El prisionero de Zenda, de Anthony Hope

Lady Burlesdon está algo preocupada por el futuro de su joven cuñado, Rudolph Rassendyll. Indolente y sin perspectivas de un futuro de provecho, la joven señora intenta encontrarle un destino diplomático que lo salve de la apatía londinense. Antes de que su cuñada le solucione la vida, Rudolph decide partir de viaje a Ruritania, un país centroeuropeo con cuya monarquía tiene lazos de sangre debido a un lamentable incidente romántico en el árbol genealógico de los Elphbergs. Sin embargo, cuando el alegre y seductor caballero llega a Ruritania, una serie de complots políticos amenazan la estabilidad del país y Rudolph se ve envuelto en una peligrosa aventura para salvar la vida del rey a riesgo de perder la propia.

«—Espero que no exija otra vida más preciosa que la mía —dije levantándome. Después le di la mano—. Mariscal —dije—, en los días venideros es posible, no lo sé, que oiga cosas muy raras sobre el hombre que le habla ahora. Sea yo quien sea y lo que sea, ¿qué le parece el modo en que me he portado como rey de Strelsau? (…)
—He conocido a muchos Elphbergs —dijo— y, pase lo que pase, ha sido un monarca prudente y un hombre valeroso; sí, y también un caballero tan cortés y un enamorado tan galante como cualquiera de su estirpe.
—Que ese sea mi epitafio —respondí— cuando otro ocupe el trono de Ruritania.«

Anthony Hope (1863 – 1933) fue un escritor británico con formación en derecho y motivación política que empezó a escribir ficción cuando perdió unas elecciones. El prisionero de Zenda, publicada por primera vez en 1894, fue un éxito tan rotundo que animó a Hope a dedicarse por entero a la escritura, estableció las características de un nuevo género literario (la novela ruritana) y se adaptó al teatro, a la ópera, a la radio, a la televisión y, sobre todo, al cine, siendo sus versiones cinematográficas más célebres la dirigida por John Cromwell en 1937, y producida por David O. Selznick en el contexto de la abdicación real de Eduardo VIII, con Douglas Fairbanks Jr. y David Niven; o la versión de 1952, dirigida por Richard Thorpe, y protagonizada por Stewart Granger y Deborah Kerr.

El prisionero de Zenda es una novela clásica de aventuras, perteneciente al género de capa y espada, que sentó el precedente para las llamadas novelas ruritanas, al emplazar su acción, por primera vez, en un país ficticio de centroeuropa llamado Ruritania. Divertida, de ritmo rápido y diálogos ingeniosos, la novela destaca por el equívoco entre el protagonista y el rey, por el carácter socarrón, chulesco y galante del protagonista y de su antagonista principal, por el suspense de la trama y por los enfrentamientos a espada o a pistola entre los personajes. De descripción escasa y con alguna que otra escena de un romanticismo en exceso dramático —seguramente influencia del gótico de la época (me ha recordado a las escenas románticas de El castillo de Otranto), aunque algo discordante para el lector de este siglo—, El prisionero de Zenda no adolece de más inconvenientes para convertirse en uno de los clásicos universales de aventuras más divertidos que vas a leer nunca. Destaca la rapidez de la acción, la maestría con la que Hope construye a sus personajes con un par de pinceladas certeras, la imaginación de la que hace gala el autor, los castillos y los fosos, los dilemas morales de los protagonistas y un estilo narrativo enérgico de frases ingeniosas y legendarias.

Lectora, perfecta para recordar las lecturas de nuestros veranos de infancia.

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3 respuestas a El prisionero de Zenda, de Anthony Hope

  1. Nitocris dijo:

    Hola guapísima, es una novela de la que recuerdo vagamente la peli, no sé cuál de las dos, igual las dos… Además creo que me suena que fue una elección de MH para alguno de tus retos, y si no fue MH fue otra persona, madre de Dios qué memoria la mía, je je je…
    En fin, que me lo apunto porque me apetece leerla.
    Un besazo

  2. Hola Mónica,
    Releí esta novela para tu Reto Serendipia 2024 y me encantó reencontrarme con este clásico de aventuras de la infancia. Además volví a ver la película de 1952 con Stewart Granger y me resultó muy entretenida. Me ha gustado mucho tu reseña y coincido contigo en que uno de los aspectos más importantes de este libro es que instauró el género Ruritano: me encanta ese nombre, es tan romántico…
    Un abrazo y espero que sigas disfrutando de las vacaciones,
    Teresa

  3. Paseando entre páginas dijo:

    Lo tengo pendiente

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