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Trabajos de amor ensangrentados, de Edmund Crispin

El director Horace Stanford y la señorita Parry, responsables de la escuela y del instituto para señoritas de Castrevenford, respectivamente, están ultimando los preparativos para la obra de teatro que forma parte de los actos de celebración de la entrega de premios de fin de curso de ambas instituciones. Su mayor preocupación es el extraño comportamiento de una de las alumnas que actúa en la obra, pero el director cree haberlo solucionado rápidamente en cuanto deduce que se debe a sus encuentros clandestinos con uno de sus muchachos. Sin embargo, todo resulta ser mucho más siniestro y alarmante de lo que parecía en un principio: alguien ha robado ácido del laboratorio del pabellón de ciencias, la chica ha desaparecido y dos de los profesores de Castrevenford han sido asesinados en extrañas circunstancias de un disparo en la cabeza. Por suerte para el director Stanford, el profesor de Oxford y afamado detective Gervase Fen acaba de llegar a la escuela invitado por él mismo para la entrega de premios de fin de curso. Como el policía local se declara novato en las lides de investigar un asesinato, la generosa oferta de Fen de hacerse cargo del caso le viene caída del cielo.
«-Los dos paquetes tenían la misma caligrafía, muy retorcida y desvaída, y con algunas extrañas faltas de ortografía. Uno de los dos fajos, como le dije, eran cartas privadas. El otro parecía como de poesías, aunque confieso que no pude sacar nada en claro de ello, más allá del título.
Fen se inclinó hacia delante.
-¿Y qué era?
-Oh, Trabajos de amor logrados -dijo el señor Taverner.«

Han pasado diez años desde que el profesor Gervase Fen solucionara (delirantemente) los misteriosos casos de La juguetería errante. Fen vuelve a sembrar el pánico entre conductores y transeúntes a bordo de su querido Lily Christine y acude al rescate de las tribulaciones de un buen amigo, el director de la escuela Castrevenford, que se encuentra con dos profesores asesinados, la desaparición de una adolescente y la sospecha de un manuscrito perdido y hallado de (nada más y nada menos) William Shakespeare. Y todo en medio de un montón de alumnos en plena celebración de fin de curso, sus insoportables padres, un profesorado peculiar, un perro que bien podría haber sido (en sus buenos tiempos) el sabueso de los Baskerville y un algunas jovencitas insuperables.
Trabajos de amor ensangrentados es una estupenda novela de detectives al más puro estilo de Edmund Crispin: humor, personajes excéntricos, escenas delirantes, persecuciones surrealistas y deducciones holmesianas de uno de los investigadores más carismáticos de la novela del siglo XX, Gervase Fen. Originalmente publicada dos años después de La juguetería errante (1946), el autor se reafirma en su prosa rica y elegante, algo burlona, sarcástica, y consigue una novela y una historia mucho más fluida y madura que en la mencionada juguetería. Un caso interesante, con el atractivo de una posible obra perdida de Shakespeare (Trabajos de amor logrados), que pone a prueba la capacidad deductiva de su personaje protagonista y atrapa al lector tanto por sus enigmáticas escenas del crimen como por su divertida y extraña galería de personajes.
Lector, súbete a Lily Christine y acompaña a Fen en esta nueva y misteriosa investigación en plena campiña inglesa.
También te gustará: La juguetería errante
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Trabajos de amor ensangrentados

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Mapp y Lucía, de E.F. Benson

Se acerca el verano y la inconsolable Emmeline Lucas, Lucía para los amigos, cree que ya ha llegado la hora de finalizar su largo período de luto por la muerte de su marido, el querido Pepino, y empezar a mostrar cierto interés por la vida. No tiene nada que ver que el desfile conmemorativo de la Reina Isabel en Riselhome esté siendo organizado por su vecina Daisy, por supuesto, ni que todo vaya a resultar un tremendo desastre como todo lo que ocurre al margen  de las dotes artísticas de Lucía. Seguida de su inseparable amigo Georgie, Lucía decide alquilar una casa en el pintoresco pueblecito de Tilling para pasar el verano y cambiar de aires. La adorable casa será Mallards, el hogar de la señorita Elizabeth Mapp, que regenta con aires dictatoriales la vida cultural de Tilling (y a sus habitantes a poco que estos se descuiden). El choque entre las dos reinas de las intrigas y miserias sociales será inevitable, y Lucía y Mapp no tardaran en enzarzarse en complicadas maniobras de inteligencia militar para resultar victoriosas absolutistas en el liderazgo de la pequeña comunidad. Pero solo una de ellas puede ser la verdadera reina y Tilling asistirá asombrado el verano más interesante de su historia.
«—Así pues, tendremos que rechazar la invitación de nuestra querida Lucía —concluyó Elizabeth con aire de hondo pesar—. Estuvo encantadora, ¿no crees?, la otra noche. Y cuántos movimientos de Mozart todos seguidos. Empezaba a pensar que Mozart debió de descubrir en algún momento el secreto del movimiento perpetuo, y que tendríamos que quedarnos allí clavados en la silla hasta el día del Juicio Final.«

Edward Frederic Benson (1867-1940) publicó por vez primera Mapp y Lucía en 1931. Fue a lo largo de la década de los años veinte y treinta del siglo pasado cuando escribió y publicó toda la serie de novelas dedicada a los pintorescos personajes de Lucía Lucas y Elizabeth Mapp, unas ediciones curiosas en un momento en el que la literatura británica había dejado muy atrás los halos victorianos a raíz de la profunda fractura de la Gran Guerra y los felices años veinte posteriores. Señala José C. Vales (traductor de las novelas de Benson en Impedimenta) en la introducción de Mapp y Lucía que resulta sorprendente que E.F. Benson recibiese una buena acogida por parte del público y de la crítica con unas novelas en las que apenas ocurre nada y «donde no parece haber más que cotilleos, rencores, sarcasmos y malicias«, tan alejadas de la literatura de entreguerras del momento (las mejores obras de Virginia Woolf, D.H. Lawrence o James Joyce). De ahí que el señor Vales tilde cariñosamente a E.F. Benson de sufrir «cierta nostalgia eduardiana» con su serie sobre Lucía y compañía.
Mapp y Lucía es una novela de humor, como las anteriores de esta misma serie, con el atractivo añadido de que Benson une en las mismas páginas, como un inminente choque de trenes, a sus dos protagonistas más brillantes. Ambas malvadas conspiradoras, hipócritas, mentirosillas y sin otra ocupación que mangonear a los demás, se enfrentan en estas páginas para diversión del lector. Probablemente esta sea la novela de E. F. Benson más divertida que ha publicado Impedimenta hasta la fecha, no solo por las situaciones, los diálogos y el grado de «retorcidos» planes sociales de sus dos protagonistas, sino también por la soltura, la falta de contención y complejos (en lo que a escritura se refiere), y el mejor ritmo en la prosa del autor. En comparación con la primera novela de la serie, Reina Lucía (1920), Mapp y Lucía goza de una sucesión de anécdotas mucho más dinámica, una mejor continuidad entre capítulos, una trama más divertida y, sobre todo, expresiones, guiños y una narración muchísimo más fluida, como si Benson se fuese sintiendo cada vez más seguro de sí mismo como escritor, menos críptico y contenido, más relajado a la hora de reírse de sus personajes y de compartir con el lector.
Lector, esta es una de las mejores y más divertidas novelas de la serie de Lucía & Mapp, y aunque no vaya acompañada por una invitación de «po-di-mu«, no deberías perdértela. 
También te gustará: Reina Lucía; La señorita Mapp 
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La casa de una escritora en Gales, de Jan Morris

Jan Morris, periodista, historiadora, poeta y escritora, abre su casa en Gales para el lector curioso que quiera visitarla. Jan ha viajado por todo el mundo y vivido en más de dos docenas de ciudades repartidas por todo el mundo, incluidas El Cairo y Hong Kong justo antes de dejar ser colonia británica, pero solo en Gales, su país de nacimiento y de corazón, tiene su verdadero hogar. Durante generaciones, los Morris han sido propietarios del hermoso y señorial Plas Morys, pero ahora que los hijos y los nietos han crecido, Jan ha preferido vender la casa grande y acondicionar los hermosos establos como su vivienda, la de su compañera Elizabeth y la de su gato Ibsen: Trefan Morys. La nueva casa, constuida y restaurada a placer de sus habitantes, es un fiel reflejo de la escritora pero también de Gales, de su cultura, su lengua, sus gentes; un refugio para Jan y también un lugar donde ejercer gustosamente la cálida hospitalidad galesa con amigos y viajeros ocasionales (como nosotros, lectores curiosos).
«El dinero no compraría los dones de la edad, virtud y experiencia que la impregnan, el encanto de los bosques de Trefan, la cruel belleza del Cwm Pennant. Ningún magnate podría tampoco trasladar las piedras de la casa una por una a ningún otro lugar de la tierra (…) porque mi casa encaja hasta tal punto en el medio donde está enclavada, tiene sus profundas raíces tan clavadas no solo en la tierra en donde se levanta sino hasta en el concepto mismo de Gales, que de encontrarse en otro sitio, cualquiera que fuese, perdería su carisma.«
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Jan Morris no puede hablarnos de su casa sin antes explicarnos algunas cosas sobre el complicado carácter galés y las hermosas tierras galesas (geografía, flora y fauna) en las que está escondido este hogar de duendes y hadas. Y aunque en los primeros capítulos la casa no parece más que una excusa, un punto de partida para repasar con sencillez y mucho sentido del humor la Historia del país de Gales y su peculiar naturaleza, la cultura, la lengua y la idiosincrasia de sus gentes, lo cierto es que el lector cae rendido desde las primeras frases por la habilidad de esta escritora para describir lo complicado con una luminosidad y un encanto que muchos historiadores quisieran. Incluso se atreve con la necesidad de la política (hace falta poder político para garantizar la integridad cultural de un país) con una claridad que desarma. En los más hermosos parajes verdes, perdida a orillas de un bosque, Jan Morris tiene su refugió galés, la casa de la que está profundamente enamorada porque no es más que la esencia de su país, de su cultura, de su poesía.
La autora explica con paciencia y divertidas anécdotas que el galés es la lengua literaria más antigua (una lengua que tiene magia), que la pátina celta de toda la cultura galesa les convierte en personas de enorme imaginación y que la cocina de la casa es la misma esencia de la cultura galesa. Esto último se debe a que el corazón de cualquier casa galesa es la cocina: allí se recibe a los invitados, se les da de comer, se les ofrece té, se les hace entrar en calor junto al fuego de leña; se leen poemas a la luz de su lumbre, se discute, se come en familia, se comparte. Por eso es la cocina galesa el mismísimo corazón palpitante de Gales, fuente de los mejores recuerdos de cualquier galés adulto porque allí transcurrió su infancia más feliz y allí siguen celebrándose los encuentros más agradables con amigos y seres queridos. 
«Pero yo vivo en un Gales que me pertenece, un Gales que llevo en el pensamiento, poblado de recuerdos, impregnado de melancolía. Y es en ese Gales, ese Gales imperecedero, donde prospera mi casa.«
Y por si todo esto no fuese suficiente, Jan Morris también habla sobre sus libros, su biblioteca, sus manías a la hora de comprar y ordenar los volúmenes, los ejemplares más raros… Los hermosos bosques de Gales, el arrullo de la voz de las leyendas mágicas celtas, los peculiares libros de una simpatiquísima y excéntrica escritora ¿podría ser más tentador este agradable librito?

Con un ritmo narrativo que enamora, unas anécdotas y una manera de contar llena de humor y de ternura, Jan Morris hace gala de su prosa más bella y apasionada para contarnos de qué está hecha su alma celta. Sus raíces galesas, como su casa, han resultado al cabo de los años lo suficientemente poderosas como hacerla volver a su país y disfrutar de un refugio que, en este delicioso libro, abre con generosidad y hospitalidad galesa a todos los lectores que tengan el buen acierto de abrirlo.

Lector, cuando estés cansado, siéntate un rato junto a la chimenea y deja que esta escritora galesa te cuente con su hermosa voz de druida celta.
Nota: Atención al divertidísimo paralelismo que hace la autora entre galeses y pueblos semitas (páginas 20 y 21), amparada en la cabezonería de sus compatriotas y su encantadora singularidad.
También te gustará: Ex-libris, confesiones de una lectora; Ven y dime cómo vives; Signatura 400

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La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel

Tras un largo viaje en barco, el señor Linh llega a un nuevo país como refugiado. Atrás ha dejado su aldea, destrozada por la guerra, las bombas, el horror; su esposa murió cuando todavía era joven, y su único hijo y su nuera fueron asesinados mientras trabajan en los arrozales. El señor Linh, anciano, cansado, triste, solo ha podido traer consigo una pequeña maleta con algo de ropa, un saquito con tierra de su aldea y su bien más preciado, su nieta Sang Diu, un bebé de pocos meses. No comprende ni una sola palabra del idioma que hablan en esa nueva ciudad enorme a la que acaba de llegar y en la que los olores parecen grises. En el centro de expatriados se encargan provisionalmente de darle alojamiento y comida, pero el anciano señor Linh no tiene ganas de vivir, excepto por la pequeña niña que siempre lleva entre sus brazos… y por el señor Bark, un viudo parlanchín, tan solo como el mismo señor Linh. Ambos hombres, perdidos, lastrados por el enorme peso de su dolor y su soledad, encontraran, en un pequeño banco junto a un parque, el tesoro que jamás pensaron descubrir después de tantos años: una amistad verdadera.
«El anciano piensa en todo eso. Sentado en ese banco que en solo dos días se ha convertido en un pequeño rincón familiar, un madero flotante al que se hubiera agarrado en medio de una ancha, turbulenta y extraña corriente. Y con su cuerpo calienta el último brote de la rama, que de momento duerme sin temor, melancolía ni tristeza, con ese sueño de criatura ahíta, feliz de sentir la calidez del ser querido, su tibia suavidad y el arrullo de una voz acariciante.«

Philippe Claudel inicia La nieta del señor Linh con la llegada de un anciano con una maleta en una mano, un bebé en el otro brazo, y toda la pena del mundo en el corazón. Así son las primeras páginas de esta novela, totalmente conmovedoras, llenas de ternura. Y podría pensar el lector que Claudel hace algo de trampa ¿quién no iba a enternecerse con un anciano expatriado por la guerra que lo ha perdido todo excepto a un pequeño bebé? Pero Claudel no cae en el dramatismo, ni en el efectismo que tan fácilmente podría conseguir con un punto de partida semejante; contenida, sobria, sencillamente bella incluso en el gesto más cotidiano de los protagonistas, la prosa del autor seduce y envuelve al lector con tanta delicadeza que nada importa excepto saber qué va a ser del pobre señor Linh y su pequeña Sang Diu. 
Sin estridencia, sin sentimentalismos fáciles, sin dramas desaforados, Claudel conduce la trama con firmeza con un narrador que sigue al señor Linh pero que también sabe de las penas del magnífico personaje que es el señor Bark. Dos protagonistas, exiliados de sus propias vidas por la muerte de sus seres más queridos, que se encuentran en medio de un desierto de soledad y cansancio, y que forjan una amistad extraordinaria porque, aunque ni siquiera hablan la misma lengua, las lágrimas se entienden en todos los idiomas. Por todo esto La nieta del señor Linh es una pequeña gran novela que se lee casi de un tirón, alguna zozobra por el destino final de abuelo y nieta, sonrisas de «buenos días» y lágrimas de tristeza; pero también de infinita ternura por la hermosa historia que Philippe Claudel dibuja con acierto, fluidez y la belleza que solo tienen los pequeños detalles y la desesperación más absoluta.
Lector, una estupenda lectura para descubrir la bella sencillez de la prosa de Philippe Claudel. Y no, lector, ni siquiera al final Claudel hace trampas, simplemente desgrana despacio el corazón de un anciano que lo ha perdido todo.

Esta lectura llegó a mis manos gracias a las estupendas recomendaciones y reseñas de Marilú Cuenta Libros y Meg de Cazando estrellas.

También te gustará: La fórmula preferida del profesor; La niña que iba en hipopótamo a la escuela; La delicadeza

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Las pequeñas mentiras, de Laura Balagué

Carmen Arregui es una inspectora de la Ertzaintza en la cincuentena, madre de dos hijos, Ander y Gorka, y esposa de Mikel, un encantador profesor que siempre está cuando se le necesita. No soporta a Fuentes, el agente listillo, y ya empieza a temerse un día pésimo en el seminario de calidad junto al susodicho y sus power points cuando recibe una llamada de comisaría: ha aparecido muerta una conocida peletera de la alta sociedad donostiarra. Descartado que se trate de un crimen político, Carmen, junto a los ertzainas Lorena y Aduritz (a Fuentes se le da esquinazo siempre que se puede), es la encargada de la investigación del asesinato. En vísperas de Navidad, con las compras pendientes y el cuñado dando la lata, la inspectora Arregui somete a implacable interrogatorio a todos los implicados en el suceso, pero mentir a la policía es como un deporte que todos practican con ligereza, incluso cuando se trata de pequeñísimas mentiras sin importancia aparente.
«Dejó el informe y decidió que se había ganado un rato de lectura en la cama. Estaba atrapada por Una mujer difícil de John Irving. Los libros le ayudaban a alejarse de la realidad, con frecuencia tan fea, que la rodeaba. (…) Era mujer de fidelidades absolutas: todas las novelas de Irving, todas las películas de Woody Allen. Si alguien te gusta, aunque se equivoque varias veces, no lo abandonas.«

Laura Balagué advertía a lector en la legendaria librería barcelonesa Negra y Criminal, durante la presentación de Las pequeñas mentiras, que Carmen Arregui no era una inspectora fatal, una detective alcoholizada y destrozada por su pasado, una crápula, una noctámbula abandonada por todas sus parejas, una atormentada de la vida. La inspectora de la Ertzaintza Carmen Arregui -que ni siquiera fuma y a la que su comisario, un señor agradable aunque algo ambicioso, apoya y no la trata a gritos ni amenaza con suspenderla- es una mujer con familia, sin adicciones, sensible y con mucho encanto y sentido del humor; con una mente perspicaz, eso sí, sentido práctico y la capacidad de compaginar su vida profesional y familiar tan mal como el resto de los mortales de este país.
Tras dicha aclaración, el lector no tiene más que leer el primer capítulo para darse cuenta de que la inspectora Arregui es el alma y el corazón de Las pequeñas mentiras, novela ganadora de la última edición del Premio la Trama. Una excelente historia policíaca de la que Paco Camarasa, jurado del mencionado premio y anfitrión de Negra y Criminal, destaca precisamente su agradable sencillez (no confundir con predecible porque no lo es) y una contemporaneidad con excelentes ecos de novela negra clásica.
Con un ritmo sostenido, unos personajes de marcada personalidad y una prosa que enamora por cristalina e ingeniosa, Laura Balagué se adentra con tanta naturalidad en este caso de asesinato que su inspectora se vuelve una protagonista carismática y extraordinaria pese a (o precisamente por) sus métodos, su entorno, su vida y su carácter. Nada de crímenes sangrientos, ni de asesinos en serie, ni de morbosas escenas, porque aunque Las pequeñas mentiras sea una novela policíaca en toda regla no deja de ser una lectura de cierta sensibilidad y mucha gracia.
«-Estamos interrogando a la familia, la socia, los trabajadores y los miembros de una asociación ecologista que tuvo problemas con ella.
-Nada muy imaginativo, ¿no le parece? -continuó el inspector jugueteando con el botón de su impecable camisa.
-Quizás no, pero aunque no dé para una película, esperamos que sea efectivo. Y ahora, si no me necesitan, tengo mucho trabajo.»
Lector, una novela policíaca distinta, con tintes clásicos, mucho ingenio y una inspectora que desearás que tenga su propia saga.
El blog de la autora: Niu de mones
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