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Signatura 400 de Sophie Divry

En el sistema de clasificación universal, originalmente conocido como el sistema de clasificación Dewy, la signatura 400 estaba dedicada a las lenguas, hasta que misteriosamente se decidió desplazar las lenguas a la 800 ¿Y qué quedó en la signatura 400? Pues nada. De momento está vacía. Y eso le causa terror a una de las bibliotecarias municipales de un pequeño pueblecito francés de provincias que un día encuentra en su sótano a un lector dormido que ha pasado la noche entera allí. Con este oyente por obligación, una excusa narrativa, la bibliotecaria responsable de la sección de geografía (aunque siempre ha suspirado por un traslado a la sección de Historia, su favorita) aprovecha para desahogarse sobre su profesión, sobre sus compañeros, sobre la historia de las bibliotecas en Francia, el sistema de clasificación, los lectores, los refugiados de las bibliotecas, los escritores, los libros, los políticos que prefieren que los jóvenes no lean sino que sigan distraídos con el ruido porque todas las revoluciones se gestan en el silencio de la lectura.
«Aliar placer y cultura para que la cultura sea un placer y blablablá. Pero todo es una farsa, un embuste, una manipulación. La cultura no es un placer. La cultura es un esfuerzo permanente del ser para escapar de su vil condición de primate subcivilizado.«

Sophie Divry le presta la voz (y seguramente mucho de sí misma) a esta bibliotecaria de discurso apasionado a la que resulta imposible dejar de escuchar. Un monólogo divertido, punzante, crítico sobre las bibliotecas francesas: desde su evolución a lo largo de la Historia hasta el actual intento de los políticos por «acercar la cultura al pueblo», pasando por los usuarios y los diferentes «pájaros» librescos. Pero no solo de libros y bibliotecas trata este delicado y precioso librito, sino también sobre la desesperanza de su excéntrica protagonista, su amor platónico por Martin (el propietario de una nuca singular, adorable, sensual), su visión «Dewey» del mundo, su tristeza y su fobia por los arquitectos.
«Prefiero la compañía de los libros (…). Y además, con estos libros que leo en silencio estoy tranquila: mis escritores favoritos están todos muertos. Así que no es probable que vengan a desparejarme las zapatillas ni a garabatear en las páginas.«
Divry da rienda suelta al pensamiento de su personaje con una prosa rauda y veloz, brillante, entrañable, intensa y desbocada. Por eso el discurso de la protagonista envuelve al lector desde su inicio y no le suelta hasta el final, situándolo en cada momento allí dónde precisa: humor, tristeza, rabia… Sin duda, una pequeña joya para los amantes de los libros y las bibliotecas en donde la crítica juega un papel decisivo.
Lector, una invitación a reflexionar sobre el acceso a la cultura en nuestros días donde el humor no está reñido con el análisis y la crítica. Brillante.

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Signatura 400

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Luna de verano de P.G. Wodehouse

En la espantosa mansión Walsingford Hall, residencia de sir Buckstone Abbott, su tranquila esposa y su encantadora hija Jane, este verano está lleno de molestos huéspedes de pago. Sin embargo, sir Abbott los necesita pues está totalmente arruinado. Su querida Jane en cambio, tiene emocionantes planes para ese verano pues ha alquilado la barcaza a su prometido, Adrian Peake, a quien quiere presentar a su padre pese a que él no tiene dónde caerse muerto. Sin embargo, la joven no sabe que Peake ya se ha prometido con la princesa Dwornitzchek, madrastra de Theodore y Joe Vanringham. Theodore pena su mal de amores por la secretaria de sir Abbott en la mismísima Wlasingford Hall, a la que llega su hermano Joe, perdidamente enamorado durante una visita a Londres de la joven Jane. Y por si todo no fuese suficiente lío, aparece el hermano de la señora Abbott, con extraños planes para Theodore que podrían poner en peligro las intenciones de la princesa Dwornitzchek de comprar la horrible mansión y procurarles una pequeña fortuna.
LunadeVeranoSerendipia
«Aún no ha visto usted lo mucho que valgo. Pero todo se andará. Reconozco que un hombre sensato no debería hacer lo que yo hice al proponerle bruscamente que nos casáramos cuando solo hacía veinte minutos que nos conocíamos. Realmente, fue absurdo. Debí haber esperado siquiera una hora… ¿Me perdona?«
Joe está locamente enamorado de Jane, que está prometida a Adrian, quién es un infame parásito a punto de casarse con la insoportable madrastra de Joe. Buck está enamoradísimo de Nena, que resulta que tiene un hermano sorpresa, que anda en busca de Tubby por culpa de su amor por miss Whitaker. Un enredo genial y divertidísimo, al más puro estilo del mejor Wodehouse, en la no tan pacífica campiña inglesa de entreguerras. Luna de verano es una novela que se lee casi de un tirón por su trama llena de intriga y giros rocambolescos pero sobre todo porque el lector se olvida de todo lo feo de este mundo y se dedica simplemente a pasarlo en grande con Buck y los Vanringham.
Ingenioso, sardónico, tremendamente inglés, P.G. Wodehouse, considerado como uno de los grandes autores de comedia de mediados del siglo XX, se pone romántico en Luna de verano para deleitar al lector con una trepidante historia de múltiples equívocos, damas confusas, sires atormentados y encantadores norteamericanos de diálogos enternecedoramente disparatados. Con un ritmo sostenido, su característica prosa, unos personajes excéntricos y la consecución de un clímax final apoteósico, Wodehouse es el remedio infalible contra el aburrimiento literario.
Lector, humor inglés de cinco estrellas para olvidarse del frío invernal que hace fuera de las páginas de un buen libro.
«Usted mira a la multitud, elige al más alto y fuerte de los que la compongan, se acerca a él, lo contempla desdeñosamente, y le pregunta si es un caballero o no«.
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Luna de verano

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Ofelia descalza de Desirée Ruiz

El matrimonio de Nacho y Marcela no va demasiado bien. Han caído en una extraña dinámica de malas contestaciones y desprecio, de silencios y heridas, de no querer saber y no querer decirse. Pero cuando Nacho recibe la noticia de la muerte de Jaime, su amigo y el único hermano de Marcela, todo queda en suspenso, incluso ese matrimonio a la deriva. La frágil Marcela, rota de dolor, asfixiada de pena, no encaja la terrible noticia de su pérdida. Y, sin embargo, pese a sentirse al borde del abismo, vulnerable y rota, es capaz de abrir la puerta del estudio de su hermano (en más de un sentido) y enfrentarse al hermoso cuadro inacabado de una mujer desnuda con una sola inscripción, «Laura te amo. Eternamente. Entre ondas y nubes«. Con la ayuda de Victoria, su mejor amiga y esporádica amante de su hermano, inicia una investigación para encontrar a Laura, para descubrir el secreto que tan celosamente guardó siempre Jaime: el de ser capaz de amar para siempre, en silencio. Marcela recorrerá valiente, bien orientada por amigas inesperadas, el laberinto de los secretos que todos los que la rodean siempre han tejido a su alrededor.
«La última y única vez que Marcela estuvo en «Ofelia descalza» no se percató del enorme cuadro que presidía la coqueta tienda de antigüedades. Ahora que espera junto a Victoria la llegada de doña Alma Del Río queda sobrecogida por la visión del magnífico óleo, hipnotizador y poético, sorprendentemente escalofriante y romántico a un tiempo.«

Título: Ofelia descalza
Autora: Desirée Ruíz
Editorial: Ediciones Hades
Páginas:304
ISBN:978-84-943479-3-1
Fecha: marzo 2015

Citaba hace poco alguien en las redes sociales a un escritor clásico (discúlpeme el lector, pero soy incapaz de recordar a citador y a citado) reflexionando sobre la madurez de los autores y sus primeras obras. Venía a decir la frase, más o menos, que el escritor maduro cuando volvía la vista atrás y releía alguna de sus primeras novelas se sorprendía de la exuberancia de su escritura en aquellos tiempos iniciales. La experiencia y la sabiduría suelen afinar la adjetivación del buen escritor, agudizan su prosa, trastocan prolijidad por una simple elegancia. Espero, sin embargo, que cuando dentro de unos años Desirée Ruiz vuelva a leer su Ofelia descalza no se sienta incómoda en absoluto porque su exuberancia es tremendamente hermosa.

Ofelia descalza es la historia de la bajada a los infiernos de Marcela, que cual Dante en pos de su Beatriz, se adentra en los círculos intrincados de un pasado ajeno para rescatar la memoria de su hermano Jaime; pero también para rescatarse a sí misma. Desirée Ruiz construye con suma delicadeza de observadora exquisita un personaje protagonista rico en matices y sensibilidad, pero también todo un elenco (sobre todo femenino) de extraordinarias ninfas frágiles, ariscas, ardientes, furiosas, rescatadas y rescatadoras.
Si he elegido precisamente citar el fragmento de la novela en el que Marcela contempla por primera vez el cuadro de la Ofelia de Millais es porque recoge perfectamente la atmósfera de la novela, preside la tienda que da nombre a tu título y porque es uno de mis cuadros preferidos del siglo XIX; pero también, y sobre todo, porque así es como imagino a las heroínas de Desirée, como unas hermosísimas y trágicas Elizabeth Siddal (la modelo prerrafaelita por excelencia y de la Ofelia de Millais en concreto), delicadas, frágiles, hermosas, terriblemente trágicas, fuertes y envueltas en las brumas del romanticismo. Porque Marcela no se suicida, es cierto, pero hace tiempo que se deja llevar por las aguas, impasible, sin fuerzas, como Ofelia.
Ofelia descalza es una historia que contiene misterio desde su mismo prólogo, en donde el lector queda irremediablemente anclado a sus páginas por el hechizo de un hada sin cejas. Narrada con firmeza y fluidez, especialmente brillante en las descripciones y los retratos femeninos, muy certera y genuina en la recreación de mundos interiores y sensibles, esta primera novela de Desirée Ruiz se lee con placer y mucha intriga. Mi más sincera enhorabuena a una autora que ha sabido embarcarse con tanto encanto en la aventura de escribir y publicar esta Ofelia compartiendo con los lectores su extraordinaria manía de observar a las personas e inventarles historias.
Lector, sigue los pasos de esta Marcela descalza y descubre que la belleza está en el camino.

Este libro llegó a mis manos por cortesía de la autora y Ediciones Hades.

También te gustará: Los muertos no aceptan preguntas; Detrás del cristal; Escrita en tu nombre

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Los millones de Brewster, de George Barr McCutcheon

Durante la noche en la que el joven Monty Brewster está celebrando con sus amigos (el club de los retoños de los más ricos de la ciudad de Nueva York) su 25 cumpleaños, recibe recado de que su abuelo acaba de morir dejándole en herencia un millón de dólares. Monty está más que feliz por despedirse de su modesto empleo en el banco de la familia y dedicarse a vivir cómodamente, pero el destino tiene otros planes para él. Al día siguiente de recibir su herencia, un bufete de abogados se pone en contacto con él para notificarle que su tío Sedgwich acaba de morir dejándole una fortuna de unos siete millones de dólares. Sin embargo, el excéntrico tío Sedgwich odiaba al abuelo de Monty y las cláusulas de su testamento son bastante peculiares: si Monty quiere heredar los siete millones de su fortuna deberá deshacerse del millón de su abuelo en el plazo de un año; no podrá disponer de ninguna propiedad una vez vencido ese plazo y deberá dilapidar el dinero con cierta moderación y bajo unas estrictas restricciones morales. El joven Brewster decide aceptar el desafío póstumo de su tío y se lanza a deshacerse de su fortuna a contrarreloj. Pero pronto se dará cuenta de que no resulta tan sencillo hacer desaparecer un millón de dólares sin ganarse la burla de sus conocidos, el sarcasmo de los empresarios y banqueros, la acerada crítica de las crónicas de alta sociedad, el desprecio de otros y la profunda preocupación de sus verdaderos amigos.
«Me parece bien que tenga la inteligencia de cambiar un mísero millón por esta otra suma, y le admiro por ello; pero me parece que olvida usted las condiciones establecidas en el testamento de su tío (…) ¿Se da cuenta de que no le será fácil gastarse un millón de dólares sin infringirlas de un modo u otro, perdiendo así las dos fortunas.«

George Barr McCutcheon publicó Los millones de Brewster en 1902 bajo seudónimo para ganarle cien dólares a su editor: se había apostado con él que el nombre del autor no era decisivo en la popularidad de una novela (por aquel entonces, el autor ya era conocido por su saga de Graustark). Pero con autor famoso o sin él Los millones de Brewster tuvo su merecida acogida por el público, que supo apreciarla y disfrutarla como la ingeniosa y divertida comedia que es.
La historia de cómo Brewster debe dilapidar un millón de dólares en un año (es un neoyorquino de familia rica en los años veinte del siglo XX) plantea algunas cuestiones en las que a primera vista el lector no había pensado: la burla de las personas que le rodean (¿cómo puede ser tan inepto en los negocios?), la crítica (¿cómo puede ser tan despilfarrador?), el desprecio (¿cómo puede ser tan tonto como para no pensar en su futuro? ¿Así respeta la memoria de su abuelo?), la incomprensión de sus amigos más queridos, que sufren por su salud y su obsesión despilfarradora, o el descubrimiento de algunas verdades (¿Le quieren por quién es o por su dinero?¿Le querrían igualmente si fuese pobre?). Pero sobre todo, esta carrera de Brewster en pos de la bancarrota es una demostración de quién es él en realidad. George Barr McCutcheon construye a un héroe valiente, sincero, fuerte y demuestra al lector que la valía de su personaje no tiene por qué basarse en el espíritu puritano y estadounidense tradicional de self-made man (el éxito a través del esfuerzo y el trabajo) sino que también es posible por el proceso contrario, el de perder todo el dinero/éxito.
Divertida, entrañable, ingeniosa y muy inteligente, esta estupenda comedia plantea cuestiones y situaciones que encantarán al lector. Impredecible y llena de humor, recuerda muchas veces ese estilo encantador de las películas de Ernst Lubitch o, entre otras, a El millonario de Ronald Neame (protagonizada por Gregory Peck y basada en un relato de Mark Twain).
Lector, no podrás dejar de leer hasta el final intrigadísimo por cómo será capaz Brewster de salir victorioso de semejante aventura.
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La señorita Hargreaves de Frank Baker

Norman Huntley, un joven estudiante de órgano en la catedral de la localidad de Cornford, pasa unas despreocupadas vacaciones en Irlanda con su amigo Henry Beddow. Por un excéntrico capricho de este último, el postrer día de su viaje visitan la espantosa iglesia de Lusk en donde oyen hablar por vez primera del reverendo Archer. «Querido reverendo Archer» pronuncia Norman casi distraído. Y ese el inicio de la peculiar existencia imaginaria de la señorita Hargreaves, una extraña anciana, alegre, jovial, amante de la música y la poesía, que viaja a todas partes con un loro llamado Mr. Peppush, una perrita llamada Sara y una bañera con historia propia. La vida se complica para Norman y Henry cuando de vuelta en su convencional y tranquila ciudad de provincias descubren que su invención les ha enviado una breve nota anunciándoles su pronta visita a Cornford para disfrutar de la compañía de sus queridos amigos. El problema es que Connie Hargreaves no había sido, hasta la fecha, más que un pasatiempo, una invención de los amigos para pasar el rato durante sus últimas horas en Lusk ¿Cómo es posible que exista de carne y huesos?
«Debería intentar transmitir lo que sentía, o de lo contrario, se quedarán con la idea de que este pretende ser un libro gracioso. Y no lo es; es un libro muy serio: es el relato de la cosa más sorprendente que me haya sucedido nunca, algo que modificó el curso de mi vida. De modo que no se equivoquen. Y recuerden que es verdad, que no me he inventado nada… a excepción, claro, de la propia señorita Hargreaves.«

Frank Baker escribió La señorita Hargreaves en 1939 y la crítica británica se apresuró a tacharla de hilarante. No sé si el lector encontrará exactamente hilarante esta comedia tan curiosa pero sin duda, no me negará, que su punto de partida (la irrupción en la aburrida y convencional vida de Norman de su invención) es magnífico y prometedor. En todo caso, se trata de una historia divertida, original, ingeniosa y sorprendente.
En la primera parte Baker presenta a sus protagonistas, Norman y Henry, dos muchachos sin nada especial que reciben la visita de una anciana pintoresca y maniática, capaz de viajar con un pequeño zoo a cuestas y su propia bañera. El problema es que esa viejecita, la señorita Hargreaves, no existe; o al menos no existía más que en la imaginación de los dos amigos hasta que pisó el andén de Cornford y decidió hacer una visita a sus creadores. Una situación excéntrica y cargada de humor, que se intensifica con la aparición del padre de Norman, Cornelius Huntley (un librero extraordinario, imposible de no querer) y los equívocos de la situación con la anciana dama quisquillosa en las calles de la pequeña localidad.
«Así termina la primera parte de la historia de la señorita Hargreaves. Ojalá esto fuera todo; ojalá no hubiera una segunda parte por escribir«, escribe Baker hacia mitad de la historia. Y el lector no puede menos que pensar «pues, sí, ojalá no la hubieses escrito… así«. Y es que en esta segunda parte, la  insoportable indecisión de Norman empieza a hacerle parecer ante el lector como un imbécil pusilánime; y el carácter algo difícil de la señorita Hargreaves la acerca peligrosamente a convertirse en un personaje totalmente odioso ¿Por qué entonces seguir leyendo hasta el final, sin poder mandar a tomar viento al tonto de Norman y a la infame Hargreaves? Pues sin duda por el inolvidable Cornelius Huntley y por la estupenda prosa (divertida, amena, perfecta) de Frank Baker y sus magníficas descripciones:
«Llevaba un delantal verde de una tela fuerte y tenía maneras de sepulturero. O sea, cuando te miraba era obvio que te estaba relacionando con la tierra y calculando si cabrías en el hoyo.«
«La señora Cutler, una mujer magra con una mirada que podría extraerle su pasado a un pisapapeles…«
Lector, a Frank Baker no se le puede dejar de leer ni siquiera en el caso de que decidiese escribir sobre las homílias a los corintios.
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