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Zaragoza, de Benito Pérez Galdós

A finales de 1808, tras fugarse de los franceses que le tenían prisionero, Gabriel llega a Zaragoza para participar en la defensa de la ciudad contra los ejércitos franceses invasores. Por intermediación de don Roque, el chico conoce a la familia de don José Montoria y en seguida traba amistad con el hijo pequeño de éste, Agustín. Agustín Montoria es un muchacho culto y sensible que debería ordenarse sacertode en cuanto acabase la contienda pero, tal y como le confiesa a Gabriel, se ha enamorado perdidamente de María Candiola y no piensa más que en casarse con ella al final de la guerra. El problema es que María es la única hija de uno de los personajes más odiados por José Montoria, un viejo prestamista, avaro y despreciable, cuyo mayor pesar es el de que se le mueran aquellos que le deben dinero. Un amor desgraciado, o eso parece, en medio de una ciudad asolada por la brutal destrucción de una guerra a sangre y fuego. Dicen que Zaragoza no se rinde, ¿pero a qué precio? Casa a casa, calle a calle, palmo a palmo, los sitiados se desangran para salvar su tierra de la invasión francesa.
«Los hombres quedaban por docenas estrellados contra el suelo en aquella línea que había sido muralla, y ya no era sino una aglomeración informe de tierra, ladrillos y cadáveres (…) Siguió pues la resistencia, sustituyendo los vivos a los muertos con entereza sublime. Morir era un accidente, un detalle trivial, un tropiezo del cual no debía hacerse caso.«

Benito Pérez Galdós recoge en Zaragoza uno de los episodios más sangrientos y dramáticos de la guerra de la independencia española (1808-1814); y uno de los episodios en los que lo histórico prevalece sobre lo narrativo. La defensa de Zaragoza ante el asedio de las tropas imperiales francesas, aunque heorica y numantina (jamás mejor dicho) fue una masacre en la que murió más de la mitad de la población de la ciudad por causas directas o indirectas de la guerra. Galdós situa allí a Gabriel de Araceli, su protagonista, quién luchará hasta las últimas consecuencias con las tropas sitiadas y asistirá en primera línea a las heroicidades de autoridades y pueblo llano.
Galdós vuelve a entrelazar diversos hilos argumentales de ficción y no ficción: la guerra, las heroicidades de personajes (reales o inventados), la historia de amor de Agustín y María, la locura de Montoria y Candiola… De nuevo vuelve a destacar el buen pulso del autor para realizar vivídos retratos, como el de Palafox o el de Candiola, por ejemplo, y su magnífica narración de las escenas de acción bélica. Aunque esta vez quedan al margen comentarios políticos o sociales, escenas cómicas o costumbristas, o las intrigas amorosas del protagonista, Benito Pérez Galdós consigue atrapar al lector de principio a fin con su magistral tono narrativo y ese crescendo ininterrumpido del sitio de la ciudad. Profundamente dramáticos, los hechos de la defensa y la toma de Zaragoza a principios de 1809 llenan de horror y consternación la mirada y el alma de Gabriel de Araceli que, pese a ser ya veterano en batallas, confiesa no haber visto jamás arrojo y masacre semejantes.
Lector, un episodio que deja sin aliento y que conmueve, aunque está no sea precisamente por los avatares de Gabriel si no por el horror de la guerra.
Aquí iré enlazando las reseñas de los participantes de la Lectura Conjunta de Zaragoza:
Bibliobulimica’s Blog
Loquemeahorro
Cajita de capítulos 
Carmen y amig@s 
Rock and Roll Dreams 
La caverna literaria 
FromIsi
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El herbario de las hadas de Sébastien Perez, ilustrado por Benjamin Lacombe

En 1914, el todopoderoso Rasputín envía a Aleksandr Bogdanovitch, uno de los científicos más brillantes de su secreto Gabinete de Ciencias Ocultas, en busca del elixir de la inmortalidad. Bogdanovitch deja atrás a su esposa Irina, bailarina clásica, y a su pequeña hija Helena, y se adentra en los encantados bosques de Brocelianda, en la Bretaña francesa. Guiado por las instrucciones de la curandera del pequeño  pueblo de Paimpont, el entusiasmado explorador se adentra cada vez en la espesura de Brocelianda en busca de plantas curativas y milagrosas. Pero lo que empieza siendo una expedición botánica pronto deriva en sendas más inesperadas y mágicas: Aleksandr Bogdanovitch se topa con especies de seres vivos nunca antes catalogadas.
«21 de mayo de 1914
Pero las leyendas que me han explicado sobre el bosque de Brocelianda me devuelven la esperanza. Evidentemente, no creo que encuentre duendes, ni criaturas mágicas, pero en aquel bosque debe haber alguna cosa que justifique la fama y las historias de las que hablan.«

El herbario de las hadas es el hermosísimo diario de expedición e investigaciones del botánico ruso Aleksandr Bogdanovitch. Como ya supondrá el atento lector por el título de esta reseña, las sobrenaturalmente maravillosas ilustraciones de Benjamin Lacombe son culpables de la belleza de esta edición de Edelvives. Pero también es cierto que la historia y el texto, elaborados también por Sébastien Perez, contribuyen con su inquietante suspense a convertir este libro en pura magia.
Esta historia, en forma de diario de expedición escrito en primera persona por su protagonista, un botánico presionado por el oscuro Rasputín de los últimos años de la Rusia zarista para que encuentre el elixir de la inmortalidad, se acerca con delicada precisión al descubrimiento de un universo escondido en un bosque de leyendas mitológicas. La prosa de elegante cadencia y evocadora sencillez de Sébastien Perez y de Benjamin Lacombe (ambos son responsables del texto), dota a la aventura de un halo romántico a la vez que reviste de una sorprendente verosimilitud las palabras de un científico derrotado por la naturaleza más misteriosa. Delicada como sus ilustraciones, la historia discurre por caminos de seda mientras se adentra, cada vez más, en el reino de lo desconocido.
Lector, una edición extraordinaria, de museo, que esconde mucho más que esa belleza a simple vista de sus ilustraciones.
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

El herbario de las hadas

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Ganadoras Mugs and Books (II)

Reunidas las juezas Marilú, Mientras Leo y una servidora, y tras una ardua deliberación de varios días y muchas tazas, tenemos el placer de anunciaros (sin orden significativo) las tres fotos ganadoras de Mugs and Books (II).
De verdad que en esta segunda edición os habéis superado con creces y todas las fotos eran muy buenas. Ha sido complicado quedarse solamente con tres.
Y esas tres han sido…
Las ganadoras
Porque no siempre la hora del té es igual en todas partes, ni la literatura que le acompaña.

Porque las tazas también abren delicados y hermosos mundos de fantasía.

Quizás este año no haya conseguido el Nobel de Literatura, pero podemos sentarnos a tomar un té con él y sus gatos a ver si hay más suerte en el futuro.

Ruego a las tres damas ganadoras que me envíen cuando puedan un correo a serendipia.monica@gmail.com con su dirección postal para que pueda hacerles llegar el detallito sorpresa de premio.

Y como nos ha resultado tan difícil elegir tan solo tres de las muchísimas y estupendas fotos que habéis presentado a concurso, nos ha parecido justo que conociérais nuestras finalistas. Aunque sin premio, reciben especial mención del jurado…

«El cerebro de Andrew» de Lecturalia

«Hojas de hierba» de Ana Blasfuemia

Muchas gracias a todos los participantes por haber salido a jugar un ratito con entusiasmo y tan buenas ideas. Gracias por salir a jugar cuando os llamo ;-)

Y gracias a mis dos juezas sobornables y encantadoras, Marilú y Mientras Leo, que, aunque han estado jugando al escondite entre ellas, ocultándose los correos, han conseguido que parezca sencillo y divertido elegir entre tan buenas tazas y literatura.

También te gustará: Galería de Mugs and Books (II)

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El monstruo de Hawkline de Richard Brautigan

Hace años que nadie se atreve a hacer demasiadas preguntas sobre Greer y Cameron, una pareja de duros pistoleros asesinos a sueldo en el Oeste de 1902. Fustrados por un viaje a Hawaii muy poco lucrativo, el par de sicarios decide ahogar sus penas descansando en uno de los burdeles de San Francisco. Allí les encuentra Chica Mágica, una hermosa mujer india, o que quizás parece india pero no lo es (en esta historia pocas cosas son lo que parecen a simple vista). Chica Mágica les enseña un fajo de billetes de dólares americanos y les contrata para un encargo lejos de allí. Y así es como Greer y Cameron llegan a conocer a la enigmástica señorita Hawkline, que vive en una casona alejada de cualquier lugar medio civilizado, construída sobre unas minas de hielo, en donde siempre hace frío pese a los veranos recalcitrantes de Oregón, que tiene la terrible molestia de vivir atemorizada por un extraño monstruo.

La portada es de labreu edicions, en catalán. Puedes encontrar una edición en castellano en Anagrama

Richard Brautigan (Tacoma 1935, California 1984) fue un escritor estadounidense perteneciente a la llamada generación beat. Si bien su novela más conocida es La pesca de la trucha en América, tiene en su haber una docena de novelas, poemas y cuentos. Siempre con una crítica desigual, altibajos en su carrera literaria y dificultades para publicar, la vida de Brautigan quedó marcada con el diágnostico temprano de esquizofrenia y un tiempo recluido en el sanatorio en donde más tarde se filmaría Alguien voló sobre el nido del cuco (con electroshocks incluidos).

El monstruo de Hawkline (un western gótico), novela que Brautigan publicó en 1974, es una historia delirante y fantástica sobre dos pistoleros a sueldo que se encuentran con el caso más extraño de sus vidas: el encargo de matar a un monstruo que vive atrapado bajo la casa de la más extraña señorita Hawkline. Al principio divertida e ingeniosa para irse complicando a vuelta de tuerca con una realidad cada vez más enrarecida, El monstruo de Hawkline se lee con curiosidad, alguna sonrisa y algún fruncimiento de ceño ante las ocurrencias de este excéntrico autor.
Si bien reconozco que no soy especialmente admiradora del movimiento beat, seré justa al admitir que Brautigan tiene destellos muy brillantes de una prosa que a veces sorprende por su exactitud quirurgica, pero sobre todo seduce por lo magnífico de sus diálogos y el sentido del humor que reside bajo los despropósitos originales de sus personajes. Cautivo de las sensaciones, buen captador de instantes únicos y sensacionales, Brautigan presenta dos protagonistas singulares, Greer y Cameron, que por si solos podrían haber dado para toda una saga (brutal y divertida), y riza el rizo de lo inaudito con el desdoblamiento de otro personaje atípico y genial, el de la señorita Hawkline. El resultado es una historia extraña, de diálogos geniales y ambientación extraordinaria, cuyo final, por desgracia, naufraga un poco.
Lector, para curiosos en busca de una lectura diferente capaces de encontrar la gracia y el ingenio en los lugares (del oeste gótico) más insospechados.

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El monstruo de Hawkline

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El niño perdido de Thomas Wolfe

Y la luz se fue y vino de nuevo a la plaza, y Grover se quedó allí pensando tranquilamente: «Aquí está la plaza y aquí está Grover; aquí está la tienda de mi padre y aquí estoy yo».
Grover camina por la calle en la que está la tienda de su padre, un justo tallador de lápidas. Una calle llena de comercios y de tenderos conocidos, queridos (casi todos), familiar y única. A principios del siglo XX, Sant Louis es una ciudad resplandeciente, casi nueva, llena de la luz de la exposición universal que acoge. Y Grover, ese muchacho despierto y sensible, ese niño extraordinario que será un niño perdido, disfruta de la luz, de la calle, de la plaza, de lo especial que tiene lo cotidiano cuando se mira desde los ojos de Grover.

Thomas Wolfe nació en Asheville en 1900 y murió a los 38 años, en Baltimore, víctima de la tuberculosis. En El niño perdido, el autor rinde un luminoso pensamiento a su hermano Grover, muerto en 1904, a la edad de 12 años, a causa del tifus. Breve pero tremendamente intensa, la peculiaridad de este relato reside en la delicadeza de las imágenes que evoca, en la belleza de la prosa de Wolfe. Precursor de los autores que posteriormente se inscribirían en el movimiento beat, Faulkner dijo de él que había sido el mejor escritor de su generación (lleno de modestia, decidió que él era el segundo). Sea o no el primero de una generación, parece poco discutible que Thomas Wolfe es uno de los mejores narradores norteamericanos, con el poder de evocar a través de la mirada de sus personajes un mundo totalmente nuevo.
Personalmente, he disfrutado de El niño perdido por la cadencia hermosa de la narración de Grove y porque ha sido, por encima de todo, una lección magistral sobre cómo dotar de voz propia y diferenciada (personalísima) a cada uno de los narradores de esta historia. Un pequeño calidoscopio tocado por la ternura y la tristeza, sobre el recuerdo y la pérdida de Grove, pero también sobre el peculiar encanto de un niño de 12 que paseaba por una calle consciente del Tiempo.

Y aunque, debido a mis gustos victorianos recalcitrantes, no me gusta especialmente la narración atípica, sincopada, inesperadamente retomadora, interrupta de la llamada generación beat, he sabido encontrar la belleza en este niño perdido de Thomas Wolfe.

Lector, lo mejor de este breve libro, la prosa de Thomas Wolfe, una lección bellísima sobre cómo escribir. Y. Aunque. Seas. Tan. Puñeteramente tradicional en cuestión de prosa… Ahhhhh… Tan puñeteramente como yo… Ahhhh… Dale. Una. Oportunidad… Dale una oportunidad a Wolfe. La belleza puede encontrarse incluso en las narraciones más inesperadas.

Esta lectura forma parte del Reto Serendipia Recomienda, y la recomendación es de Ana Blasfuemia. Gracias, Ana.

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