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La buena novela de Laurence Cossé

En un pequeño pueblecito de Les Crêts, Paul Néon aparece al borde de la muerte después de haber pasado inconsciente en el bosque toda una noche. En Plouec’h, Armel Le Gall interrumpe por primera vez en años su rutina de paseos matinales porque está asustado. Cerca de Nantes, la frágil Anne-Marie Montbrun sufre un inexplicable accidente cuando su coche se sale de la carretera sin motivo aparente ¿Qué tienen en común estos tres autores? ¿Quién les amenaza desde la sombras y les ataca simulando accidentes? Ellos son tres de los ocho miembros de un comité secreto, un comité de escritores encargados de decidir qué libros deberían formar parte del fondo de una librería singular de París. Porque el inicio de toda esta historia tiene su origen en el encuentro de un librero apasionado, Ivan Georg, con una elegante aristócrata italiana con un deseo pendiente, Francesca Aldo-Valbelli. Ivan y Francesca deciden hacer sus sueños realidad y abrir en el mismo corazón de París La buena novela, una librería en dónde solamente se vendan obras maestras. Felices e ilusionados en su proyecto, pronto se encuentran con que ejércitos enteros de lectores en busca de consuelo visitan su extraordinaria librería. Pero cuando empiezan a sufrir extraños ataques, recurren a la aguda inteligencia del inspector de policía Heffner. Para que el policía entienda la idiosincrasia de esos ataques, Ivan y Francesca no tienen más remedio que contarle toda su aventura, desde el principio, sin omitir detalles: una extraordinaria historia sobre la construcción de un sueño literario sin precedentes en el mundo.
«Sepa, señora, que me mueve la pasión por la literatura y, como todos los apasionados, sufro de lo lindo. Espero mucho, muchísimo, de cada novela que leo. Y me han decepcionado tantas veces que no me aventuro a hojear siquiera una novedad desde hace por lo menos diez años. Espero a que el tiempo ponga las cosas en su lugar… Ya solo leo clásicos.«
«Queremos libros espléndidos que nos sumerjan en el esplendor de la realidad y que nos mantengan ahí; libros que nos demuestren que el amor obra en el mundo al lado del mal, muy cerca, a veces de forma indistinta. Y así continuará, igual que siempre. El dolor desgarrará los corazones.
 
Queremos buenas novelas.
 
Queremos libros que no eludan nada de lo trágico de la condición humana ni de las maravillas cotidianas; libros que nos devuelvan el aire a los pulmones.«

La buena novela es una historia en la que lector se siente como cuando visita su librería preferida: no puede evitar quedarse horas y horas deambulando por ella, feliz y ensimismado. Y como esa librería maravillosa de Ivan y Francesca, a la que todos nos gustaría entrar alguna vez, esta novela seduce por su encanto, por su rendida sencillez y su ingeniosa idea de fondo. La buena novela no sólo es una historia magnífica sobre libros, lectores y escritores, con misterio libresco incluido, sino que también es una extraordinaria librería imaginaria en donde resulta imposible resistirse a caminar por entre sus estanterías, escoger volúmenes al azar para hojear fuera del tiempo, y tomarse un té con sus dependientes.La prosa de Laurence Cossé es impecable, evocadora, a veces juguetona, otras veces casi metafórica, pero siempre estupenda. Sencilla y directa, Cossé construye a sus personajes a través de su pasado, de sus vivencias, y consigue crear protagonistas tan carismáticos que el lector casi siente el deseo de ponerse a hablar con ellos en voz alta. La pasión de Ivan, la belleza de Francesca, la intuición de Heffner, la magia de Anne-Marie, el entrañable Armel, la simpatía de Óscar… Todos y cada uno de ellos da lo mejor de si mismo cuando la pluma de la autora se posa con suavidad sobre ellos y los hace hablar y pensar alrededor de la idea maravillosa de una librería con una selección de títulos única en el mundo. Quizás la única excepción al increíble elenco de personajes la constituya la extraña Anis, cuya historia de amor se antoja algunas veces demasiado caprichosa y estúpida a un lector una pizca impaciente (aunque luego todo tiene su explicación).Repleta de referencias al mundo literario (autores, obras, clásicos, editoriales, críticos, lectores, librerías, novedades, citas, títulos…), La buena novela es una estupenda historia sobre el amor a la literatura y las pasiones que levantan sus defensores y detractores (que también los hay). Una hermosa reflexión sobre la intensidad con la que se pasa por la vida, el amor que a veces resulta incomprensible, la buena literatura y la idea de una librería de ensueño. Imprescindible para todos los que alguna vez han perdido la noción del tiempo y del espacio hojeando libros en una librería especial.

Lector, no te pierdas esta buena novela porque ¿qué lector no ha soñado nunca con un librero que siempre acertase al recomendarnos libros maravillosos?

Los incondicionales de la editorial Impedimenta, entre los que me encuentro, volvemos a caer rendidos ante la cuidada edición de otro de sus títulos. La buena novela es un libro en el que hasta el peso en las manos del lector resulta agradable. Gracias, señoras y señores de Impedimenta, no nos cuesta nada imaginarnos su catálogo entero en las estanterías de Iván y Francesca.También te gustará: La librería; La librería ambulante; Y entonces sucedió algo maravillosoEste libro llegó a mí gracias al Sorteo Aniversario del blog de Marilú, Cuentalibros.

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La buena novela

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Una lectora nada común de Alan Bennett

Cuando la reina de Inglaterra entra en la biblioteca móvil de la Ciudad de Westminster para pedir disculpas por las travesuras de sus perros no esperaba encontrarse al señor Hutchings, conductor y bibliotecario. Su majestad no soporta defraudar la esperanza en los ojos de Hutchings y, casi al azar, elige un libro para llevárselo en préstamo. El único usuario de la biblioteca móvil es uno de los ayudantes de cocina de palacio, Norman Seakins, un joven pelirrojo y poco agraciado con una tendencia casi obsesiva por los autores gay. Pero inesperadamente, la reina empieza a leer y, para su sorpresa, descubre que le resulta más estimulante de lo que esperaba. Poco a poco, con el asesoramiento de Seakins y para disgusto de todos los habitantes del palacio (y del Primer Ministro), la reina de Inglaterra se convierte en una ávida lectora. Y, para su consternación, su majestad descubre que puede vivir a través de los libros, que puede asomarse a otras vidas, que la lectura, al fin, la está convirtiendo en persona, cosa que, para la reina de Inglaterra, no resulta nada conveniente.

«Considero la literatura (…) como un vasto país hacia las fronteras del cual viajo, pero a las que nunca llegaré. Y he empezado demasiado tarde. Nunca me podré poner al día.«

Una lectora nada común es una novela curiosa e inteligentemente divertida sobre una ficción muy creíble: de pronto, la reina de Inglaterra, despierta a una pasión lectora y se reconoce inesperadamente opsímata (persona que aprende tarde en la vida). Con buenas dosis del más sutil humor británico, un verosímil conocimiento de las interioridades de palacio y un ingenioso baile de personajes alrededor de la reina, Alan Bennett construye una historia original y extraordinaria sobre el despertar de la pasión lectora y sus consecuencias. Con un léxico notablemente rico, a veces exuberante, y una prosa elegantemente precisa, que contrasta por su formalidad pese a lo rompedor de su trama y situaciones (atención a la escena en la que la reina visita una fábrica y empieza a preguntar a los trabajadores qué libro están leyendo), el autor elabora una historia rotunda y sorprendente que encantará a todos los que alguna vez han sentido la voracidad por la literatura.
Los pensamientos de la reina, las reflexiones sobre su hambre de libros, las peripecias de Seakins («es demasiado feo para ser paje» y además una influencia perniciosa porque le gusta leer), la senectud de los amigos de la reina, la amenaza del declive intelectual, la ignorancia de los hombres de Estado o la impaciencia de una lectora nada común con algunos de los grandes escritores («¿Soy la única (…) a la que le gustaría decirle cuatro cosas a Henry James?«) son algunas de las razones por las que este libro brilla con fuerza entre las estanterías de cualquier biblioteca.
Lector, una historia divertida pero llena de buenas reflexiones, y cierta nostalgia, sobre la pasión lectora (de la que tú tampoco puedes deshacerte). Muy recomendable.

También te gustará: Cartas a la antigua China; Esperadme en el cielo; El libro de la señorita BuncleSi quieres hacerte con un ejemplar, haz clic en los siguientes enlaces:

Una lectora nada común (para Kindle)

Una lectora nada común (en papel)

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La librería ambulante de Christopher Morley

Helen McGill siempre ha estado en deuda con su hermano Freddie por haberla salvado de marchitarse lentamente como institutriz y habersela llevado a vivir en una aislada granja del Estado de Nueva York más rural. Corre el inicio del siglo XX cuando Freddie decide hacerse escritor y, para sorpresa de Helen, el éxito le sonríe con su primer libro. Las editoriales (lejos, en la ciudad) no cesan de enviarle cartas animándole a escribir la segunda novela de La saga de Redfield, y a Helen empieza a molestarle de veras porque mientras su hermano se dedicar a vagar por el campo en busca de aventuras que contar en sus libros, ella se queda sola en la granja con todo el trabajo sucio. Una mañana, un extraño carromato gigantesco se para justo delante de la puerta de su casa y un hombrecillo se adelanta a saludarla con simpatía. Se trata de Roger Mifflin, predicador de las bondades de la literatura para los granjeros y dueño del Parnaso ambulante. Mifflin quiere retirarse y vender su librería ambulante para irse a vivir a Brooklyn y escribir su propia novela. Al ver todos esos libros a Helen le entra el pánico: si Freddie ve el Parnaso seguro que querrá comprarlo y entonces sí que ya no le volverá a ver por la granja. Arriesgándose por primera vez en su vida, ávida de aventuras, Helen hace el equipaje y decide irse de viaje con el Parnaso, a venderle libros a las granjas de todo el estado.

La librería ambulante es una historia optimista, vibrante, que se lee con una sonrisa y se degusta despacio por sus extraordinarias frases, los paisajes idílicos, sus peculiares situaciones en una América rural de principios del XX donde todo es posible, y sus estupendos personajes. Helen, una señora cercana a los cuarenta años, decide dejar atrás todo lo que conoce y embarcarse en la aventura de su vida. Quizás no ame tanto los libros como su hermano, o como Roger Mifflin, pero aprenderá que la pasión y la aventura también pueden ir de la mano de la literatura más inesperada. Christopher Morley escribe con sencillez e ingenio una historia llena de encanto y de descubrimiento. La ternura con la que trata al personaje de Helen, el carisma del héroe defensor de los libros, o la cariñosa burla que ambos hacen de Freddie (a quien llaman la saga de Redfield), dotan de color e intensidad a una trama que funciona precisamente por esa química entre los personajes, el paisaje, el momento y la curiosa mirada de un lector totalmente rendido desde las primeras páginas.
«Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. Es como mirar la Osa Mayor en una noche clara o como ver el amanecer en invierno cuando uno va a recoger los huevos de la mañana. Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena.«
Lector, acompaña a Helen en esta aventura y huye de la Saga de Redfield en una historia que te hechizará palabra a palabra. Se te hará corta, sin duda.
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La librería ambulante

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