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La chica de las fotos, de Mayte Esteban

Alberto Enríquez y Lucía Vega, dos famosísimos actores a punto de estrenar su última película, deciden tomarse unos días de descanso en un hotelito con encanto en el diminuto pueblo de Grimiel. Además del respiro, han pactado con sus agentes y un desalmado paparazzi unas fotos «robadas» de ambos en actitud cariñosa para aparentar una relación que les suponga publicidad gratuita para la película. Pero algo se tuerce en todo el montaje y nada sale como Alberto y Lucía tenían planeado. Lucía se encuentra con una vida de sencillos placeres en la quietud del pueblecito a la que le va a resultar muy difícil renunciar, y Alberto se topa con algo totalmente inesperado: Rocío, una chica extraordinaria que parece inmune a sus encantos. Cuando el mundo de los actores colisiona con la sencilla y temerosa vida de Rocío todo salta en mil pedazos ¿Cómo rehacer una vida después de haberla dinamitado hasta sus cimientos? ¿Dónde está el límite entre vida pública y privada de los actores? ¿Hasta dónde llegan las mentiras entre bambalinas para promocionar una película?
«-La vida es como barro. La vamos esculpiendo día a día, ¿no crees?
-En la vida -dijo mirándolo-, los errores se quedan. No admiten retoques.
-No estoy de acuerdo. Siempre se puede volver a empezar. Desde el principio.
-Eso no es verdad. Cuando te equivocas con alguien ya no hay vuelta atrás. Se acabó. Nada se parece a lo que era -dijo ella, adentrando su mirada en la oscuridad de la lluviosa noche.
-Cambia entonces al personaje.«

La chica de las fotos es la novela finalista del III Premio Digital HQÑ de este año, y la sexta novela que leo de su autora, Mayte Esteban. Los que pasáis habitualmente por Serendipia ya sabéis que no soy lectora de romántica pero sí que me encantan las novelas bien escritas (¡¿Y a quien no?!) y la prosa de Mayte Esteban, para mí, siempre es sinónimo de calidad; no importa el género en el que se adentre, la rigurosidad de su escritura, la gracia de sus construcciones gramaticales, la personalidad de su estilo son ya su marca distintiva.
Empecé a leer La chica de las fotos pensando que me encontraría con una novela divertida y ligera, de esas tan agradables que se devoran en verano o cuando nos hace falta algo simpático que nos arrope en los malos momentos, pero me encontré mucho más. Tropecé con unos personajes estupendos, muy alejados de tópicos y clichés (sobre todo en el caso de los dos actores, que podrían haber sido el prototipo de divos insoportables, y no), unos diálogos llenos de ingenio y chispa, y la riqueza de unas reflexiones y paralelismos que llevan a esta historia más allá de la anécdota: la similitud entre los cotilleros y maledicencias de un pueblo pequeño, ese etiquetar y deformar los hechos sea verdad o mentira lo que se cuenta de la persona, y los rumores de la prensa rosa y los montajes de paparazzi y seudo-periodistas sensacionalistas. Mayte Esteban no solo cuenta una historia divertida sobre dos personas que se enamoran en las peores de las circunstancias, sino también una fábula sobre las mentiras, los mentirosos profesionales y la exposición a la maledicencia a la que todos estamos expuestos (unos más que otros, eso sí) y de qué manera destruyen nuestra vida y nuestras relaciones con las personas a las que queremos.
En La chica de las fotos el lector va a encontrarse con una Mayte Esteban segura de sí misma y fiel a la personalidad de su prosa. Con su estilo elegante y fresco, su lenguaje directo, su sensitiva mirada al interior de sus personajes y su desenfadado sentido del humor, la autora vuelve a ofrecer al lector una literatura de evasión que enamora por su buena construcción y sus estupendos protagonistas.
Lector, una novela divertida y sincera que te cautivará.
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La chica de las fotos

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Tierno bárbaro, de Bohumil Hrabal

Bohumil Hrabal (Moravia 1914 – Praga 1997) recuerda el tiempo en el que vivió junto a su vecino, el pintor y poeta Vladimír Boudník, un hombre genial y extravagantemente exagerado que comprendía la vida de una manera tan propia que resultaba difícil convivir con él. Eran tiempos de juventud en Brno, de caer borrachos de cerveza y conversación, de descubrimiento de las vanguardias artísticas de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Era tiempo de compartir copitas de licor de Boudník, de acabar arrestados por el ejército acusados de espías mientras pintaban paisajes muertos en el bosque. Tiempo de comprensión, de humor negro, de encontrar respuestas, pero sobre todo tiempo compartido con uno de sus mejores amigos, Boudník, quien se suicidó en diciembre de 1968, al poco de que los tanques soviéticos ocuparan las calles de Praga.
«Nietzche se preguntó dónde estaban los bárbaros del siglo veinte… ¡Vladimír! ¡Claro, eso es! ¡Vladimír! Un bárbaro del siglo veinte que navega por las aguas frías del arte y las aguas calientes de la ciencia, como dijo Dalí. Vladimír…«

Señala la contraportada de la edición de Galaxia Gutenberg de Tierno Bárbaro que Bohumil Hrabal escribió este pequeño libro en 1973, cuando su obra todavía estaba prohibida en Checoslovaquia por el gobierno que había puesto en el poder el régimen soviético tras acabar con la Primavera de Praga a fuerza de tanques. Hrabal tenía casi sesenta años, vivía solo en su casa en el bosque de Kersko y estaba invalidado por los comunistas para ejercer ningún tipo de empleo. Se entiende entonces la pátina de nostalgia y ternura con la que el autor checo vuelve atrás la mirada y rememora sus años jóvenes junto al excéntrico y enloquecido Vladimír Boudník.
«Con leche desnatada hacía nata, con hollín de carbón brillantes, con un gorrión el ave Fénix, a un tullido lo convertía en un corredor de carreras, siempre que había poco de algo echaba su talento para demostrar que omnia ubique y que en lo mínimo está el máximo, que cada punto en el mundo es el centro del jardín del paraíso, mientras que los jardines colgantes se convierten despacio en ruinas y polvo y en ese polvo se contiene toda la belleza, en una pizca de tierra todo empieza de nuevo…«
Tierno bárbaro es un hermoso homenaje a Boudník pero también el retrato tamizado por la luz de la nostalgia de unos años en los que la intelectualidad exploraba nuevas fórmulas de pensamiento y arte fluía a placer por sus primeras vanguardias europeas. Y como telón de fondo de las correrías de Hrabal y Boudník, de los retratos costumbristas originalmente contados, las tensiones políticas y militares de Checoslovaquia y la Unión Soviética de aquella mitad del siglo XX. Rituales de amistad, desequilibrios mentales, retrato de un pueblo, Tierno bárbaro es un recuerdo personalísimo, con la prosa a borbotones de Hrabal, con su peculiar don de tornar increíble y fantástica incluso la rutina y el cansancio, de una amistad que precisaba de sus propios rituales y de un tiempo de incertidumbre que podría haber tenido cualquiera de los desenlaces posibles (e imposibles) en la malograda Primavera de Praga.
Lector, perfecto para iniciarse en el personalísimo estilo narrativo, lírico y evocador, de Bohumil Hrabal.
También te gustará: La librería más famosa del mundo

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Tierno bárbaro

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El ganso salvaje, de Mori Ōgai

En el corazón del Tokio de 1880, la bella Otama no ha tenido suerte en el amor pero su tierno corazón siempre ha estado rebosante de amor por su anciano padre, de quien nunca se ha separado desde que nació. Súbitamente solos, desamparados, y con ciertos apuros económicos, Otama acepta ser la amante del señor Suezō de manera que a su padre no le falte de nada y pueda vivir con la paz y la comodidad que se merece a sus años. Suezō, un mezquino prestamista que trata con desprecio a su mujer y a sus hijos, se sorprenderá vencido por el amor y la ternura cada vez que mire a Otama, a quien respetará y procurará una buena vida. Sin embargo, esa vida acabará siendo demasiado tranquila, demasiado aburrida, y, un día, la joven y resignada Otama cruza la mirada con Okada, un estudiante de medicina atractivo y romántico que llenará de esperanza a la hermosa concubina. 
«Otama no se había casado. Suezō envió a una persona para hacerle saber que un importante empresario quería convertirla en su amante y, pese a que al principio se negó, como era una chica de carácter débil, decidió conocer a quien sería su amo en Matsugen para poder cuidar de su padre.«

Autor: Mori Ōgai
Traducción: Sachiko Ishikawa
Editorial: Chidori Books
Colección: Grandes Clásicos
ISBN (ePUB): 978-84-942880-0-5
ISBN (mobi): 978-84-942880-1-2
Precio: 5,50 euros
El ganso salvaje es una obra de madurez de Mori Ōgai, seudónimo de Mori Rintarō (1862-1922), que la publicó por vez primera en capítulos entre los años 1911 y 1913. Mori Ōgai, samurái, médico, científico, militar, erudito, traductor, crítico, filósofo y escritor, fue uno de los autores que más contribuyó a la renovación del lenguaje literario japonés en una época en la que —como bien explica Margarita Adobes en la introducción de esta magnífica edición de Chidori Books de El ganso salvaje—, el país se hallaba inmerso en un acelerado tránsito de sus estructuras feudales a la modernidad del cambio de siglo, a una apertura a Occidente que sin embargo mantuvo el firme anclaje de sus tradiciones intactas. En este contexto y teniendo en cuenta el bagaje y la extraordinaria experiencia cultural de su autor, es en el que el lector encontrará la riqueza añadida de esta novela de Mori Ōgai. Margarita Adobes señala en la introducción:
«A partir de 1909 su producción literaria fue excepcional. Su prolífica actividad como traductor de obras de Wilde, Ibsen, Strindberg, Rilke o Hofmannsthal, junto con su vasto bagaje cultural y su propio temperamento, sin duda, contribuyeron a la intenta experimentación que Mori desplegó tanto en su obra poética como teatral (…). La búsqueda de nuevas fórmulas en el lenguaje literario para hacerlo más flexible y adaptado al japonés moderno que se hablaba en la calle, así como la introducción del novedoso vocabulario contemporáneo (…) fue una constante en la obra de Mori, que logró establecer un camino a seguir para futuros escritores.«
Por esta razón, por el entendimiento de Mori de los autores europeos de su época y su esfuerzo por modernizar la literatura japonesa, el lector encontrará en El ganso salvaje una historia llena de delicadeza y ciertas metáforas románticas pero también una novela que recuerda sin lugar a dudas a algunos de los libros de autores contemporáneos occidentales como Zola o Rilke; y, si el lector me lo permite, incluso hace pensar en el espíritu, en ese realismo de la Madame Bovary de Gustave Flaubert, seguramente por la crítica implícita a la sociedad de la época y el reflejo de la filosofía japonesa de ese final de siglo. Evidentemente, se trata de una narración, personajes y escenarios (esas calles del Tokio de 1880) profundamente japoneses, de una belleza y delicadeza propias de la cultura oriental del Japón de finales de siglo (finiquitado el período Edo y los sogunatos, pero con tantas reminiscencias de ambos todavía), pero escrita con una agilidad y una naturalidad que no suele encontrarse en otros autores contemporáneos a Mori.
Aunque no sea una historia autobiográfica, Mori Ōgai narra desde el punto de vista de una experiencia muy cercana a él puesto que sus protagonistas son estudiantes de medicina, y critica y expone una filosofía, una cultura y una sociedad en las que él mismo había crecido y madurado. El personaje de Okada, interesado en la literatura y a punto de marcharse a Alemania, es un ejemplo de esa época de cambio, de ese Japón que se estaba abriendo a occidente a marchas forzadas. El resultado es una historia de finales del siglo XIX que encandila por su naturalidad y su inteligente mirada, por su lectura de la sociedad del momento y del carácter de sus gentes, pero también por sus personajes femeninos y por la tristeza nostálgica que desprenden.
Lector, un clásico de la literatura japonesa que te sorprenderá.
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El ganso salvaje

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Cosas raras que se oyen en las librerías, de Jen Campbell

Jen Campbell se crió en un pueblo del nordeste de Inglaterra. Tras estudiar literatura inglesa en la Universidad de Edimburgo se mudó a Londres, donde trabaja en una librería de viejo(1). Y allí descubrió que los compradores de libros tienen sus particulares rarezas. Campbell recoge en este divertidísimo libro conversaciones reales(2) entre libreros y clientes en la Edinburgh Bookshop, la librería Ripping Yarns y algunas otras. Además, Malpaso editorial ha tenido el detalle y el acierto de enriquecer este bombón de libro con algunas conversaciones entre libreros y clientes autóctonas de este país al final de sus páginas. Un compendio de diálogos enloquecidos y descacharrantes que resultan imposibles leer sin caer en la carcajada.
(1) Fragmento biográfico de la editorial.
(2) Sí, sí, habéis leído bien, he dicho reales como la vida misma.

«¿Tenéis Expiación? Pero no quiero un libro con la imagen de la película en la cubierta, por favor. El cuello de Keira Knightley me pone enfermo.«
«CLIENTE: Se dice que mil monos con máquinas de escribir podrían acabar produciendo maravillas… ¿lo sabía?
LIBRERO: Sí.
CLIENTE: ¿Tiene algún libro de esos?
LIBRERO: No.«
Muchas más veces de las que nos imaginamos, la realidad supera a la ficción. Este es el caso de los diálogos entre clientes y libreros que ha recogido Jen Campbell en Cosas raras que se oyen en las librerías. Los lectores tendremos la tentación de pensar que no es posible, que nadie puede haber dicho eso… pero lo es.
Tengo una amiga farmacéutica que una vez me dijo «Me matan cuando vienen y me dicen «no recuerdo el nombre del medicamento pero eran unas pastillas redondas, pequeñas y blancas»; y se sorprenden de que no sepa cuál es«. Todas las personas que trabajan de cara al público deberían escribir un libro con las anécdotas sobre su trato con los clientes, porque la originalidad de la raza humana nunca dejará de sorprendernos. En el caso de Cosas raras que se oyen en las librerías creo que gusta el triple porque somos lectores, adoramos los libros y nos encantan las librerías. Y creo que después de leerlo miraremos con más cariño (si eso es posible) a nuestros libreros preferidos.
Lector, una lectura para disfrutar y reír. Porque sí, porque tú te la mereces. 
Ah, por cierto, seguramente los Monty Python deben estar muy orgullosos de algunos de los clientes que se pasan por la Ripping Yarns.
Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a la magnífica labor editorial de Malpaso y a sus iniciativas, no solo por sus ediciones metaliterarias (me encantó La librería más famosa del mundo) sino también por la calidad de las mismas y por su iniciativa al incluir e-book en la edición física de sus libros. 
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Cosas raras que se oyen en las librerías (para kindle)

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Cuentos para gente impaciente, de Javier de Ríos Briz

Recuerdos de infancia en el pueblo, esos exploradores inocentes en busca de la aventura que encuentran una momia inesperada, como la de las películas viejas que se pasan en la plaza durante las noches de verano. Niños misteriosos que desaparecen con un bocata de jamón o niños que relativizan incluso la verdad de las matemáticas y contagian a su abuelo el escepticismo de quien sabe ver más allá de los números. La historia de una mujer maltratada que teme que todo se repita a través de su hija; el tiempo detenido de un boxeador y un inspector de policía estupefacto; el erotismo de los perdedores o los secretos familiares… Cuentos para gente impaciente es una antología de 14 relatos escritos por Javier de Ríos que contienen todas estas historias, y muchas más, para disfrute del lector (sí, incluso del lector apresurado).

«No todo el mundo duerme esta noche en un pequeño pueblo de la llanura castellana. Un pequeño pueblo de cuyo nombre da igual que te acuerdes o no, porque es imposible completar el juego de las siete diferencias con el pueblo de al lado, clónicos uno del otro, como gotas sucias de agua, con las mismas miserias, las mismas calles sin asfaltar, los mismos orgullos, la misma fuente del pueblo aunque menos concurrida que antes, porque acaban de poner agua corriente, las mismas tradiciones.»

Javier de Ríos, community manager editorial, escritor y bloguero (es administrador de La viga en mi ojo y Guía de concursos), no podría haber titulado mejor su libro de relatos; Cuentos para gente impaciente es justamente una serie de historias cortas que van directamente al grano, sin rodeo, al meollo de la cuestión. Sorprendente, divertido y contundente, Javier de Ríos encanta al lector con estas brillantes historias pobladas de personajes peculiares y situaciones de todos los colores.
Relatos narrados con una estupenda voz infantil que rememora sus tiempos de libertad en un entorno rural y entrañable (La momia, El arte de contar); relatos con cierto humor negro y desenlace inesperado (El buen hijo, La matanza, Mi capitán); historias cortísimas llenas de ingenio y con su puntito excéntrico y encantadoramente inverosímil (El genio, El desaparecido); cuentos que podrían convertirse en novelas enteras por su excelente planteamiento y sus personajes llenos de sombras y de luces (La perfección de los surcos, Monólogo para un sonotone, La vida sigue, papá). La prosa de Javier de Ríos se caracteriza por su espontaneidad y su frescura, por su buen uso de un lenguaje directo y bien estructurado que demuestra, como muchos otros escritores contemporáneos, que las buenas historias no tienen por qué estar amparadas en una gramática de tremenda complicación. El fondo de sus relatos -heterogéneos e ingeniosos- presume de un oportuno sentido de la sorpresa y de un humor personal y contenido que agasaja y desarma al lector desprevenido.

«Siguió al hombre con la mirada. Bajito, calvo, le recordaba
vagamente a Woody Allen. Llevaba dos pantalones colgando del brazo, y
dio un rodeo exagerado a las figuras de plástico, como si temiera que le
pegaran.
«

Recomiendo por igual todos los relatos de Cuentos para gente impaciente por su originalidad y su capacidad para interesar al lector, pero no puedo resistirme a señalar alguno de mis preferidos como La vida sigue, papá donde el autor trama con mucho acierto la urdimbre triste de una memoria que se desdice en lo cotidiano (los pequeños gestos de la rutina son los detalles del universo); o Monólogo para un sonotone donde una historia enorme (de hecho la historia de un país entero) se cuenta como si fuese tan pequeña como una disculpa en un banco, en un atardecer cualquiera, sin importancia. 
Lector, relatos para dejarse sorprender y disfrutar de voces nuevas.
El blog del autor: La viga en mi ojo
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Cuentos para gente impaciente

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