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Cómo ser un gatete, de Kitty Pusskin

Ser un gatete está muy bien: tienes un montón de tiempo libre para dormir, eres la monada de la casa, puedes practicar a hacer el ocho entre las piernas de tu humano, afilar las uñas con sus mesas y sillas, y calcular el momento exacto en el que necesita levantarse para enroscarte en su regazo. Si tienes alguna duda sobre cómo reaccionar con indiferencia a la ausencia de tu humano (porque no eres un perro), o desobedecer sus órdenes (insisto: no eres un perro), morder cables, competir contra el ordenador o el mejor lugar donde vomitar tus bolas de pelo, este es tu libro.
«Schrödinger es conocido como físico cuántico, pero también era otra cosa: un mal hombre. Un hombre muy malo, en realidad. Créeme, no puede salir nada bueno de un gatete encerrado en una caja que contiene un frasco de veneno, una fuente de radioactividad y un contador Geiger.
 
Si alguna vez se te acerca un científico, recuerda que el experimento del gato del Schrödinger no es una paradoja: es un motivo para llamar a la protectora de animales. Cualquier situación en la que estés vivo y muerto al mismo tiempo no puede terminar bien.«

 

ISBN: 9788416700592
Colección: No ficción
Páginas: 148
Fecha de publicación: 22-06-2017
Cómo ser un gatete (la guía definitiva para vivir entre humanos y conseguir triunfar siempre) es un libro simpatiquísimo e ingenioso que conquistará a todos los lectores que conviven con gatos y a los que todavía no lo hacen pero les han entrado unas ganas terribles de llevarse uno a casa después de leer estas páginas. Se trata de una lectura divertida, muy feelgood y con mucho encanto, escrita por una gata, Kitty Pusskin, desde su experiencia como felino. Lejos de considerarse una mascota, Kitty reconoce que la mayor virtud de los humanos es que proporcionan comida y protección, pero no escatima ocasiones para animar a sus colegas a desafiarlos, arañarlos o desconcertarlos con su indiferencia natural.
Me lo he pasado en grande con Cómo ser un gatete porque derrocha tanto cuquismo y feelgood como promete su título, su portada y su autora. Que levante la mano el lector que no necesita de vez en cuando olvidarse del mundo humano y disfrutar de la compañía de nuestras pacientes mascotas. Observarnos a través de los ojos de nuestro gato, con nuestras locas costumbres y nuestras estúpidas reacciones, no solo es divertido y simpático sino que también nos ofrece una pequeña guía sobre el cuidado y la psicología de estos animales.
Lector, el adorable equivalente libresco a ver vídeos de gatetes en Youtube.
También te gustará: Mi familia y otras especies en extinción; Todas las criaturas grandes y pequeñasSi quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:

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El matrimonio de la señorita Buncle, de D.E. Stevenson

Atrás ha quedado el apacible Silverstone para Barbara Buncle, así como sus apuros financieros o sus cuitas literarias, pero Londres no parece el mejor lugar en donde disfrutar de la paz de su nueva vida de casada. Aburrido y cansando de las soporíferas veladas de bridge y los compromisos de la ciudad, el matrimonio decide buscar residencia en la apacible campiña inglesa. Barbara, pronto prescinde de los agentes inmobiliarios y encuentra una casa perfecta en el pequeño pueblo de Wandlebury: la Casa del Arco. Pese a las reformas, a los curiosos vecinos y a las visitas intempestivas, los señores Abbott no tardan en mudarse a su nuevo hogar y encontrar su sitio. Pero el inquieto intelecto y la bondad innata de Barbara, además de una serie de casualidades y equívocos totalmente inesperados, pronto la volverán a meter en líos en su nueva comunidad rural. ¿Puede que haya llegado el momento de volver a escribir otra novela?»El anuncio de que los señores Faction & Whiting iban a publicar la mejor novela del siglo, una obra deslumbrante, repleta de aventuras y con un sentido del humor incomparable, solo despertó en su interior una leve curiosidad por saber cuánto habrían pagado a la agencia de publicidad. Dejó el periódico tranquilamente y miró a su mujer, y, al mirarla, sonrió, porque daba gusto verla y porque la quería, y porque le divertía y le interesaba muchísimo.»


El matrimonio de la señorita Buncle es la segunda entrega de las aventuras de la encantadora Barbara Buncle, a quien ya conocimos en El libro de la señorita Buncle. Esta vez, D.E. Stevenson cambia el pequeño pueblecito inglés de Silverstream por el pequeño pueblecito inglés de Wandlebury, es decir, de nuevo la campiña inglesa con «los mismos problemas que en el gran mundo pero vistos del otro lado del telescopio«. Sin duda, es la trilogía de Barbara Buncle el mejor ejemplo de Stevenson de literatura feelgood, casi un manual sobre el género en cuestión. Al igual que en las novelas de E.F. Benson sobre Lucía y Mapp, un lector desprevenido se encuentra con una trama en la que apenas ocurre nada más que cotilleos vecinales aderezados con un peculiar sentido del humor. Pero el encanto del feelgood también reside en la sutilidad: paz, paisajes agradables, atmósferas acogedoras, té de media tarde junto a la chimenea, divertidos malentendidos, romanticismo… El encanto de los pequeños detalles, que Stevenson maneja con magistral soltura, da pie a una reflexión tranquila sobre la vida y la literatura como vía de escape.

Esta novela se diferencia de la anterior en que quizás hay menos crítica social, menos sátira de los personajes de las comunidades rurales, y más ligereza, reflejada sobre todo en la divertidísima historia de equívocos del sobrino y la heredera de Chavis Cobb, de la sorprendente vecindad de una familia de pretendidos artistas (que me ha recordado un poco a La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons, por la sátira sobre el esnobismo y la pedantería artística), o del fantasma en la Casa del Arco (un bonito guiño a La librería, de Penelope Fitzgerald). Sin duda, recomiendo El libro de la señorita Buncle para iniciarse en los placeres del feelgood por la puerta grande, y El matrimonio de la señorita Buncle para los más avezados en el género, pues sabrán apreciar las sutilezas «de esta villa tan pequeña, adormecida bajo el sol«.
Lector, para expertos en feelgood.
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La dama de la furgoneta, de Alan Bennett

En la década de los años setenta del siglo pasado, cuando Alan Bennett vivía en el barrio de Candem, en una de las casitas victorianas reformadas, ayudó a una señora a empujar su vehículo averiado en un momento de debilidad. Poco podía sospechar que este acto desinteresado le procuraría, durante quince años, dos inquilinas de lo más extravagantes en el jardín trasero de su casa: la furgoneta de Mary Shepherd y Mary Shepherd viviendo en ella. Miss Shepherd es una persona sin hogar y con trastornos mentales, convencida de que es el próximo objetivo del IRA debido a sus panfletos políticos sobre economía y religión, y que suele ver a la Virgen María por Hyde Park. En su juventud fue conductora de ambulancias durante la II Guerra Mundial, concertista de piano y monja, en la actualidad es inventora de gorras alternativas y sigue enamorada de la conducción.
«Miss Sheperd hubiese estado tan poco contenta como yo mismo con el concepto de que Alan Bennet era su cuidador… y no porque «Es un comunista, seguramente«. Excepto Dios, no creo que se considerase en deuda con nadie… lo que explica su ingratitud aparente ante cualquier forma de benevolencia; ropa, furgonetas, crème brûlée… todo exigía obligaciones para las cuales ella no tenía tiempo. La única obligación que contaba era el perdón del pecado… de su pecado.«

El escritor y guionista Alan Bennett recoge en La dama de la furgoneta algunas reflexiones y anécdotas sobre su convivencia con Mary Sheperd, una anciana sin hogar que aparcó su furgoneta en el jardín trasero de Bennett y se quedó a vivir allí durante quince años. Con el sentido del humor propio de este autor y su visión pragmática de la vida, escribe un pequeño diario en el que va anotando pensamientos y aventuras de la señora Sheperd pero también reflexiones sobre la convivencia, la sociedad o el relativo concepto de normalidad.

Bennett dice que no pretende novelar la vida de miss Sheperd porque para ello tendría que inventar; dice que sus padres le educaron para no mentir y que al estudiar Historia en la universidad se le acentúo esa manía por prescindir de la fantasía, lo que le perjudica en su carrera de guionista y escritor. Sin embargo, en La dama de la furgoneta, la narración en forma de entradas de diario favorece la sensación de inmediatez, de acercarse a la figura de la excéntrica anciana sin trucos de efecto ni sentimentalismos baratos. Adereza esta edición las notas que tomó el autor sobre el rodaje de la película, que tuvo como escenario la casa original y a Maggie Smith como protagonista.
Lector, una historia curiosa y sencilla contada con el encanto inglés de Alan Bennett.
También te gustará: Una lectora nada común; Con lo puesto
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Nuestra casa en el árbol, de Lea Vélez

María, Michael y Richard vuelven a la casa de su infancia, en Hamble-le-Rice. Llegan en barco y van tardísimo a un entierro pero el tiempo en el Hamble nunca trascurre del mismo modo. Los tres hermanos, vueltos al hogar, recuerdan episodios de su infancia de la mano de Richard, que ha recogido en varios cuadernos las vivencias de aquellos días con la ayuda de los diarios de su madre. Fueron tres niños felices allí, en la casa de su abuelo, esperando a que mamá les construyera su propia casa en el árbol. Ana había esperado iniciar una nueva vida en Hamble-le-Rice con sus tres hijos superdotados, cansada de la reticencia del colegio español, mortificada por sus propios recuerdos de la escuela, profundamente triste por la reciente muerte de David, su marido. Los cuatro juntos, a la orilla de un río con mareas dobles, construyen su propio universo particular en donde todo es posible, incluso la libertad.
«Opino que una casa hecha para todos igual no puede funcionar, sobre todo si los niños son intrépidos e inteligentes (…). Los mismos principios de una casa en el árbol pueden aplicarse a la educación.«

Para todos aquellos que seguís a Lea Vélez en las redes sociales o que habéis leído El jardín de la memoria, ya estaréis familiarizados con la autora y sus circunstancias: Lea es viuda y madre de dos niños superdotados (disculpad la etiqueta). Y para todos aquellos que disfrutamos cuando inicia una entrada en facebook escribiendo «Entra el de nueve y me pregunta: mami, ¿crees que sería posible inventar un chip que se implantase en el cerebro de los bebés para que aprendiesen todo lo que supuestamente se aprende en la escuela?» esta novela es un regalo. Una historia de imágenes y metáforas preciosas sobre la libertad, sobre la infancia y sobre el derecho de todos los niños a ser reconocidos como personas singulares; pero también una historia sobre aprender a vivir de nuevo.

Leer Nuestra casa en el árbol es disfrutar del ingenio de Lea, de sus juegos de palabras, de sus «no soy literal» y de las adorables excentricidades de sus personajes (originales y únicos, seguramente porque están inspirados en niños reales). Pero lo que más me ha gustado de Nuestra casa en el árbol es la crítica observación sobre la educación reglada a la que sometemos a nuestros hijos. Ana, la protagonista, que también fue una niña de altas capacidades, todavía recuerda los sinsabores de su escolarización; y quizás por ello sufre por partida doble el dolor de sus hijos de tener que ir al colegio a copiar «Pilar pela el pomelo» cuando en casa le están preguntando por el Big Bang, la extinción de los dinosaurios, el origen de la vida, la densidad planetaria o la falta de atmósfera en el espacio.
«-¿Y a qué vas al colegio?
-Yo voy al colegio a llorar.«
La protagonista no quiere comprar una casita prefabricada y podar las ramas del árbol para que encaje allí. Prefiere respetar la singularidad de su árbol, las preferencias de sus hijos, y construir una casa a medida, que no encaje por la fuerza de la poda sino que se adapte a la originalidad del árbol y de los pequeños. Los niños van al colegio para que se les pode sus mejores ramas con la finalidad de que a todos les quepa el mismo kit de conocimientos superficiales, apunta Lea en estas páginas.
La absurdidad de los mecanismos escolares y su nulo respeto por las inteligencias múltiples, por la imaginación o la diversidad de capacidades de los alumnos, se conjuga con el otro elemento omnipresente en esta luminosa historia: la libertad. En Nuestra casa en el árbol encontramos personas que buscan la libertad, personas que han nacido libres y siguen indómitamente libres, personas que encuentran la libertad al sumergirse en la naturaleza del Humble y personas que ni siquiera se han planteado alguna vez el concepto de libertad. Libertad de amar, de viajar, de pensar, de vivir, de estar triste, de llorar… Por eso los críticos literarios hablan de que los protagonistas de esta nueva novela de Lea Vélez encuentran refugio en su propia Arcadia.
Lector, nos advierte Lea que cuando un niño nos dispara con el dedo debemos morirnos (y si nos morimos fabulosamente, mejor).
Nota: Debería haber leído El jardín de la memoria o Nuestra casa en el árbol antes que La cirujana de Palma para conocer mejor a la autora, su sentido del humor, su ingenio y sus jocosas sátiras. Lector, si todavía llego a tiempo: deja para el final a la cirujana, ya entenderás por qué.
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El canto del cisne, de Edmund Crispin

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, una compañía operística está a punto de estrenar Los maestros cantores de Núremberg, de Richard Wagner, en Oxford. Todo apunta a que Edwin Shorthouse, el barítono estrella con problemas de alcoholismo y una personalidad insoportable, va a convertirse en una pesadilla. No solo odia a Adam Langley, el tenor, por haberse casado con la mujer de la que se creía enamorado, sino que además le ha cogido manía al joven director, e intenta sustituirlo, y se ha propasado con una de las secundarias. Cuando aparece muerto, colgado en su camerino, la primera impresión es que se trata de un suicidio, pero son tantas las personas que deseaban su salida de escena que la policía no lo tiene del todo claro. Desconcertados, Adam y su esposa Elizabeth piden ayudan a su viejo amigo Gervase Fen, el profesor de literatura de Oxford famoso por resolver los más crípticos casos de asesinato.
«Pocas criaturas hay en el mundo más estúpidas que un cantante. Es como si el ajuste milimétrico de la laringe, la glotis y los senos bucofaríngeos que se precisa para la generación de sonidos hermosos tuviera que venir acompañado casi invariablemente —oh, cuán inescrutables son los caminos de la Providencia— de la estulticia propia de un ave de corral.«

Nueva entrega, de la mano de la siempre genial Impedimenta, de los casos de Gervase Fen, el detective que aterroriza a los ingleses a bordo de un descapotable rojo llamado Lily Christine mientras resuelve los asesinatos más misteriosos. Como en La juguetería errante o Trabajos de amor ensangrentados, Edmund Crispin narra con mucho sentido del humor otra aventura de este peculiar y excéntrico personaje. La gracia añadida es que en esta ocasión el crimen tiene lugar en un teatro, la víctima es un divo operístico odioso y todos los sospechosos son el resto de la compañía teatral. Si en Trabajos de amor ensangrentados el lector tenía a Shakespeare como telón de fondo literario, en El canto del cisne los guiños operísticos y musicales ponen la guinda del pastel.
Divertida, inteligente y con personajes peculiares, es la lectura perfecta para aquellos que anden a la busca de una novela de detectives atípica con aires muy british. No esperéis que le ponga alguna pega a El canto del cisne porque ya sabéis que soy muy fan de Edmund Crispin; pero también del Oxford de los años cincuenta, y de la mitología de los Inklings almorzando juntos los martes en The Eagle & Child. Leyendo a Crispin no cuesta nada imaginar a Gervase Fen charlando con Tolkien en el campus.
«—Ahí va C.S. Lewis —dijo Fen de pronto—. Debe der ser martes.«
Lector: un nuevo caso para uno de los detectives más divertidos del siglo pasado.
Nota friki: atención a los detectives famosos a los que desea entrevista Elizabeth Harding, la escritora policíaca casada con el tenor Adam Langley.
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El canto del cisne

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