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La invención del norte, de Bernd Brunner

A lo largo de la Historia, la percepción del norte, su localización geográfica, su acervo cultural y mitológico, sus pobladores, ha ido variando a medida que oriente y occidente lo han explorado y escrito miles de tratados al respecto. Contra todo pronóstico, es más fácil viajar hacia el norte en invierno porque la nieve cubre cualquier accidente y el trineo vuela sobre caminos blancos y desconocidos. La expedición de Linneo a Laponia y su convicción de que las minas de cobre de Falum eran la entrada al infierno nórdico, los vikingos que descubrieron América 200 años antes que Colón, la interpretación fantasiosa de la aurora boreal de Halley, las Edda y Ossian (ese Homero del norte que resultó ser la magnífica invención de un escocés que llegó a deslumbrar a Goethe o a Madame de Stäel), David Gaspar Friedrich, que jamás viajó más al sur de Austria para no contaminarse de la luz meridional en un momento en el que solo lo italiano era sinónimo de bello, los exploradores europeos en busca del paso del Noroeste, Beowulf y William Morris, la fiebre vikinga de los británicos victorianos y Edward Bulwer-Lytton llamándolos «los griegos del mundo cristiano»… La invención del norte recoge, con el encanto al que nos tiene acostumbrados Bernd Brunner, episodios histórico-culturales, científicos y momentos estelares relacionados con el Norte.

«Muchos ingleses se empeñaron en buscar vínculos con su propio origen. Existía, por ejemplo, la descabellada tesis de que la propia reina inglesa tenía lazos de parentesco con Odín, o que la línea real de Hanover estaba ligada a Ragnar Lodbrok, el célebre capitán vikingo que halló su terrible final, presuntamente, en un pozo de serpientes de Northumbria, uno de los reinos anglosajones.«

En un momento en el que la última Tule se considera el espacio —concretamente, la NASA la ha ubicado en el Cinturón de Kuiper—, Bernd Brunner nos deleita con un viaje al pasado en el que el Norte fue, durante siglos, un gran misterio, naturaleza salvaje y romanticismo. Brunner (Berlín, 1964) es un investigador, articulista y ensayista, autor de libros como Cuando los inviernos eran inviernos o El arte de la domesticación de los frutales, entre otros. Con su amena narración y su talento para contar anécdotas científicas, históricas y culturales, el autor desgrana en cada capítulo una aproximación fascinante al Norte terrestre desde diversas perspectivas.

He disfrutado especialmente de la explicación del origen etimológico de la palabra norte (significa, literalmente, a la izquierda de la salida del sol), las explicaciones mitológicas de fenómenos científicos como las auroras boreales (Halley pensaba que la Tierra era hueca y por un agujero, en el norte, se escapan sus interioridades en forma de luz) o lo agradable que les parecía el verano norteño a los exploradores de siglos anteriores, con sus suaves temperaturas y las escasas horas de oscuridad. Me ha sorprendido toda la leyenda alrededor de los escritos de Ossian y la falsificación de Macpherson, así como la incredulidad de Samuel Johnson de que fuesen verídicos (pero no por su origen sino porque pensaba que una cultura escrita de tanta importancia no podría haberse originado en las highlands escocesas). Y cómo la interpretación histórica siempre queda en manos de quienes ostentan el poder: en la época victoriana, por ejemplo, los británicos se fascinaron con los vikingos, pero no aceptaban que la lengua nórdica tuviese una raíz común indostaní, por el menosprecio habitual de la metrópolis hacia sus colonias indias. Así como la triste deformación que llevó a cabo el Tercer Reich de todo lo nórdico para construir su monstruosidad teórica sobre las razas superiores.

Lectora, un ensayo fresco y muy interesante que acompaña muy bien los calores de agosto.

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Seis mujeres criminales, de Elizabeth Jenkins

Madame Sarah Rachel Leverson abrió un salón de belleza en el Londres victoriano y estafó miles de libras a sus clientas con tratamientos fraudulentos, complicados engaños matrimoniales y chantaje. Apenas sabía leer y escribir, pero se las apañó bastante bien para burlar a la justicia durante décadas. En el siglo XIV, Alice Perrers, amante del rey Eduardo III, saqueó sistemáticamente todas las residencias reales y las joyas de la corona. Su ambición no conocía límites, ponía a su nombre propiedades de nobles sin herederos o caídos en desgracia, y se ganó la antipatía de toda Inglaterra. Lady Tehodosia Ivie, en el siglo XVII, falsificó actas de propiedades y pleiteó hasta la muerte por quedarse con terrenos y fincas que jamás fueron suyos. Frances Howard, condesa de Somerset, educada en la corte del rey Jacobo I (1566 – 1625) como moneda matrimonial de cambio, tomó las riendas de su propio destino deshaciéndose de su marido, uniéndose a otro hombre más poderoso y envenenando a cualquiera que pusiese en peligro su influencia sobre la corona, su poder político o sus riquezas. Jane Webb fue la carterista más hábil en las calles del Londres victoriano y la adorada y admirada líder de una banda de ladrones y estafadores. En el último tercio del siglo XIX, Florence Bravo no solo fue durante años la reputada amante de un famoso médico sino que se casó dos veces y estuvo en el punto de mira de los jueces en el llamado Misterio de Balham —historia que Elizabeth Jenkins desarrollaría con más detalle en su novela La historia del doctor Gully— justo cuando su segundo marido amenazaba su independencia económica y personal.

«Además de al severo castigo si lo atrapaban, el ladrón se enfrentaba a condiciones espantosas si se resignaba a la pobreza. Los barrios bajos del Londres del siglo XVIII eran quizás los más sórdidos que se hayan conocido, pues el hacinamiento en las áreas urbanas ya era una realidad, pero no así los programas estatales de beneficencia (…). Johnson calculó a grandes rasgos que mil personas morían de hambre cada año en Londres. entre el frío, el hambre y las enfermedades, las propias cárceles, por horribles que fueran, no infundían un gran temor a los habitantes de un barrio bajo del siglo XVIII, y el riesgo de la horca no disuadía de un cambio que podía reportar un puñado de guineas; o, lo que es lo mismo, vino, carne, fuego, ropa decente y una buena cama.«


Rara avis. Alba Editorial
Traducción de Daniel de la Rubia
Ensayo histórico, biográfico, judicial
Fecha de publicación septiembre 2024
304 páginas
ISBN: 978-84-1178-091-9

Elizabeth Jenkins (1905 – 2010) fue una novelista y ensayista británica, que estudió en Cambridge, ejerció de profesora y se relacionó con el círculo de Bloomsbury. Durante la Segunda Guerra Mundial, desarrolló labores de ayuda humanitaria y fue una de las fundadoras de la Jane Austen Society. Autora de las biografías de personajes tan relevantes en la ciencia y la cultura como la propia Jane Austen, Henry Fielding o Joseph Lister, siempre se interesó por el true crime histórico: entre otros, publicó Harriet, en 1934, libro en el que reconstruye el «misterio de Penge», un caso judicial de época victoriana, o La historia del doctor Gully, en 1972, en el que desarrolla el caso de Florence Ricardo y el «misterio de Balham». Elizabeth Jenkins publicó por primera vez, en 1949, Seis mujeres criminales, un estudio judicial y social de casos concretos de crímenes reales ocurridos en distintas épocas históricas, en Inglaterra.

Seis mujeres criminales es un ensayo histórico que atrapa por el estilo directo y cautivador de Elizabeth Jenkins, por la excelente documentación de cada uno de los casos reales en diferentes épocas pasadas y por la peculiar personalidad de sus protagonistas. Jenkins se aproxima a estas personas desde la psicología y las circunstancias de la época, pero también dentro del marco socio-económico y de género en el que existieron. Carteristas, timadoras, ladronas, falsificadoras, asesinas… sus seis criminales son figuras carismáticas, misteriosas, singulares, de las que se sabe más por sus actos y sus respectivos procesos judiciales que por su propia voz, de la que apenas queda registro. De ahí que la cuidadosa labor de reconstrucción de sus vidas y personalidades sea tan admirable. Y si bien es cierto que a menudo se detecta cierto tono de simpatía hacia estas protagonistas —sobre todo en el caso de la magistral carterista victoriana Jane Webb, probablemente porque, en su caso, poseía un toque romanticista a lo Robin Hood y la alternativa de una vida dentro de los cauces de la ley le hubiese supuesto una existencia inhumana—, no se trata de una justificación de sus respectivos comportamientos sino de un intento de comprensión hacia quienes Charles Dickens ya señaló como «nacidas sin apenas oportunidades».

Con una pluma elegante y ágil, un encanto magistral para narrar anécdotas e incorporar una vasta documentación con gracia y naturalidad, Elizabeth Jenkins refleja en este ensayo su interés de una manera humana y empática. Un ensayo ameno y apasionante que a menudo se presenta como una investigación sobre unas mujeres que se quedaron fuera de los libros de Historia pese a haber sido hijas de su tiempo y, algunas de ellas, parte del poder en las sombras que rigió el destino de Inglaterra.

Lectora, el mejor ensayo histórico que he leído este año.

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Mudlarking, de Lara Maiklem

La definición de mudlark es la de una persona que rebusca restos aprovechables en el lodazal de un río o puerto. En Londres, el Támesis es un río de mareas: una diurna y otra nocturna. Las aguas tardan unas seis horas en subir río arriba y casi siete en regresar al mar, y entre subidas y bajadas, el nivel de sus aguas ronda los cinco metros de diferencia. Es entonces, con el cauce en horas bajas, cuando los buscadores de tesoros recorren las orillas. Lara Maiklem dedica un capítulo a cada uno de los accesos al curso del Támesis en el corazón de la ciudad, desde Hammersmith hasta Tilbury (incluyendo la cabeza de la marea, en Teddington, pese a las esclusas, y el estuario), contándonos la historia del río en esos puntos, pero también sus hallazgos históricos más valiosos: pipas de mar, el zapato infantil de época Tudor, monedas de todas las épocas, cuentas de collares isabelinos, herramientas romanas, objetos religiosos medievales, anillos posy… Londres fue punto estratégico de civilizaciones desde la época romana hasta nuestros días y, como señala Lara Maiklem, el Támesis es el paisaje arqueológico más largo de Inglaterra.

«Solo estábamos el río y yo, y me invadió una sobrecogedora sensación de confort, de llegar por fin a casa. Resultaba que mi compañero de juegos había estado conmigo todo ese tiempo. Tardé todavía algunos años más en descubrir la orilla, pero en medio de aquella ciudad sucia, ruidosa y emocionante había encontrado algo familiar: un lugar salvaje y melancólico con un cielo abierto de par en par. Allí encontré el espacio y la soledad que necesitaba para compensar el bullicio y el caos que perseguía mi gemela urbana, podía conectar con la naturaleza y unir las dos partes de mi cuerpo.«

Lara Maiklem se mudó de una granja lechera en su Surrey natal a Londres, a finales de los años noventa. Cuenta que la metrópolis y el estrés del trabajo la abrumaban hasta que vislumbró el Támesis, esa línea brillante y nítida de sosiego natural cruzando la ciudad. De contemplar el río a interesarse por las actividades de los mudlarks fue todo uno y allí encontró más que una afición: una forma de entender el pasado y preservar la memoria. Publicó su primer libro, Mudlarking. Historia y objetos perdidos en el río Támesis, en 2019 y se convirtió en bestseller del Sunday Times. En 2020 fue galardonado con el Indie Book Award for Non-Fiction. Capitán Swing lo publicó en castellano en enero de 2023, con la magnífica traducción de Lucía Barahona, con quien tuve el placer de charlar al respecto en la Feria Literal de ese mismo año. Tras mi mudanza, fue el primer libro que una amiga muy querida me regaló para estrenar las estanterías de mi nuevo hogar. Y adelanto que, de momento, es el mejor ensayo que he leído en este 2025.

Mudlarking es un ensayo histórico, pero también casi un diario de una buscadora de tesoros. Resulta una lectura fascinante porque cuenta anécdotas geniales y peculiares, como la de la tipografía Doves, la más hermosa del mundo y perdida para siempre en el fondo del río, o la de los fósiles de los dientes de tiburón blanco gigante, o la de la rebuscadora victoriana Peggy Jones, entre otras muchas historias extrañas y maravillosas. Lara Maiklem tiene el don de narrar con un estilo cercano y elegante, con un tono personal que apela a la complicidad del lector. Posee el encanto de las grandes narradoras de cuentos, por eso sabe convertir la Historia, sus protagonistas y los hallazgos arqueológicos en parte de un misterio que resuelve con belleza, cariño y cierto punto de nostalgia. Leer este ensayo es acompañar a los mudlarks en su caza del tesoro durante una mañana gris, justo antes de que la niebla se levante y un sol tímido se refleje en un extraño objeto de cristal de épocas pasadas, como un eco fantasmal a punto de contarnos una historia.

Lectora, un paseo extraordinario y misterioso por las orillas del Támesis.

P. D.: El personaje secundario de Flo en la saga de Jonathan Stroud, Agencia Lockwood, es una mudlark.

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¿El gato se comerá mis ojos?, de Caitlin Doughty

Caitlin Doughty, escritora estadounidense y directora de una funeraria, contesta en este divertido libro de divulgación científica y humanística un montón de preguntas formuladas por niños sobre la muerte y los entierros. En un tono desenfadado, siempre con naturalidad, satisface la curiosidad de los más pequeños sobre qué le pasaría al cuerpo de un astronauta si muriese en el espacio, si los seres humanos pueden pedir que los entierren junto a sus mascotas más queridas, a qué huelen los muertos y las momias, cómo es la descomposición de un cadáver y qué bacterias intervienen en el proceso, qué probabilidades hay de que a una persona en coma la entierren por error, qué pasa cuando un cementerio está demasiado lleno y ya no caben más cuerpos, qué ocurre cuando un soldado muere muy lejos de su casa y no es posible encontrar su cuerpo, etc.

«No podemos hacer que la muerte sea divertida, pero sí podemos hacer que aprender sobre la muerte sea divertido. La muerte es ciencia e historia, arte y literatura. ¡Es un puente que une a todas las civilizaciones y a la humanidad por completo! Mucha gente, yo incluida, cree que podemos controlar algunos de nuestros miedos aceptando la muerte, aprendiendo sobre ella y haciendo tantas preguntas como sea posible.«

Caitlin Doughty es defensora de la reforma de la industria funeraria pues piensa que en la actualidad las familias se sienten ajenas al proceso del entierro de un ser querido, es demasiado caro y tiene un impacto negativo en el medio ambiente. En 2011, Doughty fundó The Order of the Good Death para reivindicar un mayor respeto a los deseos mortuorios de los fallecidos y de sus seres queridos o explorar métodos alternativos de cremación y entierro sostenibles para la salud del planeta (como el compostaje humano o la acuamación).

Aunque ¿El gato de comerá mis ojos? responde a la curiosidad de niños y adolescentes, lo cierto es que la autora escribe con tanta delicadeza, sentido del humor y naturalidad, y se atiene con tanta racionalidad a principios científicos y humanísticos para sustentar sus respuestas, que resulta un libro perfecto para los lectores de cualquier edad. Doughty dice que si los lectores sabemos qué contiene el líquido de embalsamar o qué hace un forense, ya sabemos mucho más que la gran mayoría de personas de todo el mundo sobre la muerte. Y es que, a medida que entramos en la edad adulta, la curiosidad se supedita los tabús y pensamos que preguntar sobre entierros y cadáveres es raro y morboso. Me ha parecido una lectura muy interesante y esclarecedora desde el punto de vista de la divulgación científica; y un libro muy necesario para reflexionar alrededor de tradiciones y rasgos culturales mortuorios y preguntarnos qué deberíamos cambiar en beneficio de nuestro planeta y nuestros descendientes. Si los vivos a veces nos comportamos como una plaga para el planeta, intentemos dejar de serlo una vez muertos.

Lectora, ciencia y cultura de lo más natural.

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Sally en Rodesia, de Sheila MacDonald

En agosto de 1907, Sally llega a Rodesia del Norte —la actual Zambia— para casarse con Toby MacDonald. La joven pareja se instala en Salisbury, por aquel entonces la capital, y caen totalmente rendidos a la magia del África colonial. Sally en Rodesia es un compendio de las cartas que la protagonista le envía a su madre y a una amiga, desde agosto de 1907 hasta junio de 1912, contándoles sus aventuras cotidianas con el servicio doméstico autóctono, la maravilla de los paisajes, sus jardines, sus excursiones, y su cada vez más extraña vida social y doméstica a medida que la familia crece.

«Vaya luna, madre querida, gloriosamente clara y reluciente; un cielo brillante salpicado de estrellas, sin viento, tan solo una especie de canción fresca y suave que se cuela entre los árboles. Tengo el presentimiento de que voy a adorar África; hay algo que simplemente me llama y me atrae.«

Sheila MacDonald nació en Nueva Zelanda. Se casó en primeras nupcias con Toby MacDonald, con el que formó una familia y vivió en Salisbury, Rodesia, hasta 1924, fecha en la que su marido murió y ella se mudó con sus cuatro hijos a Inglaterra para escolarizarlos. Fue entonces cuando empezó a escribir para ganarse la vida y en 1916 publicó Sally en Rodesia, un delicioso testimonio epistolar sobre sus primeros años en África.

Las cartas recogidas en este libro son divertidas, carismáticas y valientes, un fiel reflejo de la personalidad de su autora. A través de su mirada y de su sentido del humor, comprendemos que Sheila MacDonald fue una mujer excepcional para su época y su educación, decidida a ver siempre el lado amable de la vida y dispuesta a sacarle partido a cualquier revés. Enamorada totalmente de África, trasmite, a través de su escritura vívida y enérgica, la mirada de una colona anglosajona que se ha mudado a vivir en una suerte de maravilloso paraíso sin domesticar.

Lectora, un librito epistolar y biográfico divertidísimo y genial.

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