protagonismos de los avances mencionados o en el carácter de Victorian New Woman de Mina Harker, sino también en los métodos para combatir al monstruo que impone el profesor van Helsing, una mezcla de ciencia y superstición religiosa tan evidente como la de la sociedad en la que vivía Stoker.

Este clásico del terror está narrado en un tono periodístico que complementa y favorece los capítulos en forma de diarios y cartas personales de los protagonistas, documentos y recortes de prensa,  y mantiene de forma excelente la tensión y el suspense. Como buen narrador, Stoker nunca rompe la regla de oro de procurar que el lector sepa más que los personajes y esta circunstancia, junto con el acierto de mostrarnos los crímenes del monstruo mientras mantiene al propio monstruo oculto durante la mayor parte de la novela, contribuye a mantener la tensión narrativa y el suspense en todo momento y convierte a Drácula en una de las novelas más terroríficas de la literatura.

Lector, olvida la película y adéntrate en el clásico.

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