Durante sus muchos años de matrimonio, Laura Palfrey formó un equipo formidable con su esposo. Siempre se adaptó a las complejas circunstancias de su vida en las colonias británicas, pero al volver a Inglaterra, la anciana viuda comprende que tanto tiempo en el extranjero la ha dejado sin amistades. En parte para paliar esa soledad, pero también porque cree que Londres le ofrecerá suficientes distracciones, decide mudarse a vivir al Claremont, un hotel con tarifas reducidas para ancianos de pocos recursos que deseen hospedarse permanentemente o hasta que no sean capaces de valerse por sí mismos. Aturullada por un extraño orgullo, la señora Palfrey confiesa a sus nuevas amistades del Claremont que su nieto Desmond irá a visitarla pronto. Pero las semanas van pasando y la anciana no puede quitarse de encima una soledad casi paralizadora… hasta que conoce a Ludo, un joven escritor con el que traba la amistad que siempre hubiese deseado mantener con su verdadero nieto.
«A veces, cuando estaba recién casada, anhelaba liberarme… liberarme de la crianza de mi hija, liberarme de las obligaciones sociales, liberarme de mis deberes. Y liberarme también de las preocupaciones que ocasionan los seres queridos, las enfermedades de la niña y de mis padres que envejecían, de los problemas de dinero. Cada uno de nosotros alguna vez deseó huir de todo aquello. Pero en realidad no deberíamos desear eso, porque con el tiempo descubrí que solo podemos ser libres cuando nadie nos necesita.«

Elizabeth Taylor (1912 – 1975) fue una escritora británica considerada como una de las mejores, e injustamente olvidadas, narradoras del siglo pasado. Comparada a menudo con Barbara Pym o Elizabeth Bowen, las historias y los personajes de Taylor se consideran demasiado arraigados en su tiempo como para encontrarles un paralelismo con Jane Austen, aunque a menudo se equipara su inteligencia narrativa con la de gran autora georgiana. Publicó su primera novela, At Mrs Lippincote, en 1945, de la mano del editor Peter Lewellyn Davies —el niño que inspiró a J. M. Barrie su Peter Pan y primo de la escritora Daphne du Maurier— quien supo ver su talento literario mucho antes que el resto de la crítica de su época. Prohibido morir aquí (la horrible traducción al castellano del título Mrs. Palfrey at the Claremont) es una obra de madurez; publicada en 1971, fue su penúltima novela (Blaming, 1976, se publicó póstumamente). Aunque fue candidata al Booker Prize y The Guardian consideró Mrs. Palfrey at the Claremont como una de las mejores novelas de todos los tiempos, Elizabeth Taylor no recibió en vida el reconocimiento de un premio literario de prestigio.
Esta es la primera novela que leo de Elizabeth Taylor y me he estrenado por todo lo alto. Le debo esta maravillosa lectura a la acertada recomendación de MH, de Las inquilinas de Netherfield, quien ha leído y reseñado gran parte de la bibliografía de esta autora tan de su agrado (Un alma cándida, Una vista del puerto, Angel, La señorita Dashwood). He disfrutado especialmente con el ritmo narrativo de la autora y con la admirable fluidez con la que cambia el punto de vista del narrador para ofrecernos un atisbo de los pensamientos de cada personaje; recurso que utiliza con precisión para mostrar, en lugar de describir, las contradicciones, los miedos y los deseos más íntimos de Laura Palfrey y del resto de caracteres con los que interactúa. La prosa de Elizabeth Taylor es precisa y luminosa, sus personajes complejos y conmovedores, pero su mar de fondo resulta, a menudo, desesperanzador y triste. La autora retrata con maestría a tres generaciones de clase media en el Londres de los años sesenta: viudas mayores que han vivido los últimos vestigios coloniales del imperio victoriano y que perdieron a sus maridos en la Segunda Guerra Mundial, sus hijos egoístas y vanos, que se desentienden de sus mayores pero, a la vez, también de su propia prole, y los nietos de las viudas, desengañados, perdidos, intentando sobrevivir de su intelecto. El personaje protagonista de la señora Palfrey, encantadora, valiente y cansada, aunque no entiende del todo por qué las cosas se han torcido tanto como para terminar sola, sabe bien qué le espera a partir del momento en el que entra a vivir en el hotel Claremont. Elizabeth Taylor consigue que queramos salir a pasear con ella cada vez que abrimos esta conmovedora e inteligente novela.
Lectora, me ha gustado incluso más que las novelas de Barbara Pym.
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Hola queridísima, yo con Barbara Pym tengo mis más y mis menos, de las cuatro novelas que he leído dos me han gustado muchísimo y las otras meh… Si me dices que esta autora te ha gustado más que ella, la anoto para cualquier otra ocasión.
Un besazo
Pues tengo este libro en la estantería pendiente, así que le hace subir muchos puestos, que me has dejado con ganas.
Besotes!!!