Finalizada la Guerra Civil estadounidense (1861 – 1865), Impey Barbicane, presidente del Gun-Club y fabricante de munición, lanza un sorprendente comunicado a los integrantes de su club: está dispuesto a demostrar que la ciencia y la balística han avanzado lo suficiente como para disparar un proyectil a la Luna y alcanzarla. Lo primero es buscar el asesoramiento del Observatorio de Cambridge, que responde con instrucciones precisas sobre el lugar ideal desde el que lanzar el proyectil, el día del año en el que la luna se hallará más cercana a la Tierra, o el punto del cielo al que apuntar el cañón. Establecidos los parámetros, Barbicane pone el marcha un impresionante dispositivo para construir el cañón, el telescopio, el proyectil, encontrar el combustible idóneo y la fuente de financiación. ¿Conseguirá su objetivo? En Estados Unidos se desata una verdadera fiebre selenita y todos creen en la gesta del Gun-Club excepto una persona, el capitán Nicholls, un fabricante de placas metálicas anti-balas que está dispuesto a apostar en contra de la aventura de Barbicane.
«Cuando un americano tiene una idea, busca un segundo americano que la comparta. Si son tres, eligen un presidente y dos secretarios. Si cuatro, nombran un archivero, y el negociado funciona. Si cinco, se reúnen en asamblea general y el club queda constituido. Esto ocurrió en Baltimore. El primero que inventó un nuevo cañón se asoció con el primero que lo fundió y con el primero que lo barrenó. Ese fue el núcleo del Gun-Club. Un mes después de su formación, contaba con mil ochocientos treinta y tres miembros efectivos y treinta mil quinientos setenta y cinco miembros correspondientes.«

Jules Gabriel Verne (Nantes, 1828 – Amiens, 1905) fue un escritor y ensayista francés, admirado por sus novelas de aventuras y ciencia ficción, tan bien documentadas, imaginadas y argumentadas, que a menudo se lo tachó de visionario. Verne es un hombre de su tiempo, de una segunda mitad del siglo XIX caracterizada por la rapidez en que la ciencia y la tecnología avanzaban y cambiaban. Curioso, analítico y de portentosa imaginación, siempre estuvo interesado en la naturaleza, la ciencia y la tecnología, lo que se refleja con brillantez en sus novelas. En 1865, Verne publicó De la Tierra a la Luna, la tercera novela de su saga Viajes extraordinarios, y la primera que ambienta en Estados Unidos. Gran admirador de Edgar Allan Poe, no solo inicia la novela en Baltimore sino que también le rinde homenaje mencionando en las primeras páginas el relato que inspira toda esta aventura: La incomparable aventura de un tal Hans Pfall, de Edgar Allan Poe (1835), la historia de un hombre que viaja a la Luna a bordo de un globo aerostático. La admiración de Jules Verne por el autor de El cuervo también lo llevaría a escribir y publicar La esfinge de los hielos (1897) que, junto a En las montañas de la locura (1931), de H. P. Lovecraft, conforma la trilogía iniciada por Edgar Allan Poe con La narración de Arthur Gordon Pym (1838) (Atentas porque Valdemar ha publicado este año, en un solo volumen, las tres novelas con el título Trilogía de la Antártida).
De la Tierra a la Luna empieza como una sátira, divertida y punzante, sobre los estadounidenses que, en 1865, terminada la guerra civil, andan un poco inquietos por cómo dar salida a sus cañones y balas. Con un sentido del humor socarrón e ingenioso, Jules Verne trabaja en la verosimilitud científica de esta aventura a la vez que bromea sobre las obsesiones y las costumbres del joven país desde la perspectiva de un escritor francés y del Viejo Continente. Todas las novelas de Verne contienen una gran cantidad de datos científicos y matemáticos por su voluntad, antes mencionada, de dar verosimilitud a sus historias de fantasía y ciencia ficción. Pero en el caso de De la Tierra a la Luna, los capítulos dedicados a los cálculos del fantástico proyecto son más de la mitad de la novela, lo que, en ocasiones, ralentiza un poco la trama. Divertida, especulativa y satírica más que aventurera, esta novela no se queda entre mis preferidas de Jules Verne, aunque me ha parecido de lo más divertida. La edición de Nordica Libros, traducida por Mauro Armiño y magníficamente ilustrada por Agustín Comotto (las ilustraciones son preciosas), es una verdadera joya.
Lectora, con ganas de leer la segunda parte (Viaje alrededor de la Luna).
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Hola guapísima, ¡qué bonita edición! Me encantan que a los clásicos los adornen con ilustraciones. No sé si me lanzaré a por él por eso que comentas que los detalles técnicos son un tanto pesados, pero lo tendré en cuenta
Un besazo
La edición se ve preciosa, pero en esta ocasión no termina de tentarme, no la veo para mí. Pero gracias por tu estupenda reseña.
Besotes!!!
No tenía ni idea de que en la novela, el proyecto de viajar a la luna empezaba con querer dispararle…