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Para aprender, si la suerte nos sonríe, de Becky Chambers
Hace muchas décadas que los gobiernos de la Tierra dejaron de invertir en la exploración espacial para fomentar su industria armamentista y propiciar guerras de fronteras y recursos. Por esta razón, a mediados del siglo XXII, ACA es la única agencia espacial y pertenece a todos los ciudadanos del planeta que con sus donaciones económicas, grandes o pequeñas, contribuyen a mantener las misiones de los astronautas. Como la de la nave espacial Merian, tripulada por la ingeniera Ariadne O’Neill y los científicos Elena Quesada-Cruz, Jack Vo y Chikondi Daka. Los cuatro forman parte de la misión Lawki 6 para explorar los mundos habitables que orbitan alrededor de la estrella enana roja Zhenyi: Aecor, Mirabilis, Opera y Votum. La tecnología y la ciencia de su tiempo les permite viajar en hibernación durante décadas y adaptar sus cuerpos a las diferentes condiciones gravitatorias y atmosféricas. Siempre han deseado ser astronautas y exploradores, les fascina investigar nuevos mundos. Pero por mucho que intenten no dejar huella en esos insólitos ecosistemas espaciales, resulta inevitable que esos sorprendentes mundos les dejen una huella imborrable a ellos.
«Es comprensible que los seres humanos dejaran de ocuparse del espacio en los años veinte del siglo XXI. ¿Cómo vas a pensar en las estrellas cuando los mares rebosan? ¿Cómo vas a dedicar un minuto de tu vida a los ecosistemas alienígenas cuando hace demasiado calor para habitar tus ciudades? ¿Cómo vas a comerciar con combustible, metales e ideas cuando las fronteras de los mapas no dejan de cambiar? ¿Cómo va a importarle a alguien la pregunta de si existen otros mundos cuando en el mundo en el que estás atrapado siguen sin contestarse las preguntas más vitales, las que tienen que ver con las necesidades más básicas de hogar, salud y seguridad?«

Becky Chambers es una escritora estadounidense que tiene el don de convertir la ciencia ficción en un género cozy, esperanzador, amable y maravilloso. Es la autora de la saga La peregrina —que Alianza Editorial, en su sello Runas, empezará a publicar en mayo de este año—, de las dos novelas cortas de Monje y robot, y de otros títulos como Para aprender, si la suerte nos sonríe. Ha sido ganadora en dos ocasiones del premio Hugo (2019 y 2022), del Premio Locus (2023) y nominada en certámenes tan destacados en la literatura de ciencia ficción como el Arthur C. Clarke. Becky Chambers tiene el interés y la curiosidad, pero no la formación científica, por lo que la autora confiesa que siempre acaba haciéndole un millón de preguntas y consultas a su madre, la astrobióloga Nicoline Chambers, y a su equipo de investigadores, lo que concede una asombrosa verosimilitud a todo el universo de la autora.
La primera vez que escuché hablar de Becky Chambers fue en la librería Gigamesh: Antonio Torrubia sabe que no soy lectora habitual de ciencia ficción (os vais a reír cuando veáis la próxima reseña que voy a publicar en el blog) y me sugirió que si me apetecía explorar el género me recomendaba leer El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, el primer volumen de La peregrina. Me aseguró que era «como los libros de tomar el té que tanto te gustan, solo que en naves espaciales. Una novela de tacitas en el espacio.» No sé a vosotros, pero una recomendación tan maravillosa me cautivó. Y aquí sigo, prendada de Becky Chambers y con muchas ganas de volver a leer El largo viaje a un pequeño planeta iracundo en cuanto Runas lo lleve a librerías en marzo.
El título de esta historia de ciencia ficción tan feelgood y esperanzadora viene al caso de un fragmento del mensaje que las Naciones Unidas grabaron en 1977 para el disco dorado de las Voyager: «(…) Salimos de nuestro sistema solar para viajar por el resto del universo en busca de paz y amistad; para enseñar, si se nos requiere; para aprender, si la suerte nos sonríe«. Y resume muy bien la misión de los cuatro astronautas protagonistas. Narrada en primera persona por la ingeniera Ariadne, una voz amable, profundamente arraigada en la bondad, la generosidad, la compasión y la esperanza en la capacidad humana para aprender, se trata de una historia de exploradores fascinante y acogedora. La prosa de Becky Chambers es precisa y brillante, y refleja con mucho encanto y sentido del humor el pensamiento de su protagonista. El final me ha parecido precioso, esperanzador, y con un mensaje que hace honor al título de la novela: si tienes suerte, te hará reflexionar sobre las preguntas (y las respuestas) importantes de la vida.
Lectora, Becky Chambers siempre te deja el corazón calentito y te devuelve (un ratito) la fe en la humanidad (que no es poco, en los tiempos que corren).
También te gustará: Oveja mansa; El mar de la tranquilidad; Dioses, monstruos y el Melocotones de la suerte; Lenguas maternas y otros relatos; El último asesinato en el fin del mundo
La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, de Théophile Gautier
En los relatos de La cafetera. Cuento fantástico (1831) y Ónfale. Historia rococó (1834), un protagonista joven y atolondrado se enamora perdidamente de una mujer hermosa y fantástica, pero cuando despierta no está seguro de si ha sido un sueño o algo mucho más escalofriante y sobrenatural.
La muerta enamorada (1836) es el relato que da nombre a esta antología de cuentos sobrenaturales de Théophile Gautier. Un joven sacerdote, a punto de tomar los hábitos, cae presa de la bella Clarimonde, la misteriosa cortesana italiana que lo arrastrará hasta la romántica Venecia, donde el precio a pagar por sus placeres puede que se cobre en sangre.
El caballero doble (1840) interpreta una antigua leyenda nórdica sobre el nacimiento de un niño cuyo destino se rige por dos estrellas, una malvada y otra benévola. En El pie de momia (1840) y en Arria Marcela (1852), Gautier explora lo sobrenatural y lo fantástico invitando al lector al Antiguo Egipto, en el primer relato, y a recorrer las calles de Pompeya justo antes de la erupción del Vesubio —con una espléndida descripción histórica—, en el segundo.
Puede que el relato más sorprendente y espeluznante sea Dos actores para un papel (1841), por la intervención de Lucifer en persona y por esa mirada tras las bambalinas tan bien caracterizada por el autor.

Alba Editorial
Traducción de Andrés Ruiz Merino
Tapa dura
168 páginas
Fecha de publicación: noviembre de 2025
ISBN: 978-84-1178-201-2
Théophile Gautier (1811 – 1872) fue un poeta, novelista, periodista y crítico literario educado en París y precursor de movimientos artísticos como el parnasianismo o el simbolismo. Gautier, que se inició en el arte como crítico cultural por indicación de Honoré de Balzac, adscribe sus primeros relatos de ficción al romanticismo de su época hasta que, en 1835, publica su novela Mademoiselle de Maupin, en cuyo prólogo expone los principios del «arte por el arte» que constituirían parte de los fundamentos del parnasianismo. Este movimiento tendría su más visible exponente en el libro de poemas de Gautier, Esmaltes y camafeos (1852). Este principo —alrededor del que otros autores de la talla de Oscar Wilde, en Gran Bretaña, o Charles Baudelaire, en Francia, también publicarían— partía del supuesto de que el arte no tenía por qué justificarse moralmente.
Los relatos de la antología La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, recogidos por Alba Editorial en su colección Alba Clásica con traducción de Andrés Ruiz Merino (atención a las fabulosas y más que bienvenidas notas a pie de página de este traductor), fueron publicados originalmente por Théophile Gautier entre los años 1831 (La cafetera) y 1851 (Arria Marcela), por lo que son perfectos para observar la transición de sus inicios romanticistas hacia otra manera de entender la literatura, enmarcada en el movimiento cultural del parnasianismo. En este sentido, La cafetera y Ónfale están escritos en un tono y un lenguaje descriptivo propios del romanticismo, con ese ensalzamiento casi desesperado de la belleza, la presencia de lo onírico y de la muerte, o unas descripciones que me llevaban a imaginar a los personajes dentro de un cuadro de Fragonard.
La muerta enamorada, en cambio, aunque conserva rasgos de expresiones románticas propias de la literatura de su época, lleva el relato más allá de cualquier consideración moral, sin detenerse en juzgar el comportamiento blasfemo del sacerdote protagonista o de la petición de Clarimonde de que la ame más que a su dios. Gautier muestra sin caer en moralidad alguna, llevado por una narración que mantiene la tensión hasta el final a un ritmo desasosegante. Destaca la escena sublime del joven protagonista masculino acudiendo al dormitorio de la cortesana muerta, para dispensarle la extrema unción, como si entrase por vez primera en su cámara nupcial: «Pues el amor es más fuerte que la muerte y acabará por vencerla«. No desvelaré más de este relato más allá del apunte a los lectores de que Théophile Gautier escribió y publicó La muerta enamorada 36 años antes de que Sheridan Le Fanu publicase su Carmilla y unos 61 años antes de que Bram Stoker publicase Drácula.
Tal vez sean La muerta enamorada y Arria Marcela —ambientación que me ha recordado a Memorias de los últimos días de Byron y Shelley— los dos relatos de esta antología en los que resulta más evidente la destreza de Gautier para mantener la tensión narrativa y enredar al lector en una atmósfera de desesperación y desastre inminente. Con la diferencia de que La muerta enamorada es mucho más romántica, en estilo y forma, que Arria Marcela, algo más sobria, muy bien documentada y enmarcada en la Pompeya del emperador Tito Flavio. Sin embargo, también he disfrutado enormemente de El pie de momia, el cuento más divertido de esta antología. Si bien Gautier muestra trazas de un travieso sentido del humor en los dos primeros relatos (La cafetera y Ónfale), en El pie de momia cuenta una historia sobrenatural de tinte cómico en la que guiña un ojo a la supuesta superioridad de los colonizadores imperialistas de su siglo y anticipa ese interés creciente en la egiptología, las momias y sus maldiciones, que habría de ponerse tan de moda en la Francia y la Inglaterra victorianas.
Lectora, cuentos sobrenaturales, escalofriantes y divertidos para conocer a Théophile Gautier.
También te gustará: El carruaje fantasma y otros cuentos góticos; El castillo de Otranto; La máscara de la muerte; La joya de las siete estrellas; Carmilla; El monje
El viento en el rosal y otras historias de lo sobrenatural, de Mary E. Wilkins Freeman
Una niña que no aparece, pero que debería estar ahí cuando su tía va a recogerla a casa de su madrastra viuda. Tres hermanas que sospechan algo terrible, hasta que las sombras en la pared acaban por confirmar lo que tanto temen. Una bella mujer rodeada de muerte. Una habitación que guarda la esencia de la persona mezquina que la habitó. Un trato demasiado bueno en la compraventa de una casa. Dos amigas que se susurran una historia escalofriante. Seis historias de fantasmas, de apariciones, de casas encantadas, de personajes malditos, de niñas perdidas y familias acechadas por lo extraño y lo sobrenatural.

Mary Eleanor Wilkins Freeman (1852 – 1930) fue una novelista estadounidense, nacida en Massachusetts, que comenzó su carrera literaria tras quedarse huérfana y tener que valerse por sí misma. Tanto sus relatos y novelas, como sus antologías de cuentos infantiles, tuvieron muy buena acogida tanto por parte del público como de la crítica literaria, que apreciaban sus historias costumbristas ambientadas en Nueva Inglaterra. En 1926, fue premiada por la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras con la medalla William Dean Howells. En enero de 2021, La biblioteca de Carfax publicó El viento en el rosal y otras historias de los sobrenatural, una antología de seis relatos de Mary E. Wilkins Freeman, con traducción de Shaila Correa y prefacio de Ana Morán Infiesta.
He disfrutado de estos seis relatos de Mary E. Wilkins Freeman con la calma que se merecen y, cada vez que terminada de leer uno, pensaba que era mejor que el anterior. He cerrado esta magnífica antología con la sensación de que no puedo escoger un cuento favorito porque todos, excepto, quizás, el de El solar vacío —que se me ha quedado un poquito corto en comparación con la excelencia de los demás—, me han encantado (en el sentido de gustar, no en el sentido sobrenatural del término (o eso espero)). Tenía el listón alto después de leer El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, de Amelia B. Edwards, y La máscara de la muerte y otras historias, de H. D. Everett, pero los relatos de Mary E. Wilkins son incomparables e imposible de eclipsar.
Destaca, por encima de todo, la prosa hábil y precisa de la autora, su don para sugerir entre líneas los detalles más terribles, la maestría con la que mantiene la tensión hasta el final y pone los pelos de punta a lo largo de las páginas, que todas sus protagonistas y la mayoría de sus personajes sean mujeres extraordinarias, fuertes e independientes, y que sea capaz de trasmitir todo un universo familiar en apenas un párrafo o un par de líneas de diálogo. Me ha encantado el apunte final de El viento entre el rosal, la relación entre las tres hermanas protagonistas de Las sombras en la pared, o el misterio planteado, la mirada crítica hacia los estereotipos de género y la narración oral de Luella Miller. Pero, sobre todo, me lo he pasado en grande con La habitación sudoeste, por su sentido del humor, por el retrato de cada uno de los personajes y por la malevolencia que rezuma entre párrafos cada vez que se refiere a la señora que murió en la dichosa habitación. Aunque Mary E. Wilkins Freeman se educó en una familia e institución religiosas, ambas muy estrictas, se las ingenia para mostrar el carácter independiente, inteligente y reivindicativo de todas sus mujeres sin salirse ni una coma de lo que se consideraba correcto en los estándares sociales y de género de su época. Estoy deseando leer algunos de sus relatos costumbristas porque sé que los voy a disfrutar a lo grande.
Lectora, y además sus manifestaciones sobrenaturales dan yuyu.
También te gustará: La máscara de la muerte y otras historias; El carruaje fantasma y otros cuentos góticos; Cuentos de brujas de escritoras victorianas; No mires ahora y otros relatos
El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, de Amelia B. Edwards
James Murray, un joven abogado inglés recién casado, se desorienta en los páramos del norte de Inglaterra tras una infructuosa jornada de cacería. Con la noche a punto de caer y en medio de una nevada intensa, corre la suerte de cruzarse con un rudo criado que le ofrece, a regañadientes, refugio en la casa de su amo. No es un buen lugar para perderse pues los páramos son inhóspitos, oscuros y peligrosos. No hace tanto, una diligencia nocturna sufrió un terrible percance que…
En octubre de 1760, el mismo día en el que el rey Jorge III sube al trono, el joven capitán William Barlow y su tripulación parten a bordo del barco comercial Mary-Jane con rumbo a las Antillas. Pero cuando en alta mar se cruzan con un inquietante barco fantasmal, en medio de un banco de niebla, el destino de William queda sellado por la fiebre de un misterioso tesoro.
Tras la guerra de Crimea, un oficial inglés desmovilizado viaja en tren en dirección a la campiña para descansar un tiempo en casa de un buen amigo de la infancia. En una de las estaciones intermedias, entra en su compartimento el tío de la esposa de su amigo, uno de los directores de una línea de ferrocarril en expansión, que lo pone al corriente de los ambiciosos planes de la compañía. Pero cuando el oficial llega a su destino y comparte con sus anfitriones el encuentro con el director del ferrocarril, pone en marcha una inquietante y terrible investigación criminal.
Estos han sido mis tres relatos preferidos de esta antología de cuentos góticos: El carruaje fantasma (1864), El descubrimiento de las islas del tesoro (1864) y El expreso de las cuatro y cuarto (1866).

Alba Editorial
416 páginas
Fecha de publicación: octubre 2021
Traduce Daniel de la Rubia
ISBN: 978-84-9065-811-6
Amelia B. Edwards (Londres, 1831 – Somerset, 1892) fue una novelista, periodista, viajera, artista y egiptóloga inglesa, además de una señora victoriana magnífica. De familia adinerada, recibió una educación extensa y cultivó sus intereses musicales, pictóricos y matemáticos. Aunque poseía un gran talento para la ilustración, empezó a publicar sus primeras obras de ficción en la década de los cincuenta, despertando la admiración de Charles Dickens, quien la invitó a colaborar en sus revistas y publicaciones. Este volumen titulado El carruaje fantasma y otros cuentos góticos recoge la totalidad de sus relatos fantásticos y de misterio.
La primera vez que leí a Amelia B. Edwards fue hace un par de años (gracias a la iniciativa del #RetoEgipcio de Las inquilinas de Netherfield): Mil millas Nilo arriba, el ensayo y bitácora de su entrada a la egiptología por la puerta grande que Edwards escribió, ilustró y finalmente publicó en 1877 como una compilación, autodidacta y apasionante, del viaje que le cambió la vida. Los relatos que recoge la antología de El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, excepto su último título (¿Fue una alucinación?) fueron escritos y publicados entre 1860 y 1873, es decir, antes de su viaje a Egipto. Por lo que resulta interesante observar la evolución en el estilo de la autora, sobre todo en lo que se refiere al planteamiento de la trama y el suspense, porque lo cierto es que la prosa y el estilo de Amelia B. Edwards es deslumbrante de principio a fin.
Con una habilidad notable para la descripción de bellísimos —aunque a veces inquietantes y misteriosos— paisajes y la recreación de atmósferas góticas, Amelia B. Edwards relata con concisión historias tocadas por lo sobrenatural y protagonizadas por personajes carismáticos, atormentados, de moral dudosa o de honradez conmovedora. Incansable viajera, la autora conocía bien las montañas y los lagos suizos, los parajes naturales cercanos a los Alpes e Italia, lugares en los que sitúa las historias de El paso nuevo, En el confesionario o Monsieur Maurice, entre otras, o, en el caso de Italia, La historia de Salomé y La historia de la hermana Johanna. Tal vez sea por esta ambientación centroeuropea, que en el inicio de dichos cuentos se encuentre cierto eco a los cuentos tradicionales de los hermanos Grimm, aunque después sus tramas se desarrollen por otros derroteros.
En todo caso, los cuentos de Amelia B. Edwards sobresalen y se caracterizan por reflejar con maestría la mirada observadora, curiosa y artística (recordemos que Edwards era una buena ilustradora) tan afines a su carácter. Además de por su excelente ambientación y el ingenio de sus argumentos y personajes, estas historias también destacan por la rigurosidad en la documentación histórica (por ejemplo, Una misión peligrosa está protagonizada por militares austríacos en las campañas napoleónicas centroeuropeas) y por una mirada muy consciente y bien informada sobre su país y su época (por ejemplo, en Historia de un ingeniero o en El expreso de las cuatro y cuarto, la autora hace referencia a la importante expansión de la industria del ferrocarril y a sus consecuencias en la sociedad y economía victorianas)
Estoy convencida de que cada lector escogerá sus favoritos entre los quince relatos de esta antología y de que no coincidiremos necesariamente porque los quince tienen sus propios méritos peculiares. En mi caso, como ya he indicado al principio, han sido El carruaje fantasma, por la originalidad de la escena sobrenatural y porque me ha puesto los pelos de punta la maldad implícita, El descubrimiento de las islas del tesoro porque Amelia B. Edwards se avanzó a Robert Louis Stevenson o a John Meade Falkner y tiene un toque temporal inesperado, y El expreso de las cuatro y cuarto por la intriga criminal añadida a la historia de fantasmas ¡a bordo de un tren!
Lectora, perfecto para leer en esta Noche de Difuntos.
También te gustará: Para leer al anochecer; Cuentos de brujas de escritoras victorianas; La máscara de la muerte y otras historias
Brujería para chicas descarriadas, de Grady Hendrix
Neva tiene quince años y vive en Alabama, va a décimo curso, le encanta el teatro, tiene planeado ir a la universidad y se siente querida por sus padres y sus dos hermanas pequeñas. Hasta que se queda embarazada. Se avecina el verano de 1970, Richard Nixon ocupa la presidencia, las protestas por la guerra de Vietnam claman de costa a costa, la inflación estadounidense es preocupante y las madres solteras son una vergüenza, unas sucias pecadoras que deben esconderse para no pervertir al resto de la sociedad. Cuando toda la familia y las amigas de Neva le dan la espalda, sus padres deciden internarla en el Hogar de la señorita Wellwood, en Florida, una institución en donde jóvenes solteras embarazadas se quedan internadas hasta que van al paritorio, dan a sus bebés en adopción y se recuperan para volver a sus respectivos hogares como si nada hubiese ocurrido. Cuando Neva empieza a comprender todo el peso de la culpa y de la maldad que se vierte sobre ella y sus compañeras del Hogar Wellwood, decide que, al menos, ayudará a Holly, una niña de catorce años embarazada del predicador que la violó durante años y que está esperando a que vuelva a casa para continuar con sus abusos. Quizás como adolescente no tenga el suficiente poder como para salvar a Holly, pero como bruja, como parte de un aquelarre, las cosas empiecen a cambiar.
«Le dijeron que podría volver a su vida anterior. Le dijeron que no sufriría. Le dijeron que no habría de pensar en ello nunca más. Era mentira (…). Le dijeron que era una descarriada. Le dijeron que todo era culpa suya. Le dijeron que había hecho algo mal. Era mentira (…).
—Todo tiene un precio —dijo la señorita Parcae—. Y todo precio debe pagarse.
Entonces, ¿cómo es que ninguno de ellos no pagaba nunca? ¿Por qué siempre pagaban otras? Otras como Holly. Como Fern. Como Zinnia. Como Rose.«

He leído la edición de Obscura Editorial, con traducción de Marta Armengol. La edición en castellano es de Minotauro, con traducción de Simon Saito.
Grady Hendrix (Charleston, 1972) es un escritor y guionista estadounidense que ha ganado el Bram Stoker por Paperbacks from hell (2017) y ha sido nominado a prestigiosos premios de terror por Horrorstör (2014), El exorcismo de mi mejor amiga (2016) o Ens hem venut les ànimes (2018). Algunas de sus novelas van a ser adaptadas a la gran pantalla y otras, como Grupo de apoyo para final girls (2022) o Guía del club de lectura para matar vampiros (2021), serán adaptadas en serie televisiva. Conocí a este autor gracias a mi amiga Rosa, de Las inquilinas de Netherfield, que me lo recomendó porque sabe que, aunque no soy aficionada al género del terror, me gustan las voces originales, ingeniosas, con cierto sentido del humor. En estos últimos cinco años he leído y disfrutado de casi todas las obras que se han publicado, en castellano y catalán, del autor: este verano disfruté muchísimo con Badasstronauts y acabo de inaugurar mis lecturas de la Spooky Season con Fetilleria per a noies esgarriades (Brujería para chicas descarriadas en la Edición de Minotauro). Y si leer a Grady Hendrix siempre es una experiencia, os recomiendo que lo escuchéis hablar. Tanto en entrevistas, como charlas o presentaciones, Hendrix es un gran comunicador y tiene el don de reflexionar sobre la realidad política y social de nuestro mundo de una forma esclarecedora y sin perder jamás el sentido del humor o la esperanza de que no todo está perdido para nosotros.
Grady Hendrix explica que sintió la necesidad de escribir Fetilleria per a noies esgarriades cuando una de sus tías le confesó que en su adolescencia se había quedado embarazada y que sus padres la habían enviado a una institución en donde la escondieron hasta que dio a luz y la obligaron a dar al bebé en adopción. Hendrix investigó lo que resultó ser una práctica común y extendida en Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la sentencia judicial, en 1973, de Roe vs Wade. Las madres solteras eran estigmatizadas por la sociedad, por la iglesia e incluso por el gobierno, se las culpaba de corrupción moral, de pecadoras, de criminales e incluso de la inflación; se las privaba de cualquier poder de decisión, se las internaba y se las obligaba a renunciar a sus hijos.
En Fetilleria per a noies esgarriades, el autor vuelve a brillar con su prosa precisa, casi de cronista, y la magnífica construcción de sus personajes femeninos. Aunque confiesa en el epílogo que no ha sido capaz de entender por qué se sometió a todas aquellas adolescentes al dolor y a la barbarie, lo cierto es que vuelve a aterrorizarnos con uno de sus temas recurrentes: los monstruos que dan más miedo son las personas que asumen y se comportan según las convenciones sociales, políticas y de género de su época sin preguntarse sobre la justicia, la compasión o la crueldad de sus acciones. Los tres hilos principales de la trama —la vida en el Hogar Wellwood para chicas descarriadas, la historia personal de esas chicas y la brujería— se entrelazan con naturalidad para constituir una sola historia, la de quienes fueron culpabilizadas y silenciadas, la de las brujas quemadas en la hoguera, la de las mujeres borradas de la historia. Solo ellas son culpables siempre, solo ellas deben pagar el precio siempre. Atención a la historia de Holly, una niña que sufre abusos sexuales desde la infancia y que ha dejado de hablar porque nadie la cree; a Rose, la rebelde inconformista, valiente, indomable; a Zinnia, la inteligente artista de color, muy consciente de su doble condición de paria porque no solo está embarazada sino que además la segregación racial sigue muy vigente en los estados sureños; a Fern/Neva, la protagonista, que por fin entiende que el infierno para una chica de quince años está tan cerca como tomar una sola mala decisión.
Lectora, mi novela preferida de Grady Hendrix junto con Guía del club de lectura para matar vampiros.
También te gustará: Guía del club de lectura para matar vampiros; Horrorstör; El exorcismo de mi mejor amiga; Grupo de apoyo para final girls; Badasstronauts